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sábado, 4 de julio de 2026

AXABEBA CONVIERTE LA CURIOSIDAD EN ARTE

XXVII Noches en los Jardines del Real Alcázar. Ángeles Núñez, canto y percusión. José Luis Pastor, cuerdas medievales. Programa: El legado cultural de Averroes. La España multicultural (canciones y danzas tradicionales tunecina, sefardíes, marroquí y árabe, y extraídas del Libre Vermell de Montserrat, las Cantigas de amigo de Martín Codax, las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio, y los Carmina Burana).
Viernes 3 de julio de 2026


Lejos de perversidades como el concepto de prioridad nacional, nuestro país, como tantos otros, es el resultado de una enorme variedad de influencias culturales que vienen de antaño y se resisten a frenarse aún en nuestros días. Unas veces como invasores, otras como visitantes, la mayoría en busca de nuevas oportunidades que les permitan vivir y desarrollarse como seres humanos, nunca pararemos de recibirlos y, de paso, absorber su conocimiento y sabiduría, de la misma forma que ellos aprovecharán todo lo que puedan aquí para enriquecer su patrimonio artístico y cultural.

Trasladarnos al Medievo es lo que de alguna manera pretendieron Ángeles Núñez y José Luis Pastor en este exquisito recital en el que se alternaron piezas de muy distinta procedencia, evidenciando nuestra privilegiada posición en medio de culturas tan distintas que nos llegaron, y siguen haciéndolo, tanto del interior europeo como del norte africano, tantas veces sujetos a crítica, censura y represión.

Averroes como pretexto

Las Noches del Alcázar son desde siempre muy proclives a celebrar aniversarios. Una sana costumbre que este verano incluye el novecientos cumpleaños de Averroes, filósofo, médico, astrónomo, matemático y teórico cordobés que procuró armonizar sus teorías con el Islam, mostrándose también crítico con sus contradicciones. Conocido como Padre del Racionalismo, por sus comentarios y análisis del legado aristotélico, sufrió una ola fanática e integrista en el siglo XII en el que vivió, lo que provocó su destierro y muerte en Marrakech.

En este contexto, la voz y la percusión de Núñez, integrada por darbuka, panderos y sonajeros de tobillo, y la cuerda pulsada de Pastor nos guiaron por un fascinante viaje en el que plasmaron toda su curiosidad e inquietud para hacer lo que saben hacer tan bien, con tanto rigor, fuerza y convicción. Tanto es así que nos atrevemos sin pestañear a confirmar que lo que ayer disfrutamos en el Alcázar fue auténtico arte hecho música.


La exhibición arrancó con el ritmo sensual de una canción tradicional tunecina, y continuó con otra sefardí (Partos trocados), dejando clara la conservación de estas piezas gracias a la transmisión popular, lo que puede haber corrompido su aspecto inicial. Núñez mostró ya desde el principio una habilidad y delicadeza extrema para adaptarse a cada estilo con convicción y verosimilitud, además de controlar con profesionalidad cada lengua convocada, original, arcaica o más actualizada.

De su muy ornamentada pieza de introducción, pasó sin titubear al más austero turco, y después a un muy lírico Ad mortem festinamus, última de las diez canciones del Cançoner montserratí, una danza en forma de virolai, composición poética con varias estrofas con retorno, que la cantante entonó con aplomo y seguridad, y un timbre poderoso a la vez que sedoso, que ha ido ganando quilates con el tiempo. Vino después un fascinante instrumental, un extracto de la nuba Al-Istihlal, tradicional de Marruecos de ritmo repetitivo que Pastor recreó a la vihuela de rueda, con un sonido parecido al de la zanfoña.

Tras un paréntesis galaico-portugués extraído de las Cantigas de amigo del juglar gallego Martín Codax, con el que Núñez se lamentó de la ausencia de su amado, tal como se manifiesta en este pergamino Vindel, llamado así en honor a su descubridor, Núñez nos deleitó con una nana trágica, Nani nani, también de tradición sefardí, haciendo acopio de expresividad, extrema sensibilidad y una perfección en la entonación que llegó incluso a estremecernos. Por cierto, Pastor introdujo cada pieza con una capacidad divulgadora no al alcance de cualquiera, además de dominar con una maestría absoluta el laúd, la cítola y la referida vihuela.

Otro dancístico instrumental, una Estampida sobre la Cantiga de Santa María nº 42, precedió a las dos últimas piezas del programa, con Tempus transit gelidum de los cantos goliardos incluidos en los célebres Carmina Burana (cánticos del Monasterio de Beuern o Bura), también en perfecto estilo y consonancia con el resto de un programa que se completó con el canto trovadoresco Calenda maia y la rendición unánime del público. Repiten el día 1 de agosto.

Fotos: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 15 de marzo de 2024

PASEO POR LAS MÚSICAS DE SEVILLA CON ÁNGELES NÚÑEZ

XLI Festival de Música Antigua de Sevilla 2024. Constantinople & Proyecto Ocnos & Ángeles Núñez & Alberto Carretero. Programa: La Sevilla de las Tres Culturas: Una mirada actual. Salón de Tapices del real Alcázar, jueves 14 de marzo de 2024


Tras el triunfal estreno de La bella Susona de Alberto Carretero en el Maestranza, el Femás presentó ayer un espectáculo único y singular con el que se complementaba de alguna manera la experiencia vivida al aire de la calle antes denominada de la Muerte, a escasos metros del precioso Salón de Tapices del Alcázar donde se convocaron los talentos partícipes en este evento. Pero aunque la fuerza de este encuentro de artistas y culturas fue resultado de una estrecha y muy cuidada colaboración, en la que todos sus resortes brillaron con considerable potencia, fue la cantante de Alcalá de Guadaira, Ángeles Núñez, a quien tantas veces hemos seguido en conciertos de las Noches del Alcázar y otras propuestas sevillanas, quien tuvo posiblemente ayer su gran noche, en la que desplegó sus indiscutibles habilidades y su particular talento para afrontar tantos y variados estilos con una disciplina férrea y sentido de la responsabilidad.


Este recorrido por la Sevilla del siglo XV en la que se desarrolla el drama musical de Carretero y Puerto, encrucijada de culturas que han moldeado sin duda nuestra particular cultura musical, concitó en el escenario al conjunto canadiense Constantinople, de quienes ya disfrutamos en alguna edición anterior del festival junto a la este año ausente Accademia del Piacere, al sevillano Proyecto Ocnos, especialistas en música contemporánea y de amplia divulgación en nuestra ciudad, la música electrónica y las nuevas composiciones de Alberto Carretero, y la voz inmensa y la presencia arrolladora de la cantante sevillana, quien salvo en los cantos de origen persa que entonó Kiya Tabassian, de Constantinople, abordó todas las piezas programadas con un rigor extraordinario, sin desfallecer ni evidenciar fatiga alguna, y una capacidad para embelesar fuera de toda discusión.

El espectáculo se estructuró en cuatro bloques de idéntica duración, hasta completar la hora y media exacta, dividido cada uno a su vez en cuatro disciplinas distintas pero intercomunicadas con acierto e inteligencia. Un canto con ínfulas de danza sefardí, seguido de otro de carácter más recogido y mística cristiana, con piezas de Juan de Anchieta, Juan del Encina y Juan Cornago, entre otros. Después la aportación de raíz musulmana y finalmente el nuevo cancionero experimental de Carretero, siguiendo unas pautas de guion que nos llevaron siempre con carácter de yuxtaposición por la Fe y Tradición, la Infancia y la Maternidad (con escala evidente en nanas sefardí y cristiana entonadas con sentimiento estremecedor), Vida y Muerte, para terminar con Amor y Desamor. Escalas que el ecléctico conjunto abordó con maestría y enorme sentido musical, especialmente en las endiabladas danzas, destacando la capacidad de Núñez para adaptarse a cada disciplina con voz estudiada y adecuada. Acentuó el carácter local de los cantos naturales sefardíes y el tono lírico más afín a su voz de soprano de timbre sedoso y sensualidad desbordante, siempre en perfecto estilo, culminando en un despliegue de vocalizaciones vertiginosas y muy exigentes en las experimentales coplas de Carretero, quien depuró su estilo y lo suavizó para adaptarse a las circunstancias, evidenciando en todo momento un trabajo exhaustivo de investigación y contemporización.

Un esfuerzo considerable para la cantante, que se vio acompañada del poderoso conjunto instrumental en el que se fundieron los instrumentos étnicos, como el kanun o el setar, con las guitarras, incluida la eléctrica, y los clarinetes contemporáneos y debidamente preparados, instrumentos de percusión de diversa índole, incluidos objetos domésticos, y la envolvente y atmosférica electrónica de Carretero. El punto y final lo puso una larga exhibición de todas estas disciplinas que dejó clara la ferviente implicación de cada artista convocado y convocada, provocando deleite y admiración.

Fotos: Lolo Vasco