domingo, 9 de abril de 2017

LA IDEA DE UN LAGO Los fantasmas de la poetisa

Argentina 2016 82 min.
Guión y dirección Milagros Numenthaler, según el poema de Guadalupe Gaona Fotografía Gabriel Sandru Intérpretes Carla Crespo, Rosario Bléfari, Malena Moiron, Juan Barberini, Juan Greppi, Joaquín Pok Estreno en el Festival de Locarno 9 agosto 2016; en Argentina 2 febrero 2017; en España 7 abril 2017

Igual que España se aferra a su pasado dictatorial regresando una y otra vez a los dramáticos episodios de la Guerra Civil, Argentina intenta también exorcizar sus fantasmas del pasado más reciente con películas que de una forma u otra denuncian las heridas sufridas tras tantos años de tormento intolerante y torturas al pueblo, y muy a menudo lo hace en forma de metáfora. Al menos esa parece ser la premisa de la directora Milagros Numenthaler a la hora de adaptar el libro de fotografías y poemas de Guadalupe Gaona, un recuerdo permanente a la figura de un padre ausente, devorado por la sinrazón y obligado a vivir eternamente como fantasma que atormenta de distinta manera a los y las integrantes de una familia media. Esa es la primera pretensión de esta enigmática cinta, adaptar nada más y nada menos que un poema, y convertir a su protagonista en alter ego de la autora adaptada, también ella preparando un libro de semejante contenido, con una adolescencia y juventud lastrada por el dolor de la pérdida, mientras su madre se aferra a la esperanza de reencontrarse con un amor frustrado por la dictadura de las armas. Los recuerdos de la infancia, naturalmente durante las vacaciones, con la amabilidad del verano a orillas de un idílico lago como fondo, se entrecruzan con las reflexiones metafísicas de una mujer a la espera de tener un hijo, a quien el recuerdo del padre ausente conmueve e inspira más que la presencia de una madre atenta y fuerte, aunque sea aferrada también ella misma al recuerdo. Sintomático resulta a estos efectos la conversación por chat entre ambas mujeres, mientras el photoshop del apolíneo padre capta más la atención de la hija que previamente ha vivido la ilusión de un baile en las aguas del lago con el vintage auto en el que podría haber desaparecido su progenitor. Otra sesión de psicoanálisis presuntamente inteligente e intelectual, tan del gusto del país americano. Todo muy trascendente, deliberadamente pretencioso, y manido en torno a la necesidad imperante de la figura paternal, algo tan discutible como innecesario, si de estar segura de tener un hijo en soledad se trata. Las interpretaciones están bien, el ritmo es premioso, se agradece que sea corta, pero agota tanto enigma, tanto acertijo, gravedad de tono y tantísima sesudez.

viernes, 7 de abril de 2017

ONOFRI Y LA ROSS: LAS DOS CARAS DE UNA MISMA FIESTA

8º concierto de abono de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Juan Carlos Pérez Calleja, tuba. Francisco Rosario Vega, trombón. Enrico Onofri, dirección. Programa: Concierto para tuba, de Vaughan Williams; Concierto para trombón, de Tomasi; Las siete últimas palabras de Cristo en la cruz, de Haydn. Teatro de la Maestranza, jueves 6 de abril de 2017

Tradicionalmente por estas fechas la ROSS nos ofrece un concierto de música religiosa, al que este año ha añadido dos piezas de estética y contenido diametralmente opuesto, quién sabe si con la intención de reflejar las dos caras de una fiesta en la que lo religioso se mezcla con lo pagano, siempre con la cultura y en cierto modo la espiritualidad como base. Al menos así lo confesó Juan Carlos Pérez Calleja antes de ofrecer junto a su compañero, Francisco Javier Rosario Vega, la festiva propina que para la ocasión les compuso Antonio Moreno, natural de Puente Genil, cuando aseguró que para ellos este concierto era una auténtica fiesta; de hecho así fueron los aires que nos trajeron las extravagantes e inusuales piezas de Vaughan Williams y Tomasi seleccionadas al efecto.

Habitualmente asociado a la Barroca, Enrico Onofri dio buenas muestras de versatilidad adaptándose primorosamente al estilo neorromántico de los dos conciertos interpretados, extrayendo de la orquesta sonoridades aterciopeladas y suntuosas. El de un octogenario Vaughan Williams tiene a la tuba como protagonista, cuyo sonido extremadamente grave le deja poco resquicio para el lucimiento, a pesar de lo cual el rendimiento de Pérez Calleja fue ejemplar, salvando con soltura las elaboradas cadencias de los movimientos extremos y la lírica ternura de la romanza central. Siendo el francés Henri Tomasi un autor jamás programado en nuestros espacios, en apenas una semana lo hemos escuchado dos veces, su concierto para saxofón con la Conjunta el pasado viernes, y ahora el de trombón con un excelente Francisco Rosario como solista, que le dio a la pieza el incontestable sabor jazzístico que atesora. Onofri por su parte acompañó con evidentes aportaciones de sensualidad y considerable lirismo.

Haydn se sentía tan satisfecho del trabajo que realizó por encargo del Marqués del Mérito para la celebración de la misa del Viernes Santo de la Hermandad de la Santa Cueva de Cádiz en la Parroquia del Santo Rosario, Las Siete Últimas Palabras de Cristo, que lo adaptó a conjunto de cámara, realizó una versión coral e incluso una reducción para piano, además de ser la obra que dirigió personalmente en su última actuación pública. Se trata de una pieza compleja y exigente, que el espectador debe seguir con mucha atención para no caer en la monotonía. Su carácter profundamente conmovedor e íntimo quedó reflejado en una interpretación meticulosa y esmerada en la que brillaron cuerdas y maderas a un altísimo nivel, con especial mención para los solos de Eric Crambes, generosos en lirismo y ternura. No obstante, su concepción sencilla no exenta de profundidad exige una mayor fuerza dramática y expresiva que la desplegada por Onofri, más atento en exprimir la belleza de unos adagios que más parecen arias. Su más de una hora de duración alcanzó el cénit con un Terremoto final vivo y enérgico que coronó una hermosa lectura de tan espiritual página.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 6 de abril de 2017

FEMÀS 2017. ANIVERSARIO DE ALONSO LOBO IN SITU

FeMÀS 2017. Bach Accademia. Nacho Rodríguez, dirección. Programa: Maria Magdalena, de Guerrero; 3 Himnos, Misa Maria Magdalene, y Versa est in luctum, de Lobo; Emendemus in melius, de Morales. Santa Iglesia Catedral, miércoles 5 de abril de 2017


Nacho Rodríguez en otra reciente actuación junto a Bach Accademia
Este año se cumplen cuatrocientos de la muerte de Alonso Lobo, uno de los más ilustres músicos del Renacimiento español que tuvieron su escuela y casa en Sevilla. Osuna, su ciudad natal, se está volcando en conciertos y homenajes al compositor, pero la suerte ha querido que la fecha exacta de su defunción coincidiera con la celebración del FeMÀS, por lo que estaba cantado rendir el mayor tributo a su genio compositivo aquí, el mismo día de la efemérides y en la misma Catedral en la que estuvo a cargo del Coro de Niños, fue discípulo y asistente de Francisco Guerrero, y maestro de capilla en su ausencia. La ocasión quiso además contar con tres partituras que salen ahora a la luz después de siglos prisioneras en los archivos catedralicios, y que los musicólogos Herminio González Barrionuevo, actual maestro de capilla del templo hispalense, e Israel Sánchez, profesor del Conservatorio Manuel Castillo, han rescatado del olvido.

La música de Lobo sonó de nuevo en la Catedral, con prólogo de su maestro y mentor Francisco Guerrero, y epílogo de su contemporáneo Cristóbal de Morales. Sólo faltó Tomás Luis de Victoria para completar el triángulo de oro de la composición musical española de la época, si bien éste consideraba a Lobo como un músico a su altura, por lo que quizás tendríamos que hablar de cuatro vértices de un polígono. Lo cierto es que no fue la interpretación del coro Bach Accademia la mejor forma de exponer a la luz la a menudo excelsa música del homenajeado. Su director, Nacho Rodríguez, aún reciente el sensacional regusto que nos dejó con su concierto del domingo al frente de Los Afectos Diversos, acertó en el programa y la participación de ministriles, órgano y arpa. Siempre se ha dicho que la música que se conserva de Lobo es vocal, y así se ha interpretado y grabado habitualmente, pero no cabe duda de que los estudios recientes corroboran el uso de sacabuches, cornetas y chirimías en la interpretación de estas páginas. Además contribuyeron a reforzar el cuerpo y el color de un coro que, por nutrido y por la disparidad de disciplina y talento entre sus integrantes, sonó de forma irregular. Emisiones no muy limpias, entradas tímidas e inseguras, una sección de sopranos que a menudo sacaban toda su artillería eclipsando al resto, malograron en parte la emocionante solemnidad y la sobriedad que caracteriza esta música litúrgica.

Que la Misa Maria Magdalene se ofreciera alternándose con los himnos encontrados y la sublime Versa est in luctum, fue un acierto, pero se tenía que haber respetado su unidad, interrumpida por los aplausos inoportunos de costumbre, si bien satisface comprobar que siempre hay públicos nuevos. El buen talante de Rodríguez lo sobrellevó con educación y amabilidad, e incluso llegó a aprovechar estas interrupciones para dar alguna ilustrativa explicación. Al final, una interesante recreación del Emendemus in melius de Morales, concebido para el Miércoles de Ceniza, con un rotundo efecto teatral protagonizado por un friso de voces seleccionadas para invocar el Polvo eres, puso punto y final a una cita perfecta para ir saludando a la Semana Santa en sus vísperas.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 5 de abril de 2017

ÚLTIMOS DÍAS EN EL DESIERTO En la ausencia del Padre

Título original: Last Days in the Desert
USA 2015 98 min.
Guión y dirección Rodrigo García Fotografía Emmanuel Lubezki Música Danny Bensi y Saunder Jurriaans Intérpretes Ewan McGregor, Ciarán Hinds, Tye Sheridan, Ayelet Zurer, Susan Gray Estreno en el Festival de Sundance 25 enero 2016; en Estados Unidos 13 mayo 2016; en España 31 marzo 2017

Esta película en cierto modo bíblica podría resultar desconcertante dentro de la filmografía del hijo de García Márquez, cuyo cine parece centrarse en historias contemporáneas en las que las relaciones sentimentales y filiales suelen ser las protagonistas. Sin embargo a Rodrigo García parece interesarle el episodio de Jesús en el desierto más que para ilustrar las tentaciones del diablo, para analizar la relación del Hijo con un Padre frente al que se siente desconcertado y desorientado, un Padre al que parece buscar infructuosamente para servirle de referente, con el que poder identificarse y averiguar así cuál es el sentido de su sacrificio futuro. García insiste por lo tanto con las relaciones entre progenitores y su descendencia, como ya hiciera en el telefilm Padres e hijos y en la película Madres e hijas. Pero para sentar su particular tesis sobre la relación entre un padre y un hijo, tan especial en este caso, se ahoga en una serie de episodios y diálogos que no son fáciles de digerir y que confunden más que aclaran, quizás deliberadamente. Su ritmo premioso no afecta tanto al seguimiento de la propuesta como la confusión que acompaña a sus postulados. En el desierto García inventa una metáfora, otro evangelio apócrifo, en el que el Nazareno encuentra una familia en la que el hijo sí encuentra referente en un padre que le asfixia y del que necesita liberarse, mientras Jesús acarrea su particular visión de la situación con sus continuos diálogos con el Diablo que le tienta, quizás él mismo (Ewan McGregor interpreta ambos personajes con notable sentido del matiz y la distinción). Pero a pesar de la solemnidad y el innegable estilo y cariño que el realizador ha puesto en la cinta, no acierta a dejar claras sus intenciones, resultando farragosa aún bajo su apariencia de trabajo sobrio y resplandeciente, en gran medida por las estupendas interpretaciones, incluido el joven Tye Sheridan, a quien vimos en Joe de David Gordon Green y Mud de Jeff Nichols, y el veterano Ciarán Hinds, además de unas hermosísimas localizaciones en el desierto de California, brillantemente fotografiadas por el multipremiado Emmanuel Lubezki, y una estimulante y relajante banda sonora de Danny Bensi y Saunder Jurriaans (Enemy, El regalo, La autopsia de Jane Doe).

lunes, 3 de abril de 2017

FeMÀS 2017. EL CANTO DULCE Y BALSÁMICO DE LOS AFECTOS DIVERSOS

FeMÀS 2017. Los Afectos Diversos y Oniria. Nacho Rodríguez, dirección.
Programa: Missa a quattro voci da cappella, de Monteverdi; Selección de obras de Schütz. Iglesia de San Alberto, domingo 3 de abril de 2017

El contratenor de Pilas, Gabriel Díaz, y  el director de
Los Afectos Diversos, Nacho Rodríguez
Propuestas como la que trajo Nacho Rodríguez al frente de Los Afectos Diversos dan sentido a un festival como éste que pretende recrear y arrojar luz sobre las prácticas musicales de nuestros antepasados. Coincidiendo con el cuatrocientos cincuenta aniversario de Monteverdi, y en una jornada que tuvo como protagonista al genial compositor italiano y algunos contemporáneos suyos, especialmente el alemán Heinrich Schütz, se trataba de poner en pie una de sus misas menos divulgadas, escrita en un estilo poco afín al cremonense pero perfectamente adaptado a la estética eclesiástica que le daba de comer. Y a la vez echar un vistazo a la reforma luterana con nuevos ceremoniales litúrgicos que tuvieron eco en un estilo concertado del que se ofrecieron diversos ejemplos del compositor nacido en Turingia.

Lo curioso es que habiendo estudiado en Venecia con Gabrielli y más tarde también con Monteverdi, la música religiosa de Schütz refleja mejor lo que era el estilo monteverdiano que la del propio autor de L’Orfeo para la Iglesia Católica del momento, como quedó perfectamente reflejado en esta singular comparecencia de las espléndidas voces de Los Afectos Diversos, acompañadas para la ocasión por la sobria elegancia de los sacabuches y cornetas del conjunto Oniria, comandado por Daniel Anarte, y con la inestimable aportación de la organista Laura Puerto al continuo. El único inconveniente de la velada procedió del estrecho y limitado espacio escénico, que dificultó la percepción de los efectos contrapuntísticos de las voces, colocadas de forma enfrentada para provocar una sensación que sólo pudo ser percibida en su totalidad por quienes estuvieran sentados en los extremos centrales. Sopranos frente a contratenores, bajos frente a tenores, e instrumentistas alternándolos, lograron, eso sí, un efecto balsámico al que no fueron ajenos el equilibrio, buen gusto, armonía y pureza de unas voces perfectamente conjuntadas, potenciadas por la buena acústica de la Iglesia de San Alberto, caso singular entre tantos templos que empañan el buen trabajo de los músicos. Especialmente mágico resultó el canto llano que Monteverdi sitúa en el Agnus Dei, significativamente justo antes de la esplendorosa coda final.

Carmelo Sosa y Daniel Anarte, de Oniria
En la segunda parte fueron las piezas seleccionadas de Schütz las que permitieron el lucimiento de las voces ya por separado, apreciándose las virtudes de las sopranos, cuyas voces suntuosamente proyectadas encandilaron al público, como también lo hizo la muy expresiva y teatral aportación del contratenor Flavio Ferri-Benedetti en Bringt her den Herrn, a pesar de un sobreagudo algo estridente casi al final, y la amabilísima voz del propio Nacho Rodríguez en Was hast du verwirket. Fue también aquí donde la labor de los precisos y ceremoniosos ministriles fue más perceptible. El resto, abordado a dobles y triples coros, fue pura delicia, igual que las propinas a cargo del también alemán Samuel Scheidt y un Monteverdi ya más ornamentado y reconocible.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 1 de abril de 2017

GHOST IN THE SHELL. EL ALMA DE LA MÁQUINA Delirios androides

Título original: Ghost in the Shell
USA 2017 107 min.
Dirección Rupert Sanders Guión William Wheeler y Jamie Moss, según el manga de Masamune Shirow Fotografía Jess Hall Música Clint Mansell y Lorne Balfe Intérpretes Scarlett Johansson, Pilou Asbaek, Juliette Binoche, Michael Pitt, Takeshi Kitano, Peter Ferdinando, Anamaria Marinca, Christopher Obi, Chin Han, Danusia Samal, Kaori Momoi, Yutaka Izumihara Estreno simultáneo en Estados Unidos y España 31 marzo 2017

Suponemos que para hacer una crítica seria y concienzuda sobre un material como éste, hay que ser como mínimo un entendido en Manga, y si se es un entusiasta mejor. Nada de eso profesamos, por lo que nos tenemos que limitar a hacer un seguimiento de este producto exclusivamente desde el punto de vista cinematográfico y narrativo, sin tener en cuenta sus referentes. Con la adaptación al cine de gran formato de este clásico del cómic japonés, ya llevado al cine de animación un par de veces y a un serial televisivo, además de contar con numerosas adaptaciones al videojuego, Hollywood aprovecha una vez más para generar un producto meramente coyuntural, otra máquina para hacer dinero y poco más, ofreciendo como siempre más de lo mismo. Y eso que para la empresa han contado con Rupert Sanders, del que recordamos hizo un buen trabajo de adaptación del cuento de Blancanieves en La leyenda del cazador, al que supo insuflar ritmo e intensidad dramática. Por su parte, Scarlett Johansson parece haberse acomodado definitivamente a los papeles de chica dura y superheroína, tras sus papeles en Lucy y Los vengadores, después de una carrera mucho más estimulante en la que despuntaba como imparable actriz de registros y talentos muy diversos, que hoy parece truncada. Treinta y cinco años después el espíritu y la iconografía de Blade Runner parecen seguir intactas e inspirar un producto que pretende ser vistoso y espectacular, pero que poco aporta en su escenografía digital de Shanghái con pinta de Tokyo nocturno y avasallador, y robots geisha con aspecto de Björk en la portada de su disco Homogenic. Allí se desenvuelven un sinfín de luchas bien coreografiadas, fotografiadas con nervio e inscritas en una trama tan simple como archivista, en la que cualquier reflexión sobre la conciencia y los sentimientos de supuestos androides queda difuminada, no digamos ya su tesis sobre la manipulación de la información para dirigir nuestra voluntad, meramente apuntada en un guión que no sabe aprovechar el potencial de su precedente. Ex Machina de Alex Garland y hasta la española Autómata de Gabe Ibáñez acertaban más a la hora de exponer estas premisas.

2º PROGRAMA DE LA VI TEMPORADA DE LA SINFÓNICA CONJUNTA, SENCILLAMENTE FORMIDABLE

VI temporada, concierto II de la Orquesta Sinfónica Conjunta Universidad de Sevilla-CSM Manuel Castillo. Manu Brazo, saxofón. Juan García Rodríguez, director. Programa: Seis piezas para orquesta Op. 6B, de Webern; Concierto para saxofón y orquesta, de Tomasi; El Bardo Op. 64, de Sibelius; Sinfonía da Requiem Op. 20, de Britten.
Auditorio de la ETS de Ingeniería, viernes 31 de marzo de 2017

Poco se prodigan estos jóvenes de la Sinfónica Conjunta para lo mucho que nos hacen disfrutar. A su director, Juan García, le debemos la fuerza arrolladora con la que afrontan cada cita, y la férrea disciplina a la que se someten sus intérpretes. Es además artífice de unos programas exquisitos y bien articulados para que no sólo disfrutemos los espectadores, sino también que la plantilla, en su mayoría estudiantes, entre en contacto con la buena música y la experiencia de tocar ante un auditorio lleno de gente piezas que no se alejen más allá de un siglo, quitándole así esa pátina de polvo y caspa que suelen tener estas iniciativas, y haciendo que los jóvenes entren en contacto con la música de nuestro tiempo. Un programa que tuvo a la muerte como leit motiv, significativamente en manos de unos intérpretes tan llenos de vida y futuro.

El conjunto abordó las Seis piezas de Webern con la misma estética casi cinematográfica que se aplicaría al resto del programa. Con mucha atención al matiz y el detalle, García aplicó buenas dosis de expresividad a esta revolucionaria página, en la que si se alcanza a ensanchar el espacio sonoro y conmocionar con su marcha fúnebre, dedicada a su madre, como así fue, la interpretación resulta todo un éxito, dejando claro que de todas las plantillas que ha ofrecido esta orquesta a lo largo de sus seis temporadas, ésta es la que cuenta con una mejor sección de metales. No teníamos constancia de las virtudes del saxofonista utrerano Manu Brazo hasta que lo escuchamos en una prodigiosa versión del Concierto del francés Henri Tomasi, en la que su fraseo cristalino y su talento para modular se vio extraordinariamente acompañado de un conjunto que hizo posible apreciar todas las texturas y detalles de una orquestación brillante, desde el misterio de la introducción hasta la vigorosa estética urbana de los pasajes centrales, con cadencias vertiginosas del solista maravillosamente punteadas por Mavi Diego al arpa. Unas variaciones sobre el gregoriano Dies Irae completaron la brillante participación del saxofonista en el concierto.

Profundo y melancólico resultó el poema sinfónico El Bardo de Sibelius, donde Diego sirvió de guía a una plantilla que se movió con fluidez y adecuada lentitud, elocuentes silencios y ocasionales explosiones de intensidad dramática, esbozando sus motivos melódicos antes de un final en el que el arpa intuye la propia muerte del autor. La Sinfonía da Requiem de Britten es una de las páginas sinfónicas de mayor envergadura del siglo XX; una misa de difuntos meramente orquestal, inspirada en la guerra y dedicada a sus padres, en la que impera el dolor, la compasión, el espanto (sensacionales de nuevo los metales, y un endiablado solo de trompeta) y la esperanza en el descanso eterno, sin solución de continuidad y con cambios de registro y color a los que la plantilla se amoldó con impecable flexibilidad, en una noche intensa y emocionante que se cerró con una bellísima interpretación del Vals triste de Sibelius.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía