Guion y dirección Yuval Abraham y Rachel Szor Fotografía Rachel Szor Documental Estreno en el Festival de Venecia 10 septiembre 2026; en España 9 octubre 2026
Ovacionada en Venecia y récord de taquilla en su género desde su estreno en Italia el pasado mes de septiembre, Naza es el nuevo documental del oscarizado Yuval Abraham, que hace dos años sorprendió junto al activista palestino Basel Adra con su documental No Other Land. Israelí descreído y crítico con la política de destrucción que está llevando a cabo su país en Cisjordania, Abraham se asocia ahora con la directora de fotografía de éste y su anterior trabajo, Rachel Szor, para ofrecer una austera y sórdida operación de desarme emocional, que ha encontrado su antítesis con otro documental de idéntico título y aspecto visual, destinado desde las fuerzas condescendientes con el país a ensalzar la labor de sus fuerzas armadas. Por cierto, el título hace referencia a la expresión con la que en hebreo se denomina al daño colateral que suponen las víctimas civiles de la supuesta contienda.
Abraham va entrevistando sistemáticamente y siempre de noche, a militares y diverso personal estratégico, bajo el prisma aparente del arrepentimiento y la asunción de responsabilidad, que van confesando crímenes de guerra y sádicas formas de aniquilación. Como si de una hitchockiana ventana indiscreta se tratara, mientras las entrevistas se van desarrollando de noche y a cierta altura, la cámara se va deslizando por ventanas de cómodos y suntuosos apartamentos de Tel-Aviv en los que se puede atisbar la vida cálida y tranquila de quienes aún conectando con la contienda permanentemente a través de la televisión, repiten rutinas de relajado descanso nocturno, dando la espalda al sufrimiento y el horror sistemático que se desarrolla a tan sólo sesenta kilómetros de distancia. Una operación que parece derivar del propio productor, Jonathan Glazer, que coqueteó con una idea similar en su aplaudida La zona de interés, y que a pesar de poder considerarse inquietante, pronto se muestra un tanto artificiosa.
Los testimonios, sin embargo, caen frecuentemente en pequeños disparates que hacen mella en su presunta seriedad, mientras el experimento va antojándose repetitivo, a pesar de la brevedad del trabajo. Algunos pasajes documentales fechados a principios del siglo XX, una escalofriante definición de lo que el propio Netanyahu consideraba terrorismo hace cuarenta años, y que coincide con lo que él mismo practica en la actualidad, y un desgarrador pasaje final que hace hincapié en el horror inmenso que a estas alturas todos y todas conocemos, se erigen en los momentos más sorprendentes y conmovedores de un conjunto quizás lastrado por su propia auto condescendencia.

No hay comentarios:
Publicar un comentario