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viernes, 10 de julio de 2026

¡GRACIAS POR LA MÚSICA!

Musical de Benny Andersson y Björn Ulvaeus, con libreto de Catherine Johnson, según una idea original de Judy Craymer. Juan Carlos Fisher, dirección. Joan Miquel Pérez, dirección musical. Jorge Naveros, dirección de orquesta. Alejandro Serrano y David Serrano, adaptación. Iker Karrera, coreografía. Ricardo Sánchez-Cuerda, escenografía. Gabriela Salaverri, vestuario. Felipe Ramos, iluminación. Gastón Briski, sonido. Con Verónica Ronda, Elvira Santamaría, Ylenia Gablietto, Noemí Gallego, Marc Parejo, Víctor González, Joan Olivé, Joan Martínez, Isabel Pera, Laura Miguel, Luis Visiedo y Julio Takata. Producción de ATG Entertainment. Teatro de la Maestranza, jueves 9 de julio de 2026

Imagen del estreno en diciembre en el Maestranza

Cuando a principios de los años ochenta del pasado siglo, la productora Judy Craymer se reunió con Björn Ulvaeus y Benny Anderson para proponerles un musical basado en sus canciones, la idea no cuajó. Los integrantes de ABBA se encontraban entonces preparando el que tendría que ser su único musical genuino, Chess, que no cosechó el éxito esperado, a pesar de canciones tan espléndidas como One Night in Bangkok o I Know Him So Well. Es cierto que esta mitad del grupo, y autores de sus temas, son bastante reacios a prestar sus canciones. De hecho, a Madonna le costó lo suyo poder utilizar como sampler Gimme, Gimme, Gimme para su éxito súper ventas Hang Up.

Finalmente, los músicos accedieron y, tras más de una década de preparación, Mamma Mia! llegó al West End de Londres coincidiendo con el veinticinco aniversario del triunfo de ABBA en Eurovisión. Allí, desde entonces, se ha estado representando ininterrumpidamente en diversos escenarios, con un solo paréntesis provocado por la pandemia. A Broadway llegó dos años después, y un primer montaje a España en 2004, producido por Stage Entertainment y CIE Stage Holding, en una producción protagonizada por Nina que pudo verse en Fibes, cuando todavía no se había construido el auditorio. Aquella producción la vieron más de dos millones de personas y alcanzó casi dos mil cien representaciones, convirtiendo a la directora de OT en la actriz y cantante que más veces interpretó a Donna, la protagonista de la función, en el mundo.

Recordamos lo mucho que nos gustó aquel montaje lleno de alegría y vitalidad, cuando lo disfrutamos en la Gran Vía madrileña y después en esa escala sevillana, donde volvió a recalar en 2016, cuando arrancó una nueva gira precisamente en el ya inaugurado auditorio del Palacio de Exposiciones hispalense. Esta nueva producción que se pudo ver en el Teatro de la Maestranza el pasado mes de diciembre, se estrenó en el Teatro Rialto de Madrid en octubre de 2022, de la mano de SOM Produce, con David Serrano, guionista de El otro lado de la cama y director de Días de fútbol, encargándose de la adaptación del libreto y las canciones, con Verónica Ronda como Donna y Gina Gonfaus como Sophie, su hija.

Imagen del estreno en diciembre en el Maestranza

La operación de aprovechar un buen número de canciones de un artista sobresaliente para adaptarlas a una historia inventada, no es original. Sirvió para edificar musicales cinematográficos como Un americano en París, a partir de las canciones de Gershwin, Cantando bajo la lluvia, con las de Nacio Herb Brown y Arthur Freed como referentes, Un largo y definitivo amor, de Cole Porter, y ya después del éxito de Mamma Mia!, con las canciones de The Beatles en el incomprendido pero extraordinario Across the Universe de Julie Taymor, responsable del musical El rey león.

Pero nunca ha obtenido tanto éxito como con este musical del grupo sueco, cuyas canciones siguen siendo hoy tan populares y pegadizas como antaño, manteniendo un público fiel y entregado, capaz de repetir una y otra vez una experiencia cuya adaptación cinematográfica de 2008, con Meryl Streep como protagonista y la dirección de Phyllida Lloyd, que fue quien estrenó la obra en Londres en 1999, no ha hecho sino engrosar los y las adeptas a su contagiosa alegría de vivir.


Un montaje efectivo y convencional

Esta gira que comenzó en el Teatro Cervantes de Málaga en julio de 2025, pudo disfrutarse en el Maestranza en diciembre pasado. Pero el éxito fue tal que obligó a programarla de nuevo ya entrado julio, con funciones de noche abarrotadas, y las de tarde a medio fuego, una situación que la bajada de temperatura esperemos ayude a aliviar. La estación estival se siente especialmente adecuada para dejarse refrescar con esta aventura veraniego musical. De hecho, la reacción jubilosa del público se repite función tras función, y la de ayer, con la que arrancó este nuevo periplo sevillano que durará hasta el domingo 12, no fue una excepción.

Tras una obertura que nos introduce en algunos de los temas más icónicos del grupo, Sophie arranca la función invitando a su gran boda griega a sus tres posibles padres, un secreto que su madre, Donna, ha mantenido muy en secreto durante más de veinte años. Pocos diálogos y muchas y agradecidas canciones, populares generación tras generación, van desarrollando las idas y venidas de los personajes, a los que hay que añadir las dos divertidas amigas de Donna y el novio del feliz acontecimiento. I Have a Dream, una suerte de sirtaki, se encarga de situar geográficamente la comedia, encabezando y poniendo broche final al enredo, siempre en la voz de, en este caso, Elvira Santamaría, que sustituye a Gina Gonfaus, única intérprete, junto a Verónica Ronda, que sobrevive del cartel original madrileño.

A partir de ahí se suceden con cierta gracia temas tan icónicos como Honey, Honey, Money, Money, Money, Chiquitita, Dancing Queen, Lay Your Love on Me, Super Trouper, Voulez-Vous, One of Us, Does Your Mother Know, Knowing You, Knowing Me, ese emocionante himno que es The Winner Takes It All, y por supuesto el que da título a todo el conjunto, Mamma Mia. Todo dentro de una divertida y sencilla trama adaptada para la ocasión, que ni pierde fuelle ni resulta estridente más de veinticinco años después.

Imagen del estreno en diciembre en el Maestranza

Jorge Naveros se encargó en esta ocasión de dirigir una escueta pero sumamente efectiva orquesta que se mantuvo bien oculta tras el escenario, por motivos de producción, siempre bajo las estrictas indicaciones del director musical Joan Miquel Pérez. Unas efectivas coreografías, perfectamente defendidas por un joven y entusiasta elenco, y una sencilla escenografía, especialmente adaptada a las necesidades de una larga y variada gira, dan soporte a la alegría general que informa la propuesta, si bien echamos en falta algo más de contención en un conjunto que, bajo la dirección escénica de Juan Carlos Fisher, tiende siempre al histerismo y la sobreactuación.

Al torrente de voz de Ronda y Santamaría hay que añadir la comicidad de la garbosa Tanya (Ylenia Baglietto) y la más tosca Rosie, incorporada por Noemí Gallego, que en otras funciones sustituye a Verónica Ronda. Destacan también el trío de posibles padres, Marc Parejo, Víctor González y Joan Olivé, bien encajados, dramática y musicalmente, en sus particulares roles. Así como la contagiosa energía de Joan Martínez como Sky y sus espasmódicos amigos, Luis Visiedo (Eddie) y Julio Takata (Pepper). Todo dentro de una alegría indiscutible que, una vez más, hizo las delicias de un público incondicional y muy agradecido.

Fotos: Teatro de la Maestranza
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 13 de octubre de 2024

UN TRUST DE LOS TENORIOS ENCORSETADO Y SIN PULIR

El Trust de los Tenorios. Música de José Serrano. Libreto de Carlos Arniches y Enrique García Álvarez, adaptado por Alejandro Rull y Marta García-Morales. Elena Martínez, dirección musical. Marta García-Morales, dirección escénica. Con Amando Martín, Javier Sánchez-Rivas, Marta García Morales, Andrés Merino, Paula Ramírez, Lorena Ávila, Alicia Naranjo, Julia Rey y resto de la Compañía Sevillana de Zarzuela (Javier Sánchez-Rivas García, presidente ejecutivo). Espacio Turina, sábado 13 de octubre de 2024

Foto: Luis Ollero

Un año después de la grata sorpresa que para nosotros supuso la reposición de La corte de Faraón por esta misma compañía sevillana, y cinco después del estreno de El Trust de los Tenorios que ahora nos ocupa, no nos queda más remedio que afrontar una pequeña decepción frente al montaje visto y oído ayer tarde en el Espacio Turina. Vaya por delante, por supuesto, nuestra admiración por el esfuerzo de una compañía que a lo largo de más de quince años viene demostrando un cariño y una dedicación por reflotar en la ciudad un género al que nadie hasta ahora en las últimas décadas había profesado tal querencia, y menos para dotarle de una temporada estable. Y vaya también por delante también la pasión con la que su productor ejecutivo y principal valedor, Javier Sánchez-Rivas, ejerce no sólo de artífice y actor cómico sino de impagable relaciones públicas sin cuyo tesón y absoluta confianza en el proyecto, éste podría haberse venido abajo. Todo lo contrario, hoy la Compañía Sevillana de Zarzuela cuenta con una buena nómina de abonadas y abonados, y afianza su buena salud con llenos absolutos como los que disfrutaron las tres funciones que realizaron este fin de semana de este título tan representativo del cambio de rumbo que tuvo que dar el género español para adaptarse a las nuevas sensibilidades del siglo XX.


Sea porque las responsabilidades de cada uno y una de las integrantes de la compañía, ajenas a ella misma, les resta tiempo para ofrecerle una mayor dedicación, o quizás porque el cansancio tras una primera representación el sábado por la tarde hiciera mella, lo cierto es que hubo numerosas imperfecciones en la de la noche y última de este primer título de la temporada, con la que también arrancó finalmente otra prometedora temporada del Espacio Turina. Faltó una mayor sincronía y organización en los números de baile de conjunto, seña de identidad fundamental de esa transición de la zarzuela a la revista que representa esta pieza del autor de La canción del olvido o La Dolorosa. Pecó nuestro querido Sánchez-Rivas de exceso y desmadre en su actuación como Manuel Cabrera, el presidente del club que lucha por que su esposa no le sea infiel a manos de Pedro Saboya, a quien Amando Martín dio vida con cierta desgana, en modo autómata. Y finalmente, no se trata éste de un trabajo muy distinguido, apenas destacan en él un par de números cantados y algún interludio orquestal, que Elena Martín condujo una vez más con maestría y responsabilidad, mientras la veintena de jóvenes que integran la orquesta defendió la partitura con solvencia y a ratos brillantez, a pesar de la estrechez a la que les obliga un espacio no preparado para estos menesteres, y la siempre compleja aportación de los metales.


Es ahí donde quizás también radique la decepción de este montaje, por cuanto a pesar de las evidentes bondades del teatro de la calle Laraña, su escenario no permite montajes de cierta envergadura, y una revista lo es. Sin fondo ni relieve, todas las escenas quedan encorsetadas. Recuperar como teatro el antiguo Cine Imperial o reabrir el Lope de Vega podría paliar estos inconvenientes, por mucho que la compañía pueda sentirse muy cómoda ante el indudable magnífico trato que les dispensarán los responsables y plantilla del Espacio Turina. No ayuda tampoco un libreto disparatado y mal hilvanado, al que se van plegando unos números musicales que no hacen avanzar la dramaturgia sino simplemente adornarla. Ahí entra la agilidad con la que se fueron cambiando los decorados y vestuario de la compañía, si bien los años treinta o cuarenta del primer acto no casan con los veinte del París del segundo, para el que se reutilizó el fondo pintado que la compañía estrenó en Bohemios la temporada pasada. Un problema que no sufrieron el tercer y cuarto acto, ambientados en Venecia y la India respectivamente, y para los que el vestuario no tiene época, disfraces de carnaval para la ciudad italiana, vestidos exóticos para oriente. En ambos se reutilizaron los fondos pintados que ya funcionaron en el estreno de 2019.

En el apartado estrictamente musical, aparte de los méritos ya mencionados de la orquesta y la batuta, volvió a brillar la voz bella, rotunda y contundente del tenor Andrés Merino en la jota Te quiero, morena del tercer acto, la gracia y desparpajo, además de una muy bien colocada y timbrada voz, de Paula Ramírez en el Cuplé de mon bebé, y la igualmente hermosa y cálida voz de la protagonista femenina, Marta García-Morales, tanto en el Vals vienés como en la Serenata veneciana. También destacó la gracia y la frescura con la que la mezzo Alicia Naranjo entonó la canción de Rama-Kana, lo que unido al buen hacer y la complicidad del coro y cuerpo de baile, con una sana diversidad incluida, logró que en lo musical la función se elevara considerablemente sobre el deslavazado apartado estrictamente teatral.

jueves, 20 de junio de 2024

LA EXTRAÑA PAREJA MUSICAL

Tocando nuestra canción. Música de Marvin Hamlisch. Letras de Carole Bayer Sager. Libreto de Neil Simon. Antonio Banderas, dirección. Arturo Díez Boscovich, dirección musical. Borja Rueda, coreografía. Alejandro Andújar, escenografía y vestuario. Juan Gómez-Cornejo y Carlos Torrijos, iluminación. Francesc Isern, vídeo. Roc Mateu, sonido. Orquesta Larios Pop del Soho. Olga Domínguez, dirección. Con Miquel Fernández, María Adamuz, Rai Borrell, Bealia Guerra, Javier Enguix, Cristina Gallego, Diego Rodríguez y Georgia Stewart. Producción del Teatro del Soho Caixabank. Teatro del Soho Málaga, martes 18 de junio de 2024


Cuando Neil Simon, niño mimado de Broadway no exento de genuino talento, concibió el libreto de este singular musical, andaba enfrascado en los problemas conyugales y de pareja tanto suyos como de sus amistades más cercanas. Dos años antes había dejado constancia para la posteridad de su a ratos tormentosa relación con la actriz Marsha Mason (Permiso para amar hasta medianoche) en La chica del adiós. Y ese 1979 del estreno de este musical, centró su atención en la verdadera historia de atracción y rechazo entre el compositor Marvin Hamlisch y la letrista Carole Bayer Sager, que ya habían trabajado juntos en la canción Nobody Does It Better de la jamesbondiana La espía que me amó, y volverían a hacerlo ese mismo último año de la década de los setenta en la película Castillos de hielo. A los mayores éxitos de Hamlisch, A Chorus Line en el teatro y Tal como éramos en el cine, les pusieron letra Edward Kleban y el matrimonio Alan y Marilyn Bergman respectivamente.

Antonio Banderas ha vuelto a demostrar su buen gusto y su sensibilidad al adaptar They’re Playing Our Song, un musical que no tuvo el éxito que se espera de estas empresas y ni siquiera cosechó grandes premios, aunque sí que ha sido relanzado en varias ocasiones desde su estreno, y ha contado con adaptaciones en varios países, incluido el nuestro vía Barcelona. Se trata de un musical intimista, casi de salón, que muchos han definido con acierto como una comedia teatral salpicada de canciones. Adornada también con discotequeras coreografías, a lo que se prestan los alter egos de sus protagonistas, tres por él y otras tres por ella, una especie de coro griego desaprovechado por cuanto representan las diferentes personalidades de la pareja y sus fuentes de inspiración, sin que una ni otra consideración traspase la mera dramaturgia de la función. Sí sirven para multiplicar el efecto de los bailes y trasladar los módulos móviles que monopolizan una escenografía centrada en la técnica del mapping, con la que se recrean los distintos espacios: el lujoso apartamento de él, el más bohemio y humilde de ella, las calles de Nueva York, la casa en la playa, el restaurante, la habitación del hospital o el estudio de grabación. Una puesta en escena como se ve muy cinematográfica.


La escueta trama sitúa de nuevo frente a frente a dos polos opuestos que se atraen, insistiendo en uno de los motivos más recurrentes del dramaturgo, como se puede apreciar en títulos tan significativos como Descalzos por el parque o incluso La extraña pareja, donde el estímulo de la amistad sustituía al más puramente romántico. Sin ir más lejos, nos encontramos ante otra de esas extrañas parejas que empiezan odiándose, continúan amándose y terminan como terminan, sin spoiler. Pero es también la constatación de la necesidad que muchas veces tenemos de encontrar una luz que nos ilumine, en este caso Sonia Walsk, sosías de Bayer Sager, que entra en la vida de Vernon Gersch como un torrente. Y ahí es donde radica el principal atractivo de la función, al margen de unas canciones que sin estar tan inspiradas como las de A Chorus Line, la primera aventura de Broadway en Málaga que acuñó Antonio Banderas, contienen todo el encanto y la amabilidad de una época que su director musical, el excelente Díez Boscovich, ha decidido respetar en su integridad, como ya hiciera en la sensacional Company, en esta ocasión siguiendo las orquestaciones originales de Ralph Burns, Oscar por Cabaret y All That Jazz.

Miquel Fernández presta su convincente presencia, su rotunda voz y ciertos ademanes heredados de Banderas, quizás por prescripción suya, a Gersch, tan acertado cuando reflexiona ante su magnetofón de época como cuando entona con un gusto exquisito canciones como Cayendo o Si me conociera. Pero la verdadera estrella de la función es la marbellí María Adamuz, a quien ya vimos y disfrutamos en Company como la azafata de pocas luces que entona Barcelona. Su arrolladora presencia y su intachable vis cómica se ponen al servicio de esta mujer alegre y generosa, algo histriónica debido precisamente a su enorme vitalidad. La efectiva dirección de Banderas junto al simpático gesto de hacer guiños a Chorus Line a través de los timbres de los apartamentos, y a Company con su mención expresa en el libreto adaptado por María Ruiz, además de una exquisita dirección musical de Olga Domínguez al frente de diez músicos de la Orquesta Larios, contribuyen al amable acabado de la empresa. La calidad de las voces de la pareja juega también a favor del disfrute de una comedia musical sencilla, discreta y luminosa, tan proclive a facilitar a quien se acerque al teatro de la calle Córdoba de Málaga desconexión y un poco de felicidad.

Fotos: Javier Salas
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 15 de diciembre de 2023

EL ENCANTO DE GREASE SE CUELA EN EL MAESTRANZA

Grease. Musical de Jim Jacobs y Warren Casey. David Serrano, dirección y adaptación. Jesús Serrano Alcalde, dirección musical. Toni Espinosa, coreografía. Ana Llena, vestuario. Ricardo Sánchez Cuerda, escenografía. Juanjo Llorens, iluminación. Gastón Briski, sonido. Con Mia Lardner, Quique González, Isabel Pera, Diego Rey, Sònia Vallverdú, Lucas Miramón, Elisa Hipólito, Pau Gimeno y Carlos Solano. Producción de SOM Produce. Teatro de la Maestranza, jueves 14 de diciembre de 2023


Desde su estreno en Broadway hace cincuenta años, Grease ha sufrido diversas metamorfosis en su puesta en escena y sus números musicales, pero ninguna tan influyente como la que experimentó con la adaptación cinematográfica de Randall Kleiser, en plena fiebre del sábado noche, lo que motivó la incorporación de un tema principal nuevo escrito para la ocasión por Barry Gibb, que junto al que compuso John Farrar, por aquel entonces productor habitual de una Olivia Newton John a la que todavía guardamos en el corazón, Hopelessly Devoted to You, que obtuvo incluso una nominación al Oscar a la mejor canción, han quedado para siempre asociadas a cualquiera de los montajes que desde entonces se repiten en Nueva York, Londres y cualquier otra ciudad que la ha programado. Pero para el público en general ninguna canción del musical, y la película, es tan icónica y recordada como Vas a ser para mí (You’re the One That I Want), como muy bien demuestra el entusiasta público que abarrota el Maestranza en cualquiera de sus ocho funciones desde el miércoles 13 al próximo domingo 17.


Hace diez años Sevilla ya pudo disfrutar de este musical en la tercera de las producciones que hasta entonces se habían realizado en nuestro país. La primera data de 1999, la segunda sólo se pudo ver en Barcelona, en 2006, con Carlos Solano como protagonista, que curiosamente en este nuevo montaje interpreta al showman Vince Fontaine. La tercera, de 2011, es la que se pudo ver en Fibes con Edurne como principal reclamo. Y ahora, en pleno auge del musical en Gran Vía, nos llega este montaje que celebra el cincuenta aniversario del estreno en Broadway, y que se pudo ver en el Nuevo Teatro Alcalá desde octubre de 2021 a mayo de 2022, después en el Teatro Tívoli de Barcelona desde diciembre de 2022 a febrero de 2023, y ahora desde agosto anda de gira por otras ciudades españolas. A las puertas de la Navidad, nada mejor que disfrutar en familia de este icónico y amable musical que ha llenado de encanto el Teatro de la Maestranza. Su principal responsable es David Serrano, guionista de El otro lado de la cama y su secuela, y director de películas como Días de fútbol, Días de cine, Tenemos que hablar o Voy a pasármelo bien. Un entusiasta del musical que también ha dirigido en escena algunos de los títulos de mayor éxito en Madrid, como Billy Elliot, Matilda o El libro de Mormón. Su huella se deja notar en esta adaptación que prescinde de los personajes maduros, rejuvenece el elenco haciéndolo más apropiado a la edad que representan en escena, e introduce algunas ideas originales como los interludios musicales a cargo del locutor de radio Vince Fontaine o las elegantes actuaciones del conjunto The Charlenes.


Por lo demás, en Grease nos reencontramos con el colorista vestuario instituido por la película, sus arreglos musicales, magníficamente interpretados por una banda de apenas ¡media docena de músicos! dirigidos por Jesús Serrano Alcalde, con alegres y desenfadadas coreografías, unos ágiles decorados presidios por unas grandes pantallas que sólo emiten color, y diálogos chispeantes que su elenco declama con gracia y desparpajo. Un trabajo de equipo que se nota en la importancia que adquieren cada uno de los personajes, y en el hecho de que todos y todas forman parte de las escenas de conjunto, aunque para ello tengan que camuflar su aspecto. Sorprende sin embargo que en plena tramitación de una nueva ley que prohíba fumar en terrazas, en este montaje sus personajes lo hagan tanto y frente a un público tan numeroso y en su mayoría joven. Que Eugenio tenga que fumar en Saben aquell de David Trueba o Bradley Cooper lo haga en el biopic de Leonard Bernstein Maestro, son exigencias de guion, pero en un musical como éste se pueden permitir licencias que se adapten a nuestro tiempo y puedan evitar tal desmán, sea fingido o real el cigarrillo.

El espectáculo está garantizado sin que se deba esperar la excelencia. Basta disfrutar con tan joven elenco dejándose la piel en cada actuación y haciéndonos pasar un buen rato recordándonos a través de las canciones de Jim Jacobs y Warren Casey las noches de verano, Sandra Dee, el excitante y veloz Greased Lightnin’, Sandy o que estamos juntos. Se encargan de hacerlo la delicada Mia Lardner como Sandy, el divertido Quique González como Danny, la cínica Isabel Pera como Rizzo, todas y todos luciendo espléndidas voces junto al referido Solano, así como el atlético Diego Rey como Kenickie, por citar los principales de un reparto en el que todos y todas brillan. Hubiésemos preferido que en ese siempre necesario ejercicio de adaptación a los tiempos, los roles de género hubiesen quedado menos definidos según criterios vetustos y superados.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 8 de octubre de 2023

LA ALEGRÍA CONTAGIOSA DE LA CORTE DE FARAÓN

La corte de Faraón. Música de Vicente Lleó. Libreto de Guillermo Perrín y Miguel de Palacios. Elena Martínez Delgado, dirección musical. Marta García Morales, dirección escénica. Con Diego Morales, Marta García Morales, Andrés Merino, Javier Sánchez-Rivas, Paula Ramírez, José María Galavís, Carmen Jiménez, Julia Rey, Armando Martín, Juan Antonio Ortiz, Manuel Ceballos, Paloma Pérez, Luz Gutiérrez, Marta Díaz, Kenia Murton y resto de la Compañía Sevillana de Zarzuela (Javier Sánchez-Rivas García, presidente ejecutivo). Espacio Turina, sábado 7 de octubre de 2023

Foto: Luis Ollero

Siete años han transcurrido desde que la Compañía Sevillana de Zarzuela estrenara en este mismo Espacio Turina el título que, con notables mejoras, repuso ayer sábado y el pasado viernes para iniciar una temporada muy especial, la que corona quince años de esfuerzo, trabajo, dedicación y mucha pasión. Algunos cambios en el elenco interpretativo, una puesta en escena más estilizada, echando siempre mano del legado de José Tamayo en vestuario y decorados, convenientemente restaurados para lucir tan impolutos y coloridos, y una mejor adaptación del conjunto al reducido espacio que les brinda la polifacética sala de la calle Laraña, constituyen las señas de identidad de una esmerada recreación de La corte de Faraón. Una excelente forma de reivindicar además la condición de esta obra musical de Vicente Lleó como genuina zarzuela. Sería revista cuando la producía José Luis Moreno, con sus ballets televisivos y coreografías de music-hall, pero en manos de Sánchez-Rivas y su compañía no cabe duda de que lo que ayer tanto disfrutamos fue zarzuela en estado puro. Con todo, lo que más nos llamó la atención es la capacidad del elenco para transmitir y contagiar al público toda la alegría y el disfrute que depositan en su trabajo, creando una envidiable atmósfera sobre y bajo el escenario, y formando así toda una familia en la que público y artistas cabalgan juntos.

El responsable de todo esto, Javier Sánchez-Rivas, tuvo unas palabras de agradecimiento, como es propio de una persona con sus tablas, desparpajo y educación, conmemorando esta efemérides y brindando por la salud del género, que bien adaptado a nuestros tiempos y con un conveniente barniz que depure cualquier atisbo de ranciedad, puede disfrutarse como magnífico musical sin tener que mirar siempre al otro lado del Atlántico. Lástima que, seguramente debido a los inconvenientes que ha sufrido el Ayuntamiento es estas primeras semanas de andadura de la nueva corporación, se sacrificara la primera función, prevista para el jueves. Desde luego lo que no comprendemos es que tal esfuerzo y tan felices resultados se tengan que conformar con dos o tres funciones, cuando en cualquier otra ciudad de nuestras proporciones, daría para llenos al menos durante una semana entera en cartel. Suponemos no obstante que la compañía habrá previsto amortizar el trabajo llevándolo a otros espacios dentro y fuera de la provincia.

Foto: Luis Ollero

Una divertida comedia musical

Esta vez Sánchez-Rivas ha pasado el testigo del Casto José al tenor cómico Diego Morales, reservándose para sí el del borrachín faraón. Otros rostros habituales de la compañía volvieron a asomar su perfil tras estos siete años como si ninguno hubiera pasado. Las condiciones del Espacio Turina no son las más adecuadas para un espectáculo así, no ya sólo por el reducido espacio escénico, sino también por cuestiones como la falta de un foso para la veintena de músicos convocados y convocadas al efecto, lo que provoca cierta saturación instrumental que ahoga frecuentemente las voces, a pesar del tacto desplegado por su directora musical. La acústica de la sala, más adecuada a la música que al teatro, malogra también la conveniente comprensión de muchos de los diálogos, a pesar de lo cual no podemos negar lo mucho que disfrutamos con esta esmerada y entrañable rehabilitación del título que popularizó un ¡Ay ba…! que Paula Ramírez cantó en la función del sábado con mucha picardía y derroche de sensualidad, y que el público coreó entonces y cuando toda la compañía la repitió como fin de fiesta.

En medio de todo esto, conviene destacar el estupendo trabajo a la dirección de Elena Martínez, que extrajo de la orquesta, en la que cabía incluso atisbar algún miembro de la ROSS, un sonido vivo y brioso, ágil y enérgico, como pudimos apreciar en el famoso garrotín, pero también seductor y elegante en piezas de tanto valor como el Vals del juicio. Entre las voces volvió a destacar el barítono Andrés Merino dando vida a Putifar, con agudos refulgentes y transiciones fluidas, generosa proyección y timbre rutilante. Marta García Morales estuvo muy acertada como actriz, mientras su canto cumplió con solvencia, aunque hubiésemos preferido una romanza de presentación con mayores dosis de sentimiento y lirismo. Estupendas el trío de viudas y también el protagonista, un Casto José al que Diego Morales se rindió con gracia y desparpajo, aunque fue el cómico José María Galavís, dando vida al afeminado Arikón, quien arrancó las carcajadas más fuertes del público, con sus divertidas morcillas, únicas frases de diálogo que permitieron añadir al libreto original cuestiones de la actualidad popular.


Muy divertidas fueron también las correrías de parte del elenco por la platea, involucrando al público al estilo de La Cubana. Todo para conseguir en conjunto un trabajo bien hecho, dirigido a un público actual pero sin perder su dimensión histórica, lo que añade una pizca de melancolía al conjunto, y acentuando sus aspectos más atrevidos y sicalípticos, lo que tantos problemas con la censura le acarreó durante los grises años del franquismo, después de casi dos décadas de progresista alegría desde que se estrenara en 1910. Una censura que tan bien plasmaron Rafael Azcona y José Luis García Sánchez en la famosa adaptación al cine que protagonizó Ana Belén en 1985. Ahora, la Compañía Sevillana de Zarzuela entra con buen pie en su etapa de la niña bonita.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 26 de mayo de 2023

MARTÍNEZ-PIERRET BAJO UNA LLUVIA DE PARTITURAS

Rasgando el silencio: Ciclo de mujeres compositoras. Caleidoscopio (25 compositoras, 25 piezas breves para piano). Carmen Martínez-Pierret, piano. Programa: Piezas de Fanny Hensel-Mendelssohn, Elisabeth von Herzogenberg, Ethel Smyth, Clara Schumann-Wieck, Marie Bigot, Hélene de Montgeroult, Marie Jaëll, Teresa Carreño, Chiquinha Gonzaga, Agathe Backer Grondahl, Cécile Chaminade, Pauline Viardot, Mel Bonis, Amy Beach, Nadia Boulanger, Lili Boulanger, Geremaine Tailleferre, Dora Pejaceviç, Madeleine Dring, Marion Bauer, Mana-Zucca, May Aufderheide, Pauline Alpert, Dana Suesse y Margaret Bonds. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, jueves 25 de mayo de 2023


Dos temporadas lleva
Carmen Martínez-Pierret, con la complicidad del violonchelista Israel Fausto en tareas de organización y coordinación, acercando al público sevillano la música compuesta entre finales del siglo XVIII y mitad del XIX por mujeres, y sometida consiguientemente al olvido y el ostracismo. Un trabajo ingente y agotador que culminará la próxima temporada del Maestranza, conocida hace apenas un par de semanas. Para poner el broche final a ésta, la infatigable pianista echó mano nada más y nada menos que de veinticinco compositoras, muchas de ellas ya abordadas en anteriores programas, ahora con partituras inéditas en las manos de la pianista, en un ejercicio muy similar al que en diciembre convocó a diecisiete mujeres cuyas canciones fueron entonadas por Delphine Mégret. Habiendo leído que fueron pocos quienes atendieron la segunda entrega de las partitas de Bach por Cécile Frisch en el Turina, y considerando que tampoco Martínez-Pierret contó con el nutrido público habitual, no pareció ayer ser un día propicio en Sevilla para la música en directo.

Aprovechando una vez más su doble faceta como intérprete y divulgadora, no cabe sino admirar a Carmen Martínez-Pierret por afrontar tan titánico trabajo de manera además muy aguerrida y ejemplar. No veía el final del camino y sin embargo mantenía el buen pulso, el dinamismo y la ilusión que informó el proyecto desde el principio. Entre las más reconocidas y valoradas emergieron de nuevo Fanny Mendelssohn, con una introducción en forma de Melodía que la pianista tradujo con delicadeza y considerable refinamiento, Clara Schumann en un ejercicio tan riguroso como endiabladamente complejo (Toccatina de sus Soirées musicales) y Pauline Viardot, única que podríamos considerar veladamente española entre tantas compositoras francesas y algo menos norteamericanas, de quien interpretó con gracia y desparpajo una Sérénade de aires zarzueleros con sus trinos, abundantes arpegios y ornamentaciones de diversa índole.


Todas estas artistas conocieron en su momento el reconocimiento suficiente como para vivir profesionalmente del medio, y se codearon con algunos de los nombres más insignes de la composición musical de su época, lo que no ha bastado para condenarlas en su mayoría a un olvido del que artistas tan apasionados como Pierret e Israel intentan rescatarlas. Sin atisbo de fatiga y aprovechando cada pausa entre bloques, organizados por lazos sentimentales, géneros musicales, nacionalidades y otros parámetros, para ilustrar sobre las autoras y sus creaciones, la pianista y musicóloga desgranó la sensibilidad de Elisabeth von Herzogenberg, la intensidad de la sufragista Ethel Smyth, la rabiosa técnica de Marie Jaëll, el ritmo contagioso de Chiquinha Gonzaga, la sencillez de Agathe Backer Grondal, el color de la estadounidense Amy Beach, el contraste anímico entre las hermanas Nadia y Lili Boulanger, el ragtime contagioso y bien articulado de la británica Madeleine Dring y la americana May Aufderheide, y el swing brillante de Pauline Alpert y Dana Suesse, hasta desembocar en un intenso y arrebatado arreglo de espiritual negro Troubled Water a cargo de Margaret Bonds. Un amplio muestrario de talentos que tuvieron que lidiar con estigmas y prejuicios, y que sirven todavía para abrir la vía a una lucha a la que desgraciadamente aún le quedan muchas batallas que ganar.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 28 de marzo de 2023

TRIUNFO DE COMPANY EN LOS PRIMEROS PREMIOS TALÍA


Queremos celebrar el éxito obtenido por el musical Company en los primeros Premios Talía de la Academia de Artes Escénicas de España, con tres reconocimientos al mejor espectáculo, actor y dirección musical en el apartado de teatro musical, reproduciendo la reseña que hicimos en su momento, cuando tuvimos el enorme placer de verlo en Málaga a finales del 2021. Enhorabuena a Antonio Banderas, el Teatro Soho y todo el excelente elenco y equipo técnico y artístico que hicieron posible este milagro del teatro musical hecho en nuestro país, y más concretamente en nuestra comunidad autónoma. La gala de estos primeros premios Talía estuvo estupendamente conducida por Cayetana Guillén Cuervo, que no dudó en protagonizar uno de los momentos más emotivos de la noche cuando abrazó a su madre, Gemma Cuervo, presente entre el público. Antes, en la alfombra roja, Nadia Calviño, ministra de Economía y Hacienda, dio buenas muestras de cultivar la cultura escénica, enumerando una larga serie de espectáculos teatrales recientes a los que dice haber asistido, incluidos un buen número de musicales, de los que confesó ser una adicta. Salvo algunos problemas de ritmo y los sempiternos agradecimientos a toda la familia, amigos, vecinos y mascotas, la gala resultó amena y distendida, al menos para quienes estamos familiarizados con el tema. 

Que España se ha convertido en referente europeo en la producción de musicales lo demuestran otros títulos que también obtuvieron premio, como Los chicos del coro (iluminación), La historia interminable (dirección artística) y El tiempo entre costuras (vestuario), estos dos últimos siendo además producciones íntegramente propias, incluida música y letra, precisamente de la empresa andaluza beon.Entertainment, responsable también de El médico y El principito. Además Next to normal, en su versión inmersiva del festival Grec, estuvo nominado a mejor espectáculo musical. Por cierto, su estreno hace cinco años como Casi normales, tuvo como protagonista a Roger Berruezo, que en Barcelona interpretó el papel de Banderas en Company. Kinky Boots tuvo nominado a su protagonista, Tiago Barbosa, y la dirección musical de Matilda también estuvo nominada. La tendencia eminentemente comercial de estos premios llena así el hueco que dejan los Max, centrados en producciones más alternativas y relativamente elitistas.

Nuestro gozo hubiera sido completo si Marta Ribera o Anna Moliner, ambas espléndidas, se hubieran alzado con el premio a la mejor actriz en musical, aunque hemos de reconocer que el trabajo de Mireia Portas en Cantando bajo la lluvia es excelente. Para el recuerdo nos quedará siempre su hilarante "no pido" con la voz de pito que inmortalizó Jean Hagen en la mítica versión cinematográfica. También nos hubiera gustado ver reconocidas a Nancy Fabiola Herrera o Yolanda Ayuanet como mejor intérprete femenina de lírica, por el Roberto Devereux que pudimos disfrutar en el Teatro Maestranza de Sevilla el pasado noviembre, o a Ismael Jordi por Anna Bolena, por aquello de ser de la tierra, por un Lord Percy con el que también pudimos disfrutarlo en Sevilla hace unos años en una producción distinta de la que esta temporada se pudo ver en Les Arts de Valencia, pero con la misma dirección musical de Maurizio Benini. Nuestras felicidades no obstante a Jorge de León y Saioa Hernández, ambos ya con una rutilante carrera internacional en su haber. Así valoramos en su día el musical del Teatro del Soho malagueño.

Banderas nos brinda la mejor versión de Company

Una producción del Teatro del Soho CaixaBank. Música y letra de Stephen Sondheim. Libreto de George Furth. Antonio Banderas, dirección. Arturo Díez-Boscovich, dirección musical. Borja Rueda, coreografía. Ignacio García May y Roser Batalla, traducción. Alejandro Andújar, escenografía. Juan Gómez-Cornejo y Carlos Torrijos, iluminación. Antonio Belart, vestuario. Joan Rodón y Emilio Valenzuela, vídeo. Roc Mateau, sonido. Con Antonio Banderas, María Adamuz, Roger Berruezo, Albert Bolea, Lorena Calero, Lydia Fairén, Dulcinea Juárez, Silvia Luchetti, Anna Moliner, Julia Möller, Paco Morales, Marta Ribera, Carlos Seguí, Rubén Yuste. Teatro Soho CaixaBank de Málaga, función del domingo 26 de diciembre de 2021.


Mucho hablamos en estas páginas el año pasado sobre el musical Company de Stephen Sondheim, a propósito de la celebración del cincuenta aniversario de su estreno en el Alvin Theatre de Nueva York, y del noventa cumpleaños de su autor, celebrado por todo lo alto por las más rutilantes estrellas de Broadway, y algunas del cine, en riguroso streaming pandémico. Después de triunfar con su versión de A Chorus Line, el musical de Marvin Hamlisch que se mantuvo en cartel más de diez años ininterrumpidos antes de que Richard Attemborough lo convirtiera en aseada película, Antonio Banderas vuelve a cumplir en su ciudad natal y el Teatro Soho que él mismo ha impulsado, y que ha convertido la calle Córdoba de la capital de la Costa del Sol en un merecido trocito de Broadway, y logra con Company un hito definitivo del teatro musical hecho en España. La muerte de Sondheim coincidió mientras Company ya estaba en escena en Málaga, un triste punto de conexión con El médico sevillano. Hemos visto y escuchado muchas producciones de este emblemático musical de cámara, como algunos lo bautizaron en su momento, en el que varias parejas de amigos intentan convencer a su amigo soltero de las veleidades del matrimonio, mientras él se dedica a observar en ellos y ellas los pros y los contras de la conservadora institución, y no se me ocurre mejor versión que la que Banderas dirige y protagoniza estos días para gozo de entendidos y profanos.

Antonio Banderas es un tipo muy listo y aplicado, y es evidente que ha aprendido mucho en Estados Unidos y sabe aplicarlo a nuestra idiosincrasia. Su Company recupera el original, después de los intentos fallidos de contemporizarlo en 2006 y cambiarle el género al protagonista en 2018. La suya mantiene las espléndidas orquestaciones de Jonathan Tunick, un habitual de Sondheim que también se responsabilizó de su extraordinaria versión en concierto de 2011 con la Filarmónica de Nueva York, que Díez-Boscovich, todo un apasionado de la música para la escena y el cine, ha traducido de maravilla, con una orquesta de algo más de veinte integrantes dándolo todo y añadiendo esa emoción que exige una música de este calibre. El libreto mantiene toda su vigencia gracias a un estupendo trabajo de traducción y adaptación, mientras la moderna y tecnológica puesta en escena, que recupera los andamiajes de la original pero añade proyecciones del skyline neoyorquino y videocreaciones de lo más estimulantes, se apoya en una plataforma giratoria en la que se resuelven magníficamente algunas de las propuestas dramáticas y cómicas de la función.


Del elenco solo se pueden decir maravillas, todos y todas estupendos comediantes y cantantes. En él podemos distinguir los rostros de Roger Berruezo (Águila Roja, Cuéntame) o Paco Morales (el grupo musical La Década, la serie andaluza Arrayán), y disfrutar con la gracia y el desparpajo de María Adamuz, que curiosamente coincidió con Balzaretti (Rob, el médico) en La bella y la bestia de la Gran Vía como protagonistas. Estupendas coreografías bailadas con inmejorable nivel, una dramaturgia clara y envolvente y el acierto de hacerla más hilarante todavía que sus predecesoras, hacen del espectáculo una experiencia emocionante y deliciosa, a la que resulta imposible abstraerse. Hemos oído cantar a Banderas en su debut hollywoodiense, Los reyes del mambo, junto a Ana Belén en el bolero No sé por qué te quiero, con Madonna en Evita, y los más afortunados en el musical Nine en Broadway. Pero nunca con la fuerza y el talento con que hemos podido disfrutar de su voz en el Soho malagueño. Pura adrenalina convertida en rabia a fuerza de sobresalientes agudos e incandescente expresividad. Su Sentirse vivo (Being Alive) es de auténtica antología, de la misma forma que Marta Ribera consigue milagrosamente que nos olvidemos de que antes que ella The Ladies Who Lunch (Las damas que almuerzan) lo cantaron Elaine Stritch o Patti Lupone. Todos y todas hacen un trabajo excelente.

Banderas, que repetimos es un tipo muy listo, ha sabido reunir a lo mejor en su género, acreditados por un amplio currículum en Madrid y Barcelona, las dos vértebras del musical en España antes de que Málaga les desafiara. Todo un detalle facilitar al público un programa con información completa del espectáculo y sus responsables. Company tenía que estar en cartel hasta estas navidades, pero su éxito ha hecho que se prorrogue hasta marzo. Háganse un favor y dediquen un par de días a visitar la preciosa capital malagueña para disfrutar de este espectáculo musical y teatral sin igual en toda la historia del teatro musical hecho en España. Aunque no sean aficionados o aficionadas al género, sin duda lo disfrutarán.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 14 de marzo de 2022

LA MUJER TIGRE, UN MUSICAL CON MUCHAS ETIQUETAS

Ópera de cámara o tonadilla escénica contemporánea de Manuel Busto. Dramaturgia y voz actoral de Julio León Rocha. Manuel Busto, dirección musical. Fran Pérez Román, dirección escénica. Julia Rodríguez y Fran Pérez Román, escenografía. Silvia Balbín, movimiento escénico. Benito Jiménez, iluminación. Gloria Trenado, vestuario. Lauren Serrano, sonido. Reyes Carrasco, cantaora. Paula Comitre, bailaora. Natalia Labourdette, soprano. Trío Arbós (Ferdinando Trematore, violín; José Miguel Gómez, violonchelo; Juan Carlos Garvayo, piano). Proyecto Lorca (Juan M. Jiménez, saxofones; Antonio Moreno, percusión). Agustín Diassera, percusión. Una producción del Teatro de la Maestranza y el Teatro Lope de Vega. Teatro Lope de Vega, domingo 13 de marzo de 2022

Reyes Carrasco en una imagen publicitaria del montaje
Ya es buena noticia que dos administraciones públicas, y de signo contrario, se pongan de acuerdo para llevar a buen puerto un proyecto, sea de la índole que sea. Si además este resulta suficientemente digno, podemos frotarnos las manos. Así es este particular montaje que ve la luz gracias al esfuerzo y el talento de un buen puñado de profesionales, y que en forma de ópera de cámara o eso que llaman la recuperación de la tonadilla escénica, convierte una proclama social y casi política en un competente espectáculo musical que aúna diversas disciplinas escénicas con hechuras de teatro contemporáneo y una dramaturgia encaminada más a la llamada de atención que al relato concreto. Lo que no es tan buena noticia es que solo se hayan programado dos funciones. Parece como si sus propios artífices no confiaran en la empresa, lo que sorprende considerando la cantidad de publicidad mediática prestada.

Paula Comitre
Lo primero que destaca es que tratándose de una especie de ensayo sobre las muchas etiquetas que la vida reparte entre nosotras y nosotros, y que nos obligan a desarrollar unos roles que limitan y encasillan nuestra libertad y capacidad de crecimiento, precisamente el mismo espectáculo eche mano de tantas etiquetas, desde la ópera al flamenco, del teatro conceptual a la danza, de la música contemporánea a la tonadilla escénica. Una combinación de todo ello, pero no una liberación de estilo y tendencias, es lo que propone este trabajo concebido desde la música de Manuel Busto y la dramaturgia de Julio León Rocha, encargado también sobre el escenario de narrar los acontecimientos que giran alrededor del extraño caso de la mujer tigre. De toda esta combinación nos merece especial atención la muy lograda música del joven Manuel Busto, a quien estamos acostumbrados a ver dirigiendo con entusiasmo y sentido de la responsabilidad a los niños y niñas de la Escolanía de Los Palacios, y que con esta obra consolida su mérito como compositor a tener en cuenta. Surgen también aquí las etiquetas a la hora de describir y valorar su música, que combina las vanguardias más reconocibles de los últimos cien años, con especial parada en el expresionismo alemán tan asociado a Strauss, y un sentido de la orquestación y una alternancia de la tonalidad y la atonalidad que logra llegar con facilidad a todos los oídos, con y sin prejuicios. Para ponerla en marcha, además del ahínco y el compromiso con el que el propio Busto se puso al frente de los atribulados músicos, se ha contado con el excelente trabajo del prestigioso Trío Arbós, piano preparado incluido, y la percusión atenta y atinada, notablemente aflamencada por exigencias del guion, de Proyecto Lorca y Agustín Diassera, además un idiomático saxo también ligeramente intervenido.

Ópera y flamenco, un maridaje discutible

Natalia Labourdette
Sorprende también gratamente el trabajo dramático propuesto, que en su acumulación de tópicos y diversas ingenuidades, logra enganchar al público y transmitirle ese espíritu feminista que inspira el conjunto, donde una primera aproximación a diversos tipos de etiquetado nos lleva a la conclusión que donde los atributos del hombre son elogios (machote), los de la mujer y otras diversidades invitan a la mofa (putón, feminazi, maricón, gorda), y así sigue siéndolo en la proliferación de restaurantes y locales que utilizan con intención graciosa estos estigmas que la sociedad ha ocasionado a un colectivo tan castigado. Molesta que todo lo que surja de Andalucía tenga por fuerza que llevar la etiqueta del flamenco, el quejío y el lamento. Es como aquella dilatada época en la que el teatro andaluz tenía que mirarse por fuerza en Lorca y resolverse con sábanas blancas. No discutimos que el flamenco pueda formar parte de la ópera, y así lo ha sido en muchísimas ocasiones, pero no siempre funciona, y desde luego no lo hace cuando pretende erigirse en dueño de la función, aunque sea veladamente como en esta ocasión.

La mujer tigre es flamenca. La joven cantaora Reyes Carrasco, con voz rotunda y arrolladora, es la que se queja y la que emerge de sus complejos y diferencias para luchar sin parar y reivindicar lo diverso y singular. Lírica es la voz de quien la provoca y humilla, una Natalia Labourdette que revalida su poderosa voz y generosa proyección, con mayor participación que su compañera y agudos sobresalientes adornando esa valiosa contribución. Paula Comitre lo baila todo, sin parar, un trabajo extenuante en el que no faltan las exhibiciones de agilidad y virtuosismo danzante. Ellas tres hacen un trabajo excelente, pero la combinación entre ópera y flamenco no funciona, y la necesidad imperante en los círculos bohemios e intelectuales de la ciudad de añadir este tópico a todo lo presuntamente creativo, cansa. Fuimos más modernos en la década de los setenta del siglo pasado, cuando Triana, Alameda o Medina Azahara echaron mano del flamenco para hacer algo realmente genuino e irrepetible en el universo del rock. Lo de ahora sin embargo se nos antoja rancio e inoportuno a efectos estrictamente creativos.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 28 de diciembre de 2021

COMPANY EN MÁLAGA Y EL MÉDICO EN SEVILLA: MUSICALES CON DENOMINACIÓN DE ORIGEN ANDALUZA

EL MÉDICO

Una producción de Dario Regattieri para beon.Entertainment. Música y letra de Iván Macías y Félix Amador, según la novela de Noah Gordon. Ignasi Vidal, dirección artística. Iván Macías, dirección musical. María Ramos, dirección de la orquesta. Amaya Galeote, coreografía. Josep Simón y Eduardo Díaz, escenografía. Felipe Ramos, iluminación. Lorenzo Caprile, vestuario. Con Guido Balzaretti, Cristna Picos, Josean Moreno, Alberto Vázquez, Enrique Ferrer. Cartuja Center Cite de Sevilla, función del sábado 25 de diciembre de 2021.

COMPANY

Una producción del Teatro del Soho CaixaBank. Música y letra de Stephen Sondheim. Libreto de George Furth. Antonio Banderas, dirección. Arturo Díez-Boscovich, dirección musical. Borja Rueda, coreografía. Ignacio García May y Roser Batalla, traducción. Alejandro Andújar, escenografía. Juan Gómez-Cornejo y Carlos Torrijos, iluminación. Antonio Belart, vestuario. Joan Rodón y Emilio Valenzuela, vídeo. Roc Mateau, sonido. Con Antonio Banderas, María Adamuz, Roger Berruezo, Albert Bolea, Lorena Calero, Lydia Fairén, Dulcinea Juárez, Silvia Luchetti, Anna Moliner, Julia Möller, Paco Morales, Marta Ribera, Carlos Seguí, Rubén Yuste. Teatro Soho CaixaBank de Málaga, función del domingo 26 de diciembre de 2021.


Hace apenas unos años
se presentaba en Fibes el musical El médico, basado en la famosa novela del recientemente fallecido Noah Gordon, e impulsado por el Liceo Musical de Moguer y la productora creada al efecto Versus Creative. Un milagro que ya había tenido sus ensayos en forma de El fantasma de la ópera de Andrew Lloyd Webber en versión concierto y el estreno del musical autóctono Germinal según la novela de Zola. Sus autores repitieron con mayor éxito esta adaptación de las vicisitudes de un aprendiz de médico en la Europa medieval de la encrucijada de religiones, y su posterior viaje de iniciación y conocimiento al más refinado Oriente en busca de nuevos procedimientos para la cura de enfermedades. Aquel espectáculo, aupado por la Banda Municipal de Moguer reforzada con instrumentos de cuerda, nos agradó sobremanera, hasta el punto de augurar tras esa primera puesta en escena rudimentaria, algo así como un boceto, un futuro prometedor una vez se pulieran algunos aspectos y detalles. Poco después saltó a Madrid, pero nunca se dijo nada de su origen onubense; parece que hasta sus autores se avergonzaran de ello. Quedó plenamente fagocitada por la capital del reino, como siempre hace, y ahora nos llega en una nueva producción que se ha estrenado directamente aquí en Sevilla, como también lo hizo aquella encantadora versión embrionaria de 2017.

Los resultados no han podido ser más decepcionantes, con más aspecto de boceto ahora que entonces, a pesar de los evidentes esfuerzos de producción desplegados. La empresa no funciona porque mantiene su exuberante partitura, con multitud de canciones al más puro estilo disneyano ilustrando tal cantidad de situaciones y personajes que hace complicado involucrarse en la trama. Un trabajo de dramaturgia más concentrado hubiera hecho más asimilable la función. No queda así lugar para el lucimiento de sus protagonistas a nivel actoral, si bien como voces resuelven su cometido con dignidad, con especial mención para Josean Moreno, único de los intérpretes de aquella primera versión que sobrevive en la actual, y que como Barber sobrelleva el peso de la acción en su primer tercio con dinamismo y una registro baritonil rutilante. También eficaz como cantante se muestra el joven Guido Balzaretti, que da vida al protagonista, Rob, con mucho nervio pero un temperamento casi de función escolar, como muchos otros aspectos que flotan sobre el escenario.


Le secundan la voz sopranil bien colocada y modulada con buen gusto de Cristina Picos, el tono grave de Alberto Vázquez y la perfectamente proyectada y potente voz de Enrique Ferrer como el Sha de Persia. Los decorados y las videoproyecciones se suceden con rapidez y dinamismo para transportarnos a ese continuo cambio de localizaciones, mientras los fallos de sonido y emisión en las múltiples pantallas del imponente auditorio se sucedieron a menudo, potenciando los malogrados resultados de este nuevo montaje de un título que contó en su momento con el beneplácito de Noah Gordon y que por lo tanto merecería un mejor trato. No facilitar programa o una web suficientemente documentada constituye todo un desprecio a su numeroso elenco. Aunque su potencial análisis de la convivencia de culturas quede algo desdibujado ante tal batiburrillo dramático, este espectáculo tiene un marcado carácter familiar y se repite en Almería, Córdoba, Jaén y Cádiz en los próximos días hasta mitad de febrero, y aquí todavía puede verse hasta el 2 de enero de 2022.

Banderas nos brinda la mejor versión de Company

Mucho hablamos en estas páginas el año pasado sobre el musical Company de Stephen Sondheim, a propósito de la celebración del cincuenta aniversario de su estreno en el Alvin Theatre de Nueva York, y del noventa cumpleaños de su autor, celebrado por todo lo alto por las más rutilantes estrellas de Broadway, y algunas del cine, en riguroso streaming pandémico. Después de triunfar con su versión de A Chorus Line, el musical de Marvin Hamlisch que se mantuvo en cartel más de diez años ininterrumpidos antes de que Richard Attemborough lo convirtiera en aseada película, Antonio Banderas vuelve a cumplir en su ciudad natal y el Teatro Soho que él mismo ha impulsado, y que ha convertido la calle Córdoba de la capital de la Costa del Sol en un merecido trocito de Broadway, y logra con Company un hito definitivo del teatro musical hecho en España. La muerte de Sondheim coincidió mientras Company ya estaba en escena en Málaga, un triste punto de conexión con El médico sevillano. Hemos visto y escuchado muchas producciones de este emblemático musical de cámara, como algunos lo bautizaron en su momento, en el que varias parejas de amigos intentan convencer a su amigo soltero de las veleidades del matrimonio, mientras él se dedica a observar en ellos y ellas los pros y los contras de la conservadora institución, y no se me ocurre mejor versión que la que Banderas dirige y protagoniza estos días para gozo de entendidos y profanos.


Antonio Banderas es un tipo muy listo y aplicado, y es evidente que ha aprendido mucho en Estados Unidos y sabe aplicarlo a nuestra idiosincrasia. Su Company recupera el original, después de los intentos fallidos de contemporizarlo en 2006 y cambiarle el género al protagonista en 2018. La suya mantiene las espléndidas orquestaciones de Jonathan Tunick, un habitual de Sondheim que también se responsabilizó de su extraordinaria versión en concierto de 2011 con la Filarmónica de Nueva York, que Díez-Boscovich, todo un apasionado de la música para la escena y el cine, ha traducido de maravilla, con una orquesta de algo más de veinte integrantes dándolo todo y añadiendo esa emoción que exige una música de este calibre. El libreto mantiene toda su vigencia gracias a un estupendo trabajo de traducción y adaptación, mientras la moderna y tecnológica puesta en escena, que recupera los andamiajes de la original pero añade proyecciones del skyline neoyorquino y videocreaciones de lo más estimulantes, se apoya en una plataforma giratoria en la que se resuelven magníficamente algunas de las propuestas dramáticas y cómicas de la función.

Del elenco solo se pueden decir maravillas, todos y todas estupendos comediantes y cantantes. En él podemos distinguir los rostros de Roger Berruezo (Águila Roja, Cuéntame) o Paco Morales (el grupo musical La Década, la serie andaluza Arrayán), y disfrutar con la gracia y el desparpajo de María Adamuz, que curiosamente coincidió con Balzaretti (Rob, el médico) en La bella y la bestia de la Gran Vía como protagonistas. Estupendas coreografías bailadas con inmejorable nivel, una dramaturgia clara y envolvente y el acierto de hacerla más hilarante todavía que sus predecesoras, hacen del espectáculo una experiencia emocionante y deliciosa, a la que resulta imposible abstraerse. Hemos oído cantar a Banderas en su debut hollywoodiense, Los reyes del mambo, junto a Ana Belén en el bolero No sé por qué te quiero, con Madonna en Evita, y los más afortunados en el musical Nine en Broadway. Pero nunca con la fuerza y el talento con que hemos podido disfrutar de su voz en el Soho malagueño. Pura adrenalina convertida en rabia a fuerza de sobresalientes agudos e incandescente expresividad. Su Sentirse vivo (Being Alive) es de auténtica antología, de la misma forma que Marta Ribera consigue milagrosamente que nos olvidemos de que antes que ella The Ladies Who Lunch (Las damas que almuerzan) lo cantaron Elaine Stritch o Patti Lupone. Todos y todas hacen un trabajo excelente.

Banderas, que repetimos es un tipo muy listo, ha sabido reunir a lo mejor en su género, acreditados por un amplio currículum en Madrid y Barcelona, las dos vértebras del musical en España antes de que Málaga les desafiara. Todo un detalle facilitar al público un programa con información completa del espectáculo y sus responsables. Company tenía que estar en cartel hasta estas navidades, pero su éxito ha hecho que se prorrogue hasta marzo. Háganse un favor y dediquen un par de días a visitar la preciosa capital malagueña para disfrutar de este espectáculo musical y teatral sin igual en toda la historia del teatro musical hecho en España. Aunque no sean aficionados o aficionadas al género, sin duda lo disfrutarán.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía