sábado, 17 de octubre de 2026

LUMINOSA INAUGURACIÓN DE TEMPORADA DE LA OBS

Concierto I de la Temporada 2026/2027 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Rafael Ruibérriz de Torres, flauta travesera; Fumiko Morie, violín; Alberto Grazzi, fagot; Mercedes Ruiz, violonchelo; Ventura Rico, contrabajo; Alejandro Casal, clave y órgano; Pedro Castro, oboe, flauta de pico y dirección. Programa: Concerti da Camera de Antonio Vivaldi (Conciertos en Do mayor RV 88, Re mayor RV 84, Re mayor RV 90, Re mayor RV 92, Sol mayor RV 107 y Fa mayor RV 98). Espacio Turina, viernes 16 de octubre de 2026


Hace poco más de una semana, el pasado martes día 6, se presentó la nueva programación de la Orquesta Barroca de Sevilla. Lo hizo en el Espacio Turina, donde la formación ostenta el título de orquesta residente, y que en los últimos años, con Fernando Rodríguez Campomanes y un equipo responsable y comprometido al frente, se ha ido consolidando como uno de los referentes absolutos de la música seria no sólo en nuestra ciudad, sino en toda la comunidad autónoma, con una programación cuidada y exquisita que no deja de sorprendernos y estimularnos.

Ayer tuvo lugar el concierto inaugural de la orquesta, con tan buen juicio que lo hizo en forma camerística, resaltando las cualidades de algunos y algunas de sus integrantes más relucientes, con la complicidad del portugués Pedro Castro, que tantas veces junto a este conjunto sevillano y otros de diversa índole, nos ha seducido y deleitado. Castro se hizo cargo de la dirección, desde la humildad y la discreción, de un singular concierto integrado por seis de los veintitrés conciertos de cámara de Antonio Vivaldi, todo un dechado de creatividad y desenfadada alegría, de lo que el conjunto supo hacerse eco con una fluidez, una sensibilidad y una gracia absolutas.


Fue quizás Rafael Ruibérriz de Torres quien más oportunidades de lucimiento tuvo en esta ocasión. Recién desembarcado de otra importante inauguración, la de la tercera edición de la Ruta Turina, una iniciativa transversal que este año celebró su puesta de largo en el recién recuperado Lope de Vega, Ruibérriz protagonizó gran parte de concierto, casi en todo momento dialogando con el resto de los intervinientes, pero con una voz claramente dominante frente al conjunto. Hizo gala una vez más de una fluidez y un control de la respiración encomiables, a pesar de que en un par de ocasiones sufrió algún desliz que se le fue de las manos pero no empañó una interpretación magistral y llena de musicalidad de los conciertos programados.

Junto a él, fue la violinista de la Barroca, Fumiko Morie, quien disfrutó por fin de un protagonismo a la altura de su talento y sus habilidades. La felicidad y el entusiasmo que esta espléndida solista insufla ya desde su expresividad facial, se contagió también a la música, plena de gozo y alegría, si bien el sonido acusó puntualmente asperezas y alguna salida de tono, pero no cabe duda de que atesora una fluidez y una agilidad encomiables. También el prestigioso fagotista Alberto Grazzi demostró presencia y habilidad, además de un rotundo control del fiato, mientras Castro se desenvolvió con soltura y aparente facilidad en sus intervenciones tanto al oboe como a la flauta de pico.


Los y las siete músicos convocados lograron hacer respirar con generosidad la efervescente música de Vivaldi, identificable en todo momento gracias a movimientos tan elegantes y pausados como los lentos de los conciertos RV 88 y RV 84, y con especial hincapié en el melódico largo del 107. La alternancia entre instrumentos solistas y el elocuente diálogo entre los mismos se hizo especialmente relevante y enfático en el RV 98, Tempesta di mare, que fue el más reconocible junto al RV 90, Il gardellino, por sus más divulgadas versiones para orquesta reforzada, y que en el caso del segundo brindó a Ruibérriz la ocasión de mostrarse distendido y hasta cierto punto divertido amulando los sonidos del jilguero aludido.


Como no cabía esperar menos, el continuo formado por Mercedes Ruiz al violonchelo, Ventura Rico al contrabajo y Alejando Casal a los teclados, estuvo a la altura, si bien en los dos primeros conciertos nos pareció más endeble de lo habitual la aportación de Ruiz, felizmente recuperada en el resto del programa, con ese particular cuerpo del que es capaz de dotar al conjunto. Un, por lo tanto, feliz reencuentro con una orquesta que tantos buenos momentos nos ha regalado, y que a buen seguro seguirá haciéndolo en esta temporada recién estrenada.

Este mismo concierto lo repetirán este fin de semana en Aranjuez y Barcelona, y el próximo martes en Palma de Mallorca, mientras nosotros disfrutaremos de una nueva cita el 20 de noviembre, de nuevo con Vivaldi y sus imperecederas Cuatro estaciones, y Stefano Barneschi liderando la formación desde su responsabilidad como violín solista.


Especial mención merecen las espléndidas fotografías facilitadas por el operador oficial, Luis Ollero, de las que sólo ofrecemos una mínima muestra, pero que en conjunto son susceptibles de protagonizar una exposición de gran calidad y relevancia, como lo son todas las que nos ofrece cada vez que es el responsable gráfico de la función.

miércoles, 14 de octubre de 2026

SOMBRA NÓMADA Rebelde saharaui

España- Francia-USA 2025 82 min.
Guion y dirección
Eimi Imanishi Fotografía Frida Marzouk Música Clara Aguilar Intérpretes Nadhira Mohamed, Suleiman Filali, Omar Salem, Eddami Elabed, Check Mehdi, Khadija Najem Allal, Guizlane Lkoucha Estreno en el Festival de Toronto 8 septiembre 2025; en España 2 octubre 2026

Japonesa-estadounidense, cabe preguntarse qué genera en Eimi Imanishi este particular interés por la causa saharaui, que le llevó hace una década a dirigir el cortometraje Batallion to My Beat y ahora este debut en el largometraje, con producción fundamentalmente española, estrenado en el Festival de Toronto del año pasado, y que tras un sinfín de pases en todo tipo de festivales cinematográficos, recibe su bautismo comercial en nuestro país, si bien sólo en algunas ciudades, con escalas puntuales de carácter especial en otras, como Sevilla. Una vez más, pases a los que acuden quienes ya están familiarizados y concienciados con un problema de carácter social y político, algo habitual en este tipo de producciones que deberían ser de obligado visionado entre jóvenes y adultos de toda condición, en lugar de acabar relegados a salas y pases tan limitados que exigen una planificación esmerada por parte de quienes acuden a verlos.

En este caso, Imanishi fija su atención en una joven que ha conocido durante toda una década lo que es vivir en libertad, buscando su propio destino, en una democracia consolidada, aún en peligro de dejar de serlo, como España. Detenida y deportada, la protagonista deberá convivir de nuevo con unas formas de vida encorsetadas que poco o nada tienen ya que ver con sus ansias de libertad y ambición. Nada, sin embargo, que no ocurriera en ninguna otra parte del mundo donde los derechos humanos y libertades fundamentales no acaban de convertirse en realidad, lo que hace que este viaje al Sáhara ocupado apenas difiera del que pudiera realizarse incluso al país invasor, Marruecos, donde las diferencias con occidente son ampliamente visibles, a pesar del esfuerzo oficial por convencernos de lo contrario. De este modo, más que enfrentarnos a la causa saharaui, apenas esbozada en una penosa e insignificante revuelta rodada y planificada con tanta torpeza que deja ver con claridad sus limitados recursos, sólo alcanzamos a seguir a esta joven deportada por paisajes familiares y traumas del pasado, incluido un ex novio acechado por una inexplicable sombra, dado el contexto.

A la vez, asistimos a un toma de identificación con costumbres ancestrales tan arraigadas como puntualmente simpáticas, siempre dentro de un ambiente que exhala represión y falta de oportunidades que, repetimos, son consustanciales a estos países, libres o no de una colonización mal acabada y una ocupación bendecida por los todopoderosos Estados Unidos. Hubiésemos preferido que el conjunto expidiera un aroma más divulgativo y educacional, sin quedarse en este tipo de producciones rutinarias que hacen de la escasez de medios, su particular mérito e idiosincrasia. La paulatina falta de esperanza y libertad a la que va sometiéndose la apurada protagonista, recibe su particular toque poético a bordo de una barcaza de pescadores.

EL PRECIO DE LA RED Lastrada por exceso de datos y palabrería

Título original: The Social Reckoning
USA 2026 112 min.
Dirección
Aaron Sorkin Guion Aaron Sorkin y Jeff Horwitz Fotografía Jeff Cronenweth Música Alexandre Desplat Intérpretes Mickey Madison, Jeremy Allen White, Jeremy Strong, Wunmi Mosaku, Betty Gilpin, Billy Magnussen, Bill Burr Estreno en Estados Unidos y España 9 octubre 2026


Concebida como continuación o complemento de La red social, la nueva película de Aaron Sorkin (Molly’s Game, El juicio de los 7 de Chicago, Ser los Ricardo), retoma su propio guion para la celebrada película de David Fincher, para en esta ocasión indagar sobre los aspectos nocivos de la mayor plataforma digital de redes sociales del mundo, especialmente entre los jóvenes. Parte de la investigación que un apócrifo como Jeff Horwitz, periodista del Wall Street Journal y 
co autor también del guion, realizó en colaboración con una ingeniera decepcionada con su trabajo en Facebook, para desentrañar las miserias de la monstruosa empresa concebida por el genio de la informática Mark Zuckenberg. El siempre efectivo Jeremy Allen White, que encarnó hace poco a Bruce Springsteen en el biopic Deliver Me from Nowhere, y la joven Mickey Madison, ganadora del Oscar por un papel diametralmente opuesto a éste en Anora, dan vida a estos dos personajes, mientras el inquietante Jeremy Strong, el abogado Roy Cohn en The Apprentice: La historia de Trump, compone un ambiguo pero siniestro Zuckenberg ya desde su primera aparición en pantalla.

Lástima que el guion se pierda frecuentemente en tecnicismos ininteligibles y una diarrea verbal que hace no ya difícil seguir la complicada trama, sino abstraerse de ella y despreciar sus más que estimulantes premisas. Queda, por lo tanto, conformarse con su estructura y la idea base que la sustenta, una denuncia atrevida y valiente al poder de la red para propagar bulos, sustentar sistemas y favorecer la violencia, como queda constatado en su papel decisivo en el ataque al Capitolio del final de la primera legislatura trumpista. Su título traducido al castellano pierde el doble sentido que tiene en inglés, no sólo el valor o el precio de la red, sino también un ajuste de cuentas con ella.

El suculento prólogo hacía esperar más de una película que acaba resultando anodina y fallida, a pesar de que su conexión con el resto de la narración se hace esperar en exceso. Todo acaba, sin embargo, diluyéndose, incluida la música del a menudo brillante Alexandre Desplat, en un conjunto que no llega a alzar el vuelo, al que le falta la chispa necesaria para emocionar e irritar en su justa medida, alcanzando así sus legítimos y loables objetivos.

NAZA La ventana insensible

Reino Unido-USA 2026 80 min.
Guion y dirección
Yuval Abraham y Rachel Szor Fotografía Rachel Szor Documental Estreno en el Festival de Venecia 10 septiembre 2026; en España 9 octubre 2026

Ovacionada en Venecia y récord de taquilla en su género desde su estreno en Italia el pasado mes de septiembre, Naza es el nuevo documental del oscarizado Yuval Abraham, que hace dos años sorprendió junto al activista palestino Basel Adra con su documental No Other Land. Israelí descreído y crítico con la política de destrucción que está llevando a cabo su país en Cisjordania, Abraham se asocia ahora con la directora de fotografía de éste y su anterior trabajo, Rachel Szor, para ofrecer una austera y sórdida operación de desarme emocional, que ha encontrado su antítesis con otro documental de idéntico título y aspecto visual, destinado desde las fuerzas condescendientes con el país a ensalzar la labor de sus fuerzas armadas. Por cierto, el título hace referencia a la expresión con la que en hebreo se denomina al daño colateral que suponen las víctimas civiles de la supuesta contienda.

Abraham va entrevistando sistemáticamente y siempre de noche, a militares y diverso personal estratégico, bajo el prisma aparente del arrepentimiento y la asunción de responsabilidad, que van confesando crímenes de guerra y sádicas formas de aniquilación. Como si de una hitchockiana ventana indiscreta se tratara, mientras las entrevistas se van desarrollando de noche y a cierta altura, la cámara se va deslizando por ventanas de cómodos y suntuosos apartamentos de Tel-Aviv en los que se puede atisbar la vida cálida y tranquila de quienes aún conectando con la contienda permanentemente a través de la televisión, repiten rutinas de relajado descanso nocturno, dando la espalda al sufrimiento y el horror sistemático que se desarrolla a tan sólo sesenta kilómetros de distancia. Una operación que parece derivar del propio productor, Jonathan Glazer, que coqueteó con una idea similar en su aplaudida La zona de interés, y que a pesar de poder considerarse inquietante, pronto se muestra un tanto artificiosa.

Los testimonios, sin embargo, caen frecuentemente en pequeños disparates que hacen mella en su presunta seriedad, mientras el experimento va antojándose repetitivo, a pesar de la brevedad del trabajo. Algunos pasajes documentales fechados a principios del siglo XX, una escalofriante definición de lo que el propio Netanyahu consideraba terrorismo hace cuarenta años, y que coincide con lo que él mismo practica en la actualidad, y un desgarrador pasaje final que hace hincapié en el horror inmenso que a estas alturas todos y todas conocemos, se erigen en los momentos más sorprendentes y conmovedores de un conjunto quizás lastrado por su propia auto condescendencia.

martes, 6 de octubre de 2026

LA ROSS Y JUVENTUDES MUSICALES NOS LEVANTAN EL ÁNIMO

Concierto de Juventudes Musicales y la Asociación de Fagotistas y Oboístas de España. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Javier Sanz Pascual, fagot. Irene Arriaza, violín. Julia Cruz, dirección. Programa: Obertura de Oberón J.306, y Concierto para fagot en Fa mayor J.127 Op. 75, de Carl Maria von Weber; Obertura de una ópera cómica inacabada Op. 140, y Concierto para violín nº 3 en Si menor Op. 61, de Saint-Saëns. Teatro de la Maestranza, lunes 5 de octubre de 2026


Hace diez años que nos dejó Julio García Casas, fundador y presidente de Juventudes Musicales de Sevilla desde 1954. A él se dedicó este concierto que contó con dos nuevos y jóvenes solistas, y una directora así mismo plena de juventud al frente de una orquesta entregada para que nada pudiera deslucir la ilusión de tocar en un espacio tan emblemático como el Teatro de la Maestranza. Una emotiva semblanza del histórico fundador por parte del actual presidente del movimiento, Arnold W. Collado, presidió el programa de mano diseñado para la ocasión.

En los atriles, un precioso programa integrado quizás no por obras rotundamente maestras, pero sí suficientemente atractivas y poco divulgadas como para generar interés e incluso entusiasmo en un público completamente entregado al aplauso y los vítores de tan jóvenes talentos. Mucha juventud también en la sala, señal quizás de que se siguen haciendo las cosas bien, promulgando la asistencia de los y las estudiantes de los conservatorios a los conciertos, o puede que sólo se tratara de compañeros, compañeras y familiares de los protagonistas.

Del romanticismo incipiente al más crepuscular

Los autores elegidos para la ocasión fueron Carl Maria von Weber y Camille Saint-Saëns, setenta años de diferencia entre la obra más antigua del primero y la más moderna del segundo, claros exponentes del romanticismo en sus vertientes extremas, aún tímido en el caso del compositor alemán, más integrado en el del francés.

Una orquesta reducida, cumpliendo las demandas no ya de las partituras, que quizás demandaban una mayor presencia de la cuerda, al menos en el caso de Saint-Saëns, sino del espacio ofrecido para la ocasión, no fue óbice para extraer brillo de cada pieza, gracias al mimo y el detalle con el que la joven directora Julia Cruz trazó cada línea melódica, cada inflexión y cambio de registro, y un depurado trabajo de dinámicas, con todo lo cual logró una acertada acentuación de las piezas no concertantes de cada autor.

Así, con Oberon nos dejamos seducir por al mágico mundo de los elfos, arrancando con un adagio sostenuto imponente y a la vez sosegado, que se encadena con un allegro chispeante e irresistible, alternándose con tiernos y amorosos pasajes de radiante lirismo, siempre bajo la mirada atenta de una directora preocupada por evitar todo tipo de estridencias y salidas de tono.


La Obertura para una ópera cómica inacabada, obra de estricta juventud de Saint-Saëns, se mantuvo ligera en manos de Cruz, acertando en sus elocuentes diálogos y un acelerado presto final, predominando en todo momento un carácter alegre y desenfadado.

Triunfo de Javier Sanz e Irene Arriaza

Uno de los principales alicientes de estos conciertos auspiciados por Juventudes Musicales, reside en la aportación de savia nueva al panorama musical de la ciudad, leit motiv en todo caso del modus operandi de la asociación. Sin embargo, el primero de los solistas no fue invitado suyo, sino de la Asociación de Fagotistas y Oboístas de España, de cuya mano recibió el año pasado el primer premio de su concurso anual.


Se trata de Javier Sanz Pascual, que nos brindó un Concierto para fagot de von Weber que fue pura delicia, por su musicalidad, su gracia y ese toque cómico que fue capaz de darle, especialmente en el movimiento final. Orquesta y solista retuvieron a la perfección el estilo deliberadamente clásico de la pieza, seguramente por tratarse de uno de los muchos encargos que recibió de solistas de la época, aún no familiarizados con el romanticismo y proclives al estilo mozartiano aún imperante.

Hubo también en la impecable interpretación de Sanz y el ropaje orquestal un efecto teatral destacado, sobre todo en el adagio, dechado de lirismo operístico, brillantemente defendido por un solista que en ningún momento atisbó dificultad alguna de respiración. En el tercer movimiento destacó el ánimo travieso del solista, ampliamente secundado por una batuta siempre atenta a no eclipsarle. La vertiginosa sucesión de escalas y arpegios que inunda el final fue defendida con enorme virtuosismo.

Sensacional también la aportación de la joven sevillana Irene Arriaza, al frente de la que quizás fuera la obra más distinguida del programa, el Concierto para violín nº 3 de Saint-Saëns. Melodioso y con abundantes recursos para exhibirse, Arriaza manifestó un sonido robusto y carnoso, de inspiración bohemia, que mudó a otro más lírico y ligeramente refinado en el delicioso movimiento lento.

Acusó en todo momento, salvo alguna excepción sin importancia, una pureza de emisión encomiable, encargándose con soltura y responsabilidad de todas las ricas líneas melódicas, y apreciándose siempre tanto en ella como en la dirección, un trabajo cálido y elegante. Ambos solistas interpretaron sin partituras, evidenciando una preparación exhaustiva y llena de ilusión. Arriaza ofreció como propina un Liebesleid, de las Antiguas danzas vienesas de Kreisler, henchido de melancolía, transcrita para una cuerda así mismo consecuente con tal atmósfera.

Fotos: José Ignacio Caballero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 5 de octubre de 2026

NARCISO La pálida luz de la disidencia

Paraguay-Alemania-Uruguay-España-Brasil-Portugal-Francia 2026 100 min.
Guion y dirección
Marcelo Martinessi, según la novela de Guido Rodríguez Alcalá Fotografía Luis Amargo Arteaga Música Zeltia Montes Intérpretes Diro Romero, Manuel Cuenca, Margarita Irún, Nahuel Pérez Biscart, Mona Martínez, Arturo Fleitas, Aníbal Ortiz, Natalia Cálcena Estreno en el Festival de Berlín 17 febrero 2026; en Paraguay 9 abril 2026; en España 2 octubre 2026


Con su primer largometraje, Las herederas, el director paraguayo Marcelo Martinessi logró un reconocimiento unánime de la crítica y una proyección internacional casi sin parangón en su país. Premio Especial del Jurado y premio a la mejor actriz en Berlín, además de obtener, entre otros, el Platino a la mejor ópera prima hace ocho años, nos hablaba en clave tan delicada como rotundamente sutil, sobre los prejuicios imperantes en una sociedad tan conservadora como la de su país, consecuencia inmediata de la dictadura de Alfredo Stroessner a la que estuvo sometida durante casi treinta y cinco años. En todo este tiempo, Martinessi se ha dedicado a indagar sobre la historia de Bernardo Aranda, un locutor de radio y bailarín que pretendió regalar un poco de luz y de color a un país que poco a poco se iba marchitando con las fuerzas de la represión y la intolerancia. En él se basó la novela de Guido Rodríguez Alcalá que ha servido de base para la película, una vez sometida a las variaciones necesarias para dar una entidad propia y diferente al producto. 
Martinessi convierte en Narciso el atractivo físico de Diro Romero, mostrándonos así un personaje seductor que, a través de su particular pasión por el rock ’n’ roll de los cincuenta, procura, sin una intención directa, traer algo de aire fresco a un pueblo que languidecía bajo el prisma de una visión grisácea y decididamente folclórica a la que tanto se prestaba Radio Capital, protagonista a través de sus particulares artífices, del aguijón que malogra el futuro y la esperanza que proporciona el joven con su pálida luz, llamada a extinguirse bajo el severo yugo del autoritarismo.

Ni la coproducción entre varios países iberoamericanos y europeos, ha logrado financiar con holgura una película que busca en el talento y el ingenio la fórmula para darle al conjunto la ambientación y la atmósfera que requiere. Ambientación a finales de los cincuenta, atmósfera de cine negro, con un crimen en el horizonte y los clásicos peones que pueden dar con la clave para resolverlo. Pero a Martinessi lo que más le interesa es plasmar el miedo y la oscuridad del régimen, en este caso el stronismo que sometió al país, como otros regímenes latinamericanos de la era anti soviética articulada por Estados Unidos, así como demostrar cómo el aparato resitió tan eficazmente a esas agresiones de alegría, luz y libertad que supusieron episodios como el de Bernardo/Narciso, y que confluyeron en mayor represión y dolor. Recurrir hasta en cuatro ocasiones a la emisión de Drácula de Bram Stoker en la radio, recreada en directo ante un público aterrado, con voces y efectos de sonido que parecen directamente sacados de ultratumba, potencia esa sensación de miedo e incomprensión ante la oscuridad, a lo que contribuye una fotografía abundante en claroscuros, sólo perceptible si las condiciones de proyección le hacen justicia.

En el resto del reparto destaca Manuel Cuenca, perfecto representante del vampirismo que se establece en un régimen autoritario, que sin perder sus privilegios, no duda en adoptar comportamientos hipócritas que ayuden a satisfacer sus deseos más profundos. Por otro lado, el actor hispano francés Nahuel Pérez Biscayart afronta con acierto su papel de agregado cultural de la embajada de Estados Unidos, otro vampiro que hace y deshace, buscando el placer prohibido a la vez que potencia el hipotético carácter imprescindible de la ayuda norteamericana que procure un dominio preciso de la situación. Además de Mona Martínez dando vida a la casera y amante ocasional del protagonista, la compositora Zeltia Montes completa la aportación española, echando mano una vez más de su querida cuerda, ideal para aumentar esa atmósfera desgarradora y desconcertante que logra transmitir la película.