jueves, 12 de noviembre de 2015

XII FESTIVAL DE CINE EUROPEO DE SEVILLA: 7ª JORNADA

RAMYBE MUSU SAPNUOSE (La paz sea en nuestros sueños)

Lituania-Francia-Rusia 2015 107 min.
Guión y dirección Sharunas Bartas Fotografía Eitvydas Doshkus Música Alexander Zekke Intérpretes Ina Marija Bartaite, Lora Kmieliauskaite, Sharunas Bartas, Edvinas Goldsteinas


Cuando uno piensa en los países bálticos, sobre todo a la hora de viajar, se interesa por Suecia, Finlandia, Estonia, en cuya capital Tallin una vez Rosa de España defendió Eurovisión, Dinamarca o Letonia, pero rara vez se detiene en la República de Lituania. Un error, porque se trata de un país bellísimo poblado por criaturas celestiales de un porte aristocrático extraordinario y una profundidad existencial sin límites. Conviene visitarlo especialmente en verano, aunque el invierno también tiene su belleza, con la nieve cayendo majestuosamente sobre los árboles. Bañarse en sus cristalinos lagos, disfrutar de sus frondosos bosques, correr por sus verdes praderas, y cruzarse con su variopinta fauna humana, no tiene precio. Unos de deleitan con Beethoven, otras personas prefieren el alegre folclore local; hay quien caza y hay quien prefiere pescar. No conviene extrañarse si de repente rompen a llorar o pierden la mirada, es que son así. Y cuando termina el verano y se aproxima el otoño, escuchar el viento, ver mecerse la hierba a su ritmo, observar la lluvia caer sobre el agua y los árboles, es una experiencia que te traslada al paraíso. Lástima que no haya vuelo directo entre Sevilla y Vilna, su hermosa capital, porque me iba ahora mismo. Lo único malo es que allí se producen películas como ésta, un auténtico ladrillo.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

SANGUE DEL MIO SANGUE (Sangre de mi sangre)

Italia-Francia-Suiza 2015 107 min.
Guión y dirección Marco Bellocchio Fotografía Daniele Cipri Música Carlo Crivelli Intérpretes Roberto Herlitzka, Pier Giorgio Bellocchio, Lidiya Liberman, Fausto Russo Alessi, Alba Rohrwacher, Federica Fracassi, Alberto Cracco, Filippo Timi

Las últimas películas estrenadas de la dilatada filmografía de Marco Bellocchio desvelan que ha sido un director sobrevalorado y aún hoy sorprendentemente laureado. Vincere o Buenos días, noche son ejemplos de una gramática rancia y anquilosada, incapaz de adaptarse a los nuevos tiempos para ofrecer un producto más ligero y fresco en lugar de mamotretos indigeribles sin poesía ni nervio. Su última película, también premiada, esta vez en Venecia, no es una excepción. Dos historias acaecidas en épocas muy distantes pero en un mismo lugar, una en el siglo XVII, la otra en la actualidad, pretenden poner sobre la mesa el motor que mueve la sociedad, el amo que la domina y domestica. La religión, inquisitiva, terriblemente autoritaria, en aquella época; el dinero, los negocios inmobiliarios y la especulación, hoy. Un discurso por lo tanto ingenuo y muy trillado que Bellocchio además se encarga de ilustrar de forma harto pueril. Rancia su primera parte, oscura, de tonos ocres y grises, como todo el mundo por supuesto sabe que era el Barroco; colorista y chirriante, la segunda, pues ahora naturalmente lo que abunda son los colores, exclusivos de nuestra época. Casi como si abrazáramos a Zeffirelli y Sorrentino en una única función, pero sin el gusto y elegancia del primero ni la gracia y el talento del segundo. El episodio inquisitivo al menos entretiene e intriga; esa monja sometida a suplicio que se libera cual ave fénix como si de una modelo de Victoria's Secret se tratara, no tiene precio. Pero el otro, el colorista, es de auténtica vergüenza ajena. Ya le vale al titiritero.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

LAS MIL Y UNA NOCHES. EL EMBELESADO (As 1001 noites. Volume 3, O encantado)

Portugal-Francia-Alemania-Suiza 2015 131 min.
Dirección Miguel Gomes Guión Miguel Gomes, Telmo Churro y Mariana Ricardo Fotografía Sayombhu Mukdeeprom Intérpretes Crista Alfaiate, Bernardo Alves, Jing Jing Guo, Chico Chapas, Carloto Cotta, Quitério, Américo Silva, Gonçalo Waddington

La tercera y última parte de la trilogía dedicada a la crisis económica en Portugal se centra en los supervivientes, quienes aguantan el chaparrón lo mejor que pueden, aferrándose a ocupaciones, entretenimiento o simplemente la búsqueda de lo esencial y lo más auténtico de la vida, lejos de materialismos y conductas aprendidas, muchas veces impuestas. Por eso contiene un largo prólogo en el que Sheherezade huye de su cautiverio para conocer Mundo, mezclarse con la gente, cantar (el leit motiv de la trilogía, Perfidia), enamorarse y reflexionar junto a su padre sobre el futuro de nuestra existencia. Un episodio gozoso que no disimula su tendencia al pastiche o al collage, según se prefiera, y en el que hace presencia la alegría y la despreocupación en comunión con la naturaleza y al vida al aire libre. Lástima porque inmediatamente después Gomes se centra en un tedioso e interminable reportaje sobre ornitología, centrado en al adiestramiento que un grupo de hombres hace de los pájaros pinzones para competir en concursos de canto. Una metáfora de la libertad (del hombre, no ciertamente del animal en cautiverio) y la superación de contratiempos, que no encuentra sin embargo justificación como para someter al espectador, que ya ha llegado al fin del experimento y no quiere perderse su conclusión, a semejante e inhumano suplicio. Una vez más parece que nadie haya enseñado a estos señores a editar y sintetizar.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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