Francia 2024 80 min.
Fotografía, guion y dirección Quentin Dupieux Intérpretes Léa Seydoux, Vincent Lindon, Louis Garrel, Raphaël Quenard, Manuel Guillot, Valérie Vogt Estreno en Cannes y Francia 14 mayo 2024; en España 11 abril 2025
Una operación que ya
pudimos disfrutar hace diez y ocho años respectivamente, cuando Philippe Herreweghe y el Collegium Vocale Gent recrearon estas dos imprescindibles páginas de la liturgia musical religiosa
del más solemne y místico de los compositores posibles, Johann Sebastian Bach.
La envergadura épica de
La Pasión según San Mateo sorprende
menos a las audiencias actuales que su deslumbrante
compañera tres años mayor. Sin embargo, la literatura filosófica y poética
de este primer oratorio contiene un
trabajo de dramaturgia más intenso, una oportunidad para la reflexión
adherida a su piel, que no todos son capaces de poner en pie con el mismo grado
de exigencia y responsabilidad con
que lo ofrecieron la orquesta alemana y el coro belga.
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| Alexander Chance |
Un canto amable
y misericordioso
Desde sus punzantes
acordes, la obertura va avanzando ya esas misericordiosas
súplicas que inspiran las voces del coro, perfectamente ensamblado y
compenetrado en esta irrepetible ocasión. En este sentido, conviene también
destacar el magnífico trabajo orquestal,
magistral en contrapunto y armonía, con ese turbulento bajo continuo que tanto
evoca a los desposeídos del mundo.
Más reflexiva que su
hermana, la de San Juan abunda en
recitativos y diálogos que ahondan en las serias dudas de Pilatos y la conmovedora
resignación de Jesús, contando para ello con las sensacionales aportaciones del
tenor de voz muy aguda Raphael Höhn
como Evangelista, y del propio Lionel
Meunier como Jesús, una vez más ejerciendo como director desde su posición en el coro.
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| Erika Tandiono |
Momentos vocales
destacados
Todas las voces
solistas se extraen del propio conjunto vocal, con aportaciones brillantes de prácticamente la totalidad de ellas. El
primero en destacar fue el contratenor Alexander
Chance en Von den Stricken meiner
Sünden (Para liberarme de los lazos de mis pecados), tomando el relevo de
su padre, el legendario Michael Chance, que tantas veces abordó el rol. Aunque
donde de verdad logró una interpretación emocionante fue en la tercera parte
del oratorio, La muerte de Jesús,
cuando entonó el sobrecogedor Es ist
vollbracht! (¡Todo se ha consumado!) con un alto nivel de emotividad.
De entre las sopranos
solistas, Viola Blache y Erika Tandiono,
nos gustó especialmente la segunda en Ich
folge dir gleichfalls mit freudigen Schritten (Te sigo con alegres pasos),
por el brillo diamantino de su voz y
su naturalidad expresiva. También el tenor Vojtech
Semerád deslumbró con un exquisito Erwäge
(Considera), acompañamiento estremecedor de violines incluido, capaz de
arrancarnos las lágrimas más furtivas.
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| Vojtech Semerád |
Queda, en definitiva,
esa honda reflexión sobre el sufrimiento en vida y la muerte como liberación, algo que a buen seguro muchos y muchas
se habrán preguntado en más de una ocasión, obviando incluso la posibilidad de
una vida eterna o una posible
reencarnación.
Una reflexión que en la
voz del inmenso e inabarcable Bach cobra un
sentido profano imprescindible para dejarse abrazar y emocionar por una
música sin igual, aún prescindiendo de su vertiente mística o religiosa.
Especialmente cuando se sirve de forma
tan fascinante como lo hicieron
Meunier y su formidable conjunto vocal e instrumental.
Son ya varias las
ocasiones en que el conjunto italiano,
fundado hace sólo trece años, ha visitado nuestra ciudad, siempre o casi
siempre en el seno del festival de música antigua. Pero nunca antes en formación tan reducida, y sin
director al frente, sea Riccardo Minasi o Maxim Emelyanychev, los más
habituales. Una formación camerística no lo necesita.
Menos relieve y menos solemnidad por lo tanto en esta nueva
comparecencia ante el público sevillano, a pesar de que las páginas
seleccionadas lo merecían e incluso agradecían. Dos Salve Regina y el imprescindible Stabat Mater de Pergolesi sobre los atriles, y dos brillantes e informadas voces para poner en pie tan suculento
programa sobre el papel.
Ann Hallenberg
en modo cómodo
Domenico Scarlatti
compuso dos Salve Regina, pero fue la
segunda, su último trabajo antes de
fallecer en Madrid, el que entonó la veterana y muy apreciada mezzosoprano
sueca. La pieza es un claro ejemplo de madurez, sobre todo en su interpretación
del motete. Considerada para soprano, rara vez se interpreta en esa tesitura,
pues encaja más en la extensión de
mezzosoprano o contralto, e incluso contratenor, como demostró Carlos Mena
en la frondosa interpretación que grabó junto a nuestra Orquesta Barroca en un
registro de hace unos años dedicado al compositor.
Sí lo hubo en el Salve Regina de Leonardo Leo, compositor
también clave de la escuela napolitana, como los otros dos convocados. La obra
es más luminosa y tiene un talante más
operístico, casi adelantando el estilo galante. Aquí sí encaja
perfectamente la voz de soprano, de lo que se hizo eco Jiayu Jin, toda una sorpresa con un torrente de voz descomunal y una pasión desbordada en su forma
de atacar ésta y la pieza central del concierto.
Jiayu Jin
deslumbró con una voz de gran calidad
Pergolesi apenas
cosechó cinco años de actividad artística, debido a su prematura muerte.
Estudió también en la Escuela Napolitana, auténtica metrópolis musical de la época.
Su música evidencia una mayor
expresividad sentimental respecto al estilo imperante hasta su aparición.
Pero fue de nuevo Jiayu
quien destacó con una proyección
desorbitada, que a veces el espacio fue incapaz de contener, y una
expresividad próxima a la operística, con agudos refulgentes y cambios de registro fluidos y naturales.
Ambas lograron brillar en Inflammatus et
accensus, quizás la pieza más relevante del conjunto junto al popular y solemne arranque, en el que
las voces van ascendiendo de manera harto expresiva entre sucesivas
disonancias.
Voces e instrumentistas
lograron rebajar el tono lamentoso
que informa una página en realidad más distendida y acorde al camino seguido en
esta ocasión. De nuevo pudimos disfrutar de los gentiles subtítulos cortesía de
la Asociación de Amistades de la Barroca, pero el tono mayoritariamente sin
aliento, así como los limitados recursos empleados, hizo que la brevedad de la propuesta resultara larga
y no muy afortunada.