martes, 3 de noviembre de 2026

MÚSICA PARA EL DESCANSO ETERNO

Gran Selección. Gwendoline Blondeel, soprano. Marie Henriette Reinhold, mezzosoprano. Raffaele Giordani, tenor. Sebastian Myrus, bajo. Vox Luminis XL. Camerata Salzburg. Lionel Meunier y Gregory Ahss, directores artísticos. Programa: Misa en re menor “Misa in Angustiis” Hob. XXII:11, de Haydn; Misa de Réquiem en re menor K. 626, de Mozart. Teatro de la Maestranza, lunes 2 de noviembre de 2026


Si ya era apropiado programar el Día de Difuntos el Réquiem de Mozart, más lo fue ajustándose a los trágicos y luctuosos acontecimientos vividos estos últimos días que tanto nos han conmocionado. Para ello, el ciclo Gran Selección abrió esta temporada con un conjunto que no recordamos haber recalado en nuestra tierra, la Camerata Salzburg, acompañada por un coro que, afortunadamente, sí que nos ha visitado con cierta asiduidad en los últimos tiempos, Vox Luminis XL.

Siempre junto a la prestigiosa Barroca de Friburgo, el conjunto vocal liderado por el bajo Lionel Meunier ha interpretado en el Maestranza las dos grandes pasiones de Bach, además de otras obras de índole más marginal en el Espacio Turina. La discutible disposición en doble coro, con las voces agudas enfrentadas a las graves, se hizo aun más incómoda según la posición en la que nos encontráramos. Al no tratarse de obras escritas para dos coros, si como nosotros nos situábamos a un extremo del escenario, la percepción quedó especialmente alterada, malogrando el disfrute general de la propuesta.

Una Misa Nelson adecuadamente pomposa

Otra de las discutibles decisiones de la noche fue prescindir de un director en sentido estricto, de forma que fue el concertino, Gregory Ahss, también director artístico del evento, quien de forma puntual se dedicó a estos menesteres. Algo inexplicable dado el volumen que alcanzan tanto esta primera pieza programada, la Misa in Angustiis de Haydn, también conocida como Misa Nelson, como en el popular Réquiem de Mozart, seguramente responsable de que el teatro luciera un lleno tan saludable y absoluto.


Volumen acústico y artístico, pues ambas piezas convocan un numeroso equipo de voces e instrumentos, con los que encontrar el equilibrio justo se convierte en tarea más difícil si no hay una batuta que lo dosifique. Aún así, la calidad y la profesionalidad de todos y todas las intervinientes, logró un trabajo encomiable, majestuoso y pomposo de principio a fin, sobre todo con la obra de Haydn que tanto lo demanda.

Ya desde el Kyrie inicial se atisbó esta tendencia, con el apoyo de unos metales poderosos y una precisa sección de madera, integrada en la partitura con posterioridad al propio Haydn, que había prescindido de ellas y sustituido por el órgano, ausente en esta ocasión, lo que adulteró la intención sonora inicial del compositor. El trabajo global fue, aún así, disciplinado y refulgente, pero la colocación atrás de los solistas, entre los dos coros, restó eficiencia al resultado.

Sólo la soprano belga Gwendoline Blondeel se situó en un par de ocasiones al frente, sobre un podio, destacando por su voz luminosa y una técnica excepcional, emocionalmente conmovedora. Así fue en los jubilosos Gloria y Quoniam tu solus Sanctus, y el más etéreo y refinado Et incarnatus est. También el bajo barítono Sebastian Myrus tuvo ocasión de subirse al podio y regalarnos un perfectamente entonado y un punto conmovedor Qui tollis peccata mundi. El coro, quizás por esa disposición que hizo que apreciáramos en nuestro caso más las voces agudas, sonó algo histrión, estridente, aunque en general su trabajo, omnipresente, resultó encomiable.

Un Réquiem impecable

Siempre se acierta cuando se programa el Réquiem de Mozart, asegurando llenos como el de anoche, ya sea por circunstancias absolutamente musicales o de otra índole, incluso frívola. El que nos brindaron los conjuntos convocados fue impecable, en el mejor y el peor sentido del término, por cuanto todo estaba en su sitio y todo sonó bien, pulcro y disciplinado, pero falto de verdadero aliento, de ese algo que hiciera la interpretación única y especial.

La orquesta sonó suntuosa, incluidos unos trombones primitivos, de época, tan difíciles y aún así precisos y contundentes, sin nota alguna fuera de lugar. También el coro actuó con solvencia, incluso reduciendo ese particular defecto que apreciamos en la pieza de Haydn. Nada que reprochar tampoco a los y las solistas, de nuevo destacando la voz preciosa y aterciopelada de Blondeel, esta vez deleitándonos junto a la mezzo alemana Marie Henriette Reinhold con el imprescindible Benedictus, una de las geniales aportaciones de Süssmayr para completar la obra mozartiana. También el tenor Raffaele Giordani y el barítono se acoplaron con fluidez y sentido de la compenetración en ésta y otras de las delicadas piezas de la misa.

El coro sonó con rabia y vehemencia en el Confutatis, con contundencia y majestuosidad en el Kyrie, y adecuado sentido piadoso en un Lacrimosa algo acelerado. Pero de nuevo atisbamos ese inconveniente de la disposición, afectando a los juegos dinámicos que se esperan de las voces, y dejando inapropiadamente atrás a los solistas, que afortunadamente ofrecieron un volumen y una proyección suficientes para no desmerecer del conjunto. El también inmensamente popular Ave verum corpus de Mozart sirvió como propina, cantado quizás con un carácter demasiado apagado, casi mortecino, dentro de un concierto impecable en lo técnico, pero un poco decepcionante en el ámbito estrictamente emocional.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 2 de noviembre de 2026

HOPE Mastodóntica aventura con monstruos

Título original: Hopeu
Corea del Sur 2026 160 min.
Guion y dirección
Na Hong-jin Fotografía Hong Kyung-pyo Música Michael Abels Intérpretes Hwang Jung-min, Jo In-sung, Hoyeon, Taylor Russell, Michael Fassbender, Alicia Vikander, Cameron Britton, Eum Moon-suk, Lee Sang-hee, Im Hyun Shik Estreno en el Festival de Cannes 17 mayo 2026; en Corea del Sur 15 julio 2026; en España 30 octubre 2026

La gran sensación del momento en cine de fantasía y acción, proviene de Corea del Sur, país con cierta tradición en el género y los medios suficientes para llevarlo a cabo con acierto y dignidad, lo que en este caso ha derivado incluso en competir en Cannes por la Palma de Oro, algo inusual en este tipo de cintas. Su desconocido entre nosotros autor propone una adrenalítica aventura de supervivencia en un pequeño pueblo, el Hope del título, al ser atacado por unos seres descomunales, capaces de arrollar con todo lo que se les pone por delante. Hay una justificación para tal comportamiento de destrucción, sin embargo son muchos los detalles que se escatiman al público, lo que no resta efectividad al conjunto y, sin embargo, abre la posibilidad a nuevas entregas que nos aclaren algunas de las cuestiones que quedan en el aire, así como una resolución más clara y contundente de la trama.

Mucho se ha alabado que, a pesar de su larga duración, la película resulte entretenida y sus más de dos horas y media pasen rápidas. Sin embargo, somos de la opinión de que dicha duración no pasa desapercibida, alternando sus increíbles y mastodónticas secuencias de acción, con otras de clara vocación aliviadora que no hacen sino dilatar un argumento más bien simple y sin demasiados giros que hagan progresar más la escueta propuesta. Cabe, no obstante, rendirse ante la magnificencia de su puesta en escena, con una extraordinaria dirección artística destinada a describir el paisaje devastado y caótico en el que se desarrolla la acción, y su frenético ritmo y montaje, deslizado en un puñado de memorables secuencias aderezadas con la muy oportuna banda sonora de Michael Abels.

Estar ambientada en cierto momento entre finales de los setenta y principios de los ochenta del siglo pasado, entronca con un género y una preocupación por lo desconocido e inexplicable muy de moda entonces, con títulos como Encuentros en la tercera fase como pistoletazo de salida. No falta, por supuesto, el habitual e inteligente sentido del humor de este tipo de producciones asiáticas, y un puñado de excéntricos personajes a los que hay que añadir la aportación occidental, presta a ser identificada no sin cierta dificultad. Sus espectaculares efectos visuales dan, sin embargo, la sensación de poder mejorarse. Su combinación de predators y avatares está más lograda y perfeccionada hoy en el cine de Hollywood, donde por el contrario escasea la imaginación y la fantasía de la que esta película sí puede hacer gala, siempre con ese referente del cine de monstruos que el cine japonés y asiático en general ha cultivado con tanto éxito y acierto.

LEVITICUS Exorcistas del amor

Australia 2026 86 min.
Guion y dirección
Adrian Chiarella Fotografía Tyson Perkins Música Jed Kurzel Intérpretes Joe Bird, Stacy Clausen, Mia Wasikowska, Jeremy Blewitt, Ewen Leslie, Davida McKenzie, Nicholas Hope Estreno en Australia 18 junio 2026; en España 30 octubre 2026

El tercer libro del Antiguo Testamento describe cómo vivir en la pureza, apartado del pecado, y sirve al debutante Adrian Chiarella, con sólo algún cortometraje y un par de trabajos para la televisión en su currículo, para bautizar esta acertada mezcla de géneros, entre los que sobresale el terror. El deseo y el amor homosexual son reprimidos en esta dura película, dentro de una comunidad férreamente confiada a la religión, a través de un ritual que nos traslada a las crueles e inhumanas terapias católicas para curar la así considerada perversa desviación sexual. 
Los exorcismos sirven al director y guionista para generar una pesadilla de irrespirable atmósfera, sólo redimida por el amor y el romance puro y sincero, por encima de fanatismos y villanías propiciadas por la tan degenerada religión, sea cual sea.

El trabajo de sus dos jóvenes actores principales, y un muy medido sentido del ritmo y la narración, provocan el desasosiego preciso y la empatía con el drama sufrido por sus dos protagonistas, obligados a lidiar con un demonio que convierte el deseo en amenaza, y la resistencia en pulsión vital. Su muy original argumento combina romance adolescente con terror expiatorio, aplicado a un problema de índole social que por mucho que parezca superado, se encuentra siempre en esa cuerda floja que permite que en cualquier momento podamos dar pasos atrás.

Por lo demás, la cinta funciona sobradamente como experimento de terror cotidiano y coyuntural al que no faltan ni esos consabidos momentos sanguinolentos y sobrenaturales. Para ilustrar el espectáculo musicalmente, su director ha contado acertadamente con uno de los compositores más oscuros, malsanos e inquietantes del momento, Jed Kurzel, hermano del cineasta Justin Kurzel, propenso a la atmósfera atonal y el elocuente y contenido golpe de efecto. Obtuvo en Sitges el premio a la mejor dirección novel.

LA OVEJA SHAUN: MISIÓN CALABAZA Más magia y aventura en la granja

Título original: Shaun the Sheep: The Beast of Mossy Bottom
Reino Unido 2026 80 min.
Dirección
Steve Cox y Matthew Walker Guion Mark Burton y Giles Pilbrow Fotografía Charles Copping Música Natalie Holt Animación Estreno en Reino Unido 18 septiembre 2026; en España 30 octubre 2026


Da igual quien dirija cada nuevo título de Wallace y Gromit o La oveja Shaun, mantienen su espíritu original, socarrón y divertido, idéntico e intacto, tal es el grado de artesanía y responsabilidad corporativa que sus creadores van depositando en cada nueva entrega. Tras La oveja Shaun (2015) y Farmaguedón (2019), este tercer largometraje protagonizado por el inquieto e ingenioso animal resulta tan ameno, acertado y entretenido como el resto de la filmografía de la factoría Aardman.

En esta ocasión, el espíritu de Halloween se adueña de la función, por lo que el estreno en España resulta más apropiado que en otros países, donde llegó a las pantallas en septiembre pasado. Calabazas y monstruos generados por medio de la ciencia, se convierten en reclamo argumental de una película en la que volvemos a disfrutar de valores como el trabajo en equipo, la confianza, el respeto por el medio ambiente y los buenos modales, sin duda motivos de sobra para hacer de éste un entretenimiento familiar de primer orden.

Si además viene servido con un sentido del ritmo y la dramaturgia impecable y un sensacional acabado técnico, siempre a través del complejo y artesanal stop motion, el resultado no puede ser más recomendable. Todo ello, además, sin pronunciarse una sola palabra, y con el muy brillante y adecuado mickeymousing compuesto por Natalie Holt para la ocasión. 

viernes, 30 de octubre de 2026

BOGDAN DUGALIC EN MODO LIBRE

Ciclo Sinfónico 2 de la temporada 26/27 de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Bogdan Dugalić, piano. Jaume Santonja, dirección. Programa: Suite de Pulcinella, de Stravinski; Concierto para piano y orquesta nº 21 en Do mayor K. 467, de Mozart; Estructura I “…eros sur le bleu”, de David Moliner; Sinfonietta para orquesta, de Poulenc. Teatro de la Maestranza, jueves 29 de octubre de 2026


El de ayer fue un día triste, poco propicio para entregarse como corresponde a un programa tan amable y distendido como el que propone la ROSS también esta tarde. Aires clásicos y neoclásicos se confundieron con una obra de nueva creación, más inquietante y misteriosa que el resto, pero igualmente informado por ese jugueteo con el clasicismo que de alguna manera informó el programa.

A la dirección, este segundo concierto del ciclo sinfónico de la recién estrenada temporada de la Sinfónica de Sevilla, se contó con otro de los nuevos directores españoles que cuentan ya con una importante carrera y reconocimiento internacional, Jaume Santonja. Mientras como solista pudimos admirar a la vez que desconcertarnos con las formas atrevidas del joven serbio Bogdan Dugalić.

La improvisación como seña de identidad

En cierto modo, el concierto giró en torno al Concierto para piano nº 21 de Mozart, obra popular donde las haya, especialmente por su amadísimo andante central, una de esas piezas que siempre arranca algún comentario tipo ¡qué bonito! entre el público. Que Dugalić seleccionara para la propina una versión de la Marcha turca del compositor austriaco, en modo absolutamente libre e improvisado, y en clave jazzística, da idea de cómo abordó la pieza concertante programada, salpicándola de notas y acordes de propio cuño, pretendiendo quizás así aportar una voz nueva e identificativa a su interpretación.


Es muy joven y todavía tiene tiempo para encontrar esa voz propia, que no se logra con exceso de ornamentación y virtuosismo a raudales, sino que exige un sonido tan propio y particular que sólo escucharlo nos permita identificarlo. Santonja arrancó seguro, un poco acelerado, acoplándose casi de inmediato el solista, aunque aún no le correspondiese hacerlo. Entre ambos lograron ese equilibrio global en la forma y la esencia que demanda la pieza, dotando de solemnidad la marcha inicial, con un pianista luminoso y episodios contrapuntísticos llenos de modulaciones y color.

Muy afectado, como queriendo también dejar una impronta particular, nos pareció el arranque del famoso y ensoñador andante, al que Dugalić supo insuflar de poesía y romanticismo. El allegro final sonó vivaz, muy animado, con orquesta y solista que parecían perseguirse, y unas divertidas intervenciones de flauta, fagot y oboe que completaron la muy atrevida aportación de creatividad del joven y aclamado pianista.

Buenos referentes del neoclasicismo

El concierto empezó antes, con la Suite de Pulcinella de Stravinski, interpretada por la ROSS hace casi cinco años, mientras el ballet completo lo hizo hace catorce. Santonja se mostró mortecino en una página que exige más viveza y un trabajo más contundente del color. Esta ingeniosa visión del ritmo y la orquestación del S. XVII pasada por el filtro del XX, quedó así algo desdibujada, falta de aliento y contundencia. Echamos de menos más humor e ironía, mayor energía en la sinfonía y más sensualidad en la serenata, a pesar de las buenas prestaciones del oboe. Pero a partir de la tarantela asomó algo más de brillantez y ánimo, que fue en progresión con una gavota noble y graciosa, un minueto adecuadamente pomposo y un finale muy animado.


La pieza del compositor y percusionista castellonés David Moliner, Estructura I, resulta tan misteriosa como contemplativa, salpicada de momentos de euforia cuya tendencia al caos fue controlada y moldeada por Santonja con saludable habilidad. El autor, formado entre otras instituciones con la Fundación Barenboim-Said en Berlín, ha compuesto hasta cuatro estructuras desde 2016 a 2023.

Para finalizar, la orquesta interpretó una pieza poco programada y divulgada, la Sinfonietta de Poulenc, enmarcada igualmente en esos aires en cierto modo regresivos de primera mitad del siglo XX, que encontraron en el clasicismo la pureza de ideas y estéticas que buscaban. Se trata de la única obra sinfónica del autor de Diálogo de carmelitas, que comparte con Haydn su claridad y equilibrio formal, aunque echa mano de formas y fluidos propios del siglo XX, con líneas serenas y efusiones muy cercanas a la estética cinematográfica. Santonja supo exprimir estas premisas, logrando extraer elegancia y espectacularidad de la amable y distendida, así como expansiva pieza.

Fotos: Luis Prieto Fernández
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 29 de octubre de 2026

ARRIBA TUTTO Buenas intenciones con olor a rancio

España-Italia 2026 102 min.
Dirección
José Mota Guion José Mota, Fernando Erre, Marta González de Vega y Claro García Fotografía Kiko de la Rica Música Alicia Morote Intérpretes José Mota, Karra Elejalde, Pablo Cabello, Olivia Molina, Diego Anido, Mila Borrás, Luciano Scarpa, Eugenio Barona, Aimar Vega, Rubén Faura Estreno en el Festival de San Sebastián 22 septiembre 2026; en salas 22 octubre 2022

Aunque más conocido por su faceta de humorista televisivo, José Mota no sólo ha coqueteado con el cine, ya desde sus comienzos con Cruz y Raya, sino que ha participado en un sinfín de películas, llegando incluso a protagonizar algunas de ellas. La chispa de la vida de Álex de la Iglesia y Abracadabra de Pablo Berger se cuentan entre sus trabajos más reconocidos. Ahora da el salto a la dirección, llevando a la pantalla un guion escrito por él junto a otros, como la habitual colaboradora de las comedias blancas de Santiago Segura, Marta González de Vega, que se reserva un pequeño papel en la cinta. No puede evitar dejarse llevar por la emoción y el sentimiento, mezclando en su ópera prima cuestiones que nos reportan a películas como La vida es bella o Cinema Paradiso, no en vano se trata de una coproducción con Italia.

Su bienintencionada película echa mano de algunas buenas ideas, como el encuentro entre el hombre y el niño que fue, que le da cierto aire fantástico, o el uso de ese italiano inventado que da, entre otras cosas, pie al momento más divertido de la cinta. Pero por el camino, Mota se muestra excesivamente sensiblero, diríamos hasta ñoño, y no encuentra el equilibrio justo entre drama y comedia que parece exigir su empresa, lo que se traslada también a una definición muy poco estimulante de su propio personaje, con el que resulta difícil empatizar y cuyos giros emocionales resultan faltos de sinceridad y naturalidad.

Así, gran parte de la película resulta demasiado impostada, mientras el conjunto expide un tufillo a rancio que no le beneficia nada. Las buenas intenciones están ahí, pero no funcionan. Combatir el fascismo y la guerra, que hoy está tan de actualidad y tanto nos preocupa, no se consigue con el humor si no se tiene el talento y el genio suficientes de un Wilder, un Lubitsch, un Chaplin o incluso un Saura, que no fue muy propicio para la comedia y sin embargo convenció con ¡Ay, Carmela!. Una fotografía preciosista, una puesta en escena esmerada y una música engolada y enfática no consiguen remontar un resultado que se queda muy lejos de sus intenciones, por buenas que éstas sean.

martes, 27 de octubre de 2026

WILDWOOD: EL BOSQUE SALVAJE Prodigio estético de inapropiado contenido

Título original: Wildwood
USA-Reino Unido-Canadá 2026 132 min.
Dirección
Travis Knight Guion Chris Butler, según la novela de Colin Meloy y Carson Ellis Fotografía Caleb Deschanel (animación) Música Dario Marianelli Voces (en versión original) Peyton Elizabeth Lee, Jacob Tremblay, Carey Mulligan, Mahershala Ali, Awkwafina, Angela Bassett, Richard E. Grant, Tom Waits, Len Cariou, Jake Johnson, Charlie Day Estreno en España, Reino Unido y Estados Unidos 23 octubre 2026


Celebrada ya como la gran película de animación del año, Wildwood es desde luego un prodigio técnico que no deja indiferente y sorprende con cada plano minuciosamente concebido. Pero también es un cuento que recupera el estilo y la temática de los antiguos cuentos infantiles, repletos de personajes malignos, mucha violencia y aspectos que hoy consideramos completamente inapropiados para los y las más jóvenes. Basada en una serie de libros concebidos por el matrimonio formado por el cantante y escritor Colin Meloy y la ilustradora Carson Ellis, cuenta entre sus personajes con la ya antipática hasta la náusea bruja cruel, en este caso una suerte de reina despechada por haber perdido a su hijo, que busca en el de otros la forma de recuperar el suyo.

A partir de ahí, una joven atraviesa el bosque que siempre ha sabido estaba maldito y prohibido, y surgen personajes de todo tipo, sobre todo de carácter fabulador, animales a veces hipertrofiados que hablan y se comportan como humanos. Como se puede observar, nada nuevo en el horizonte, empeorado por el hecho de que su tercio final contiene algunas de las secuencias más violentas jamás vistas en una película animada, que aunque se venda como producto para adultos, no impedirá que muchos padres y madres acudan a verla con sus hijos e hijas.

Por supuesto que desde el punto de vista técnico y artesanal, la película es sensacional. La minuciosa técnica del stop motion sirve en esta ocasión para mostrar asombrosas texturas de muñecos de plástico, mientras otras técnicas de animación contribuyen al perfecto acabado de ambientes y atmósferas. El responsable de ponerlo todo en orden es Travis Knight, que hace unos años ya convenció a muchos con Kubo y las dos cuerdas mágicas, y este mismo año se enfrentó con éxito y humor a He-Man y los Masters del universo. Detrás de todo está la productora Laika Entertainment, responsable, entre otras, de la también celebrada Los mundos de Coraline, que tenía intenciones y objetivos mucho más apropiados. El grupo del propio Colin Meloy, The Decemberists, se encarga de acompañar los hermosos títulos de crédito finales.