Siempre junto a la prestigiosa Barroca de Friburgo, el conjunto vocal liderado por el bajo Lionel Meunier ha
interpretado en el Maestranza las dos grandes pasiones de Bach, además de otras
obras de índole más marginal en el Espacio Turina. La discutible disposición en doble coro, con las voces agudas
enfrentadas a las graves, se hizo aun más incómoda según la posición en la que
nos encontráramos. Al no tratarse de obras escritas para dos coros, si como
nosotros nos situábamos a un extremo del escenario, la percepción quedó especialmente alterada, malogrando el
disfrute general de la propuesta.
Una Misa Nelson adecuadamente pomposa
Otra de las discutibles decisiones de la noche fue prescindir de un director en sentido estricto, de forma que fue el
concertino, Gregory Ahss, también
director artístico del evento, quien de forma puntual se dedicó a estos
menesteres. Algo inexplicable dado el
volumen que alcanzan tanto esta primera pieza programada, la Misa in Angustiis de Haydn, también
conocida como Misa Nelson, como en el
popular Réquiem de Mozart,
seguramente responsable de que el teatro luciera un lleno tan saludable y absoluto.
Ya desde el Kyrie inicial se atisbó
esta tendencia, con el apoyo de unos metales
poderosos y una precisa sección de madera, integrada en la partitura con
posterioridad al propio Haydn, que había prescindido de ellas y sustituido por
el órgano, ausente en esta ocasión, lo que adulteró
la intención sonora inicial del compositor. El trabajo global fue, aún así,
disciplinado y refulgente, pero la colocación atrás de los solistas, entre los
dos coros, restó eficiencia al resultado.
Sólo la soprano belga Gwendoline
Blondeel se situó en un par de ocasiones al frente, sobre un podio,
destacando por su voz luminosa y una
técnica excepcional, emocionalmente conmovedora. Así fue en los jubilosos Gloria y Quoniam tu solus Sanctus, y el más etéreo y refinado Et incarnatus est. También el bajo
barítono Sebastian Myrus tuvo
ocasión de subirse al podio y regalarnos un perfectamente entonado y un punto conmovedor Qui tollis peccata mundi. El coro, quizás por esa disposición que
hizo que apreciáramos en nuestro caso más las voces agudas, sonó algo histrión, estridente, aunque en
general su trabajo, omnipresente, resultó encomiable.
Un Réquiem impecable
Siempre se acierta cuando se programa el Réquiem de Mozart, asegurando llenos como el de anoche, ya sea por
circunstancias absolutamente musicales o de otra índole, incluso frívola. El que nos brindaron los conjuntos
convocados fue impecable, en el mejor y el peor sentido del término, por
cuanto todo estaba en su sitio y todo sonó bien, pulcro y disciplinado, pero falto de verdadero aliento, de ese algo
que hiciera la interpretación única y especial.
La orquesta sonó suntuosa, incluidos unos trombones primitivos, de época, tan difíciles y aún así precisos y
contundentes, sin nota alguna fuera de lugar. También el coro actuó con
solvencia, incluso reduciendo ese particular defecto que apreciamos en la pieza
de Haydn. Nada que reprochar tampoco a
los y las solistas, de nuevo destacando la voz preciosa y aterciopelada de
Blondeel, esta vez deleitándonos junto a la mezzo alemana Marie Henriette Reinhold con el imprescindible Benedictus, una de las geniales aportaciones de Süssmayr para
completar la obra mozartiana. También el tenor Raffaele Giordani y el barítono se acoplaron con fluidez y sentido de la compenetración
en ésta y otras de las delicadas piezas de la misa.
El coro sonó con rabia y vehemencia en el Confutatis, con contundencia y majestuosidad en el Kyrie, y adecuado sentido piadoso en un Lacrimosa algo acelerado. Pero de nuevo
atisbamos ese inconveniente de la
disposición, afectando a los juegos dinámicos que se esperan de las voces,
y dejando inapropiadamente atrás a los solistas, que afortunadamente ofrecieron un volumen y una proyección
suficientes para no desmerecer del conjunto. El también inmensamente
popular Ave verum corpus de Mozart
sirvió como propina, cantado quizás con un carácter demasiado apagado, casi mortecino,
dentro de un concierto impecable en lo técnico, pero un poco decepcionante en el ámbito estrictamente emocional.
Artículo publicado en El Correo de Andalucía







