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sábado, 21 de marzo de 2026

AMARGA NAVIDAD Hambre de guionista

España 2026 111 min.
Guion y dirección
Pedro Almodóvar Fotografía Pau Esteve Birba Música Alberto Iglesias Intérpretes Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia, Aitana Sánchez-Gijón, Patrick Criado, Victoria Luengo, Milena Smit, Quim Gutiérrez, Amaia Romero, Carmen Machi, Rossy de Palma, Gloria Muñoz, María Morales, Antonio Romero Estreno 20 marzo 2026

Hay tres capas y un mecanismo de relojería que funciona a la perfección en esta emotiva y desgarradora nueva y enciclopédica película almodovoriana, que es también un prodigio de guion cinematográfico. Está la historia que protagoniza Bárbara Lennie como directora de publicidad que una vez fue realizadora cinematográfica de culto, que busca inspiración para un nuevo trabajo de ficción. Luego, el director y escritor al que da vida Leonardo Sbaraglia, que desde el presente imagina la vida de esta mujer inquieta, tensionada y sufridora de migraña, analizando así mismo su fuente de inspiración. Y finalmente está el propio director manchego, que exorciza una vez más sus propios fantasmas, esta vez desde la expiación y quizás incluso la autocomplacencia, y crea estos personajes desde el expolio de su más absoluta intimidad y su particular galería de vivencias propias y ajenas.

Como ya hiciera hace casi treinta años Woody Allen en Desmontando a Harry, en un tono completamente distinto, Almodóvar confiesa de dónde sale a menudo la inspiración, cómo esa fuente acarrea enemistades y reproches, procurando explicarse y justificarse al respecto. Por eso hemos elegido este cartel para ilustrar la reseña, más explícito que el oficial y más en consonancia con ese parecido razonable con la comedia del director neoyorquino que el manchego convierte en suntuoso melodrama. Pero al margen de esa lúcida disquisición sobre los límites de la moral cuando un artista se nutre de la vida ajena, especialmente de su dolor, esta excelente película funciona también como apasionante enciclopedia almodovoriana, donde confluyen todos sus fantasmas, el insufrible paso del tiempo que todo lo fagocita, sobre todo a los seres queridos, madre, Chavela Vargas, relaciones sentimentales que marcaron o la plácida y a veces deseada soledad.

El diseño y el vestuario están más presentes que nunca, exhibiendo los gustos más exquisitos de quien ha ido moldeando su personalidad y su carácter desde la ordinariez inicial a la elegancia actual. No escatima en mostrar los ambientes más sofisticados, habitados por los personajes más extravagantes, incluido ese Barenboim que no sale pero que busca la complicidad de Elsa (Lennie) para su próximo montaje operístico. Está también la foto de familia que reúne a Bibiana con los Javis y tantos otros personajes de alguna forma relacionados con el director y su entorno. Y está ese imaginario que conforma su apasionante filmografía, con reminiscencias directas a Dolor y gloria, sin miedo a repetirse ni ahondar una vez más sobre sus miedos y traumas. Pero por encima de todo eso, Amarga Navidad, que también es el título de un clásico de Chavela, es un homenaje a la profesión de escritor y guionista, donde cabe la creación absoluta pero también la vampirización, en un ejercicio que parece pretender demostrar que el cine es vida, y por lo tanto amarlo es amarla, sin evadirse, afrontándola y, si cabe, corrigiéndola. Amarga Navidad nos regala una vez más su pequeña secuencia musical, como hiciera con Penélope Cruz a través de Estrella Morente en Volver o con Caetano Veloso en Hable con ella, película con la que por alguna razón que se nos escapa, más allá de hospitales y mujeres sentadas en paralelo en hamacas, conecta Alberto Iglesias a través de otra evocadora, fascinante e intrigante banda sonora, y van dieciséis para el director, incluidos dos cortometrajes.

Almodóvar se imagina como Leonardo Sbaraglia, como hiciera antes con Antonio Banderas, en un afán de hacer realidad en la ficción lo que quizás eche de menos en la realidad, esa belleza y glamour que tantos anhelamos. Y lo involucra en una relación sentimental envidiable, con Quim Gutiérrez, otro parecido razonable, quizás con aquel Robert Webber que escribía las letras de las canciones que componía Dudley Moore en 10, la mujer perfecta, y que vivía en Malibú con su joven amante deportista. También nos regala la desgarradora interpretación de Milena Smit, envuelta en un halo de belleza sobrenatural, cameos como los de Nieves Álvarez, bromas y ocurrencias improvisadas y espontaneas, un desprejuiciado striptease de Patrick Criado, auténtica fantasía homoerótica de bombero buenorro, y el impresionante paisaje de Lanzarote, quizás ese lugar al que huir para evadirse, evocado en Las simples cosas, la canción de Mercedes Sosa inmortalizada por Chavela Vargas, que Amaia Romero le canta a Bárbara Lennie en esa secuencia referida más arriba.

Pero sobre todo, la película nos regala una secuencia casi epílogo en el café de un parque, donde una furiosa y sensacional Aitana Sánchez-Gijón le reprocha a Leonardo Sbaraglia el uso del dolor ajeno para construir su ficción, diez minutos de magnífico cine que es también una declaración de amor incondicional a la profesión que ha marcado la vida y esa puede que delicada felicidad de nuestro director más internacional, autor en toda regla, de los pocos capaces de controlar todo lo que hace posible que películas tan maravillosas como ésta salgan a la luz para provocarnos tanta emoción.

lunes, 16 de marzo de 2026

PASIÓN VEGA REIVINDICA CUARENTA AÑOS DE EMOCIÓN Y LIBERTAD

Pasión Almodóvar. Pasión Vega, voz. Moisés P. Sánchez, piano, dirección musical y arreglos. Sergio Menem, violonchelo y guitarra. Pablo Martín Jones Johnson, contrabajo. Toño Miguel, percusión y electrónica. Joan Antón Rechi, dirección artística y dramaturgia. Gabriel Insignares, escenografía. Alberto Rodríguez, iluminación. Producción del Festival ClássicAnd y Festival de Peralada. Teatro de la Maestranza, domingo 15 de marzo de 2026


La atracción que provoca escuchar en concierto un buen número de canciones incluidas en la emblemática filmografía de nuestro director de cine más internacional, Pedro Almodóvar, nos ha llevado a acercarnos a este singular concierto de la siempre extraordinaria Pasión Vega en un espacio tan querido y significativo para ella y cualquier artista como es el Teatro de la Maestranza.

Una de las bazas que han hecho del cine del director manchego lo que es, y obtener el éxito que ha cosechado, es sin duda la música que con tanto mimo ha elegido el propio realizador. No se trataba en esta ocasión de rememorar las bandas sonoras originales que para él han compuesto Bonezzi, Morricone, Sakamoto y, sobre todo, Alberto Iglesias, compañero inseparable del Deseo desde La flor de mi secreto a la última película, Amarga Navidad, que se estrena precisamente dentro de unos días con gran expectación. Esta circunstancia y esas horas previas a la celebración de unos Oscars que al director manchego le han reportado varias satisfacciones, incluidas dos estatuillas, añadió atractivo a esta emotiva cita con la cantante malagueña.

Pasión Vega arrancó la velada con una enigmática, casi sideral, versión de Tonada de luna llena, un clásico de Simón Díaz que sonaba precisamente en La flor de mi secreto en la voz de Caetano Veloso. El duelo amoroso de Amanda Gris/Leo Macías sirvió también a la voz serena y perfectamente entonada de Pasión Vega para cantar, siempre en ese estilo particular suyo que combina jazz con copla y cierto deje aflamencado, el clásico de Chavela Vargas En el último trago. Tampoco cedió a la tentación de adaptarse al estilo desgarrado y ronco de la gran artista mexicana que tanta amistad cosechó con Almodóvar, en el también sintomático Luz de luna, incluido en uno de los trabajos menos agraciados del director, Kika.

Mujeres sufridoras pero fuertes

Vestida en una primera mitad con el mismo verde que lucía en Tacones lejanos la muy llorada Marisa Paredes, a quien Pasión Vega dedicó unas emotivas palabras, entonó de forma muy particular y muy buen gusto Un año de amor, la canción original de Mina que tras su adaptación al castellano por el propio Almodóvar inmortalizó Luz Casal. De ella también cantó, como no podía ser menos, ese Piensa en mí que se ha convertido en banda sonora inseparable del cine del director, y que convirtió a Luz en la gran dama de la canción que ha triunfado en el mundo entero. Esta vez se enfundó en un traje rojo pasión como su nombre, y bajó al patio para acercarse a su incondicional público.


El desfile de emociones, lágrimas y alegrías, se completó con piezas tan fundamentales como Se nos rompió el amor, canción de Manuel Alejandro indefectiblemente unido a la memoria de la gran Rocío Jurado, pero que en Kika cantaban las no menos grandes Fernanda y Bernarda de Utrera. Sin transformarse en Sara Montiel, se armó de sensualidad y seducción en Quizás, quizás, quizás, incluida en La mala educación, otro título que consideramos fallido de un director que nos entusiasma. De sus primeros títulos, la cantante eligió Encadenados de Lucho Gatica, que suena en Entre tinieblas, y la copla La bien pagá, un título habitual en los recitales de Pasión Vega con el que homenajeó a su paisano Miguel de Molina. Y de nuevo Caetano Veloso, que participaba como estrella invitada en aquella fiesta a la luz de la luna de Hable con ella, cantando Cucurrucuú Paloma, que así sonaba por segunda vez en el Maestranza en un mismo fin de semana, después de que Juan Diego Flórez nos la regalara como propina en su recital del pasado viernes.

Y antes de extender el programa oficial, aún cantó Volver de Carlos Gardel, tal como aparecía en la película homónima pero sin caer en la tentación de emular a Estrella Morente, que presta su voz a Penélope Cruz. Pasión tiene su propio estilo, singular e inimitable, y no necesita parecerse a nadie. Ella lleva el repertorio a su terreno con éxito. Otra mujer excepcional, La Lupe, se manifestó a través de otro clásico, Puro teatro, tal como aparecía en Mujeres al borde de un ataque de nervios, y que Pasión cantó con esa elegancia y delicadeza no exenta de autoridad y cierta vehemencia que le caracteriza.


Un buen acompañamiento y un mensaje ineludible

Todo esto sonó y ocurrió con el impagable acompañamiento de Sergio Menem al violonchelo y la guitarra portuguesa, Toño Miguel al contrabajo, Pablo Martín Jones a la batería y la percusión y, sobre todo, Moisés Sánchez al piano, artífice además de este espectáculo estrenado en el Festival de Peralada en julio de 2024. Ellos arroparon con ese extraordinario sello jazzístico, elegante y relejado a la admirada voz de Pasión Vega, que también entonó el clásico de Jacques Brel Ne me quitte pas de La ley del deseo, de cuya banda sonora el conjunto instrumental interpretó con aires algo swing el tema de Zarah Leander Nur nicht Aus Liebe Weinen.

Y en las propinas, Bola de Nieve con la desgarrada Ay amor, de nuevo acompañando al desamor de Leo Macías en La flor de mi secreto. Y la gran sorpresa final, Pointer Sisters y ese I’m So Excited que Carlos Areces, Raúl Arévalo y Javier Cámara coreografiaban en Los amantes pasajeros.

Cuarenta años de carrera del director que coinciden con otros tantos de democracia, derechos y libertades, muchos hoy puestos en entredicho, a los que tanto contribuyó al director manchego con su particular forma de celebrar la vida, la libertad y el amor. Ella, Pasión, sus músicos y el público tenemos la obligación y la responsabilidad de que nada haya sido en vano y podamos transmitir esos valores y esa celebración a nuestros y nuestras herederas por los siglos de los siglos.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículko publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 20 de octubre de 2024

LA HABITACIÓN DE AL LADO La depuración de un estilo

Título alternativo: The Room Next Door
España 2024 106 min.
Guion y dirección
Pedro Almodóvar, según la novela “¿Cuál es tu tormento?” de Sigrid Nunez Fotografía Eduard Grau Música Alberto Iglesias Intérpretes Tilda Swinton, Julianne Moore, John Turturro, Alessandro Nivola, Juan Diego Botto, Raúl Arévalo, Victoria Luengo, Alex Hogh Andersen, Esther McGregor, Alvise Rigo, Melina Matthews, Sarah Demeester Estreno en el Festival de Venecia 2 septiembre 2024; en España 18 octubre 2024


Desde que la escritora estadounidense Sigrid Nunez publicara en 2020 su novela, Almodóvar decidió llevarla al cine y convertirla así en su primer largometraje rodado en inglés, tras sus coqueteos con el idioma en los cortos La voz humana y Extraña forma de vida. Como el título original de la novela indica, What Are You Going Through? (¿Qué es lo que te preocupa?, aquí traducido como ¿Cuál es tu tormento?) y haciendo uso de un estilo tan personal que prácticamente todo se le permite, el director manchego aprovecha su trama central para verter todo aquello que le preocupa a él personalmente y a muchos de sus seguidores en particular. Así no es de extrañar, y tampoco debe molestar, que en medio de los entresijos de esta hermosa película sobre el valor de la amistad, la compañía y la solidaridad en momentos muy cruciales de una vida que se apaga, Almodóvar, también escritor y rotundo creador, salpique su historia de reivindicaciones en torno al medio ambiente, la guerra, la extrema derecha y, especialmente, la losa de la religión impidiendo en tantos casos una vida digna y plena de tantos mortales, desde la histórica condena de la homosexualidad a la más explícita en este caso de la eutanasia como medio de evitar tanto sufrimiento y desgracia. ¡Todavía el Opus Dei celebra el tormento extremo como medio de salvación y gozo en el más allá!

Sin embargo, en su disección de tan duro viaje hacia la muerte, Almodóvar procura ser tan sobrio y solemne que le sale una película no tan emotiva como prometía, y su hermosísima banda sonora de Alberto Iglesias preconizaba. Un trabajo del compositor vasco que quizás pudiera reportarle el Oscar que se le ha resistido tras las nominaciones de El jardinero fiel, Cometas en el cielo, El topo y Madres paralelas. Su pulcrísima puesta en escena, generosa en colores fogosos, y su extraordinario trabajo con tan grandes actrices, una camaleónica Tilda Swinton con la que ya trabajó en La voz humana y una espléndida Julianne Moore expresando con la mirada y el lenguaje corporal más de lo que muchos y muchas son capaces de hacer con un buen texto, son de por sí méritos más que suficientes para lograr un film disfrutable y hasta ameno, e incluso haberle reportado ese León de Oro en Venecia con el que aterriza por fin en nuestras pantallas, antes de hacerlo en el resto del mundo.

Poseedor de un estilo tan definido que consigue hasta que un nuevo operador de fotografía, el catalán Eduard Grau, a pesar de un inflado currículo y con el añadido de estar tan familiarizado con el cine hollywoodiense, se adapte a la huella dejada por José Luis Alcaine, responsable en gran parte del estilo visual del cineasta manchego desde Mujeres al borde de un ataque de nervios. Por cierto, si la memoria no nos falla, nunca antes Almodóvar había ensanchado tanto la panorámica de una película suya. Pero al margen de estas consideraciones estilísticas, y de la frecuencia con la que un refinado y cultivado director suelta sus cuitas culturales, en esta ocasión netamente anglosajonas, desde William Faulkner a Edward Hopper pasando por Buster Keaton, James Joyce o John Huston, o una fascinante casa de campo que parece un cruce entre Frank Lloyd Wright y su simbiosis con la naturaleza y Frank Gehry y sus rebuscadas geometrías, aunque en realidad se trate de un trabajo de Aranguren y Gallegos ubicado en la Sierra de Guadarrama, cerca de El Escorial. Todo un lujoso envoltorio para diseccionar nuestra inevitable relación con la muerte, la aceptación como algo que ha de sobrevenir y ese permanente juego de amor y lucha con el destino, tan bien plasmado en los episodios bélicos que salpican la narración central, Vietnam e Irak como ejes fundamentales. Una relación que la escritora y el cineasta hacen coquetear con el sexo y el amor, en una macabra danza de amor y muerte en cuyos pilares descansan las existencias en cierto modo algo torturadas de sus dos protagonistas, una escritora de éxito en cuyo último trabajo confiesa su animadversión hacia el destino final, y una reportera de guerra para quien el único consuelo ante tanta barbarie y tragedia ha sido el compañerismo, el sexo y la sensación de seguridad que da el grupo, y que precisamente por ello demanda una compañía fiel y sincera en sus últimos días de vida.

Quizás porque el director no está suficientemente familiarizado con el idioma, echamos en falta algo de humor en esta dolorosa aunque no tan conmovedora película, seguramente porque el glamour y el notable bienestar que disfrutan en su madurez estas dos amigas que se reencuentran, nos alejan de la verdadera intensidad del drama que tanto acosa a gran parte de una población mundial que ve diezmada su capacidad de respuesta ante la agresividad sin compasión de quienes enarbolan la bandera de la libertad y el libre comercio. Como sucedía con Woody Allen cuando homenajeaba a Ingmar Bergman, la de Almodóvar es puro Almodóvar, aunque en el fondo encontremos la dolorosa sustancia del director sueco. Con todo, sea por sus espléndidas actrices y no menos extraordinarios trabajos, la prodigiosa música de Iglesias, la bellísima puesta en escena, sus citas culturales, y el empeño de su director porque todo encaje y esté milimétricamente calculado, hacen de ésta una película digna de los más altos elogios y reconocimientos, que a buen seguro irá mejorando con cada nueva revisión, que nos descubrirá nuevos detalles y motivos de admiración, como suele ocurrir con el cine de nuestro creativo más internacional.

lunes, 29 de mayo de 2023

EXTRAÑA FORMA DE VIDA El capricho de Almodóvar

España-Francia 2023 31 min.
Guion y dirección
Pedro Almodóvar Fotografía José Luis Alcaine Música Alberto Iglesias Intérpretes Ethan Hawke, Pedro Pascal, Pedro Casablanc, Jason Fernández, José Condessa, George Steane, Manu Ríos, Sara Sálamo Estreno en el Festival de Cannes 17 mayo 2023; en España 26 mayo 2023

Hay varias explicaciones que pueden hacernos comprender por qué Almodóvar se ha enfrascado en un western. La más evidente es el negocio que sin duda le habrá reportado aceptar este encargo de la firma Saint-Laurent, que justifica entre otras cosas un colorido vestuario en el que destaca la improbable chaqueta que luce Pedro Pascal. Otra podría ser la posibilidad que brinda al director manchego de practicar un poco más con el inglés, ahora que todos anuncian que se enfrenta a su primer rodaje de un largometraje en el idioma hollywoodiense. Y hay incluso quien apunta a que se trata de un ajuste de cuentas con la industria que en su día malogró que se encargara de la dirección de Brokeback Mountain.

Lo cierto es que el segundo corto comercial de Almodóvar en inglés, tras La voz humana, llega un poco con retraso, cuando su capacidad de provocación e innovación queda algo en entredicho, casi veinte años después de que Ang Lee dinamizara estereotipos relacionando románticamente a dos tipos supuestamente duros y entregados a las labores del típico cowboy, aunque en aquella ocasión se tratara de una época relativamente contemporánea. Extraña forma de vida, que toma su nombre de una canción de Amalia Rodrigues que en la película entona Caetano Veloso en la piel de Manu Ríos, como otra extravagancia más de una cinta que a pesar de su corta duración acumula varias, se entiende así como un ejercicio puro de estilo, un western estilizado que mira más a la pulcritud y el estereotipo del género en el Hollywood de antaño que al más sucio y presuntamente realista de Leone y compañía.

En ese contexto en el que cabe adivinar influencias de King Vidor (Duelo al sol) y Nicholas Ray (Johnny Guitar incluso en el cartel publicitario), Almodóvar firma su trabajo más extravagante y caprichoso, con el talento y el acierto de concitar en apenas media hora una acertada narrativa, un excelente trabajo de actores y una depuradas líneas de guion que cantan al amor y el compañerismo, no importa el sexo y la condición, afectados por la fatalidad y los compromisos sentimentales. También la fotografía de Alcaine y la siempre excelente partitura de Iglesias parecen mirar a ese western nada crepuscular, clásico y estilizado del cine clásico americano, en el que quizás sea uno de los trabajos de admiración y pasión por el cine más evidentes en toda la carrera del celebrado cineasta.

miércoles, 13 de octubre de 2021

MADRES PARALELAS Coherencia emocional y déficit democrático

España 2021 123 min.
Guion y dirección
Pedro Almodóvar Fotografía José Luis Alcaine Música Alberto Iglesias Intérpretes Penélope Cruz, Milena Smit, Israel Elejalde Aitana Sánchez-Guijón, Rossy de Palma, Julieta Serrano, Ainhoa Santamaría, Daniela Santiago, Adelfa Calvo y la voz de Pedro Casablanc Estreno en el Festival de Venecia 1 septiembre 2021; en salas 8 octubre 2021

Hay aún más dolor si cabe en la última película de Almodóvar que en sus dos anteriores largometrajes, Julieta y Dolor y gloria. Y como en la primera, la maternidad juega un papel fundamental en una historia sin fisuras ni concesiones. De hecho contiene una de las escenas más conmovedoras jamás vista en una película entre una madre y una hija recién nacida, o para ser más exactos dos madres y sus bebés. Justo después del parto asistimos a una soberbia y tiernísima declaración de amor, cuando ya hemos empezado a emocionarnos con el que es uno de los dos pilares argumentales del film, la búsqueda que hace una mujer de sus antepasados asesinados durante la Guerra Civil y enterrados en una fosa común. Esa reivindicación de la Memoria Histórica como primera ocasión en la que el cineasta manchego confiesa abiertamente en una creación suya su ideario político, y respuesta emocional a una crisis aún no resuelta que mantiene viva la brecha entre unas y otros españoles y españolas, es el eje sobre el que gravita una historia contada desde el corazón, con una caligrafía impecable y un dominio de la narrativa como solo un maestro consagrado es capaz de lograr.

Con una interpretación antológica, Penélope Cruz da vida a una fotógrafa profesional que decide en los albores de su madurez tener descendencia soltera, mientras ultima junto a un reputado antropólogo la apertura de una fosa común en el pueblo de sus antepasados, con el dignísimo fin y derecho fundamental de dar sepultura a la gente represaliada por las fuerzas insurgentes durante la Guerra Civil. La coincidencia en el hospital con una joven también madre soltera, esta a su pesar, provocará una situación excepcional que pondrá a prueba su sentido de la moral y la coherencia. En el más austero ejercicio de cine de cámara que jamás conocimos a su autor, en la cinta nos encontramos con el adiós legítimo a los seres queridos y el recuerdo de quienes nos dejaron en las circunstancias más trágicas, como ese Lorca de nuevo evocado a través de su Rosita la soltera y la actriz que la incorpora, una Aitana Sánchez Gijón cuyo personaje es paradigma de la clase burguesa y adinerada que tanto se ha apropiado de los símbolos de nuestra cultura, incluso de los que una vez fueron de izquierdas.

Pero sobre todo nos reencontramos con todo el dolor de aquellas personas a las que una mala transición vendida como ejemplar dejó en el limbo de quienes están vivos pero muertas. El contrapunto inocente, perteneciente a una generación desinhibida fruto de esas políticas progresistas, infinitamente humanas que han caracterizado buena parte de los últimos veinte años de este país, se encuentra en la ternura de la mirada y el ademán ingenuo de Milena Smit, a quien conocimos en un papel en las antípodas en No matarás. Cabe agradecer a Almodóvar haberse mojado con un film valiente y conmovedor, prodigio de buena narrativa y contenedor de estupendas interpretaciones. Nadie mejor que nuestro director más valorado y reconocido a nivel internacional para visibilizar en el mundo ese intolerable déficit democrático que aun habita en nuestra política y sociedad, y nos hace tan indecentes como pueblo. 

jueves, 22 de octubre de 2020

LA VOZ HUMANA Almodóvar da forma a una obsesión

Título original: The Human Voice
España 2020 30 min.
Guion y dirección
Pedro Almodóvar, según la obra de Jean Cocteau Fotografía José Luis Alcaine Música Alberto Iglesias Intérpretes Tilda Swinton, Agustín Almodóvar, Miguel Almodóvar, Pablo Almodóvar Estreno en el Festival de Venecia 3 septiembre 2020; en España 21 octubre 2020


Tiene mérito estrenar en cines un mediometraje de solo treinta minutos y convocar tanto público expectante ante lo nuevo y muy difundido de Almodóvar. No recordamos un privilegio igual, pero él se lo puede permitir y más cuando se trata de un proyecto y un argumento que siempre le ha perseguido y por el que podemos afirmar siente una especial atracción e incluso obsesión. La obra de Cocteau en la que una mujer espera desesperada la llamada de su amante después de que éste le haya abandonado por otra mujer, ha inspirado muchos cortometrajes y trabajos para la televisión, habiendo sido interpretados por actrices de la talla de Ingrid Bergman, Sophia Loren y Rosemund Pike. La más reciente data del año pasado y se trata de una producción canadiense; incluso dio lugar en 1958 a una ópera en un solo acto de Poulenc. Pero a Almodóvar ya le ha perseguido en anteriores ocasiones, en Mujeres al borde de un ataque de nervios y La flor de mi secreto, y de forma más directa en una secuencia de La ley del deseo en la que el personaje de Carmen Maura protagoniza una representación teatral.

El confinamiento ha sido una situación ideal para encerrarse a dar forma a este trabajo y rodarlo en condiciones muy estrictas el pasado verano. La presencia de Tilda Swinton justifica que sea el primer trabajo de Almodóvar rodado casi íntegramente en inglés, ya que en una primera secuencia podemos ver a Agustín Almodóvar y sus dos hijos acompañando a la actriz inglesa. Su aspecto andrógino y su estilo preciso y confiado evita los habituales extremismos expresivos con los que se aborda este personaje de mujer despechada y atormentada por el hombre que le ha abandonado y por el que siente una suerte de malsana dependencia. Si por algo merece esta nueva adaptación del monólogo de Cocteau, al margen de sus méritos estéticos, es por la habilidad del director manchego para con pocos elementos, entre ellos la siempre enigmática presencia de Swinton y un decorado que proporciona irrealidad al conjunto, ofrecer una versión más contemporánea y justa de la mujer, que permita alejarla del tópico de mujer sumisa al servicio del hombre, sin para ello traicionar el texto original en el que solo confiesa haberse inspirado.

Puro espectáculo Almodóvar gracias a la siempre colorista y alegremente iluminada fotografía de José Luis Alcaine y la ilustración musical de Alberto Iglesias, que para la ocasión echa mano de algunas de sus partituras para el cineasta amigo, como Los abrazos rotos y La piel que habito, además de alguna composición original, y cuyo sesenta y cinco cumpleaños coincidió ayer con el estreno de la película. El habitual despliegue de objetos artísticos personales del autor en la dirección artística contribuye también a dar ese sello personal a un conjunto que quizás solo fuera necesario en la mente del realizador, no tanto en la del y la espectadora.