Il Barbiere di Siviglia. Ópera cómica con música de Giovanni Paisiello. Libreto de Giuseppe Petrosellini, basado en “Le Barbier de Séville” de Pierre Beaumarchais. Lucas Macías, dirección musical. Orquesta Ciudad de Granada. Con Aitana Sanz, Santiago Ballerini, Pablo Ruiz, Dario Solari, Pietro Spagnoli, Luis Raspaqueso y Andrés Merino. Coproducción de la Orquesta Ciudad de Granada y el Teatro de la Maestranza. Teatro de la Maestranza, domingo 10 de mayo de 2026
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Sanz, Solari, Ballerini, Macías, Ruiz, Spagnoli, Merino y Raspaqueso Foto: Luis Pascual Alcaide |
Liberadas de las a menudo caprichosas puestas en escena que tanto despistan y distraen de lo que verdaderamente importa, la música, estas versiones en concierto que de vez en cuando nos brindan los grandes coliseos, se convierten en pura delicia, especialmente si todo, lo estrictamente musical y lo puramente dramático, encaja tan a la perfección como lo hizo en esta excelente coproducción entre la Orquesta Ciudad de Granada y el Teatro de la Maestranza. Una colaboración posible quizás por la doble titularidad de Lucas Macías como director musical de la ROSS y artístico de la orquesta granadina, y que propició una doble función de este título del clasicismo, el pasado viernes en el Auditorio Manuel de Falla de la ciudad de la Alhambra y ayer en el teatro del Paseo Colón.
Hasta
la comedia fue más inteligible y fácil
de seguir despojada de esas puestas en escena aludidas, cuando son
caprichosas, desconcertantes y desacertadas. Nos gustaría pensar que el lleno
absoluto experimentado ayer tarde se debió al interés suscitado por esta versión alternativa de la comedia de
Beaumarchais puesta en música, y no a que muchos y muchas esperasen escuchar el
famoso Largo al factotum de Fígaro. El título de Paisiello triunfó durante años
desde su estreno en el Teatro Imperial de la Corte de San Petersburgo en 1782,
hasta que en 1816 lo eclipsara la celebrada ópera rossiniana.
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| Lucas Macías |
Su
interés rebasa sin embargo lo estrictamente coyuntural, entroncando mejor con Las bodas de Fígaro de Mozart, estrenada
sólo cuatro años después. No cabe duda, escuchando esta deliciosa partitura, de
lo mucho que debió influir en el genio
de Salzburgo. Como prueba, ese Scorsi
giá molti paesi de Fígaro que tanto debió influir en el catálogo de
conquistas de Don Giovanni que entona
Leporello. De hecho, Mozart compuso para El
barbero de Paisiello, un aria
alternativa de Rosina que parece nunca llegó a usarse.
Con
idéntico libreto de Giuseppe Petrosellini, que prácticamente adopta el original de Beaumarchais, se conocen otras
cinco óperas de diferentes autores, mientras el de Cesare Sterbini del que se
sirve Rossini, reaparece en otros dos, sin contar los innumerables títulos que
se basan directa o indirectamente en el popular personaje. Con estos
precedentes, el interés por disfrutar de esta ópera, poco divulgada y escasamente grabada, estaba servido. Los
resultados rebasaron las expectativas, y todo terminó siendo sensacional y
exquisito.
Comedia
y música perfectamente combinadas
La
excelencia de la propuesta se dejó entrever ya desde la obertura, que Macías dirigió con especial atención al
detalle y perfecto estilo clasicista, a lo que la orquesta se adaptó con un
sonido terso y contenido, sin estridencias ni formas aristadas, haciendo acopio
de una sutil musicalidad, pura elegancia,
sin asperezas y unas dinámicas suaves y elegantes. Una constante que se
mantuvo durante toda la representación, atendiendo con cuidado e inteligencia a
las necesidades de las voces, y dejando clara la magnífica preparación y oportuna veteranía de la orquesta. Por
cierto, todo un acierto que otra de las grandes orquestas andaluzas se hiciera
eco en nuestra ciudad, algo que debería convertirse en costumbre para disfrutar de los otros conjuntos de la
comunidad.
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| Dario Solari y Aitana Sanz |
A
esta delicia puramente instrumental se unió el excelente elenco vocal convocado, empezando por una Rosina de la
valenciana Aitana Sanz que, si bien
empezó exhibiendo una voz pequeña y con poca proyección, pronto se desdijo deslumbrando en sus arias, la de la
carta, Giusto ciel, con la que
culmina el primer acto (en realidad el segundo, aunque esta producción decidió
refundir los actos de dos en dos), y la de la lección de canto del segundo (más
bien tercero), Giá riede primavera.
Ambos, y todas sus partes en duetto,
terzetto, quintetto… entonadas con
gusto exquisito y enorme sensibilidad, junto a un timbre dulce, diamantino,
y un fraseo fluido en el que lucieron también puntuales ornamentaciones defendidas con extrema delicadeza.
El
Conde de Almaviva se benefició también de un tenor en forma, el italo-argentino
Santiago Ballerini, de holgada
proyección, notable aplomo y sentido de
la comicidad, así como tono robusto y aterciopelado. Cantó con exquisita sensibilidad Saper bramate, la cavatina popularizada por Kubrick en Barry Lyndon, arreglo mediante de Leonard Rosenman. Y nos regaló además uno
de los momentos cómicos más logrados y sobresalientes, cuando se presenta
disfrazado como Don Alonso al más puro
estilo Jerry Lewis. Sensacional también el barítono uruguayo Dario Solari, que aunque manifestó
algunos roces al inicio, se mostró prodigioso en ese repaso por la geografía
española ya apuntado, y por extensión
en todas sus intervenciones, haciendo alarde de una voz profunda y perfectamente entonada, legato impecable y fuerza vocal sin reservas.
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| Santiago Ballerini |
Magníficas
también las aportaciones del barítono onubense Pablo Ruiz, quizás sobreactuado como el doctor Bartolo pero estupendo a nivel canoro, evidenciando un
control absoluto de la respiración y una facilidad absoluta para cambiar de registro y ornamentar a
discreción. El romano Pietro
Spagnoli dejó clara su veteranía y experiencia con El barbero de Rossini, extendiéndolo también a esta variante menos
divulgada. Su aportación a Don Basilio, el profesor de música, quizás no estuvo
henchida de matices, pero mantuvo esa
dignidad y elegancia que se le presume, con un aria de la calumnia de
auténtico lujo.
El
resto, Luis Raspaqueso y Andrés Merino
dando vida a los criados de Don Bartolo, estuvieron impecables en sus
aportaciones, especialmente en sus divertidas recreaciones de bostezos y
estornudos. Todo en armonía, fácil de
seguir y presto a entretener, divertir y encandilar con una partitura
exquisita recreada al máximo nivel de calidad y con la mayor de las satisfacciones posibles tanto para sus artífices
como para el encandilado público.
Fotos:
Guillermo MendoArtículo publicado en
El Correo de Andalucía y en
Ópera Actual