Dirección Víctor García León Guion Borja Cobeaga y Víctor García León Fotografía Eva Díaz Música Camila Rodríguez Intérpretes Marian Álvarez, Israel Elejalde, Juan Diego Botto, Natalia Reyes, Pilar Castro, Suso Nanclares, Bea Segura, Elena Sanz Estreno en el Festival de Málaga 6 marzo 2026; en salas 27 marzo 2026
Pantalla Sonora
Un cajón de sastre en la red dedicado al cine y la música... fundamentalmente
miércoles, 1 de abril de 2026
ALTAS CAPACIDADES Un incómodo espejo
Dirección Víctor García León Guion Borja Cobeaga y Víctor García León Fotografía Eva Díaz Música Camila Rodríguez Intérpretes Marian Álvarez, Israel Elejalde, Juan Diego Botto, Natalia Reyes, Pilar Castro, Suso Nanclares, Bea Segura, Elena Sanz Estreno en el Festival de Málaga 6 marzo 2026; en salas 27 marzo 2026
martes, 31 de marzo de 2026
PROYECTO SALVACIÓN Una misión muy convencional
USA 2026 156 min.
Dirección Phil Lord y Christopher Miller Guion Drew Goddard, según la novela de Andy Weir Fotografía Greig Fraser Música Daniel Pemberton Intérpretes Ryan Gosling, Sandra Hüller, Lionel Boyce, Len Leung, Milana Vayntrub, James Ortiz Estreno en Estados Unidos 20 marzo 2026; en España 27 marzo 2026
lunes, 30 de marzo de 2026
LA GRAN PASIÓN DE ARCANGELO
Así,
como La Gran Pasión, se conocía este oratorio inmortal en el siglo
diecinueve. Y así lo corroboró esta hermosísima
versión que ha servido este año para cerrar con broche de oro el Festival
de Música Antigua de Sevilla. Una espléndida mañana primaveral de Domingo de
Ramos y un Maestranza casi lleno hicieron justicia a uno de los más hermosos oratorios jamás disfrutados en nuestra ciudad.

Rosen, Jonathan Cohen y Nick Pritchard
Dispuestos
como está marcado, en formación de dos
orquestas y dos coros organizados simétricamente, dialogando unos con
otros, y con el clave de Cohen y el órgano de Tom Foster ejerciendo de bisagra,
el coro de obertura, con su particular
lamentación desplazándose de un lado al otro, ya captó por entero nuestra
atención y nos preparó para toda la emoción y la admiración que iba a ir
apoderándose de todos y todas. A partir de ahí, pura magia, puro drama y mucho, como nunca, sentimiento.
Cohen
fue capaz de dosificar el numeroso conjunto convocado de manera que cada frase y cada matiz quedaran perfectamente
expuestos, sin enmarañamiento y sin marcar en exceso los acentos y las
tensiones. Fue quizás el toque británico,
que no permite acrobacias innecesarias y se regocija en la mera partitura, el
que procuró que el sonido fuera lo más
elegante y hermoso posible, pero sin amaneramientos ni florituras
innecesarias, aún echando mano de ritmos y texturas lo más próximos posibles al
uso de instrumentos y técnicas
históricamente informadas.
Solistas
excepcionales
Entre
los personajes bíblicos, destacaron las voces graves y rotundas de Hugo Herman-Wilson como Judas y Patrick Keefe como Pilatos. Las arias fueron perfectamente entonadas
por la soprano Carolyn Sampson, de
voz algo pequeña pero ideal para cantar con tanto gusto y elegancia Ich will dir mein Herze schneken (Quiero
entregarte mi corazón), el veterano bajo alemán Thomas E. Bauer, decididamente tremolante pero henchido de ternura
en Mache dich (Purifícate), y el
tenor británico Hugo Hymas, seguramente
el timbre más bello de cuantos
comparecieron, e igualmente con un fraseo exquisito y una sobrada proyección.
Mención
especial merece también el magnífico
trabajo de las maderas y la cuerda grave, potenciando la ternura
generalizada unas y la fuerza y cuerpo los otros. Con estos ingredientes, una estética asentada en la sinceridad, la
ternura y el sentimiento más profundo y natural, no es de extrañar que gran
parte del público saliera extasiado de tan sensacional acontecimiento, sobre
todo después de ser testigos de un número final, Wir setzen uns mit Tränen nieder (Llorando nos postramos), en el
que volvió a ponerse de manifiesto la gran
compenetración de todos y cada una de las integrantes del coro, y ese aire
de Gran
Pasión que destiló toda la función.
Artículo publicado en El Correo de Andalucía
domingo, 29 de marzo de 2026
ORQUESTRA DEL MIRACLE O CUANDO SER NOVEL NO ESTÁ REÑIDO CON LA EXCELENCIA
En su declaración de principios,
Orquestra del Miracle pone de relieve la importancia
de la música de la época que se hacía en nuestro país, y situarlo en su
contexto a través de una comparativa con lo que sonaba en el resto
de Europa. Justamente ésta fue su propuesta en esta ocasión, tomar un motete
escrito para la Pentecostés en su versión instrumental, sustituyendo la voz humana
por la de la flauta, y demostrar la influencia
en su gramática y lenguaje de los grandes maestros del momento, Bach,
Haendel y Telemann.
La verdad es que la operación puso en evidencia la simpleza de la pieza de Francisco Valls frente a la creatividad
y magnificencia de las obras seleccionadas de los grandes compositores
convocados. No obstante, en el
idiomático órgano de de la Rubia y la cálida flauta de Marit Darlang, la
obra cobró cierta gracia e indiscutible amabilidad. Nada que ver, sin embargo,
con la majestuosidad del arranque de manos de Haendel y su obertura para la
ópera Rodelinda, que el conjunto marcó con una fuerza
arrolladora y una precisión matemática.
Tres grandes del Settecento
Más
compleja es la singular obertura de Il
pastor fido, con nada más y nada
menos que cinco movimientos, de los que destacamos el dulce largo y el melancólico adagio, ambos defendidos por Kathryn Elkin con fraseo flexible y legato fluido al oboe. Sensacionales
sonaron las tres sinfonías extraídas de
sendas cantatas de Bach, dos de ellas más conocidas por sus transcripciones
para clave. De la Rubia desplegó todo su virtuosismo, precisión y vigorosa
articulación al órgano en la BWV 35, así como su elegante fraseo, junto al oboe
de Elkin, en la BWV 156, más popular
como largo del Concierto para clave
BWV 1056. Pero fue fundamentalmente en la Sinfonía de la BWV 146 donde
exhibió su generosa habilidad y
fulgurante digitación, dejándonos literalmente boquiabiertos.
Con
una selección de la Música acuática
de Telemann – inexplicablemente se dejaron fuera dos de sus diez movimientos –
se dio por terminado oficialmente el concierto. A la majestuosidad y el vigor de la larga obertura, así como al
carácter pastoril de la zarabanda,
siguieron momentos de gran compenetración, como el bourrée, y de simpática candidez, el loure, pero sobre todo un tempestad de fascinante resolución con la inestimable
intervención del concertino, Vadym Makarenko, a quien hace precisamente
tres años pudimos disfrutar junto a Amandine Beyer y Gli Incogniti en este
mismo Espacio Turina.
Tras
esta suite que terminó a zapatazos con el alegre y cantarín canario final, tocaron como propina un allegro de Antonio Soler, de idéntica arquitectura virtuosa y graciosa
resolución, muy relacionado con el Monasterio de Montserrat al que está
adscrito el Santuario del Miracle donde se formó esta prometedora orquesta
barroca.
Artículo publicado en El Correo de Andalucía
sábado, 28 de marzo de 2026
EL JAZZ PURO SE CUELA EN LA ROSS DE LA MANO DE WAYNE MARSHALL
Sinfónico 9: Rapsodia americana. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Wayne Marshall, piano. Lucas Macías, dirección. Programa: Ceci n’est pas une valse, de Raquel García-Tomás; The Unanswered Question S.50, de Ives; Suite for Variety Stage Orchestra nº 1, de Shostakóvich; Obertura de Candide, de Bernstein; Rhapsody in Blue, de Gershwin. Teatro de la Maestranza, viernes 27 de marzo de 2026
Más de un mes ha tenido que pasar para reencontrarnos con la programación de abono de la Sinfónica, y ha sido de la mano de uno de los programas más atractivos y distendidos de la temporada, dedicado fundamentalmente a la música importada de Estados Unidos, ya sea para deconstruir un vals de aires misteriosos al más puro estilo cinematográfico, recrear desde la Unión Soviética sonidos vodevilescos con aires de show business, o rendir pleitesía a tres grandes nombres de la música estadounidense. La joven Raquel García-Tomás y el legendario Shostakóvich dialogaron así con Ives, Bernstein y Gershwin, mientras Wayne Marshall fue la estrella indiscutible al final de la función.
De un misterio existencial
La obra de la catalana Raquel García
Tomás, galardonada en 2020 con el Premio Nacional de Música en la modalidad
de composición, parte del impresionismo
francés, perceptible incluso en el título, Ceci n’est pas une valse (Esto no es un vals), para continuar
siguiendo cánones de la música
cinematográfica que tanto ha influido en las nuevas generaciones de
compositores y compositoras. Arranca de forma estrepitosa para después ir
paulatinamente enganchando al oyente con su acumulación de capas instrumentales y esos elegantes destellos de vals
que se van colando en un intenso universo, al que la ROSS respondió con todo el
ahínco y la pasión que fue capaz de contagiarle un entusiasta Lucas Macías a la dirección.
Siguiendo una estética parecida, volvimos a enfrentarnos a esa pregunta sin respuesta que plantea la obra más recurrente de Charles Ives,
por tercera vez en una década, tras interpretarla la Sinfónica Conjunta y la
ROSS en ocasiones igualmente memorables. La novedad residió en colocar esta vez
la trompeta solista y las maderas en las
zonas más altas del teatro, enfrentadas, provocando así un aire cósmico y
envolvente que traduce muy bien esa desazón
por la propia existencia que plantea la breve pero intensa página, y que
tanta relación guarda con algunas de las piezas sinfónicas más celebradas de un
autor al que apenas prestamos atención más que para programar ésta.
A la celebración lúdica
Ha sido un verdadero placer escuchar en los atriles de la ROSS la que
siempre conoceremos como Jazz Suite nº 2
de Shostakovich, también conocida
como Suite para orquesta de baile, y
rebautizada como Suite para orquesta de
variedades. Al margen del celebérrimo Vals
nº 2 que tan popular se hizo de la mano de Kubrick en su última película, Eyes Wide Shut, y rápidamente se
convirtió en un imprescindible en bodas, la suite, integrada por piezas concebidas por su autor para
diversos cometidos de carácter lúdico, respira aires de distinta índole.
Macías la dirigió con todos los posibles efectivos a su alcance, restándole así parte
de ese aspecto circense y vodevilesco para concederle un aspecto más majestuoso, brillante y decididamente espectacular.
Esto no fue óbice para que el conjunto sonara eficiente, impecable desde un
punto de vista estrictamente técnico, con solos
excelentes de saxofón y una cuadrilla del instrumento en perfecto estilo swing,
y aportaciones igualmente notables del acordeón, uno de los instrumentos
añadidos a tan generosa plantilla. Un trabajo muy colorido, que quizás restó algo de ironía al conjunto,
a favor de una espectacularidad enorme y una fuerza decibélica impresionante.
Ya en la segunda parte, no fue quizás la obertura de la ópera u opereta,
según cada uno y una la considere, Candide
de Leonard Bernstein, la pieza más
redonda a nivel de interpretación. De nuevo muy recargada de efectivos, rígida en las transiciones y atropellada en
algunos pasajes, Macías tendría que haber trabajado más las aristas
sofisticadas y elegantes de la pieza para que no acabara pareciendo una recreación simplemente obligada y circunstancial.
Volvió a hacerlo, para deleite de
muchos y muchas aficionadas, y posiblemente irritación de otros, tras el blues y casi al final a modo de coda, exhibiendo todo su potencial al piano,
su fabulosa creatividad y un dominio del lenguaje puramente jazzístico a mayor
satisfacción de los más exigentes eruditos en la materia. John Axelrod ya extrajo
todo el potencial jazzístico de una
convenientemente versátil ROSS en aquel ya lejano Harlem de Duke Ellington, lo que de nuevo quedó demostrado en esta versión algo abigarrada pero en perfecto
estilo de la archiconocida pieza de un Gershwin que atesora otras piezas de
concierto dignas de programarse, aunque su grueso sean musicales y canciones
sueltas. Lady Be Good, del musical
homónimo, sirvió como propina para que Marshall la
sometiera a coloristas figuraciones de una apabullante creatividad.
Artículo publicado en El Correo de Andalucía
viernes, 27 de marzo de 2026
ESPECTACULAR AUNQUE SATURADO ZIMMER EN ROIG ARENA
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| En la despedida, podemos distinguir en las pantallas superiores a Zimmer, Lebo M y Lisa Gerrad |
Hans Zimmer vuelve a estar de gira por Europa, y después de visitar varios países del norte y centro del continente, le ha tocado el turno a la Península Ibérica. Anoche estuvo en Valencia y ahora viajará a Barcelona, Madrid y Lisboa. Las entradas para el concierto de Valencia se pusieron a la venta hace casi dos años, antes incluso de que el Roig Arena, el palacio de deportes donde se celebró, estuviera acabado. Y se agotaron casi en el acto, aunque luego han ido apareciendo vacantes de forma progresiva.
Así sucedió nada más empezar, con un Caballero oscuro en modo tecnodance en el que resultó imposible distinguir melodía alguna, y donde ya atisbamos algo que sería tónica general, que la imprescindible amplificación ahogaba los sonidos. Así, por muchos y muchas músicos que hubiera sobre el escenario, todos y todas parecían hacer un paripé mientras lo que escuchábamos parecía ser una grabación. Naturalmente, confiamos en que no fuera así. Hay talento en el multitudinario ensemble manejado por un feliz y ya septuagenario compositor, si bien echamos en falta la participación de orquesta sinfónica, como así aparece en el disco de la primera etapa de esta gira.
Naturalmente, en concierto Zimmer sólo interpreta su partitura original, con el único préstamo de ese Círculo de la vida que reaparece en modo coral y apoteósico al final de la película. Treinta años después, la voz de Lebo M suena igual de bien, con toda su fuerza y majestuosidad. Una puesta en escena colorista y un equipo entregado, especialmente la también cantante Refi y el danzante y disciplinado coro, hicieron las delicias de un público respetuoso y embelesado.
Junto a Lebo M, otra leyenda de la escuela Zimmer, Lisa Gerrard, hizo también su aportación, demostrando igualmente que mantiene su voz en perfectas condiciones, para entonar naturalmente algunos de los pasajes de Gladiator, sobre todo ese Now We Are Free tan emblemático y cargado de significación. También la voz de Loire Cotler hizo su aparición para arrancar Dune y reaparecer a lo largo de la función en otros temas de la oscarizada película y su secuela, recreando sus propias aportaciones a la grabación original de la partitura. Cabe destacar también el elegíaco solo de violonchelo de Hannibal, y el trabajo coral desplegado en El Código Da Vinci y su secuela, Ángeles y demonios, además del ritmo frenético con el que el equipo atacó F1, otro delirio rock psicodélico que nos dejó boquiabiertos. Sin olvidar el bloque final dedicado, en el apartado de propinas, a Piratas del Caribe, incluida una versión tecnodance de The Kraken y la puntilla final con el tema principal de la saga, compuesto en realidad por uno de los discípulos de Zimmer, Klaus Badelt. Para terminar definitivamente, tras casi tres horas de concierto, con los hipnóticos créditos finales de Origen.
Estreno en salas de YO CREO EN TÍ
Reseña de la película, estrenada en el pasado Festival de Cine Europeo de Sevilla, donde logró el Giraldillo de Oro y los premios a mejor actriz y mejor guion













