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sábado, 21 de octubre de 2023

GIUSEPPE MENUTTI EXPLORA LA GUITARRA INFINITA DE SÁNCHEZ-VERDÚ

14º Festival de la Guitarra de Sevilla. Ochra, música para guitarra de José María Sánchez Verdú. Giuseppe Menutti, guitarra. Programa: Tres caprichos, Cuaderno de Friedenau y Ochra. Auditorio del CICUS, viernes 20 de octubre de 2023

Francisco Bernier, Giuseppe Menutti y José Mª Sánchez-Verdú en el Patio del CICUS

En la recta final de su
décimo cuarta edición, el Festival que dirige y organiza el guitarrista sevillano Francisco Bernier, celebró ayer tarde una de esas citas que dan sentido a un certamen de estas características, la presentación acompañada de un mini concierto de un disco de reciente aparición bajo el sello Contrastes. Se trata de Ochra, un trabajo en el que el joven guitarrista siciliano con formación parcialmente sevillana, Giuseppe Menutti, repasa seis de las más de cuarenta composiciones que el compositor de Algeciras José María Sánchez-Verdú ha dedicado a la guitarra, un instrumento que según él mismo ha declarado le ha fascinado desde que era niño. El formato elegido fue una distendida y cálida conversación entre ambos frente a un reducido pero muy atento público. El marco, el Auditorio que el CICUS tiene en la casa palacio de la calle Madre de Dios. En ella desgranaron las intenciones del autor, la dificultad de las piezas y el interés y denostado esfuerzo de su intérprete por entenderlas y extraer de ellas el máximo de sus posibilidades técnicas y expresivas.

Dejando atrás unos días de frondosa actividad y un buen ramillete de interesantes conciertos en los que, en su mayoría, se ha alternado la guitarra clásica con la flamenca, este encuentro con el que quizás podamos considerar el más reconocido internacionalmente de los compositores españoles actuales, se benefició del dominio de la retórica que exhibieron sus dos protagonistas, incluido el perfecto castellano de Menutti. Con la pieza Ochra como eje principal de un registro que cuenta en su portada con una reproducción de un inquietante grabado de Pablo Palazuelo, artista venerado por Sánchez-Verdú, los invitados desgranaron pieza a pieza las seis que integran la selección, mientras el intérprete reprodujo en directo tres de ellas, incluida la que le da título. Se trata de una compleja y dilatada pieza en la que el autor, que confesó sufrir de sinestesia, lo que le lleva a identificar las notas musicales con los colores, recorre con carácter progresivo diferentes gamas del color ocre, claro que siempre desde su subconsciente, sin que el oyente tenga forzosamente que buscar en la música esos tonos e intenciones, sino dejarse llevar por sus insinuaciones estrictamente musicales y las sensaciones que cada cual experimente según su bagaje cultural, intelectual y, sobre todo, sentimental.


De ella Menutti ofreció una interpretación extremadamente concentrada, cáustica y meditada a un tiempo, un viaje de redefinición de los límites acústicos y expresivos del instrumento español por antonomasia. Llevó los acordes a veces a planos sonoros casi imperceptibles, recorriendo los trastes con extrema precisión y utilizando la caja con fines percutivos. La pieza, un trabajo de encargo que basa parte de su material en otra obra para guitarra y orquesta denominada Memoria del ocre, encontró en Menutti el médium perfecto por su colorido y riqueza expresiva. Más atrevida fue seguramente su recreación de los Tres caprichos, inspirados en El sueño de la razón produce monstruos, El amor y la muerte y Volaverunt de Goya, donde la guitarra no parece ella, hay que centrarse en algunos, pocos, acordes para identificarla, mientras el resto son juegos en los trastes que lo recorren pulsándolo, a veces asfixiándolo, limitando el trabajo en la boca de la guitarra a simples pizzicati en la cuerda. En el disco se incluye otro trabajo inspirado en Goya, Nada, aquí con la colaboración en el violonchelo de Giorgio Lucchini, que forma parte del ciclo Lux et Tenebris a partir de una exposición de Goya en Alemania, donde Sánchez-Verdú reside desde hace tiempo.

Precisamente en el primer barrio de Berlín donde residió, se inspira el Cuaderno de Friedenau, tercera de las piezas que Menutti interpretó en esta presentación, y no precisamente en este orden. Aquí encontramos la guitarra fundamentalmente como instrumento de percusión, jugando con la caja y acompañándose de acordes muy breves y meditados que dan al conjunto un relieve muy especial y aprovecha muchas de las posibilidades que tiene el instrumento a nivel sobre todo expresivo, aunque sea en las antípodas de lo que estamos habituados a escuchar en él. Mucho hablaron de Yad, pieza para guitarra eléctrica inspirada en la Torá que deslumbró a Menutti y le hizo decidirse por grabar un disco con música del compositor andaluz. También hablaron del ciclo Kitab, de cuyo primer escalón podemos encontrar una esmerada interpretación en el CD. Las raíces de Sánchez-Verdú están también presentes en un trabajo en el que cabe destacar la presencia de culturas tan enfrentadas y antagónicas como la hebrea y la árabe, llamadas a entenderse y enriquecerse en lugar de abordar discursos de dominio traducidos en barbarie y castigo inhumano e incontrolado. Una vez más habría que tomar nota de artistas que como Sánchez-Verdú o Giuseppe Menutti buscan en otros lugares materia para enriquecer nuestro bagaje cultural y a la vez aportar lo que de válido arrastramos cada individuo.

Fotos: CICUS
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 10 de septiembre de 2023

GUZMÁN Y ORDEN DESLUCEN EN EL ALCÁZAR

XXIV Noches en los Jardines del Alcázar. María Esther Guzmán, guitarra; Luis Orden, flauta. Programa: Tres piezas para flauta y guitarra, de Tárrega; Valses poéticos, de Granados; Après un rêve y Pavane, de Fauré; Tres piezas para flauta y guitarra op. 62, de Respighi; Claire de lune y Golliwog’s Cakewalk, de Debussy; El Albaicín, de Albéniz.
Sábado 9 de septiembre de 2023


Huelga destacar aquí, a estas alturas, el magisterio que Luis Orden a la flauta y María Esther Guzmán a la guitarra imprimen a sus interpretaciones. Juntos llevan mucho tiempo ofreciendo recitales marcados imperiosamente por el arreglo o la transcripción. Las adaptaciones del concierto de ayer recayeron en la excelente guitarrista, sin embargo no lograron captar el espíritu que informaba el evento, evocar la atmósfera imperante durante la vida del pintor Joaquín Sorolla, a quien estas Noches del Alcázar brindan un sentido homenaje por el centenario de su muerte. Faltó el color y el espíritu propios de aquella encrucijada de siglos, un palpable ambiente modernista al que tanto se prestaron el impresionismo y el nacionalismo presentes en las partituras (Fauré, Debussy, Albéniz, Granados…) pero no sus particulares resoluciones. Por el contrario tuvimos la sensación de encontrarnos ante una suerte de easy listening, libre de cualquier complicación y falto de la emoción subyacente en las piezas elegidas.

Las suyas fueron por lo tanto unas interpretaciones impecables, sutiles, pulcras y puras. Orden mantuvo en todo momento un proverbial control de la respiración, un fraseo fluido y un trabajo esmerado en la exposición melódica, mientras Guzmán abrazó la guitarra como siempre suele hacerlo, con mimo y exquisitez, resaltando cada acorde con una claridad extraordinaria. Juntos además fueron capaces una vez más de exhibir una perfecta compenetración y capacidad de diálogo. Pero los arreglos no hicieron justicia al programa, y eso se notó enseguida con tres emblemáticas piezas de Francisco Tárrega, Capricho árabe, Recuerdos de la Alhambra y Gran Vals, de las que apenas logramos disfrutar con la última, siempre bajo el protagonismo líquido de la flauta, quedando la guitarra empobrecida y apenas responsable de algunas, pocas, líneas melódicas. Muy desfigurados quedaron los Valses poéticos de Granados, que al piano evidencian el espíritu europeísta del compositor, y que el tándem resolvió vulgarizando sus postulados, de forma apresurada, convirtiéndolos en apenas unas piezas coyunturales y faltas de interés. Obligados por la organización a ilustrar el programa, Orden sólo lo hizo con dos de las piezas elegidas, las tripartitas de Tárrega y Respighi, de nuevo tan insustancial en su versión para flauta y guitarra a partir del original para violín y piano, que no logramos sintonizar con la propuesta. Después ya no hubo más explicación.


Algo mejor resultó Après de rêve de Fauré, apoyado en su carácter eminentemente romántico y melódico, aunque con su famosa Pavana, víctima de todo tipo de arreglos y adaptaciones, el dúo volvió a exhibir su tendencia a lo meramente convencional. También el Claro de luna debussyano resultó anodino e insustancial, más que Golliwog’s Cakewalk, que quizás por su carácter animado y juguetón permite disfrutarlo con menos prejuicios. Guzmán y Orden se empeñaron a fondo, al final del recital, con El Albaicín de la Suite Iberia de Albéniz atacada con sentido idiomático, aunque siempre por debajo de las magníficas prestaciones de las que es capaz la pieza en manos del piano o la guitarra. La famosa Danza de La vida breve de Falla sirvió como propina afín a provocar el aplauso enfervorecido del público.

Foto: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 22 de febrero de 2023

CAZORLA Y TOSCANO, PERFECTAMENTE COMBINADOS

Alternativas de cámara en colaboración con Juventudes Musicales de Sevilla. Cristina Cazorla, baile; Álvaro Toscano, guitarra. Programa: Recuerdos de la Alhambra, Capricho árabe y Rosita, de Francisco Tárrega; Españoleta y Canarios, de Gaspar Sanz; Bolero, de Julián Arcas; Malagueña y El Albaicín, de Isaac Albéniz; Innovación y danza, de Joaquín Rodrigo; Ojos vedes, de Manuel Quiroga. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, martes 21 de febrero de 2023

Foto: Guillermo Mendo

Prosigue la feliz colaboración de Juventudes Musicales de Sevilla con el Teatro de la Maestranza, encargándose un año más del ciclo de música de cámara centrado en jóvenes valores, como lo son la polifacética bailarina madrileña Cristina Cazorla y el multipremiado guitarrista cordobés Álvaro Toscano. Esta vez se trató de una propuesta diferente y original, combinando la música de cámara, habitual caballo de batalla de la institución hispalense, con la danza. Partiendo del Conservatorio Profesional de Danza Mariemma, un referente de la Escuela Bolera Española en el que se ha licenciado la joven bailarina y coreógrafa, el espectáculo pretende hacer un recorrido lo suficientemente ameno y exhaustivo por la evolución de este baile típicamente español, enraizado en los bailes cortesanos europeos del siglo XVII, combinados con los bailes populares españoles y progresando hacia el flamenco, muchos de cuyos pasos están directamente influidos por esta singular escuela. Una danza que está íntimamente relacionada con el nacionalismo decimonónico, mezclándose con los bailes andaluces y enriqueciéndose con el flamenco. El proyecto, concebido para pequeños espacios, se presentó con éxito en el más amplio de la Sala Manuel García
.

Con todas estas premisas, hay que reconocer el meritorio trabajo de ambos artistas y su entusiasmo tan bien reflejado, aunque su carácter didáctico se vio ensombrecido por el más lúdico de mero entretenimiento, desdibujándose esa evolución y progreso aludidos en favor de una demostración limpia y lúcida del baile de Cazorla sobre una base de clásicos populares imperecederos de la guitarra española, de los que Toscano extrajo todo un arsenal de emociones gracias a su toque inteligente, sensible y delicado. Así, pudimos disfrutar con una interpretación pausada y muy paladeada del imprescindible Recuerdos de la Alhambra, que prosiguió con un Capricho árabe también de Tárrega, de idéntico espíritu limpio y contenido, a la vez que ella se marcaba unos delicados pasos ataviada con reminiscencias goyescas. Tras una más rítmica Rosita del compositor levantino, hubo un brusco paso atrás en el tiempo con una muy contenida Españoleta seguida de unos idiomáticos y estupendamente articulados Canarios de Gaspar Sanz que la joven acompañó primorosamente a las castañuelas, con saltos, vueltas y complicados trabajos de pie de un gran barroquismo, perfectamente reconocibles para quienes estamos familiarizados con las sevillanas boleras.

Foto: Tomás Payés

El ritmo estuvo también muy presente en el Bolero del tardorromántico Julián Arcas. Pero donde el arte de Toscano brilló con más intensidad fue en una muy meditada Innovación y Danza de Joaquín Rodrigo, que el joven guitarrista saboreó hasta sus últimas consecuencias, y que sirvió de puente a una selección de Albéniz de la que se ofrecieron sus transcripciones para guitarra, alegando a nuestro juicio equivocadamente, que el compositor catalán las habría concebido para el instrumento español en lugar del piano con el que se convirtieron en las páginas más celebradas y universales del instrumento de nuestro país. Ciertamente Toscano supo indagar en la sensibilidad de la Malagueña de España: Seis hojas de álbum, y la enorme expresividad y el notable misterio de El Albaicín de la Suite Iberia, acompañado por el baile perfectamente acompasado de Cazorla, que empleó en ello unas considerables dosis de gracia y elegancia, añadidas a la complejidad del baile y el enriquecimiento a las castañuelas. La copla protagonizó el último bloque de la función, con Ojos verdes de Manuel Quiroga y, fuera de programa, La zarzamora, también del compositor gallego, que sirvió como emocionado recuerdo a aquella Lola Flores que lo integró en su mítico espectáculo Zambra, justo cuando se cumple el centenario de su nacimiento. El compromiso de estos dos artistas perfectamente compenetrados se completó con las meritorias improvisaciones que regalaron al entusiasmado público como segunda propina.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 23 de diciembre de 2022

CUERDA CRISPADA Y VIENTOS AFABLES EN LA CONJUNTA

2º concierto de la XII temporada de la Orquesta Sinfónica Conjunta de la Universidad de Sevilla y el Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo. Ysé Dastugue, guitarra. Juan García Rodríguez, dirección. Programa: Concierto elegiaco para guitarra y orquesta, de Leo Brouwer; Serenta para vientos Op. 44, de Antonin Dvorák. Salón de actos-Aula Manuel Trillo de la ETS de Arquitectura, jueves 22 de diciembre de 2022


Aunque inició su duodécima temporada la pasada semana, tras hacernos padecer la incertidumbre de si este año volveríamos o no a disfrutar de esta orquesta que tantas satisfacciones nos ha dado desde su constitución en 2011, ha sido este segundo concierto con el que por fin hemos tomado contacto de nuevo con sus incontestables amabilidades. García Rodríguez, su principal artífice y moldeador, se puso una vez más al frente de esta formación forzosamente cambiante, no olvidemos que está integrada por el alumnado del Conservatorio Manuel Castillo, ya sea en fase final de sus estudios o en prácticas, y los resultados fueron otra vez tan estimulantes como ilusionantes.

Si el primer concierto, el pasado miércoles 14 de diciembre, tuvo lugar en el Teatro Los Remedios, ubicado en el Colegio de los Padres Blancos, en esta ocasión el lugar elegido fue el salón de actos de Arquitectura, que tantos recuerdos alberga para la cinefilia de los setenta y ochenta del pasado siglo, cuando allí tenía su sede el Cine-Club de la facultad. Hacía tiempo que no lo visitábamos y nos llevamos una grata sorpresa al comprobar cómo lo han habilitado y modernizado para permitir que conciertos como el de anoche gocen de una alta calidad acústica y la máxima comodidad para disfrutar de sus propuestas. Es así como orquesta y director, también responsable del conjunto puntero de música contemporánea Zahir Ensemble, se enfrentaron a uno de esos programas singulares que hacen tan atractiva su temporada año tras año y cubren así un hueco que conjuntos profesionales no se atreven a llenar, o quizás no tengan la imaginación suficiente para hacerlo.

En esta ocasión abordaron el que quizás sea el trabajo más emblemático del compositor, director y guitarrista Leo Brouwer, cuyo paso por la Orquesta de Córdoba como director titular en la década de los noventa nos dejó tan grato recuerdo. Se trata del Concierto elegiaco para guitarra. Para ello se contó con la colaboración del también joven guitarrista francés Ysé Dastugue, que realizó en nuestra ciudad estudios de perfeccionamiento junto al maestro Francisco Bernier. La pieza se inicia con acordes de la guitarra muy pausados, con un espíritu tremendamente tranquilo, que recibe rápidamente la respuesta contundente de una cuerda crispada y misteriosa, potenciada por una percusión contundente, timbales en un extremo y marimbas y glockenspiel al otro. A partir de ahí solista y conjunto desarrollan un diálogo que no parece acercarles, hasta que paulatinamente vemos percibiendo cierto acercamiento que conforme avanza se convierte en una interrelación ya fluida. Pero nada de eso sería perceptible sin el trabajo concienzudo de la batuta, siempre enérgica y decidida, y la disciplina férrea observada en los y las integrantes seleccionadas para la ocasión. García definió la obra con un trabajo muy meticuloso en las dinámicas y los crescendos que la caracterizan, mientras Dastugue mantuvo una pulsación segura y muy bien articulada, tanto en los pasajes tranquilos como en los más agitados, logrando una integración total con la orquesta, reforzando así su tímbrica y manteniendo en todo momento su sentido del ritmo.


Con Dvorák fue la sección de vientos de la orquesta la que se lució, con un esmerado trabajo en las maderas, oboes, clarinetes, fagots y contrafagot, y salvando con una nota alta el difícil trabajo de mantener el tono y la afinación en las trompas. A todos ellos y ellas se unieron un violonchelo y un contrabajo, imprescindibles para pulir las transiciones y potenciar el cuerpo de la pieza. El resultado fue una Serenata para vientos Op. 44 absolutamente encantadora, llena de magia y lirismo, sencilla pero contundente en su noble marcha cortesana de arranque, de aires inconfundiblemente pastoriles en su danzarín minueto, llena de lirismo y contención en su romántico andante, y potente y desenfadado en su alegre finale. Esperamos con mucha ilusión el resto de una programación que contiene escalas tan estimulantes como la que protagonizarán el 24 de febrero, ya en el habitual Auditorio de Ingenieros, junto a Natalia Labourdette y cuatro pianistas interpretando música de Alberto Ginastera y John Adams.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 21 de octubre de 2022

LA TARDE MÁS DIDÁCTICA DEL FESTIVAL DE LA GUITARRA

XIII Festival de la Guitarra de Sevilla. José Luis Pastor, cuerda pulsada. Programa: Vade Mecum: Historia de la guitarra (obras del Códice de Las Huelgas y el Llivre Vermell, Martín Códax, Alfonso X, Alonso Mudarra, Luis de Narváez, Gaspar Sanz, Giuliani, Albéniz, Pastor y Vega). Klara Tomljanovic, guitarra. Programa: Obras de Bach, Falla, Albéniz, Barrios Mangoré, Piazzolla y Carretero. Espacio Turina, jueves 20 de octubre de 2022


Después de dos años sorteando todos los obstáculos imaginables debido a la pandemia, el Festival de la Guitarra de Sevilla, con Francisco Bernier a la cabeza de un equipo competente y comprometido, se encuentra dando sus últimos coletazos desde que arrancara el pasado 6 de octubre, con una noche italiana hoy viernes a cargo de Carlo Curatolo y Adriano del Sal, y cerrando mañana sábado en clave flamenca con Juan Carlos Romero y el bailaor Rafael Campallo sobre el escenario del Espacio Turina. Una propuesta del todo ecléctica que conoció ayer su jornada más didáctica, con interesantes conferencias de los celebrados compositores César Camarero, con disertaciones sobre el papel de la guitarra en la música contemporánea y su práctica por parte de los intérpretes más avezados, y Alberto Carretero, ilustrando sobre técnicas de composición e inserción de la guitarra española en el universo atonal y experimental, así como sobre su obra Phórminx con cuyo estreno habría de cerrarse tan atractiva y diversa propuesta.

La herencia de la guitarra

De sobras conocido por el público melómano sevillano, José Luis Pastor recuperó un espectáculo que estrenó aquí mismo hace un par de años, un recorrido por la historia de la cuerda pulsada desde el Medievo a nuestros días. Una excelente oportunidad para muchos de nosotros que no pudimos entonces disfrutar de tan extraordinaria propuesta. Cierto que desde entonces ha modificado parcialmente el programa, y recogido en un disco imprescindible del sello sevillano Contrastes Records, grabado nada más y nada menos que en la Gruta de las Maravillas de la localidad natal del especialista en cuerda pulsada, Aracena. Por sus manos pasaron hasta doce instrumentos, sin que se acertara a saber con cuál se sentía más cómodo y competente, ¡los domina todos!, desde la pequeña vihuela de péñola con la que hizo su aparición en el escenario, entonando con la misma dulzura y delicadeza con la que afrontó gran parte del programa un canto polifónico del Códex Huelgas, hasta la guitarra eléctrica prestada por el hermano de Juanjo Pizarro, todo un emotivo detalle tratándose de la Sala Silvio del Turina, entonando una pieza del propio Pastor dedicada a su hija, ATRAM. Entre medias la sofisticada vihuela de rueda evocando la atmósfera de Vigo al que era tan devoto Martín Códax, una alegre cítola reproduciendo una cantiga de Alfonso X, una intimísima Mariam Matrem Virginem del Llivre Vermell en la guitarra medieval, una hermosísima pavana de Alonso Mudarra a la guitarra renacentista, manteniendo siempre una claridad y una destreza sorprendentes, unas agilísimas y muy bien ornamentadas Diferencias sobre Guárdame las vacas de Narváez a la vihuela de mano y los inevitables y siempre efectivos Canarios de Gaspar Sanz para dar paso a la icónica guitarra barroca.

Después ilustró la guitarra romántica con unas delicadísimas variaciones de Mauro Giuliani sobre un tema de Hándel, una paladeada Asturias de Albéniz a la guitarra clásica, unas tarantas de cosecha propia en perfecta clave flamenca, y la versión instrumental de la canción El sitio de mi recreo del añorado Antonio Vega a la guitarra acústica, tocada con una sensibilidad extrema. Conocidas de sobra las aptitudes de Pastor en la instrumentación antigua, disfrutarlo en otras disciplinas y campos fue toda una revelación.

La mirada al futuro

La participación a continuación de la guitarrista Klara Tomljanovic sirvió de complemento natural e ideal a la lección magistral de Pastor. Comenzó con el Preludio de la Suite en sol menor BWV 995 de Bach, hay que reconocer sin mucho estilo ni suficiente claridad. Prescindir de partitura le hizo quizás sentirse más libre y dueña de su particular estilo intimista y sentimental, en el sensacional Homenaje a Le Tombeau de Debussy de Falla, una primera aproximación en la noche al lenguaje experimental y una poética y sensorial evocación del universo del compositor frente al folclore granadino. Con una preciosista digitación prosiguió precisamente con Granada de Albéniz y Una limosna por el amor de Dios de Agustín Barrios Mangoré, antes de adentrarse en el ritmo y la armonía de Piazzola con La milonga del ángel, y terminar con el esperado estreno de Phórminx, tercera de las obras del sevillano Alberto Carretero para guitarra, esta vez preparada para invocar los sonidos de la lira tartésica, así como Oud lo fue para el laúd árabe y Flow My Tears para la guitarra renacentista según Dowland. Tuvo que empeñarse a fondo la guitarrista eslovena para extraer de la caja acústica y sus cuerdas sonidos tan dispersos y atrevidos, con ayuda de una suerte de minúscula flauta de pan reversible, y punteando las cuerdas con macillos mientras los brazos se entregaban a posturas imposibles para acatar todas las órdenes de la compleja partitura, tan inquietante y repleta de inflexiones como sus obras anteriores para el instrumento. Mejor colofón para el recorrido propuesto en una tarde noche tan didáctica, imposible.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 16 de marzo de 2022

SAVALL Y DÍAZ-LATORRE, MAESTROS EN ARMONÍA

39 Femás. Del tiempo y del instante (glosados, variaciones e improvisaciones) Jordi Savall, viola da gamba. Xavier Díaz-Latorre, tiorba y guitarra. Programa: Obras de Diego Ortiz, Juan García de Céspedes, Marin Marais, Mr. de Sainte-Colombe, Robert de Visée, Antonio Martín i Coll y el Códice Trujillo del Perú. Espacio Turina, martes 15 de marzo de 2022

Hemos visto muchas veces llena la sala que ocupa el antiguo Teatro Álvarez Quintero de la calle Laraña, pero pocas tan a rebosar y con esa sensación de no caber ni un alfiler como ayer. El responsable, Jordi Savall, que vino para dar un concierto programado desde hace ya tiempo por la nueva y fructífera gestión del Espacio Turina, dentro de su actual temporada de conciertos. Pero la proximidad a la celebración de la
trigésimo novena edición del Festival de Música Antigua, propició que éste fagocitara la cita y la convirtiera en su función de arranque, si bien hasta el próximo sábado no se reanudarán los conciertos con carácter continuo. Savall vino acompañado de uno de sus muchos fieles colaboradores, el que sin duda es junto a Rolf Lislevand el mejor especialista en cuerda pulsada de su flamante regimiento, el también catalán Xavier Díaz-Latorre. Juntos ofrecieron un recital volcado hacia lo más íntimo y espiritual, patente ya desde la propia iluminación, tenue y concentrada. A Savall no lo veíamos en la ciudad desde aquella apoteósica inauguración del Año Murillo en el Maestranza, cuando acudió acompañado por dos de sus más relevantes formaciones, Hesperión XXI y La Capilla Real de Cataluña.

Como es habitual en él, el programa estuvo perfectamente diseñado, de manera didáctica y ejemplar, para repasar dos siglos de improvisación y profusa ornamentación en la música concebida para viola da gamba, en su doble vertiente soprano y bajo, que el legendario músico domina como nadie. Quintaesencia de esa teoría antigua que consideraba el timbre y la flexibilidad del instrumento como lo más próximo a la voz humana, en su interpretación más importante que la melodía simple o seca es la armonía, fundamento de estas improvisaciones cuyas pautas de interpretación sus autores y también intérpretes dejaban generalmente escritas para a partir de ahí dar vía libre a la creatividad del músico. Y eso fue precisamente lo que encontramos ayer en este primer concierto del Femás, pura creatividad de la mano de dos maestros absolutos de la interpretación de la música antigua, que han sabido dar a esta la entidad y la fuerza suficiente para que hoy tantos y tantas seguidoras la hayan convertido en la más moderna de cuantas músicas clásicas asoman.

Virtuosismo y contención

La exhibición comenzó con unas Recercadas de Diego Ortiz, defendidas desde el registro intermedio del instrumento, sin la profundidad ni el cuerpo al que nos tiene acostumbrados, pero con la consabida agilidad en la articulación que hace que sus interpretaciones sean tan brillantes, y con la rotunda complicidad de Díaz-Latorre, que parecía fundirse con él. De ahí a unas Greensleeves en las que solo desde el perfecto dominio de la armonía fuimos capaces de identificar su archiconocida melodía, y unas improvisaciones sobre los Canarios en las que Savall llevó la viola da gamba soprano al paroxismo, a su registro más agudo, casi disonante en busca del sonido onomatopéyico del pájaro. Terminaron ese bloque con una primera incursión en la música de ida y vuelta que nos hermana con Latinoamérica, una Guaracha mexicana llena de virtuosismo y ritmo contagioso. Tras unas Jácaras y Canarios del imprescindible Gaspar Sanz, que Díaz-Latorre bordó tras dedicar unos breves acordes de una pieza tradicional ucraniana a las víctimas de la guerra, Savall nos deleitó con su basse de viole con un popurrí en el que alternó con suma delicadeza y un buen gusto extremo, esas Muzettes de Marin Marais que habrá interpretado miles de veces, y otras piezas del compositor y violista francés, y después unos lamentos de Sainte-Colombe, con otro de sus clásicos, Les Pleurs, combinado con uno de los recurrentes dobles de las suites de Bach. Todo ello siempre desde una óptica en la que la concentración y la emoción estuvieron magníficamente servidas.

Una chacona de Robert de Visée sirvió para una nueva exhibición de virtuosismo del genial tiorbista, cuya claridad y acierto en acentos y colores es absolutamente proverbial. Juntos acometieron con éxito unas Diferencias sobre las Folías de Antonio Martín i Coll en las que el ritmo y la agilidad fueron protagonistas. Para entonces Savall ya hubo experimentado todo lo posible con sus violas, punteándolas como un arpa, rasgándolas con el arco como una guitarra, y frotándolas con su característico sonido aterciopelado, siempre. Para finalizar, un feliz regreso a los ritmos y estilos importados de Sudamérica, en concreto los que se encuentran en el Códice Trujillo del Perú, todo un tratado sobre costumbres y tradiciones del país en el que se encuentran también diversas melodías autóctonas. Tras el aplauso extasiado de un público entregado y respetuoso, Savall y Díaz-Latorre volvieron a demostrar que son hombres de paz y que lo suyo es regalar felicidad y belleza, y no zozobra y desesperación, ofreciendo una muy sentida y conmovedora pieza popular que en países como Ucrania sirve para dormir a los niños y niñas, y que muy generosamente entonaron en favor de la paz y el buen juicio, y en contra de la barbarie y la sinrazón criminal.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 17 de octubre de 2021

LA GUITARRA IMPRESCINDIBLE

XII Festival de la Guitarra de Sevilla. Marlène Demers-Lemay “Das perfums, la nuit”: obras de Claude Debussy, Alexandre Tansman, Georges Migot y Pierre Breville; Aniello Desiderio ”Suite española”: obras de Gaspar Sanz, Manuel M. Ponce, Manuel Castelnuovo Tedesco y Leo Brower. Espacio Turina, sábado 16 de octubre de 2021

Francisco Bernier y Marlène Demers-Lemay en el vestíbulo del Espacio Turina

Doce años lleva Francisco Bernier luchando por mantener vivo este
Festival de la Guitarra, instrumento imprescindible de nuestra cultura y tan ligado a la ciudad. Así lo han debido entender justamente nuestras instituciones a la hora de apoyar la ingente labor del artista y empresario sevillano y hacer realidad estos años en los que conciertos y concursos se han dado la mano mientras el certamen continúa en parte funcionando como plataforma de lanzamiento de los registros que el propio Bernier va atesorando gracias a su sello discográfico Contrastes Records. Apoyo por lo tanto doble, al festival en sí y a una empresa que lejos de constituir un vellocino de oro se alza como vehículo imprescindible para la proyección y preservación de nuestro instrumento rey en todo el Mundo.

La presente edición, que sus responsables han dedicado al recientemente fallecido Antón García Abril, pero no cabe duda que también dedicarán en sus corazones a Luis de Pablo, fallecido cuando el festival ya estaba en marcha, e invitado de honor en una de sus primeras ediciones, comenzó oficialmente el pasado fin de semana, y entró este en su ecuador, con dos importantes artistas internacionales protagonizando la cita del sábado. Un día muy ajetreado en la ciudad, por la recuperación de algo tan querido entre nuestros conciudadanos como es ver procesionar al Gran Poder, lo que quizás propició un escaso aforo en el Espacio Turina, especialmente en el concierto de la canadiense Marlène Demers-Lemay, que acabó siendo un encuentro intimista entre ella y la veintena de personas que nos acercamos a escucharla. Algo más de suerte tuvo el italiano Aniello Desiderio, quizás porque su hora de arranque era ya más amable para nuestra costumbre. De cualquier forma sigue sorprendiéndonos que en una ciudad con dos conservatorios al menos importantes y la ya larga proliferación de artistas y grupos locales que se ha producido en las últimas décadas, todavía haya citas tan difíciles de superar.

Fragancias a media luz

La propuesta de Marlène Demers-Lemay, formada en Ottawa y con escala importante también en nuestra Pablo de Olavide, giró en torno a la figura de Andrés Segovia y su presencia en París allá por 1924, que tanto entusiasmo suscitó entre compositores en su mayoría profesores de la Schola Cantorum, y que tantas obras le dedicaron. El mismo recorrido que protagoniza su disco bajo Contrates Records, grabado hace casi tres años y titulado significativamente Des perfums, la nuit, algo así como Los perfumes de la noche. Y fragancias fue ciertamente lo que ofreció esta entregada guitarrista, que ilustró además en perfecto castellano las piezas interpretadas y su relación con el maestro de Linares. Así, a una Elegía original para piano y adaptada por la propia Demers-Lemay, de acordes muy breves y espaciados, siguió una Cavatina en cuatro movimientos del compositor polaco afincado en Francia Alexander Tansman, quien compuso varias obras para Segovia, entre ellas esta y también unas interesantes Variaciones sobre un tema de Scriabin. La Cavatina la acometió con mucha delicadeza y una pulsación precisa y limpia, igual que en la pieza del polifacético Georges Migot Pour un hommage à Claude Debussy, de líneas claras y concisas y esa estética relajante que caracterizó la aportación de la canadiense. Una Fantasía de Pierre de Breville, con más color y cambios de registro, coronó su breve intervención, condicionada por exigencias de horario.

Algo distinta fue la actuación del muy reconocido y galardonado artista napolitano Aniello Desiderio, que bajo el epígrafe de Suite española desgranó piezas de reconocible sabor latino, que arrancó precisamente con la pieza de igual título del imprescindible Gaspar Sanz, padre de la guitarra moderna y autor de ineludibles tratados sobre la materia. Desiderio deslizó sus dedos con agilidad e ímpetu hasta alcanzar unos Canarios de tempi muy rápidos en los que llegó a acusar alguna que otra imprecisión y enmarañamiento. No obstante acertó en estilo y espíritu, lo que se acusó también en la larga e imaginativa Diferencias y fuga sobre la Folía de España, una pieza del mexicano Manuel M. Ponce, autor en tránsito entre el XX y el XX que fue considerado en su época padre del nacionalismo musical mexicano. Cabe considerar la interpretación de Desiderio en esta pieza como un dechado de agilidad y de creatividad, sin embargo se le notó algo incómodo, lo que afectó a un resultado que no sobrepasó los límites de la mera corrección, algo que también atisbamos en Escarraman, obra de otro imprescindible, Manuel Castelnuovo Tedesco, de quien solo interpretó el cuarto y fugaz movimiento. Más libre y desenfadado se desenvolvió con El arpa y la sombra, una pieza que el cubano tan querido en Córdoba Leo Brower compuso como signo de admiración a Toru Takemitsu y que rezuma ese aire entre épico y misterioso de la música del genio japonés. Con él llamaron la atención especialmente esos acordes a dos manos sobre el mástil de la guitarra. En próximas convocatorias el aficionado podrá disfrutar de los portugueses Hugo Gamboias y Diogo Passos en el Pabellón de Portugal, y un fin de semana dedicado a la guitarra flamenca, con Daniel Casares y Juan Requena acompañando a la voz de José Valencia.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 16 de septiembre de 2021

CRISTINA BAYÓN AMPLÍA REPERTORIO Y REGISTRO

XXII Noches en los Jardines del Real Alcázar. Cristina Bayón, canto. Jesús Pineda, guitarra. Programa: Canciones de Isabella Colbrán, María Malibrán, Pauline Duchambge, Fanny Mendelssohn, Clara Schumann y Pauline Viardot. Miércoles 15 de septiembre de 2021

Foto: Actidea

No se puede negar que, como tantas veces ha hecho con otras efemérides, estas Noches del Alcázar han apostado fuerte por celebrar el doscientos aniversario de Pauline Viardot, hija de Manuel García, orgullo de la ciudad de Sevilla por su relevancia como tenor admirado y mimado por Rossini y por ser un prolífico compositor de canciones y óperas. García ejerció una fuerte presión sobre sus hijas, siempre decidido a convertir sus indudables talentos en vehículo para la excelencia. Gracias a ello seguramente hoy podemos hablar de una de las cantantes y compositoras que más puertas abrieron a la intervención de la mujer en el panorama musical. La propuesta de la soprano sevillana Cristina Bayón, acompañada a la guitarra por el canario Jesús Pineda, nos llevó a los salones principalmente de París, a aquellas veladas musicales o soirées donde se reunían artistas de toda índole y se hacían eco de las vanguardias literarias, musicales y de otras disciplinas. Raramente requeridas en salas de concierto, no digamos en casas editoriales, las mujeres más arriesgadas e influyentes encontraban en esos salones burgueses la ocasión para ejercer de anfitrionas y dar a conocer allí, en la intimidad que ofrece el ámbito privado, su trabajo y el de sus compañeras de fatigas. Ese fue el ambiente elegido por Bayón para entonar un buen ramillete de canciones tanto de Viardot como de otras mujeres que tuvieron relación con ella.

Bayón ha ido ganando fuerza y expresividad desde que tuvimos oportunidad de escucharla por primera vez hace ya un buen puñado de años. Centrada en el repertorio antiguo y fundamentalmente barroco, su voz todavía hace acopio de recursos ornamentales y estilos interpretativos propios de esa época que le ha dado triunfos tan sonados como el que disfrutó en Jerez hace unos años con un Dido y Eneas celebrado en los Claustros de Santo Domingo. En los últimos años se ha embarcado en algo tan sano y conveniente como la ampliación de repertorios, con aquel recital en La Casa de los Pianistas justo antes de la pandemia, centrado en el matrimonio Schumann, como principal punto de inflexión. Sin embargo su legado le conmina a enfrentarse a estos cantos románticos con vicios adquiridos de su etapa más longeva y fructífera, advirtiéndose ornamentaciones y figuras retóricas a menudo inapropiadas para el repertorio ahora elegido, lo que unido a un exceso de temperamento más propio de un escenario operístico que de una estancia doméstica, afectó en cierto sentido a este recorrido por algunas de las más insignes compositoras del siglo XIX. En otro apartado sería injusto no destacar que su voz ha ganado en quilates, que posee un brillo rutilante, ha ampliado su extensión, aunque sin llegar a esa mítica tesitura de soprano sfogato de tan amplio registro que poseyeron algunas de las homenajeadas, Colbrán y Malibrán en concreto, y sobre todo consigue algo fundamental para considerarse una buena artista, su capacidad para captar toda la atención del oyente.

Con estos más y menos, una voz que ha ganado en la zona aguda y proyecta con holgura, enjaulada en un estilo adquirido de su trayectoria como cantante barroca y un exceso temperamental algo apartado de la gracia y sutileza de las canciones de salón, nos adentramos en un repertorio cargado de preciosas canciones que Jesús Pineda adaptó a la guitarra del original fortepiano. Mujeres valientes que representan un referente no solo en la música, obviadas y en muchos casos vilipendiadas, sino en cualquier ámbito social e incluso político, pues era en ese ambiente doméstico donde se sentían más libres para opinar, debatir y mirarse de igual a igual a los hombres, sembrando la semilla que habría de cristalizar en los avances hoy obtenidos y los muchos que todavía están por llegar. Aunque a veces modificaba el tono a su antojo para salvar escollos, así como su compañero se vio en algún momento enmarañado, sobre todo porque la abundante humedad imperante le obligó a afinar constantemente, Bayón defendió con una exquisita ternura páginas como Benché ti sia crudel de Colbrán, soprano madrileña que fue musa y esposa de Rossini e introdujo a los García en la sociedad parisina, La voix qui dit je t’aime de Malibrán, hermana de Viardot y auténtico fenómeno en su época, o Schwanenlied de Fanny Mendelssohn, asidua a las veladas musicales que la homenajeada celebraba también en Baden Baden. Se atrevió con otras más alegres y desinhibidas, como ese Le retour de la Tyrolinne, también de Malibrán, que cantó con mucha gracia y desparpajo, o el alegato a favor de la frivolidad femenina que supone Le bouquet de bal que a ritmo de vals compuso Pauline Duchambge, especialista en romances y muy admirada por personalidades de la talla de Victor Hugo o Eugéne Scribe. En el bloque dedicado a Viardot incluyó dos canciones de carácter español, evidenciando el exotismo con el que en Europa se abordaba todo lo relacionado con nuestro país. La cada vez más popular Les filles de Cadix cerró este particular recorrido, con Pineda acariciando cada nota proyectada por Bayón, acompañándola con mimo y respeto y algún destello de virtuosismo, especialmente cuando como propina ofrecieron el Polo de Falla muy en estilo.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 1 de agosto de 2021

GALIANA Y FERNÁNDEZ, BELLEZA EN ESTADO PURO

XXII Noches en los Jardines del Real Alcázar. Manuel Galiana, actor. Guillermo Fernández, guitarra. Programa: La copla, Y sin embargo te quiero (selección de poemas de Rafael de León y coplas de Quintero, León y Quiroga, Juan Mostazo, Carlos Cano y Guillermo Fernández). Sábado 31 de julio de 2021


La copla no se entiende sin la valiosísima aportación que hicieron el madrileño Manuel López-Quiroga, el jerezano Antonio Quintero y el sevillano Rafael de León. Perteneciente por derecho propio a la Generación del 27, luchó denostadamente por ser reconocido como poeta tanto como lo fue como letrista de canciones que como Ojos verdes, Tatuaje, La zarzamora, María de la O, A tu vera, A la lima y al limón o Pena, penita, pena, forman parte de la cultura popular con mayúsculas de nuestro país. Nació en Sevilla y aquí regresó un emocionado Manuel Galiana para rendirle el homenaje que merece, después de que inaugurara la edición del año pasado con un
recital dedicado a Bécquer en el año del ciento cincuenta aniversario de su muerte. Estuvo entonces acompañado de Sira Hernández evocando al piano a otro gran romántico como fue Chopin, y viene ahora con la complicidad del joven Guillermo Fernández a la guitarra. El resultado fue tan gozoso como emotivo y sentimental. En sus gestos pudimos comprobar cómo el maestro admira al guitarrista tanto como este respeta al veterano actor.

Después de tantos éxitos sobre las tablas, llenando teatros en Madrid y toda la geografía española, y de formar parte del recuerdo de varias generaciones que le conocieron a través de las novelas y series de Televisión Española, llega un momento en el que si no quieres que el gusanillo te corroa por dentro no queda más remedio que reinventarse, y Galiana ha encontrado la fórmula con unos espectáculos amenos e intelectuales en los que la música se da la mano con la palabra hablada y de paso, haciendo gala de una inmensa generosidad, se ofrece la alternativa a artistas que como el almeriense Guillermo Fernández tanto la merece. ¡Qué bueno eres! le espetó el maestro al guitarrista repetidas veces y con una sinceridad a prueba de bombas. Y no es para menos, en su guitarra disfrutamos de unas preciosas versiones de piezas tan emblemáticas como A ciegas (imposible olvidar el exquisito arreglo que compuso Alberto Iglesias para que la cantara Miguel Poveda en la banda sonora de Los abrazos rotos de Almodóvar), La bien pagá de Juan Mostazo (única excepción al repertorio del trío Quintero, León y Quiroga, junto a las Habaneras de Cádiz de Carlos Cano) o ese Y sin embargo te quiero que da nombre a la función, para terminar el programa oficial con un sentido homenaje a María Jesús Valdés, la gran actriz que tantas veces acompañó a Galiana en el escenario y que nos dejó hace diez años, en forma de elegía compuesta un poco en estilo Tárrega por el propio guitarrista, que por cierto fue también el responsable de la versión que suena en Vivir es fácil con los ojos cerrados del Strawberry Fields Forever de Beatles.

Galiana dio toda una lección de sensibilidad entonando los poemas de amor y desamor, los encuentros fortuitos y no tanto por las calles de Sevilla del enamorado y su objeto del cariño y el deseo, que escribió Rafael de León al margen de sus letras cancioneras. Ahí residió gran parte de la originalidad del evento, ilustrar estas hermosas palabras tan bellamente combinadas con músicas a las que él mismo puso letra, pero otra. Una selección de poemas urdida por el propio actor y su gran amigo, el gestor cultural también almeriense Manuel Carmona. Galiana no se conformó con recitar ni siquiera declamar, para lo que sigue poseyendo una envidiable voz y una prodigiosa y transparente vocalización, sino que las interpretó, unas veces con tanta ternura como compasión, otras con rabia y desgarradora pasión, como ese Réquiem a Federico García Lorca, compañero de generación, al que Fernández acompañó convirtiendo puntualmente su guitarra en estremecedor instrumento de percusión. Toda una lección de historia y memoria para quienes reivindican de nuevo el fascismo como único y legítimo salvador de la patria. Con una versión de A mi manera más cerca de Siempre Así que de Sinatra terminó este singular recital que nos puso literalmente la piel de gallina y empapó nuestros ojos de emocionadas lágrimas… En fin, después de tanta belleza en estado puro uno también quiere ejercer de poeta.

Foto: Actidea
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miércoles, 7 de octubre de 2020

LA GUITARRA PROTAGONIZA UN OCTUBRE MUSICAL ATÍPICO

Alí Arango
Nada, ni el covid19, ha impedido a Francisco Bernier poner en pie la décimo primera edición de un festival que su aplomo, la compañía discográfica que dirige, Contrastes Records, y el apoyo de diversas instituciones locales, autonómicas y estatales, ha consolidado ya en la agenda cultural de la ciudad. Mañana 8 de octubre, y hasta al próximo día 24, se celebrará esta edición que lleva por título Música para sanar, con la que su director quiere dar su especial agradecimiento a todos los sanitarios de España, cuya extraordinaria labor y humanidad durante la pandemia ha resultado fundamental para salvar muchas vidas de personas contagiadas con el covid19. Un gesto que sin duda honra a él a y todo su equipo, que ha logrado organizar hasta once conciertos presenciales, además de las habituales actividades académicas que pueden consultar en la página web oficial.

Dadas las circunstancias, este año se prescindirá de los concursos internacionales de guitarra flamenca, que tendría que celebrar su quinta edición, y guitarra clásica, que acompaña al festival desde su creación. Ambos certámenes se han convertido en cita ineludible para instrumentistas noveles de todo el mundo que desean ampliar su currículo con una distinción de la categoría que ofrece recibirse en una ciudad tan emblemática para la guitarra española como Sevilla. Pero los ganadores de la edición anterior sí tendrán la oportunidad de celebrar sus respectivos conciertos en el seno del festival. Así, el sevillano Francisco Moncayo, natural de Morón de la Frontera, homenajeará a su mentor Paco del Gastor en el concierto de arranque del festival, el viernes 9 en el Espacio Turina, mientras el día siguiente el italiano Carlo Curatolo se enfrentará a páginas de indispensables del instrumento como Albéniz, Castelnuovo-Tedesco y Scarlatti.

Maestros de la cuerda pulsada

Pedro Jóia
El primer encuentro con guitarristas consagrados tendrá lugar el domingo 11 con el estadounidense de origen polaco Paul Cesarczyk, siempre comprometido con la música contemporánea y sensible con los países en vía de desarrollo donde ejerce una actividad educativa impagable, y el especialista onubense en cuerda pulsada medieval José Luis Pastor, un habitual de la escena hispalense, solo o junto a su conjunto Axabeba, que nos invitará a un suculento viaje por la historia del instrumento.

Los conciertos se reanudarán el viernes 16 de octubre, con otro doble programa protagonizado por el italiano Domenico Mottola, ganador del Concurso Internacional Francisco Tárrega de Benicassim, uno de los más prestigiosos de guitarra del mundo, con obras precisamente de Tárrega y de Llobet, y el cubano Alí Arango, que como tantos otros fue alumno de Leo Brouwer, quien tan grato sabor dejó en su período como director de la Orquesta de Córdoba hace ya algunas décadas. Arango ofrecerá uno de los programas más curiosos del festival, un encuentro imaginario entre Tárrega y Mangoré con Chopin en La Habana. Al día siguiente el Cuarteto de Guitarras de Andalucía, que el año pasado se encargó de inaugurar la décima edición en el Auditorio de la Cartuja, dedicará su propuesta a maestros clásicos de la guitarra como Falla, Albéniz y Lecuona, mientras dos de sus integrantes, el director artístico del festival y Antonio Duro, que como Sevilla Guitar Duo han paseado su arte por distintas plazas, además de ser habituales de nuestra agenda, juntos o por separado, ofrecerán ese mismo día un particular homenaje a la Giralda.

Un año más el Pabellón de Portugal del 29 se sumará al Espacio Turina para prestar sus salones al guitarrista Pedro Jóia, que presentará su último disco bajo el sello de Bernier, un homenaje al cantautor portugués José Alonso, todo un símbolo de la Revolución de los Claveles. Eso será el jueves 22, mientras los dos últimos días, viernes 23 y sábado 24, estarán dedicados a la guitarra flamenca, con el jerezano Diego del Morao repasando la historia de los maestros y estilos flamencos, y el barcelonés Canito acompañando al cantaor Jesús Méndez, que presentará su tercer disco Voz del Alba. Todos estos conciertos se podrán disfrutar en el Espacio Turina, que inaugura así una temporada marcada por el virus, las medidas imprescindibles de seguridad y una extensa programación que incluye el tradicional Otoño Barroco para quienes extrañen el Femás, sus habituales propuestas jazzísticas y la presencia de la Orquesta Barroca de Sevilla, Xavier Sabata o Ruth Rosique entre otros y otras artistas.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 18 de febrero de 2020

JÓVENES GUITARRISTAS CON BUENA CALIGRAFÍA

Joven Orquesta de Guitarras de Juventudes Musicales de Sevilla. María Esther Guzmán, dirección artística. Programa: Canarios, de Sanz; Concierto Op. 6 nº 4, de Händel; Concierto de Brandemburgo nº 3, de Bach; Américas, de Ruiz-Pipó; Hamsa, de Dyens; Invierno porteño, de Piazzolla; Carmen Suite, de Bizet. Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, lunes 17 de febrero de 2020

La joven orquesta frente a su sede en
el Pabellón de Juventudes Musicales del
Parque Mª Luisa
Como tantos otros proyectos de índole académica, damos la bienvenida sin reparos a esta joven orquesta que se suma a muchas otras iniciativas similares en torno al instrumento español por antonomasia, que se extienden no solo por nuestro país sino por todo el mundo. La incontestable solvencia y virtud musical de María Esther Guzmán es el aval indispensable para que un conjunto así llegue a buen puerto; que Juventudes Musicales fijaran en este proyecto su atención e interés no es sino una manifestación de su responsabilidad como ente dedicado a la promoción de jóvenes talentos, en esta ocasión doce que se renuevan constantemente, siguiendo las directrices propias de una formación creada para dar cobertura práctica a quienes están cursando los últimos años de conservatorio.

Desde su debut en octubre de 2018 en la Sala Chicarreros, la Joven Orquesta de Guitarras de Juventudes Musicales ha participado en conciertos y eventos por toda la provincia, muy especialmente de contenido social, exigiendo de cada uno y una de sus integrantes un esfuerzo considerable que se traduce en ensayos continuos en períodos de descanso académico, tanto de su artífice, Mª Esther Guzmán, como de su alumnado. Todo ello exige un arduo trabajo en responsabilidad y disciplina que da buenos resultados no solo en el ámbito estrictamente musical sino también en otros como la superación de la timidez propia de la edad y, sobre todo, el trabajo en equipo. Para su esperado debut en el Teatro de la Maestranza, la joven orquesta contó con el calor del público, que abarrotó la Sala Manuel García hasta el punto de tener que ser sensiblemente ampliado su aforo.

Originales y transcripciones

Detalle del concierto de presentación en la Sala Chicarreros en octubre de 2018
La propia Guzmán fue la encargada de transcribir gran parte de las obras que se interpretaron en el ecléctico programa, todo un trabajo de amor y dedicación que obtuvo interesantes resultados en obras como el Concierto Grosso nº 4 del Op. 6 de Haendel, que sonó ligeramente vivaldiano, y el Concierto de Brandemburgo nº 3 de Bach, con la excelente guitarrista asumiendo esas breves y misteriosas notas del adagio central que sirven de nexo entre sus vitalistas allegros inicial y final. Lástima que entre movimientos necesitasen tanto tiempo de preparación en silencio que rompía el ritmo interno de las piezas, y que en general tantas voces por parte no se tradujesen en una mayor ampulosidad sonora. Así las cosas, la interpretación fue satisfactoria fundamentalmente en términos de coordinación y precisión, salvo algún desajuste puntual sin importancia, pero no en cuanto a expresividad y cuerpo, en todo momento más proclive a la delicadeza e incluso la languidez, con una gama dinámica bastante limitada. Por esos derroteros se desenvolvió también un preciosista Canarios del padre de nuestra guitarra, Gaspar Sanz.

En la segunda parte tuvieron más protagonismo las piezas escritas directamente para el instrumento, como Américas del pianista granadino Antonio Ruiz-Pipó, una sucesión de ritmos del nuevo continente en el que se echó en falta un mayor contraste de humor y color, mientras se atinó en sus juegos de percusión (palmas, chasqueos) y sus ligeras disonancias, siempre desde una estética demasiado contenida. Igual sucedió con dos de los movimientos de Hamsa, una pieza escrita por el guitarrista francés Roland Dyens que describe distintos paisajes sonoros, desde una amable serenata en Sol Lassitude a un sensual ritmo arábigo en Tunis, Tunisie. De Piazzolla ofrecieron el Invierno de sus Cuatro estaciones porteñas, siempre con una contención muy calculada, y ya en las propinas el célebre Libertango con algo más de brío. Cuatro números de Carmen de Bizet, en los que también se echó en falta más dinamismo, cerraron el recital antes de ofrecer como propina la Danza del fuego de Falla. Naturalmente queda trabajo por hacer, sobre todo en expresividad y cuerpo, pero como siempre decimos en estos casos, bienvenidos sean estos proyectos en los que la educación, la disciplina y el trabajo en equipo son tan importantes.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 4 de octubre de 2019

LISBOA COLORS: REGRESO A LA CIUDAD BLANCA

X Festival de la Guitarra de Sevilla. Teresa Macedo, voz. QGLx (Lisboa Guitar Quartet): Miguel Vieira da Silva, Pedro Luis, André M. Santos y José Dias. Programa: Colores de Lisboa. Espacio Turina, jueves 3 de octubre de 2019

Lisboa Colors en el Espacio Turina de Sevilla
Esta edición del Festival de la Guitarra de Sevilla esté teniendo un especial aroma portugués, como pudimos apreciar el pasado lunes en el Consulado de ese país de la mano de Andrew Zohn, en un concierto en el que el excelente guitarrista norteamericano interpretó piezas de fuerte calado luso aunque fuera en su vertiente brasileña, pero nadie puede negar el estilo del país vecino en los temas de Dilermando Reis. Y ahora con la visita del Cuarteto de Guitarras de Lisboa y la voz invitada de la joven Teresa Macedo, un quinteto de la generación nacida en los ochenta que nos sumió en un placentero viaje por calles, plazas y demás evocadores lugares de la Ciudad Blanca. La gente de Sevilla sabe bien conectar con esta ciudad que tiene tan al alcance, y que al igual que el vecino Algarve, ha hecho tantas veces nuestras delicias. Por eso cada viaje a Lisboa se convierte en un regreso a la ciudad, su ritmo y sus gentes.

Teresa Macedo
La música del país vecino es una vieja conocida nuestra, pero solo de vez en cuando asoma en modo popular y consumista. Ocurría en los cincuenta del pasado siglo cuando el arte de Amália Rodrigues no podía pasar desapercibido, o más recientemente cuando Madredeus se convertía en banda sonora de Wim Wenders o Dulce Pontes sonaba en La verdad tiene dos caras; el cine y su ámbito de influencia. O cuando Misia revolucionaba el fado como aquí lo hacía Pasión Vega con la copla. Francisco Bernier, que ha sido profesor de algunos de los miembros de este cuarteto portugués, ha confiado en ellos para lanzar su nuevo registro a través de su sello Contrastes Records, y el resultado es una delicia en toda regla, presidida por la voz delicada y cálida, además de convenientemente educada, de Teresa Macedo, una estrella de la canción y el cine en su país, capaz de versionar clásicos de la música pop en un perfecto inglés y de adaptarse a diversos estilos sin traicionar el suyo propio, manteniendo unas señas de identidad en su canto elegante, casi susurrado, templado y dulce.

De izquierda a derecha: André M. Santos,
Pedro Luis, Miguel Vieira da Silva y José Dias

Con un acompañamiento inmejorable en las voces pulsadas de las cuatro guitarras, magníficamente fusionadas y combinadas, haciendo gala de un dominio perfecto del lenguaje y la comunicación, con diálogos fluidos y elocuentes, los cuatro guitarristas nos mecieron en sus plácidas aguas, y crearon la atmósfera perfecta para hacer realidad ese viaje y ese sueño en otra de las ciudades eternas que pueblan nuestra geografía, desgranando temas del disco compuestos por ellos mismos, como ese Prisma que abrió placenteramente el concierto, o el Cor de Lisboa que le da título, y otros de compositores tan afamados como José Afonso o Fausto Bordalo, de quien interpretaron Porque me olhas assim, de inconfundible sabor a fado. Contaron en ocasiones con las vocalizaciones en estilo sopranista de Macedo, y otras trabajaron a fondo en armonía y contrapunto con piezas como esas Variaciones en Mi menor que cerraron el encuentro antes de la consabida propina, o unas espléndidas fantasías en torno a The Doors, U2 y The Beatles en las que pudimos identificar temas como Welcome to the Other Side, This Is the End, Light My Fire, el arranque de With or Without You o las inmortales Yesterday, Get Back y la tan apropiada para la ocasión While My Guitar Gently Weeps. Pero hasta con estos clásicos del pop consiguieron sumergirnos en una ciudad de la que no queremos salir pero estamos deseando regresar. Añadiremos además la exquisita educación que exhibieron y la cortesía que tuvieron dirigiéndose al público, menos numeroso de lo deseable, en castellano. Mucho que aprender de nuestros vecinos portugueses.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 1 de octubre de 2019

ANDREW ZOHN, MELANCÓLICO Y AGREDIDO

X Festival de la Guitarra de Sevilla. Andrew Zohn, guitarra. Programa: Obras de Federico Mompou, Joaquín Rodrigo, Héctor Ayala, Dilermando Reis, Radamés Gnattali, Blind Faith, Elton John, Roberta Flack y Grateful Dead. Consulado de Portugal, lunes 30 de septiembre de 2019

Artista reconocido de la guitarra, compositor y muy estimado profesor en la Universidad Estatal de Columbus en Georgia, donde imparte sus clases magistrales y prepara a futuros virtuosos de la guitarra clásica, Andrew Zohn vino a Sevilla para presentar el disco que acaba de publicar en el sello Contrastes Records. Nos aventuramos a pensar que estaría en un principio encantado de tocar en un espacio tan majestuoso y versallesco como el Salón de Celebraciones del Consulado de Portugal, antiguo pabellón de la Exposición del 29, pero que poco a poco ese estímulo vendría sustituido por el malestar que a buen seguro debió generarle el mal comportamiento del público asistente. Mucho nos tememos que se debió a la gratuidad, lo que hace que se valore menos el evento, y la falta de interés de mucha de la gente que se atreve a venir a estos espectáculos. Chirridos provocados por zapatos inquietos en el suelo de madera, murmullos, ruido incesante de sillas, levantadas, paseos por la sala y hasta seis o siete móviles, entre muchas otras impertinencias, agredieron vilmente el trabajo del artista y el esfuerzo de concentración del oyente.

El público, tristemente también protagonista de este concierto
Con esta saturación de gérmenes y agresiones fue sinceramente difícil concentrarse en la delicada propuesta del guitarrista estadounidense, lo que dice todavía más de su profesionalidad y capacidad de aguante. Haciendo gala de esas cualidades, Zohn empezó su discurso musical rindiendo pleitesía al país anfitrión, tocando de seguido la delicada Angélica de Mompou, que deslizó con amplio sentido del color y la melancolía, y una breve sonata de Rodrigo de la que destacamos su vibrante rasgueado en el bolero final. Tras unas casi ininteligibles y muy breves explicaciones sobre la distinta tesitura y el registro afín a cada estética propuesta, la española, la latina o la jazzística, se embarcó en un par de carismáticas piezas del folclorista argentino Héctor Ayala, siempre desde un fraseo limpio y elegante y una sutileza en la pulsación y el punteado que funcionó bien como arma de relajación pero se quedó corto en expresividad. Lo mejor llegó después, con un bloque dedicado al legendario profesor, compositor y guitarrista brasileño Dilermando Reis, eje central del registro Eterna Saudade que ha grabado en el sello de Francisco Bernier. Con él impregnó la velada de calidez y delicadeza, recorriendo con sus dedos todo un repertorio de amables sensaciones, muy especialmente en piezas como la que da título al disco o Uma valsa e dois amores.

El sabor brasileño continuó, ya al más identificable ritmo de samba, con dos tocatas de Radamés Gnattali, donde volvimos a apreciar cómo la proverbial sutileza del guitarrista malogra parcialmente las posibilidades raciales y viscerales que algunas de estas piezas demandan. El último bloque del programa estuvo centrado en un puñado de canciones pop, desde Can’t Find My Way Home de Blind Faith a Truckin’ de Grateful Dead, interpretadas con un inequívoco sabor folk americano, pasando por la movida Benny and the Jets de Elton John, más identificable por el ritmo que por la melodía, y la preciosa The First Time Ever I Saw Your Face que Roberta Flack popularizó en la primera película que dirigió Clint Eastwood, Escalofrío en la noche, y que Zohn desgranó con dulzura pero escasa emotividad. A pesar de la falta de respeto que se le prestó, tuvo la generosidad de tocar una propina sin hacerse de rogar.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía