Francia 2025 77 min.
Dirección Mailys Vallade y Liane-Cho Han Jin Kuang Guion Mailys Vallade, Eddine Noël, Aude Py y Liane-Cho Han Jin Kuang, según la novela de Amélie Nothomb Música Mari Fukuhara Voces (en versión original) Loïse Charpentier, Victoria Grosbois, Yumi Fujimori, Cathy Cerda, Marc Arnaud, Latitia Coryn, Haylee Issembourg, Issac Schoumsky En casa V.O. (sábado 21)
Eterna nominada a todos los premios del año en el apartado de película de animación, como Sirât lo es en el de película internacional, sin llevarse el gato al agua, Little Amélie o Amélie y la metafísica de los tubos, es una fábula basada en las memorias infantiles de la escritora belga Amélie Nothomb. Personalmente no recuerdo nada más atrás de los cuatro años, apenas un breve jugueteo con mi abuelo en mi antigua casa de la calle Recaredo de Sevilla. No comprendo pues que esta escritora sea capaz de acumular tantos recuerdos a la temprana edad de dos años y medio y tres, entre las que se encuadra las experiencias narradas en esta película, salvo que posea una mente muy privilegiada y adelantada en el tiempo. Y menos aún, sus reacciones, impropias de una niña de su edad, ante algunos de los dramáticos episodios que se le presentan en ese período de su vida.
Antes, nos cuenta, apenas se siente como un tubo capaz de absorber el entorno como si fuera aire, para engullirlo y vomitarlo como experiencia y aprendizaje al mundo en el que le ha tocado vivir. En concreto, el suyo se circunscribe al Japón donde su padre ejerce de diplomático, a finales de los sesenta y principios de los setenta, con las heridas, todavía relativamente recientes, que le provocó la Segunda Guerra Mundial. Allí conoce los primeros berrinches, la optimista abuela que viene de vacaciones, los primeros juegos con sus hermano y hermana, el agua, que tanta fascinación le provoca, y sobre todo su tata, una joven japonesa sin rencores a pesar de un turbulento y traumático pasado provocado por la propia guerra.
Sin otro Dios que ella misma, como eje de todo el globo terráqueo, que en su vocación de fábula ensoñadora, le permite incluso emular al Moisés capaz de abrir de par en par el Mar Rojo, Amélie nos cuenta en off, imaginamos que algo más adulta, sólo así se comprendería esa rica elocuencia, esas primeras experiencias que se nos antojan excesivas, con imaginación y creatividad, apreciable en una puesta en escena tan deudora del anime, de colores a veces vistosos, otras decididamente pastelosos, y con cierta tendencia a la estética de la acuarela. Nada se nos antoja, sin embargo, tan atractivo y encantador como para elevarla a los cielos de la magnificencia, ni siquiera su edulcorada banda sonora, aunque el conjunto denote mucho entusiasmo de parte de su tándem de debutantes realizadores.

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