sábado, 24 de octubre de 2026

AMOR Y ODIO, MUY MARCADOS EN ROMEO Y JULIETA

Roméo et Juliette. Ópera de Charles Gounod. Libreto de Jules Barbier y Michel Carré, según la obra de William Shakespeare. Sasha Yankevych, dirección musical. Luca De Fusco, dirección escénica. Marta Crisolini Malatesta, escenografía y vestuario. Gigi Saccomandi, iluminación. Alessandro Papa, video. Alessandra Panzavolta, coreografía y asistente de dirección escénica. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro Teatro de la Maestranza (Íñigo Sampil, dirección). Con Nina Minasyan, Pavol Breslik, Riccardo Fassi, Zoltan Nagy, Anna-Doris Capitelli, Mario Bahg, Maxim Lislin, Elena Maximova, Pablo Puértolas, Andrés Merino, Julien Van Mellaerts y Valery Guilmanov. Producción del Teatro dell’Opera de Roma. Teatro de la Maestranza, viernes 23 de octubre de 2026


No podemos negar que el espectáculo disfrutado ayer en el Maestranza, y que se repite los días 27 y 31 de este mes, es notable. Pero tampoco que ofrece algunas líneas discutibles, sobre todo en lo que afecta a su puesta en escena, producto de la Ópera de Roma y el trabajo del veterano Luca De Fusco. Hacía veinte años que este título de Charles Gounod no se representaba en Sevilla, y vuelve ahora con más acierto que en aquella ocasión, cuando una oscurísima dirección artística y unas voces poco convincentes, enturbiaron el extraordinario trabajo a la dirección musical de Michel Plasson, toda una referencia en el repertorio galo y en este autor en particular, así como la encomiable aportación del coro, entonces de la Asociación de Amigos del Maestranza.

Un acertado elenco y el depurado trabajo de coro y orquesta, consiguieron anoche un mejor resultado, marcado una vez más por la particular impronta del director de escena, que ha decidido que nada mejor en los tiempos que corren que ambientar este drama de amor y odio en la Italia de Mussolini, con unos amantes de Verona coloridos en rostro y vestuario, frente a unos secundarios y unos figurantes maquillados como muertos vivientes, o si alguien lo prefiere, vampiros o criaturas de la noche. Odio y amor, muy marcados en esta producción que confía en la video-creación su poder de sugestión.

Un único escenario, moldeado por la luz, y un filtro abusivo

Esta producción romana se presentó con un solo decorado físico, potenciando la tendencia actual a minimizar los recursos y sacar el máximo provecho al presupuesto. Pero sobre él, un frontal de grandes ventanales arqueados, se van sucediendo una serie de proyecciones que modifican su aspecto y lo hacen propicio para cada escena y ambiente. Además, también se confía a la proyección el subrayado de unas emociones y unos sentimientos que, francamente, no lo necesitan, están ya en la música, el texto y la forma de abordarlo por sus responsables.


Pero es en el uso excesivo de la pantalla filtro, por delante de la escena, ideal para proyectar imágenes en vuelo, ya sean las estrellas y la luna de la escena del balcón, o la cruz de la boda, lo que más llegó a irritarnos. Menos mal que no afecta a la proyección de las voces, pero sí a la nitidez de la imagen y el matiz de sus protagonistas. Y en esta ocasión hubo cierto abuso de este, por otro lado, tan trillado recurso. De hecho, todo el segundo acto, en el que el balcón de Julieta asemejaba un patíbulo o cadalso, para marcar todavía más el fatal destino de los amantes, estuvo presidido por el dichoso filtro.

Una buena dirección artística debe adaptarse como un guante a la música a la que sirve. La de De Fusco lo hizo en buena medida, pero falló en momentos como el baile del primer acto, donde la jubilosa y suntuosa composición musical no encontró eco en la intencionada coreografía mortecina de los figurantes. Estuvieron acompañados además por una participación de esgrimistas de pésima coreografía, algo que el ballet que acompañó a la marcha nupcial del cuarto acto, redimió de manera considerable.


Una rutilante pareja protagonista

Nada antológico sería un Romeo y Julieta sin una pareja protagonista que fuera capaz de estar a la altura de sus exigencias canoras e interpretativas. La armenia Nina Minasyan y el eslovaco Pavol Breslik exhibieron virtuosismo y compenetración en todo momento, logrando que el conjunto se elevara por encima de una media ya de por sí bastante satisfactoria. Aunque atesora una carrera todavía breve, la soprano demostró cualidades de sobra a la hora de encarar tan complejo personaje. Cantó su célebre vals Je veux vivre con brío y soltura, a pesar de que atisbamos algún pequeño defecto en el control de la respiración. El resto estuvo sobrada, puro dechado de virtuosismo, con el tono justo de dramatismo y una portentosa capacidad trágica, luciéndose especialmente en Amour ranime mon courage del cuarto acto. No hubo inflexión, agilidad ni portentoso agudo que se le resistiera. Se notó que se tomó la empresa con toda la seriedad que exige.

También brilló Breslik, que ya a comienzos de su carrera, hace veinte años, vaticinó una voz poderosa y una enorme esperanza para el arte lírico, corroborándolo ahora con trabajos tan impecables como el que ofreció anoche en el Maestranza. Una voz de precioso timbre, bien esmaltado, al servicio de una técnica portentosa y un buen gusto encomiable. Defendió sus dos grandes arias, Ange adorable y la famosa cavatina Lève-toi, soleil, con ahínco y sabiduría, provocando el entusiasmo del público. Juntos, ofrecieron unos dúos de gran calidad, especialmente en la escena del lecho, rodeados de cortinas y pañuelos blancos blandiendo al aire. Mucha compenetración, una actuación convincente, y un canto seguro y con el toque temperamental justo, lograron el éxito.


Sensacional Riccardo Fassi como Frère Laurent, bajo de voz profunda que no desfalleció en ningún momento, componiendo un personaje sólido y con mucho relieve. Maravillosa también Anna-Doris Capitelli como Stéphano, paje de Romeo, rotunda y diamantina en su aria de provocación, que suscitó una sincera ovación del público. Más justos estuvieron Maxim Lissin como Mercutio y un apurado por continuos roces, seguramente corregibles en próximas funciones, Mario Bahg como Tybalt. Mención especial merece Zoltan Nagy como padre de Julieta, preciso y rotundo tanto a nivel canoro como dramático, mientras Elena Maximova y Andrés Merino cumplieron con ahínco y competencia sus breves cometidos. De anecdótica podemos tildar la aportación del veterano bajo ruso Valery Guilmanov, que acusó las inclemencias del tiempo en su voz temblorosa, como Duque de Verona, ataviado como Il Duce.

Una dirección encomiable

No nos hizo añorar al imprescindible Plasson la batuta del joven ucraniano Sasha Yankevych, contundente en sus arranques, apasionado en los momentos álgidos de tan romántica partitura, siempre preciso y atento a las voces, completando un trabajo extraordinario al que la ROSS supo plegarse en todo momento, protagonizando momentos de gran relieve y emoción.

Igualmente pudimos disfrutar de otro trabajo impecable del Coro del Maestranza, tan disciplinado y responsable como nos tiene acostumbrados, y que en una ópera como ésta, que tantas oportunidades le da, tiene especial mérito.

Fotos: Guillermo Mendo (Teatro de la Maestranza)
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 23 de octubre de 2026

BLUE HERON Los pliegues de una fragilidad mental

Canadá-Hungría 2025 90 min.
Guion y dirección
Sophy Romvari Fotografía Maya Bankovic Intérpretes Iringó Réti, Ádám Tompa, Edik Beddoes, Amy Zimmer, Eylul Guven, Liam Serg, Preston Drabble Estreno en el Festival de Locarno 8 agosto 2025; en Hungría 11 junio 2026; en España 23 octubre 2026

Aunque la directora canadiense de origen húngaro, Sophy Romvari, describe su primer largometraje de ficción como un análisis de lo imperfecta que puede llegar a ser la memoria, lo cierto es que este trabajo de tintes autobiográficos demuestra que su autora tiene unos recuerdos de su infancia más bien infalibles, vertidos fundamentalmente en la brecha emocional que su hermano mayor, con trastorno psicológico, debió originar en la, por otro lado, aparentemente idílica vida familiar.

Estrenada en el Festival de Locarno el año pasado, donde se alzó con el premio a la mejor ópera prima, y tras pasar por una multitud de festivales, entre los que destacan el de Toronto, donde logró el premio al mejor descubrimiento canadiense, y el de San Sebastián, donde obtuvo una mención especial del jurado, esta Garza azul, como se traduciría su título original, trata con delicadeza un tema tan espinoso, invitándonos primero a infiltrarnos en un verano familiar en Vancouver a finales del siglo pasado, para después avisarnos de esa presencia turbadora que la más joven de la familia, una suerte de alter ego de la directora, observa con tanta curiosidad como respeto, ternura y condescendencia.

Tras un periplo que podríamos considerar justificadamente moroso, jalonado de secuencias que demuestran la fuerza y el empeño de unos padres por sacar adelante a esta involuntaria oveja negra, la película se pliega sobre sí misma, y sobre los tiempos, para ofrecer a través de un recurso estrictamente cinematográfico, la conclusión psicológica y sentimental que en la joven ha causado esa infancia marcada por la enfermedad mental que sufrió y sufre el mayor de sus hermanos. Todo un ejercicio de liberación para la propia cineasta, sustentada en una atención primorosa al paisaje y el encuadre, y las notables interpretaciones de todos y cada uno de las integrantes de tan preocupada familia. No importa si al final no logró ninguno de los siete premios de la academia canadiense a los que optaba; eso no le quita el mérito de tratarse de uno de los filmes más estimulantes del entrañable país norteamericano del año pasado.

lunes, 19 de octubre de 2026

EL MAL HIJO Deliberadamente sórdida

España 2026 106 min.
Dirección
Jaime Lorente Guion Jaime Lorente y Salvador S. Molina Fotografía Elías M. Félix Música Luismi Glez Bedmar Intérpretes Miguel Ángel Puro, Susi Sánchez, Hugo Arbúes, Óscar de la Fuente, Abel de la Fuente Estreno en el Festival de San Sebastián 18 septiembre 2026; en salas 16 octubre 2026

Salto a la dirección de Jaime Lorente, a quien hemos visto en series de éxito como La casa de papel, en papeles de duro como el de 42 segundos, otros más extravagantes como en Disco, Ibiza, Locomía, o thrillers con estilo como el de Reversión. Ahora rescata un género antaño muy querido por los cineastas españoles, y que quizás con los nuevos aires de desesperanza y rencor que se avecinan, encaje bien. A nosotros, desde luego, no nos convencen estos dramas de carácter veladamente social en los que reina la crudeza, la falta de objetivos y la caída constante en la miseria y la desesperación.

No hay nada en el debut como director de Lorente que invite a la esperanza, que nos desahogue entre tanto maleante y gente de poca o ninguna moral. Ni siquiera su joven protagonista, Hugo Arbúes, puede huir del estereotipo de persona desgraciada y sin horizonte, dentro de ese tipo tan recurrente que combina cultura de la calle con modales moderadamente exquisitos, incluso en el habla. Quiere quizás demostrar, especialmente a través del personaje de la abuela y su presunta habilidad para presagiar la fatalidad, que ésta se transmite inevitablemente de generación a generación.

Lo peor, sin embargo, es la escasa habilidad del novel director para contar la historia de manera mínimamente coherente, echando mano constantemente de la elipsis y ahorrando deliberadamente información sobre los personajes, sus motivaciones y sus actividades. Mucho queda a la imaginación o la interpretación intelectual del público, hastiado quizás de tanta acumulación de clichés sobre personajes malvados y sin esperanza, con secuencias que parecen desordenadas y una relación abuela-nieto que no acaba de aprovechar toda su ternura y amabilidad. Esta falta deliberada de información no hace sino perder paulatinamente el interés. Una canción original del Niño de Elche pone punto final a este crudo y áspero dislate.

WHALEFALL Terror en el estómago

USA 2026 105 min.
Dirección
Brian Duffield Guion Brian Duffield y Daniel Kraus, según la novela del segundo Fotografía Aaron Morton Música Joseph Trapanese Intérpretes Austin Abrams, Josh Brolin, Elisabeth Shue, John Ortiz, Jane Levy, Emily Rudd Estreno en Estados Unidos y España 16 octubre 2026

Más cerca de Pinocho, por aquello de que su protagonista es engullido por una ballena cuando sale a buscar a su padre en el océano, que de Jonás y la ballena, por la falta absoluta de imaginario religioso que tiene esta película, es sin embargo Moby Dick, la gran novela americana con la que Kraus parece querer identificarse, la que marque un mayor parecido con esta lucha existencial del hombre y la Naturaleza. Brian Duffield no se ha caracterizado hasta el momento ni por haber dirigido grandes películas (Espontánea en 2020, Nadie te salvará en 2023) ni haber escrito geniales guiones (La venganza de Jane, De amor y monstruos, Underwater), pero quizás ha conseguido con esta original y sorprendente película su mejor trabajo hasta la fecha. 
Por muy inverosímil que parezca la aventura a la que se arroja literalmente su protagonista, al parecer ha habido más de un caso en el que una persona ha sido tragada por una ballena y después expulsada. Aunque más que una ballena, la fiera Goliat a la que se enfrenta este particular David parece ser un cachalote, si bien su título original encaja en la historia, toda vez que en inglés se denomina genéricamente Whale (ballena) a toda la familia de los cetáceos.

Tras la pesadilla de supervivencia a la que se sometió en la reciente Resident Evil, Austin Abrams se ha convertido en el actor de moda para sufrir experiencias límite. Su magnífico trabajo encaja a la perfección en este drama radicalmente terrorífico que se desarrolla a partes iguales en el interior de un cachalote, y con cierta intención de alivio, en los flashbacks que ilustran la tortuosa relación con su padre, un Josh Brolin en perfecta forma física y actoral. De hecho, parece que esos flashbacks sirvan a un doble propósito, proporcionar al aterrorizado protagonista las herramientas para sobrevivir a tan extremista experiencia, y a la vez generar un paralelismo entre la relación del protagonista con el cetáceo y con su propio padre. La presencia de Elisabeth Shue como madre del protagonista, añade atractivo a la propuesta.

Mención especial merecen, naturalmente, los esmerados efectos especiales y la acertada dirección artística, imágenes muy realistas y documentadas, sumamente alejadas de la fantasía con la que este tipo de aventuras se ilustraban en la literatura del diecinueve y el cine del veinte, baste recordar Viaje fantástico recreando el interior del cuerpo humano. Y no podemos olvidar su acertado ritmo y el alcance que su propuesta tiene para generar auténtica tensión, asfixiante suspense y demoledor terror, todo lo cual provoca un interés mayor que la media en este tipo de producciones. Aparte, constituye un acertado documento de cara a concienciar sobre el respeto a la Naturaleza, y exhibir a la vez la dureza y la crudeza que le caracteriza, ejemplificada en gigantescos pulpos y agresivas orcas. Veterano ya en el mundo de las bandas sonoras, Joseph Trapanese firma con éste su mejor trabajo hasta la fecha, combinando a la perfección trepidante música de acción e intimistas acordes afines al drama materializado.

LA INVITACIÓN Versión mejorada del original español

Título original: The Invite
USA 2026 108 min.
Dirección
Olivia Wilde Guion Rashida Jones y Will McCormack, según la obra “Los vecinos de arriba” de Cesc Gay Fotografía Adam Newport-Berra Música Devontè Hynes Intérpretes Seth Rogen, Olivia Wilde, Penélope Cruz, Edward Norton Estreno en el Festival de Sundance 24 enero 2026; en Estados Unidos 10 julio 2026; en España 16 octubre 2026

Sentimental
ha convertido a Cesc Gay en el autor cinematográfico español más adaptado internacionalmente, junto a Javier Fesser y sus Campeones. Pueden contarse versiones llegadas de Alemania, Francia, Holanda y esta estadounidense a cargo de una actriz con mucha inquietud, Olivia Wilde. Aparte de las numerosas ocasiones en las que ha intervenido en pantalla, generalmente como secundaria, Wilde ha dirigido la muy acertada comedia adolescente Súper empollonas y el más artificioso thriller No te preocupes querida, a mayor gloria de Florence Pugh y Harry Styles. Algo más de lo que lo hizo a nosotros le ha debido interesar a Wilde la obra del catalán Los vecinos de arriba, luego convertida en la película aludida. Lo cierto es que ha sabido aprovechar su potencial para generar un film estimable, menos vodevilesco y decididamente más serio que su referente.

A la actriz/directora le interesa menos explorar el comportamiento sexualmente reprimido de sus protagonistas, para someterlos al espejo que les proporcionan sus más desinhibidos vecinos, de cara a analizar su vida conyugal, su convivencia y los lazos que después de muchos años de matrimonio apenas les unen. En el camino, por supuesto, provoca situaciones más o menos divertidas, apoyándose tanto en la imagen como en el texto, muy bien desarrollado, siempre desde un prisma distinto al original, por Rashida Jones y Will McCormack.

El apartado de las interpretaciones acaba por dar lustre al film, siempre desde una vocación humilde, sin grandes pretensiones, lo que también se agradece. Quizás sea Wilde quien más se sobrepase en su actuación, mientras Rogen demuestra una vez más que es un actor para tomarlo en serio más de lo habitual, y Cruz borda su personaje, dándole dimensión y comicidad, patente incluso en ese doble uso del castellano y el inglés, sólo perceptible en su versión original. También Norton se luce, encajando a la perfección en su personaje de maduro interesante y sexualmente atractivo. Claro que la empresa no acaba de suscitar excesivo entusiasmo, pero se deja ver con amabilidad y cierto interés, acertando en algunos de sus postulados y, a nuestro juicio, mejorando el muy celebrado texto original en el que se basa.

sábado, 17 de octubre de 2026

LUMINOSA INAUGURACIÓN DE TEMPORADA DE LA OBS

Concierto I de la Temporada 2026/2027 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Rafael Ruibérriz de Torres, flauta travesera; Fumiko Morie, violín; Alberto Grazzi, fagot; Mercedes Ruiz, violonchelo; Ventura Rico, contrabajo; Alejandro Casal, clave y órgano; Pedro Castro, oboe, flauta de pico y dirección. Programa: Concerti da Camera de Antonio Vivaldi (Conciertos en Do mayor RV 88, Re mayor RV 84, Re mayor RV 90, Re mayor RV 92, Sol mayor RV 107 y Fa mayor RV 98). Espacio Turina, viernes 16 de octubre de 2026


Hace poco más de una semana, el pasado martes día 6, se presentó la nueva programación de la Orquesta Barroca de Sevilla. Lo hizo en el Espacio Turina, donde la formación ostenta el título de orquesta residente, y que en los últimos años, con Fernando Rodríguez Campomanes y un equipo responsable y comprometido al frente, se ha ido consolidando como uno de los referentes absolutos de la música seria no sólo en nuestra ciudad, sino en toda la comunidad autónoma, con una programación cuidada y exquisita que no deja de sorprendernos y estimularnos.

Ayer tuvo lugar el concierto inaugural de la orquesta, con tan buen juicio que lo hizo en forma camerística, resaltando las cualidades de algunos y algunas de sus integrantes más relucientes, con la complicidad del portugués Pedro Castro, que tantas veces junto a este conjunto sevillano y otros de diversa índole, nos ha seducido y deleitado. Castro se hizo cargo de la dirección, desde la humildad y la discreción, de un singular concierto integrado por seis de los veintitrés conciertos de cámara de Antonio Vivaldi, todo un dechado de creatividad y desenfadada alegría, de lo que el conjunto supo hacerse eco con una fluidez, una sensibilidad y una gracia absolutas.


Fue quizás Rafael Ruibérriz de Torres quien más oportunidades de lucimiento tuvo en esta ocasión. Recién desembarcado de otra importante inauguración, la de la tercera edición de la Ruta Turina, una iniciativa transversal que este año celebró su puesta de largo en el recién recuperado Lope de Vega, Ruibérriz protagonizó gran parte de concierto, casi en todo momento dialogando con el resto de los intervinientes, pero con una voz claramente dominante frente al conjunto. Hizo gala una vez más de una fluidez y un control de la respiración encomiables, a pesar de que en un par de ocasiones sufrió algún desliz que se le fue de las manos pero no empañó una interpretación magistral y llena de musicalidad de los conciertos programados.

Junto a él, fue la violinista de la Barroca, Fumiko Morie, quien disfrutó por fin de un protagonismo a la altura de su talento y sus habilidades. La felicidad y el entusiasmo que esta espléndida solista insufla ya desde su expresividad facial, se contagió también a la música, plena de gozo y alegría, si bien el sonido acusó puntualmente asperezas y alguna salida de tono, pero no cabe duda de que atesora una fluidez y una agilidad encomiables. También el prestigioso fagotista Alberto Grazzi demostró presencia y habilidad, además de un rotundo control del fiato, mientras Castro se desenvolvió con soltura y aparente facilidad en sus intervenciones tanto al oboe como a la flauta de pico.


Los y las siete músicos convocados lograron hacer respirar con generosidad la efervescente música de Vivaldi, identificable en todo momento gracias a movimientos tan elegantes y pausados como los lentos de los conciertos RV 88 y RV 84, y con especial hincapié en el melódico largo del 107. La alternancia entre instrumentos solistas y el elocuente diálogo entre los mismos se hizo especialmente relevante y enfático en el RV 98, Tempesta di mare, que fue el más reconocible junto al RV 90, Il gardellino, por sus más divulgadas versiones para orquesta reforzada, y que en el caso del segundo brindó a Ruibérriz la ocasión de mostrarse distendido y hasta cierto punto divertido amulando los sonidos del jilguero aludido.


Como no cabía esperar menos, el continuo formado por Mercedes Ruiz al violonchelo, Ventura Rico al contrabajo y Alejando Casal a los teclados, estuvo a la altura, si bien en los dos primeros conciertos nos pareció más endeble de lo habitual la aportación de Ruiz, felizmente recuperada en el resto del programa, con ese particular cuerpo del que es capaz de dotar al conjunto. Un, por lo tanto, feliz reencuentro con una orquesta que tantos buenos momentos nos ha regalado, y que a buen seguro seguirá haciéndolo en esta temporada recién estrenada.

Este mismo concierto lo repetirán este fin de semana en Aranjuez y Barcelona, y el próximo martes en Palma de Mallorca, mientras nosotros disfrutaremos de una nueva cita el 20 de noviembre, de nuevo con Vivaldi y sus imperecederas Cuatro estaciones, y Stefano Barneschi liderando la formación desde su responsabilidad como violín solista.


Especial mención merecen las espléndidas fotografías facilitadas por el operador oficial, Luis Ollero, de las que sólo ofrecemos una mínima muestra, pero que en conjunto son susceptibles de protagonizar una exposición de gran calidad y relevancia, como lo son todas las que nos ofrece cada vez que es el responsable gráfico de la función.