sábado, 26 de septiembre de 2026

LA BOLA NEGRA Fresco ambicioso de un país siempre dividido

España-Francia 2026 158 min.
Dirección
Los Javis (Javier Calvo y Javier Ambrossi) Guion Los Javis y Alberto Conejero, según su obra “La piedra oscura” basada en una idea de Federico García Lorca Fotografía Gris Jordana Música Raül Fernández Miró Intérpretes Guitarricadelafuente, Miguel Bernardeau, Carlos González, Milo Quifes, Penélope Cruz, Glenn Close, Lola Dueñas, Antonio de la Torre, Albert Plá, Hugo Welzel, Antonio Dechent, Yenesi, Julio Torres, Natalia de Molina, Mona Martínez, Alberto Cortés, María Morales, Gio Torino, Francesco Migliori, Nuria Mencía Estreno en el Festival de Cannes 21 mayo 2026; en España 25 septiembre 2026

Hay películas a las que es imposible acercarse sin prejuicio alguno y sin haber sufrido tanta intoxicación previa que nos impida ser completamente objetivos y sinceros con lo que hemos visto y oído. Surge casi inevitablemente la decepción, sin que apenas logremos librarnos de ella salvo con una revisión o el imprescindible paso del tiempo. Habría que haber participado de su puesta de largo y esos veinte minutos históricos de ovación en Cannes para vivir esta película-acontecimiento con absoluta libertad de juicio. Desde entonces los elogios y los premios han sido tantos como vaticinios sobre los siempre codiciados aunque devaluados Oscar, a pesar de que una vez más se escapó la Palma de Oro y otros festivales sólo se han atrevido a premiarla con la bendición del público. Algo parecido a lo que le ocurrió el año pasado a Sirat, hasta que llegó Los domingos para poner fin a sus sueños de gloria. La historia se repite, con El Deseo, la productora de Almodóvar, otra vez liándola gorda. Pero esta vez la gesta ha sido épica, nunca antes una película española, y posiblemente de cualquier otro país, había logrado en nuestro país no sólo estrenarse en más de doscientas cincuenta cines, la mayoría duplicando, triplicando o incluso cuatriplicando salas y horarios el día del estreno, y con tanto vendido de antemano que se hacía misión imposible lograr una localidad decente para enfrentarse a lo que se considera ya la película del año.

Noventa años después del asesinato de Federico García Lorca a manos de las fuerzas golpistas franquistas, hecho execrable donde los haya y que pone muy de manifiesta la hoy tan por muchos venerada crueldad fascista, Los Javis lo recuerdan con una obra mastodóntica y definitiva. Lo hacen a partir de dos fuentes literarias, las escasas páginas conservadas de una obra póstuma del poeta granadino protagonizada por un alter ego decidido a reconocerse a sí mismo y confirmar su homosexualidad, y la obra de Alberto Conejero estrenada en 2015 y reconocida con cinco premios Max, en la que fantasea con este episodio conectándolo con la relación que surge entre un apuesto preso republicano, personaje real que fue última pareja de Lorca, Rafael Rodríguez Rapún, y su vigilante, un supuesto fascista traicionado por las fuerzas aéreas de Mussolini en un episodio que recuerda al Guernica de Picasso, estampida equina incluida. Unos trabajos muy depurados de Miguel Bernardeau, sobresaliente en La fiera y Querer, y el mejor debut de un actor en mucho tiempo, el cantautor Álvaro Lafuente Calvo, más conocido como Guitearricadelafuente. Los Javis aportan un tercer eje, en forma de hombre homosexual con pareja que vive con normalidad su condición en Madrid, como venimos haciéndolo muchos desde hace ya tiempo, sin que la crueldad ni la inmerecida vergüenza haya hecho mella en nosotros, gracias a la salvaguarda de un Estado humano, sensible y coherente con las demendas de una sociedad sana y justa.

Una estructura y una narrativa, en forma y fondo, que mucho nos recuerda a la fascinante Las horas de Stephen Daldry, también repartida en tres historias, con una escritora, Virginia Woolf, reprimiendo sus sentimientos, una ama de casa luchando por ser sincera consigo misma, y con las mismas consecuencias maternofiliales que se apuntan aquí, y una moderna señora Dalloway viviendo su condición con libertad y felicidad, mientras intenta poner orden en el pasado. Todo encaja, sin quitarle méritos a una producción expansiva y holgada, plagada de buenos momentos como el baile flamenco en el café granadino, ingrediente indispensable de la iconografía lorquiana, como también lo es la excelente actuación de Penélope Cruz como diva cabaretera, otro exponente del imaginario homosexual y lorquiano. Merece destacarse también la magia de la nieve, donde convergen la vergüenza y la desesperación de las desheredadas y los marginados, quienes sufren y han sufrido por su decisión de vivir el amor y el deseo con libertad y consecuencia. Se trata de otro de esos momentos con los que Los Javis parecen querer emular la poética lorquiana, quizás con más ambición que verdadero acierto, aunque no por quedarse cortos resultan menos emotivos.

Para que todo no sean parabienes, a La bola negra quizás le cuesta emprender vuelo, pero que cuando lo hace, engancha y enamora, aunque quizás lo hubiera hecho todavía más si hubiésemos tenido el privilegio de adentrarnos en ella sin tanta intoxicación mediática. Glenn Close representa otro bastión en toda esta iconografía de nuestro siglo XX, cual Ian Gibson femenino que nos conoce mejor que nosotros mismos. Si no fuera por esa manía de hacer que los extranjeros dominen a la perfección la gramática española pero con un acento imposible, su participación habría resultado antológica. Mención especial merecen también la música, rabiosa y expresiva, de Raül Fernández Miró, más conocido como Raül Refree, y la oportuna y atrevida inclusión de fantasías militares homoeróticas para redondear todo ese misticismo gay que todavía resulta tan necesario reivindicar, por encima de otras consignas que sólo buscan la infelicidad y el trauma del semejante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario