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martes, 2 de enero de 2024

SALTBURN Ripley pone Brideshead patas arriba

Reino Unido-USA 2023 127 min.
Guion y dirección
Emerald Fennell Fotografía Linus Sandgrem Música Anthony Willis Intérpretes Barry Keoghan, Jacob Elordi, Rosamund Pike, Richard E. Grant, Alison Oliver, Archie Madekwe, Carey Mulligan, Reece Shearsmith Estreno en Reino Unido y Estados Unidos 17 noviembre 2023; en España (internet) 22 diciembre 2023


Para su segunda película como directora, tras el éxito cosechado con Una joven prometedora, Emerald Fennell se adjudica un guion original que en realidad contiene multitud de referentes, partiendo de la idea de base, calcada de Retorno a Brideshead, cuyo autor Evelyn Waugh es mencionado en uno de los diálogos de la película para que no quede duda al respecto. También Patricia Highsmith y su carismático Ripley cobran peso en esta disparatada e irritante película con la que la realizadora pretende multiplicar el éxito de su debut provocando con el pretexto de diseccionar las costumbres rancias y caprichosas de una clase aristocrática todavía con un supuesto fuerte peso en la sociedad británica.

Lo cierto es que la cinta se disfruta en cuanto a su atractivo reparto y su lujosa y luminosa puesta en escena, con el aval de la ambientación en Oxford y una de esas suntuosas mansiones góticas británicas que tanto fascinan a un público que no parece cansarse de la flema británica. En el centro, un personaje misterioso con el que Barry Keoghan, nominado al Oscar el año pasado por Almas en pena de Inisherin, parece consagrase definitivamente. Él y la siempre fascinante presencia de Rosamund Pike acaban por convertirse en el único atractivo real de una película que se va disparatando paulatinamente y perdiéndose en el mismo laberinto que parece servirle de asunto.

Y sin embargo, debido a la aceptación que está teniendo en algunos círculos, podría convertirse con el tiempo en película de culto. Nosotros, de momento, sólo hemos encontrado una ambiciosa y hasta pretenciosa obsesión por defenestrar a sus personajes y ambientes con el mayor impacto visual, narrativo y estético posible, aunque por extensión nos deje un desinhibido baile final de su considerablemente inquietante protagonista.

domingo, 28 de febrero de 2021

I CARE A LOT El mundo en el que vivimos

USA-Reino Unido 2020 118 min.
Guion y dirección
J Blakeson Fotografía Doug Emmett y Mike Valentine Música Marc Canham Intérpretes Rosamund Pike, Peter Dinklage, Eiza González, Dianne Wiest, Chris Messina, Isiah Whitlock jr., Macon Blair, Damian Young, Alicia Witt, Nicholas Logan Estreno en el Festival de Toronto 12 septiembre 2020; en Amazon Prime 19 febrero 2021

Considerada como una comedia quizás porque de no ser así no habría otra manera de digerirla, no cabe duda de que la realidad que presenta puede parecer un puro disparate, pero tampoco podemos negarle que funciona perfectamente como metáfora del mundo en el que vivimos, que no es ni más ni menos que el que hemos decidido que así sea. La falta de democracia, o mejor dicho de libertad, a la que algunos acertadamente aluden, proviene precisamente de su mismo concepto, de nuestra capacidad para elegir el sistema y el régimen bajo el que queremos vivir, y que nos ha hecho elegir un capitalismo cien por cien agresivo, tramposo y maloliente que convierte cada elección en la que participamos en una carta blanca para que el dinero siga siendo nuestro amo y único Dios, no importa a quién se pise, engañe y haga daño. Podemos ser corderos o leones, o como dice el personaje de Rosamund Pike en lenguaje inclusivo, leonas, pero todos y todas estamos bajo el mismo cielo, el que hemos diseñado para que quienes puedan hagan y deshagan a su gusto, convirtiendo los crímenes que les interesan en legales y los que no seguirán estando al margen, castigados y censurados por la sociedad biempensante.

Hecha la ley, hecha la trampa, parece que deba imperar en nuestra rutina, la misma que hace que ningún medio de comunicación se pregunte por qué la gente anda crispada, se tira a la calle, quema contenedores y furgones policiales. Radicales les llaman, porque no se atienen al estado de las cosas, no aceptan los crímenes de la clase respetada, política y económica, la que delinque legalmente. No se trata de justificar a quienes hacen más daño a la cultura que a la sociedad con sus proclamas fruto de la rabia y la desgana contra quienes desprecian la confianza que ponemos en ellos y ellas cada vez que acudimos como corderos a las urnas. En esta película de J Blakeson, apenas conocido por un par de películas irrelevantes, no hay malos contra buenos, sino malos legales contra malos ilegales. Arranca de forma incómoda e inasumible, para poco a poco hundirse en el cine de género, el thriller, y acabar ajustando cuentas como no podía ser menos tratándose de una película americana, que tanto les gusta practicar la hipocresía, pero al menos denuncian lo que otros ni se atreven.

No hay actualmente periodismo ni opinión, solo líneas de pensamiento preconcebidas para encajar en el engranaje del poder, seguir engañándonos y sometiéndonos hasta conseguir sus propósitos, el de los gobiernos, los bancos, las grandes empresas y las insaciables corporaciones, que hasta de pandemias sacan tajada. Puede que en esta película haya mucho disparate y que algunos giros de guion sean inaceptables e inverosímiles, pero al menos hay que agradecerle que a su manera nos advierta que hay mucho criminal suelto, y no son precisamente los que movidos fundamentalmente por la rabia y la desesperación se tiran a la calle y montan un cirio. Cabría preguntarnos por qué ocurre esto en lugar de condenar sus consecuencias, que también asumen los más débiles. Esto, y la siempre estimulante presencia de Rosamund Pike, a quien hay que sumarle la delirante participación de Peter Dinklage y una interpretación de Dianne Wiest llena de matices y resortes, hacen de esta película una experiencia recomendable, si bien cabría censurar que para una vez que se habla de empoderamiento de la mujer, ésta sea tan despiadada y despreciable, y no adelantamos nada, lo dice ella mismo nada más empezar la función. Esto es, de alguna manera, cine que perturba.

viernes, 31 de mayo de 2019

LA CORRESPONSAL Un sobrio e intenso borrador de la Historia

Título original: A Private War
Reino Unido-USA 2018 110 min.
Dirección Matthew Heineman Guión Arash Amel, según el artículo “Marie Colvin’s Private War” de Marie Brenner para Vanity Fair Fotografía Robert Richardson Música H. Scott Salinas Intérpretes Rosamund Pike, Jamie Dornan, Tom Hollander, Stanley Tucci, Greg Wise, Corey Johnson, Nikki Amuka-Bird, Fady Elsayed, Faye Marsay, Raad Rawi Estreno en el festival de Toronto 7 septiembre 2018; en Estados Unidos 2 noviembre 2018; en España 31 mayo 2019

Norteamericana de nacimiento, británica de adopción, Marie Colvin fue una destacada reportera de guerra, varias veces galardonada con premios muy prestigiosos y ampliamente reconocida por su valentía y arrojo. La británica Rosamund Pike (Perdida) abandona su perfil frío y elegante para entregarse a la que es sin duda la interpretación más comprometida y sobresaliente de su carrera, quedándose injustamente a las puertas de una nominación al Oscar, probable tras la que obtuvo al Globo de Oro.
 
A las órdenes de un realizador curtido en el documental, y con la fuerza de la estilizada fotografía de Robert Richardson, habitual colaborador de prestigiosos y comprometidos cineastas como Oliver Stone, Pike aporta emoción y sentimiento a un personaje con un especial fuego interno, esa guerra privada a la que alude con más acierto y precisión su título original, con las dependencias como auténtico talón de Aquiles. Colvin se muestra alcoholizada en sus devaneos londinenses con las clases altas e intelectuales, mientras su verdadera droga constituye la necesidad de peligro y riesgo en aras a una información veraz y sincera, que revele al mundo las miserias de la guerra, las mentiras de los políticos y el sufrimiento inimaginable de la sociedad civil.
 
Una vez más el cine se erige en vehículo ideal para acercarnos emocionalmente a estas tragedias, más de lo que pueda lograrlo la televisión o el lenguaje documental. Comienza con su lesión ocular en Sri Lanka, continúa con el hallazgo de fosas comunes en Faluya (nos preguntamos por qué habiendo estado casada con un periodista de El País no se acercó también a las miserias de nuestra democracia, incapaz de paliar el dolor de miles de víctimas del franquismo) continúa con su denuncia al régimen de Saddam Hussein y termina en Homs, con las masacres de civiles perpetradas al hilo de la Primavera Árabe. Una guerra privada o interior que Colvin vive como compromiso y antesala a la historia; como ella misma asegura, con la responsabilidad de quien está escribiendo el borrador de la Historia. La fuerza de la película y de su protagonista se hace palpable de principio a fin, convirtiendo esta producción de Charlize Theron en un film necesario, por momentos irrespirable, serio, sobrio y libre de todo maniqueísmo posible.