domingo, 8 de febrero de 2026

EL PARTICULAR VIAJE DE CURRENTZIS AL WALHALLA

Gran Selección. animAeterna. Teodor Currentzis, dirección. Programa: Richard Wagner Der “Ring” ohne Worte (The “Ring” without Words. Highlights from the Ring Cycle) Op.45, de Lorin Maazel. Teatro de la Maestranza, sábado 7 de febrero de 2026

Foto: Guillermo Mendo

Veníamos ya avisados de las anteriores paradas de Teodor Currentzis interpretando el Anillo sin palabras de Lorin Maazel, Zaragoza, Barcelona y Madrid, donde protagonizó un lamentable episodio de salud que le impidió dirigir el concierto completo. Su éxito fue arrollador y al entusiasmo casi absoluto de la afición se unió el de la crítica especializada, por lo que nos enfrentábamos a una noche única, sobresaliente. Pero resulta que no acabamos de convencernos del todo con su particular forma de abordar tan majestuosa e inigualable música, anclada siempre en ese fuerte contraste que en ocasiones como ésta llega incluso a enturbiar la propia narrativa de la obra.

La tetralogía de Wagner ha sido objeto de numerosas síntesis sinfónicas, especialmente en las últimas décadas. La de Lorin Maazel constituye quizás el pistoletazo de salida, aunque ya anteriormente podamos encontrar intentos con nombres tan ilustres como el de Leopold Stokowski. Es lógico que provenga de una discográfica estadounidense el encargo de proveer al disco y la sala de conciertos de una síntesis basada en música del más sinfonista de los compositores consagrados casi exclusivamente a la ópera. Y lo es porque allí es donde prevalece el sentido del espectáculo por encima de otras consideraciones en cualquier campo de la cultura.

Ya otros ilustres compositores del país dedicaron parte de sus esfuerzos a convertir en piezas de concierto páginas populares de la lírica. Son notorios los arreglos que en este sentido hizo para los conciertos del Holywood Bowl Alfred Newman, autor de centenares de bandas sonoras de películas, patriarca de una prestigiosa familia de compositores y jefe del departamento musical de la Fox durante décadas. Esta práctica se une a la de convertir en suites sinfónicas las partituras cinematográficas del cine clásico, cuyo principal artífice en los setenta del siglo pasado, Charles Gerhardt, también hizo sus pinitos con la música wagneriana, por ejemplo con sus arreglos de la Música de amor del segundo acto de Tristán e Isolda.

Ópera sinfónica

Foto: Luis Pascual

La síntesis sinfónica de Lorin Maazel se beneficia del prestigio de su autor, quizás por eso sea la más programada. Coincidiendo con el décimo aniversario de su fallecimiento, Josep Pons y la Orquesta Nacional de España en Madrid y Marc Soustrot y la ROSS en Sevilla programaron sendos anillos sin palabras, con resultados espectaculares. Nuestra sinfónica experimentó un considerable aumento de plantilla, con hasta cuatro arpas y ocho contrabajos, frente a las dos y siete respectivamente que trajo una también abultada musicAeterna. Pero existen arreglos incluso más satisfactorios y sofisticados del ciclo wagneriano.

Algunos, como el de Henk de Viegler de 1991 que grabó Neeme Järvi con la Royal Scottish National Orchestra, se atreven a manipular la orquestación e incluir pasajes de transición propios, no resultando especialmente satisfactorios. A nosotros nos gusta particularmente el del chelista alemán Friedmann Dressler, sensiblemente más larga que la de Maazel y con unas transiciones sencillamente magistrales y un sentido narrativo impecable, que además se permite incluir versiones instrumentales de arias como Winterstürme de La valquiria y Selige Ode de Sigfrido. También Pedro Halffter realizó diversas reducciones sinfónicas de títulos wagnerianos, algunas como las de Tannhäuser o Sigfrido, las interpretó en Sevilla junto a la ROSS en su momento.

Un estilo propio, dentro y fuera de la música

Con un particularísimo estilismo a lo estrella de rock, Currentzis abordó la partitura arreglada por Maazel con sumo respeto y admiración por la atmósfera épica y suntuosa que propone la primera de cuantas sagas apoteósicas ha planteado el Arte en mayúsculas, al margen de los episodios griegos de la antigüedad. La suya fue, como no cabía esperar menos, una lectura generosa en contrastes y juegos dinámicos, potenciando aún más los continuos cambios de registro que contiene el trabajo de Maazel, perceptible por ejemplo en el preludio de La valquiria, donde jugó con los pianissimi como si se tratara del volumen de un equipo de música. De esta forma, ese incesante vaivén entre episodios dinámicos y vehementes, de rabiosa energía, y otros de considerable lirismo, se vio incrementado con la batuta de un director que busca permanentemente ese fuerte contraste que le da personalidad y distinción.

Foto: Luis Pascual

Una pieza como ésta incrementa en cierto modo las posibilidades de la partitura de partida. Permite al público observar el trabajo de los músicos, que a su vez aportan mayor teatralidad para la ocasión, como ese mazazo con el que culmina El oro del Rin, o los martillazos que le preceden. Pero sobre todo sirve como trailer, invitación a disfrutar de las dieciséis horas que aglutina una de las más maravillosas y fascinantes músicas jamás compuestas. Currentzis y una depurada e impecable orquesta lograron sobradamente sus propósitos, con prestaciones excelentes de cada una de las secciones convocadas, y solos de violín, violonchelo, clarinete u oboe (sensacionales en los murmullos del bosque) de extraordinario virtuosismo. Mención aparte merecen los sedosos chelos, protagonistas de la escena de amor entre Sigmundo y Siglinda, o esa trompa de caza fuera de campo, firme y tan precisa.

En realidad toda la sección de metales cumplió con creces las exigencias de la partitura, si bien algún desequilibrio malogró episodios tan populares como la Cabalgata de las valquirias, donde las trompas quedaron algo eclipsadas por una cuerda voluptuosa y persistente. El director grecorruso manejó todos los resortes con apabullante energía, perceptible en el baile con el que describió sus indicaciones. Incluso manifestó cierta agresividad, logrando resultados espectaculares, como ese hechizante comienzo in crescendo, o el majestuoso Funeral de Sigfrido, donde sí lucieron en todo su esplendor trompas y trompetas, a pesar de que en sus manos se pudo percibir algún que otro pasaje áspero y deliberadamente seco que enturbió puntualmente el lirismo del episodio.

Un público atento y respetuoso, que casi llenó el Maestranza a pesar de los abultados precios (casi el doble de lo que costará la misma propuesta en Módena, Brescia y Florencia los próximos días, lo que tiene una lectura positiva, y es que habremos logrado en los últimos años un considerable aumento del nivel de vida), colaboró en dotar de magia a un evento que en su tramo final mereció una larga y entusiasta ovación.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 7 de febrero de 2026

LA FIERA Libertad frente a responsabilidad

España 2026 113 min.
Dirección
Salvador Calvo Guion Alejandro Hernández Fotografía Ángel Iguácel Música Roque Baños Intérpretes Carlos Cuevas, Miguel Bernardeau, Miguel Ángel Silvestre, Candela González, Stéphanie Magnin, José Manuel Poga, David Marcé, Nüll García, Ana Gracia, Carles Francino, Paloma Boyd Estreno 6 febrero 2026

Desde que dejó su exitosa carrera en televisión para dedicarse casi por entero al cine, Salvador Calvo parece haberse obsesionado con la supervivencia. Pero frente a la adversidad involuntaria que representaba la guerra en 1898. Los últimos de Filipinas, la hambruna africana en Adú o la fuerza de los elementos y el ataque de bandidos en Valle de sombras, en La fiera la supervivencia es voluntaria y va de la mano paradójicamente de la pasión por vivir. Centrada en la historia real de cuatro apasionados de los deportes extremos que descubrieron el poder adrenalítico que conllevaba el vuelo libre o salto de proximity, gracias a unos trajes aerodinámicos que permiten volar como un pájaro y aterrizar con un paracaídas, esta película ofrece gran espectáculo, una experiencia casi inmersiva, una comunión mística con la naturaleza y una carga emocional centrada fundamentalmente en el factor humano
Porque es ahí, en la definición de los personajes y la dirección de los actores y actrices donde reside el mayor poder emocional de una película que insufla pasión por la vida y a la vez miedo y respeto por el riesgo a perderla.

Carlos Cuevas como Carlos Suárez, Miguel Bernardeau como Armando del Rey, Miguel Ángel Silvestre como Darío Barrio, José Manuel Poga como Manolo Chana y el añadido de David Marcé como Álvaro Bultó, personifican a la perfección ese perfil de adicción al peligro, con ese componente emocional de vivir al máximo el que podría ser el último momento de sus vidas. Para Cuevas supone el espaldarazo definitivo que llevaba tanto tiempo esperando desde que lo descubriéramos en Merlí, mientras el resto cumple con buena nota su cometido, incluidas las dos protagonistas femeninas, que no quedan reducidas al cliché de parejas sufrientes, sino que comparten junto a sus compañeros esa pasión por el riesgo y la supervivencia que les hacen partícipes de más de una de sus peripecias.

Personajes todos y todas fuertes y contundentes que complementan un visionado que consigue aunar espectáculo y tensión, con escenas magníficamente rodadas que consiguen que por tercera semana consecutiva nos congraciemos con un cine español sin complejos que sea capaz de llevar a tan buen puerto géneros tan del gusto del público mayoritario, tras Ídolos, centrada en las competiciones de motos, y Aída y vuelta, pura comedia desternillante. Un ritmo trepidante en las escenas de acción, potenciado por la enérgica banda sonora de Roque Baños y un montaje acertado que no recurre a la cámara espasmódica ni la extrema brevedad secuencial, complementan el satisfactorio resultado final

jueves, 5 de febrero de 2026

ELOY DE LA IGLESIA, ADICTO AL CINE Retrato poliédrico de un artista singular en una España gris

España 2025 99 min.
Dirección
Gaizka Urresti Guion Gaizka Urresti, Moisés Garrido y Juan Barrero Fotografía Pepe Añón Documental Estreno en el Festival de San Sebastián 24 septiembre 2025; en salas limitadas 25 diciembre 2025; en Movistar Plus+ 17 enero 2026


Con una nominación al Goya bajo el brazo, aterriza en una plataforma digital, tras un breve y limitado paso por salas de cine, este documental dirigido por Gaizka Urresti. Tras realizar sendos documentales sobre Labordeta y esa Terapia de pareja que reunió a Rozalén y Marwán, Urresti analiza la controvertida figura del cineasta que acuñó como nadie aquello del cine quinqui de la transición política española. Pero su filmografía es mucho más variada, siempre desde el atrevimiento y la valentía, mientras su vida sufrió las consecuencias de la adicción a la droga y una homosexualidad vivida todo lo libre y abierta que se podía en una época de tanta duda y contradicción. La película recorre, con más hechuras de televisión que méritos propiamente cinematográficos, su carrera, desde Fantasía 3 y Algo amargo en la boca a su despedida con Los novios búlgaros, pasando por iconos de nuestro cine como La semana del asesino, La criatura, Los placeres ocultos, El diputado, Navajeros, Colegas y El pico
Un recorrido que se antoja algo insuficiente, al dejar de lado otros títulos emblemáticos de su cine como El techo de cristal, La otra alcoba o Miedo a salir de noche.

Un retrato poliédrico en un momento cumbre de nuestra historia reciente, aderezado con retazos de su vida, especialmente lo que tiene que ver con su propia drogadicción o su convulsa relación sentimental con el actor José Luis Manzano. Se echa en falta algo más de profundidad en un análisis que no llega a reflejar la verdadera dimensión de un cine hoy reivindicado, y que llevó a algunos a tildar al cineasta del Pasolini o Fassbinder español, toda una contradicción si tenemos en cuenta que su cine era eminentemente comercial y taquillero, mientras el que cultivaban estos cineastas europeos entraba más en el denominado cine de autor minoritario. No cabe duda, sin embargo, de que hay similitudes entre los tres cineastas, sobre todo en su afán de desnudar tabúes s hipocresías.

El recurso a testimonios de estudiosos y allegados, como José Sacristán, Fernando Guillén Cuervo, Valentín Paredes, Ángel Pardo, Pedro Olea, José Luis Garci, María Luisa San José, Claudia Gravy, Fernando Méndez-Leite, Diego Galán o el crítico Luis E. Parés, se alterna con imágenes de archivo, fundamentalmente entrevistas en televisión al propio Eloy de la Iglesia, e imágenes de documental y de su filmografía, entre la que también destaca su particular revisión del clásico de Henry James Otra vuelta de tuerca, siempre desde una óptica queer. Un film por lo tanto indispensable para entender una época, los estertores del franquismo, los últimos coletazos de la censura y los primeros pasos de una democracia incierta y ávida de libertad y color.

miércoles, 4 de febrero de 2026

LA CHICA ZURDA Colorista, luminosa pero desquiciada fábula

Título original: Zuopiezi nuhai
Taiwán-Francia-USA-Reino Unido 2025 149 min.
Dirección
Shih-Ching Tsou Guion Sean Baker y Shih-Ching Tsou Fotografía Ko-Chin Chen y Tzu-Hao Kao Música Matthew Hearon-Smith Intérpretes Janel Tsai, Shi-Yuan Ma, Nina Ye, Teng-Hui (Brando) Huang, Akio Chen, Xin-Yan Chao, Teng-Hung Hsia Estreno en el Festival de Cannes 15 mayo 2025; en Taiwán 31 octubre 2025; en España 30 enero 2026


Estrenada en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes, supone el debut en la dirección en solitario de la taiwanesa Shih-Ching Tsou, asociada desde el cominezo de su carrera a director estadounidense Sean Baker, con quien co-dirigió en 2004 Take Out, produciendo e interpretando algunos de sus films posteriores, como The Florida Project y Red Rocket. Ahora es el director de Anora quien da un empujoncito definitivo a la carrera de la directora novel, produciendo, co-escribiendo y montando esta luminosa y colorista película rodada en su integridad con tecnología iPhone.

Es precisamente en el montaje donde a nuestro juicio cojea esta película, ofreciendo secuencias muy dinámicas y breves que poco ayudan a cogerle el punto a una historia en la que conviven tradición y modernidad. Ambientada en la bulliciosa ciudad de Taipei, en su mayoría en sus nocturnas calles y mercados profusamente iluminados con una publicidad radiante, la niña del título, Nina Mei, es directamente una criatura adorable, para comérsela. Las creencias de una sociedad antaño supersticiosa, lo que provoca cierto comportamiento en la protagonista por su condición de zurda, así como los secretos familiares consecuencias de una moral férrea anclada en el pasado, además de puntuales conductas delictivas, se dan cita en una apuesta por el entendimiento y la solidaridad al menos entre mujeres.

Paradójicamente, es un personaje masculino el que abarca mayor positivismo, el de Johnny (Brando Huang), vecino de negocio de las tres mujeres protagonistas, la niña, su madre y hermana. Todo aparenta cierta amabilidad, sobre todo desde el punto de vista de una niña que nos recuerda en cierto modo a la protagonista de The Florida Project. Pero el conjunto descuida su narrativa y echa mano en su tramo final de una histeria casi colectiva que lastra sus posibilidades y emborrona sus objetivos.

lunes, 2 de febrero de 2026

LES ARTS PRESENTA UN ONEGUIN TRÁGICO PERO DONJUANESCO

Eugenio Oneguin. Escenas líricas en tres actos de Piotr Ilich Chaikovski. Libreto de Konstatin Shilovski y Piotr Ilich Chaikovski, según la novela de Alexánder Pushkin. Timur Zangiev, dirección musical. Laurent Pelly, dirección escénica. Massimo Troncanetti, escenografía. Laurent Pelly y Jean-Jacques Delmotte, vestuario. Marco Giusti, iluminación. Lionel Hoche, coreografía. Con Corinne Winters, Mattia Olivieri, Dmitry Korchak, Ksenia Dudnikova, Alison Kattlewell, Margarita Nekrasova, Giorgi Manoshvili, Mark Milhofer, Xavier Galán, Agshin Khudaverdiyev y Filipp Modestov. Coro de la Generalitat Valenciana (Jordi Blanch Tordera, director). Orquesta de la Generalitat Valenciana. Coproducción de La Monnaie/De Munt de Bruselas y la Royal Danish Opera de Copenhague. Les Arts de Valencia, domingo 1 de febrero de 2026


Largamente ausente de la escena sevillana, nos acercamos a Valencia para disfrutar con uno de los títulos que nos descubrieron la música clásica siendo apenas un niño, cuando escuchaba la Polonesa de Eugene Oneguin en un disco de Stokowski que tenía mi padre. La producción que se ha podido ver en cinco funciones en Les Arts hasta ayer mismo, corrió a cargo de Laurente Pelly, bien conocido del público maestrante gracias a dos títulos de Donizetti, La hija del regimiento y Don Pasquale, y que en un par de semanas estrenará en nuestra ciudad El sueño de una noche de verano, de Britten. Pero ahí no acaban las coincidencias, pues Mark Milhofer, el tenor británico que da vida a Triquet en esta producción de La Monnaie y Danish Opera, interpretó a Peter Pears en el evento lírico presentado por Rafael Villalobos el pasado miércoles en el Espacio Turina, simultaneando este trabajo con su breve aportación al título de Chaikovski.


El autor sintetizó en apenas tres episodios de la novela de Pushkin toda la esencia de la misma, sin dejarse atrás apenas detalles argumentales ni traicionar su espíritu ni literatura. El resultado fue un fascinante retrato, entre melancólico y perturbador, de un dandy sin horizonte ni ilusión en la vida, un perfecto perezoso incapaz de acometer empresa sentimental ni profesional alguna, anclado en el dolce far niente como filosofía de vida y desprecio hacia la de los demás. Esto no es óbice para sentir una profunda y gozosa amistad hacia su vecino Lenski, y ser capaz de albergar sentimientos nobles y sinceros hacia la mujer a la que desprecia por no traicionar los principios aludidos. No es por lo tanto el Don Juan que nos pareció apreciar en esta concepción de Pelly. Recuperamos unos días antes el film que protagonizó Ralph Fiennes a las órdenes de su hermana Marthe en 1998, donde sí se aprecia ese carácter apático y desilusionado del personaje. Por cierto, una adaptación muy fiel y recomendable de este clásico de la literatura rusa, que se benefició de una puesta en escena preciosista que potenciaba la carga melancólica del original.  

Del director de escena francés destacamos sin embargo su habilidad para mover personajes por una escena concebida a partir de una enorme economía de medios, a la vez que dinámica y hábil para lograr la agilidad dramática que persigue. Una de las más populares y logradas óperas de Chaikovski, junto a La dama de picas e Iolanta, se benefició así del talento de este director para crear espacios minimalistas pero muy elocuentes.

La plataforma elevada y giratoria en la que se desarrollan los dos primeros actos, con un ala elevadiza que proporciona cierto aspecto conceptual, entre represivo y carcelario, de los sentimientos en liza, sirve de escenario en el que las dos parejas protagonistas luchan por sus propósitos, mientras el pueblo danza según la sencilla coreografía diseñada para que los y las integrantes del coro luzcan sus aptitudes para la danza. Especialmente inspirada fue la escena en la que tras escribir su declaración de amor, a Tatiana se le aparece Oneguin conforme la plataforma vuelve a su posición de origen.

Un fondo nocturno y nublado, y una acertada iluminación destinada a destacar el drama y la intervención de cada personaje, logran un acertado trabajo teatral, sólo lastrado por la dificultad apreciada en las voces cuando se alejaban hacia el profundo y desafiante interior de la propuesta. Con todo, echamos de menos ese tono entre melancólico y patético que ha acompañado a otras adaptaciones de la ópera. El colorista vestuario, especialmente destacado en el tercer y sofisticado acto, nos lleva a principios del siglo XX, haciendo que episodios como el del duelo resulten anacrónicos.


La soprano estadounidense Corinne Winters cumplió con corrección el cometido de incorporar a Tatiana, auténtica protagonista de la función, ejemplo de mujer determinada y decidida, fuerte en sus convicciones e irreductible en lo moral. Su escena de la carta, auténtica piedra angular de la ópera, la resolvió con sensibilidad y capacidad reflexiva, tan dúctil y flexible en lo vocal como sentimental en lo meramente expresivo. Formado entre otros espacios en el programa de perfeccionamiento del propio Les Arts, el barítono Mattia Olivieri supo plegarse a las directrices escénicas, demostrando un gran potencial, excelente proyección y voz bien timbrada. Lástima que, al contrario que algunos de sus compañeros de reparto, no tenga un aria destacada en toda la función.

Sí la tiene Lenski, que en la voz y la interpretación de Dmitry Korchak encontró un medio perfecto, especialmente apreciable en su aria del segundo acto, la preciosa Kuda, kuda, vi udalilis, que entonó con buen gusto y sobrada sensibilidad. También Mark Milhofer, innecesaria y grotescamente caracterizado, defendió con gracia y ahínco el Couplet de Triquet. Destacó sobremanera la voz potente y poderosa del bajo georgiano Giorgi Manoshvili como Príncipe Gremin, que lució sus aptitudes en el tercer acto. Por su parte, a Alison Kettlewell costó oírla en más de una ocasión, en parte por la profundidad de campo, en parte por la dirección orquestal, poco cuidadosa en estos menesteres, y sobre todo por posible pérdida de facultades.


Mejor resultó, aunque siempre desde una desmedida sobreactuación destinada a acentuar el carácter alegre y optimista de Olga, la aportación en lo musical de Ksenia Dudnikova, así como las dilatadas intervenciones de la veterana Margarita Nekrasova, correcta en lo vocal, esforzada en lo dramático. La dirección de Timur Zangiev, especializado en un título que ha dirigido en innumerables ocasiones, resultó algo más tosca de lo deseable, como buscando siempre el forte, sin detenerse en las delicadezas de una partitura generosa en ellas. Pero la orquesta respondió como siempre, con una impecable técnica y un sonido compacto al que quizás una mejor acústica hubiera añadido el complemento aterciopelado que echamos en falta. Quedamos muy satisfechos con la aludida y entrañable Polonesa con la que arranca el tercer acto, y con el trabajo extraordinario del coro, bailes incluidos.

Últimas tres fotografías: Miguel Lorenzo-Mikel Ponce (Les Arts)

MARTY SUPREME Vender zapatos a un cojo

USA 2025 149 min.
Dirección
Joshua Safdie Guion Ronald Bronstein y Joshua Safdie Fotografía Darius Khondji Música Daniel Lopatin Intérpretes Timothée Chalamet, Gwyneth Paltrow, Odessa A’zion, Kevin O’Leary, Abel Ferrara, Tyler Okonma, Fran Drescher, Larry “Ratso” Sloman, Luke Manley, Géza Röhrig, Koto Kawaguchi, Sandra Bernhard Estreno en Estados Unidos 25 diciembre 2025; en España 30 enero 2026

La habilidad estadounidense para venderlo todo, incluido un film sobre ping pong, se resume en una secuencia de esta película, cuando el tío del protagonista admira su capacidad para vender zapatos incluso a una persona sin piernas. Inspirándose en la biografía del supuestamente legendario jugador de ping pong Marty Reisman, Joshua Safdie se independiza de su hermano Ben tras un sinfín de cortometrajes, algún documental y cuatro largos de ficción entre los que destaca Diamantes en bruto, a mayor gloria de Adam Sandler. Y consigue los mayores laureles, muchos más que su hermano con la valiosa The Smashing Machine, otro biopic con deporte como trasfondo, con esta mastodóntica recreación del Nueva York de los años cincuenta del pasado siglo. Allí acontece la mayor parte de las andanzas de un buscavidas con tanta energía y fe como la desplegada por el propio realizador y su generoso equipo técnico y artístico. 
El resultado es una carrera sin tregua ni fin hacia la previsible gloria, jalonada de zancadillas, episodios donde reina la mala suerte y la acción violenta, siempre echando mano de ese tono de comedia que dulcifique el paquete y logre el entretenimiento perfecto. A todo lo cual se presta Timothée Chalamet con decisión y una energía inusitada, mientras a su alrededor se teje todo un ejército de estupendos secundarios, entre los que destaca la siempre atractiva Gwyneth Paltrow.

Corrupción policial, miseria, picaresca, éxito empresarial y decadencia artística se dan la mano en un puzzle tan ingenioso como extenuante, lo que a muchos y muchas puede atraer y convencer, mientras los demás podemos acabar algo hastiados. Su magnífica reconstrucción histórica, incluyendo ese Japón vencido en busca de la exaltación patriótica, es uno de sus principales atractivos. A ello hay que añadir el excelente trabajo de prácticamente todo el reparto, y una curiosa banda sonora anacrónica en la que los sonidos ochenteros del compositor Daniel Lopatin se mezclan con canciones en su mayoría también de esa época.

Junto a todo esto, hay que reconocer la inventiva de sus guionistas para someter a su protagonista a tantas desventuras propias de un buscavidas incansable e insaciable, con una determinación que Chalamet logra transmitir con considerable acierto. Del libreto son responsables el propio director y Ronald Bronstein, hermano de Mary Bronstein, en cuya película Yeats participaron los Safdie como actores hace casi veinte años, y que actualmente tiene en pantalla Si pudiera, te daría una patada, por la que Rose Byrne opta a un Oscar a la mejor actriz, tras ganar el Globo de Oro en la categoría de comedia o musical. Por su parte, Chalamet ganó el de mejor actor en la misma categoría, y opta al Oscar al mejor actor, de entre las nueve nominaciones al Oscar y once al Bafta que atesora la película.

SEND HELP (ENVIAD AYUDA) Venganza y superviencia con toque Raimi

Título original: Send Help
USA 2026 113 min.
Dirección
Sam Raimi Guion Damian Shannon y Mark Swift Fotografía Bill Pope Música Danny Elfman Intérpretes Rachel McAdams, Dylan O’Brien, Edyll Ismail, Dennis Haysbert, Xavier Samuel, Chris Pang, Thaneth Xarakulnukroh Estreno 30 enero 2026

Quienes despreciamos los programas de supervivencia en islas desiertas que pueblan la televisión, hemos descubierto su utilidad con la última propuesta de Sam Raimi. En ella una oficinista tan friqui y descuidada como hábil e inteligente para las cuentas y los laberintos burocráticos, demuestra su conocimiento del medio cuando queda varada en una isla tailandesa junto a su impresentable jefe, víctima de las apariencias por encima del verdadero talento, como consecuencia de un aparatoso accidente aéreo, revertiendo las relaciones de poder entrambos.

Raimi nos ha hecho disfrutar mucho con su concepto del cine como gran espectáculo destinado tanto a hacer reír como a provocar náusea, a través de una genial combinación entre terror, fantasía y humor a menudo escabroso. Así pudimos comprobarlo en la lejana Ola de crímenes y sobre todo en Posesión infernal y sus dos secuelas, así como en la sensacional Arrástrame al infierno. Pero en su dilatada carrera apenas han quedado géneros que tratar, desde el western (Rápida y mortal) al thriller al estilo de los Coen (Un plan sencillo), pasando por el melodrama romántico y deportivo (Entre el amor y el juego), el cuento infantil (Oz, un mundo de fantasía), el misterio paranormal (Premonición), y sobre todo los súper héroes (Darkman, la trilogía de Spiderman que protagonizó Tobey Maguire y Doctor Strange en el multiverso de la locura). En Enviad ayuda vuelve a su género favorito, el terror esperpéntico y grotesco, con apenas dos protagonistas, la todo terreno Rachel McAdams y el joven Dylan O’Brien (El corredor del laberinto), y una serie de secundarios y secundarias con intervenciones minúsculas, de entre los que se nos ha escapado el cameo de Bruce Campbell, estrella de Posesión infernal y sus secuelas, que aquí parece intervenir sólo en forma de fotografía.

Pero lo que comienza muy bien, demostrando que cuando hablamos de diversidad también hemos de incluir aquellas personas que no se adaptan a los cánones convencionales, aunque no difieran de nuestra raza y condición y no aparenten capacidades distintas, alberga en su tramo final algunos giros de guion inaceptables e innecesarios, malogrando las posibilidades de un inteligente ajuste de cuentas. Por el camino, presenciamos algún detalle decididamente gore y ese toque esperpéntico que tan bien maneja su veterano director. El compositor que más veces a colaborado con Raimi, Danny Elfman, firma una estupenda banda sonora, tema principal inspirado incluido.