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viernes, 18 de septiembre de 2026

UN RÉQUIEM DE VERDI ESTREMECEDOR

Ciclo Sinfónico 1 de la temporada 26/27 de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Masabane Cecilia Rangwanasha, soprano. Silvia Tro Santaffé, mezzosoprano. Enea Scala, tenor. Marko Mimica, bajo. Coro del Teatro de la Maestranza dirigido por Marco Antonio García de Paz. Lucas Macías, dirección. Programa: Messa de Requiem de Giuseppe Verdi. Teatro de la Maestranza, jueves 17 de septiembre de 2026

Santaffé, Rangwanasha y Macías

Ya sirvió para abrir temporada hace catorce años, entonces de la mano de Pedro Halffter y con el Coro del Maestranza reforzado con el de la Ópera de Málaga, seis años después de sonar por primera vez en este siglo en los atriles de la ROSS. Además, fue la pieza elegida en el excelente concierto que nos brindó Daniel Harding junto a la Orquesta y Coro de la Academia Nacional de Santa Cecilia de Roma hace poco más de un año, con resultados ya entonces extraordinarios.

No nos importa, sin embargo, volver a disfrutar de tan excelsa página, que tantos consideraron durante mucho tiempo la mejor ópera de Verdi, sobre todo si se ofrece con tan buenos ingredientes y una batuta tan esmerada como la de Lucas Macías, que ya demostró en su anterior y primera temporada como director titular de la Sinfónica que sabe llevar con talento y dignidad las riendas de nuestra querida orquesta.

Nos van a perdonar que echemos mano de las comparaciones y de la experiencia personal para escribir que llegamos a este concierto recién regresados de tierras napolitanas, donde pudimos comprobar lo muy orgullosos que debemos estar de nuestro teatro y nuestra orquesta, tras asistir a una sosa interpretación de la Séptima de Bruckner en el muy afamado Teatro San Carlo, de la mano de Marc Albrecht y la orquesta titular de este templo lírico. Un adecuado preludio, sin embargo, para acercarnos de nuevo a este título verdiano.

Enea Scala

Reflejo del dolor universal

Nos damos de bruces ahora con la emoción más pura y absoluta, gracias a la que desde ya consideramos la más estremecedora versión del Réquiem de Verdi que hemos escuchado jamás en directo. La conjunción de magníficas voces solistas, un coro extasiado y una orquesta a la que el descanso estival parece haberle sentado estupendamente, todo bajo la atenta y delicada batuta de Macías, logró el milagro, dotando a la pieza de ese carácter emocional y radicalmente humanista que le hace trascender de lo puramente tributario para erigirse en reflejo de un canto popular que desea abrirse camino ente tanto dolor e injusticia.

Así lo intuimos desde el muy delicado Introito, con el coro musitando el Requiem aeternam mientras los solistas se van abriendo paso en ese majestuoso e inquietante andante que da vida al Kyrie, en el que ya pudimos apreciar las magníficas dotes del cuarteto solista. Santaffé entonando con serenidad, Rangwanasha dotando su participación de inusitado temperamento, Scala exhibiendo un apasionado lirismo y Mimica aportando contundencia y dignidad. La larga Sequentia fue abordada por Macías como un acto lírico teatral de primer orden, de diálogo fluido e inflexiones dramáticas medidas y contundentes.

El coro entonó con fuerza y exuberancia el icónico Dies Irae que se repite otras dos veces a lo largo de la pieza. Faltó quizás algo más de vehemencia en los metales que protagonizan el Tuba mirum, repartidos en el escenario, las bambalinas y quizás alguna zona alta del teatro para causar el impacto deseado. Eso fue así al menos en el arranque, aunque fue mejorando hasta alcanzar esa fuerza inusitada que caracteriza al pasaje.

A partir de ahí, demostraciones sensacionales de sensibilidad y magnetismo por parte de coro y solistas, la mezzo española controlando todos los giros emocionales del Liber scriptus, el tenor italiano entonando con bravura el Ingemisco, seguido de una impecable interpretación del bajo croata en Confutatis, y terminando con una exhibición brillante, llena de pasión y lirismo, de la soprano sudafricana en el Libera me, germen de este sentido homenaje a otro considerado padre de la patria por los italianos, Alessandro Manzoni, autor de la muy venerada I promessi sposi.

Marko Mimica

También los dúos y pasajes de grupo resultaron brillantes, gracias a la complicidad de las voces junto a un acompañamiento orquestal atento y delicado según corresponde, contundente en otros casos, siempre perfectamente moldeados por el director, y con el coro funcionando como eje alrededor del cual se concentra todo el drama, esta vez dirigido con total acierto por Marco Antonio García de Paz.

Sólo hubo un par de concesiones místicas, en el Lacrymosa y el Offertorium, mientras el resto se abandonó sin complejos al drama profano más profundo y absoluto, y nosotros y nosotras con ellos a sentir una experiencia profundamente emotiva y estremecedora. Tras tanto esfuerzo y emoción, tendrán que enfrentarse a otra función esta tarde, sólo un día después, logrando sin alguna duda otra interpretación redonda.

Fotos: Luis Prieto
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 3 de septiembre de 2026

LOS MURMULLOS DIERON PASO AL SILENCIO

Heras-Casado, la Orquesta de Bayreuth y (de espaldas) Nicholas Brownlee, en Barcelona

El río Guadalquivir fue ayer testigo de dos desafortunados incidentes, el incendio por la mañana del nuevo hotel de lujo en obras en las instalaciones del antiguo Altadis, y el apagón que sufrió el Teatro de la Maestranza por la tarde, en pleno concierto de la Orquesta del Festival de Bayreuth bajo la dirección de Pablo Heras-Casado. Para el granadino éste era el único de los cinco conciertos programados en la península que se celebraba en su tierra. Una cita que ya partía gafada por ser la única que no había agotado el papel ni de lejos, algo para lo que ni el alto precio de las entradas ni la todavía peregrinación playera debería haber sido una excusa, sobre todo teniendo en cuenta que entre tantos millones de andaluces y andaluzas, llenar un aforo de mil ochocientas personas no debería resultar un problema, especialmente teniendo en cuenta lo extraordinario del acontecimiento.

La Orquesta del Festival de Bayreuth nunca sale de casa. Está formada por músicos seleccionados cada temporada de entre los y las más destacadas de las formaciones fundamentalmente alemanas, sólo para hacer frente a las representaciones de las óperas wagnerianas que desde hace ciento cincuenta años se programan a lo largo del verano en el teatro especialmente diseñado para la ocasión por el genio alemán. Sólo recordamos una ocasión en la que la orquesta salió del profundo foso que ocupa en dicho coliseo, y fue de la mano de Andris Nelsons en 2021, para airearse de la pandemia.

El maestro letón la llevó a su tierra, para participar con dos conciertos, también a principios de septiembre, justo antes de disolverse la formación para regresar cada uno y una a sus atriles habituales, en el Jurmala Music Festival que se celebra en Riga. Que Heras-Casado haya sido capaz de traer la orquesta a España deja claro su poder de seducción y la confianza que en él habrá depositado la directora artística del Festival de Bayreuth, Katharina Wagner, bisnieta del compositor.

Fue precisamente con Nelsons con quien sufrimos la vergüenza de un teatro a medio llenar, también en 2021, con la Gewandhausorchester de Leipzig. Temíamos repetir esa sensación con Heras-Casado al frente de esta singular y espléndida formación, pero nunca hubiéramos imaginado que un apagón acabaría por frustrar definitivamente la experiencia. Hasta entonces todo iba sobre ruedas. A algunos se nos había puesto la carne de gallina y los pelos de punta ante tanta magnificencia. La cuerda surgiendo de la nada, sigilosamente, dando entrada a unos portentosos metales, antes de que el yunque marcara la entrada de los Dioses en el Walhala, dio nada más empezar el concierto buena muestra de por dónde irían los tiros.

Una dirección inteligente

Un entregadísimo Heras-Casado, pendiente de cada matiz y detalle, con gestos precisos y contundentes, fue marcando la pauta, logrando que cada miembro se adaptara perfectamente a sus exigencias, y logrando en conjunto un sonido majestuoso y brillante, potenciado por la excelente acústica del teatro, seguramente irrepetible en otros de los escenarios previstos en esta propuesta nacida para celebrar el cuarenta aniversario del Festival de Peralada, extendiéndose al setenta y cinco del de Santander, y coincidiendo con el treinta y cinco de nuestro querido teatro de la ópera.

La batuta basculó entre la potencia y la delicadeza, con tanta discreción como control y dominio de los recursos. Entre lo más conmovedor de la noche, esas modulaciones elegantísimas y discretas de la cuerda, arremolinándose, relevándose y creando una atmósfera entre irreal y absolutamente mágica, queremos pensar que un logro añadido del director español con mayor proyección internacional del momento. Su idilio con la orquesta se inició hace tres años, un período en el que ha dirigido Parsifal en la versión de Jay Schreib, y que se proyecta ahora con una tetralogía completa que estrenará dentro de dos años.

Curiosamente, pudimos disfrutar de Heras-Casado en Sevilla en dos ocasiones de la mano de la Fundación Barenboim-Saïd, la misma que nos trajo hace un par de años a Oksana Lyniv, la única mujer que ha dirigido esta orquesta hasta el momento, y de cuyo Holandés errante tuvimos el privilegio de ser testigos en el mismo Bayreuth en 2022.

Voces en estado de gracia

Nicholas Brownlee reivindicó, con una voz rotunda y autoritaria, el poder de Wotan, su conmovedora y frustrante renuncia ante las puertas del Walhala del anillo y todo lo que comporta, tras la maldición de Alberich, la usurpación de Fafner y los lamentos de las hijas del Rin. Impresionante en su manera de modular la voz, alcanzar agudos extremos y mantener una línea de canto vivaz y contundente, lo que fue agradecido con aplausos generosos, aún más tras la despedida de Wotan  a Brunilda (Hasta siempre, audaz y maravillosa hija), defendida por el bajo-barítono estadounidense con mayor contundencia y una expresividad dramática realmente conmovedora. No en vano se trata de una de las voces más prometedoras de la actual cantera de voces del festival.

Antes, hizo aparición el veterano Klaus Florian Vogt dando vida a Sigmund, al final del primer acto de La Valquiria, entonando su particular plegaria a su padre, Wotan (Una espada me prometió el padre), haciendo acopio de recursos dramáticos, evidenciando una voz metálica, bien colocada y capaz de articular cada gesto y matiz al que se somete su papel. Dicen que mejora considerablemente cuando interpreta a Sigfrido, pero no llegamos a apreciarlo debido al lamentable apagón.

Nos quedamos literalmente con las ganas de disfrutar de Catherine Foster, como ya hicimos en 2012 de la mano de Pedro Halftter y La Fura del Baus, cuando interpretó a la valquiria Brunilda en el tercero de los títulos del Anillo. Justo cuando la orquesta interpretaba el popular Waldweben (Murmullos del bosque), con sus sonidos onomatopéyicos asomando disciplinados y elocuentes, siempre bajo la atenta dirección de Heras-Casado, se hizo la oscuridad. Primero pensamos que podía tratarse de un golpe de efecto, antes de que hicieran su aparición Sigfrido y Brunilda, pero pronto entendimos que ante esa oscuridad absoluta ninguna orquesta podría continuar tocando.

De hecho, siguieron haciéndolo durante unos segundos, pero enseguida se hizo el silencio y una esperada reconducción que, tras cuarenta minutos de incertidumbre, no llegó. Fuera esperaban policía local y protección civil para asegurar un desalojo seguro y eficaz, mientras un equipo de técnicos electricistas aguardaba para recuperar la luz perdida en un coliseo que nunca antes había vivido algo igual. Una experiencia sin duda, pero lamentable en todos los sentidos. La de Bayreuth recaló en el sur de Europa, de forma extraordinaria e irrepetible, y perdimos la ocasión de disfrutarlo.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 16 de julio de 2026

EL PUEBLO CANTA Y LA ROSS ACOMPAÑA

Concierto participativo de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla “Canta con la ROSS”. Lucas Macías, dirección. Programa: Obertura y coros de hombres y cigarreras de Carmen, de Bizet; Meditación de Thaïs, de Massenet; Gira la cote! de Turandot, de Puccini; Obertura de Guillermo Tell, de Rossini; Vedi le fosche de Il trovatore, Va pensiero de Nabucco, Obertura de Les vêpres siciliennes, y Gloria al Egitto de Aida, de Verdi. Teatro de la Maestranza, miércoles 15 de julio de 2026


Los coros estuvieron presentes en las primeras óperas italianas, pero fueron paulatinamente reduciéndose hasta que en 1790 Rossini recuperó su papel, intensificado por el auge del modelo operístico parisino, lo que provocó que su uso fuera prácticamente obligatorio durante los años centrales de la carrera de Verdi. Ambos autores estuvieron presentes en el atractivo y popular programa diseñado para celebrar el final de temporada de la ROSS, con coros de voces aficionadas convocadas para la ocasión, esta vez aparcando el Mesías y la Novena para dar paso a una celebración lírica de lógico y desigual resultado artístico, pero matrícula de honor sentimental.

El coro en una ópera permite dramatizar los sentimientos de un gran número de personas, organizados en grupos heterogéneos, que pueden ser cortesanos o gitanos, soldados o sacerdotes, invitados a fiestas y celebraciones, expresando en general el estado de ánimo de una multitud, según lo exija en cada momento la acción del título. El coro representa al pueblo, sus ansias y anhelos, y quienes mejor para hacerlo que la enorme cantidad, hasta cuatrocientas, de aficionados y aficionadas que anoche, también hoy y mañana, levantaron sus voces para dejarse acompañar por una Sinfónica motivada e inspirada en una sesión de enorme calado emocional.

La iniciativa tiene el acierto de convocar un gran número de personas en torno a la música, lograr llenos absolutos en las tres funciones, en parte gracias a familiares y amistades que acompañan a las voces debutantes, y generar así nueva afición a la Música. ¿Cuántos y cuántas se acercarían así, por primera vez, a la célebre cabalgada de Guillermo Tell, el canto del pueblo hebreo frente a la tiranía de Nabucodonosor o la Marcha triunfal de Aida? Esta multitud de voces hizo posible el milagro, y lo seguirá haciendo hasta el viernes, entre integrantes de coros de la capital y otras ciudades andaluzas, así como otras absolutamente primerizas, que desde octubre pasado han estado preparando esta velada tan especial y emotiva.

Cuatro grandes títulos de la ópera francesa e italiana


Lucas Macías, director titular de la orquesta, fue el encargado de dar forma a la suntuosa propuesta del gerente Jordi Tort, que con tan buen pulso está logrando la recuperación artística y económica de nuestra querida ROSS. Macías dirigió con ahínco y considerable brotes de energía la obertura de Carmen, una brillante introducción que nos llevó a un Le cloche a sonné entonado por los hombres con desigual fortuna y cierta sensación de caos, seguida por un más disciplinado y mejor entonado coro de cigarreras de la ópera de Bizet.

El intermezzo concebido por Massenet para la soprano californiana Sybil Sanderson, de quien quedó prendado por su talento y belleza, en la ópera Thaïs, permitió a la concertino Alexa Farré lucir sus espléndidas facultades, regalándonos una interpretación solista de enorme delicadeza y virtuosismo, magníficamente acompañada por un conjunto en el que nos pareció advertir muchos rostros nuevos, seguramente por las vacaciones estivales. Entre el público observamos a la violonchelista Nonna Natsvlishvili, muy atenta y emocionada en su primer concierto ajena a la plantilla tras su merecida jubilación.

Impecable resultó la escena con la que arranca la trama de Turandot, con el pueblo esperando la decapitación del príncipe persa tras errar en las adivinanzas de la terrible princesa china, cuya aparición provocó un derroche de belleza y sensualidad con la magnífica entonación de los inmersivos coros, acompañados por la delicada caricia de la orquesta, permitiendo así disfrutar en todo su esplendor de la exquisita partitura del gran Puccini. Acaso pudo resultar algo anticlimático la larga introducción de la obertura de Guillermo Tell, con su evocación de paisajes, tormentas y pastores, que Macías y la orquesta defendieron con enrome sensibilidad y buen gusto, especial mención a los solos de corno inglés y flauta, para en su tercio final generar el entusiasmo del público al son de los vibrantes acordes que hicieron célebre al Llanero Solitario.

Verdi, máximo representante de la voz del pueblo


Aunque se celebró sin pausa, pudo distinguirse claramente dos partes en esta cita musical, con Verdi protagonizando íntegramente la segunda. Nada hace presagiar escuchando el coro de gitanos de Il trovatore, el carácter lúgubre de esta ópera que explora el lado más oscuro del comportamiento humano, y que hombres y mujeres cantaron con tanto ahínco como brillante fue la aportación de la percusión en la muy entregada orquesta. Después llegó la emoción generosa del coro de esclavos hebreos en el templo de Jerusalén, de Nabucco, donde el pueblo aguarda su suerte en manos babilonias, muy trabajado a nivel dinámico, con resultados ciertamente sobrecogedores.

Para Las vísperas sicilianas, Verdi optó por el formato de Grand Opera francesa, no en vano se estrenó en París y en francés, antes de alcanzar mayor popularidad en su traducción al italiano. De este título opulento y ambicioso, que ilustra las revueltas del pueblo siciliano sobre sus opresores normandos, la ROSS ofreció su obertura, muy rica en orquestación y depurada emocionalmente, con una interpretación impecable y muy enérgica. Muy reciente en el foso del Maestranza, la marcha victoriosa de Aida, una monumental escena triunfal en la que el pueblo egipcio, la corte y el estamento religioso homenajean al ejército con gran riqueza épica, puso final al programa oficial, una vez más evidenciando el enorme esfuerzo desplegado por el coro amateur, y sus gratificantes resultados.

En las propinas, Macías anticipó el Réquiem de Verdi que sonará en los atriles de la ROSS en septiembre, en la que será su primera cita de la nueva temporada. Con una fuerza inusitada y apabullante, coro y orquesta se enfrentaron a su contundente Dies Irae, para terminar de forma más amable y dulce con la célebre Mazurca de las sombrillas de Luisa Fernanda, una pieza de Moreno Torroba que siempre causa sensación y una honda emoción, y ésta no fue una excepción. Un magnífico trabajo de coordinación de la maestra encargada de dar forma a tan numeroso coro, cuyo ensayo con la orquesta se ha limitado a apenas un par de sesiones, lo que da idea de la profesionalidad de todos y todas para lograr tanta complicidad.

Fotos: ROSS
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 10 de julio de 2026

¡GRACIAS POR LA MÚSICA!

Musical de Benny Andersson y Björn Ulvaeus, con libreto de Catherine Johnson, según una idea original de Judy Craymer. Juan Carlos Fisher, dirección. Joan Miquel Pérez, dirección musical. Jorge Naveros, dirección de orquesta. Alejandro Serrano y David Serrano, adaptación. Iker Karrera, coreografía. Ricardo Sánchez-Cuerda, escenografía. Gabriela Salaverri, vestuario. Felipe Ramos, iluminación. Gastón Briski, sonido. Con Verónica Ronda, Elvira Santamaría, Ylenia Gablietto, Noemí Gallego, Marc Parejo, Víctor González, Joan Olivé, Joan Martínez, Isabel Pera, Laura Miguel, Luis Visiedo y Julio Takata. Producción de ATG Entertainment. Teatro de la Maestranza, jueves 9 de julio de 2026

Imagen del estreno en diciembre en el Maestranza

Cuando a principios de los años ochenta del pasado siglo, la productora Judy Craymer se reunió con Björn Ulvaeus y Benny Anderson para proponerles un musical basado en sus canciones, la idea no cuajó. Los integrantes de ABBA se encontraban entonces preparando el que tendría que ser su único musical genuino, Chess, que no cosechó el éxito esperado, a pesar de canciones tan espléndidas como One Night in Bangkok o I Know Him So Well. Es cierto que esta mitad del grupo, y autores de sus temas, son bastante reacios a prestar sus canciones. De hecho, a Madonna le costó lo suyo poder utilizar como sampler Gimme, Gimme, Gimme para su éxito súper ventas Hang Up.

Finalmente, los músicos accedieron y, tras más de una década de preparación, Mamma Mia! llegó al West End de Londres coincidiendo con el veinticinco aniversario del triunfo de ABBA en Eurovisión. Allí, desde entonces, se ha estado representando ininterrumpidamente en diversos escenarios, con un solo paréntesis provocado por la pandemia. A Broadway llegó dos años después, y un primer montaje a España en 2004, producido por Stage Entertainment y CIE Stage Holding, en una producción protagonizada por Nina que pudo verse en Fibes, cuando todavía no se había construido el auditorio. Aquella producción la vieron más de dos millones de personas y alcanzó casi dos mil cien representaciones, convirtiendo a la directora de OT en la actriz y cantante que más veces interpretó a Donna, la protagonista de la función, en el mundo.

Recordamos lo mucho que nos gustó aquel montaje lleno de alegría y vitalidad, cuando lo disfrutamos en la Gran Vía madrileña y después en esa escala sevillana, donde volvió a recalar en 2016, cuando arrancó una nueva gira precisamente en el ya inaugurado auditorio del Palacio de Exposiciones hispalense. Esta nueva producción que se pudo ver en el Teatro de la Maestranza el pasado mes de diciembre, se estrenó en el Teatro Rialto de Madrid en octubre de 2022, de la mano de SOM Produce, con David Serrano, guionista de El otro lado de la cama y director de Días de fútbol, encargándose de la adaptación del libreto y las canciones, con Verónica Ronda como Donna y Gina Gonfaus como Sophie, su hija.

Imagen del estreno en diciembre en el Maestranza

La operación de aprovechar un buen número de canciones de un artista sobresaliente para adaptarlas a una historia inventada, no es original. Sirvió para edificar musicales cinematográficos como Un americano en París, a partir de las canciones de Gershwin, Cantando bajo la lluvia, con las de Nacio Herb Brown y Arthur Freed como referentes, Un largo y definitivo amor, de Cole Porter, y ya después del éxito de Mamma Mia!, con las canciones de The Beatles en el incomprendido pero extraordinario Across the Universe de Julie Taymor, responsable del musical El rey león.

Pero nunca ha obtenido tanto éxito como con este musical del grupo sueco, cuyas canciones siguen siendo hoy tan populares y pegadizas como antaño, manteniendo un público fiel y entregado, capaz de repetir una y otra vez una experiencia cuya adaptación cinematográfica de 2008, con Meryl Streep como protagonista y la dirección de Phyllida Lloyd, que fue quien estrenó la obra en Londres en 1999, no ha hecho sino engrosar los y las adeptas a su contagiosa alegría de vivir.


Un montaje efectivo y convencional

Esta gira que comenzó en el Teatro Cervantes de Málaga en julio de 2025, pudo disfrutarse en el Maestranza en diciembre pasado. Pero el éxito fue tal que obligó a programarla de nuevo ya entrado julio, con funciones de noche abarrotadas, y las de tarde a medio fuego, una situación que la bajada de temperatura esperemos ayude a aliviar. La estación estival se siente especialmente adecuada para dejarse refrescar con esta aventura veraniego musical. De hecho, la reacción jubilosa del público se repite función tras función, y la de ayer, con la que arrancó este nuevo periplo sevillano que durará hasta el domingo 12, no fue una excepción.

Tras una obertura que nos introduce en algunos de los temas más icónicos del grupo, Sophie arranca la función invitando a su gran boda griega a sus tres posibles padres, un secreto que su madre, Donna, ha mantenido muy en secreto durante más de veinte años. Pocos diálogos y muchas y agradecidas canciones, populares generación tras generación, van desarrollando las idas y venidas de los personajes, a los que hay que añadir las dos divertidas amigas de Donna y el novio del feliz acontecimiento. I Have a Dream, una suerte de sirtaki, se encarga de situar geográficamente la comedia, encabezando y poniendo broche final al enredo, siempre en la voz de, en este caso, Elvira Santamaría, que sustituye a Gina Gonfaus, única intérprete, junto a Verónica Ronda, que sobrevive del cartel original madrileño.

A partir de ahí se suceden con cierta gracia temas tan icónicos como Honey, Honey, Money, Money, Money, Chiquitita, Dancing Queen, Lay Your Love on Me, Super Trouper, Voulez-Vous, One of Us, Does Your Mother Know, Knowing You, Knowing Me, ese emocionante himno que es The Winner Takes It All, y por supuesto el que da título a todo el conjunto, Mamma Mia. Todo dentro de una divertida y sencilla trama adaptada para la ocasión, que ni pierde fuelle ni resulta estridente más de veinticinco años después.

Imagen del estreno en diciembre en el Maestranza

Jorge Naveros se encargó en esta ocasión de dirigir una escueta pero sumamente efectiva orquesta que se mantuvo bien oculta tras el escenario, por motivos de producción, siempre bajo las estrictas indicaciones del director musical Joan Miquel Pérez. Unas efectivas coreografías, perfectamente defendidas por un joven y entusiasta elenco, y una sencilla escenografía, especialmente adaptada a las necesidades de una larga y variada gira, dan soporte a la alegría general que informa la propuesta, si bien echamos en falta algo más de contención en un conjunto que, bajo la dirección escénica de Juan Carlos Fisher, tiende siempre al histerismo y la sobreactuación.

Al torrente de voz de Ronda y Santamaría hay que añadir la comicidad de la garbosa Tanya (Ylenia Baglietto) y la más tosca Rosie, incorporada por Noemí Gallego, que en otras funciones sustituye a Verónica Ronda. Destacan también el trío de posibles padres, Marc Parejo, Víctor González y Joan Olivé, bien encajados, dramática y musicalmente, en sus particulares roles. Así como la contagiosa energía de Joan Martínez como Sky y sus espasmódicos amigos, Luis Visiedo (Eddie) y Julio Takata (Pepper). Todo dentro de una alegría indiscutible que, una vez más, hizo las delicias de un público incondicional y muy agradecido.

Fotos: Teatro de la Maestranza
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 3 de julio de 2026

PREDOMINIO DEL ROJO EN UN COLORIDO FIN DE TEMPORADA DE LA ROSS

Sinfónico 15. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Daniela Iolkicheva, arpa. Marina Heredia, cantaora. Lucas Macías, dirección. Programa: El Castillo de Almodóvar, de Turina; El amor brujo y El sombrero de tres picos, de Falla. Teatro de la Maestranza, jueves 2 de julio de 2026


Aunque todavía le queda por delante su concierto participativo, la ROSS despide ayer y hoy su trigésimo sexta temporada, con un emotivo adiós adicional a una maestra y dos maestros que se jubilan. Así, el concierto comenzó con una merecida ovación y ofrenda de flores a la icónica violonchelista Nonna Natsvishvili, que nos ha acompañado desde la formación de la orquesta en 1991, y los violinistas Marius Mihail Gheorghe Dinu y Alexandru Mihon. Les echaremos de menos, aunque darán paso a talentos de nueva generación que perpetuarán a buen seguro la excelencia alcanzada por nuestra querida orquesta.

Un trabajo de Turina poco divulgado, El Castillo de Almodóvar, apenas grabado y menos programado en concierto, encabezó una noche centrada en celebrar el año Falla, cuando se cumplen ciento cincuenta años de su nacimiento. Nada, ni el calor, ni las vacaciones de julio, ni siquiera la cita con la Roja en Los Angeles, impidió un lleno absoluto en el Maestranza, aunque precisamente por este último motivo se dejaron ver algunos huecos en la segunda parte del concierto. Un color, por cierto, que predominó en los atriles de la ROSS gracias a los atuendos de las dos solistas convocadas en su primera parte.

La sensacional arpista de la orquesta, Daniela Iolkicheva, que comparte con Natsvishvili haber integrado la plantilla desde sus inicios y no reflejar físicamente su veteranía, se encargó de dar forma a una pieza concebida como trabajo pianístico, más tarde ejercicio de orquestación del que el compositor sevillano salió bastante bien parado. Se trata de una sofisticada pieza que acusa en su primer movimiento, Silueta nocturna, para nosotros el más conseguido, una fértil sensualidad, fruto de la influencia impresionista de la época, adobada con un sentido del color, la melodía y la armonía del que la solista se hizo eco sin aparente dificultad.

Poseedora de una depurada técnica y una musicalidad extrema, Iolkicheva despachó la pieza acariciando las cuerdas con la elegancia y la delicadeza que le caracteriza, mientras Lucas Macías a la dirección arropó con considerable calidez expresiva. Lástima que Evocación medieval, el segundo movimiento, se muestre más irregular, con momentos mal resueltos junto a otros más inspirados, nada de lo cual afectó a la excelencia interpretativa de solista y orquesta. A plena luz, el tercer movimiento, se reveló como una combinación de los otros dos, tan cálido y sensual como el primero, y apoteósico como el segundo, dando pie a uno de los momentos más bellos de la partitura, el solo de Iolkicheva respondido por el eco de la segunda arpista. Una gran ovación evidenció la admiración, el cariño y el respeto que le profesa la afición.

Dos grandes Fallas en un solo concierto

Son muchas las ocasiones en las que la ROSS se ha enfrentado a los dos grandes ballets del compositor gaditano, la mayoría de las veces con gran acierto. Pero no recordamos ninguna en la que confluyeran en un mismo programa los dos juntos. Para el primero, el archiconocido El amor brujo, se contó con la cantaora del momento, Marina Heredia, con quien además el próximo mes de octubre la orquesta protagonizará una de las citas de la Bienal de Flamenco. El aperitivo de anoche, que se repite hoy, se saldó sin sorpresas en cuanto a la colaboración vocal, amplificada y en la línea habitual con la que se despacha la obra cuando la afronta una voz flamenca en lugar de su alternativa de mezzosoprano.


Macías, sin embargo, pareció buscar tan denostadamente la delicadeza y la elegancia en la partitura, que apenas alcanzó a ofrecer una lectura mortecina, de colores pálidos, sin fuerza ni garra, a pesar del empeño de la cantaora, poseedora de un hermoso y poderoso timbre y una perfecta entonación, así como una fuerza desgarradora exenta de efectismos fuera de lugar. Hemos disfrutado mejores prestaciones de la ROSS en anteriores ocasiones en las que ha interpretado la famosa pieza, incluida una Danza del fuego que en esta ocasión se nos antojó algo meliflua. No obstante, cabe destacar el aplomo y el respeto con que la batuta acompañó los momentos cantados y recitados de la partitura, procurando marcar la expresividad y el lirismo de cada aportación.

Mucho mejor resultó la lectura del director onubense en El sombrero de tres picos. Aquí no pareció buscar esa dignidad mal entendida de la pieza anterior. Por el contrario, se decantó por acentuar la inusitada comicidad y la atmósfera alegre y desenfadada de la primera parte, con un trabajo depurado y muy en consonancia de la orquesta, esta vez acompañada de una fuerza arrolladora y un trabajo excepcional de la percusión, sin dejarse llevar en ningún momento por una emoción  exacerbada que impidiera paladear la pieza con la gracia y la elegancia que también merece.

Pero fue sobre todo la segunda parte, dividida fundamentalmente en el lirismo relajado de la Danza de los vecinos, y el ritmo trepidante, festivo y colorido de las del molinero y final. Todo un dechado de fuerza apasionada, sin sobrepasar límites que nos dejaran una sensación de saturación nada apropiada a la gramática sensible y depurada de un autor que marcó nuestra significativa aportación a la música clásica del siglo XX, y de cuyo sonado aniversario se hacen eco también otras iniciativas, especialmente las Noches del Alcázar.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 21 de junio de 2026

AIDA EN EL IMPERIO GALÁCTICO

Ópera de Giuseppe Verdi. Libreto de Antonio Ghislanzoni y Camille du Locle, inspirado en un texto de Auguste Mariette Bey. Daniele Callegari, dirección musical. Paco Azorín, dirección escénica, escenografía e iluminación. Carlos Martos de la Vega, movimiento y dramaturgia. Ana Garay, vestuario. Pedro Chamizo, diseño de video. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro Teatro de la Maestranza (Íñigo Sampil, dirección). Con Marigona Qerkezi, Alejandro Roy, Ketevan Kemoklidze, Ernesto Petti, Insung Sim, Manuel Fuentes, Néstor Galván, Patricia Calvache y el funambulista David Marco. Nueva producción del Teatro de la Maestranza, en colaboración con ABAO Bilbao Ópera, Auditorio de Tenerife, Teatro Municipal de Santiago de Chile y Teatro Nacional de Sâo Carlos de Lisboa, con la participación del Festival Perelada. Teatro de la Maestranza, sábado 20 de junio de 2026


Ha tenido suerte la antepenúltima ópera de Verdi en nuestro teatro. Pudimos disfrutarla mucho hace trece años, cuando nos llegó de la mano de los suntuosos decorados de papel de Josep Mestres Cabanes, de lo poco que no pereció en el devastador incendio del Liceo de 1994. Se trataba entonces de una minuciosa recreación de ese Egipto que hemos aprehendido en nuestra memoria y que se ha perpetuado en producciones cinematográficas de gran calado épico. La propuesta de Paco Azorín para esta nueva producción del propio Maestranza en colaboración con las óperas de Bilbao, Tenerife, Santiago de Chile y Lisboa, así como el Festival de Perelada, tiene también su referente cinematográfico. Pero esta vez nos lleva más bien a un futuro de tintes galácticos, en una operación que en cierto modo nos recuerda a la que realizó La Fura dels Baus para el ya mítico Anillo de Les Arts. 

Así, Azorín apuesta por una puesta en escena tecnológica, unos figurines muy trabajados a nivel conceptual, y una concepción global del espectáculo tan medida como decididamente efectiva. Pero no traiciona ni en una sola coma la dramaturgia a la que sirve, logrando una narrativa tan fluida, precisa y sencilla, que la trama se sigue sin esfuerzo alguno, y sin la tan temida pretensión de tantos autores de dejar su huella con ocurrencias más o menso acertadas que enturbian el concepto original del título en cuestión. Tan sólo un personaje extra, el joven Odiseo, que viaja del futuro al pasado para constatar que todo sigue siendo igual, guiado por las pasiones que construyen, fundamentalmente el amor, y las que destruyen, la ambición y el sadismo hacia el prójimo.

Equilibrio conceptual y literal

Sin embargo, y a pesar de que la intención del director artístico queda manifiestamente patente por sus propias palabras, a nosotros el viaje se nos antojó al revés, de un pasado opresor y sanguinario a un Egipto futurista, a través de un portal quizás inspirado en el que atravesaban James Spader y Kurt Russell en Stargate, precisamente para enfrentarse a un Egipto dominado por extraterrestres, aquí la autoridad eclesiástica. En ese espacio, Odiseo asiste perplejo a las intrigas políticas de una civilización en guerra con el pueblo etíope, primero con carácter de mero observador, después participando activamente y tomando partido por la desdichada protagonista.

David Marco y Marigona Qerkezi

El excepcional equilibrista y acróbata circense David Marco presta su físico trabajado al extremo a este personaje adicional que nos pone el alma en vilo mientras atraviesa el escenario de lado a lado sobre la cuerda floja, haciéndola suya y demostrando un dominio extraordinario de su cuerpo y flexibilidad. Claro que el atrevimiento tiene también su contrapartida, y es que su casi omnipresencia llega en algunos momentos a distraer nuestra atención, incluso por encima del bello canto de la esclava etíope.

Hermosísimas proyecciones sobre paneles de gran resolución, de nuevo obra de Pedro Chamizo, ya presente en el anterior título de la temporada, Marina, se erigen en principal escenografía, evocando pirámides, desiertos, frisos, jeroglíficos y despiadadas deidades de extraordinaria belleza estética. De las alturas descienden grandes portales geométricos de neón, de entre los que destaca naturalmente el que tiene forma de triángulo piramidal. Jaulas y artilugios de guerra ornamentados con barras de neón que evocan espadas láser, completan una inteligente escenografía que se enriquece con un esmerado vestuario también inspirado en el imaginario cinematográfico, tanto histórico como futurista.


Especialmente destacable es la decisión de ilustrar el mítico desfile glorioso de las hordas egipcias tras el triunfo sobre los etíopes, al que acompaña la célebre marcha Gloria a Egipto, no con fastos y bailes, sino con trofeos humanos, esas víctimas torturadas y masacradas con las que acaban ensañándose las guerras, un terrible espectáculo que todavía hoy ocupa los espacios centrales de nuestros informativos.

Una batuta con clarividencia y autoridad

La producción de Azorín se beneficia además en Sevilla de un elenco vocal muy satisfactorio y una batuta con ideas muy claras y soluciones a la altura del acontecimiento. La dirección del maestro Daniele Callegari, gran conocedor del universo verdiano, como se desprende tanto de su currículo como de su forma de abordarlo en la práctica, logró momentos de enorme inspiración lírica, así como otros perfectamente al servicio de la épica propuesta, muy en especial el famoso himno-marcha ya aludido, en el que resplandecieron las fanfarrias bajo responsabilidad de las así llamadas trompetas de Aida, situadas de forma estratégica sobre el foso a ambos lados del escenario.

Callegari estuvo atento a todas las inflexiones de índole orientalista de la obra, sacando el máximo partido de los quejumbrosos solos del oboe y las mezclas cromáticas entre la flauta grave y el arpa egipcia, y en general de toda la fastuosa y colorista instrumentación, tan mágica en las noches junto al Nilo como dramáticas en los incesantes cuadros que se van paulatinamente formando entre las distintas voces concurrentes. Como de costumbre, la Sinfónica respondió a todas estas exigencias con ahínco y responsabilidad, logrando una interpretación memorable de tan insigne página.

La voz estremecedora de Marigona Qerkezi

Qerkezi y Ketevan Kemoklidze

Desde su primer aria trascendente, Ritorna vincitor, la capacidad de la soprano kosovar Marigona Qerkezi para estremecer y encandilar quedó manifiesta. Ideal en el rol, por su calidad como soprano lírico spinto, de íntimo lirismo e intensidad dramática, volumen de sobra y dulce timbre a pesar de tratarse de una voz gruesa, Qerkezi convenció más en su línea de canto, siempre fluida y atenta a los matices, que en su talento interpretativo, evidenciándose algo corta como actriz. De haber combinado ambas facetas con mayor acierto, su Aida habría conseguido una aceptación unánime. Aún así, nos quedamos con su talento musical, manifiesto también en un escalofriante O patria mia del tercer acto, y un conmovedor O terra, addio final.

A su lado, Ketevan Kemoklidze, todavía fresca en nuestra memoria su Carmen de hace un lustro, se esmeró en definir su ambiguo y contradictorio personaje, que no llega a ser una malvada de libro, combinando venganza y generosidad siempre con la misma intención, captar el amor de Radamés. A ese propósito encomendó una Amneris poliédrica, tan medida como matizada. Y a ella prestó un canto flexible y a la vez contundente, de voz potente y cálida y una capacidad extrema para pasar por diferentes estados de ánimo. Holgada en el registro agudo, Kemoklidze brilló en gran parte de su actuación, también en el aspecto estrictamente actoral.

Alejandro Roy y Ernesto Petti

Por su parte, Alejandro Roy, que el año pasado debutó con el mismo rol en el Met, y de quien en el Maestranza nos hemos acostumbrado a sus papeles zarzueleros, fue de menos a más. Y no porque el complejo Celeste Aida arranque nada más empezar la función, sino porque la recitó de manera muy rígida, casi sin fluidez ni legato. Hubo que esperar a los actos tercero y cuarto para disfrutar de su potente voz, ágil y dramática, también con ese punto heroico que caracteriza al guerrero Radamés.

El resto se movió con destreza y profesionalidad, destacando el tono amenazador, lúgubre e inquietante de Insung Sim como el sumo sacerdote Ramfis, catalizador como pocos del anticlericalismo verdiano, ampliamente desarrollado tanto por su esmerada recreación del personaje como por la atinada dirección de Paco Azorín. También estuvo acertado Ernesto Petti como Amonasro, un barítono potente con una interesante línea de canto. Algo menos, un avibratado Manuel Fuentes como rey egipcio, y conciso en su breve aparición el tenor tinerfeño Néstor Galván como mensajero. Fuera de campo, brilló Patricia Calvache como gran sacerdotisa, que supo dar a su canto el timbre, entre sensual y misterioso, que demanda Possente, possente Fthá, una de las páginas más exóticas de la partitura.

Roy, Manuel Fuentes y Kemoklidze

Tanto en éste como en los numerosos pasajes en los que interviene, el coro estuvo inconmensurable, con momentos álgidos como el estremecedor grito de guerra, o su canto glorioso en la popular marcha. Todos y todas al servicio de un espectáculo de gran categoría, hermoso en lo estético, estupendo en lo musical, glorioso en todo lo demás. Aunque lo verdaderamente glorioso será asistir algún día a una función en la que no caigan objetos contundentes al suelo, no suene ningún móvil y apenas se escuche alguna tos, que sea inevitable y perdonable. No fue el caso.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 27 de mayo de 2026

UNA ILUSIÓN QUE SE CONFIRMA

Riccardo Chailly

Tras una estupenda temporada del Teatro de la Maestranza que ha confirmado la paulatina recuperación del esplendor que este coliseo disfrutó en épocas pretéritas, antes de que la crisis del 2008 irrumpiera con toda su fuerza, y aquí tardase tanto en desaparecer, alimentándonos con el talento local y una alarmante bajada del nivel internacional, la semana pasada confirmamos definitivamente la ilusión que poco a poco habíamos ido recuperando, con la presentación de una nueva temporada digna de nuestros mejores sueños, gracias al trabajo y la confianza del 
equipo de Javier Menéndez, que os ha colocado de nuevo al nivel exigido en una capital de provincias europea de la relevancia que tiene la nuestra.

Este efecto ha tenido ya por fin eco en la programación diseñada por Lucas Macías para la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, gracias en gran parte a la magnífica gestión que está haciendo Jordi Tort, su gerente, diversificando la oferta y creando nueva afición, como pudimos observar nuevamente en una reciente Sexta de Mahler seguida por multitud de jóvenes aficionados y aficionadas. Nosotros queremos hacer nuestra pequeña aportación al entusiasmo casi general, proponiendo algunos, que son muchos, de los conciertos y espectáculos que consideramos imprescindibles o, al menos dignos de no perderse.

Grandes nombres y conjuntos en el Maestranza

La temporada arranca a lo grande, con el hace tiempo anticipado concierto operístico en celebración del ciento cincuenta aniversario del Festival de Bayreuth, que recalará en nuestra ciudad el 2 de septiembre, obligando sin excusas a volver de la playa a quienes aún no lo hayan hecho por esas fechas. Pablo Heras-Casado, que ha triunfado al frente de la Orquesta del Festival en recientes comparecencias en el mítico festival wagneriano, la dirigirá en una selección de El anillo del nibelungo que cuenta con la dirección artística de la propia Katharina Wagner y las voces de Catherine Foster, que ya fue Brunilda en el Sigfrido de La Fura del Baus que pudimos disfrutar aquí de la manod e Pedro Halffter, Klaus Florian Vogt y Nicholas Brownlee, Jochanaan en la reciente Salomé de Les Arts.

No son precisamente las óperas programadas en esta nueva temporada lo que más ha suscitado nuestra emoción, pero tampoco son susceptibles de desprecio alguno. Romeo y Julieta de Gounod, ahora en producción del Teatro de la Ópera de Roma, abrirá la temporada a finales de octubre. Este título ya pudo disfrutarse por el público sevillano en 2006, de la misma forma que lo hizo La bohème de Puccini en varias ocasiones, la última en 2017. Ahora nos llega en una vistosa y tradicional versión de la Ópera Nacional Inglesa y la Ópera de Cincinnati, con siete funciones en diciembre en las que, entre otras, podremos admirar las voces de Soraya Méncid, Celso Albelo y Berna Perlés. También Rigoletto, título que cierra la temporada en junio y julio con seis funciones, ha sido programado en varias ocasiones, la última en 2013. Ahora se presenta en coproducción del Maestranza con el Teatro Real, la Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera y la Ópera de Tel-Aviv, con Francesco Demuro, Juan Jesús Rodríguez y Leonor Bonilla entre sus protagonistas.

Ermonela Jaho

A pesar de su importancia y popularidad, ésta será la primera vez que se representa en el Maestranza el Orfeo de Monteverdi, en versión de concierto escenificado, con tres funciones en febrero. La Cappella Mediterranea y el Coro de Cámara de Namur se encargarán sin duda de llevarlo a buen puerto. Los obligados estrenos correrán a cargo de Reyes Otero y La clausura del amor, una ópera de cámara que se podrá disfrutar en febrero en dos funciones en la Sala Manuel García, en coproducción de la Ópera de Tenerife, la Comunidad de Madrid y Teatro Xtremo. Con mayor relieve se presenta Bodas de sangre, del sevillano Manuel Busto, sólo dos meses después de que se estrene oficialmente en el Teatro Real. Esta producción del Maestranza y el Real, con dirección musical de Lucas Macías y escénica de Bárbara Lluch, contará con la presencia de Natalia Labourdette, Marina Pardo y al veterana actriz Vicky Peña.

Carlos Álvarez es uno de los reclamos de la zarzuela Luisa Fernanda, que nos llegará con honores de ópera bajo la producción del Teatro Real, con dirección escénica de Emilio Sagi y el barítono malagueño encarnando a Vidal Hernando. La última vez que este emblemático título de Moreno Torroba se programó en Sevilla fue en 2012. Otras voces curtidas en el ambiente sevillano que podremos disfrutar en diversos de los títulos programados, son Aurora Galán, Alicia Naranjo y Andrés Merino.

Al margen de la ópera propiamente dicha, en enero tendremos ocasión de volver a encontrarnos con Anna Netrebko, esta vez con la Sinfónica acompañándole, y la participación del tenor Brian Jadge y el barítono George Petean entonando dúos junto a la famosa soprano rusa. Por su parte, Ainhoa Arteta regresará en febrero a esta tierra que tanto quiere, para protagonizar junto a José Bros y la Orquesta de Córdoba, otra necesaria participación de orquestas andaluzas en nuestro teatro, un recital de zarzuela. Ya en mayo, Ermonela Jaho, Butterfly en 2021, dará un recital junto al pianista Rubén Fernández Aguirre.

Maxim Emelyanychev

Pero es en el apartado de orquestas invitadas donde los sentidos más se nos llenan de emoción. Al Réquiem de Mozart, además de la Misa in Angustiis de Haydn, de la Camerata de Salzburgo y el coro Vox Luminis, con Lionel Meunier al frente, y El Mesías de Haendel que interpretará la Orquesta Barroca de Sevilla junto al Conductus Ensemble, dirigidos por Andreas Spering a las puertas de la Navidad, hay que destacar el regreso de Maxim Emelyanychev con un programa netamente ruso al frente de la Orquesta de la Fundación Barenboim-Saïd casi al terminar el año.

Riccardo Chailly, tanto tiempo vinculado al Concertgebouw de Ámsterdam, vendrá en enero al frente de la Orquesta de La Scala de Milán, con Gautier Capuçon dando forma al Concierto nº 2 para violín de Shostakóvich. Curiosamente, la propia Royal Concertgebouw Orchestra  comparecerá nada más y nada menos que con el joven y celebrado Klaus Mäkelä en febrero. Le acompañará Lisa Batiashvili en el Concierto para violín de Sibelius. Ayer y hoy de este puntero conjunto europeo.

Klaus Mäkelä

En colaboración con el Femás, el Domingo de Ramos de 2027 volverá a tocarle el turno a La Pasión según San Mateo, abandonando la idea de alternar las dos pasiones bachianas. En esta ocasión nos la servirán las prestigiosas Akademie für Alte Musik y RIAS Kammerchor de Berlín, con Justin Doyle al frente y Nuria Rial entre las voces solistas. La Orquesta Joven de Andalucía se atreverá el Lunes de Pascua con el Réquiem de Guerra de Britten, con Álvaro Albiach como director y Berna Perlés y el Joven Coro de Andalucía en los atriles. Para finalizar, el que hoy se considera mejor conjunto sinfónico español, la Orquestra de la Comunitat Valenciana, interpretará a Stravinski, Shostakóvich y Chaikóvski en mayo, con su titular, Mark Elder, al frente.

Entre los solistas que nos deleitarán a lo largo de la temporada, destacan Javier Perianes en noviembre, Yuja Wang en febrero y Bruce Liu, ganador del décimo octavo Concurso Internacional Chopin de 2021, en mayo. Siempre será bienvenido Grigory Sokolov, de nuevo en el escenario del Maestranza, esta vez en marzo. Un año más, Alternativas de cámara, con la colaboración de Juventudes Musicales, nos permitirá conocer nuevos talentos, mientras Diálogos concertantes nos brindará la oportunidad de disfrutar con Lucas Macías al oboe, Pablo Barragán el clarinete, y el Trío Vibrart, integrado por Miguel Colom, Juan Pérez Floristán y Fernando Arias.

Ute Lemper

El Ballet Béjart de Lausana en noviembre y el Ballet Nacional de Ucrania, con La Bayadère de Minkus y la ROSS en el foso en enero, son dos de las propuestas dancísticas más destacadas. De Portugal nos llegarán los fados de Carminho en diciembre y la personalidad de Salvador Sobral en junio. Pero sin duda la cita que más ilusión nos hace es la de Ute Lemper, que tras una dilatada ausencia de nuestra ciudad, vuelve ahora con la ROSS, todo un acontecimiento, porque siempre la habíamos disfrutado en formación reducida, para cantar en junio temas de Hollander, Piazzolla, Gershwin, Legrand y, por supuesto, Weill.

Una importante nómina de artistas para la ROSS

Daniel Müller-Schott

Después de tantos años nutriéndose de artistas locales – menos mal que los tenemos y en abundancia – y otros muy efectivos aunque mayoritariamente desconocidos, esta temporada la Sinfónica se viste de lujo con importantes colaboraciones que se irán desgranando en una programación algo más ecléctica y comprometida que en temporadas anteriores.

Arrancamos en septiembre con el Réquiem de Verdi bajo la batuta de Lucas Macías. György Rath regresa al pódium con la Quinta de Shostakóvich, mientras el director titular se hará cargo de la Séptima de Bruckner también en noviembre. Curiosamente, una semana antes de que la interprete la Barroca de Sevilla, la ROSS recreará El Mesías bajo la dirección de Martyna Pastuszka, con Leonor Bonilla entre las voces solistas. El prestigioso y mediático violinista Daniel Hope abordará la parte solista y la dirección de un programa centrado en Las cuatro estaciones de Piazzolla y Richter, en enero, el mismo mes en el que el sevillano Alberto Carretero estrenará su Concierto para piano, con Juan Carlos Garvayo como solista y Shi-Yeon Sung como directora.

Daniel Hope

En febrero, Frank Peter Zimmermann interpretará el Concierto para violín de Hindemith, mientras Alexander Gavrylyuk se encargará del Concierto para piano nº 3 de Prokofiev, en un concierto en el que la directora coreana defenderá las novenas sinfonías de Glazunov y Shostakóvich. Pero lo más atrevido de la temporada llegará en abril con el Concierto para violonchelo de Lutovslavski, interpretado por Anastasia Kobekina bajo la dirección de Kiriil Karabits. Para nuestro regocijo, Daniel Müller-Schott será el violonchelista que dé forma al Don Quijote de Strauss en abril, bajo dirección de otra mujer, Eun Sun Kim, afianzando el compromiso de igualdad de nuestra orquesta. Y nada más y nada menos que Tabea Zimmermann será la solista del Concierto para viola de Bartók que dirigirá Macías en mayo. La orquesta se abre así definitivamente al repertorio del siglo XX. Las sopranos Marina Rebeka en mayo y Saoia Hernández en julio, protagonizarán sendos conciertos dirigidos por Macías, en torno a Wagner el primero, con Beethoven y un estreno de Borja Mariño el segundo.

Tabea Zimmermann

Fuera de la temporada de abono, el programa en colaboración con Juventudes Musicales nos brindará en octubre el Concierto para fagot de von Weber y el nº 3 para violín de Saint-Saëns. Unos días después, Javier Perianes interpretará en el Patio de la Montería del Alcázar Noches en los Jardines de España de Falla y el Concierto de Ravel para conmemorar el 150 aniversario del compositor gaditano. Offenbach, Bizet y los Strauss serán los protagonistas del Concierto de Año Nuevo, con la soprano Soraya Méncid y la mezzo Adéle Charvet entonando arias y dúos.

Leonor Bonilla

Este año no habrá cine con música en directo en Fibes, pero sí una selección de musicales de Broadway y el West End de Londres en febrero, con destacados solistas y el especialista alcalareño en la materia Alfonso Casado Trigo, y una gala lírica de zarzuela con Miguel Ortega como director y Leonor Bonilla como solista en el recuperado Lope de Vega, en mayo. Y no faltará otra Novena de Beethoven participativa, esta vez con Nuno Coelho al la batuta, en julio. El Teatro Riberas del Guadaíra de Alcalá, acogerá programas educativos de la ROSS, y el Espacio Turina el tradicional ciclo de música de cámara. Procuraremos estar atentos a estas citas en la medida que nuestra salud física y mental nos lo permita. Mientras tanto, sólo nos queda mantener esa ilusión que temporadas como ésta no ha hecho sino confirmar.