miércoles, 20 de mayo de 2026

RESONANCIA CON ÍMPETU JUVENIL

Alternativas de cámara, en colaboración con Juventudes Musicales de Sevilla. Resonancia, quinteto con piano: Sergey Maiboroda y Joan Andreu Bella, violines. Salomé Osca, viola. Lourdes Kleykens, violonchelo. Álvaro Mur, piano. Programa: Quinteto para piano y cuerdas en sol menor Op. 57, de Shostakóvich; Quinteto para piano y cuerdas en mi bemol mayor Op. 44, de Schumann. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, martes 19 de mayo de 2026


A poco de dar comienzo su tradicional Festival de Primavera, Juventudes Musicales de Sevilla puso ayer tarde broche de oro a su programación en colaboración con el Teatro de la Maestranza, a través del ciclo Alternativas de cámara. Y lo hizo con muy buena nota, echando mano de un conjunto de raíces fundamentalmente levantinas, integrado por cinco estupendos solistas con una envidiable trayectoria a sus espaldas, a pesar de su evidente juventud. El pianista ceutí Álvaro Mur ya dio buenas muestras de su calidad técnica y artística en otro concierto auspiciado por la entidad sevillana hace exactamente cinco años, en plena pandemia, con la Sinfónica acompañándole en la sala principal del Maestranza.

En los atriles, dos monumentos indiscutibles de la música de cámara, separados por un siglo pero conectados por un lenguaje inequívocamente romántico, con las particularidades lógicas del paso del tiempo, evidentes en la página de Shostakóvich. Dos partituras henchidas de fuego y pasión, ideales para poner en práctica el ímpetu juvenil del conjunto, que extrajo de sus fuerzas y altas capacidades todo un arsenal de recursos tanto para complacer a un público generalista como a los paladares más exquisitos y exigentes.

El carácter crispado de Shostakóvich

El Quinteto Op. 57 de Shostakóvich, estrenado por el propio autor junto al Cuarteto Beethoven, el mismo que divulgó su amplio catálogo de cuartetos, mantiene en todo momento un regusto neoclásico y una visible admiración por la gramática bachiana. Mur arrancó con fuerza y decisión, empleándose ya a fondo con el extremo agudo del teclado, del que a menudo extrajo acordes deliberadamente estridentes, sin duda afines a la desesperada expresividad del autor, pero carentes de ese punto de discreción y sutileza con las que éste conducía su atronadora exasperación con cierto disimulo.

Ejemplares fueron las prestaciones de Sergey Maiboroda y Joan Andreu Bella a los violines, mientras Salomé Osca a la viola y Lourdes Kleykens al violonchelo, ejemplificaron a la perfección la alternancia de voces y sucesivos relevos que caracterizan el preludio. Kleykens llevó a cabo un trabajo carnoso y profundamente melodioso, mientras Osca impregnó de lirismo la página. Hubiéramos deseado una atmósfera más fantasmagórica al inicio de la inquietante fuga, no obstante se lograra entre todos y todas una concentración contrapuntística de intensa carga emocional.

Tras un agitado y ovacionado scherzo central, si acaso un pelín carente de ironía y mordacidad, la compenetración entre el piano y la cuerda continuó funcionando en el intermezzo, algo por debajo sin embargo de esa tensión y sensación de soledad que apunta. Sus continuos y extremos cambios de registro se hicieron más patentes en el juguetón final, una intensa y ardua alternancia de sonrisas y lágrimas que los intérpretes llevaron a buen puerto, aunque sin la crispación que demanda tan compleja y comprometida página.


La intensidad emocional de Schumann

La segunda propuesta de la tarde nos llevó a los orígenes del género, con el primer quinteto con piano considerado indiscutible obra maestra, el que compuso Schumann en un momento feliz de su vida, consagrado a su pasión por la música y su amor incondicional por su esposa Clara, a quien dedicó esta pieza en la que el piano tiene tanto protagonismo, con resortes casi concertantes. Esto implica que sólo un solista competente puede acercarse a ella con garantías de éxito, y Mur demostró que lo es, manteniéndose firme y entusiasta en su prácticamente ininterrumpida intervención.

La vitalidad del allegro inicial quedó manifiesta en la calidez y la intensidad emocional con la que el quinteto lo abordó, reflejando sus continuos cambios de ánimo de manera tan arrebatada como llena de ternura. El conjunto resolvió con brillantez su contenida marcha fúnebre, ahondando en su carácter trágico salpicado de puntuales y gozosos estallidos de esperanza, y manteniendo en todo momento una muy saludable homogeneidad de timbre.

También entre lo lírico y lo fogoso prosiguió el scherzo, hasta llegar a un allegro ma non troppo final síntesis de la gramática schumanniana que los cinco intérpretes entendieron a la perfección, logrando una sintonía y una uniformidad sólo al alcance de los conjuntos más maduros y experimentados.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 19 de mayo de 2026

MOVIDA CELESTIAL Hombre rico, hombre pobre y ángel conciliador

Título original: Good Fortune
USA 2025 98 min.
Guion y dirección
Aziz Ansani Fotografía Adam Newport-Berra Música Carter Burwell Intérpretes Aziz Ansani, Seth Rogen, Keanu Reeves, Keke Palmer, Sandra Oh, Erik Estrada Loaiza, Leo Gonzalez Estreno en el Festival de Toronto 6 septiembre 2025; en Estados Unidos 17 octubre 2025; en España 15 mayo 2026

Comediante, monologuista y creador de varias series en televisión y plataformas digitales, el estadounidense de origen indio Aziz Ansani debuta en la dirección de largometrajes mirando al cine clásico norteamericano, con peajes obligados en Frank Capra y Preston Sturges y una tradición que se remonta a Charles Dickens. Porque su primera comedia cinematográfica bebe del clásico intercambio de personalidades que apuntaba el escritor británico en Príncipe y mendigo, y que se pudo apreciar también en multitud de ocasiones en otros títulos señeros del cine hollywoodiense, como Entre pillos anda el juego de John Landis.

Pero es también un homenaje al Capra de ¡Qué bello es vivir! y al Sturges de Los viajes de Sullivan, proponiendo ese atractivo intercambio de fortunas provocado por la torpe intervención de un bienintencionado Clarence (ángel de la guarda), que Keanu Reeves interpreta con total solvencia y desinhibición, dando así un giro radical de registro tras sus icónicos personajes de John Wick y Neo. Le acompañan en la amable y complaciente aventura, no exenta de ironía y un punto de mala leche, el propio Ansani como perdedor cuyo notable esfuerzo laboral no causa rédito, y Seth Rogen como descarado ricachón cuya fortuna ha sido adquirida gracias a la ley del mínimo esfuerzo y ese talento supremo que sólo algunas personas tienen para oler el éxito.

Con estas premisas y ese toque sobrenatural que nos remonta al clásico de Capra, Ansani teje un cuento moral moderno, ágil, hábil y equilibrado, en el que destaca la vorágine del capitalismo, la necesidad de trabajar la solidaridad y la empatía, y sobre todo de valorar otros aspectos vitales que no consistan únicamente en la cosecha de fortuna material. Además, se permite algunas pautas sobre justicia social, sindicalismo laboral y lucha de clases, todo ello envuelto en un tono amale y distendido al que no es ajena la agradable y variopinta música de Carter Burwell, cuyos acordes parecen sentirse tan a gusto con la misión encomendada.

lunes, 18 de mayo de 2026

JUGADA MAESTRA Cuando al castigo lo llaman mujer

Título original: How to Make a Killing
Reino Unido-Francia 2026 105 min.
Guion y dirección
John Patton Ford, según el guion de Robert Hamer y John Dighton para “Kind Hearts and Coronets”, basado en la novela de Roy Horniman “Israel Rank” Fotografía Todd Banhazi Música Emile Mosseri Intérpretes Glen Powell, Margaret Qualley, Jessica Henwick, Ed Harris, Zach Woods, Topher Grace, Raff Law, Bill Camp, Nell Williams, Sean C. Michael Estreno en Estados Unidos 20 febrero 2026; en España 15 mayo 2026


El quinteto de la muerte
y Ocho sentencias de muerte son dos de los títulos más afamados de la productora británica Ealing en su época de esplendor, segunda mitad de los cuarenta y primera de los cincuenta del pasado siglo. De la primera, Ladykillers, los hermanos Coen hicieron un remake que no pasó la prueba de una calidad digna, y ahora es la productora A24, parapetándose en la categoría acuñada a lo largo de los últimos años, la que se atreve a poner al día la segunda, inspirada en una novela que dio lugar a una extravagante comedia negra que marcó en cierto modo el estilo de la productora británica. En ella, Alec Guinness interpretaba los ocho personajes a través de los cuales el protagonista, Dennis Price, se vengaba de su acaudalada familia y, de paso, se aseguraba una suntuosa herencia patrimonial y un noble linaje.

Han pasado setenta y siete años y no precisamente en balde. Lo que entonces valía y daba forma a una sátira sobre el poder y la decadencia de la aristocracia, echando mano de convenciones sólo creíbles en manos de los artesanos con el talento necesario, quiere ser ahora una crítica al capitalismo feroz. Le falta maldad y abusa del convencionalismo, de manera que muchos de sus episodios apenas se justifican, interpelando al conformismo del público.

Lo peor es que, a pesar de calcar narrativa y situaciones, acaba sustituyendo el castigo penal por el de la femme fatal, quizás confundiendo empoderamiento de la mujer con una imagen tópica que le lleva a ser la psicópata ideal para someter a su ambiguo protagonista a una cadena perpetua y moralizante. De esta forma, el conjunto acaba resultando bastante misógino, seguramente todo lo contrario de lo que pretende. Todo carece del mordiente y el tono justo, a pesar de lo cual contiene ingredientes para dejarse ver y entretener, ya sea su atractivo reparto o su escenario en la clase alta neoyorquina.

jueves, 14 de mayo de 2026

EL BESO DE LA MUJER ARAÑA Flojo remake musical

Título original: Kiss of the Spider Woman
USA 2025 128 min.
Guion y dirección
Bill Condon, según el musical Terrence McNally basado en la novela de Manuel Puig y la película de Héctor Babenco Fotografía Tobias A. Schliessler Música John Kander y Sam Davis Intérpretes Jennifer López, Diego Luna, Tonatiuh, Bruno Bichir, Josefina Scaglione, Aline Mayagoitia, Tony Dovolani, Lucila Gandolfo Estreno en el Festival de Sundance 26 enero 2025; en Estados Unidos 10 octubre 2025; en España 15 mayo 2026


El director brasileño Héctor Babenco dio el salto al cine estadounidense con una interesante adaptación de la novela de Manuel Puig El beso de la mujer araña, que le reportó a William Hurt su único Oscar al mejor actor, por su incorporación del homosexual Luis Molina, que comparte celda en una cárcel brasileña con el preso político de izquierdas, heterosexual y homófobo, Valentín Arregui. Babenco volvería a tener notoriedad en 2000 cuando dirigió Antes que anochezca, donde Javier Bardem incorporaba a Reinaldo Arenas, poeta y novelista cubano también marcado por su homosexualidad. En 1992, siete años después de la película, Harold Prince la convirtió en musical, con libreto de Terrence McNally y canciones del famoso tándem Johm Kander y Fred Ebb, autores de los musicales Cabaret y Chicago, así como de las canciones de la película de Scorsese New York, New York
Su traslación al cine se ha confiado en una autoridad en el género, Bill Condon, responsable de la sensacional Dreamgirls y de los guiones de Chicago y El gran showman. También lo fue de la versión humana del clásico de Disney La bella y la bestia, además de realizar algunos títulos memorables como Dioses y monstruos, donde dirigió a Ian McKellen, protagonista también de otros films de Condon, como Mr. Holmes o su última película hasta la fecha, La gran mentira.

Siguiendo las pautas del musical de Broadway, Condon ha intentado imprimir de glamour y fuerza este fallido trabajo que combina la miseria y degradación humana vivida en una prisión argentina durante los estertores de la dictadura, con la sofisticación colorista y escapista del cine musical norteamericano de los años cincuenta. En sus coreografías, su música, no tan inspirada como los títulos de Kander y Ebb aludidos, su vestuario y decorados, tan deudores de los musicales de la Metro Goldwyn Mayer y de iconos como Astaire, Kelly o Cyd Charisse, se denota un homenaje explícito al género, incluida la secuencia del salón de baile de Cantando bajo la lluvia.

Pero el conjunto no funciona, no presenta la cohesión necesaria ni la tensión dramática que demanda, mientras sus protagonistas, incluida una muy ilusionada Jennifer López, se limitan a coreografías sencillas y rutinarias que hacen añorar en exceso la época homenajeada. El resultado es una floja imitación y un desperdicio dramático en el que ni siquiera sus protagonistas consiguen eclipsar a los originales, Hurt, Raúl Juliá y Sonia Braga, sin ser aquella tampoco una película extraordinaria o indiscutiblmente memorable.

miércoles, 13 de mayo de 2026

LAS OVEJAS DETECTIVES Una simpática intriga bovina

Título original: The Sheep Detectives
Reino Unido-USA 2026 109 min.
Dirección
Kyle Balda Guion Craig Mazin, según la novela de Leonie Swann Fotografía George Steel Música Christophe Beck Intérpretes Hugh Jackman, Emma Thompson, Nicholas Braun, Nicholas Galitzine, Molly Gordon, Hong Chau, Tosin Cole, Kobna Holdbrook-Smith, Conleth Hill y las voces de Julia Louis-Dreyfus, Bryan Cranston, Patrick Stewart, Regina Hall, Chris O’Dowd, Bella Ramsey, Brett Goldstein y Rhys Darby Estreno en Reino Unido y España 8 mayo 2026

Lo que pudiera en principio parecer un cruce entre la traviesa Oveja Shaun y el tierno Babe, el cerdito valiente, acaba convirtiéndose en un producto atrevido y singular en el que más bien se mezclan hábilmente las novelas policiacas al más puro estilo de Agatha Christie con las fábulas bovinas con serios problemas de identidad. El resultado en un film en principio infantiloide que atrapa pronto gracias a su encanto puramente británico, una trama ingeniosa y un tratamiento dramático y estético a la altura de lo deseable. Lo mejor es el tratamiento dispensado a los animales, que lejos del disparatado planteamiento inicial, se comportan como auténticos personajes de su especie, con la única salvedad de comunicarse mediante el lenguaje verbal humano exclusivamente entre ellas, pero sin adoptar en ningún momento comportamientos humanos como estamos acostumbrados en manos de otras factorías. 
Su hábil aportación a la investigación llevada a cabo por un policía local en una de esas encantadoras aldeas de la campiña inglesa, se limita a proporcionarle los elementos y claves necesarios para que sea él quien resuelva el misterio, lográndose la credibilidad, e incluso la complicidad, de un material en origen tan endeble y delicado.

Con Hugh Jackman y Emma Thompson como reclamos publicitarios, es en realidad el menos popular pero con una larga carrera en el cine y la televisión a sus espaldas, Nicholas Braun, quien protagoniza la función, secundado por el cada vez más célebre Nicholas Galitzine (Rojo, blanco y sangre azul, la serie de televisión Mary & George, y la próxima a estrenarse He-Man y los masters del universo). El resto, las entrañables ovejas, sobresaliendo entre las voces originales la de Julia Louise-Dreyfus (Veep, Sobran las palabrascomo la inteligente y vispada Lily, evidencian su origen infográfico en exceso, pero se agradece ese tratamiento animalista, dispensado también en el sustrato e intencionalidad de la trama.

Por otro lado, el elenco de sospechosos habituales queda algo desaprovechado, quizás porque su metraje no permite tanto detalle, teniendo en cuenta todo el material dedicado al tratamiento de estos entrañables bovinos. Pero el resultado global es satisfactorio, entretenido y todo lo amable que cabe esperar de un producto de estas características. Tan apropiado para públicos infantiles como maduros hartos de tanta violencia y malos humos, a pesar del asesinato que origina la trama.

lunes, 11 de mayo de 2026

MÚSICA EN ESENCIA CON EL BARBERO DE PAISIELLO

Il Barbiere di Siviglia. Ópera cómica con música de Giovanni Paisiello. Libreto de Giuseppe Petrosellini, basado en “Le Barbier de Séville” de Pierre Beaumarchais. Lucas Macías, dirección musical. Orquesta Ciudad de Granada. Con Aitana Sanz, Santiago Ballerini, Pablo Ruiz, Dario Solari, Pietro Spagnoli, Luis Raspaqueso y Andrés Merino. Coproducción de la Orquesta Ciudad de Granada y el Teatro de la Maestranza. Teatro de la Maestranza, domingo 10 de mayo de 2026

Sanz, Solari, Ballerini, Macías, Ruiz, Spagnoli, Merino y Raspaqueso
Foto: Luis Pascual Alcaide

Liberadas de las a menudo caprichosas puestas en escena que tanto despistan y distraen de lo que verdaderamente importa, la música, estas versiones en concierto que de vez en cuando nos brindan los grandes coliseos, se convierten en pura delicia, especialmente si todo, lo estrictamente musical y lo puramente dramático, encaja tan a la perfección como lo hizo en esta excelente coproducción entre la Orquesta Ciudad de Granada y el Teatro de la Maestranza. Una colaboración posible quizás por la doble titularidad de Lucas Macías como director musical de la ROSS y artístico de la orquesta granadina, y que propició una doble función de este título del clasicismo, el pasado viernes en el Auditorio Manuel de Falla de la ciudad de la Alhambra y ayer en el teatro del Paseo Colón.

Hasta la comedia fue más inteligible y fácil de seguir despojada de esas puestas en escena aludidas, cuando son caprichosas, desconcertantes y desacertadas. Nos gustaría pensar que el lleno absoluto experimentado ayer tarde se debió al interés suscitado por esta versión alternativa de la comedia de Beaumarchais puesta en música, y no a que muchos y muchas esperasen escuchar el famoso Largo al factotum de Fígaro. El título de Paisiello triunfó durante años desde su estreno en el Teatro Imperial de la Corte de San Petersburgo en 1782, hasta que en 1816 lo eclipsara la celebrada ópera rossiniana.

Lucas Macías

Su interés rebasa sin embargo lo estrictamente coyuntural, entroncando mejor con Las bodas de Fígaro de Mozart, estrenada sólo cuatro años después. No cabe duda, escuchando esta deliciosa partitura, de lo mucho que debió influir en el genio de Salzburgo. Como prueba, ese Scorsi giá molti paesi de Fígaro que tanto debió influir en el catálogo de conquistas de Don Giovanni que entona Leporello. De hecho, Mozart compuso para El barbero de Paisiello, un aria alternativa de Rosina que parece nunca llegó a usarse.

Con idéntico libreto de Giuseppe Petrosellini, que prácticamente adopta el original de Beaumarchais, se conocen otras cinco óperas de diferentes autores, mientras el de Cesare Sterbini del que se sirve Rossini, reaparece en otros dos, sin contar los innumerables títulos que se basan directa o indirectamente en el popular personaje. Con estos precedentes, el interés por disfrutar de esta ópera, poco divulgada y escasamente grabada, estaba servido. Los resultados rebasaron las expectativas, y todo terminó siendo sensacional y exquisito.

Comedia y música perfectamente combinadas

La excelencia de la propuesta se dejó entrever ya desde la obertura, que Macías dirigió con especial atención al detalle y perfecto estilo clasicista, a lo que la orquesta se adaptó con un sonido terso y contenido, sin estridencias ni formas aristadas, haciendo acopio de una sutil musicalidad, pura elegancia, sin asperezas y unas dinámicas suaves y elegantes. Una constante que se mantuvo durante toda la representación, atendiendo con cuidado e inteligencia a las necesidades de las voces, y dejando clara la magnífica preparación y oportuna veteranía de la orquesta. Por cierto, todo un acierto que otra de las grandes orquestas andaluzas se hiciera eco en nuestra ciudad, algo que debería convertirse en costumbre para disfrutar de los otros conjuntos de la comunidad.

Dario Solari y Aitana Sanz

A esta delicia puramente instrumental se unió el excelente elenco vocal convocado, empezando por una Rosina de la valenciana Aitana Sanz que, si bien empezó exhibiendo una voz pequeña y con poca proyección, pronto se desdijo deslumbrando en sus arias, la de la carta, Giusto ciel, con la que culmina el primer acto (en realidad el segundo, aunque esta producción decidió refundir los actos de dos en dos), y la de la lección de canto del segundo (más bien tercero), Giá riede primavera. Ambos, y todas sus partes en duetto, terzetto, quintetto… entonadas con gusto exquisito y enorme sensibilidad, junto a un timbre dulce, diamantino, y un fraseo fluido en el que lucieron también puntuales ornamentaciones defendidas con extrema delicadeza.

El Conde de Almaviva se benefició también de un tenor en forma, el italo-argentino Santiago Ballerini, de holgada proyección, notable aplomo y sentido de la comicidad, así como tono robusto y aterciopelado. Cantó con exquisita sensibilidad Saper bramate, la cavatina popularizada por Kubrick en Barry Lyndon, arreglo mediante de Leonard Rosenman. Y nos regaló además uno de los momentos cómicos más logrados y sobresalientes, cuando se presenta disfrazado como Don Alonso al más puro estilo Jerry Lewis. Sensacional también el barítono uruguayo Dario Solari, que aunque manifestó algunos roces al inicio, se mostró prodigioso en ese repaso por la geografía española ya apuntado, y por extensión en todas sus intervenciones, haciendo alarde de una voz profunda y perfectamente entonada, legato impecable y fuerza vocal sin reservas.

Santiago Ballerini

Magníficas también las aportaciones del barítono onubense Pablo Ruiz, quizás sobreactuado como el doctor Bartolo pero estupendo a nivel canoro, evidenciando un control absoluto de la respiración y una facilidad absoluta para cambiar de registro y ornamentar a discreción. El romano Pietro Spagnoli dejó clara su veteranía y experiencia con El barbero de Rossini, extendiéndolo también a esta variante menos divulgada. Su aportación a Don Basilio, el profesor de música, quizás no estuvo henchida de matices, pero mantuvo esa dignidad y elegancia que se le presume, con un aria de la calumnia de auténtico lujo.

El resto, Luis Raspaqueso y Andrés Merino dando vida a los criados de Don Bartolo, estuvieron impecables en sus aportaciones, especialmente en sus divertidas recreaciones de bostezos y estornudos. Todo en armonía, fácil de seguir y presto a entretener, divertir y encandilar con una partitura exquisita recreada al máximo nivel de calidad y con la mayor de las satisfacciones posibles tanto para sus artífices como para el encandilado público.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía y en Ópera Actual

domingo, 10 de mayo de 2026

YO NO MORIRÉ DE AMOR Afrontar la adversidad cuando se es muy joven

España-Bélgica 2026 94 min.
Guion y dirección
Marta Matute Fotografía Sara Gallego Música Simon Fransquet Intérpretes Júlia Mascort, Sonia Almarcha, Tomás del Estal, Laura Weissmahr, Guillermo Benet, Marc Domingo, Daniel Guerro, Fran Cantos, Lorea Intxausti, Sonia Ocampo Estreno en el Festival de Málaga 11 marzo 2026; en salas 8 mayo 2026

Gran triunfadora, precisamente junto a Hangar rojo, de la última edición del Festival de Málaga, donde se alzó con la Biznaga de Oro y los premios de interpretación a la joven debutante Júlia Mascort y al veterano Tomás del Estal, el también debut de la directora madrileña Marta Matute parece basarse, al menos parcialmente, en experiencias propias, como suele ocurrir en óperas primas. Supone el ya habitual ejemplo de doble debut femenino, realizadora y actriz, al que nos tiene acostumbrados y acostumbradas el cine español de los últimos años. En esta ocasión, nos acercamos a través de un análisis quirúrgico y certero al día a día de una familia afectada por la enfermedad degenerativa de la madre, una suerte de mezcla entre alzheimer y parkinson que exige cuidados intensivos y vigilancia permanente. Pero lo hacemos desde la experiencia vital de la hija menor, apenas dieciocho años truncados por una conciencia que, percibimos, se debate entre su anhelo de vida y búsqueda de propia identidad, y esa huida desesperada de una realidad que le supera y trunca sus expectativas vitales y emocionales.

Matute nos cuenta todo esto con una madurez impropia de una primera película, sin subrayados ni necesidad de esa incontinencia verbal con la que otros y otras justifican comportamientos y ademanes. Aquí todo es sutil, dejando al espectador o espectadora que experimente su propia conexión con una realidad que, desgraciadamente, no nos es ajena, ya sea real o en potencia. Lo logra por supuesto con la colaboración fundamental de un cuarteto protagonista excepcional, desde la joven protagonista debutante al padre, prodigio de expresividad sólo con miradas y gestos, pasando por la hermana, una adecuadamente autoritaria Laura Weissmahr en su mejor papel desde aquel Salve María que le reportó el Goya a la mejor actriz revelación, y por supuesto una sensacional Sonia Almarcha que hace acopio de tópicos para, sin embargo, regalarnos una interpretación sincera y mimética que nos hace olvidar a la actriz que incorpora al personaje.

Matute dirige con contención, sin atisbo de sensacionalismo, aunque alguna reiteración dramática se va apoderando de una función que, dentro de su excepcionalidad, no llega a marcar tanto como pretende, si bien deja la huella suficiente como para preocuparnos y concienciarnos sobre una realidad de la que es difícil escapar, pero que con un soplo de esperanza y la ayuda especializada necesaria, irrenunciable y conveniente, se puede llegar a conciliar y superar, con amor, voluntad y, sobre todo, responsabilidad.

HANGAR ROJO En caída libre

Chile-Alemania-Italia 2026 81 min.
Dirección
Juan Pablo Sallato Guion Luis Emilio Guzmán Fotografía Diego Pequeño Música Alberto Micheli y Matteo Marrella Intérpretes Nicolás Zarate, Boris Quercia, Marcial Tagle, Catalina Stuardo, Aron Herenández, Renzo Fioretti, Taiu Braver Iosovich Estreno en el Festival de Berlín 13 febrero 2026; en España 8 mayo 2026

Nuestro país es el primero que saluda la vida comercial de una película que supone el debut en el largometraje de su director, Juan Pablo Sallato, con dos documentales y una serie de televisión a sus espaldas, y que ya fue reconocida en el Festival de Málaga con cuatro importantes premios, a su protagonista y al montaje, así como los del público y la crítica, tras estrenarse oficialmente un mes antes en el de Berlín. Hangar rojo ofrece una disección precisa y dura de aquel infame 11 de septiembre de 1973, cuando un golpe de estado militar acabó con el gobierno democrático de Salvador Allende. Una cinta que llega en el momento justo, cuando precisamente la democracia vive sus momentos más perversos y pervertidos, convirtiéndose paradójicamente en trampolín para el regreso de estos regímenes represores, negadores de derechos y realidades diversas, populistas y macarras. Se deja ver en su escueto y calculado desarrollo la injerencia estadounidense en unos episodios con los que avanzaron la cruzada anticomunista emprendida por el país de las supuestas libertades tras esa Segunda Guerra Mundial que tanto poder y popularidad les reportó, y que ojalá hubieran aprovechado en otra dirección mucho más moderada y humanista. Y se deja ver ahora también esa perversión democrática, perpetrada ahora a través del aparato publicitario que supone el cine, la televisión y los modos de vida imitados por un mundo en el que cada vez más se deja entrever la estulticia generalizada.

Con estos parámetros, Hangar rojo se revela como otro ejemplo necesario de advertencia y concienciación que, lamentablemente, sólo llega a quienes ya estamos advertidos y concienciados, pues poca utilidad tiene si no alcanza a ese público mayoritario emborregado y palomitero. Su discreta distribución lo demuestra, a pesar de los galardones y parabienes recibidos. Nuestro protagonista es un aviador militar que confiesa sentir una libertad absoluta cuando experimenta la caída libre que le proporciona el paracaidismo, pero que en el infernal día que le toca vivir, sólo puede experimentar otro tipo de caída libre, la de haber sido un día salvador del presidente chileno de un atentado, y sentirse obligado ahora a colaborar a regañadientes con un golpe que no comparte, y que tendrá sus consecuencias, relatadas en los títulos de crédito finales.

Un blanco y negro austero, una cámara pegada al protagonista y una puesta en escena precisa y contundente, potencian la escalada de asfixiante tensión que se va apoderando del público, al que por otro lado se le ahorran los horrores insoportables que se denotan del uso del sonido y el fondo desenfocado. Sólo cabe reprocharle algún desliz en el relato, fundamentalmente en detalles que bien podrían haberse pasado por alto. No podemos dejar de lado el excelente trabajo expresivo y gestual del pragmático e hierático protagonista, incluso del más caricaturesco pero necesario superior jerárquico, esa permanente amenaza para quienes disienten de su diabólica misión.

viernes, 8 de mayo de 2026

LA ROSS A LOS PIES DE UN PRODIGIOSO DANIEL LOZAKOVICH

Sinfónico 13. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Daniel Lozakovich, violín. Marc Albrecht, dirección. Programa: Concierto para violín y orquesta en Re mayor Op. 61, de Beethoven; Sinfonía nº 1 en do menor Op. 68, de Brahms. Teatro de la Maestranza, jueves 7 de mayo de 2026


Muchas veces nos preguntamos si el director de turno se pliega a las condiciones del solista, convirtiéndose éste en verdadero instructor de la interpretación, al que adaptarse la batuta y con ella la totalidad de la plantilla orquestal. En ocasiones como la de ayer se puede constatar esta particularidad, sobre todo cuando la forma de abordar una pieza y otra del programa es tan distinta, según haya o no participación del solista invitado.

Éste era en esta ocasión una estrella en su género, Daniel Lozakovich, un joven violinista de carrera fulgurante y características extraordinarias desde muy temprana edad, lo que le ha convertido en uno de los más solicitados por las más prestigiosas batutas y conjuntos. Nos complace tanto que la Sinfónica pueda contar con un nombre así en su temporada, que nos planteamos una y otra vez si la poca entusiasta reacción que provocó en nosotros responde a factores ajenos a una atenta escucha, la que sin duda brindamos a su particular comparecencia junto a la ROSS.

En el programa, dos partituras muy frecuentadas por ésta y otras orquestas en nuestra ciudad en los últimos quince años. El concierto de Beethoven lo interpretó Michael Barenboim junto a la West-Eastern Divan y su padre en 2019, mientras la OJA tuvo al alcalareño Javier Comesaña como solista en abril de 2024, sólo dos meses después de que Sergei Dogadin lo interpretara junto a la ROSS y Marc Soustrot.

Por su parte, la primera de Brahms ha sido interpretada hasta cuatro veces por la ROSS en este periplo, con Rodrigo Tomillo en febrero de 2021, Soustrot en 2022, John Axelrod en 2017 y un memorable Pedro Halffter en 2011. Además, la escuchamos con Oksana Lyniv y la Orquesta de la Fundación Barenboim-Saïd hace apenas año y medio, en un concierto en el que curiosamente el hijo de Daniel Barenboim interpretó el concierto de Mendelssohn.

Se trata sin embargo de dos piezas tan perfectas, magistrales, que no nos cansamos de disfrutarlas en casa o en compañía, con la estimulante sensación del directo, y esta vez el aliciente añadido de un comportamiento prácticamente ejemplar del público.

Una ambiciosa lectura del Concierto de Beethoven

Habitualmente considerado un soplo de felicidad y un poema amoroso, el de Beethoven sigue siendo hoy el más admirado de cuantos conciertos se han escrito para el violín, exigiendo altas dosis de virtuosismo y expresividad. Ambas condiciones las reúne de sobra el joven violinista sueco Daniel Lozakovich (el apellido le viene por su padre bielorruso), pero utilizadas acaso con ciertos aires caprichosos y un gusto estético que a nosotros nos ha parecido discutible.



Es cierto que nunca como en esta pieza la orquesta ha de plegarse ampliamente al discurso del solista, pero en esta ocasión encontramos incluso excesiva esa sumisión que acabó provocando nuestro desinterés en los dos amplios primeros movimientos, generándonos más dispersión que concentración. Ejemplares fueron las aportaciones de clarinetes y fagotes en el allegro inicial. Sin embargo, la aportación del violín miró más a su propio ensimismamiento que a potenciar la belleza melódica.

No podemos negar que el sonido se mantuvo siempre hermoso y homogéneo, marcando mucho las dinámicas y jugando continuamente con cambios impactantes de registro, además de manifestar un legato sin fisuras, aunque sin lograr transmitir ese sentimiento profundo y espiritual de los dos primeros movimientos. Las cadencias derrocharon energía de resortes zíngaros, frente al tono lánguido, demasiado delicado y ensimismado que imperó en el desarrollo de la pieza.

Lozakovich afrontó con acierto los arabescos entrecortados y los elocuentes silencios que salpican el larghetto, marcando sólo parcialmente su carácter de romanza. No atisbamos, sin embargo, esa atmósfera de felicidad e intensa poesía que demanda la partitura. En el rondó final apareció por fin el solista que no pretende sino sólo ejecuta, mostrando un contundente pulso atlético y mayor nivel de sinceridad, limitándose a cantar libre y desenfadadamente su agitada gramática.

A todo ello se plegó Albrecht con sumisa disposición, manteniendo un diálogo cómplice con el personal violinista que, a pesar de la entusiasta respuesta del público, se hizo de rogar para afrontar en la propina a Bach, con largas y muy meditadas frases.

Una Sinfonía de Brahms sólida y robusta


Nada que ver, a nuestro juicio, la manera de afrontar Beethoven con la de Brahms por parte del director alemán, que ya en 2019 nos deslumbró con su entusiasta forma de dirigir. Con la Sinfonía nº 1 de Brahms demostró tener muy claras las ideas, sin salirse del guion ni dejarse en los atriles ni una pizca de la exaltación y la robustez que acompaña esta sensacional partitura.

Sentimos especial debilidad por su tercer movimiento, un poco allegretto e grazioso, por motivos estrictamente personales. Si lo encontramos en su punto justo de luminosidad, con esa fragancia a aire fresco que lo caracteriza, quedamos completamente satisfechos. Y fue así como lo resolvió Albrecht. El resto, todo bien construido y asegurado, aunque la de ayer fue una de esas ocasiones en las que los metales no respondieron al máximo nivel, algo chillones y agresivos en el allegro inicial, con puntuales desajustes en el movimiento final.

El director optó por tempi rápidos, especialmente apreciable en el andante sostenuto, tan opuesto a la fórmula desplegada antes en Beethoven. No por ello sacrificó calidez  y refinamiento en este hermoso movimiento. El resultado global fue satisfactorio, sin grandes sorpresas ni alardes añadidos, con franqueza, sinceridad y ninguna intención de epatar. La solemnidad y la brillantez se hicieron paso en un allegro non troppo coronado con un intenso y efervescente final.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 7 de mayo de 2026

LA ZARZUELA MÁS PRIMIGENIA BRILLA CON DE FRUTOS Y RINCÓN

Rocío de Frutos, soprano. Miguel Rincón, cuerda pulsada. Programa: Entre mitos y afectos, un viaje por la Zarzuela Barroca (obras de Juan Hidalgo, Gaspar Sanz, Juan de Navas, Jean-Baptiste Lully, Sebastián Durón, Antonio Líteres y José de Nebra). Teatro Cajasol, miércoles 6 de mayo de 2026


Sólo la zarzuela generada a partir de la mitad del siglo XIX ha trascendido hasta nosotros, con los consabidos períodos de ostracismo que nos hicieron perder el contacto con ella. Pero el género se extiende más allá en el tiempo. Muchos han sido los intentos de reivindicar su trayectoria barroca, porque en este país, en materia de cultura, siempre andamos reivindicando, a falta de un saludable mantenimiento. Pero sólo hemos indagado en un barroco ya tardío, fundamentalmente del siglo XVIII, con José de Nebra como máximo exponente, a quien se han unido otros compositores como Antonio Rodríguez de Hita o Vicente Martín y Soler. Entre nuestras sopranos más reconocidas, María Bayo ha prestado especial atención a este repertorio, con grabaciones acompañadas de suntuosas orquestaciones en manos de conjuntos tan especializados como Al Ayre Español o Les Talens Lyriques.

Lo que los sevillanos Rocío de Frutos y Miguel Rincón nos trajeron ayer se desplazó más allá en el tiempo, a ese primer barroco apuntado, con especial parada en quien se considera precursor de la ópera en español y de la propia zarzuela, Juan Hidalgo. Lo hicieron de la mano de la Real Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría, en colaboración con la Fundación Cajasol y la Compañía Sevillana de Zarzuela, con su principal responsable, Javier Sánchez-Rivas, y el historiador y crítico musical Andrés Moreno Mengíbar, ambos académicos, ejerciendo como maestros de ceremonias.

El resultado fue una encantadora velada en la que los dos protagonistas parecieron sentirse tan volcados como cómodos, quizás por las tablas que ambos atesoran a sus espaldas y que les convierten en consumados artistas capaces de dar brillo a todo lo que se les ponga por delante. Esos primeros intentos de ópera a la española, música concebida para la escena a partir de textos de los autores más reputados del momento, Calderón de la Barca incluido, encontraron en Rocío de Frutos y Miguel Rincón el medio ideal de divulgación.


Un recorrido cronológico de Hidalgo a Nebra

Juan Hidalgo ocupó gran parte de la propuesta, prácticamente la mitad. El compositor y arpista madrileño fe un prolífico músico teatral, trabajó con Felipe IV, y le debemos un considerable número de obras destinadas a germinar en nuestro género lírico. Su obra, sin embargo, se perdió, como la de otros tantos autores, en el gran incendio del Real Alcázar de Madrid de 1734, por lo que haber podido contar con un suculento ramillete de sus composiciones podríamos considerarlo casi un milagro.

Su estilo fuertemente sincopado, con estribillos cíclicos, se dejó notar en el arranque, con un distendido y alegre Trompicábalas, de Los celos hacen estrellas, que Frutos cantó con esa finura que le caracteriza, un fraseo exquisito y una impecable vocalización, ideal para entender, aunque con dificultad por sus formas antiguas, el texto de Juan Vélez de Guevara. Contó para ello con el acompañamiento de lujo de Miguel Rincón, que sustituyó en el último momento al originalmente anunciado Aníbal Soriano, convaleciente por una dolencia puntual.

A partir de ahí, se sucedieron romanzas, si podemos denominar así a las arias de esta primera zarzuela barroca, que alternaron lo jocoso con lo amoroso y dramático, acuñando formas muy apreciadas e identificables para quienes estén familiarizados con el estilo imperante en la época en nuestro país, como jácaras, canarios y villancicos. Con Ay, amor, ay ausencia, de Contra el amor, desengaño, Rocío de Frutos desgranó todo su potencial dramático y expresivo, siempre bajo la atenta complicidad de su compañero, ahora ya sí felizmente entre nosotros y nosotras tras un largo periplo en el extranjero que le ha llevado a participar en algunos de los conjuntos más reputados europeos.

Precisamente, con Gaspar Sanz, Rincón brilló en solitario, añadiendo ornamentaciones propias, vivas y muy creativas a una deliciosa pavana que desgranó con deleite y mucho gusto, así como esos recurrentes canarios, tañidos a la guitarra barroca con sensacional sentido del ritmo, absoluta precisión en la digitación y un fraseo impecable, con una naturalidad que sin embargo no ocultó las complejas dificultades de ambas obras. En otras piezas, Rincón acompañó a la soprano sevillana con el archilaúd, ideal para mecer y dulcificar la voz sin eclipsarla.


Boccherini y Lully, infiltrados

Otra pieza de Hidalgo, Ay que sí, ay que no, de una de esas zarzuelas mitológicas que abundaban en la época, El templo de Palas, con libreto de Francisco de Avellaneda, y el delicioso Sé que me muero de amor, de El burgués gentilhombre de Lully según Molière, como ejemplo de otras comedias musicales extra ibéricas, encumbraron el género con el buen hacer y la implicación total de ambos artistas, muy compenetrados en todo momento.

Sebastián Durón y Antonio de Líteres representaron lo mejor en música escénica a finales del siglo XVII. De quien fuera organista de la Catedral de Sevilla, se interpretaron dos piezas, con especial hincapié en un Sosieguen, descansen, de Salir el amor del mundo, el primer libreto de un habitual en el género, José de Cañizares. Frutos lo cantó con extraordinaria fuerza expresiva y unas muy delicadas ornamentaciones, dejando claro cómo Durón introdujo el recitativo italiano en nuestro género. De Líteres cantó con igual ahínco y entusiasmo Confiado jilguerillo, de Acis y Galatea, quizás reconocible para quienes conozcan el arreglo que Felipe Pedrell hizo para voz y piano.

Con José de Nebra, el gran exponente de la zarzuela en la primer mitad del siglo XVIII, con más de veinte títulos en su catálogo, y su tormentosa Tempestad, de Vendado es amor, no ciego, terminó un recorrido que se extendió en la consabida propina con Boccherini y una divertida pieza enriquecida con singulares improperios de la época, como botarate, que hicieron las delicias de un público encantado. A destacar las sutiles transiciones entre pieza y pieza, formando bloques que hoy denominaríamos medleys, y las exquisitas reducciones a las que fueron sometidas algunas de las piezas más avanzadas, pues las primeras, destinadas a la Corte, se hacían acompañar sólo de bajo.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 6 de mayo de 2026

TODO LO QUE FUIMOS Saga familiar en un escenario de tragedia y desolación

Título original: Ally baqi mink
Palestina-Alemania-Chipre-Jordania-Grecia-Catar-Arabia Saudí 2025 145 min.
Guion y dirección
Cherien Dabis Fotografía Christopher Aoun Música Amin Bouhafa Intérpretes Cherien Dabis, Saleh Bakri, Mohammed Bakri, Adam Bakri, Maria Zreik, Muhammed Abed Elrahman Estreno en el Festival de Sundance 25 enero 2025; en Italia 18 septiembre 2025; en España 30 abril 2026


Vista hace poco en Águilas de El Cairo, Cherien Dabis es una actriz y directora palestino-estadounidense con una larga carrera a sus espaldas, que con éste realiza su tercer largometraje, tras Amerrika y El verano de May, ahora por primera vez bajo bandera del castigado país del que es originaria. Se trata de una clásica película río, que roza continuamente el folletín para quedarse sutilmente en el margen, sin renunciar a la tan necesaria denuncia, pero tratando con delicadeza y elegancia los frágiles materiales que le sirven de base. Dabis nos cuenta la tragedia del pueblo palestino, desde finales de los cuarenta, cuando los israelitas se asentaron en su territorio y fueron paulatina e ilegítimamente invadiéndolo, echando y masacrando a sus habitantes, hasta la actualidad, aunque antes de la aniquilación total a la que le ha sometido Netanyahu y Trump.

El relato se centra en una familia de clase media e intelectual que sirve a la directora para añorar aquello en lo que el país, hoy reconocido como tal por algunos de los países más decentes del planeta, podría haberse convertido, lejos de la barbarie y el salvajismo que se le adjudica simplemente por habérsele arrebatado las herramientas con las que construir una nación libre, justa e independiente. En este contexto recorremos setenta años haciendo paradas en las décadas de los cuarenta, setenta y ochenta del siglo pasado, y culminando en la actualidad. Al llanto por la tierra perdida se añade el del familiar asesinado, siempre dentro de un orden, sin cargar las tintas y haciendo especial hincapié en la mirada y la experiencia de los niños, caldo de cultivo para una sensibilidad y un sentimiento que tardará mucho en corregirse y enderezarse.

Lástima que Dabis empeñe demasiado metraje, perdiéndose a menudo en diálogos y situaciones estériles, que poco o nada aportan a la tesis central y argumental de la cinta. Esto hace que su visionado se antoje puntualmente tedioso, si bien se agradece su hábil y estudiada estructura, y sobre todo el buen trabajo de su elenco, en el que destacan tres actores de una misma familia, dos de ellos, padre e hijo, interpretando el mismo papel en diferentes edades, y el tercero dando vida al hijo de dicho personaje, y protagonista junto a la propia Dabis de la función. Cine de denuncia, pero también de sentimientos, rozando el melodrama y contando con un holgado presupuesto gracias a una frondosa coproducción, que le valió a su responsable el premio a la mejor dirección en el pasado Festival de Cine Europeo de Sevilla.

LOS JUSTOS Una comedia judicial que no se sostiene

España 2026 89 min.
Guion y dirección
Jorge A. Lara y Fer Pérez Fotografía Alfonso Postigo Música Beatriz López-Nogales Intérpretes Carmen Machi, Vito Sanz, Pilar Castro, Marcelo Subiotto, Ane Gabarain, Bruna Cusí, Hugo Welzel, Marina Guerola, Aimar Vega, Felipe Pirazán, Mapi Sagaseta, Mar Isern Estreno en el Festival de Málaga 9 marzo 2026; en salas 30 abril 2026


Decepcionante debut en la dirección de Jorge A. Lara y Fer Pérez, guionistas en conjunto de las olvidables comedias cinematográfica Superagente Makey y televisiva Olmos y Robles, una pareja de ley, y por separado de las desafortunadas adaptaciones de Zipi y Zape al medio y la lamentable Ahora o nunca de María Ripoll (Lara), así como las más estimulantes, al servicio de Paco León, Kiki, el amor se hace y Aída y vuelta (Pérez). Tampoco ahora logran destacar con esta comedia judicial más cerca de la más lograda Bajo terapia de Gerardo Herrero, aunque el fondo sea distinto, que de las referenciales Doce hombres sin piedad en la que parece mirarse como estructura y tour de forcé interpretativo, y Anatomía de un asesinato, a la que cita al comienzo de la función. 
Porque de eso parece tratarse, sin ser ninguna adaptación, de una obra de teatro sobre nueve desgraciados encargados de dictaminar la culpabilidad o no de un empresario corrupto, y de la facilidad con la que ellos y ellas mismas son susceptibles de ser corrompidas.

Lo que de esta manera debería ser una hábil y sorprendente disquisición sobre la materia, con la tan de actualidad corrupción política en el banquillo, se convierte en tan torpes manos en algo que no se sostiene desde el minuto cero. Empezando por una secretaria judicial que los trata con un injustificado, al menos al principio, desprecio. Pasando por una galería arquetípica de personajes y una fatigosa sucesión de lugares comunes que afianzan el manuscrito como guion de manual, logrando en algunos momentos incluso ruborizarnos, a una ausencia total de ingenio para sorprender con los habituales giros del género.

No hay convicción en lo escrito ni excelencia en lo interpretado, aunque como sentimos cierta devoción por la poco reconocida Pilar Castro, destacamos su elegancia y moderación dentro del conjunto. Ni siquiera llega el esperado golpe de efecto que redima, aunque sólo sea un poco, el desafortunado desaguisado perpetrado por su pareja de directores y guionistas, que incluso evitan desvelarnos qué ocurrió con el anillo del personaje interpretado por Carmen Machi, seguramente porque se olvidaron de él, de la misma forma que hicieron con tantos detalles que hacen aguas y recalcan que aquí poco o nada se sostiene. Curiosamente, su banda sonora coincide con la de otra estrenada la misma semana, La plaga, en el uso exclusivo de la voz humana, en este caso más para ridiculizar que para inquietar.

martes, 5 de mayo de 2026

LA ISLA DE AMRUM Una mirada limpia y profunda

Título original: Amrum
Alemania 2025 93 min.
Dirección
Fatih Akin Guion Fatih Akin y Hark Bohm Fotografía Karl Walter Lindenlaub Música Hainbach Intérpretes Jasper Billerbeck, Laura Tonke, Lisa Hagmeister, Kian Köppke, Lars Jessen, Detlev Buck, Matthias Scheighöfer, Diane Kruger Estreno en el Festival de Cannes 15 mayo 2025; en Alemania 9 octubre 2025; en España 30 abril 2026


Atrás quedaron los tiempos en los que al director alemán de origen turco Fatih Akin le llovían reconocimientos en galas y festivales con películas como Contra la pared o Al otro lado. Ha seguido haciendo películas, con éxitos como Soul Kitchen, El padre, En la sombra o El monstruo de St. Pauli, moderando progresivamente sus hechuras, pero nunca tanto como con este drama de corte narrativo y estético absolutamente clásico. Se trata de las memorias juveniles de Hark Bohm, actor, escritor y cineasta que colaboró con Fassbinder en películas como El matrimonio de Maria Brown. 
Su vida en la isla de Amrum, una de las islas Frisias septentrionales de Alemania, cuando era niño y la Segunda Guerra Mundial estaba a punto de terminar, es analizada con mimo y sensibilidad por Akin en colaboración con el propio Bohm, que además se reserva una pequeña intervención al final de la película.

La sinrazón y profunda inutilidad de la guerra y del odio entre pueblos, queda perfectamente plasmada en esta crónica de juventud en la que lograr un pequeño y suculento manjar para la madre depresiva se convierte en reto y, en cierto modo, macguffin para que el joven protagonista, prodigioso Jasper Billerbeck de mirada limpia y profunda, viva diversos episodios en los que el pasado nazi de la familia va quedando atrás, y puede que apenas dejando huella en el futuro más que para reflexionar sobre toda esta estúpida barbarie.

Sus personajes se polarizan, como la propia población devastada, entre la tragedia por la pérdida del führer y la guerra, y aquellos otros que sólo vieron en el genocida y su lucha un camino a la perdición, fuera de todo orden, lógica y humanidad. Una narrativa fluida, una imagen luminosa y la excelente interpretación de un reparto en el que apenas distinguimos un rostro conocido, el de Diane Kruger en un breve pero significativo papel, logran un film estimable, sencillo y a la vez hábilmente elocuente.

LA PLAGA Aprendices de manada

Título original: The Plague
Australia-Emiratos Árabes-USA-Rumanía 2025 95 min.
Guion y dirección
Charlie Polinger Fotografía Steven Breckon Música Johan Lenox Intérpretes Everett Blunck, Kenny Rasmussen, Kayo Martin, Joel Edgerton, Elliott Heffernan, Lucas Adler, Caden Burris, Lennox Espy, Kolton Lee Estreno en el Festival de Cannes 16 mayo 2025; en Estados Unidos 24 diciembre 2025; en España 30 abril 2026


Ambicioso debut en la dirección de largometrajes del joven director Charlie Polinger, con una historia parcialmente basada en experiencias propias vividas cuando era adolescente. Se trata de una singular y original visión del comportamiento humano en esa compleja etapa de la vida, centrándose en un campamento de verano para deportistas de agua. En concreto, analiza el devenir de un equipo de wáter polo convertido en microcomunidad con líder carismático y cierto presagio de futura manada en el peor sentido de la palabra. Intentar encajar en dicho grupo, mal considerado de ganadores, se convierte en reto del protagonista, algo más sensible que el resto. Mientras, marginar a quien no encaja, por supuesta rareza o, en este caso, enfermedad cutánea (la plaga o peste del título), se convierte en objeto del grupo.

En definitiva, volvemos a un tema muy candente como es el desprecio a la diferencia, sin tener en cuenta que en general todos y todas tenemos nuestra singularidad. La tendencia del protagonista a ayudar al marginado, irá haciendo mella en su propia posición en el grupo, mientras intenta salvar a quien no parece encajar con propuestas cercanas a la tan cacareada como errática normalidad. Todo esto, Polinger lo trata con un sentido estético bastante original, como si el envoltorio también fuera un referente de esa diferencia, esa singularidad que haga al producto único y revelador. Las evocadoras secuencias subacuáticas, su desconcertante narrativa entre el cine social y el más genuino de terror, y el sugerente, a menudo asfixiante, uso del sonido, incluida una extravagante banda sonora con la voz humana como instrumento predominante, logran ese efecto hipnótico y extraño que persigue, y logra, la película.

El trabajo de los niños es extraordinario, especialmente el desconcertado y vulnerable protagonista, el líder de la manada y el bizarro marginado Por otro lado, los escasos papales maduros, con Joel Edgerton a la cabeza como entrenador, además de ejercer como productor de la película, parecen no hacerse eco de la problemática de unos jóvenes cuya identidad está por forjar, y que posiblemente acaben pasando de chulos irredentos a fracasados sociales. En este sentido, resulta especialmente estremecedora la reacción de la madre del protagonista en una secuencia puntual y reveladora de la cinta.

lunes, 4 de mayo de 2026

EL DIABLO VISTE DE PRADA 2 Digna secuela sobre la vanidad

Título original: The Devil Wears Prada 2
USA 2026 119 min.
Dirección
David Frankel Guion Aline Brosh McKenna, según los personajes creados por Lauren Weisberger Fotografía Florian Ballhaus Música Theodore Shapiro Intérpretes Anne Hathaway, Meryl Streep, Stanley Tucci, Emily Blunt, Justin Theroux, Patrick Brammall, Kenneth Branagh, B.J. Novak, Simone Ashley, Tracie Thoms, Lucy Liu, Larry Mitchell, Rachel Bloom Estreno en España 30 abril 2026; en Estados Unidos 1 mayo 2026


Lauren Weisberger triunfó a principios de este siglo con su novela semi autobiográfica El diablo viste de Prada, en la que contaba sus experiencias como asistente personal de la poderosa directora de Vogue Anna Wintour. Apenas tres años después de su publicación, la llevaron a la pantalla la guionista Aline Brosh McKenna (Hasta que la ley nos separe, 27 vestidos, Morning Glory) y el director David Frankel, que había debutado unos años antes con Miami, protagonizada por Antonio Banderas, Sarah Jessica Parker y Mia Farrow. El resultado se coló en las listas de películas más taquilleras de la década, y logró afianzarse como una de las comedias más icónicas de lo que llevamos de siglo. El éxito estaba bien asegurado; se trataba de modernizar el clásico cuento de la cenicienta, presentándonos a una joven periodista e idealista que acaba sucumbiendo a las reglas del trabajo en un mercado fuertemente capitalista, cuando es contratada en la revista Runway, a las órdenes de una caprichosa y diabólica jefa. Anne Hathaway pasaba así de patito feo a deslumbrante cisne, mientras Meryl Streep echaba toda la carne al asador para convertirse en una hábil combinación de hada y bruja.

Con los clásicos de una sociedad capitalista seguimos, cambiando los cuentos de hadas por los de súper héroes. Al menos eso es en lo que parece haberse convertido la protagonista, Andy Sachs, empeñada en arreglar cualquier desaguisado y reponer justicia a quien la pierde, salvando así empresa, reputación y vida ajena, aunque en el fondo, y ahí radica su más acertada observación, es a ella a quien se afana en salvar, como cualquier hijo e hija de la sociedad consumista moderna, absorbida por el narcisismo y la vanidad. Naturalmente lo que llama la atención en esta segunda parte, que no sigue precisamente la continuación de la novela, La venganza viste de Prada, es su lujo, glamour y, sobre todo, ritmo e ingenio para volver a encandilar y divertir, resultar amena y digerible, a pesar de que cada giro de guion cuenta con una resolución facilona, poco trabajada.

Lo mejor, de todos modos, sigue siendo su cuarteto protagonista. Si con este film volvemos a disfrutar en la gran pantalla, tras varios años de ausencia, de la gran e irrepetible Meryl Streep, ya merece la pena. Pero lo hace también porque Anne Hathaway despliega todo su encanto, la trama es atractiva y la dirección ágil y dinámica. Si además viajamos a lo más glamuroso de Milán y somos capaces de reconocer los cameos de gente tan famosa en el sector como Naomi Campbell, el músico Jon Batiste o Dolce & Gabana, mejor aún. Por cierto, en este apartado destaca la bronca que le echa Emily Blunt a Donatella Versace, y la que Lady Gaga le echa a Meryl Streep. Por lo demás, ya tiene mérito reunir al mismo equipo artístico y técnico veinte años después.