lunes, 29 de febrero de 2016

FEMÁS 2016: UN WHISKY DEMASIADO MEDIDO

33ª Edición Festival de Música Antigua de Sevilla. The Rare Fruits Council: María Goso, soprano; Manfredo Kraemer y Guadalupe del Moral, violines; Mercedes Ruiz, violonchelo; Luca Guglielmi, clave. Programa: Scottish Songs (A Treatise of Good taste in the Art of Musick, de Geminiani, y canciones escocesas de Haydn). Espacio Turina, domingo 28 de febrero de 2016

María Goso
Mucha expectativa había creado este proyecto del violinista argentino Manfredo Kraemer, ahora junto al grupo que fundó para abordar fundamentalmente sonatas en trío para dos violines y bajo continuo, cuyo nombre se puede traducir algo así como El Consejo de las Frutas Raras. Su último trabajo discográfico se centra en las canciones escocesas recopiladas y tratadas por Geminiani y Haydn, y a esas frondosas y legendarias tierras nos pretendía llevar un concierto en el que María Goso adoptó la parte de Susan Hamilton en el registro, y que contó con la colaboración de nuestra querida Mercedes Ruiz.

Pero las expectativas se tornaron en llamativa decepción cuando comprobamos que apenas se matizaban las notables diferencias entre la forma de tratar y engullir ese acervo popular por Geminiani, que intervenía mucho en el resultado final, y Haydn, más respetuoso y conservador con el espíritu original del material. Todo sonó igual, incluso las piezas instrumentales, sonatas y arias, con las que el italiano acompañaba a las canciones. Brillante por supuesto la exhibición de los instrumentistas, vigoroso como siempre Kraemer, enérgica y contundente Ruiz, preciso Guglielmi al teclado y perfecta en ornamentación y armonía Guadalupe del Moral.

Pero el resultado denotó notable monotonía, bien ejecutado pero lejos del poder evocador de esta música de ribetes celtas que apenas lucieron en la voz de la también argentina soprano María Goso. Su voz es generosa y potente, acaso de timbre más agudo de lo conveniente para acercarse con éxito a este repertorio. Suele cantar no muy en estilo, demasiado comedida, sin apenas teatralidad en unas canciones que demandan mucho temperamento. Sólo en ocasiones puntuales atisbamos más naturalidad y matices, en canciones como The Ploughman, Mary's Dream y Over the Hills and Faraway. Mejor encajó la canción argentina María se va que se ofreció como propina.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 28 de febrero de 2016

FEMÁS 2016: MISA DE UNA CON VOCES PROPIAS

33ª Edición Festival de Música Antigua de Sevilla. Vandalia: Rocío de Frutos, soprano; Gabriel Díaz, contratenor; Víctor Sordo, tenor; Simón Millán, barítono; Javier Cuevas, bajo; Sara Águeda, arpa. Programa: L'homme armé, de Cristóbal de Morales; Pasión según San Juan, de Francisco Guerrero; Pasión según San Mateo, de Jacob Obrecht. Capilla del Palacio Gótico del Real Alcázar, domingo 28 de febrero de 2016

Víctor Sordo y Rocío de Frutos
Un domingo a la una o se va de cañas o se asiste a la última misa de la mañana; a eso es precisamente a lo que nos convocaron los integrantes de Vandalia, aunque sólo en su aspecto más lúdico, el que ofrecen las piezas de Morales, Guerrero y Obrecht incluidas en el programa. Ningún escenario mejor para el evento que la poco transitada en estos menesteres Capilla del Palacio Gótico del Real Alcázar. A los pies de un retrato de corte binzantino de la Virgen de la Antigua, un reducto del coro surgido al amparo del Coro Barroco de Andalucía y los talleres de Lluis Vilamajó, que también pasó recientemente por el MAUS, recrearon con bastante fortuna la Misa L'homme armé de Cristóbal de Morales.

La obra está basada en una canción del Renacimiento - que Jordi Savall rescató incluso como tema principal de la película Jeanne la pucelle, una versión de Juana de Arco que Jacques Rivette dirigió en 1994 - que ha servido de base espiritual y temática para la misa ordinaria en latín y ha conocido multitud de composiciones, entre las que destacan las de Guillaume Dufay y Johannes Ockeghem, hasta nuestros días. Aderezada con una introducción, una síntesis de la Pasión según San Juan del también sevillano Francisco Guerrero, que el conjunto aprovechó para calentar voces, especialmente las del tenor Víctor Sordo y el contratenor Gabriel Díaz, muy en estilo y con un bellísimo timbre que modula a placer, la interpretación de la misa se vio igualmente salpicada por otras piezas de Guerrero y el holandés Jacob Obrecht, quien cerró la exhibición con su Pasión según San Mateo.

Ejemplo perfecto de polifonía y canto firme, lo más llamativo fue comprobar la capacidad de cada una de las cinco voces convocadas para exhibir su propia personalidad, hacerse notar a través de una línea de canto bien definida y sensacionalmente estructurada de forma que no se perdiese ningún matiz en el ensamblaje. Especialmente mágica fue la aportación dulce a la vez que potente de Rocío de Frutos, mientras barítono y bajo alternaron disciplinadamente sus voces en el motete a 4 de Obrecht. Lástima que el Kyrie de la Misa a 5 de Morales resultara descompasado, un poco anárquico. Tampoco la aportación de Sara Águeda al arpa nos convenció, no porque no domine con soltura y musicalidad el instrumento sino porque estas piezas son más idóneas con órgano o sin acompañamiento instrumental; la cuerda pulsada le da un carácter cortesano alejado del lítúrgico que le es propio. En la propina, Lasciatemi morire de Monteverdi, el carácter profano y relajado añadió naturalidad y frescura al conjunto.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 29 febrero 2016

LA HABITACIÓN El refugio de la placenta

Título original: Room
Irlanda-Canadá 2015 118 min.
Dirección Lenny Abrahamson Guión Emma Donoghue, según su propia novela Fotografía Danny Cohen Música Stephen Rennicks Intérpretes Brie Larson, Jacob Tremblay, Joan Allen, Tom McCamus, William H. Macy, Sean Bridgers, Wendy Crewson, Amanda Brugel, Cas Anvar Estreno en el Festival de Telluride 4 septiembre 2015; en Irlanda 15 enero 2016; en España 26 febrero 2016

Uno de los grandes atractivos de los festivales es que las películas llegan prácticamente vírgenes, listas para ser descubiertas en toda su plenitud. Cuando asistimos a la proyección de una película como ésta, que guarda entre sus alicientes una trama sorprendente y sujeta a inquietantes giros de guión, ya sabemos lo que nos vamos a encontrar, gracias a que medios de comunicación y los propios responsables de su promoción nos la han destripado cruel y despiadadamente. La interpretación de su protagonista, Brie Larson, a quien ya vimos hacer un excelente trabajo en Las vidas de Grace para después perderse en trabajos de poca enjundia en cintas como El jugador o Y de repente tú, se ha convertido astutamente en el principal reclamo para acercarse a ver este título como uno de los imprescindibles de la temporada; los premios que le está reportando a la joven actriz se están encargando de ello. Sin embargo el principal mérito de esta película no reside ni en su argumento ni en la interpretación de Larson, sino en el trabajo de su inteligente e inquieto director y, sobre todo, en la interpretación llena de frescura, naturalidad e intención del niño Jacob Tremblay. Quizás porque ya no se nominan a los Oscar a niños prodigios haya recaído la nominación al mejor director en Lenny Abrahamson, por encima de Scott y Spielberg, puede que como reconocimiento al espléndido trabajo desplegado con el jovencísimo protagonista. Abrahamson, que dirigió la marciana Frank, en la que Michael Fassbender interpretaba a un excéntrico cantante enmascarado y Domhnall Gleeson a su desnortado grupie, firma un trabajo aparentemente más convencional pero que encierra en su supuesta linealidad un convincente tratado de psicología sobre la protección materna, el refugio de la placenta y el despertar a un mundo que no imaginábamos ni en la peor de nuestras pesadillas. La mirada fulminante, asustada y sorprendida de este niño encerrado en las cuatro paredes de un mundo hecho a su medida, nos sumerge en este descubrimiento al mundo y la vida y nos advierte que tenemos que estar muy despiertos para afrontar todo lo que se nos viene encima, defendernos y adaptarnos a una existencia en la que nada es como queremos; nuestros sueños e inquietudes acaban en un elevado porcentaje adaptándose a lo que podemos, y acabaremos siempre añorando el refugio y la protección de una madre, sobre todo mientras esperamos en la placenta. Larson hace un trabajo excelente, pero no es ni de lejos el principal atractivo de una película en la que el niño lo absorbe todo y a todos, incluidos unos también estupendos Joan Allen, William H. Macy y Tom McCamus, sin olvidar a Wendy Crewson como periodista tipo víbora.

BROOKLYN Lejos de casa, cerca del corazón

Irlanda-Reino Unido-Canadá 2015 111 min.
Dirección John Crowley Guión Nick Honrby, según la novela de Colm Toibin Fotografía Yves Bélanger Música Michael Brook Intérpretes Saorise Ronan, Emory Cohen, Domhnall Gleeson, Julie Walters, Jim Broadbent, Jane Brennan, Fiona Glascott, Brid Brennan, Mary O'Driscoll, Eileen O'Higgins, James DiGiacomo, Jessica Paré, Jenn Murray, Emily Brett Richards, Paulino Nunes, Eva Birthistle Estreno en el Festival de Sundance 26 enero 2015; en Irlanda 6 noviembre 2015; en España 26 febrero 2016

Algunos países, curiosamente de fervorosa tradición católica, han vivido el drama de la emigración en primera persona. Hoy que este drama se repite en muchos hogares de nuestro mundo civilizado, afortunadamente con el alivio que proporcionan las nuevas tecnologías, conviene recordar el desarraigo y la profunda melancolía que esa experiencia conlleva. El libro de Colm Toibin en el que se basa esta espléndida película trata sobre eso, en la figura de una joven irlandesa que ayudada por una Iglesia competente y misericordiosa, pues también conviene recordar los buenos actos que la institución desarrolla a lo largo y ancho de la historia y del territorio, emigra a la tierra de las oportunidades, Nueva York, a principios de los coloristas años cincuenta del siglo pasado, dejando todo atrás, especialmente amistades y familia. Con una caligrafía minuciosa, precisa y elegante, el director John Crowley nos adentra en esas primeras sensaciones de dolor y desarraigo, profunda tristeza, melancolía que se va tornando en esperanza e ilusión conforme nos vamos adecuando al nuevo entorno y vamos extrayendo de él todo lo que de bueno tiene y representa para un futuro digno. Crowley, que en su escueta filmografia ha dirigido a estrellas de la talla de Michael caine, Colin Farrell, Peter Mullan o Eric Bana, sorprende con esta exquisita crónica que Nick Honrby, autor de Un niño grande y guionista de An Education convierte en pura emoción. Pero nada de esto funcionaría sin la portentosa interpretación de Saorise Ronan, convertida por fin en adulta tras triunfar como niña en Expiación y The Lovely Bones, y como adolescente en Hanna y El Gran Hotel Budapest. Sus ojos, su mirada limpia e inocente, nos llevan de la mano en este viaje iniciático por la aventura de la vida, siempre lejos de casa, como inmigrante y como visitante, obligada a elegir su propio camino, en una u otra orilla del Atlántico. Crowley, Hornby y Ronan han construido a partir de la novela de Toibin un drama emocionante, que reconstruye magníficamente una época y analiza con profunda emotividad los vericuetos del romanticismo, el amor como fuerza motriz que da sentido a todo, sea el de una hermana, una madre o sobre todo una pareja. No le van a la zaga a la espléndida protagonista el resto de un elenco en estado de gracia, con el simpático y atractivo Emory Cohen dándole réplica romántica, el cada vez más imprescindible Domhnall Gleeson como contrapunto elegante y los veteranos Jim Broadbent, Jane Brennan y especialmente una impagable Julie Walters añadiendo notas de humor a este intenso y a la vez comedido y sincero melodrama. Imposible no emocionarse con la despedida del barco de emigrantes o con la secuencia cantada en el comedor benéfico de veteranos irlandeses a los que el sueño americano les ha dado la espalda. Imposible no emocionarse hasta escribiendo estas letras.

sábado, 27 de febrero de 2016

FEMÁS 2016: UN ARTE DE LA FUGA DE AMPLIAS MIRAS

33ª Edición Festival de Música Antigua de Sevilla. Accademia Bizantina: Alessandro Tampieri y Ana Liz Ojeda, violines; Diego Mecca, viola; Mauro Valli, violonchelo; Stefano Demicheli, órgano; Ottavio Dantone, clave y dirección. Programa: El arte de la fuga BWV 1080, de J. S. Bach. Espacio Turina, viernes 26 de febrero de 2016

Ottavio Dantone
El Festival de Música Antigua de Sevilla alcanza su trigésimo tercera edición precedida por varios preludios, oficiales y extraoficiales. Entre los primeros la actuación de Ministriles Hispalensis durante los días previos en distintos mercados históricos de la ciudad; y entre los segundos la Muestra de Música Antigua de la Universidad, cuya tercera y última cita tuvo lugar el pasado jueves, justo un día antes de la inauguración del Festival de la mano del prestigioso grupo Accademia Bizantina. Sólo unos días antes nuestra Orquesta Barroca ya se hacía eco de la música de Bach.

El para muchos considerado testamento oficial del compositor, un conjunto matemáticamente estructurado en torno al estudio del contrapunto, a través de veintidós fugas escritas en la misma tonalidad y en torno a un único tema, ha sido la carta de presentación en nuestro preciado certamen del conjunto nacido en Ravenna hace más de treinta años. Discutida su vocación de obra didáctica o pieza de concierto, lo cierto es que ofrece un estudio pormenorizado, complejo y completo del ejercicio contrapuntístico sin un destinatario instrumental específico, si bien suele ejecutarse al clave no obstante la imposibilidad de someter algunas de las variaciones a una sola voz. Menos nutrida de lo habitual, Accademia Bizantina con su director musical al frente, el organista y clavecinista Ottavio Dantone, han optado por ofrecer una visión abierta y ecléctica de la obra, combinando cuarteto de cuerdas con clave y órgano, en conjunto o por separado. Sólo metales y maderas quedaron fuera de la propuesta. 

El resultado cumplió el desafío de atrapar la atención y el interés del oyente, ofreciéndole un variado abanico de posibilidades tímbricas y consiguiendo superar en un elevado porcentaje el grado de monotonía que implica atreverse con esta singular obra, seguramente la más rígida y severa del catálogo de Bach. La minuciosidad con la que cada uno de los solistas abordaron su participación en fugas simples, en stretto y en espejo, o en cánones a dos y fugas dobles y triples, logró una visión amplia y satisfactoria de la intrincada pieza. Especialmente brillantes resultaron Dantone al clave y un apasionado Stefano Demicheli al órgano, mientras a la cuerda colores y timbres se afanaron en una lectura precisa y contenida de la obra, casi en un tono místico o religioso tan adecuado para esta edición del FeMás que recuerda la Pasión en todas sus vertientes.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 27 de febrero de 2016

viernes, 26 de febrero de 2016

EL ENCANTO DE LA MÚSICA PROGRAMÁTICA EN EL 9º CONCIERTO DE TEMPORADA DE LA ROSS

9º concierto de la 25ª temporada de abono de la Real Orquesta Sinfónica de SevillaRachel Kolly D'Alba,violínAykut Köselerli, percusión. John AxelroddirectorPrograma: Grand Bazaar Op. 65 y Concierto para violín “1001 noches en el harén” de Fazil Say; Suites de Casablanca, de Max Steiner, Sahara y El Cid, de Miklós Rózsa, y Las aventuras de Indiana Jones, de John Williams. Teatro de la Maestranza, jueves 25 de febrero de 2016

Fazil Say
Muchos niños en grupo hubo en el último concierto de la Sinfónica, muy apropiado por su carácter amable y evocador, tan fascinante para unas sensibilidades por cultivar, perfecto para iniciarse en el gratificante mundo de la pasión por la música. En el programa obras directa e indirectamente cinematográficas, pues a las composiciones para ese medio de Steiner, Rózsa y Williams pudo añadirse una obra en estreno mundial y otra concertante del polifacético músico turco Fazil Say, de inspiración inequívocamente cinematográfica, y desde luego en cualquier caso programática. Ya conocíamos su faceta como pianista, electrizante y rigurosamente personal, tal como demostró el año pasado por estas mismas fechas en sus interpretaciones de Mozart y Debussy. Esta vez viene en calidad de compositor residente de la ROSS a ofrecernos en distintas entregas algunas de las obras que conforman su catálogo como autor.

Su música mal se aviene con lo que habitualmente entendemos como música contemporánea y que responde a unas directrices estéticas poco afines en general a lo que ofrecen los pentagramas de Say. Por el contrario fija más su atención en esa combinación de música exótica y occidental que es ya una tradición desde el propio Romanticismo, con compositores como Saint-Säens o Rimsky-Korsakov a la cabeza, sin olvidar las aproximaciones que ya antes hicieron otros como Haydn y Mozart, tal como pudo comprobarse en la anterior cita de la orquesta. Con todo lo que más evoca Grand Bazaar, una pieza escrita por encargo de Axelrod y la ROSS, y que tuvo en la noche del jueves su estreno mundial, son esas persecuciones del cine de acción moderno por las calles y monumentos de ciudades como Estambul, citando como ejemplos Skyfall o Venganza, y una estética musical muy próxima a la saga de, por ejemplo, Misión Imposible. Sin lugar a dudas la pieza ofreció unas impagables oportunidades para el lucimiento general de una orquesta entregada en grado máximo, apreciándose en sus rostros una implicación y una satisfacción como pocas veces han evidenciado. De mayor enjundia resulta el concierto para violín 1001 noches en el harén, una ilustración de los célebres cuentos a partir de siete mujeres distintas, lo que facilita continuos cambios de color y humor que la espléndida violinista suiza Rachel Kolly D'Alba, que ya nos sorprendió hace tres años también junto a la ROSS, aprovechó para hacer acopio de sus virtudes como excelente instrumentista a la vez que sensible artista, capaz de sobreagudos portentosos y pianissimi imposibles. Acompañada a la percusión por el joven Aykut Köselerli, extrayendo del kudum y el darbuka sonoridades no sólo exóticas sino también altamente estimulantes. En la propina, la Danza Rústica de la Sonata nº 5 de Ysaye, D'Alba volvió a demostrar que no sólo es una virtuosa de primera sino además una artista de exquisita expresividad.

Rachel Kolly D'Alba
En la segunda parte la orquesta se reencontró con la música de cine que tan bien aborda, esta vez frente a partituras de grandes compositores del cine clásico y el más admirado y seguido de los actuales. La suite de Casablanca de Max Steiner, que ya sonó en los atriles de la Sinfónica en el 2000, arrancó algo descompasada pero rápidamente cogió fuelle y lirismo para acabar resultando emocionante. Apabullante la interpretación de la larga suite de Sahara, otro film de Bogart ambientado en escenarios exóticos durante la 2ª Guerra Mundial, y en la que las fanfarrias de Miklós Rózsa compiten con el lirismo heroico de una cuerda envolvente. Imponentes y abigarradas fueron la Obertura y el Entreacto de El Cid, a pesar de una percusión excesiva y la tendencia de Axelrod a saturar en decibelios los pasajes más espectaculares. En el exquisito tema de amor de la misma película se apreció la facilidad de la batuta para potenciar el vuelo lírico, mientras el concertino Paçalin Zef Pavaci exhibió preciosismo, con un sonido sin embargo algo canijo, en los solos. Modélica la pieza Swashbuckler extraída de Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal, y revelador el tema de Marion, un desarrollo inédito del tema de amor de En busca del arca perdida recuperado en esa cuarta entrega de las aventuras del famoso arqueólogo, que sólo suena en ambas películas integrado en otros temas y en los títulos finales, pero nunca así como pieza de concierto, ahora incluida en una suite preparada por el propio John Williams con los temas más característicos de la saga. La famosa marcha principal de nuevo recargada aunque poderosa, cerró el concierto para abrir paso a un merecido homenaje a Richard Eade, violonchelista de la orquesta que se jubila tras este noveno concierto de temporada y al que sus compañeros y compañeras de familia instrumental le ofrecieron una contundente Fuga y Misterio de Piazzola. Axelrod se sumó al homenaje sin complejos, como buen americano, nombrándole caballero con una espada láser al son de Que la fuerza te acompañe para de seguido dirigir un Salón del trono y Títulos finales de La guerra de las galaxias igualmente poderoso, de tempi rápidos y resolución ágil y vibrante.

miércoles, 24 de febrero de 2016

RAQUÍTICO BACH DEL COLLEGIUM MUSICUM CON LOS SOLISTAS DE LA BARROCA

Temporada 2015/16 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Solistas de la OBS. Programa: Suite nº 5 en Sol menor BWV 1070 atribuida a J.S. Bach; Concierto en Do menor BWV 1060 y Triple Concierto en La menor BWV 1044, de J.S. Bach; Sonata en trío en Do Mayor DürG 13, de Johann Gottlieb Goldberg. Teatro Lope de Vega, martes 23 de febrero de 2016

Catherine Manson
La cada vez mayor tendencia de esta orquesta a ofrecer conciertos con el mínimo de efectivos posibles, lo que llaman Solistas de la Barroca, desembocó en esta ocasión en una exhibición raquítica de un programa que a priori se vislumbraba muy atractivo y prometedor. Se trataba en cierto modo de hacer una semblanza del trabajo desarrollado por Bach cuando ejercía o se disponía a hacerlo como director del Collegium Musicum de Leipzig, con sus hijos y alumnos como claro referente. De esta forma se ofrecieron dos trabajos de esa época derivados de obras anteriores y otros dos atribuidos a él pero finalmente descubiertos como obras de uno de sus hijos y uno de sus más aventajados alumnos.

Pero ni la disposición de los instrumentos, ni la acústica del recinto, ni la destreza de los habitualmente brillantes músicos del conjunto estuvieron a la altura, y el acontecimiento devino en uno de los conciertos más sosos y malogrados de cuantos recordemos hayan celebrado. La Suite nº 5 parece ser obra de Wilhelm Friedemann Bach siguiendo la estructura de las cuatro célebres suites orquestales de su padre, a su vez sucesoras de las oberturas de Telemann, que le precedió en el puesto del prestigioso conjunto de Leipzig. Ni la categoría de Catherine Manson, asociada a algunas de las instituciones más reconocidas del actual panorama musical historicista, logró levantar el vuelo de una suite ejecutada con práctica ausencia de matices y acentos. Tampoco brilló el extraordinario Concierto para dos claves de Bach, con los teclados de espalda al público, un sonido consecuentemente aminorado y un acompañamiento orquestal endeble. Los dos solistas cumplieron con una exhibición gimnástica a pesar de algún atasco puntual, resultando ejemplares en el diálogo del precioso adagio que Kubrick inmortalizó en Barry Lyndon.

Lo mejor de la noche lo encontramos en la Sonata de Goldberg, el virtuoso clavecinista destinatario de las famosas Variaciones. Ahí brillaron más la flauta de Guillermo Peñalver, el violín de Manson y el clave del espléndido Alfonso Sebastián. Por el contrario, con el Triple Concierto volvió a ofrecerse una lectura flácida y aburrida del maestro de Eisenach, con el clave de Sebastián de nuevo tapado por el resto de las voces, más nutridas entonces pero entrecortadas y destempladas.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 23 de febrero de 2016

DEADPOOL Más violencia y friquismo pero con otro disfraz

USA 2016 106 min.
Dirección Tim Miller Guión Rhett Reese y Paul Wernick, según los personajes creados por Rob Liefeld y Fabian Nicieza Fotografía Ken Seng Música Tom Holkenborg Intérpretes Ryan Reynolds, Morena Baccarini, Gina Carano, T.J. Miller, Ed Skrein, Rachel Sheen, Brianna Hildebrand, Paul Lazenby, Ben Wilkinson, Sean Quan, Stefan Kapicic Estreno en Estados Unidos 12 febrero 2016; en España 19 febrero 2016

Presentado por primera vez en la gran pantalla en 2009 en X-Men Orígenes: Lobezno, Masacre muta ahora su nombre castellano por el original Deadpool y se presenta de nuevo bajo la piel de Ryan Reynolds para convertirse en una nueva especie de superhéroe, y autoconsciente de sus propias ridiculeces y constantes se dirige una y otra vez al público para labrarse el calificativo del más socarrón y divertido de entre sus compañeros y compañeras, aunque a algunos nos parezca directamente cargante. Seguramente lo conseguirá con un alto porcentaje de la platea, ese que se entrega ciegamente a las ocurrencias de estos intelectuales del comic, que con lenguaje grosero a la par que infantil, y maneras decididamente soeces se aprovecha de la complicidad de un público complaciente y agradecido. Tim Miller, hasta ahora cortometrajista de animación, debuta en el largo con esta singular comedia de acción a la que hay varias cosas que reconocerle. Antes que nada que haya prescindido finalmente del héroe traumatizado y melodramático con el que nos han estado acribillando en los últimos años; pero también hay que reconocer el mérito de haber construido una película ágil, con buen ritmo y estructura férrea, en la que a pesar de contar más o menos lo mismo de siempre, consigue entretener e incluso interesar a los más incrédulos, entre los que nos incluimos. Miller y sus guionistas, que parecen haberse tomado varios tripis antes de ponerse a currar, coquetean con el romance y la comedia para al final ofrecernos lo que no es sino otra película de acción desorbitada y violencia extrema. Si uno echa la mirada atrás recuerda con nostalgia que ni en las películas de James Cagney y Humphrey Bogart ni en las del Superman de Christopher Reeve había esta hiperviolencia que sacude hoy nuestras pantallas, y que poco o ningún favor está haciendo a una sociedad cada vez más fascinada con el dolor ajeno. El contenido de Deadpool por lo tanto nos parece abominable y obsceno, y sus formas intencionadamente groseras, pero reconocemos su mérito como producto cinematográfico bien dirigido, estructurado e interpretado.

lunes, 22 de febrero de 2016

LA FLUIDA CASCADA MUSICAL DE JUDITH JÁUREGUI AL PIANO

Judith Jáuregui, piano. Programa: Arabesque Op. 18 de Schumann; Jeux d’eaux à la Villa del Este, de Liszt; Estampes y L’isle joyeuse, de Debussy; Balada nº 1 de Chopin; Scènes d’enfants, de Mompou; Fantasía Op. 28 de Scriabin. Teatro de la Maestranza, domingo 21 de febrero de 2016

La carrera de la joven donostiarra Judith Jáuregui ha pasado de un futuro prometedor a una realidad constatable, gracias al trabajo, el talento y el afán de las cosas bien hechas; y también a la interminable nómina de grandes maestros del piano que han guiado su camino, de entre los que destaca Joaquín Achúcarro por su condición de paisano y por la enorme delicadeza que despliega en el instrumento. Por el contrario a Jáuregui aún le queda trecho por recorrer para alcanzar las dosis de expresividad de su maestro. De momento cuenta con una considerable dosis de lirismo y fluidez, apreciable en su debut en el Maestranza desde la primera hasta la última de las notas interpretadas.

Como si hubiera aterrizado de un viaje en el tiempo, la joven y hermosa pianista salió al escenario elegantemente vestida y peinada en un estilo vintage muy próximo a las grandes concertistas de la década de los cincuenta del siglo pasado. Sin partitura y con un programa al que sometió a rotundos cambios desde el anuncio de su concierto hasta su celebración, uno en el último momento, exhibió una digitación tan precisa y completa que por momentos parecía fueran varias las manos que acariciaban las teclas del piano. Pero eso fue lo malo, que las acariciaban, extrayendo del instrumento un sonido etéreo casi fantasmal, que no casaba en todo momento con la expresividad de las piezas elegidas. Y si a las Estampas y La isla feliz de Debussy les sentó bien el estilo, al Arabesco de Schumann le faltó más cuerpo, mientras a los Juegos de agua de la Villa del Este de los Años de peregrinaje de Liszt la atmósfera se le quedó corta, no así su continua cascada de filigranas.

En la segunda parte ofreció una Balada nº 1 de Chopin de considerable menor duración que los Preludios Op. 1 de Szymasnowski a los que sustituyó, y a la que imprimió de considerable delicadeza sin caer en la tendencia almibarada con la que se suele abordar al compositor polaco. Sobriedad es lo que caracterizó a las Escenas infantiles de Federico Mompou, en las que Jáuregui acertó a acentuar su riqueza melódica. A la Fantasía de Scriabin le faltó mayor pujanza y pasión, mientras la Consolación nº 3 de Liszt que sirvió de propina la desgranó con tanta contención como precisión, aunque de nuevo ausente de una mayor carga emotiva.

¡AVE, CÉSAR! Fallido homenaje al productor del Hollywood clásico

Título original: Hail, Caesar!
USA 2016 106 min.
Guión y dirección Joel y Ethan Coen Fotografía Roger Deakins Música Carter Burwell Intérpretes Josh Brolin, George Clooney, Ralph Fiennes, Tilda Swinton, Channing Tatum, Scarlett Johansson, Alden Ehrenreich, Frances McDormand, Jonah Hill, Christopher Lambert, Clancy Brown, Wayne Knight, Veronica Ossorio, Heather Goldenhersh, Max Baker, Fisher Stevens, Patrick Fischler, Tom Musgrave, David Krumholtz, Greg Baldwin, Patrick Carroll, John Bluthal Estreno en Estados Unidos 5 febrero 2016; en España 19 febrero 2016

Un homenaje a la época dorada de Hollywood sirve a los Coen para su última propuesta de comedia disparatada, generando una enorme expectativa que se va paulatinamente desinflando conforme vamos descubriendo la poca consistencia de un pastel en el que los ingredientes sobrepasan el talento de los cocineros. Aquí es la política de estudio de la Metro Goldwyn Mayer la que parece más visible de cuantas convivían en los cincuenta en los grandes polígonos industriales de la Meca del Cine. Y es así porque la recreación que de musicales (Un día en Nueva York, La hija de Neptuno), cine de romanos (Qvo Vadis, Ben Hur) e incluso dirección artística en interiores (la casa de los conspiradores recuerda a la de James Mason a pie del Monte Rushmore en Con la muerte en los talones) responde más al estilo de esa mítica productora que al de cualquier otra, aunque se haga referencia también a cine negro de la Warner, el western, menos transitado por la casa del león, y películas de Hitchcock (Veronica Ossorio interpreta a una estrella latina de nombre Carlotta Valdez, como el antepasado de Kim Novak en Vértigo; los pies en blanco y negro que desfilan en la película inventada Merrily We Dance recuerdan a Extraños en un tren). Es ahí y en un par de gags memorables, de entre todos los que los Coen articulan para intentar hacernos reír, así como en el descubrimiento que supone el joven actor Alden Ehrenreich dando vida a un cowboy entre Tom Mix, John Wayne (pequeñito) y James Dean, con cara de desnortado, donde residen los mayores atractivos de un film que no acierta a contar una historia interesante ni mucho menos convincente. Todo parece apuntar a querer ser un homenaje al inagotable productor de la época, un hombre para todo que empeñaba la mayor parte de su tiempo en arreglar las torpezas y meteduras de pata de sus estrellas, lidiar con columnistas impertinentes (estupenda Tilda Swinton desdoblada en una especie de Hedda Hopper y Louella Parsons, rivales en la realidad) y procurar contentar a la industria y al público con elaborados (y disparatados) estudios de mercado. Por el camino un secuestro y una ridícula liga de escritores cinematográficos enfrentados a la caza de brujas de McCarthy más por mejorar su estatus económico personal que por rebatir los postulados capitalistas, se combinan con una suntuosa puesta en escena. La escenificación de los peores presagios del macartismo, tan ridículos como improbables, pretende ser otro de los puntos en los que se apoye un cinismo que no logra despegar en ningún momento, mientras la incansable sucesión de personajes no ayuda a la digestión de un producto que encuentra en su recargamiento su único punto de apoyo. Ni siquiera la recreación de los grandes números musicales de Busby Berkeley (las películas de Esther Williams) o Gene Kelly están a la altura, y eso que hoy se pueden hacer maravillas disimuladas con la tecnología digital. La de las producciones de romanos están más conseguidas, aunque George Clooney vuelva a no dar la talla como actor, y en este caso haber dado vida a un aventajado sucedáneo de Robert Taylor hubiera dado mucho juego. Al conjunto le falta sobre todo carácter nostálgico y evocador.

domingo, 21 de febrero de 2016

LEO NUCCI EN EL MAESTRANZA: LA MEDIDA DEL ARTISTA

Recitales líricos. Leo Nucci, barítono. Italian Opera Chamber Ensemble: Paolo Marcarini, piano y arreglos; Pierantonio Cazzulani y Lino Pietrantoni, violines; Christian Serazzi, viola; Massimo Repellini, violoncello; Davide Burani, arpa. Programa: Arias de Rossini, Bellini, Verdi y Donizetti. Teatro de la Maestranza, sábado 20 de febrero de 2016

Grande Leo Nucci, crooner belcantista
Recién regresado de este recital y su posterior y obligada cena, vi que ponían en La 2 de Televisión Española un documental sobre Frank Sinatra en el que, entre otros episodios, se recordaba el mítico concierto en el Madison Square Garden que dio en 1974, y que reviví como cuando siendo un niño lo programaron en nuestra entonces raquítica televisión, y el que celebró en el Palau de Sant Jordi durante los fastos del 92. En ambos un público entregado y devoto rendía su más sentida y agradecida admiración hacia el genio de la canción, su voz imperecedera y su única e insustituible forma de modularla. Especialmente sintomática era la pleitesía demostrada por el público barcelonés cuando el maestro empezaba a no ser más que la sombra de lo que había sido, si es que algún día llegó a tan traumático extremo. Algo así, salvando las distancias estilísticas, de género y edad, pudimos experimentar durante el esperado concierto con el que el barítono Leo Nucci ha regresado al coliseo sevillano tras su triunfal Rigoletto hace tres temporadas.

Mantiene su forma única y entregada de abordar el repertorio que más conoce, el que le sitúa entre el belcantismo de Bellini o Donizetti y la madurez expresiva y lírica de Verdi, con Rossini como parada obligatoria para celebrar el bicentenario del estreno de la ópera que de entre las más de ciento cincuenta catalogadas por expertos sevillanos de la lírica más se erige en embajadora de la ciudad en el resto del mundo. Su hermoso timbre y su incontestable buen gusto para modular continúan intactos, así como su generosa proyección y una arrebatadora potencia que dista mucho de la que obtendría una voz gastada por el tiempo. Sin embargo vislumbra ese paso de los años en una necesidad de adaptar el tono a las posibilidades de su voz, lo que hace que el Largo al factotum fuese resultado de su caprichosa voluntad, o que su registro se resintiera de una alarmante monotonía. Eso no impide que sus cabaletas, especialmente en I puritani y La Favorita, también ambientada parcialmente en Sevilla, en concreto en los Jardines del Alcázar que protagonizan el arranque de Vien Leonora, a piedi tuoi, resultasen impecables. Pero su registro y estilo no mutaban, ya abordara al trágico Macbeth, la soberbia en Beatrice di Tenda, el drama de I vespri siciliani, o la profunda lírica del célebre O vecchi cor che batti de I due Foscari, así como de dos canciones también de Verdi, especialmente la conmovedora L'esule. Como Sinatra, que para bien y para mal hacía suyas las canciones quienquiera que las compusiera.

El público enfervorecido, entre el que se encontraba esa inevitable claca que le persigue por todo el mundo, le obligó a entonar cinco propinas en la que desplegó lo mejor de sí mismo, extraídas de Andrea Chénier, Rigoletto, Don Carlo y Un ballo in maschera, además de la emotiva Non ti scordare di me – nosotros tampoco nos olvidaremos de usted, maestro - y un flamenco barroco en estilo Boccherini y una pizca de México que el conjunto instrumental, un cuarteto de cuerda completado con piano y arpa, ofreció con agradecida ilusión. Al piano y los arreglos instrumentales el veterano y entrañable colaborador de Nucci, Paolo Marcarini; suyos fueron también los interludios basados en arias de Bellini y Donizetti en los que destacaron el violín de Pierantonio Cazzulani. Lástima que el insuficiente presupuesto con el que nuestros gobiernos central y autonómico castigan la cultura, impida que veladas como ésta se celebren con más frecuencia y que se amplíe el número de títulos operísticos, cumpliendo así las expectativas de un teatro que nació hace veinticinco años para colmar las necesidades de un público que sí ha demostrado estar a la altura, e impidiendo así arrastrar con su desidia a una gerencia que ve peligrar su salud mental ante tanta incompetencia institucional.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 22 de febrero de 2016

ANOMALISA Individualidad e ingenuidad, raros tesoros

USA 2015 90 min.
Dirección Charlie Kaufman y Duke Johnson Guión Charlie Kaufman y Dan Harmon Música Carter Burwell Voces (en versión original) David Thewlis, Jennifer Jason Leigh y Tom Noonan Estreno en el Festival de venecia 8 septiembre 2015; en Estados Unidos 30 diciembre 2015; en España 19 febrero 2016

El nombre de Charlie Kaufman, guionista de Spike Jonze (Cómo ser John Malkovich, El ladrón de orquídeas) y Michel Gondry (¡Olvídate de mí!), que a tantos provoca admiración e inquietud, a otros más bien nos espanta, por la pedantería y vanidad con la que suelen firmar sus trabajos. Por lo tanto enfrentarnos a la primera película de animación, con la ayuda de un especialista en el género, de alguien de la pandilla, tras haber dirigido la inédita entre nosotros Synedoche New York, se prometía tarea ardua y comprometida. Y sin embargo nos ha sorprendido la extrema y sincera sensibilidad con la que ha abordado esta historia de marionetas animadas por Stop Motion que se enfrentan al dolor cotidiano de vivir en sociedades mastodónticas en las que las relaciones humanas son cada vez más difíciles e ingratas, lo que obliga a enfrentarse a otro dolor, el de la soledad. Ambientada en espacios tan presuntamente cómodos como definitivamente sórdidos, entre los que se encuentran aeropuertos, hoteles y bares de cocktail tan habituales en las vidas de millones de personas obligadas por su profesión a frecuentarlos, Anomalisa se erige en incómoda fábula sobre la necesidad de romance y otras experiencias sentimentales en el hombre desvaído e impersonal de la actualidad. Quizás por eso en la película todos los personajes, hombres y mujeres, hablan con la misma voz, y sólo cuando una no lo hace reafirma su individualidad, su valor como ser diferente y con una personalidad propia. Es lo que en definitiva nos han obligado a aceptar como normal, como si todo lo que no se sitúa en los límites de lo oficialmente aceptable, lo diverso, fuera anormal; lo que nos invita a reflexionar sobre el abuso al que sometemos en nuestro lenguaje cotidiano el paradójico término. Nuestro grisáceo protagonista fija su atención en la ingenuidad y la naturalidad de quien, con la voz de una definitivamente recuperada Jennifer Jason Leigh, llama a la puerta de su vida y su corazón. Un cuento para adultos en el que las marionetas exhiben su desnudez y hacen el amor; que a pesar de su trazado tristón consigue dominar nuestra atención, emocionarnos e identificarnos con la necesidad, para los más afortunados colmada, de encontrar también en nuestras vidas aquello que nos devuelva la inocencia y la individualidad. En un mundo tan homogeneizado es ahí donde radica el valor, la diferencia y la diversidad, descubrir aquello que nos hace diferentes y originales, lo que podemos aportar a los demás, a la sociedad en general y a la humanidad en particular. Encuadres perfectos, diseño portentoso de personajes y una exquisita y emotiva banda sonora del compositor oficial de estas aventuras de los cineastas más presuntamente corrosivos y originales del actual cine americano, Carter Burwell, completan un trabajo tan singular y llamativo como éste, nominado al Oscar en el apartado correspondiente a su categoría, la de cine de animación, aunque hubiera merecido también otras consideraciones. Al menos logró en Venecia el Gran Premio del Jurado, y también se pudo ver en Toronto y San Sebastián antes de su estreno limitado en Estados Unidos justo a las puertas del nuevo año.

LA CORONA PARTIDA La amenaza del antiguo régimen

España 2016 120 min.
Dirección Jordi Frades Guión José Luis Martín Fotografía Raimon Lorda Música Federico Jusid Intérpretes Rodolfo Sancho, Irene Escolar, Raúl Mérida, Eusebio Poncela, Ramón Madaula, Jordi Díaz, Fernando Guillén Cuervo, Jacobo Dicenta, Úrsula Corberó, José Coronado, Silvia Alonso, Pedro Mari Sánchez, Ramón Barea, Jesús Noguero Estreno 19 febrero 2016

No suelo ver series de televisión, a pesar de la opinión generalizada de que el mejor cine hoy se sirve en la ya no tan pequeña pantalla. Exige mucho tiempo, constancia y dedicación; pero las pocas veces que sentí curiosidad vía zapping de ver Isabel constaté que se trataba de una serie anquilosada y acartonada más cerca de nuestra tradición teatral también aplicada al cine desde antaño, que al festín estético y visual de series como Los Tudor y Juego de tronos. Este puente entre Isabel y Carlos Rey Emperador que es la archiconocida crónica de Juana la Loca y el vacío de poder al que se enfrentó la corona unificadora de Castilla y Aragón tras la muerte de Isabel la Católica, se ha estrenado en cine, así que me he enfrentado a ella. Sólo para reafirmar que se trata de cine al más puro de eso que llamamos antiguo régimen, más cerca de Cifesa y Juan de Orduña que a la sofisticación visual y la modernidad narrativa del cine más actual. Pero si no paran de estrenarse cintas de alto contenido en catequesis, como esa sobre Pedro Poveda, sacerdote que tiene el mérito de promocionar a la mujer independiente, intelectual y trabajadora en el primer tercio del siglo XX, que se anuncia inminente. Hasta Irene Escolar, reciente Goya a la mejor actriz revelación por Un otoño sin Berlín, parece estar emulando a la histriónica Aurora Bautista que interpretó al personaje en la insoportable Locura de amor. Si de lo que se trata es de aprender un poco de historia, mejor revisar los libros de texto de cuando estudiábamos en el colegio o el instituto (algunos y algunas los conservamos) que acercarse a esta producción en la que un sinfín de innecesarios personajes no hacen sino enmarañar la intriga, y un guión jurásico en el que las frases se dicen por turno, sin naturalidad ni apenas lógica, elimina toda posibilidad de enganche con la gravedad de las situaciones que se están narrando, perdiéndose incluso la oportunidad de analizar con juicio crítico aquel episodio con el que hoy vivimos en un país eternamente dividido en el que buitres sin escrúpulos continúan queriendo repartirse el pastel, generalmente económico, en el que han convertido el gobierno de nuestras voluntades. Mal interpretada, acartonada entre escenarios, vestuarios, maquillajes y peluquerías impolutos, pésimamente montada a fuerza de brevísimas secuencias, y otras ridiculeces entre las que destacamos a ese Felipe el Hermoso, pésimo Rául Mérida por guapo que sea, muerto pero respirando... Ni la rutinaria dirección de Jordi Frandes, curtido en series de Televisión Española como La señóra, La república o la mismísima Isabel, ni la omnipresente y enfática música de Federico Jusid ayudan, más bien contribuyen a que esto sea ¡un horror absoluto! Que la mayor parte de la crítica oficial de este país la haya bendecido da mucho que pensar.

EL ABRAZO DE LA SERPIENTE Los restos del naufragio

Colombia-Venezuela-Argentina 2015 125 min.
Dirección Ciro Guerra Guión Jacques Toulemonde y Ciro Guerra Fotografía David Gallego Música Nascuy Linares Intérpretes Brionne Davis, Nilbio Torres, Antonio Bolívar, Jan Bijvoet, Nicolás Cancino, Yauenkü Migue, Luigi Sciamanna Estreno en la Quincena de Realizadores del Festival de Cannes 15 mayo 2015; en Colombia 25 mayo 2015; en España 19 febrero 2016

En un año en el que una película como El renacido podría volver a darle el triunfo al realizador mexicano Alejandro González Iñárritu, otro film con un alto componente ecológico y valores y denuncias muy similares podría coronarse como mejor película de habla no inglesa. Rodada en gran parte en el lenguaje vernáculo de la zona del Amazonas en la que se ambienta, cuenta el viaje en dos épocas distintas del indio Karamakate, chamán y único superviviente de su estirpe, con dos científicos, uno alemán y el otro norteamericano, en busca de la yakruna, una planta mágica capaz de corregir defectos como la incapacidad para soñar. Paradójicamente fotografiada en blanco y negro, a pesar de ilustrar frondosos paisajes, la cinta combina el drama y la denuncia con el cine de aventuras, enfrentando al protagonista y sus desvaídos acompañantes a peligros de distinta índole, generalmente relacionados con el fervor eclesiástico que la España imperial impuso a fuego y sangre durante siglos de colonialismo. El diálogo del hombre con la naturaleza, su instinto para sobrevivir con los recursos que la tierra pone a su alcance, las leyes naturales que de respeto y armonía desarrollaron las antiguas tribus hoy devastadas, aquellas que alegremente definimos como salvajes pero que tienen aún desde la extinción mucho que enseñarnos a nosotros los depredadores, y la aniquilación sistemática a la que fueron sometidos pueblos y costumbres, tejen una particular pieza a la que no obstante cabe reprocharle cierta falta de ritmo e inconsistencia, labrando un camino a menudo espeso que hace que no se siga en todo momento con el mismo interés y entusiasmo. A destacar el impecable trabajo de sus protagonistas, algunos, como los que dan vida al chamán de joven y de viejo, no profesionales y sin embargo tan llenos de sinceridad y honda emoción.

viernes, 19 de febrero de 2016

MARTIN GRUBINGER APORTA LO MARAVILLOSO AL 8º CONCIERTO DE TEMPORADA DE LA ROSS

8º concierto de la 25ª temporada de abono de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Martin Grubinger, percusión. John Axelrod, director. Programa: Sinfonías nº 103 “Redoble de timbal” y nº 100 “Militar”, de Haydn; Frozen in Time, de Avner Dorman; Obertura de “El rapto en el serrallo”, de Mozart. Teatro de la Maestranza, jueves 18 de febrero de 2016

La última cita con la Sinfónica tuvo dos particularidades que la convirtieron en una ocasión única. Por un lado una rotura de menisco de John Axelrod le obligó a presentarse con muletas y dirigir sentado sobre una banqueta; por otro, la presencia del joven percusionista austriaco Martin Grubinger hizo las delicias de un público entregado a su don para crear música a partir de la acrobacia y la prestidigitación más asombrosas que uno pueda imaginar. La combinación de clasicismo y vanguardia que propuso el programa pudo en principio resultar chocante, pero tuvo sentido si emparentamos al joven intérprete con sus antepasados paisanos, Haydn y Mozart, a la vez que de éstos se eligieron piezas en las que la percusión, tan exótica como la desplegada por Avner Dorman en su partitura, tiene un papel relevante.

Axelrod atacó el clasicismo como era previsible a la vista del generoso despliegue de recursos empleados y la habitual tendencia americana al espectáculo y la ampulosidad. Su mirada más cerca del romanticismo no impidió sin embargo ofrecer una lectura de la Sinfonía nº 103 de Haydn de colores sombríos allí donde flota el Dies Irae, potenciando igualmente el carácter folclórico de la pieza en las variaciones del andante y en el minueto, hasta llegar a un allegro final lleno de impulso y energía, aunque en el camino se sacrificó algo de chispa e ironía. Más en estilo le quedó la Sinfonía nº 100, el mayor éxito del compositor en Londres, en el que todas las familias de la orquesta en diálogo brillaron con equilibrio y sensatez, mimando sus aires marciales a pesar de que la percusión turca (triángulo, platillo y bombo) acabó resultando algo abigarrada y rutinaria. La misma percusión que enfatiza la jocosa Obertura de El rapto en el serrallo que sirvió de preámbulo a la segunda parte del concierto, y que no lució todo el nervio que debiera, languideciendo merced a un exceso de sutileza.

La propina de Grubinger
Pero si por algo será recordado este concierto fue por la apoteósica aportación de Grubinger, que interpretó la dificilísima parte solista del concierto del israelí Avner Dorman para percusión y orquesta Congelado en el tiempo. Una pieza de agradable escucha, alejada de la estética estrictamente contemporánea pero muy bien articulada y formidablemente orquestada, que pretende ser un recorrido por la evolución del planeta desde la prehistoria hasta la formación de los continentes, pero que al margen de evocaciones estimula el oído con su incesante cascada de ideas, colores y soluciones instrumentales. Una respuesta enérgica y contundente por parte de una orquesta impecable en todo su conjunto, y sobre todo una labor titánica por parte del joven percusionista, que la estrenó en 2007 y que, como él mismo indicó en su vertiginosa propina, tiene más que ver con el deporte que con la música. Pero en Frozen in Time hubo música y mucha, que Grubinger desgranó con prodigiosa atención, meticulosa preocupación por la proporción y el volumen, especialmente apreciable en el movimiento central dedicado a Eurasia, y un sentido del ritmo y del acople sensacional. Con el tercer movimiento, Las Américas, acabó redondeándose el espectáculo con su crisol de culturas, ritmos y folclore, provocando un aplauso casi sin precedentes en el numeroso público. En conjunto el concierto pudo apreciarse con entusiasmo o con recelo, especialmente si intervienen los prejuicios.

jueves, 18 de febrero de 2016

EL FANTASMA DE LA ÓPERA DE MOGUER RECALA DE NUEVO EN SEVILLA: CULTURA DE BASE Y DE LARGO

El fantasma de la ópera, de Andrew Lloyd Webber, Charles Hart y Richard Stilgoe, en concierto. Una producción de la Fundación Primitivo Lázaro y el Liceo Municipal de la Música de Moguer. Iván Macías y Pablo Martínez, directores. Paivi Naasez, dirección escénica. Virginia Carmona, dirección vocal. Miguel Ángel García Osorno, sonido. Valentín Álvarez, iluminación. Fran Tamayo, vestuario. Banda Sinfónica y Coro del Liceo Municipal de la Música de Moguer. Con David Romero, Soraya Méndez, Pablo López, Virginia Carmona, Arturo Garralón y Marisa Pérez. Teatro Lope de Vega, miércoles 16 de febrero de 2016

El espectáculo del Liceo Musical de Moguer, promovido por el Ayuntamiento de esa localidad onubense, ha vuelto a la ciudad después de su estreno en Fibes hace algo más de un año, y tras pasearse por diversos puntos de la geografía española con considerable éxito. Un triunfo de la cultura de base, tal como argumentó su orgulloso director musical Iván Macías al término de la primera de las tres funciones programadas ahora en el Lope de Vega. Un mejor acabado formal se unió al entusiasmo que despertó en nosotros aquella primera ocasión, perplejos ante la dignidad escénica y musical propuesta por el nutrido elenco de artistas y técnicos que han hecho posible esta plataforma de aprendizaje y práctica para jóvenes estudiantes y amateurs que persiguen su sueño de dedicarse de alguna forma a la farándula.

Bautizada como versión en concierto del famoso musical de Lloyd Webber, y con la representación que se realizó en 2012 en el Royal Albert Hall de Londres como referente, hay que matizar que lo que el Liceo de Moguer ofrece no es exactamente eso. Se trata más bien de una propuesta escénica y dramática, vestuario y atrezzo incluidos, con la particularidad de contar con un conjunto sinfónico sobre el escenario, supliendo así la ausencia de una escenografía completa y aumentando la expresividad musical de la pieza. Pero hay dramaturgia y movimiento escénico, aunque su gramática y estructura fuera difícil de seguir ante una amplificación poco estudiada que provocó en ocasiones barullo y un engorroso eclipse de las voces.

Los implicados pudieron lucir considerablemente sus respectivas disciplinas, sea instrumental, canto, interpretación o danza. Soraya Méndez volvió a defender el papel de Christine con convicción y soltura, una voz de hermoso timbre y flexible modulación, mientras Pablo López cumplió como barítono romántico y David Romero acentuó la vertiente heroica y dramática del fantasma. Virginia Carmona destacó con una voz de generosa proyección como la histriónica diva Carlotta, pero aunque todos fueron generosos en agudos, los graves se hicieron menos audibles y se echó en falta algo más de emoción. Macías dirigió con aplomo y energía una orquesta que tuvo momentos enmarañados pero cumplió en general con solvencia. No podemos más que aplaudir iniciativas como ésta, que contribuyen a la cultura y la convivencia, haciendo de nuestra comunidad un entorno mejor en todos los sentidos.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 17 de febrero de 2016

IBRAHIM MAALOUF AL RESCATE DE UNA DIVA

Ibrahim Maalouf, trompeta. Frank Woeste, piano. Scott Colley, contrabajo. Clarence Penn, batería. Mark Turner, saxo. Programa: Alf Leila wa Leila (homenaje a Oum Kalthoum). Ciclo de jazz del Teatro Lope de Vega, martes 16 de febrero de 2016

La actuación del trompetista libanofrancés Ibrahim Maalouf y su magnífica banda en Sevilla tuvo lugar sólo un día antes de que en Francia se estrenara la última película a la que le ha puesto banda sonora, La vache, una comedia de Mohamed Hamnidi protagonizada por Lambert Wilson y Jamel Debbouze en la que a buen seguro habrá manejado los sonidos y ritmos étnicos que acompañan a su particular forma de entender y hacer jazz. Joven y exitoso, ya encumbrado a lo más alto de las nuevas tendencias del género, Maalouf editó el pasado año dos trabajos centrados en la mujer como fuente de inspiración y sabiduría; uno de estética actual, pop y un poco electro, que es Red & Black Light, y el otro concebido como homenaje a la más celebrada diva de la canción árabe que ha existido, la incomparable Oum Kalthoum.

Maalouf recrea en Kalthoum la costumbre de la cantante de alargar temas a fuerza de improvisaciones y variaciones hasta alcanzar alrededor de una hora de duración, lo que hacía que cada disco suyo contuviera sólo una canción. Alf Laila wa Leila (Las mil y una noches) es uno de sus mayores éxitos, compuesta por Baligh Hamidi en 1969 y de la que como introducción el laudista y cantante sirio Samir Homsi recreó un breve pasaje para entrar en situación. A partir de ahí fue el trompetista quien tomó la batuta, primero desde atrás como parte integrante de la banda, y tras unos veinte minutos adelantado como solista, recreando la costumbre de la diva de aparecer bien entrado el concierto.

El sonido étnico es más que evidente, evocando la fuerza de la música balcánica gracias al protagonismo de la trompeta entre arabescos y filigranas, siempre con el toque sofisticado y elegante que le brindan Frank Woeste al piano y Clarence Penn a la batería. Los sensuales diálogos con Mark Turner al saxo y el continuo sobrio y contundente de Scott Colley al contrabajo dieron cuerpo y fuerza a un trabajo alargado respecto a su referente discográfico a base de improvisaciones y vertiginosas cadencias. Su control y dominio evidenció el enorme apasionamiento del músico, que no dudó en dilatar el evento invitando, quizás excesivamente, al público a acompañar con palmas y silbidos las piezas que ofreció como propina, una de ellas una canción dedicada a su pequeña hija para la que volvió a contar con la grave, dulce y paladeada voz de Homsi.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 18 de febrero de 2016

ZOOLANDER Nº 2 Un alegre e inofensivo juguete tan intrascendente como chillón

USA 2015 102 min.
Dirección Ben Stiller Guión Justin Theroux y Ben Stiller Fotografía Daniel Mindel Música Theodore Shapiro Intérpretes Ben Stiller, Owen Wilson, Penélope Cruz, Will Farrell, Kristen Wiig, Cyrus Arnold, Christine Taylor, Justin Bieber, Olivia Munn, Benedict Cumberbatch, Billy Zane, Justin Theorux, Kiefer Sutherland, Sting, Kyle Mooney, Nathan Lee Graham, Billy Zane Estreno simultáneo en Estados Unidos y España 12 febrero 2016

El salto a la dirección de Ben Stiller data de su emergencia como actor, en 1994 con Reality Bites, una comedia dramático-generacional que se ha convertido en película de culto. También lo es la delirante Tropic Thunder, pero entre medio ha realizado bodrios como Un loco a domicilio y fracasos ambiciosos como el remake de La vida secreta de Walter Mitty. La que ahora nos ocupa es la secuela, quince años después, de uno de sus mayores éxitos, Zoolander: Un descerebrado de moda, que si no recuerdo mal la crítica trató tan mal como ahora está tratando ésta, aunque a quince años vista la mayoría no se avergüenza de destacar las supuestas virtudes de aquélla para destacar lo mamarracho que les ha parecido ésta. Ni una cosa ni la otra; no nos atrevimos, sencillamente porque no nos atrajo, la anterior, pero sí su secuela porque nos confesamos admiradores de Penélope Cruz, sobre todo cuando promete, y cumple, salir tan despampanante y echar rienda suelta a su innegable vena cómica, aunque a vista de los resultados su papel no le haya brindado muchas posibilidades de lucirse, salvo cuando dice aquello de When I was a little girl there in Albacete, porque hay que verla en versión original. Pero las aventuras de Derek Zoolander y su amigo Hansel, dos supermodelos de mirada fulminante venidos a menos tras un aparatoso incidente y recuperados para desenmascarar a una organización que está aniquilando a las estrellas más rutilantes del pop y el rock internacional, como Madonna, Justin Bieber o Katy Perry, no son ni tan divertidas como dicen de Zoolander ni tan desastrosas como aseguran de su segunda parte. Se trata simplemente de un divertimento inofensivo; podría haber tenido muy mala baba y arremeter con saña contra el superficial y frívolo mundo de la moda, pero apenas resulta un juguete inocentón, colorista y enérgico en el que la trama es lo de menos y su interminable sucesión de cameos un festín, desde Susan Sarandon a John Malkovich pasando por estrellas de la moda y la pasarela como Naomi Campbell, Kate Moss, Anna Wintour, Valentino, Tommy Hilfiger, y otras celebridades como Lenny Kravitz, Susan Boyle, MC Hammer, Lewis Hamilton o Milla Jovovich. No invita a la carcajada pero sí a la sonrisa y se ve con la ligereza con la que se olvida, pero se pasa bien y no hay mal gusto al margen de un vestuario chillón. Impagable el bailecito de Will Ferrell en los títulos de crédito finales y esa Roma tan eterna que mantiene el look de los años cincuenta que la inmortalizaron en comedias románticas americanas tan célebres como Vacaciones en Roma o Creemos en el amor.

martes, 16 de febrero de 2016

LA VERDAD DUELE Conmoción patriótica

Título original: Concussion
USA 2015 123 min.
Guión y dirección Peter Landesman, según el artículo de Jeanne Marie Laskas Fotografía Salvatore Totino Música James Newton Howard Intérpretes Will Smith, Gugu Mbatha-Raw, Alec Baldwin, Albert Brooks, David Morse, Eddie Marsan, Stephen Moyer, Luke Wilson, Adewale Akinnvoye-Agbaje, Bitsie Tulloch, Matthew Willig, Paul Reiser, Richard T. Jones, Mike O’Malley, Arliss Howard Estreno en Estados Unidos 25 diciembre 2015; en España 12 febrero 2016

El nombre de Will Smith y su perfil como única ilustración en el póster de promoción no es suficiente reclamo a este lado del Atlántico para atraer la atención del público, como si de un Tom Cruise se tratara. Y sin embargo en esta ocasión es él prácticamente el único, e insuficiente, aliciente para dejarse arrastrar por esta convencional crónica sobre la denuncia médica y social que tiene al fútbol americano como telón de fondo, otro motivo para que la producción triunfe más en Estados Unidos que en el resto del planeta. Su desafortunado título en castellano – tampoco en otros países ha tenido fortuna su traducción literal, Conmoción, mucho más adecuada y atractiva, aunque fuera acompañada del calificativo Cerebral – pretende ser la síntesis de su argumento, que gira una vez más sobre la lucha de David contra Goliath, un tema muy americano. En esta ocasión se trata del médico forense nigeriano que descubrió que tras los síntomas de desequilibrio mental y suicidio que afectó a un buen número de ex jugadores de la liga americana de fútbol se encontraba un trauma post conmoción cerebral por los continuos y salvajes golpes recibidos en los partidos. Naturalmente una bomba para los ricos empresarios a los que tener al pueblo entretenido con el juego reporta grandes dividendos; los buenos americanos que paradójicamente ensucian la reputación del país abanderado de la justicia y la libertad. Un país de las oportunidades y el respeto absoluto a Dios Todopoderoso que el personaje interpretado con enorme entusiasmo y discreta efectividad por un Will Smith que incluso se esfuerza en clavar acento nigeriano, no se cansa en vanagloriar, exhibiendo decepción para finalmente reencontrarse con el país de las maravillas con el que soñaba en sus tercermundistas orígenes. Para tan sentimental empresa Smith y el productor Ridley Scott han confiado en el aseado, incluso aséptico e impersonal, realizador de una cinta tan ambiciosa como Parkland, que narraba sin pena ni gloria pero con un rico plantel de intérpretes el drama hospitalario que seguía al magnicidio de Kennedy en Dallas, y que aquí se limita a un guión y una narración planos y convencionales, con el único mérito de resultar tan archivisto y manoseado que acaba siendo hasta entretenido, gracias también a la sobriedad con la que todo está expuesto. No tiene razón la comunidad afroamericana de quejarse de su falta de presencia en los premios de la Academia si es con productos como éste con los que pretenden hacerse más visibles.

lunes, 15 de febrero de 2016

domingo, 14 de febrero de 2016

MAUS 2016: LAS EVOCACIONES AL VIENTO DE MINISTRILES HISPALENSIS

IX Edición Muestra de Música Antigua de la Universidad de Sevilla. Ministriles Hispalensis: Arnau Rodón y Manuel Pascual, cornetos; Ramón Peña, Francisco Blay y Carmelo Sosa, sacabuches; Bárbara Sela, bajón; Álvaro Garrido, percusión. Programa: Banchetto Musicale (Música profanas del renacimiento europeo). Vestíbulo del Rectorado, viernes 12 de febrero de 2016

De izquierda a derecha siguiendo las agujas del reloj: Francisco Blay,
Álvaro Garrido, Bárbara Sela, Ramón Peña, Arnau Rodón y Carmelo Sosa
Ministriles Hispalensis abrieron la Muestra de Música Antigua de la Universidad que alcanza con ésta su novena edición. Una vez más se encargarán también de abrir el Femás, este año inmediatamente después del MAUS, con una serie de conciertos en mercados de la capital en los que presentarán un programa de estética similar al ofrecido en el Vestíbulo del Rectorado, lugar escogido al parecer ante la negativa eclesiástica para celebrarlo como en años anteriores en la Iglesia de la Anunciación o la Capilla de la Universidad, algo inexplicable si tenemos en cuenta que pertenecen al mismo CICUS que patrocina la propuesta y que el programa, aún tratándose de música exclusivamente profana o secular, está integrado por compositores en su mayoría ligados a la Iglesia como maestros de capilla o sacerdotes. De cualquier manera ganamos en acústica.

Dirigidos por un entusiasta Arnau Rodón, el conjunto de sacabuches y cornetos ofrecieron un nutrido muestrario de música concebida en la frontera entre el Renacimiento y el Barroco para amenizar banquetes y reuniones sociales, recorriendo los focos culturales más influyentes de la época aunque manteniendo una estética más cercana a la inglesa que al resto de los países convocados. La Música para el funeral de la Reina Mary de Purcell que Kubrick inmortalizó en La naranja mecánica fue servida con la sobriedad que merece, evocando el ambiente lúgubre y ceremonial del evento. Merced a la admiración de Rodón, Antony Holborne, músico de la corte de Isabel I y contemporáneo de John Dowland, ocupó gran parte de la velada con piezas tan exquisitas como Las lágrimas de las musas, que el conjunto deslizó con encomiable fortuna. Una elegante pavana de Thoinot Arbeau y un Tourdion impecablemente entonado por Manuel Pascal representaron a Francia, mientras al nuestro lo hizo la Danza de las hachas de Martín y Coll.

Los compositores alemanes debieron ser los más difíciles de recrear a juzgar por los desajustes observados en los músicos, a veces incluso desafinados, al abordar a Samuel Scheidt, si bien la suite de danzas de Hermann Schein que dio título al concierto encontró una respuesta muy equilibrada. Lo más sorprendente llegó de la mano del italiano Adriano Banchieri y su Contrapunto bestiale alla mente, donde voces e instrumentos acabaron generando divertidos sonidos onomatopéyicos, con la siempre sutil y creativa percusión de Álvaro Garrido como acompañamiento.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 11 de febrero de 2016

EL RENACIDO Naturaleza en carne viva

Título original: The Revenant
USA 2015 156 min.
Dirección Alejandro González Iñárritu Guión Alejandro González Iñárritu y Mark L. Smith, inspirado parcialmente en la novela de Michael Punke Fotografía Emmanuel Lubezki Música Ryuichi Sakamoto y Alva Noto Intérpretes Leonardo DiCaprio, Tom Hardy, Domhnall Gleeson, Will Poulter, Forrest Goodluck, Paul Anderson, Kristoffer Joner, Joshua Burge, Duane Howard, Melaw Nakehk’o, Fabrice Adde, Lukas Haas Estreno en Estados Unidos 8 enero 2016; en España 5 febrero 2016

El estilo de Iñárritu ha dado un giro considerable desde que se desligara de Guillermo Arriaga, para mal en el caso de Birdman, para muy bien en este de El renacido, una película que consagra definitivamente la americanización de este Rey Midas mexicano. Como cualquier otra obra artística, El renacido es consecuencia directa del bagaje cultural de su artífice, por lo que no es extraño encontrar en ella reminiscencias de otros títulos y cineastas que muy probablemente hayan influido en su personalidad como creador y artista. De Las aventuras de Jeremiah Johnson cabe distinguir la soledad de la montaña y la dificultad de la supervivencia en plena y salvaje naturaleza; de Deliverance (Defensa) la violencia del ser humano cuando sólo atiende a sus instintos más primarios; y de Aguirre, la cólera de Dios, la violencia extrema de la naturaleza cuando el hombre pretende dominarla a su antojo, sea atravesando la selva amazónica para encontrar El Dorado o recorriendo interminables llanuras nevadas y crispados ríos para consumar el único y último objetivo para seguir vivo. Lo curioso es que las tres películas fueron rodadas el mismo año de 1972, aunque es posible que en el realizador haya influido también otra cinta más reciente, Ravenous de Antonia Bird, ambientada en una misma época y escenario y con el canibalismo como trasunto principal; sin olvidar que Iñárritu echa mano también del universo de Terrence Malick cuando pretende, a nuestro juicio innecesariamente, mostrar al protagonista como un ser con una vida anterior e interior ocupada por el amor y los sentimientos. Son esas secuencias pretendidamente poéticas lo peor de una función que en general resulta altamente estimulante. Y lo es por mostrarnos y hacernos conscientes de lo alejados que los seres humanos de hoy en día estamos de la naturaleza que nos rodea, que vivimos una realidad artificial creada para satisfacer nuestras necesidades e intereses cada vez más ajenos a nuestro papel en el planeta que vivimos y por extensión en el universo. Algo que nos hace perder nuestra verdadera identidad y nos convierte en seres terriblemente volubles ante las fuerzas naturales, frente a cuya adversidad sin duda somos absolutamente inútiles e indefensos. Al protagonista de esta odisea le pasa de todo, como al Coyote de los dibujos del Correcaminos; el mérito está en que nos lo creemos y nos hacemos partícipes de sus vicisitudes, sumergiéndonos en una vorágine que mezcla hábilmente crueldad, dolor y una muy desagradable truculencia con la hermosura más inmensa, la que proporcionan unos paisajes impresionantes rodados con métodos tecnológicamente tan revolucionarios que difícilmente habremos contemplado antes un espectáculo igual. La magnífica fotografía de Lubezki y la atmosférica música de Sakamoto contribuyen a que tal inmersión física y psicológica desde nuestro cómodo asiento en la sala sea un éxito garantizado. Mientras tanto Iñárritu repite estrategias ya experimentadas con éxito antes, como eso largo plano secuencia inicial del ataque indio no sabemos si rodado con trampa como en su anterior Birdman, pero igualmente eficaz y espectacular. El manejo de los tiempos y de la estructura dramática es igualmente impactante, así como las extraordinarias interpretaciones de los protagonistas, no sólo los reconocidos DiCaprio y Hardy, sino también Domhnall Glesson, que poco a poco se ha ido haciendo un importante hueco en las producciones más importantes de la temporada, y Will Poulter, que con ésta da el salto al drama con mayúsculas después de encarnar al hijo postizo de Jennifer Aniston en la comedia Somos los Miller. El renacido es una película hermosa y desconcertante, por momentos desagradable, otros emocionante, y siempre fascinante.

martes, 9 de febrero de 2016

UN BARBERO CON MUCHO SALERO

El barbero de Sevilla, de Gioacchino Rossini. Libreto de Cesare Sterbini. Giuseppe Finzi, dirección musical. José Luis Castro, dirección escénica. Carmen Laffón, Juan Suárez, Ana María Abascal y Jacobo Cortines, escenografía, vestuario y asesoramiento literario e histórico. Juan Manuel Guerra, iluminación. Intérpretes: Davide Luciano, Michele Angelini, Marina Comparato, Renato Girolami, Dmitry Ulyanov, David Lagares, Susana Cordón, Jorge de la Rosa, Antonio Andrés Lapeña. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza. Producción del Teatro de la Maestranza. Teatro de la Maestranza, lunes 8 de febrero de 2016

20 años del Coro de Amigos del Maestranza
Funciones de ópera como ésta no pueden más que generar afición. Cuando todo funciona tan o casi tan bien, en el aspecto musical y en el estrictamente teatral, la empresa está inequívocamente llamada al éxito. No logro recordar la impresión que me causó esta producción del Maestranza cuando la vi en su primera reposición, apenas un año después de su estreno absoluto, en marzo de 1998. No fue con las míticas voces de Nucci y Raimondi que acompañaron a tan sonado estreno, pero fue la misma propuesta saludada casi por unanimidad como la producción de ópera ambientada en Sevilla más fiel a la ciudad y su idiosincrasia, incluida esa admiración absoluta por la luz que tanto se asemejaba a la que podemos disfrutar en estas latitudes de la península ibérica, y que sin duda debió ser influencia directa de su escenógrafa Carmen Laffon, conocida como la pintora de la luz. Pero no logro recordar que me causara una honda impresión más allá que la que provocan las cosas bonitas.

Niente "freddo" ne anche "immobile"
El carácter detallista de sus decorados y vestuario, rigurosos e históricamente documentados, hacía presagiar pocas esperanzas habida cuenta el carácter eminentemente bufo de este título rossiniano, lo que parece case mejor con vestuarios grotescos y escenarios conceptuales, al extremo opuesto de la oferta de Castro y Laffón. Tampoco convencía a priori la razón de recrear Sevilla como era en aquella época, dado que ambientar óperas en nuestra ciudad debía ser más una licencia exótica que estrictamente argumental. Sin embargo una dirección escénica modélica, divertida, ágil y jubilosa pero sin estridencias fuera de lugar, y la complicidad total de un reparto en estado de gracia obró el milagro y finalmente podemos saludar ésta como una producción lírica modélica y memorable, ejemplo claro de que teatro clásico no necesariamente tiene que ser rancio. Es posible que en este tiempo alejado del teatro que dirigió durante sus primeros años de recorrido, José Luis Castro haya perfeccionado su oficio y lo que entonces no me encandiló ahora me haya provocado una felicidad considerable que continúa extendiéndose varias horas después de abandonar la sala. La razón, más allá del preciosismo escénico y su excelente iluminación – la de la habitación de música del segundo acto es exacta a la que entra por nuestras ventanas a primeras horas de una mañana primaveral –, tenemos que encontrarla en esa extraordinaria dirección escénica en la que todos los elementos de la gran comedia encajan a la perfección y todos los intérpretes se sintieron inequívocamente involucrados hasta las cejas, sin olvidar su magnífico acabado musical.

Una "stanza" muy informada históricamente
Desde un foso más elevado y por lo tanto más visible de lo habitual, Giuseppe Finzi imprimió de energía y vitalidad la inmejorable partitura de Rossini, con staccati firmes y decididos y crescendi apabullantes en un contexto en el que la orquesta respondió a la perfección, sin fisuras de ningún tipo, y lo que es mejor, sin caer nunca en el mal gusto ni el esperpento. Algo extensible al buen hacer canoro del reparto en general, aunque en algunos pasajes los instrumentos afectaron a la proyección de Michele Angelini, un Almaviva/Lindoro divertido y desenfadado, con agilidades vocales considerables y un exquisito y sorprendente gusto para modular, pero que evidenció menos volumen del conveniente. Como se optó por una edición crítica más larga que la más común, Angelini sorprendió casi al final con Ah il piú lieto!, cuya música está directamente extraída de La Cenerentola. Davide Luciano puede que no entonara un Largo al factotum memorable, pero su descaro y chulería sumadas a un poderoso torrente vocal hicieron de él un sensacional Fígaro, desplegando incluso su habilidad para fandanguear a la guitarra en una de las serenatas del primer acto. Marina Comparato comenzó acusando demasiado vibrato, como se apreció en Una voce poco fa, algo que corrigió rápidamente para que ya sólo primara su dominio de la coloratura, su timbre sedoso y su incansable energía.

Detalle del ensayo
De izquierda a derecha Comparato, Luciano, Angelini y Girolami
Renato Girolami encarnó con nobleza el objeto de las burlas de todo el elenco, luciendo un ejemplar fraseo y una indiscutible vis cómica, aunque entonara con pudor su trabalenguas en A un dottore della mia sorte. Dmitry Ulyanov, al que nos hemos acostumbrado a ver en papeles más siniestros, demostró una enorme versatilidad encarando a Don Basilio con evidente dosis de sorna y ese poderoso timbre que le caracteriza, brillando en su aria de lucimiento, la de la calumnia. En papeles secundarios también destacaron Susana Cordón, impecable en su aria de Berta, el joven onubense David Lagares, al que deseamos se le vayan confiando poco a poco más papeles de enjundia, y el bajo Jorge de la Rosa, integrante de la plantilla de un coro que ha celebrado así de bien su veinte cumpleaños, y que como siempre estuvo estupendo, aunque fuera precisamente en los cuadros de gentío donde la dirección escénica de Castro flaqueara un poco. Ahora quizás convendría revisar Las bodas de Fígaro que produjo también el Maestranza a las órdenes de Castro un par de temporadas después, y completar así con sello hispalense las dos de tres partes que Beaumarchais dedicó al barbero sevillano embrollón y bravucón.