Mostrando entradas con la etiqueta Auditorio Cartuja Center Cite. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Auditorio Cartuja Center Cite. Mostrar todas las entradas

domingo, 16 de noviembre de 2025

DE MENOS A MÁS EN LA MÚSICA DE CINE ESPAÑOLA

Felling ROSS: España es… ¡de cine!. Ana de Caro, cantaora. Ramiro García Martín, acordeón. Esteban Sánchez Gisbert, guitarra. Tatiana Postnikova, piano y clave. Alexa Farré, violín. Asociación Musical CÓDICE (Esther Sanzo, directora). Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Lucas Macías, dirección. Programa: Temas y suites de Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España, Anillos de oro, Fortunata y Jacinta, El hombre y la tierra, Monsignor Quixote (Antón García Abril), Nueve cartas a Berta, Verano azul (Carmelo Bernaola), Ocho apellidos vascos, Lo imposible, Lope (Fernando Velázquez), Nodo, Los últimos de Filipinas (Manuel Parada), Bienvenido, Mr. Marshall (Jesús García Leoz y Juan Solano) y La piel que habito (Alberto Iglesias). Cartuja Center Cite, sábado 15 de noviembre de 2025


Puede que clausurar el Festival (de Cine Europeo) de Sevilla con tres actos bien diferentes, repartidos a lo largo del día, no sea la fórmula más conveniente, especialmente si dos de ellos coinciden en la hora, restándose público mutuamente. El primero se produjo al mediodía, cuando en el Pabellón Tres Culturas se leyó el Palmarés y se entregaron los veintisiete premios entre sección oficial y paralelas. Ya por la noche, la proyección de la película de clausura, una excelente Chopin, Chopin!, previo breve concierto de piano en el Cine Cervantes, coincidió con este concierto de la ROSS interpretando música de cine español en el Cartuja Center, al que asistieron el director del festival, Manuel Cristóbal, y el jurado oficial al completo.

Este factor, unido al hecho de que el público fanático de las bandas sonoras se concentra fundamentalmente alrededor de los grandes compositores internacionales y el cine de Hollywood, propició que el aforo luciera algo desangelado. Una sensación que se extendió también al modus operandi de Lucas Macías y los maestros y maestras de la orquesta, que en la primera parte no lograron estar a la altura acostumbrada, especialmente cuando se trata de un género en el que la Sinfónica brilló tanto en épocas pretéritas, cuando se celebraban los añorados Encuentros de Música de Cine.

Sin programa de mano físico, se hubiera agradecido que en las pantallas repartidas por toda la sala se apuntaran los títulos interpretados, como guía a un público algo desnortado cuyo desinterés, en algunos casos, se tradujo en continuas y fastidiosas consultas al móvil, no precisamente para seguir el programa. Grabar videos, hacer fotografías y charlar sin compasión fueron otras de las lindezas repartidas por la platea, sin que el personal de sala hiciera nada por impedirlo.


Primera parte: Un popurrí variado

Quizás la desacostumbrada acústica de la sala provocara que en la primera parte del concierto se detectaran deficiencias de diverso calado. Unas impresiones que tuvieron que ver con el aire afligido que pareció predominar en el catálogo de partituras seleccionadas. Las de Antón García Abril, tan reconocido en el ámbito de la música de concierto de vanguardia, y tan popular cuando de música de cine o televisión se trataba (Sor Citroén), sonaron un poco desvaídas.

Tras la música que suena cada año en los Goya, que sigue la tradición habitual en las fanfarrias, acompañadas de fragmentos más relajados que conforman una suerte de suite, y que la ROSS interpretó de manera aseada, sonaron dos de sus composiciones para la televisión más afamadas. Ambas siguen el patrón de melodía pegadiza y romántica repetida hasta la saciedad. Se trata de Anillos de oro y Fortunata y Jacinta, aunque en esta última el piano de Tatiana Postnikova quedó sepultado bajo la efusiva cuerda.


De la agitada y, en esta ocasión, algo caótica sintonía de El hombre y la tierra, pasamos a una breve representación de la hermosa banda sonora para la serie británica Monsignor Quixote, con la guitarra de Estefan Sánchez Gisbert algo deslucida por un trabajo en dinámicas poco matizado. Otro insigne compositor español, Carmelo Bernaola, estuvo representado por un brevísimo tema a clave solo de Nueve cartas a Berta, así como la archiconocida banda sonora de la serie Verano azul, introducida por temas líricos protagonizados por el acordeón de Ramiro García Martín, y seguido del celebrado tema principal, con una percusión machacona, que sirvió al final del concierto como bis acompasado por las palmas del público.

Un bloque dedicado al internacional Fernando Velázquez arrancó con una suite de Ocho apellidos vascos, en el que destacó el trabajo de los percusionistas de la ROSS en la txalaparta. Siguieron el elegíaco tema principal de Lo imposible, con buenas prestaciones de Alejandro Olóriz al chelo y las jóvenes voces de la Asociación Musical CÓDICE, y una generosa suite de Lope, en la que destacó el emocionante crescendo final que la orquesta defendió con fuerza expansiva.

Segunda parte: Calidad e imaginación

Sólo tres títulos integraron la más acertada y de mayor calidad segunda parte, abordada por Macías y la orquesta con gran interés. Las suites empleadas en las piezas de Manuel Parada y Jesús García-Leoz, fueron en su día grabadas por José Nieto y la Sinfónica de Radio Bratislava, así como por la Orquesta Sinfónica y Coro de RTVE bajo la dirección de Adrian Leaper. Suites perfectamente ensambladas para dar una idea bastante completa y precisa de cada película y su ilustración musical.

Foto: Marina Casanova


En Los últimos de Filipinas, Parada siguió los cánones del cine de aventuras hecho en Hollywood, que tanto habían popularizado autores como Korngold o Steiner, echando mano de una sana imaginación y un variado surtido de géneros musicales, desde marchas a valses pasando por una acción excitante, de todo lo cual se hizo perfecto eco la magnífica interpretación del conjunto. En Bienvenido, Mr. Marshall, García-Leoz acierta en ironía y ese toque pastoril tan característico, defendido por Macías con gracia y candidez. El popular Americanos contó con la colaboración al cante de Ana de Caro, toda gracia y desparpajo, y el apoyo del coro.



Para el final se dejó una magnífica suite para violín y orquesta de la película de Almodóvar La piel que habito. Una especie de concierto preparado por el propio Alberto Iglesias, que con Alexa Farré como solista, concertino titular de la ROSS que en esta ocasión dejó esa responsabilidad en manos de Juho Valtonen, sonó sensacional, impecable. Farré demostró una vez más un talento de alto voltaje, que maneja todos los resortes del instrumento con una maestría extraordinaria, y que es capaz de someterse a las dificultades más extremas, y la partitura de Iglesias las contiene, y salir airosa. Macías acompañó con fuerza y un trabajo dinámico sobresaliente, mientras la orquesta, fundamentalmente la cuerda, respondió con sentido de la armonía, misterio y agitación.

Fotos: Lolo Vasco (SEFF)
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 3 de febrero de 2024

ZARZUELA EN SEVILLA: VIVIR APASIONADAMENTE

Antología de la Zarzuela en Sevilla. Compañía Sevillana de Zarzuela. Elena Martínez Delgado, dirección musical. Marta García-Morales, dirección escénica. Javier Sánchez-Rivas, locución y presentación. Paula Ramírez, Andrés Merino, Aurora Galán, Marta García Morales, Javier Sánchez-Rivas, Carmen Jiménez, solistas. Cuerpo de baile de José Montes. Programa: Coros, escenas e interludios de La verbena de la paloma, El baile de Luis Alonso, La revoltosa, Bohemios, El barbero de Sevilla, La Corte de Faraón, La generala, Agua, azucarillos y aguardiente, Gigantes y cabezudos y otras zarzuelas. Cartuja Center, viernes 2 de febrero de 2024


La Compañía Sevillana de Zarzuela celebró anoche sus primeros quince años de la que se augura una larga y fructífera vida. De momento, su presidente, el incombustible y vitalista Javier Sánchez-Rivas, ha conseguido con muchísimo esfuerzo y dedicación, y todo el cariño del mundo, todos los objetivos que se ha ido proponiendo a lo largo de estos primeros años de andadura. Le ha ayudado sobremanera un equipo igualmente entusiasta y generoso, desde sus albores, cuando él, Marta García-Morales y Jesús de Sancha Navarro, miembros entonces del Coro de la Universidad de Sevilla, tuvieron la feliz idea de recuperar un género que antaño tuvo mucho comedimiento en nuestra ciudad y que últimamente andaba muy adormecido. El resultado ha sido ahora completamente visible, con el espectáculo lleno de magia y amor que rubricó esta primera etapa de vida con todo el lujo que merecía, y que llenó las mil trescientas butacas del Cartuja Center, espacio que esta temporada acoge los espectáculos concebidos para el Lope de Vega, a la espera de su pronta rehabilitación.


La dramaturgia del espectáculo quedó perfecta y sencillamente plasmada a través de un recorrido sentimental del propio Sánchez-Rivas, ataviado de gala para una ocasión que tanto lo merecía, en el que hizo una semblanza de los episodios más sobresalientes de esta difícil y ardua andadura, además de contar alegres y desenfadadas anécdotas en las que tuvo una importante participación el tenor cómico Alejandro Rull, que tanto ha hecho desde sus inicios por definir el perfil estético y musical de la compañía, y que en esta ocasión intervino vía video conferencia por encontrarse en Madrid participando en el nuevo montaje de El fantasma de la ópera. Entre locución y locución tuvimos el enorme placer de disfrutar con escenas, coros, bailes e interludios musicales de celebradas zarzuelas, todas extraídas del nutrido repertorio que la compañía ha puesto en escena estos quince años. La escenografía consistió en unos primeros decorados de La rosa del azafrán que la compañía atesora primorosamente junto a los muchos que han recuperado y rehabilitado del patrimonio de José Tamayo, con los que cumplen su objetivo de abordar el género con criterios historicistas. Tras este sencillo decorado, tuvimos el placer de repasar proyectadas un sinfín de instantáneas que ilustraban sobre los diferentes montajes acometidos por la compañía, y algunas otras de carácter sentimental, testigos de la buena sintonía y el carácter familiar que define al equipo.

Veinticinco han sido los títulos que han puesto en escena en estos quince años, todo un reto considerando que la mayoría de sus integrantes se dedican a otras profesiones con las que se ganan la vida y que exigen tanta dedicación como la que profesan a este hermoso proyecto. Una gran familia unida por el cariño al género, a la profesión y a ellos mismos, sólo así se consiguen resultados tan estimulantes, logrando que lo añejo resulte moderno, nada rancio, todo un milagro considerando que jamás desvirtúan lo que ponen en escena. Demostración de que no hace falta traicionar el espíritu original, como hacen tantos directores en la ópera, para lograr un producto fresco y contemporáneo. Quizás el secreto de su éxito sea todo ese entusiasmo y cariño que cada uno y una de los componentes de la compañía depositan en el proyecto, con un Club de Amigas y Amigos de Don Hilarión fiel y comprometido.


Con Elena Martínez llevando la batuta a extremos inimaginables en una formación de este tamaño y humildad, favorecida por la espléndida acústica amplificada por medios naturales del Cartuja Center, en un foso profundísimo y lejos del encorsetamiento que sufre en espacios más reducidos, la orquesta sonó atinada en todo momento, atenta a cada detalle y matiz, a unas muy calculadas dinámicas y una coordinación perfecta con las voces. Ella es uno de los grandes valores muy a tener en cuenta en esta formación, junto al trabajo espléndido de Marta García-Morales en el aspecto teatral, con movimientos escénicos de gran calado y muy buen gusto, con los que los números corales brillaron de manera extraordinaria, y momentos tan sublimes como el Coro de Bohemios con el paisaje parisino en blanco y negro, Torre Eiffel incluida y abundante nieve cayendo, proyectado tras ellos y ellas, vestidas con espléndidos ropajes de época. Un vestuario continuamente mudado y siempre en perfecto estilo, algunas veces inteligentemente combinado para agilizar el cambio y no romper el ritmo perfectamente controlado del espectáculo.

Y con todo este preciso andamiaje, brillaron los bailes folclóricos, de los aires flamencos a las jotas aragonesas, del cuerpo de baile de José Montes, los coros rutilantes y apasionados, siempre desde una estética poderosa y elegante, y los magníficos solos de los solistas intervinientes, fieles integrantes todos y todas de esta compañía que más parece una gran familia, que ha sobrevivido todos estos años a un proceso de asentamiento difícil y lleno de obstáculos, con el esfuerzo y el ahínco necesarios para no desfallecer, como bandera y leit motiv. La voz poderosa y perfectamente entonada del galán Andrés Merino, brilló junto a los impresionantes agudos de Paula Ramírez, especialmente lucida en Me llaman la primorosa de El barbero de Sevilla, que encaró con amplio sentido de la coloratura y agilidades dificilísimas. Ay ba, de una Corte de Faraón trasladada al mismo cabaret de la belle époque que antes sirvió para arropar la Canción del arlequín de La generala, hizo también las delicias del público, así como las Coplas de Hilarión (Una morena y una rubia) de La verbena de la paloma, que Sánchez-Rivas entonó con voz muy bien proyectada y muy en estilo, con mucha gracia. Igualmente merece destacarse el canto potente y bien timbrado de Carmen Jiménez, Aurora Galán y la propia Marta García Morales.


Sólo echamos en falta un programa de mano que desgranara con detalle la participación de cada solista, alguno de los cuales no fuimos capaces de identificar, y a la vez como imprescindible souvenir de una ocasión tan feliz y celebrada como ésta. De momento, su ansiada cátedra de Zarzuela en la Universidad de Sevilla está a las puertas de convertirse en realidad. Cuenta ya con el apoyo decisivo de las principales instituciones, y si siguen así conseguirán que Sevilla se convierta definitivamente en Capital Mundial de la Zarzuela, ahora que ésta ha logrado que el Ministerio de Cultura le haya nombrado patrimonio inmaterial cultural de España. Así que, con estos deberes tan bien hechos y con tanta pasión y cariño por la vida, ¡a por muchos años más!

sábado, 28 de enero de 2023

LA ROSS CABALGA ENTRE AVENTURAS ÉPICAS Y GOYAS

Festival Internacional de Música de Cine de Sevilla. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. David Hernando, dirección. Programa: Suites de Ben-Hur (Rózsa), El señor de los anillos: La comunidad del anillo (Shore), Robín Hood, Príncipe de los ladrones (Kamen), Capitán Trueno (Ivars), El primer caballero (Goldsmith), Elcano y Magallanes, la primera vuelta al mundo (Beristain), Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario (Gregson-Williams), Tadeo Jones 3: La tabla esmeralda (de la Riva), King Kong (Newton Howard), Cómo entrenar a tu dragón (Powell), Hook (Williams), Historia de nuestro cine (Algueró), Carmen (Nieto), El buen patrón (Montes), La sombra de la ley (Riveiro y Font), Mediterráneo (Bataller), Baby (Mendizábal y Uriarte), En la ciudad sin límites (Reyes), La piel del tambor (Baños), El verano que vivimos y Orígenes ocultos (Jusid). Cartuja Center, jueves 26 y viernes 27 de enero de 2023


La Real Orquesta Sinfónica de Sevilla ofició su anual cita con las bandas sonoras en el Cartuja Center, dentro de la segunda edición del
Festival Internacional de Música de Cine de Sevilla, promovido por el músico y profesor Francisco Cuadrado y organizado por la Universidad de Loyola en colaboración con la orquesta, que para la ocasión se transmuta en Sevilla Film Orchestra, y la plataforma digital Soundtrackfest. Una cita que este año se asoció directamente con la ceremonia de entrega en la ciudad de los Premios Goya el próximo sábado 11 de febrero, y que contó por ello también con el apoyo de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España. La participación en el evento de destacados compositores de bandas sonoras como Roque Baños, Zeltia Montes, Pablo Cervantes, Víctor Reyes, Bingen Mendizábal, Joseba Beristain, Luis Ivars, Zacarías M. de la Riva, Federico Jusid, Arnau Bataller y el venerado José Nieto, así como la batuta experimentada de David Hernando Rico, sirvieron de reclamo y legitimación para un evento que aspira a consolidarse en los próximos años y recuperar para Sevilla el liderazgo que hace tiempo tuvo en la materia.

La Sinfónica lleva una agenda apretadísima, con el todavía reciente ballet completo de Romeo y Julieta, el concierto doble de Chaikovski la pasada semana, los ensayos de Jenufa y el acompañamiento de El maquinista de la general en el Lope de Vega la próxima semana. Enfrentarse a tantas y variadas bandas sonoras en dos días y en estas circunstancias es una tarea titánica de la que los maestros y maestras salieron airosas no sin atisbo de fatiga que se pudo apreciar en cierto desdén, sobre todo en metales, aunque nunca en un sonido global acertado en cuanto a la peculiar estética fílmica, y muy atento a los matices y registros que demandan cada una de las partituras convocadas. En un primer concierto, el jueves, David Hernando, que junto a la Orquesta de Bratislava que él mismo fundó a principios de este siglo, ha grabado muchas de las bandas sonoras del cine español de estos últimos veinte años, condujo a la Sinfónica por grandes aventuras épicas del cine de Hollywood y el nuestro propio, en una combinación que evidenció la influencia de los grandes maestros del cine americano en los de nuestro país, sobre todo en lo que a atmósfera y orquestación se refiere. La ROSS transmitió calidez y majestuosidad en una generosa suite de Ben-Hur de Mikós Rózsa que Hernando sin embargo encaró con tempi rápidos en pasajes como el tema de amor, algo que también acusó en el emotivo Camelot Lives de El primer caballero de Jerry Goldsmith y el maravilloso vuelo que John Williams preparó para su Boston Pops a partir de Hook. Con estos dos grandes de la música compartieron la suya Luis Ivars, Joseba Beristain y Zacarías M. de la Riva, demostrando profesionalidad y buen pulso para ilustrar de forma siempre enérgica y sentido de la dramaturgia las películas de animación Elcano y Magallanes y la tercera entrega de Tadeo Jones, así como nuestra incursión en el cómic con Capitán Trueno, abordadas siempre desde una estética grandilocuente que el ingenio de Hernando cuidó de no convertir en meros fuegos artificiales.

Los protagonistas del jueves

Herrando estuvo atento también al lirismo de James Newton Howard para King Kong, el jovial folclorismo de John Powell en Cómo entrenar a tu dragón, la sobria elegancia de Harry Gregson-Williams para Las crónicas de Narnia y el aliento a rock sinfónico de Michael Kamen en un brevísimo tema de El príncipe de los ladrones que supo a muy poco. Lo peor vino de la mano de una suite deslavazada y mal ensamblada de El señor de los anillos (Howard Shore) que mantuvo a una jovencísima vocalista largos minutos frente a la orquesta sin entonar hasta el final, cuando transformó la que debía ser una voz blanca y neutra en pura exhibición soul. Inexplicable el horroroso arreglo elegido para Los siete magníficos como propina, muy alejado del espíritu de su autor, Elmer Bernstein. Menos mal que el entuerto se arregló con un inspirado potpurrí de lo más popular de Williams (Star Wars, Tiburón, Superman, Harry Potter, Indiana Jones y E.T.) en calidad de segunda propina.

Noche de Goyas

Íntegramente dedicado a los Goyas, el concierto de ayer viernes contó con Antonio Dechent como presentador-lector, arrancando a modo de obertura con una espléndida suite de músicas del legendario Augusto Algueró para cintas protagonizadas por Carmen Sevilla (La fierecilla domada en perfecto estilo Max Steiner, y El secreto de Mónica), Joselito (El ruiseñor de las cumbres), Marisol (Cabriola) y Concha Velasco (Las chicas de la Cruz Roja), brillando especialmente estas dos últimas por su popularidad y sensibilidad, de las que Hernando y la Sinfónica sacaron perfecto provecho acertando en el tono y la armonía exactas. Es una práctica habitual en muchos festivales de este género, como el World Soundtrack Awards de Gante, que se proyecten secuencias de las películas cuya música ha sido programada. Así sucedió anoche, con Paz Vega y la Fábrica de Tabacos luciendo tras los acordes de Carmen del veterano José Nieto, cuya música ya sonó en uno de los primeros Encuentros de Música de Cine, allá por 1989 en el Lope de Vega. También Javier Bardem asomó tras la sarcástica y caricaturesca música de Zeltia Montes para El buen patrón, claramente inspirada en la de Williams para La terminal. Esta fue la única banda sonora de las interpretadas que ganó un Goya, mientras la mayoría de las demás fueron nominadas en su momento, como es el caso de Manuel Riveiro y Xavi Font para la superproducción La sombra de la ley, cuya variada partitura tuvo excelentes embajadores en los maestros y maestras de la ROSS.

David Hernando Rico. Foto: Marina Casanova

Con un inquietante crescendo dio comienzo la suite, como otras especialmente preparada para la ocasión, de Mediterráneo de Arnau Bataller, que dio paso a un exquisito bloque sentimental con el lirismo de Bingen Mendizábal, recuperado por un Juanma Bajo Ulloa también presente en la sala, para su particular Baby, donde su música en colaboración con Koldo Uriarte lleva la carga narrativa ante la ausencia de diálogos, o ese precioso tema final de Víctor Reyes para En la ciudad sin límites, sin soporte videográfico, al igual que El verano que vivimos, que se interpretó junto a Orígenes secretos, ambas de Federico Jusid. Piezas que disfrutaron de solos excelentes de Tatiana Postnikova al piano, Dirk Vanhuyse al violonchelo, Juan Ronda a la flauta y Nazar Yasnytskyy al violín, ejerciendo además de concertino, sin olvidar el estupendo trabajo de los contrabajos, que aun en número limitado de cuatro lograron dotar a la Sinfónica de su cuerpo característico. Con esa fotogénica Sevilla de nuevo como escaparate inigualable, La piel del tambor de Roque Baños puso de manifiesto la habilidad del compositor para generar inquietud a través de melodías inimitables. Con la plana mayor de los compositores cinematográficos españoles sobre el escenario del Cartuja Center terminó esta esforzada e inspiradora cita de la segunda edición del Festival de Música de Cine de Sevilla.


Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 28 de diciembre de 2021

COMPANY EN MÁLAGA Y EL MÉDICO EN SEVILLA: MUSICALES CON DENOMINACIÓN DE ORIGEN ANDALUZA

EL MÉDICO

Una producción de Dario Regattieri para beon.Entertainment. Música y letra de Iván Macías y Félix Amador, según la novela de Noah Gordon. Ignasi Vidal, dirección artística. Iván Macías, dirección musical. María Ramos, dirección de la orquesta. Amaya Galeote, coreografía. Josep Simón y Eduardo Díaz, escenografía. Felipe Ramos, iluminación. Lorenzo Caprile, vestuario. Con Guido Balzaretti, Cristna Picos, Josean Moreno, Alberto Vázquez, Enrique Ferrer. Cartuja Center Cite de Sevilla, función del sábado 25 de diciembre de 2021.

COMPANY

Una producción del Teatro del Soho CaixaBank. Música y letra de Stephen Sondheim. Libreto de George Furth. Antonio Banderas, dirección. Arturo Díez-Boscovich, dirección musical. Borja Rueda, coreografía. Ignacio García May y Roser Batalla, traducción. Alejandro Andújar, escenografía. Juan Gómez-Cornejo y Carlos Torrijos, iluminación. Antonio Belart, vestuario. Joan Rodón y Emilio Valenzuela, vídeo. Roc Mateau, sonido. Con Antonio Banderas, María Adamuz, Roger Berruezo, Albert Bolea, Lorena Calero, Lydia Fairén, Dulcinea Juárez, Silvia Luchetti, Anna Moliner, Julia Möller, Paco Morales, Marta Ribera, Carlos Seguí, Rubén Yuste. Teatro Soho CaixaBank de Málaga, función del domingo 26 de diciembre de 2021.


Hace apenas unos años
se presentaba en Fibes el musical El médico, basado en la famosa novela del recientemente fallecido Noah Gordon, e impulsado por el Liceo Musical de Moguer y la productora creada al efecto Versus Creative. Un milagro que ya había tenido sus ensayos en forma de El fantasma de la ópera de Andrew Lloyd Webber en versión concierto y el estreno del musical autóctono Germinal según la novela de Zola. Sus autores repitieron con mayor éxito esta adaptación de las vicisitudes de un aprendiz de médico en la Europa medieval de la encrucijada de religiones, y su posterior viaje de iniciación y conocimiento al más refinado Oriente en busca de nuevos procedimientos para la cura de enfermedades. Aquel espectáculo, aupado por la Banda Municipal de Moguer reforzada con instrumentos de cuerda, nos agradó sobremanera, hasta el punto de augurar tras esa primera puesta en escena rudimentaria, algo así como un boceto, un futuro prometedor una vez se pulieran algunos aspectos y detalles. Poco después saltó a Madrid, pero nunca se dijo nada de su origen onubense; parece que hasta sus autores se avergonzaran de ello. Quedó plenamente fagocitada por la capital del reino, como siempre hace, y ahora nos llega en una nueva producción que se ha estrenado directamente aquí en Sevilla, como también lo hizo aquella encantadora versión embrionaria de 2017.

Los resultados no han podido ser más decepcionantes, con más aspecto de boceto ahora que entonces, a pesar de los evidentes esfuerzos de producción desplegados. La empresa no funciona porque mantiene su exuberante partitura, con multitud de canciones al más puro estilo disneyano ilustrando tal cantidad de situaciones y personajes que hace complicado involucrarse en la trama. Un trabajo de dramaturgia más concentrado hubiera hecho más asimilable la función. No queda así lugar para el lucimiento de sus protagonistas a nivel actoral, si bien como voces resuelven su cometido con dignidad, con especial mención para Josean Moreno, único de los intérpretes de aquella primera versión que sobrevive en la actual, y que como Barber sobrelleva el peso de la acción en su primer tercio con dinamismo y una registro baritonil rutilante. También eficaz como cantante se muestra el joven Guido Balzaretti, que da vida al protagonista, Rob, con mucho nervio pero un temperamento casi de función escolar, como muchos otros aspectos que flotan sobre el escenario.


Le secundan la voz sopranil bien colocada y modulada con buen gusto de Cristina Picos, el tono grave de Alberto Vázquez y la perfectamente proyectada y potente voz de Enrique Ferrer como el Sha de Persia. Los decorados y las videoproyecciones se suceden con rapidez y dinamismo para transportarnos a ese continuo cambio de localizaciones, mientras los fallos de sonido y emisión en las múltiples pantallas del imponente auditorio se sucedieron a menudo, potenciando los malogrados resultados de este nuevo montaje de un título que contó en su momento con el beneplácito de Noah Gordon y que por lo tanto merecería un mejor trato. No facilitar programa o una web suficientemente documentada constituye todo un desprecio a su numeroso elenco. Aunque su potencial análisis de la convivencia de culturas quede algo desdibujado ante tal batiburrillo dramático, este espectáculo tiene un marcado carácter familiar y se repite en Almería, Córdoba, Jaén y Cádiz en los próximos días hasta mitad de febrero, y aquí todavía puede verse hasta el 2 de enero de 2022.

Banderas nos brinda la mejor versión de Company

Mucho hablamos en estas páginas el año pasado sobre el musical Company de Stephen Sondheim, a propósito de la celebración del cincuenta aniversario de su estreno en el Alvin Theatre de Nueva York, y del noventa cumpleaños de su autor, celebrado por todo lo alto por las más rutilantes estrellas de Broadway, y algunas del cine, en riguroso streaming pandémico. Después de triunfar con su versión de A Chorus Line, el musical de Marvin Hamlisch que se mantuvo en cartel más de diez años ininterrumpidos antes de que Richard Attemborough lo convirtiera en aseada película, Antonio Banderas vuelve a cumplir en su ciudad natal y el Teatro Soho que él mismo ha impulsado, y que ha convertido la calle Córdoba de la capital de la Costa del Sol en un merecido trocito de Broadway, y logra con Company un hito definitivo del teatro musical hecho en España. La muerte de Sondheim coincidió mientras Company ya estaba en escena en Málaga, un triste punto de conexión con El médico sevillano. Hemos visto y escuchado muchas producciones de este emblemático musical de cámara, como algunos lo bautizaron en su momento, en el que varias parejas de amigos intentan convencer a su amigo soltero de las veleidades del matrimonio, mientras él se dedica a observar en ellos y ellas los pros y los contras de la conservadora institución, y no se me ocurre mejor versión que la que Banderas dirige y protagoniza estos días para gozo de entendidos y profanos.


Antonio Banderas es un tipo muy listo y aplicado, y es evidente que ha aprendido mucho en Estados Unidos y sabe aplicarlo a nuestra idiosincrasia. Su Company recupera el original, después de los intentos fallidos de contemporizarlo en 2006 y cambiarle el género al protagonista en 2018. La suya mantiene las espléndidas orquestaciones de Jonathan Tunick, un habitual de Sondheim que también se responsabilizó de su extraordinaria versión en concierto de 2011 con la Filarmónica de Nueva York, que Díez-Boscovich, todo un apasionado de la música para la escena y el cine, ha traducido de maravilla, con una orquesta de algo más de veinte integrantes dándolo todo y añadiendo esa emoción que exige una música de este calibre. El libreto mantiene toda su vigencia gracias a un estupendo trabajo de traducción y adaptación, mientras la moderna y tecnológica puesta en escena, que recupera los andamiajes de la original pero añade proyecciones del skyline neoyorquino y videocreaciones de lo más estimulantes, se apoya en una plataforma giratoria en la que se resuelven magníficamente algunas de las propuestas dramáticas y cómicas de la función.

Del elenco solo se pueden decir maravillas, todos y todas estupendos comediantes y cantantes. En él podemos distinguir los rostros de Roger Berruezo (Águila Roja, Cuéntame) o Paco Morales (el grupo musical La Década, la serie andaluza Arrayán), y disfrutar con la gracia y el desparpajo de María Adamuz, que curiosamente coincidió con Balzaretti (Rob, el médico) en La bella y la bestia de la Gran Vía como protagonistas. Estupendas coreografías bailadas con inmejorable nivel, una dramaturgia clara y envolvente y el acierto de hacerla más hilarante todavía que sus predecesoras, hacen del espectáculo una experiencia emocionante y deliciosa, a la que resulta imposible abstraerse. Hemos oído cantar a Banderas en su debut hollywoodiense, Los reyes del mambo, junto a Ana Belén en el bolero No sé por qué te quiero, con Madonna en Evita, y los más afortunados en el musical Nine en Broadway. Pero nunca con la fuerza y el talento con que hemos podido disfrutar de su voz en el Soho malagueño. Pura adrenalina convertida en rabia a fuerza de sobresalientes agudos e incandescente expresividad. Su Sentirse vivo (Being Alive) es de auténtica antología, de la misma forma que Marta Ribera consigue milagrosamente que nos olvidemos de que antes que ella The Ladies Who Lunch (Las damas que almuerzan) lo cantaron Elaine Stritch o Patti Lupone. Todos y todas hacen un trabajo excelente.

Banderas, que repetimos es un tipo muy listo, ha sabido reunir a lo mejor en su género, acreditados por un amplio currículum en Madrid y Barcelona, las dos vértebras del musical en España antes de que Málaga les desafiara. Todo un detalle facilitar al público un programa con información completa del espectáculo y sus responsables. Company tenía que estar en cartel hasta estas navidades, pero su éxito ha hecho que se prorrogue hasta marzo. Háganse un favor y dediquen un par de días a visitar la preciosa capital malagueña para disfrutar de este espectáculo musical y teatral sin igual en toda la historia del teatro musical hecho en España. Aunque no sean aficionados o aficionadas al género, sin duda lo disfrutarán.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 27 de noviembre de 2021

LA ROSS VUELVE AL CINE

I Festival Internacional de Música de Cine de Sevilla. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Marc Timón e Iván Palomares, directores. Programa: Obras de Arturo Cardelús, Pablo Cervantes, Luis Ivars, Pascal Gaigne, Sergio Moure de Oteyza, Iván Palomares, Manel Santisteban, Zacarías Martínez de la Riva, Manuel Gil-Inglada, Vanessa Garde, Iván Martínez Lacámara, John Williams y Ennio Morricone. Cartuja Center Cite, jueves 25 y viernes 26 de noviembre de 2021

La ROSS en el Cartuja Center Cite

Muchos y muchas de las maestras de la Sinfónica de Sevilla recordarán sin duda con orgullo y emoción aquellas ocasiones en las que maestros de la composición cinematográfica como Jerry Goldsmith, Howard Shore, Elmer Bernstein o el mismísimo Ennio Morricone al que esta vez rindieron homenaje, se pusieron al frente de la formación hispalense. Delerue y Jarre se adelantaron en su visita a la creación de la orquesta, y Barry no pudo dirigirla a casusa del lamentable suceso de la Ópera de la Bastilla en plena Expo 92. Pocas orquestas pueden enorgullecerse de haber prestado sus servicios a tan digna nómina de grandes de la música de cine. Solo faltó John Williams, al que se han acercado en muchas ocasiones pero bajo otras batutas, como sucedió en esta ocasión. El maestro, único en su especie en el mundo del espectáculo, ahora que acaba de dejarnos el insigne Stephen Sondheim, pasea ahora su talento por las mejores orquestas europeas, las Filarmónicas de Viena y Berlín, y se codea con artistas de la talla de Anne-Sophie Mutter, Itzhak Perlman o Yo-Yo Ma, mientras otros grandes pendientes como Hans Zimmer montan sus propios espectáculos de luz y sonido en giras por todo el mundo al más puro estilo de las estrellas del rock.

En los ochenta montar un festival de estas características era una temeridad y gesto de auténtica valentía por su originalidad y su talante pionero. Veinte años después esa gesta se la llevó el viento. Para entonces eran ya muchos los certámenes del género que se celebraban en el mundo, solo en España destacan Fimucité en Tenerife y el Festival de Úbeda, luego reubicado en Córdoba y Málaga y reconvertido en Cinefan de Úbeda. Allí se atrevieron a montar algo parecido a la cita sevillana pero bajo el concepto de encuentros entre la industria y la afición y una profusa intervención de los compositores convocados. Algo parecido es lo que propone, con toda la pasión y entusiasmo que la empresa exige, el también compositor y agitador cultural Francisco Cuadrado, que con la complicidad de Gorka Oteiza han montado este primer festival que saluda también a una ROSS de nueva vía, la de Sevilla Film Orchestra, quizás como queriendo recuperar una oportunidad perdida, la que acarició hace treinta años Elmer Bernstein (Los diez mandamientos, Los siete magníficos) cuando reparó en nuestra orquesta para grabar soundtracks clásicos. Una propuesta que la orquesta entonces declinó por considerarlo un abaratamiento de sus posibilidades y exigir honoraros inasumibles, y que acabó recayendo en orquestas del este, las mismas a las que recurren nuestros cineastas para grabar las bandas sonoras de sus películas. Se trata ahora de evitar ese éxodo, pero ya se nos han adelantado en el norte, donde orquestas vascas y gallegas se encargan de sus propias producciones y de recuperar clásicos de, por ejemplo y nada más y nada menos, Bernard Herrmann.

Por un puñado de compositores españoles

Marc Timón
Los dos conciertos que ilustraron estas primeras jornadas de talleres, conferencias y encuentros en los que se ha basado este primer festival, utilizaron el reclamo de John Williams y Ennio Morricone, apuestas siempre seguras, y si no que se lo digan a Martínez-Orts y su Film Symphony Orchestra, para introducir un buen puñado de compositores, y una compositora, de cine español, en su mayoría poco conocidos para el público en general y que además eligieron para dar forma de suites títulos poco o nada identificables. Como resultado tuvimos la constatación de que hay hoy en nuestro país una corriente de composición que se ha empapado de la música hollywoodiense, ha aprendido a orquestar y manejar ritmos y atmósferas de una forma casi inédita en nuestro país. Por el contrario aun no dominan el arte de la melodía, tan fundamental a lo largo de la historia del cine para identificar películas a través de la música. La orquesta, que tuvo en el pasado la oportunidad de dirigir a los grandes de nuestro país como Carles Cases, Bingen Mendizábal, Roque Baños, Fernando Velázquez o Alberto Iglesias, y apenas surgió después de que la música de José Nieto sonara de la mano de la Sinfónica de Madrid, pudo apreciar sin duda este particular, lo que no fue óbice para plegarse a las múltiples sensibilidades surgidas de los pentagramas y ofrecer brillantes versiones de su música, adoptando para ello un sonido compacto y controlado a nivel expansivo, muy acorde a la estética cinematográfica

Así, el estreno de The Dark Passenger, una obra cuya fuente desconocemos, descubrió a un joven Arturo Cardelús dotado para la tensión dramática y la orquestación épica, tanto como el ya veterano aun siendo todavía joven Pablo Cervantes, el sevillano que tantas melodías creó para Garci y que ahora se pliega también a las bandas sonoras de acción e intriga (Asesinos inocentes) tanto como al lirismo inherente al documental de Laura Hojman sobre Rubén Darío, Tierras solares. Más veterano, el polifacético Luis Ivars recuperó Tabarka, un thriller político de 1996 cuya amable banda sonora participa más de un estilo compositivo autóctono y personal, antes de la invasión definitiva americana. Y en esa misma línea pudimos disfrutar de la música del francés afincado en el País Vasco Pascal Gaigne, que no eligió para la ocasión ninguno de sus trabajos para Arregi y Garaño (Loreak, Handia, La trinchera infinita) sino dos partituras galas de inconfundible sabor mediterráneo, apacible y lleno de ternura. El terror psicológico y asfixiante de Extinction y la breve pero delicada sintonía de Seis Hermanas fueron las aportaciones de Sergio Moure, siempre servidas con la delicadeza y profesionalidad de la orquesta, destacando la sensibilidad de Tatiana Postnikova al piano, y con un eficaz trabajo del compositor y director de orquesta Marc Timón a la batuta.

Iván Palomares
En la segunda jornada, Iván Palomares tomó el relevo comenzando con una obra suya, The Calling, otro estreno del certamen, de tintes épicos y enfáticos muy alejado de la ternura de Bajo las estrellas, su trabajo más reconocido. Le siguió el romanticismo de Manel Santisteban, curtido en el jazz y el pop, siempre asociado a Mecano y La Década Prodigiosa, en Tres metros sobre el cielo, y de nuevo la acción más genuinamente americana en Bajo cero, un reciente thriller estrenado en la plataforma Netflix que tanto está alejando al público de las salas. A su autor, Zacarías M. de la Riva, debemos la dinámica música de Tadeo Jones, y con dibujos animados continuó Manuel Gil-Inglada con la inédita y tradicional Hullabaloo y la digital D’Artacan y los tres mosqueperros, en cuya suite incluyó la sintonía original para televisión compuesta por Guido y Maurizio de Angelis. De nuevo aires mediterráneos y desenfadados para La boda de Rosa de Vanessa Garde, cuyo trabajo adaptando a Vivaldi hemos podido disfrutar recientemente en la película Josefina, protagonizada por Emma Suárez. Y terminamos con la música de La casa de papel, una ejemplar y muy efectiva partitura que Martínez Lacámara presentó en forma también de suite. Todos los autores estuvieron presentes en estas dos galas especiales.

Williams y Morricone como brillantes reclamos

Susana Casas García de la Galana, y 
Nazar Yasnytskyy a la derecha
Programados cuando acababan de ser anunciados como ganadores del Príncipe de Asturias, y antes de que el irrepetible compositor italiano falleciese en plena pandemia, la música de John Williams y de Ennio Morricone, junto a todos los demás convocados, debió sonar en marzo pasado, pero las restricciones jugaron una mala pasada a Cuadrado y su equipo y tuvieron que posponer la cita hasta ahora. Marc Timón se encargó de dirigir la música de Williams, a quien conoce personalmente y con el que logró dibujar un perfil dinámico, lleno de fuerza y ritmo en bandas sonoras míticas como Tiburón o Parque Jurásico, donde echamos de menos unos metales más refulgentes. Características que también se dieron cita en el Tema de Ray de El despertar de la fuerza, el Scherzo para motocicleta y orquesta de Indiana Jones y la última cruzada, y la sintonía televisiva The Mission. Con la delicadeza de Postnikova y el lirismo de la cuerda se ofreció el tristísimo tema de Las cenizas de Ángela, y con la complicidad de unos espléndidos Nazar Yasnytskyy, concertino para la ocasión y violín solista, y de César Coryn Herwig al violonchelo, un delicioso Vals del presidente de Memorias de una geisha. De su propio cuño, Timón ofreció como propina el trabajo más largo de la velada, un homenaje a Williams en forma de suite inspirado en el estilo épico y lírico del compositor estadounidense que tituló The Beacon (El faro) en clara referencia a su influencia y talante inspirador. El inevitable Tema de Darth Vader o Marcha Imperial puso colofón al concierto del jueves, con una interpretación enérgica y de marcados acentos marciales por parte de una entregadísima Sinfónica.

Diego Villegas, y César Coryn Herwig a la izquierda
Más relajado fue el homenaje a Morricone, con Palomares desgranando con respeto y atención arreglos no siempre fieles a los originales de ¡Átame!, la aventura almodovoriana del compositor romano, los tres temas icónicos de Hasta que llegó su hora, con Diego Villegas emulando con acierto y vuelo lírico al Hombre de la armónica, y Susana Casas entonando el Tema de Jill al estilo de Edda dell’Orso con una perfecta entonación. La misión y Malena precedieron al Tema de Deborah de Érase una vez en América, de nuevo con Casas asumiendo el vocalise, y un brillante epílogo con los títulos finales de Los intocables de Eliot Ness. El fin de fiesta fue de lo más emocionante, con el medley de temas populares del cine que John Williams confeccionó para la gala de los Oscar de 2002, pura celebración de la emoción y la pasión por el cine y la música.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 29 de septiembre de 2019

SEÑAS DE IDENTIDAD DEL FESTIVAL DE LA GUITARRA DE SEVILLA

Concierto de inauguración del X Festival de la Guitarra de Sevilla. Orquesta Sinfónica de Triana. Manuel Alejandro González, director. Juan Manuel Cañizares, guitarra. Joana Jiménez, cante. Cuarteto de Guitarras de Andalucía: Francisco Bernier, Antonio Duro, David Martínez y Javier Riba. Programa: Concierto Andaluz y Concierto de Aranjuez, de Rodrigo; El amor brujo, de Falla. Auditorio Cartuja Center, sábado 28 de septiembre de 2019

Manuel Alejandro González
No cabe duda de que Francisco Bernier, el estupendo guitarrista de Burguillos, tiene iniciativa y arrojo, inquietudes le sobran y ganas de superar retos también. Su sello discográfico Contrastes Records sirve de plataforma de apoyo al festival, que se nutre principalmente de sus artistas, con él mismo a la cabeza. Nada que reprocharle, después de mucho reflexionar sobre la materia; éste es su proyecto personal, en él ha depositado todo su empeño, confianza y esfuerzo. Nos parece legítimo por lo tanto que sirva este certamen, en el que no solo se suceden interesantes conciertos sino también conferencias, cursos y hasta un par de concursos que atesoran cada vez más prestigio, para promocionar su sello y sus artistas, además de ofrecer al público una razón más para asistir a los centros culturales y dejarse de tanto comercio.

Juan Manuel Cañizares
Precisamente esos concursos apuntados revelan las señas de identidad de este festival, que aúna las dos vertientes más sobresalientes de la guitarra española, el flamenco y la música clásica. Una combinación que sirvió de forma muy inteligente para abrir esta décima edición, con piezas archiconocidas de Joaquín Rodrigo y Manuel de Falla ofrecidas en un formato algo distinto, que beben precisamente de esas dos corrientes y sirven para desplegar talento en ambos sentidos. Pudimos comprobarlo en un Concierto de Aranjuez que Juan Manuel Cañizares usó como vehículo para desplegar su particular quejío flamenco, aportando así algo de frescura y color a una obra tantas veces programada. Eso fue especialmente perceptible en un adagio de singular belleza y unas cadenzas espectaculares. Lástima que no se viera arropado por un conjunto sinfónico a la altura, aunque el solo de corno inglés fuera sobresaliente. La Sinfónica de Triana es una formación joven y pequeña, acostumbrada a programas populares y ligeros. Aplaudimos su presencia porque supone más inversión e ilusión en proyectos culturales, siempre bienvenidos, y brinda la oportunidad a los jóvenes intérpretes para practicar en público. Pero es obvio que ni ellos ni otros talentos que hoy cada vez más surgen de los conservatorios pueden vivir de la música ante la poca atención que se presta a la cultura frente al consumismo de los grandes centros comerciales. Al menos ellos más que nadie ponen la primera piedra para que esto vaya poco a poco cambiando.

Joana Jiménez
Cañizares tocó amplificado, y también lo hicieron el resto de los convocados, pero a menor escala que el insigne guitarrista, solo tenuemente para asegurarse que el sonido llegara a todos los rincones de un auditorio que a pesar de contar con tantos alardes técnicos, no está preparado para la música seria en directo, sin amplificaciones ni artificios. De este modo, el Cuarteto de Guitarras de Andalucía alcanzó menos relieve y protagonismo en el Concierto Andaluz que Celedonio Romero encargó a Rodrigo en 1967 y estrenó junto a sus hijos en Texas. Mucho menos frecuentado que el de Aranjuez, la pieza aúna de forma ligera e intrascendente influencias barrocas y carácter andaluz, que los cuatro solistas desplegaron con destreza pero sin demasiada gracia, mientras el sevillano Manuel Alejandro González se empleó a fondo para lograr al menos que el reducido conjunto sinfónico, especialmente escaso en la cuerda, sonara disciplinado, aunque eso no evitara puntuales caídas de tensión.

En la segunda parte se ofreció la versión original de 1915 de El amor brujo, pocas veces programada frente a la posterior que Falla estrenó en forma de suite recortada y reorquestada. Joana Jiménez, flamante ganadora de Se llama copla de 2008, se lució ampliamente no solo en el cante sino también en el baile, especialmente una Danza del fuego que aquí aparece casi al principio y bajo el título de Danza del fin del día, y que la orquesta atacó con evidente falta de empuje y vitalidad. La cantaora se sobrepasó en histrionismo en los pasajes recitados que abundan en esta primitiva versión, pero alcanzó cotas altas de expresividad en las canciones, espléndida en la popular Canción del fuego fatuo, y se mantuvo elegante y sofisticada en las danzas, algunas de ellas temerariamente sobre calzados de altas plataformas. Aunque también aquí la orquesta sonó disciplinada pero alicaída, se aplaude el esfuerzo y la proliferación de activos culturales, que falta nos hace frente a tanta vulgaridad reinante.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 7 de marzo de 2019

PEPE ROMERO, PASAPORTE DE LA ROSS EN ALEMANIA

Concierto de presentación en Sevilla de la Gira por Alemania de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Pepe Romero, guitarra. John Axelrod, director. Programa: L’Arlésienne Suites nº 1 & nº 2, de Bizet; Concierto en flamenco, de Sabicas y Moreno Torroba; Concierto de Aranjuez, de Rodrigo. Cartuja Center Cite, miércoles 6 de marzo de 2019

Recién regresado de este concierto de presentación de la ROSS de la gira que emprenderá este fin de semana por Alemania, tras diez años sin salir de casa, haciendo un zapping fijé mi atención en un interesante documental que emitían en Canal Andalucía, Underground: La ciudad del Arco Iris, sobre el rock sinfónico que se hacía en Sevilla a principios de la década de los setenta, muy especialmente el mítico grupo Smash. Casualmente se hablaba en él de la influencia que ejercieron entre otros figuras del flamenco como Sabicas, autor del concierto que apenas un par de horas antes había interpretado Pepe Romero en el auditorio Cartuja Center Cite junto a nuestra sinfónica. Y cito esto por reivindicar lo vanguardista e innovadora que fue aquella época, una auténtica movida cultural y social que tuvo lugar en nuestra ciudad y no logró la difusión que una década después sí se le prestó a la tan cacareada movida madrileña. Hablamos de pura fusión entre flamenco y otras disciplinas musicales, y justo eso fue lo que el gran e insigne guitarrista malagueño afincado en Estados Unidos trajo de la mano de Axelrod y la orquesta para presentar su inminente gira alemana, un país donde al virtuoso de la guitarra se le aprecia tanto que incluso le piden repetir el programa con el que encandiló al público de la Tonhalle de Düsseldorf hace justo dos años, entonces con la Sinfónica de Munich.
 
El Concierto en Flamenco de Moreno Torroba sobre la base de los palos flamencos desplegados por el legendario Agustín Castellón Campos “Sabicas”, es una rara combinación de flamenco puro y música sinfónica, que como tantos experimentos similares no acaba de funcionar, sin embargo éste tiene cierta dignidad y mérito por encima de otros intentos más contemporáneos y de mimbres más folclóricos y festivaleros. Llama especialmente la atención su primer movimiento, un andantino mosso en forma de fandango en el que orquesta y solista nunca acaban de encontrarse del todo, generando una suerte de extraña modernidad. No sólo aquí sino en el resto del concierto Romero demostró su garra y versatilidad para manejar el estilo con la misma fluidez y maestría con que lo hace cuando interpreta composiciones clásicas. Exhibió en su justa medida la libertad e improvisación que caracteriza la pieza frente al academicismo y el control que ha de exhibir la parte del autor de Luisa Fernanda, que Axelrod dirigió buscando en todo momento esa elegancia que la alejara del populismo recurrente. Rasgados, arpegios, trémolos, alzapúas y demás técnicas y figuras hicieron las delicias del público asistente, no muy numeroso a pesar del lujo propuesto y frente al lleno total que ya anuncia la famosa sala de Düsseldorf. A partir de ahí seguiriyas, alegrías y soleá por bulerías se fueron desplegando con temperamento justo, claridad sin estridencias, exhibiendo al toque embrujo, sensibilidad y sobrada capacidad expresiva, mientras ROSS y batuta acompañaron con respeto, discreción y sobriedad.
 
En el más popular Concierto de Aranjuez del Maestro Rodrigo, orquesta y solista, con la guitarra construida por su hijo que suele acompañarle, se desenvolvieron también con elegancia y sobriedad, destacando en el famoso adagio el espléndido solo de Sarah Bishop al corno inglés, y proponiéndose en general una visión serena y equilibrada de la archiconocida pieza, mecida por la orquesta con respeto y sensibilidad. Como propina Pepe Romero ofreció una Fantasía cubana de su padre, Celedonio Romero, cálida y colorida, como el arte interpretativo de esta figura de la música española que celebra ahora su setenta y cinco aniversario. Las dos suites de La Arlesiana de Bizet completaron el concierto, enmarcando la participación de Romero y ofreciendo a la orquesta la posibilidad de lucir sus notables recursos tanto en la calidad de sus solistas, el violonchelo de Sasha Crisan, el violín de Paçálin Pavaci o los fabulosos solos de saxo de Antonio Pérez, como en el trabajo de conjunto, lográndose una competente revisión de esta música incidental que Bizet y su amigo Ernest Guiraud adaptaron para concierto. También en esta ocasión la dirección se mostró elegante y majestuosa, sin por ello sacrificar vitalidad y exuberancia en el Carillon y la Farandula, ni sensibilidad y melancolía en el Adagietto y el Intermezzo, con dinámicas marcadas y un refinado y luminoso buen gusto. Esperemos que este pasaporte que Pepe Romero representa para nuestra orquesta en Alemania sirva para situarla donde merece.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 15 de febrero de 2019

GLENN MILLER RESUCITA EN LA CARTUJA

The Glenn Miller Orchestra. Ray McVay, director. Solistas: Catherine Sykes y Mark Porter, voces. Andy Potts, saxofón. Ray Wordsworth, trombón. Dave Ford, trompeta. Cartuja Center Cite, jueves 14 de febrero de 2019

Cuando América vibraba al son de Glenn Miller, Artie Shaw, Harry James, Benny Goodman, Count Basie o Xavier Cugat, la España de la dictadura se conformaba con orquestas de medio pelo con las que los más avanzados podían imaginar que bailaban como mucho el foxtrot. Las delicias de aquellos conjuntos americanos enérgicos y apabullantes las conocimos en el cine. Fue con George Sidney (Escuela de sirenas), Irving Cummings (Serenata argentina), Bruce Humberstone (Sun Valley Serenade) o Anthony Mann (Música y lágrimas) como aquellas músicas y sus creadores llegaron hasta nuestros corazones. Hoy ese revival ha calado hondo incluso en las nuevas generaciones, con asociaciones y clubs en nuestra propia ciudad que propagan el swing y aprenden a bailar con las más increíbles acrobacias que hicieron de aquel estilo toda una marca y referencia.


Se da la circunstancia de que hoy el legado cultural cinematográfico y musical americano se preserva mejor en el Reino Unido que en los propios Estados Unidos. Nadie como John Wilson recrea el genuino sonido sinfónico de las películas dramáticas y musicales de la edad de oro de Hollywood, y nadie como Ray McVay y la vertiente británica de la World Famous Glenn Miller Orchestra, que tiene también célula en su país de origen, recrea el genuino sonido del swing americano, casi como covers de las grandes formaciones que popularizaron las preciosas melodías de la época e impulsaron a los grandes crooners, entre los que se encontraba por supuesto el más extraordinario entre ellos, Frank Sinatra. A él se rinde homenaje en la gira con la que recaló anoche en el Auditorio Cartuja Center Cite, con el vocalista Mark Porter, bien timbrado pero algo escaso de potencia, entonando I’ve Got You Under My Skin de Cole Porter y New York, New York de John Kander para la película homónima de Scorsese. Woody Allen también acudió a la memoria colectiva con interpretaciones de temas utilizados en películas como Hannah y sus hermanas, en concreto You Made Me Love You, con Danny Hammerton emulando a la perfección al trompetista Harry James, y I’ve Heard That Song Before, que Catherine Sykes cantó en perfecto estilo pero insuficiente emoción.

Por el espléndido escenario de este no menos sensacional auditorio desfiló también el recuerdo de Artie Shaw y su particular versión de Begin the Beguine, Louis Amstrong y ese himno racial que es When the Saints Go Marchin’ in, o la explosión de ritmo de Louis Prima en Sing Sing Sing, que Bobby Cleall recreó excepcionalmente a la batería. Hubo espacio también para los clásicos, con una particular versión del tema principal del Concierto para piano nº 1 de Chaikovsky, que el pianista solista entonó con buen gusto y elegancia, o el Russian Patrol Song al estilo de Tex Beneke. Nada mejor que escuchar Moonlight Serenade del propio Miller en el Día de San Valentín, y mantener la llama nostálgica con Chattanooga Choo Choo, Take the A Train o el imprescindible In the Mood. La representación latina, tan importante para comprender aquella época de guerra en Europa que tanto acercó a las dos Américas, llegó de la mano de Frenesí, Perfidia, El manisero y Adiós, con Pérez Prado, Tito Puente o Cugat en un imaginario que nos hizo bailar, cantar y vibrar al son de otra época imperecedera pero irrepetible.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 26 de octubre de 2018

JAMES RHODES EN BUSCA DE LA FELICIDAD

Gira “Fire on All Sides” de James Rhodes, piano. Programa: Adagio, de Marcello-Bach; Partita nº 1 BWV 825, de Bach; Romanza del Concierto para piano nº 1, de Chopin-Balákirev; Balada nº 3, de Chopin; Preludios Op. 3 nº 2 y Op. 32 nº 13, de Rachmaninov. Auditorio Cartuja Center Cite, jueves 25 de octubre de 2018

Con el "abuelo" siempre por bandera
Polifacético donde los haya, James Rhodes confiesa haber encontrado la felicidad en nuestro país, concretamente en la muy abierta e inclusiva Madrid donde reside desde hace poco más de un año. Aquí ha encontrado un hueco en la radio y la televisión, desde donde transmite su pasión por la música y cómo ésta ha ejercido de fármaco balsámico para los demonios del alma que le han perseguido desde los muy comentados abusos a los que fue sometido durante su infancia. Es un tipo contradictorio, que exorciza su lógica timidez haciendo de maestro de ceremonias dicharachero y rebelde; que comienza sus locuciones con dos declaraciones de principios, el ya célebre Fuck You Trump de Robert de Niro, y su ferviente desacuerdo con el Brexit; y continúa haciendo suyas expresiones que ha recogido de nuestro acervo popular más reciente, como ese lamentable Puto amo relacionado con el proxenetismo, que no obstante suena mejor en sus labios que en los de Martínez-Maíllo. 

Apenas cuarenta minutos de música programó en un concierto menos sorprendente de lo que esperábamos. Al margen de su vestimenta informal y de sus comentarios políticos, vinieran o no a cuento, lo que Rhodes hace sobre el escenario es algo que en los últimos años viene siendo habitual en salas de concierto, y que algunos maestros ilustres practican desde hace lustros, aunque ataviados de etiqueta. Se trata de comentar las piezas y provocar entusiasmo en el oyente, aunque él le da cierto aire a lo club de la comedia con el que consigue meterse al público en el bolsillo. Así es como ha logrado tanta admiración en radio y televisión, superando su timidez y convirtiéndose en una estrella mediática. Pero esperábamos que sus interpretaciones fueran más frívolas, que extrajera jazz de Bach o rock de Beethoven; claro, no habíamos hecho los deberes y desconocíamos que su pianismo es convencional, permitiéndose sólo algunas licencias, relacionadas especialmente con la ralentización de los tiempos y la delectación con ciertos pasajes. Es, en definitiva, entusiasta con la interpretación musical, sabe transmitir con sus locuciones y su música, pero no va más allá de unas interpretaciones correctas que no logran llegar a ese punto de emoción que sin duda busca en cada una de sus intervenciones.

Curiosamente Rhodes busca la felicidad en la música, sin embargo la quiere transmitir a través de obras que evocan una inmensa melancolía. Otra contradicción, ¿puede la melancolía ser feliz? Ya desde esa célebre melodía de Anónimo veneciano, el adagio del Concierto para oboe de Marcello que Bach transcribió al teclado, hasta dos preludios de Rachmaninov, el muy intenso primero y el más relajado último, Rhodes se dejó arrastrar por una estética nostálgica y arrebatada, quizás como remedio a esa ansiedad y depresión que analiza en su último libro, el que da título a su último disco y a esta gira, Fire on All Sides (Fuego por todos lados). Bach lo ataca con ensimismamiento, con una Partita nº 1 recorrida sin pausa, formidable y prístino fraseo y logradas articulaciones. La Romanza del Concierto para piano nº 1 de Chopin, en transcripción de Balákirev, se beneficia también de esa proverbial melancolía, acariciando las teclas y paladeando la música de manera exquisita. Solvente también la Balada nº 3 de Chopin, quizás la pieza más desenfadada de cuantas integraron el programa. Tras apenas una hora entre música y comedia, no pudo por menos que ofrecer varias propinas, la Mélodie de Giovanni Sgambati basada en la Danza de los espíritus benditos de Orfeo y Eurídice de Gluck, y un Intermezzo Op. 3 nº 1 de Brahms que abordó sin partitura, como el resto del programa, y mucha delicadeza. Así hasta derivar en unas improvisaciones sobre la Marcha del Coronel Bogey de Kenneth Alford que David Lean inmortalizó en El puente sobre el río Kwai, en perfecto estilo Beethoven, como si le hubiera robado la idea a Gabriela Montero. Ya tiene mérito llenar un auditorio como el de Cartuja, que ha animado y potenciado el atractivo de esa zona de la ciudad, con un público encandilado que demostró además poseer un excelente nivel de inglés.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía