sábado, 31 de octubre de 2020

SENTIMENTAL Hablemos de eso

España 2020 82 min.
Guion y dirección
Cesc Gay, según su obra “Los vecinos de arriba” Fotografía Andreu Rebés Intérpretes Javier Cámara, Griselda Siciliani, Belén Cuesta, Alberto San Juan Estreno en el Festival de San Sebastián 24 septiembre 2020; en salas comerciales 30 octubre 2020

A pesar de disfrutar de un amplio reconocimiento hay apenas dos películas de Cesc Gay que captan nuestro interés,
En la ciudad por su lucidez a la hora de retratar un variado muestrario de animalario urbano, y Una pistola en cada mano por su hilaridad y capacidad para enganchar con la mayoría de sus episodios. Ni la muy valorada y multipremiada Truman ni ésta que nos ocupa han captado nuestro interés.

En Sentimental adapta una exitosa obra teatral propia ideal para tardes de domingo en teatros de provincia, como antaño lo eran los vodeviles que protagonizaban Arturo Fernández y Pedro Osinaga, pero actualizando un poquito los temas, siempre dirigidos a públicos de risa maliciosa y fácil que oculta tímidamente la todavía sorprendente capacidad de algunos y algunas para ruborizarse y escandalizarse, aunque solo sea tímidamente, con temas propios de Elena Ochoa y su programa televisivo Hablemos de sexo. Aquello tuvo su parodia de la mano de Martes y 13 que se llamó Hablemos de eso, que es a lo que Gay parece querer parecerse echando mano del humor a borbotones para ridiculizar a estas dos parejas burguesas cuyo primer encuentro serio y oficial genera un desencuentro tan desastroso como el que protagonizaron los personajes de Yasmina Reza en Un dios salvaje, con la que guarda un indisimulado parecido estructural y dramático.

Forzada desde la propia presentación de los protagonistas, un amargado Javier Cámara porque está profesionalmente frustrado, una Griselda Siciliani que perpetúa el rol de ama de casa insatisfecha sexual y sentimentalmente, víctima todavía a estas alturas de un machismo no confeso, un Alberto San Juan sobrado de sí mismo y, menos mal, una Belén Cuesta que de nuevo evidencia su capacidad para ser natural incluso cuando el libreto proporciona pocas claves para lograrlo. Si de verdad queremos saber algo de diversidades sexuales, swingers intercambios de pareja, que por otro lado es tan viejo como la rueda y ya nos ilustraron sobre ello genios como Shakespeare o Mozart, mejor vean de vez en cuando First Dates… se sorprenderán con la variedad de formas que existen en este planeta para disfrutar del sexo, del amor, de la compañía y de la vida en general.

viernes, 30 de octubre de 2020

LAS BRUJAS (DE ROALD DAHL) Lo que el aspecto esconde

Título original: The Witches
USA 2020 99 min.
Dirección
Robert Zemeckis Guion Robert Zemeckis, Kenya Barris y Guillermo del Toro, según el cuento de Roald Dahl Fotografía Don Burgess Música Alan Silvestri Intérpretes Anne Hathaway, Octavia Spencer, Jahzir Bruno, Codie-Lei Eastick, Stanley Tucci, Charles Edwards, Morgana Robinson, Orla O’Rourke, Philippe Spall, Angus Wright y las voces de Chris Rock y Kristin Chenoweth
 Estreno en USA (Internet) 22 octubre 2020; en España 30 octubre 2020

Cada nueva película de Robert Zemeckis suele ser una fiesta, y ésta no es la excepción. Ahora bien, qué es lo que haya motivado al director de Regreso al futuro y Forrest Gump, a Guillermo del Toro, que produce y colabora en el guion, y a Alfonso Cuarón, también en labores de producción, a perpetrar una nueva adaptación del cuento de Roald Dahl resulta un enigma. El reputado escritor ha visto cómo muchos de sus cuentos han sido llevados al cine, desde Charlie y la fábrica de chocolate a Matilda pasando por Mi amigo el gigante y James y el melocotón gigante, e incluso al musical con Willy Wonka y la fábrica de chocolate.

Las brujas ya fue llevada al cine por Nicolas Roeg en 1989, con Anjelica Huston como protagonista, que aquí se bautizó como La maldición de las brujas. Poco hay que separe este nueva adaptación de la británica del director de Amenaza en la sombra, que ya contaba por aquel entonces con unos buenos efectos visuales, salvo que ahora los protagonistas, el niño y la abuela que lo acoge tras la muerte en accidente de sus padres, son afroamericanos y no británicos refugiados en Escandinavia. Tucci sustituye a Mr. Bean como dueño del lujoso hotel donde se desarrolla la trama, y en general se nota mucho más la infografía en el acabado total, lo que contribuye a dar al conjunto un aspecto más acorde al tradicional cuento para niños.

Esta nueva incursión de Zemeckis en un universo de mujeres sofisticadas y perversas, tras La muerte os sienta tan bien de 1992, podría haberse revestido de más humor negro, dosis de ironía y mala leche y aprovechar así todavía más la vena cómica de Anne Hathaway, quien curiosamente parece haber retomado con este papel el que desempeñó Meryl Streep en la película que le dio la oportunidad definitiva, El diablo viste de PradaLa cartelera se inunda de brujas, justo cuando parecía que habíamos superado ese estigma femenino que sirvió durante siglos para censurar y condenar a quienes se atrevían a rivalizar en libertades e iniciativas con los hombres. Afortunadamente tanto Dahl como Zemeckis definen a sus villanas como demonios con falso aspecto de mujer, que algo salva la situación. Por lo demás el director cumple con un trabajo festivo, entretenido y medianamente sofisticado, sin olvidar sus inevitables dosis de ternura. No merece esforzarse mucho para intentar encontrar más lecturas paralelas e interpretaciones más allá de lo que la propia narrativa ofrece, meramente jocosa. Quizás tan solo destacar su mensaje final, que no importa cómo seamos sino cómo nos sentimos.

miércoles, 28 de octubre de 2020

IBERIAN & KLAVIER PIANO DUO SE ESMERAN CON BEETHOVEN

Integral de las sinfonías de Beethoven para piano a cuatro manos. Iberian & Klavier Piano Duo: Laura Sierra y Manuel Tévar. Programa: Sinfonías nº 2 en re mayor op. 36 y nº 5 en do menor op. 67 de Beethoven según arreglo de Hugo Ulrich. Teatro Cajasol, martes 27 de octubre de 2020

Generalmente toda pieza musical empieza a tomar forma en el piano, donde el compositor, bien como autodidacta o como experto intérprete, esboza las líneas fundamentales de lo que habrá de ser su creación. Melodía, armonía, dinámicas y contrastes van sucediéndose en este boceto hasta que, en el caso de las obras orquestales, entra el trabajo de orquestación que da forma definitiva a la obra. Liszt devolvió la totalidad de las sinfonías de Beethoven a su boceto original, claro está enriquecidas desde el momento en que partió de la composición definitiva, ya con todos sus resortes y matices debidamente solucionados. Hugo Ulrich fue más allá, adaptando todas y cada una de las sinfonías de Beethoven a cuatro manos, como hizo también con Mozart y Haydn, con resultados sobresalientes aunque su integral haya recibido menos atención que la prodigiosa intervención de Liszt. Este compositor y pianista alemán, que nació justamente el año en que falleció el genio de Bonn, fue muy valorado en su momento pero olvidado para la posteridad. A pesar de haber escrito óperas y sinfonías entre muchas otras obras, hoy es prácticamente su integral beethoveniana lo que le coloca en el mapa de la música clásica.

Para hacerse notar un intérprete debe demostrar aptitudes excepcionales sobre el instrumento o bien acometer repertorios poco transitados. Laura Sierra y Manuel Tévar llevan algún tiempo recreando los arreglos de Ulrich y lo hacen con sobrada competencia, no como quienes simplemente cumplen expediente, sino sometiéndolos al estudio y análisis pormenorizado de su ánimo e intencionalidad, ahondando en expresividad y acertando en modos y tiempos. Así abordaron la primera y tercera sinfonías en su primera comparecencia, y han vuelto a hacerlo ahora con la que quizás sea la menos conocida del ciclo, si es que en casos como éste se puede tildar a alguna así, y la más popular, con permiso de la novena. Segunda y quinta sinfonías esbozadas al piano sin apenas perder un ápice de su intención y expresividad, gracias al buen trabajo de transcripción de Ulrich y la esmerada interpretación de Iberian & Klavier Piano Duo. Así celebra Juventudes Musicales de Sevilla el doscientos cincuenta aniversario de Beethoven en este desdichado año en que un virus le ha quitado protagonismo.

De la menos a la más popular

Que la Sinfonía nº 2 viera la luz en plena depresión de Beethoven y cuando su sordera avanzaba a pasos agigantados, no fue óbice para que la partitura destilara optimismo y buen ánimo. Pero esto es quizás más evidente en el scherzo y el finale, mientras conviene destacar en el movimiento inicial su tono solemne y conquistador, con empuje y decisión, como así lo entendieron los intérpretes. Con Sierra en la mitad aguda del teclado y Tévar haciéndose cargo de la grave, el protagonismo generalmente recayó en ella, mientras él daba forma a sus muy concentrados acompañamientos y añadía cuerpo al conjunto, con pocas ocasiones para invertir roles. Con algún roce y desliz sin importancia sonó el hermoso larghetto, al que supieron imbuir de nostalgia y candidez, mientras el breve scherzo sonó con desenfado hasta que ya en el allegro molto final los intérpretes dieron rienda suelta a su fogosidad, vivas réplicas y notas picadas. Una conclusión vigorosa, llena de escalas rápidas y jubilosa energía.

Mucho más popular la quinta, Sierra y Tévar hicieron gala de un intenso dinamismo y una enorme flexibilidad en esta joya de la música que atacaron con rabia y desazón, potenciando su brillo pero también su vulnerabilidad, sin desfallecer en ningún momento y resolviendo con ejemplaridad momentos como la fantasmal transición del scherzo al allegro final. Ambas sinfonías fueron interpretadas con tiempos rápidos, casi sin llegar a la media hora cada una, quizás con la intención de facilitar el cumplimiento del toque de queda. De modo que aún hubo tiempo para unas generosas y sentidas palabras de agradecimiento ante un público que casi llenó el aforo permitido, y una hermosa propina, el Sheep may safely graze o Schafe können sicher weiden (Las ovejas pueden pastar con seguridad) de la cantata Was mir behagt de Bach, cuyo aspecto de balada atemporal ha dado pie incluso a adaptaciones al pop. La próxima cita, el martes 24 de noviembre, nos traerá las sinfonías nº 4 y la Pastoral.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 27 de octubre de 2020

ON THE ROCKS Cocktail de aventuras urbanas

USA 2020 95 min.
Guion y dirección
Sofia Coppola Fotografía Philippe Le Sourd Música Phoenix Intérpretes Bill Murray, Rashida Jones, Marlon Wayans, Jessica Henwick, Jenny Slate, Liyanna Muscat, Barbara Bain, Mike Keller Estreno limitado en Estados Unidos  2 octubre 2020; en Internet 23 octubre 2020


Todo lo contrario que la película antes comentada,
Regreso a Hope Gap, la nueva película de Sofia Coppola nos habla también de un matrimonio, y de los posibles peligros que lo acechan, pero con una ligereza, solo superficial, al alcance solo de grandes cineastas, capaces de asimilar la tradición cómica del cine de Hollywood y adaptarla a los gustos e inquietudes actuales. Aquí encontramos una familia definida por la diversidad, con una protagonista ésta sí sensata, madre de familia entregada y volcada por voluntad propia, atascada en sus inquietudes intelectuales y acechada por la sospecha de una infidelidad conyugal.

En este punto aparece la figura del padre, un reencuentro en el que el hombre afronta la vejez con miedo y desconfianza, agarrándose a la vida, la diversión, las mujeres y la vida como si no hubiera un mañana, y dispuesto a convertir esa sospecha de su hija acompañante en pretexto para la aventura y la diversión como lo era para Diane Keaton, Woody Allen, Alan Alda y Anjelica Huston el supuesto asesinato de una vecina en Misterioso asesinato en Manhattan. El equilibrio y la sobriedad con que ella afronta esa posible crisis matrimonial contrasta con el disimulado pavor con que su padre, un espléndido Bill Murray, se enfrenta a la pérdida de la juventud, lo que da motivo también a Coppola para rendir quizás un sentido homenaje al universo de Blake Edwards en 10, la mujer perfecta, con viaje incluido al paraíso mexicano del resort y la buena vida.

Rashida Jones y Bill Murray, posando para el póster de nuevo como en la celebrada Lost in Translation, dan vida a esta singular pareja que nos llevan de la mano por un Nueva York de clubs, hoteles y buenos restaurantes, calles llenas de gente y coches, noches de luces y alegría que a buen seguro contrastan con la realidad que ahora vivimos, lo que nos provoca una inevitable nostalgia. Y todo con enorme ligereza, buen humor, situaciones divertidas y en definitiva buen cine como hacía mucho que no disfrutábamos.

REGRESO A HOPE GAP Otra mirada misógina al matrimonio

Título original: Hope Gap
Reino Unido 2019 100 min.
Guion y dirección
William Nicholson Fotografía Anna Valdez-Hanks Música Alex Heffes Intérpretes Annette Bening, Bill Nighy, Josh O’Connor, Aiysha Hart, Ryan McKen Estreno en el Festival de Toronto  6 septiembre 2019; en Reino Unido 28 agosto 2020; en España 23 octubre 2020


Se puede comprender que esta película haya recibido tantos elogios por parte de una crítica cada vez más rancia y apegada a los valores tradicionales e impuestos. Su ambientación en espléndidos paisajes rurales y costeros ingleses, mayormente en primavera y verano, que todo luce más, su vocación teatral con personajes bien delimitados, un guion preciso con indisimulada tendencia a la verborrea, y unos intérpretes solventes, unido a un tema de esos que se consideran maduros y reflexivos, aunque nada original como es la disolución de un veterano matrimonio, hacen que cualquiera pueda rendirse a sus pies. 
Que William Nicholson haya escrito algunos guiones memorables como Tierras de penumbra o Gladiator, no impide que nos encontremos también ante el autor de los poco lúcidos libretos de películas como El primer caballero o Everest, además de ser el artífice de la adaptación cinematográfica del musical Los miserables.

Como director tan solo tiene un largometraje anterior en su haber, un producto de época olvidado y olvidable que se tituló A la luz del fuego y protagonizó Sophie Marceau en 1997. Que ahora vuelva a ponerse tras la cámara para contarnos esta historia con tintes autobiográficos en el que Josh O’Connor adopta como hijo del matrimonio en crisis la posición del propio director, no es por todo lo referido algo que debamos recibir con júbilo. Y efectivamente a este cronista le ha molestado especialmente porque volvemos a los estereotipos de siempre, al esposo flemático, racional y emocionalmente equilibrado, capaz de, en su sensatez, elucubrar filosofías de vida más progresistas y racionalistas, a todo lo cual se une el hijo responsable y abierto de mente, a pesar de su búsqueda incesante de la felicidad a través de la vida en pareja.

Por el contrario, a ella, una Annette Bening en su línea habitual, correcta y digna sin más, le queda el desagradable papel de interpretar a la esposa despechada, histérica, insufrible, posesiva y obsesiva, intelectualmente refinada pero malograda por una malsana influencia religiosa, lo que le lleva a mantener esa esperanza a la que alude el título de la película, a la vez nombre del paraje donde viven estos desdichados personajes. Esta esposa abandonada no encuentra en todo el reparto otro carácter femenino que le dé equilibrio, tan solo la breve aparición de la nueva pareja del esposo. Si solo hubieran tenido una hija, capaz de ofrecer una nueva y más sana mirada del rol de la mujer en la sociedad, en lugar de un hijo, quizás la cosa hubiera mejorado algo. Por el contrario tenemos uno de esos productos de qualité inglesa que tan bien saben vendernos y tan generosamente fagocitamos en este lado del planeta, más temperamental y apasionado, como si del culmen de la elegancia se tratara.

domingo, 25 de octubre de 2020

REBECA Absolutamente prescindible

Título original: Rebecca
Reino Unido 2020 121 min.
Dirección
Ben Wheatley Guion Jane Goldman, Joe Shrapnel y Anna Waterhouse, según la novela de Daphne Du Maurier Fotografía Laurie Rose Música Clint Mansell Intérpretes Lily James, Armie Hammer, Kristin Scott Thomas, Keeley Hawes, Ben Crompton, Ann Dowd, Sam Riley, Bryony Miller, Tom Goodman-Hill, John Hollingworth, Jane Lapotaire, Mark Lewis Jones Estreno en Internet 16 octubre 2020 


Aunque son muchas las adaptaciones que se han hecho de la novela de Daphne Du Maurier, especialmente para la televisión, siempre quedará como genuina y digna del recuerdo el clásico que le valió a Hitchcock en 1940 su único Oscar a la mejor película. Esta apuesta de Netflix por volver sobre el asunto, con todo lujo de producción y estrellas solventes, se antoja como mera operación de marketing, una ocasión para hacer caja y negociar sobre seguro, a la vista de la particular fascinación que ejerce esta novela de terror gótico con considerables dosis de melodrama romántico. Siempre tan inteligente, Hitchcock obvió en su adaptación detalles y secuencias de la novela que Ben Wheatley ha recuperado para sonrojo del personal, lo que añadido al poco fuste y la escasa motivación que parece tener en la empresa, provocan una adaptación tan desangelada como directamente olvidable.

Autor en su momento de películas referenciales como Turistas o High-Rise, Wheatley conoció una época desierta y acabó refugiándose en la televisión, medio al que esta lujosa producción no parece ser ajena. Podría haberse planteado como un cruce entre Downtown Abbey, El gran Gatsby y las intrigas criminales de Agatha Christie, pero por el contrario se ha planteado como un híbrido romántico y misterioso que ni engancha ni emociona más allá de compararlo con el clásico hitchcokiano y reencontrarse con su fascinante trama de fantasmas y perversidades femeninas, que de misógina este relato tiene un rato.

Wheatley ha perdido la ocasión para modernizar la intriga, vigorizar a su heroína y dar al conjunto un fuste más moderno y sofisticado. Por el contrario solo el compositor Clint Mansell parece haber querido aprovechar la ocasión para dar al conjunto un toque más contemporáneo, pero en su empeño ha chocado con las formas excesivamente académicas y aseadas del director y su música al final ha quedado fuera de contexto, anticlimática y jugando al despiste tanto como cuando se decide incluir canciones folk anacrónicas. Ni en el apartado interpretativo merece interés, con Kristin Scott Thomas quizás como única que aprovecha la oportunidad de recrear una Sra. Danvers convincente, aunque lejos de la ambigüedad y la enfermiza perversidad de Judith Anderson. Lily James está directamente sosa y Armie Hammer se limita a lucir palmito.

EL ARTISTA ANÓNIMO El valor de un verdadero tesoro

Título original: Tuntematon mestari
Finlandia 2018 94 min.
Dirección
Klaus Härö Guion Anna Heinämaa Fotografía Tuomo Hurti Música Matti Bye Intérpretes Heikki Nousiainen, Amos Brotherus, Stefan Sauk, Pirjo Lonka, Henrikki Haavisto, Pertti Sveholm, Jakob Óhrman, Eero Ritala Estreno en Finlandia 4 enero 2019; en España 23 octubre 2020 


El cineasta finlandés Klaus Härö conoció cierta popularidad con su película Elina, premiada en Berlín y en Cinema Jove de Valencia en 2003, que revalidó en 2015 con el estreno de La clase de esgrima, que le valió una nominación a los Globos de Oro. Vuelve ahora a nuestras pantallas, con casi dos años de retraso con respecto a su estreno finlandés, con una historia de redención y descubrimiento que bien podría representar la sinopsis de un cuento moderno. Para ello recurre a sus formas habituales, clásicas, hasta académicas, que para la ocasión le sirven además para recrear un mundo en desaparición, crepuscular, nostálgico, de cafés antiguos y públicos rancios.

Un galerista que regenta una vetusta tienda en el centro de Helsinki y conoció tiempos mejores, encuentra la oportunidad de realizar su última gran gestión comercial y dejar así alguna huella en su particular gremio, cuando descubre en una subasta un singular retrato sin firmar, indaga sobre su autoría y apuesta por él para poder realizar dicho sueño. En el camino conoceremos detalles de su vida familiar y se le cruzará un nieto, que aporta esa tecnología moderna que el abuelo desconoce, que en cierto modo catalizará gran parte de la apuesta moral de esta encantadora historia.

Una búsqueda de tesoros donde la caligrafía impoluta, perceptible también en una fotografía de tonos ocres y una música amable y melódica teñida de imponentes citas a los grandes clásicos del Barroco y el Clasicismo, nos va sumergiendo en las pesquisas del protagonista hasta encontrar la firma perdida, hacerse con las pruebas que la demuestren y articular ese último golpe comercial que le reporte una buena jubilación y el respeto perdido. Aunque su ritmo es relajado, engancha al espectador con su sencilla y bien planteada trama, a la vez que logra que sus consecuencias morales y sentimentales recalen también en nuestro ánimo, por muy previsible que puedan resultar, y es que a veces el tesoro lo tenemos delante, más al alcance de lo que queremos darnos cuenta.

viernes, 23 de octubre de 2020

jueves, 22 de octubre de 2020

LA VOZ HUMANA Almodóvar da forma a una obsesión

Título original: The Human Voice
España 2020 30 min.
Guion y dirección
Pedro Almodóvar, según la obra de Jean Cocteau Fotografía José Luis Alcaine Música Alberto Iglesias Intérpretes Tilda Swinton, Agustín Almodóvar, Miguel Almodóvar, Pablo Almodóvar Estreno en el Festival de Venecia 3 septiembre 2020; en España 21 octubre 2020


Tiene mérito estrenar en cines un mediometraje de solo treinta minutos y convocar tanto público expectante ante lo nuevo y muy difundido de Almodóvar. No recordamos un privilegio igual, pero él se lo puede permitir y más cuando se trata de un proyecto y un argumento que siempre le ha perseguido y por el que podemos afirmar siente una especial atracción e incluso obsesión. La obra de Cocteau en la que una mujer espera desesperada la llamada de su amante después de que éste le haya abandonado por otra mujer, ha inspirado muchos cortometrajes y trabajos para la televisión, habiendo sido interpretados por actrices de la talla de Ingrid Bergman, Sophia Loren y Rosemund Pike. La más reciente data del año pasado y se trata de una producción canadiense; incluso dio lugar en 1958 a una ópera en un solo acto de Poulenc. Pero a Almodóvar ya le ha perseguido en anteriores ocasiones, en Mujeres al borde de un ataque de nervios y La flor de mi secreto, y de forma más directa en una secuencia de La ley del deseo en la que el personaje de Carmen Maura protagoniza una representación teatral.

El confinamiento ha sido una situación ideal para encerrarse a dar forma a este trabajo y rodarlo en condiciones muy estrictas el pasado verano. La presencia de Tilda Swinton justifica que sea el primer trabajo de Almodóvar rodado casi íntegramente en inglés, ya que en una primera secuencia podemos ver a Agustín Almodóvar y sus dos hijos acompañando a la actriz inglesa. Su aspecto andrógino y su estilo preciso y confiado evita los habituales extremismos expresivos con los que se aborda este personaje de mujer despechada y atormentada por el hombre que le ha abandonado y por el que siente una suerte de malsana dependencia. Si por algo merece esta nueva adaptación del monólogo de Cocteau, al margen de sus méritos estéticos, es por la habilidad del director manchego para con pocos elementos, entre ellos la siempre enigmática presencia de Swinton y un decorado que proporciona irrealidad al conjunto, ofrecer una versión más contemporánea y justa de la mujer, que permita alejarla del tópico de mujer sumisa al servicio del hombre, sin para ello traicionar el texto original en el que solo confiesa haberse inspirado.

Puro espectáculo Almodóvar gracias a la siempre colorista y alegremente iluminada fotografía de José Luis Alcaine y la ilustración musical de Alberto Iglesias, que para la ocasión echa mano de algunas de sus partituras para el cineasta amigo, como Los abrazos rotos y La piel que habito, además de alguna composición original, y cuyo sesenta y cinco cumpleaños coincidió ayer con el estreno de la película. El habitual despliegue de objetos artísticos personales del autor en la dirección artística contribuye también a dar ese sello personal a un conjunto que quizás solo fuera necesario en la mente del realizador, no tanto en la del y la espectadora.

CRESCENDO La emoción de la convivencia y el trabajo juvenil en equipo

Alemania 2019 102 min.
Dirección
Dror Zahavi Guion Dror Zahavi, Johannes Rotter, Stephen Glantz y Markus Rosenmüller Fotografía Gero Steffen Música Martin Stock Intérpretes Peter Simonischek, Sabrina Amali, Daniel Donskoy, Mehdi Meskar, Eyan Pinkovich, Bibiana Beglau, Hitham Omari Estreno en Alemania 16 enero 2020; en España 16 octubre 2020 

La falta de publicidad y la desidia de los exhibidores hacen que películas como ésta pasen absolutamente desapercibidas. Encima no cuentan tampoco con el favor de la crítica, que la despacha como si se tratara de uno de esos telefilms románticos alemanes que desde hace años ocupan la programación de sobremesa de fin de semana de la televisión pública. Y es una lástima porque independientemente de sus valores puramente cinematográficos, que a nuestro juicio los tiene aunque sea de forma discreta, lanza un mensaje en mayor medida positivo no solo en el ámbito de la eterna rivalidad entre judíos y palestinos sino especialmente respecto a esa otra juventud que no protagoniza telediarios por su falta de responsabilidad sino que lucha a diario por un futuro mejor, el suyo y el de los suyos, en este caso a través de la siempre revitalizante cultura, y más exactamente la música.

Siempre nos han interesado estos proyectos en los que jóvenes de diversa condición y cultura trabajan en equipo y buscan la superación personal y colectiva para entre todos y todas crear algo tan positivo y estimulante como es la música. El guion de esta cinta no peca precisamente de originalidad, pues quien más y quien menos en esta comunidad sabe que existe un proyecto consolidado desde hace ya décadas, auspiciado por la Junta de Andalucía y dirigido por Daniel Barenboim tras el fallecimiento prematuro de su otro artífice, el intelectual Edward Said, que se llama West-Eastern Divan y que ha llevado por todo el planeta la música interpretada por una orquesta de jóvenes israelíes y palestinos, a los que se han sumado otros andaluces y andaluzas. Es fácil reconocer en el argumento de esta amable película el referente de Barenboim, en esta ocasión un alemán de pasado familiar nazi que recibe el encargo de formar una orquesta de israelíes y palestinos para potenciar la conferencia de paz de la Organización de las Naciones Unidas. Al contrario que nos han informado del East-Western Divan a lo largo de los años, aquí surgen inmediatamente desavenencias y hostilidades entre ambos bloques, que serán relajados a través de la música y el trabajo en equipo, mientras unos y otras, incluido el propio prestigioso director, exorcizarán sus traumas y dolores. Pero al igual que en el proyecto de Barenboim, surgen también historias de amor entre personas de distintos bandos, que en esta ocasión da lugar a una tragedia anunciada desde el inicio que quizás sea su punto más endeble y fuerza una resolución amarga solo salvada en el último instante por un rayo de esperanza.

Sea como sea, disfrutar de la fuerza de un grupo de jóvenes luchando por su ilusión y futuro, en unas audiciones ejemplarmente recreadas, y su progresivo camino hacia la tolerancia y el trabajo en equipo bien vale emocionarse y dejarse arrastrar por esta pequeña película, muy bien interpretada por Peter Simonischek (Toni Erdmann, Sin olvido) y el joven y esforzado elenco juvenil. Imprescindible disfrutarla en versión original para apreciar los cambios idiomáticos y los acentos y vicios desplegados en el inglés de los árabes, todo lo cual se pierde en la acomodaticia versión doblada al castellano.

miércoles, 21 de octubre de 2020

DE NUEVO OTRA VEZ Ese rollo de la maternidad

Argentina 2020 84 min.
Dirección
Romina Paula y Rosario Cervio Guion Romina Paula Fotografía Eduardo Crespo Música Germán Cohen Intérpretes Romina Paula, Mónica Rank, Ramón Cohen Arazi, Mariana Chaud, Pablo Sigal, Denise Groesman, Esteban Bigliardi Estreno en Argentina 6 junio 2020; en España (no en Sevilla) 16 octubre 2020 


Hay muchas formas de hacer cine experimental, y desde luego de contar historias con un mínimo de recursos y unas intenciones muy precisas, aunque a veces resulten pretenciosas. Todo eso es esta suerte de docudrama realizado, escrito e interpretado por Romina Paula, que rodeándose presuntamente de los y las suyas hace una aparentemente profunda reflexión sobre su reciente maternidad. Un niño de tres años que acapara toda su atención y la de su germano parlante abuela parece ser el punto de partida de una mujer que busca reencontrarse consigo misma, algo muy propio de un país en el que tanto abunda el psicoanálisis.

Salidas con amistades de antaño, jugueteos con la atracción lésbica, preguntas sobre su posición respecto a la relación que mantiene con el padre de su hijo, los testimonios a cámara de algunas de sus interlocutoras recitando poemas de Rilke entre otros, nada más y nada menos, y una búsqueda incesante en sus raíces a partir de un álbum fotográfico en el que se mezcla su familia y otras análogas de otras épocas a menudo anacrónicas, sirven de collage para este ejercicio presuntamente sensible, con una mirada que se pretende eminentemente femenina, a través de un discurso algo disperso y aburrido, que le ha valido no obstante a su autora el Premio a la mejor producción latinoamericana en el Festival de San Sebastián.

EL VIRTUOSISMO DESVERGONZADO DE ROSIQUE Y VAN OORT

Otoño Barroco de la Asociación de Amigos de la Orquesta Barroca de Sevilla. Ruth Rosique, soprano. Bart van Oort, fortepiano. Programa: Canciones de Haydn, Mozart, Beethoven y García. Sonata en Do menor Hob. XVI:20, de Haydn; Sonata nº 14 en do menor Op. 27 nº 2 “Mondschein Sonate”. Espacio Turina, Martes 20 de octubre de 2020

Foto: Luis Ollero
Mal se están poniendo las cosas para que unas programaciones diseñadas con tanto esmero como ésta de Rafael Ruibérriz y la Asociación de Amigos de la Orquesta Barroca de Sevilla mantengan su calendario intacto durante los días venideros. Crucemos los dedos para que el sector no vuelva a vivir la tragedia padecida durante los peores meses de la pandemia y gocemos con citas como la que anoche nos brindaron Ruth Rosique y Bart van Oort en el Espacio Turina, con un exquisito programa bajo el brazo. Un ramillete de flores integrado por las poco habituales canciones de Haydn, Mozart, Beethoven y García, y un par de imprescindibles sonatas bajo el también poco habitual sonido del fortepiano.

Rosique derrocha garbo allá por donde pisa y volvió a demostrarlo nada más empezar, sentando las bases de cómo discurriría el recital y haciendo algo que deberían hacer muchos intérpretes, sugerir que no se aplaudiese hasta finalizar cada bloque en el que se dividía el programa. A partir de ahí evidenciamos que su voz ha madurado aún más, ha adquirido más cuerpo y firmeza en el registro grave, lo que sumado a su proverbial facilidad para expresar y transmitir las emociones exactas, convirtió la experiencia en un disfrute absoluto para todos los sentidos. En los atriles unas canciones preciosas de los grandes maestros del clasicismo, a las que Rosique dio el tono justo, amables y encantadoras las de Haydn, con un amplio sentido poético bañado en ligereza y claridad, con un carácter más operístico en las de Mozart, como ese Dans un bois solitaire que parece toda una escena lírica, contando siempre con la habilidad de la soprano para afrontar distintos roles y caracteres, y el valor añadido de un minucioso acompañamiento al fortepiano, marcando acentos e intenciones. En el caso de Beethoven la selección fue más propia de un tenor, de ahí su carácter épico y casi heroico, que la soprano gaditana afrontó sin sentido del pudor y siempre en estilo, con el tono justo en piezas como Ich liebe, dich, so wie dumich (Zärtliche Liebe), que en el caso de Aus Goethes Faust se tradujo en pura comicidad con la complicidad del teclado. Rosique demostró por lo tanto dominio del arte liederístico en perfecto alemán, inglés, francés e italiano, además de servir de improvisada intérprete del teclista, algo que no es precisamente fácil.

Entre el clave y el piano

Bart van Oort es todo un maestro del fortepiano y más que reconocido docente en la materia, que ha devuelto a muchas de las obras del clasicismo su estética original en innumerables grabaciones. Se empeñó con la sonata de Haydn, la primera que el autor se atrevió a identificar así y desde luego la mejor de su catálogo, en justificar la necesidad de interpretar estas obras en sus instrumentos originales. La verdad es que esta Sonata Hob. XVI:20 fue compuesta para clave, y solo tras su publicación casi una década después se modificó para ser ejecutada al fortepiano. Se trata de una pieza de muy difícil ejecución y van Oort dejó muy clara su fuente clavecinista, con articulaciones rígidas y secas y un amplio sentido de la ornamentación. Del mismo modo trazó la inminente transición al piano con la famosa sonata Claro de luna de Beethoven, ya con un sonido más relajado y unas articulaciones más flexibles, que en el presto agitato final se tradujo en un torbellino de notas y emociones. 

Dos canciones de Manuel García, y fuera de programa las Sevillanas del siglo XVIII recopiladas por Lorca, sirvieron para que los artistas se expresaran en otro registro, con un toque agitanado y haciendo hincapié en el desvergonzado virtuosismo que caracterizó toda la velada. Pensar en Teresa Berganza en este punto fue inevitable, y una prueba más de los muchos quilates que vale Ruth Rosique, que todo lo hace bien. Todavía esperamos verla cantar musicales, aunque de momento podemos adivinar cómo lo haría según su forma de acercarse a Haydn al principio de este encantador concierto.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 20 de octubre de 2020

EL JUICIO DE LOS 7 DE CHICAGO No hay comunistas en América

Título original: The Trial of the Chicago 7
USA-Reino Unido 2020 129 min.
Guion y dirección
Aaron Sorkin Fotografía Phedon Papamichael Música Daniel Pemberton Intérpretes Eddie Redmayne, Sacha Baron Cohen, Mark Rylance, Frank Langella, Joseph Gordon-Levitt, Jeremy Strong, John Carroll Lynch, Alex Sharp, Yahya Abdul-Mateen II, Michael Keaton, Ben Shenkman, J.C. MacKenzie, Danny Flaherty, Noah Robbins, John Doman, Kelvin Harrison jr., Caitlin FitzGerald, Alice Kremelberg Estreno en Internet 16 octubre 2020; en salas de Sevilla 23 octubre 2020


Hoy por hoy podemos considerar a Aaron Sorkin como el abogado de las causas justas norteamericanas, adalid de los principios fundacionales de una nación que se quiere estandarte de la democracia y el respeto a los derechos humanos, pero que tiene su historia teñida de acontecimientos lúgubres cuando no directamente sangrientos. Creador de series como El ala oeste de la Casa Blanca y The Newsroom, guionista oscarizado de La red social y director de Molly’s Game, donde Jessica Chastain interpretaba el papel real de una joven multimillonaria investigada por el FBI por organizar partidas clandestinas de póker, a Sorkin solo le interesan los temas trascendentales, los que ponen a su país contra la pared y analiza las artimañas de un sistema que no permite el pensamiento reaccionario, y que esgrime toda su munición cuando asoma por la ventana algún atisbo de comunismo.

En Estados Unidos hay demócratas y republicanos, todos conservadores aunque unos se consideren más progresistas que otros, pero nada de comunismo ni siquiera algo parecido al socialismo que se cultiva en Europa. Cazas de brujas, juicios sumarísimos y gobiernos inmiscuidos en la justicia para preservar su ideario político y económico, que siempre pesa más cuando de poder hablamos. Y eso es de lo que echa mano Sorkin en esta épica película estrenada directamente en Netflix, de un sonado juicio que tuvo lugar a finales de los sesenta, en plena época revolucionaria a ambos lados del Atlántico, y uno de los pocos momentos históricos en los que hubo algo que se acercó a la voz más contestataria en el país de la democracia por antonomasia. Claro que hablamos de Vietnam, si acaso la china más dura que se ha colado jamás en el zapato de los americanos. Una serie de protestas y manifestaciones juveniles anti guerra lideradas por los siete del título, aunque cada uno por su lado y supuestamente sin previo acuerdo entre ellos, llegó a recorrer las calles de Chicago con pretexto en la convención demócrata. Fueron acusados de conspiración contra la seguridad nacional y el resultado fue una farsa judicial que protagoniza el meollo argumental de esta película en la que destaca la incontinencia verbal de sus personajes y el excelente trabajo de sus protagonistas, especialmente Frank Langella dando vida a un juez muy particular y Mark Rylance como comprometido abogado defensor.

Pero a Sorkin interesa sobre todo recrear este episodio como espejo y referente de la situación actual, por eso no deja aislado el caso de Bobby Seale, líder de los Panteras Negras al que los acontecimientos cogieron por casualidad y que fue imputado como causa añadida a los siete con el fin de infundir temor e incidir en esa obsesión recurrente en el país por estigmatizar a los negros. Bien urdida, magníficamente interpretada con humor considerable del que sobre todo se encarga el especialista Sacha Baron Cohen disfrazado de hippy estrafalario, y sólidamente narrada, se trata de un film estimable y considerablemente ilustrativo. Pero sobre todo un valioso documental en el que cabe mirarse y analizar la conducta de otros países que igualmente nos consideramos democráticos y estados de derecho y sin embargo también levantamos farsas judiciales que hacen enrojecer y avergonzarnos a muchas de nosotros. Existe un documental animado de 2007 que cuenta también este episodio, Chicago 10.

domingo, 18 de octubre de 2020

SENSACIONAL ARRANQUE DEL CICLO DE CÁMARA DE LA ROSS

Ciclo de música de cámara ROSS. Tatiana Postnikova, piano. Piotr Szymyslik, clarinete. Javier Aragó Muñoz, fagot. Programa: Trío en Si bemol mayor Op. 11, de Beethoven; Trío Patético en re menor, de Glinka. Espacio Turina, domingo 18 de octubre de 2020

Szymyslik, Postnikova y Aragó
La que deberíamos contar como trigésimo primera edición del ciclo de música de cámara, si no fuera porque la anterior se vio bruscamente interrumpida como consecuencia del estado de alarma y el confinamiento, arrancó con fuerza y decisión, y desde luego con la ilusión y la esperanza de que esta vez nada interrumpa su ansiada celebración. Unas pertinentes palabras del director gerente de la orquesta, Pedro Vázquez, precedieron la presentación de las obras a cargo de la joven hija de uno de los músicos convocados, presuntamente Piotr Szymyslik, un dechado de simpatía y desparpajo que dramatizó a discreción el programa de mano que la pandemia no permite ofrecer impreso, aunque paradójicamente este ciclo nunca se ha valido de programas explicativos y ha echado siempre mano de la elocuencia de los músicos, generalmente los extranjeros, para ilustrarnos sobre las obras a interpretar. También por la venas de la joven presentadora corre sangre foránea, además de un talento artístico innegable, lo que una vez más nos lleva a cuestionarnos la carencia en nuestras aulas de formación para actuar en público, una asignatura muy apreciada en países del norte. 

Era año Beethoven antes de que otro fenómeno indeseable se lo apropiara, y así comenzó esta nueva edición, con un trabajo de un casi treintañero compositor, el Trío nº 4 en Si bemol mayor Op. 11, original para piano, clarinete y violonchelo, aunque desde su presentación en público se permitió la sustitución del clarinete por un violín. Postnikova, Szymyslik y Aragó optaron naturalmente por una versión que respeta el clarinete e incorpora el fagot en lugar del violonchelo, añadiendo al perfil más grave de la pieza un cariz aun más melancólico y apesadumbrado, como muy bien supo plasmar Aragó en su muy emotiva e intimista interpretación. También Postnikova y Szymyslik alcanzaron el máximo de su nivel en una interpretación eminentemente cantabile y sentida, que se benefició en el adagio central de un profundo lirismo. El tema con variaciones del tercer movimiento se aprovechó como una ocasión de lucimiento, con el tema central extraído de la ópera El corsario por amor de Joseph Weigl, muy popular en su época, de ahí el sobrenombre Gassenhauer (melodía popular), edificado por el trío con viveza y desenfado y sometido luego a poderosas inflexiones sobre todo del fagot y un piano pletórico en lirismo y delicadeza. El pequeño allegro que le sirve de coda fue servido con amplio sentido del ritmo y la alegría. 

Esta infrecuente combinación de instrumentos es sin embargo la que originó el célebre Trío Patético de Glinka, pieza escrita en medio de una depresión y un desengaño amoroso, que cuenta también con una versión para piano, violín y violonchelo más divulgada. Los tres primeros movimientos se tocan de un solo trazo, a pesar de lo cual los intérpretes los sometieron a unas breves pausas, y han de fundir un patetismo doliente con cierto escape de luz y esperanza. Los intérpretes se movieron así entre un tono épico y una considerable tensión lírica, con incursiones apasionadas del fagot en el scherzo y sombrías en el largo, sin disimular sin embargo su carácter optimista y a la vez lírico en contraste con su intención, ese único amor que conoció el autor, el que causa dolor. En definitiva una interpretación sólida y atinada, con más exuberancia juvenil que pura melancolía, y un arranque sensacional de ciclo que esperamos ni decaiga ni se interrumpa.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

NO MATARÁS Una mala noche la tiene cualquiera

España 2020 92 min.
Dirección
David Victori Guion Jordi Vallejo, David Victori y Clara Viola Fotografía Elías M. Félix Música Adrian Foulkes y Federico Jusid Intérpretes Mario Casas, Milena Smit, Elisabeth Larena, Fernando Valdivieso, Víctor Solé, Joaquín Caserza, Javier Mula Estreno en el Festival de Sitges 10 octubre 2020; en salas comerciales 16 octubre 2020


La nueva película del joven realizador David Victori supone un paso adelante después de su decepcionante debut en el largometraje con El pacto, sobre todo cuando tantas esperanzas teníamos puestas en su brillante trayectoria como cortometrajista. Pero tampoco hay que lanzar las campanas al vuelo porque No matarás es un hábil juego del gato y el ratón más efectista que realmente efectivo. Mario Casas, en otro esfuerzo por ampliar su gama de personajes y lograr una interpretación convincente siempre a la búsqueda del reconocimiento más allá de un físico atractivo, da vida a un cualquiera, un joven tímido y generoso que acaba de perder al padre moribundo al que cuidaba al parecer desde hacía años, que en una noche cualquiera sufre toda una vorágine de acontecimientos que lo ponen contra las cuerdas y amenazan con retorcer su hasta entonces anodina vida.

Victori y sus guionistas se esfuerzan en dejar claro en sus primeros minutos ese carácter adocenado e ingenuo de su protagonista, de forma que lo que le ocurra después resulte convincente y no nos coja por sorpresa. Lástima que a partir de ahí eche mano de recursos habituales y clichés de todo tipo, desde la sempiterna femme fatale que ya va siendo hora de desterrar y sustituir por elementos más contemporáneos y acertados, hasta el ambiente sórdido de la noche, drogas, alcohol, mala gente, malos modales y peor vida. Y con todo ese batiburrillo archiconocido se sumerge en una carrera sin fin en la que las torpes decisiones de su protagonista sirven de motor para ir complicando las cosas y encerrándolo en un laberinto de violencia y sufrimiento, del que Victori nos hace partícipes gracias, y eso es lo mejor de la película, a una cámara mayormente adosada al protagonista, nervio absoluto en la exposición de las situaciones, y una pantalla que va variando a discreción de tamaño a lo largo del metraje.

Funciona como mecanismo adrenalítico ideal para pasar un mal rato, pero no acaba de cuajar como elemento dramático con una narrativa convincente, a pesar del esfuerzo de Casas y el probado virtuosismo visual de Victori. En su acabado definitivamente posmoderno influye su ecléctica banda sonora a fuerza de pop indie y ritmo electrónico.

sábado, 17 de octubre de 2020

LAS CARICIAS DE MOTTOLA VS. LA PASIÓN DE ARANGO

XI Festival de la Guitarra de Sevilla. Domenico Mottola “Sueño”: obras de Aguado, Tárrega, Llobet y Walton; Alí Arango ”Tárrega and Mangoré Meet Chopin in Havana”: obras de Chopin, Mangoré y Tárrega. Espacio Turina, lunes 12 de octubre de 2020

Alí Arango
Pocos son los eventos culturales que se han atrevido a cumplir su cometido de forma presencial desde que comenzó la desescalada, y muchos los que ante la gravedad de la situación que estamos volviendo a vivir han decidido suspender o modificar su modus operandi. Entre los que han sobrevivido este fin de semana en Sevilla podemos felicitarnos de tener dos, el que dirige el maestro de Burguillos Francisco Bernier en torno a la guitarra y otros instrumentos de cuerda pulsada, y el que organiza Sevilla Swing!, en ambos casos en formato reducido y dejando algunos detalles por el camino, en el caso del Festival de la Guitarra sus prestigiosos concursos de guitarra clásica y flamenca. Y sin embargo qué bien están organizando los diferentes espacios sus medidas de protección y seguridad, qué tranquilos nos sentimos en sus butacas frente al desorden que tan solo a unos metros atisbamos en la calle y los espacios cerrados dedicados a la quejosa hostelería, donde ni hay distancias de seguridad ni nadie impone el uso de mascarillas aunque todavía no se haya empezado a beber ni a digerir. Son las paradojas de la vida, que hunden injustamente a unos sectores mientras brindan generosas oportunidades a otros aun a costa de nuestra salud. 

Bernier, con su sello Contrastes Records, mantiene su línea de convocar a sus artistas para que presenten sus trabajos con la discográfica sevillana. Algo muy legítimo y perfectamente compatible con la intención de un certamen de estas características, además de conveniente si queremos que la compañía disfrute del éxito que merece. En esta ocasión fueron dos grandes intérpretes los convocados en un doble programa que tendría que haber estado separado por el consabido descanso, una vez más sacrificado como medida de seguridad para evitar aglomeraciones indeseables. Algún susto inesperado e inexplicable nos dio el dichoso teléfono móvil, debiendo entonar el mea culpa quien tantas veces critica la misma situación, justo al arrancar la intervención del italiano, con una Introducción y rondó nº 2 de Dionisio Aguado en el que consiguientemente tardamos en entrar, pero que conforme abandonábamos la sensación de ridículo y vergüenza nos fue sumergiendo en la estética que predominaría en el arte del guitarrista, un sentido íntimo arrebatador y una línea de canto limpia y precisa, de una perfección técnica envidiable. 

Domenico Mottola
Así se presentó también el Capricho Árabe del imprescindible Francisco Tárrega, de alguna manera protagonista y nexo entre ambos artistas, que tocó con delectación y gusto exquisito, como también hizo con las Variaciones sobre un tema de Sor de Llobet, de inconfundible sabor a folías y que sirvió para desplegar virtuosismo y elegancia a partes iguales, siempre desde una pulsación impoluta en la que a veces parecía que los dedos no llegasen a tocar las cuerdas y simplemente ejercieran una fuerza eléctrica sobre las mismas que les hiciesen responder a voluntad. Las cinco bagatelas de William Walton que le siguieron estuvieron impregnadas de ese cariz experimental a la vez que anclado en la antigüedad que tan bien maneja el autor de las bandas sonoras shakesperianas de Laurence Olivier, y permitieron a Mottola jugar con las cuerdas y experimentar con sus posibilidades siempre desde un ángulo de precisión absoluta. 

Más apasionado y desprejuiciado resultó la forma de enfrentarse el joven cubano Alí Arango, que para la ocasión nos invitó a sumergirnos en una experiencia audiovisual en la que fuésemos capaces de imaginar a Chopin dialogando con Tárrega y el paraguayo Agustín Pío Barrios, más conocido como Mangoré, demostrando así la influencia del compositor polaco en estos dos insignes maestros de la guitarra. Con un dominio absoluto del instrumento, un toque fluido y apasionado y el detalle de introducir cada pieza ante la ausencia de programa de mano, Arango consiguió su propósito combinando nocturnos y valses archiconocidos de Chopin con sus admiradores latinos, dando lugar a una exhibición continua de color y calidez que tuvo sus puntos álgidos en la Mazurka Marieta de Tárrega y El último trémolo de Mangoré, prodigio de virtuosismo y versatilidad. En el resto, desplegó gracia y ritmo en los valses de este último, tan inspirados en el genio del piano como flexibles y delicados para que el joven guitarrista desplegara su talento para conectar con un público embelesado y presto a disfrutar con una última pieza, una guajira de amplio vuelo lírico y rico virtuosismo técnico que Arango superó con notable acierto. Después de esta satisfactoria intervención y las que se pudieron disfrutar la semana pasada, con José Luis Pastor repasando la historia de la cuerda pulsada con una decena de instrumentos históricos en la mesa de operaciones, hoy le toca el turno al propio Bernier, su inseparable colega Antonio Duro y el Cuarteto de Cuerdas de Andalucía.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

LAS HIJAS DEL REICH Thriller sonrojante

Título original: Six Minutes to Midnight
Reino Unido 2020 99 min.
Dirección
Andy Goddard Guion Andy Goddard, Eddie Izzard y Celyn Jones Fotografía Chris Seager Música Marc Streitenfeld Intérpretes Eddie Izzard, Carla Juri, James D’Arcy, Judi Dench, Jim Broadbent, Calyn Jones, David Schofield, Maria Dragus, Tijan Marei, Nigel Lindsay Estreno en España 16 octubre 2020 


Cuando aun no se han atrevido a estrenarla en ningún otro país, ni siquiera en el Reino Unido de origen, llega a nuestras pantallas este film del que lo menos que cabía esperar era que nos enseñara alguna lección de historia bajo el socorrido y a menudo amable formato televisivo. No llega sin embargo siquiera a eso, tratándose de uno de los productos más ridículos e inoperantes que hemos visto en cine en mucho tiempo. Cuenta la historia de un colegio residencia para las hijas de altos cargos nazis en el Reino Unido justo cuando se prepara la Segunda Guerra Mundial, y cómo un agente secreto intenta impedir que las chicas sean evacuadas a Alemania y con ellas valiosos secretos de estado que pudieran comprometer la seguridad de los aliados.

Un arranque prometedor y cierto espíritu que pretende recuperar el estilo hitchcockiano antes de emigrar a Estados Unidos, con Los 39 escalones como referente más inmediato, no consiguen sin embargo que su vaga narrativa y una mayoría de situaciones ridículas e ingenuas puedan salvar el conjunto. Su protagonista y quien interpreta a un desdichado cabo británico son los artífices de tan lamentable libreto, mientras abundan los personajes estereotipados, como el malo cínico de la función, de auténtico juzgado de guardia, o la aguerrida valquiria fascista y fanática. Hasta la música chirría, con un recurrente tema amenazante intentando poner remedio constantemente allí donde la intriga y el suspense han sido sustituidos por la vergüenza ajena. Menos mal que andaba por allí Judi Dench, más presente de lo que cabía esperar, para dar un poco de dignidad a tan indigesto espectáculo.

jueves, 15 de octubre de 2020

PUNTUACIONES EN "EL GIRALDILLO" MAL APLICADAS

En la última edición de la guía del ocio El Giraldillo, correspondiente al mes de octubre, de cuyo cuadro crítico de cine formo parte, han cambiado por error cinco de las nueve películas que he puntuado, por lo que aprovecho este blog personal para dejar claro a los lectores a quienes interese que mis apreciaciones reales son las que aparecen escritas a mano en la imagen impresa:


A Pinocho le doy tres estrellas, no cuatro. A Las niñas cuatro y no tres, a Sin olvido dos en lugar de tres, a Salir del ropero solo una y no dos, y a Antebellum les indiqué que le daba cuatro, aunque no han puesto nada.

miércoles, 14 de octubre de 2020

NACIÓN CAUTIVA Se buscan terroristas

Título original: Captive State
USA 2019 109 min.
Dirección
Rupert Wyatt Guion Erica Beeney y Rupert Wyatt Fotografía Alex Disenhof Música Rob Simonsen Intérpretes John Goodman, Ashton Sanders, Vera Farmiga, Madeline Brewer, Machine Gun Kelly, D.B. Sweeney, Kevin Dunn, Lizzy Leigh, Daniel Craig Baker Estreno en Estados Unidos 15 marzo 2019; en España 9 octubre 2020
 
Hay motivos de sobra en esta película para reflejar en su atmósfera y conflicto algunas de las situaciones que más nos preocupan en la actualidad, como la tergiversación que el poder está haciendo de la cada vez más marchitada democracia, el abuso contra los negros en América, la cada vez más grande brecha entre pobres y ricos, y si queremos hasta la actual pandemia que tanto está mermando derechos y libertades en todo el Mundo. De hecho estamos sufriendo en cierto modo una invasión extraterrestre en forma de virus desconocido que reclama posiblemente un nuevo orden terrestre más respetuoso con el planeta y su naturaleza.

Rupert Wyatt, que hizo un trabajo notable en El origen del planeta de los simios y cumplió expediente también con El escapista y el remake de El jugador, propone en esta cinta futurista y distópica una reflexión sobre la resistencia al orden establecido a la fuerza y la delgada línea que a menudo la diferencia del terrorismo. Una invasión de criaturas demoniacas venidas del espacio exterior encuentra resistencia en un grupo de humanos decididos a recuperar lo que consideran suyo en un Chicago oscuro y siniestro, como mandan los cánones en este tipo de producciones.

Pero Wyatt yerra al definir personajes, con problemas de casting como el de John Goodman, a quien por buen actor que sea resulta difícil apartar de su vis cómica, y al trazar su línea argumental y dramática, de manera que resulta fácil desconectar y perderse para posteriormente retomar el asunto, no sin perder progresivamente interés y entusiasmo. No ayuda una puesta en escena rudimentaria y rutinaria y un tratamiento de la tensión irregular y deslavazada. Quizás por estas consideraciones el film haya tardado tanto en estrenarse entre nosotros, desde aquel lejano marzo de 2019 en el que tuvo su puesta de largo.

martes, 13 de octubre de 2020

GABRIEL DÍAZ CON COMPLEJO DE ADMETO

Orquesta Barroca de Sevilla. Temporada de conciertos 2019/2020. Gabriel Díaz, contratenor; Guillermo Peñalver, flauta; Hiro Kurosaki, violín y dirección. Programa: Obertura de La veritá in cimento, aria de Farnace y Concierto para flauta RV440, de Vivaldi; Arias de Giulio Cesare in Egitto, Admeto, ré di Tessaglia y Orlando, y Concierto para flauta HWV314, de Haendel. Espacio Turina, lunes 12 de octubre de 2020

Gabriel Díaz y la Barroca de Sevilla

Después de medio año en desuso, entre la nueva edición del Festival de la Guitarra y este concierto de reencuentro de la Barroca con su público de Sevilla, el Espacio Turina ha vuelto a cumplir su cometido, llenar de música y felicidad nuestras vidas, aunque también aquí como en tantas cosas un halo de tristeza se haya apoderado del ambiente. Tiene que ver con el uso generalizado de mascarillas, la distancia de seguridad, y sobre todo los múltiples varapalos que ha recibido la cultura. Y en este punto nos unimos al aplauso unánime que mereció el contratenor sevillano Gabriel Díaz en su breve, y a ratos divertida, locución cuando se refirió a los héroes del repertorio programado como esa cultura herida que recibe muchas puñaladas y aún le queda aliento para seguir dando lo mejor de sí. Quizás por tratarse del final de un puente, o porque se ha asentado en el público una animadversión tan inexplicable a acudir a espectáculos públicos como cuando nos aprovisionamos de papel higiénico al principio de la pandemia, pero lo cierto es que a pesar de los miles de miembros que tiene la Asociación de Amigos de la Barroca, hubo muchos huecos en el aforo limitado del Turina, y sin apoyos la cultura tardará mucho en remontar, lo que no deja de ser una tragedia.

Este concierto de la Barroca tras meses de inactividad tuvo aires de reencuentro y arranque, a pesar de que se trataba en realidad del último de la malograda pasada temporada. En concreto tenía que haberse desarrollado en junio, aunque con un programa ligeramente distinto, y con Xavier Sabata, a quien pudimos disfrutar la pasada temporada en la Agripina del Maestranza, muy poco antes de darse el cerrojazo a la antigua normalidad, como voz solista. Un avanzado catarro parece haber sido la causa para que en el último momento Sabata fuera reemplazado por Gabriel Díaz, a quien hemos oído muchas veces en agrupaciones como el Coro de la Sociedad Musical de Sevilla o el grupo Vandalia, pero pocas veces hemos disfrutado como solista en el seno de la Barroca, apenas recordamos un Aci, Galatea y Polifemo de Haendel. Tiene mérito enfrentarse a un programa tan exigente como el diseñado para el temperamental Sabata, y sobre todo hacerlo con tan poco tiempo para prepararlo, pero Díaz salió airoso del empeño para regocijo de quienes tuvimos ocasión de disfrutarlo.

Una voz entonada y refulgente

Guillermo Peñalver a la flauta
Foto: Luis Oller
Ni heridos de muerte como los héroes invocados en este concierto, dejan sus voces de entonar con el brío y la fuerza característica del barroco, y así se hizo sentir un Gabriel Díaz que acusó múltiples cambios de color para llegar a las notas más graves, sacrificando la voz impostada para proyectar la suya natural, más cercana a la de barítono. Pero fueron cambios tan bien administrados que no desmerecieron el resultado final, para lo que Díaz se empeñó controlando la respiración y el legato con absoluto dominio de la situación. Así ocurrió fundamentalmente en Gelido in ogni vena de Farnace, acompañado por la cuerda en ostinato bajo la dirección del muy involucrado Hiro Kurosaki, otro habitual de nuestra escena y puntual director de la orquesta. Faltó aquí como en el resto de la función más temperamento expresivo por parte del solista, pero compensó con mucha elegancia y un dominio absoluto del fraseo y la entonación. Aprovechó el personaje de Admeto para hacer ese símil entre el Rey de Tesalia, herido de muerte pero capaz de seguir cantando, y la actual agonía de la cultura, y dejó un Chiudetevi, miei lumi refulgente y autoritario, habiendo antes exhibido también fuerza y agilidad en Al lampo dell’armi de Julio César en Egipto. Cerró sus intervenciones con el más popular Vaghe pupile de Orlando y, ya en la propina, con un emocionante Sol da te, mio dolce amore de Orlando furioso de Vivaldi, con un impecable Guillermo Peñalver dándole réplica con una apasionada expresividad y un lirismo exacerbado.

En sus solos, sendos conciertos para flauta de Vivaldi y Haendel, Peñalver alcanzó su máximo esplendor en el breve larghetto vivaldiano, mientras se quedó corto en un allegro final haendeliano ahogado por la orquesta. Entrambos volvió a exhibir elegancia y delicadeza, mientras Kurosaki, que también ejerció de forzado locutor para introducir cada pieza, llevó a la orquesta desde unos inicios puntualmente estridentes a su habitual y arrolladora fuerza expresiva. También Ventura Rico cumplió con su cometido de fundador y miembro histórico agradeciendo este anhelado reencuentro y nombrando uno a uno cada músico convocado para la ocasión, otro gesto que define su calidez humana.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

EXPLOTA EXPLOTA La Carrá se merecía otra cosa

España-Italia 2020 116 min.
Dirección
Nacho Álvarez Guion Eduardo Navarro, David Esteban Cubero y Nacho Álvarez Fotografía Juan Carlos Gómez Música Roque Baños Intérpretes Ingrid García Jonsson, Verónica Echegui, Fernando Guallar, Pedro Casablanc, Fernando Tejero, Natalia Millán, Giuseppe Maggio, Fran Morcillo, Carlos Hipólito Estreno en el Festival de Toronto 10 septiembre 2020; en salas comerciales 2 octubre 2020


Prueba evidente de que para hacer buena comedia hay que derrochar talento es esta película que se suma a la gran cantidad de bodrios que se hacen en este país bajo el género, y que se remonta a los años más casposos de nuestra cinematografía, las del landismo de los sesenta y setenta que hoy son carne de Cine de barrio. Pero el debut en la dirección del uruguayo Nacho Álvarez va más allá, porque prorroga también otra práctica muy habitual en nuestro cine, que es imitar al cine más comercial americano pero sin la gracia para sacar el máximo partido al conjunto de sus talentos, y quedándose siempre en la superficie, sin ambición ni fuerza.

Las canciones de Raffaella Carrá, que saltaron a nuestra televisión en 1975, cuando la caída del régimen estaba muy próxima, son el pretexto para hacer comedia como las de Abba lo fueron para Mamma Mia!, mientras la trama romántica, los colores y algunos detalles de la puesta en escena parecen invocar directamente a La La LandTanta pretensión como la que tenían Marisol, Rocío Dúrcal o Pili y Mili en los sesenta para emular los musicales americanos, aunque fueran los de Disney, algo en lo que los yanquis son maestros indiscutibles. Perdonamos las coreografías medidas y raquíticas de El otro lado de la cama porque su parte cómica y romántica funcionaba y había química entre sus protagonistas, pero en esta película son tan ridículas como el resto de la función. Querer hacer balance de la censura en televisión durante los estertores del franquismo merece un poco más de rigor y seriedad, y no reducirlo a una farsa sin gracia ni contenido crítico, más próximo a la gacetilla de pueblo que siquiera a una revista como las que protagonizaba Lina Morgan.

Álvarez no sabe qué hacer con sus personajes, que ni enganchan ni interesan, lo que en casos como el que interpreta Natalia Millán son una verdadera pena, porque el suyo debería haber derrochado carisma y candor, y sin embargo se queda como el resto, en la anécdota y la impostura. García Jonsson sigue sin encontrar su lugar, y los galanes son de vergüenza. En todo este batiburrillo sonrojante lo único que sobresale es el talento camaleónico de Verónica Echegui, otro ejemplo de que nuestro cine no sabe valorar a quienes realmente lo merecen. Ella sabe dar a su personaje el toque folclórico murciano que demanda sin resultar estridente, sino simplemente graciosa. Pero entre situaciones de sainete, aeropuertos de andar por casa y paseos en vespa por Roma, saludando a alguien muy especial, Echegui se tiene que agarrar a un palo ardiendo para no salir tan mal parada como el resto del elenco. Y comparan esto con Jacques Demy y Almodóvar, cuando no consigue ni plasmar la espectacularidad que otros como Álex de la Iglesia han sabido impregnar a títulos como Mi gran noche.