El coro en una ópera permite dramatizar
los sentimientos de un gran número de personas, organizados en grupos
heterogéneos, que pueden ser cortesanos o gitanos, soldados o sacerdotes,
invitados a fiestas y celebraciones, expresando en general el estado de ánimo de una multitud, según
lo exija en cada momento la acción del título. El coro representa al pueblo, sus
ansias y anhelos, y quienes mejor para hacerlo que la enorme cantidad, hasta cuatrocientas, de aficionados y
aficionadas que anoche, también hoy y mañana, levantaron sus voces para
dejarse acompañar por una Sinfónica
motivada e inspirada en una sesión de enorme calado emocional.
La iniciativa tiene el acierto de convocar un gran número de personas en
torno a la música, lograr llenos
absolutos en las tres funciones, en parte gracias a familiares y amistades
que acompañan a las voces debutantes, y generar así nueva afición a la Música. ¿Cuántos y cuántas se acercarían así,
por primera vez, a la célebre cabalgada de Guillermo Tell, el canto del pueblo
hebreo frente a la tiranía de Nabucodonosor o la Marcha triunfal de Aida? Esta multitud de voces hizo posible
el milagro, y lo seguirá haciendo hasta el viernes, entre integrantes de coros de la capital y otras ciudades andaluzas, así
como otras absolutamente primerizas, que desde octubre pasado han estado
preparando esta velada tan especial y emotiva.
Cuatro grandes títulos de la ópera francesa e italiana
El intermezzo concebido por
Massenet para la soprano californiana Sybil Sanderson, de quien quedó prendado
por su talento y belleza, en la ópera Thaïs,
permitió a la concertino Alexa Farré
lucir sus espléndidas facultades, regalándonos una interpretación solista de enorme delicadeza y virtuosismo,
magníficamente acompañada por un conjunto en el que nos pareció advertir muchos rostros nuevos, seguramente por las
vacaciones estivales. Entre el público observamos a la violonchelista Nonna
Natsvlishvili, muy atenta y emocionada en su primer concierto ajena a la
plantilla tras su merecida jubilación.
Impecable resultó la escena con la que arranca la trama de Turandot, con el pueblo esperando la
decapitación del príncipe persa tras errar en las adivinanzas de la terrible
princesa china, cuya aparición provocó un derroche
de belleza y sensualidad con la
magnífica entonación de los inmersivos
coros, acompañados por la delicada caricia de la orquesta, permitiendo así
disfrutar en todo su esplendor de la exquisita
partitura del gran Puccini. Acaso pudo resultar algo anticlimático la larga
introducción de la obertura de Guillermo
Tell, con su evocación de paisajes, tormentas y pastores, que Macías y la
orquesta defendieron con enrome
sensibilidad y buen gusto, especial mención a los solos de corno inglés y
flauta, para en su tercio final generar el entusiasmo del público al son de los vibrantes acordes que
hicieron célebre al Llanero Solitario.
Verdi, máximo representante de la voz del pueblo
Para Las vísperas sicilianas,
Verdi optó por el formato de Grand Opera francesa, no en vano se estrenó en
París y en francés, antes de alcanzar mayor popularidad en su traducción al
italiano. De este título opulento y
ambicioso, que ilustra las revueltas del pueblo siciliano sobre sus
opresores normandos, la ROSS ofreció su obertura, muy rica en orquestación y depurada emocionalmente, con una
interpretación impecable y muy enérgica. Muy reciente en el foso del
Maestranza, la marcha victoriosa de Aida,
una monumental escena triunfal en la
que el pueblo egipcio, la corte y el estamento religioso homenajean al ejército
con gran riqueza épica, puso final
al programa oficial, una vez más evidenciando el enorme esfuerzo desplegado por
el coro amateur, y sus gratificantes
resultados.
En las propinas, Macías anticipó el Réquiem
de Verdi que sonará en los atriles de la ROSS en septiembre, en la que será su
primera cita de la nueva temporada. Con una
fuerza inusitada y apabullante, coro y orquesta se enfrentaron a su
contundente Dies Irae, para terminar
de forma más amable y dulce con la célebre Mazurca
de las sombrillas de Luisa Fernanda,
una pieza de Moreno Torroba que siempre
causa sensación y una honda emoción, y ésta no fue una excepción. Un magnífico trabajo de coordinación de la
maestra encargada de dar forma a tan numeroso coro, cuyo ensayo con la orquesta
se ha limitado a apenas un par de sesiones, lo que da idea de la profesionalidad de todos y todas para lograr tanta
complicidad.
Artículo publicado en El Correo de Andalucía



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