Mostrando entradas con la etiqueta CICUS. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta CICUS. Mostrar todas las entradas

sábado, 21 de octubre de 2023

GIUSEPPE MENUTTI EXPLORA LA GUITARRA INFINITA DE SÁNCHEZ-VERDÚ

14º Festival de la Guitarra de Sevilla. Ochra, música para guitarra de José María Sánchez Verdú. Giuseppe Menutti, guitarra. Programa: Tres caprichos, Cuaderno de Friedenau y Ochra. Auditorio del CICUS, viernes 20 de octubre de 2023

Francisco Bernier, Giuseppe Menutti y José Mª Sánchez-Verdú en el Patio del CICUS

En la recta final de su
décimo cuarta edición, el Festival que dirige y organiza el guitarrista sevillano Francisco Bernier, celebró ayer tarde una de esas citas que dan sentido a un certamen de estas características, la presentación acompañada de un mini concierto de un disco de reciente aparición bajo el sello Contrastes. Se trata de Ochra, un trabajo en el que el joven guitarrista siciliano con formación parcialmente sevillana, Giuseppe Menutti, repasa seis de las más de cuarenta composiciones que el compositor de Algeciras José María Sánchez-Verdú ha dedicado a la guitarra, un instrumento que según él mismo ha declarado le ha fascinado desde que era niño. El formato elegido fue una distendida y cálida conversación entre ambos frente a un reducido pero muy atento público. El marco, el Auditorio que el CICUS tiene en la casa palacio de la calle Madre de Dios. En ella desgranaron las intenciones del autor, la dificultad de las piezas y el interés y denostado esfuerzo de su intérprete por entenderlas y extraer de ellas el máximo de sus posibilidades técnicas y expresivas.

Dejando atrás unos días de frondosa actividad y un buen ramillete de interesantes conciertos en los que, en su mayoría, se ha alternado la guitarra clásica con la flamenca, este encuentro con el que quizás podamos considerar el más reconocido internacionalmente de los compositores españoles actuales, se benefició del dominio de la retórica que exhibieron sus dos protagonistas, incluido el perfecto castellano de Menutti. Con la pieza Ochra como eje principal de un registro que cuenta en su portada con una reproducción de un inquietante grabado de Pablo Palazuelo, artista venerado por Sánchez-Verdú, los invitados desgranaron pieza a pieza las seis que integran la selección, mientras el intérprete reprodujo en directo tres de ellas, incluida la que le da título. Se trata de una compleja y dilatada pieza en la que el autor, que confesó sufrir de sinestesia, lo que le lleva a identificar las notas musicales con los colores, recorre con carácter progresivo diferentes gamas del color ocre, claro que siempre desde su subconsciente, sin que el oyente tenga forzosamente que buscar en la música esos tonos e intenciones, sino dejarse llevar por sus insinuaciones estrictamente musicales y las sensaciones que cada cual experimente según su bagaje cultural, intelectual y, sobre todo, sentimental.


De ella Menutti ofreció una interpretación extremadamente concentrada, cáustica y meditada a un tiempo, un viaje de redefinición de los límites acústicos y expresivos del instrumento español por antonomasia. Llevó los acordes a veces a planos sonoros casi imperceptibles, recorriendo los trastes con extrema precisión y utilizando la caja con fines percutivos. La pieza, un trabajo de encargo que basa parte de su material en otra obra para guitarra y orquesta denominada Memoria del ocre, encontró en Menutti el médium perfecto por su colorido y riqueza expresiva. Más atrevida fue seguramente su recreación de los Tres caprichos, inspirados en El sueño de la razón produce monstruos, El amor y la muerte y Volaverunt de Goya, donde la guitarra no parece ella, hay que centrarse en algunos, pocos, acordes para identificarla, mientras el resto son juegos en los trastes que lo recorren pulsándolo, a veces asfixiándolo, limitando el trabajo en la boca de la guitarra a simples pizzicati en la cuerda. En el disco se incluye otro trabajo inspirado en Goya, Nada, aquí con la colaboración en el violonchelo de Giorgio Lucchini, que forma parte del ciclo Lux et Tenebris a partir de una exposición de Goya en Alemania, donde Sánchez-Verdú reside desde hace tiempo.

Precisamente en el primer barrio de Berlín donde residió, se inspira el Cuaderno de Friedenau, tercera de las piezas que Menutti interpretó en esta presentación, y no precisamente en este orden. Aquí encontramos la guitarra fundamentalmente como instrumento de percusión, jugando con la caja y acompañándose de acordes muy breves y meditados que dan al conjunto un relieve muy especial y aprovecha muchas de las posibilidades que tiene el instrumento a nivel sobre todo expresivo, aunque sea en las antípodas de lo que estamos habituados a escuchar en él. Mucho hablaron de Yad, pieza para guitarra eléctrica inspirada en la Torá que deslumbró a Menutti y le hizo decidirse por grabar un disco con música del compositor andaluz. También hablaron del ciclo Kitab, de cuyo primer escalón podemos encontrar una esmerada interpretación en el CD. Las raíces de Sánchez-Verdú están también presentes en un trabajo en el que cabe destacar la presencia de culturas tan enfrentadas y antagónicas como la hebrea y la árabe, llamadas a entenderse y enriquecerse en lugar de abordar discursos de dominio traducidos en barbarie y castigo inhumano e incontrolado. Una vez más habría que tomar nota de artistas que como Sánchez-Verdú o Giuseppe Menutti buscan en otros lugares materia para enriquecer nuestro bagaje cultural y a la vez aportar lo que de válido arrastramos cada individuo.

Fotos: CICUS
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 23 de diciembre de 2022

CUERDA CRISPADA Y VIENTOS AFABLES EN LA CONJUNTA

2º concierto de la XII temporada de la Orquesta Sinfónica Conjunta de la Universidad de Sevilla y el Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo. Ysé Dastugue, guitarra. Juan García Rodríguez, dirección. Programa: Concierto elegiaco para guitarra y orquesta, de Leo Brouwer; Serenta para vientos Op. 44, de Antonin Dvorák. Salón de actos-Aula Manuel Trillo de la ETS de Arquitectura, jueves 22 de diciembre de 2022


Aunque inició su duodécima temporada la pasada semana, tras hacernos padecer la incertidumbre de si este año volveríamos o no a disfrutar de esta orquesta que tantas satisfacciones nos ha dado desde su constitución en 2011, ha sido este segundo concierto con el que por fin hemos tomado contacto de nuevo con sus incontestables amabilidades. García Rodríguez, su principal artífice y moldeador, se puso una vez más al frente de esta formación forzosamente cambiante, no olvidemos que está integrada por el alumnado del Conservatorio Manuel Castillo, ya sea en fase final de sus estudios o en prácticas, y los resultados fueron otra vez tan estimulantes como ilusionantes.

Si el primer concierto, el pasado miércoles 14 de diciembre, tuvo lugar en el Teatro Los Remedios, ubicado en el Colegio de los Padres Blancos, en esta ocasión el lugar elegido fue el salón de actos de Arquitectura, que tantos recuerdos alberga para la cinefilia de los setenta y ochenta del pasado siglo, cuando allí tenía su sede el Cine-Club de la facultad. Hacía tiempo que no lo visitábamos y nos llevamos una grata sorpresa al comprobar cómo lo han habilitado y modernizado para permitir que conciertos como el de anoche gocen de una alta calidad acústica y la máxima comodidad para disfrutar de sus propuestas. Es así como orquesta y director, también responsable del conjunto puntero de música contemporánea Zahir Ensemble, se enfrentaron a uno de esos programas singulares que hacen tan atractiva su temporada año tras año y cubren así un hueco que conjuntos profesionales no se atreven a llenar, o quizás no tengan la imaginación suficiente para hacerlo.

En esta ocasión abordaron el que quizás sea el trabajo más emblemático del compositor, director y guitarrista Leo Brouwer, cuyo paso por la Orquesta de Córdoba como director titular en la década de los noventa nos dejó tan grato recuerdo. Se trata del Concierto elegiaco para guitarra. Para ello se contó con la colaboración del también joven guitarrista francés Ysé Dastugue, que realizó en nuestra ciudad estudios de perfeccionamiento junto al maestro Francisco Bernier. La pieza se inicia con acordes de la guitarra muy pausados, con un espíritu tremendamente tranquilo, que recibe rápidamente la respuesta contundente de una cuerda crispada y misteriosa, potenciada por una percusión contundente, timbales en un extremo y marimbas y glockenspiel al otro. A partir de ahí solista y conjunto desarrollan un diálogo que no parece acercarles, hasta que paulatinamente vemos percibiendo cierto acercamiento que conforme avanza se convierte en una interrelación ya fluida. Pero nada de eso sería perceptible sin el trabajo concienzudo de la batuta, siempre enérgica y decidida, y la disciplina férrea observada en los y las integrantes seleccionadas para la ocasión. García definió la obra con un trabajo muy meticuloso en las dinámicas y los crescendos que la caracterizan, mientras Dastugue mantuvo una pulsación segura y muy bien articulada, tanto en los pasajes tranquilos como en los más agitados, logrando una integración total con la orquesta, reforzando así su tímbrica y manteniendo en todo momento su sentido del ritmo.


Con Dvorák fue la sección de vientos de la orquesta la que se lució, con un esmerado trabajo en las maderas, oboes, clarinetes, fagots y contrafagot, y salvando con una nota alta el difícil trabajo de mantener el tono y la afinación en las trompas. A todos ellos y ellas se unieron un violonchelo y un contrabajo, imprescindibles para pulir las transiciones y potenciar el cuerpo de la pieza. El resultado fue una Serenata para vientos Op. 44 absolutamente encantadora, llena de magia y lirismo, sencilla pero contundente en su noble marcha cortesana de arranque, de aires inconfundiblemente pastoriles en su danzarín minueto, llena de lirismo y contención en su romántico andante, y potente y desenfadado en su alegre finale. Esperamos con mucha ilusión el resto de una programación que contiene escalas tan estimulantes como la que protagonizarán el 24 de febrero, ya en el habitual Auditorio de Ingenieros, junto a Natalia Labourdette y cuatro pianistas interpretando música de Alberto Ginastera y John Adams.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 11 de junio de 2022

UNA CONJUNTA APOTEÓSICA Y TRIUNFAL

Concierto nº 6 de la 11ª temporada de la Orquesta Sinfónica Conjunta. Orquesta de Vientos de la OSC. Juan Bernal, saxofón. Camilo Irizo, dirección. Programa: Invocación para cinco percusionistas, de Manuel Castillo; Poème du feu pour grandeorchestred’harmonie, de Ida Gotkovsky; Obsessionelle para banda sinfónica y saxofón tenor, de Eneko Vadillo; Symphony nº 6 “Symphony for Band”, de Vincent Persichetti. Auditorio ETS Ingeniería, viernes 10 junio de 2022

Camilo Irizo al frente de la orquesta

Ayer viernes la Conjunta culminó la que quizás pudiéramos bautizar como su temporada más ambiciosa, la
décimo primera, con siete conciertos repartidos desde el pasado mes de enero en los que ha habido espacio para muchas disciplinas, desde el clasicismo y el romanticismo más absolutos hasta la vanguardia, la alternativa a posibles nuevos valores de la dirección, o monográficos centrados en la percusión y, como ahora y la segunda entrega de la temporada, en los vientos. Como en aquella feliz ocasión, esta orquesta de constante cambio de plantilla vio sus secciones de metal y madera considerablemente aumentadas, hasta alcanzar la de toda una sinfónica de grandes proporciones, para enfrentarse a otro de esos extraordinarios programas a los que nos tienen acostumbrados y en los que tienen cabida autores más próximos a la vanguardia o al menos a las estéticas que imperan en la actualidad.

Hay algo indiscutible que distingue a esta formación de otras de características similares que tanto abundan afortunadamente hoy en día. Puede que sea la motivación, ese matiz tan importante e invisible que impregna el entusiasmo de sus artífices y que hace que se enfrenten a cada cita con el ímpetu, la disciplina y el relativo nivel de excelencia que consigue programa tras programa el milagro. Como ya ocurriera en aquella ocasión a finales de enero, también con Camilo Irizo a la batuta y un programa centrado en vientos, la Conjunta volvió a deslumbrar y a triunfar, y nosotros y nosotras volvimos a preguntarnos por qué su presencia no es más habitual en otros espacios y manifestaciones más asentadas en el círculo cultural de la ciudad. A Juan García Rodríguez, su director titular y sin duda principal artífice de este fenómeno, solo lo hemos visto dirigir a la Sinfónica de Sevilla en una ocasión, y la Conjunta apenas se ha subido al escenario del Maestranza en un par de ocasiones. No es así como se cuida una institución que año tras año ha ido desvelándonos su valía y el nivel técnico y artístico que han alcanzado nuestros jóvenes.

Gran sentido del espectáculo

Casi un centenar de chicas y chicos se dieron cita ayer tarde en el Auditorio de Ingenieros, ante unas gradas menos pobladas que de costumbre, pero suficiente teniendo en cuenta la hora, la fecha y el calor intenso que hacía. La orquesta se organizó de forma que las maderas se repartían entre la mitad izquierda y la línea frontal, los metales a la derecha, a excepción de las trompas, todas femeninas, situadas tras las maderas, y una pequeña sección de cuerda, tres violonchelos y dos contrabajos, junto a los metales, con una amplia sección de percusionistas al fondo. Estos últimos, en formación de cinco, se encargaron de inaugurar la velada, con una pieza de Manuel Castillo, quien justamente da nombre al conservatorio del que proceden la mayoría de estos y estas alumnas. Invocación es una obra que da mucho juego a timbales, tambor, xilofón o glockenspiel pero no sigue ningún discurso ni desarrollo concreto, limitándose a desplegar una serie de pasajes, algunos muy recogidos y otros más explosivos que los cinco intérpretes desgranaron con mucho sentido de la precisión y un encomiable trabajo en equipo. Tras ellos la amplia plantilla se enfrentó a una apabullante página, el Poema de fuego de la compositora y pianista francesa Ida Rose Esther Gotkovsky, donde se ensalza ese fuego de grandes proporciones que representa los primeros indicios de vida, y que en su segunda parte celebra al hombre como apoteosis de la creación. Una progresión de elementos épicos que entroncó a la perfección con la pieza precedente, centrada en sonidos primigenios que sirvieron así como introducción a la explosión de expresividad que representa la pieza de Gotkovsky, y que la extensa plantilla, comandada por el sabio juicio de Irizo, resolvió con una claridad y una riqueza de matices impensable en una formación en prácticas y más aún en una obra de tal envergadura que fácilmente podría caer en un caos y una algarabía tormentosa y desequilibrada.

Juan Bernal, saxofonista excepcional

Con el mismo empuje y excelencia se enfrentaron a otra obra descomunal, Obsessionelle del malagueño Eneko Vadillo, habitual en los atriles de Zahir Ensemble y Taller Sonoro, y puntual en los de la ROSS. Aquí el ejemplar trabajo a todos los niveles de la orquesta tuvo que combinarse con la labor solista del saxofonista, de insultante juventud, Juan Bernal, que logró desde la humildad y la timidez personal, levantar los pasajes en solitario con una maestría y un empuje solo al alcance de los más consumados, estéticas jazzísticas incluidas. Una suerte de Ornette Coleman jovencito integrado en la profusa y claustrofóbica orquestación de la exuberante pieza. Ya más convencional, la Sinfonía para banda del norteamericano Vincent Persichetti, sexta de las nueve que compuso, puso de manifiesto el virtuosismo de la plantilla y su perfecta combinación de ritmo, melodía y atmósfera. Con una estética muy próxima a Aaron Copland y, sobre todo, al compositor de bandas sonoras Alex North, Persichetti invoca en su partitura los grandes paisajes americanos, el espíritu elegíaco que un espléndido solo de trompeta describe a la perfección, la vivacidad y el optimismo del allegretto y un final en el que se dan cita texturas más gruesas, con un punto grotesco pero sin abandonar la elegancia y el ritmo que le informa, a todo lo cual la orquesta respondió con intensidad y responsable implicación. Emociona comprobar la capacidad de esfuerzo, trabajo y disciplina que demuestran con cada comparecencia los y las alumnas convocadas para ofrecer estos sensacionales conciertos.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 16 de octubre de 2021

EL PLACER DE ESCUCHAR A LA BARROCA

Concierto de apertura del Curso 2021/2022 de la Universidad de Sevilla. Temporada de conciertos 2021/2022 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Rafel Ruibérriz de Torres, flauta. Miguel Romero y Rafael Muñoz-Torrero, violines. Programa: Concierto para flauta en Re Mayor TWV 51:D2, de Telemann; Sonata Op. 5 nº 4 en Sol Mayor HWV 399, de Haendel; Suite nº 2 en Si menor BWV 1067 y Concierto para dos violines en Re menor BWV 1043, de Bach. Iglesia de la Anunciación, viernes 15 de octubre de 2021


Hace bien la Universidad de Sevilla en empezar el curso cada año de forma solemne a través de la música, y contar para ello con las formaciones orquestales que dan más relieve a la ciudad, la Sinfónica y en este caso la Barroca, a pesar de tener una orquesta propia, bien consolidada y espléndida en su género, como es la Conjunta. La orquesta fundada por Ventura Rico, que tuvo el acierto de pronunciar unas palabras de introducción y bienvenida antes del concierto, asoció en esta ocasión su arranque de temporada a esta ineludible cita académico musical auspiciada por el CICUS (Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla), y lo hizo justificando en el célebre cuadro de Watteau Peregrinación a la isla de Citerea una fiesta del placer y la sensualidad, la que en este caso proporciona la obra del contemporáneo Johann Sebastian Bach en su feliz período al servicio del Príncipe Leopoldo de Anhalt-Köthen en Leipzig. Pero como de obras maestras se trata, no solo alimentan nuestra faceta más apolínea sino que también despiertan nuestro apetito dionisiaco y promueven toda clase de emociones en nuestro espíritu, especialmente cuando se sirven de la forma en que lo hacen los integrantes de la Barroca de Sevilla.

Telemann y Haendel sirvieron de prólogo
a las dos piezas elegidas del maestro de Eisenach. Del primero eligieron un concierto para flauta que concitó el reencuentro en escena de Rafael Ruibérriz de Torres con el conjunto. Las características de la flauta travesera y las particulares condiciones acústicas de la Iglesia de la Anunciación, que ya hemos comentado en tantas otras ocasiones, provocaron que su instrumento apenas sobresaliera entre el resto del conjunto, a pesar de lo cual fuimos capaces de apreciar su dominio técnico y expresivo, su elegante discurso e indiscutible capacidad para generar brillantes ornamentaciones basadas siempre en el buen gusto, control de la respiración y fluido fraseo. Sus espléndidos diálogos con Leo Rossi al violín y las impecables prestaciones a las que hemos hecho referencia lograron un primer movimiento de aires galantes, un allegro enérgico y un largo de espíritu casi religioso, así como un desenfadado vivace final. Ya con Bach como solista no acreditado, algo muy habitual en el catálogo del maestro, Ruibérriz se hizo notar más. La orquesta se redujo, atendiendo a las indicaciones de la partitura con el rigor que les caracteriza, a dos violines, viola y continuo, un sensacional trío protagonizado por Rico al contrabajo, Mercedes Ruiz al violonchelo y Alejandro Casal al clave, que dieron relieve y cuerpo al conjunto con el ímpetu y la fuerza arrolladora que les caracteriza. Tras la solemnidad de la obertura y la vivacidad del rondeau, la sarabanda fue defendida con precisión y elegancia, mientras el doble con un majestuoso violonchelo y una flexible flauta potenció ese placer para nuestros oídos prometido, y en el badinerie Ruibérriz aportó unas preciosas y elegantísimas ornamentaciones que dieron un flamante y original aspecto a la famosa pieza. Luego en la propina la repitieron pero a orquesta completa, cosas que solo a los muy detallistas se les ocurre.

Tras una Sonata de Haendel defendida igualmente con espíritu desenfadado, con escalas en una animada cigue y un encantador passacaille, destacando ese aire majestuoso y solemne que habita generalmente en la obra del compositor, dos violinistas de la orquesta, Miguel Romero y Rafael Muñoz-Torres, se encargaron de la parte solista del celebérrimo Concierto para dos violines o Doble Concierto de Bach, demostrando por qué llevamos años considerando que ésta es una orquesta de solistas. Tan bien defendieron su parte que resultó un gozo disfrutar de su incesante diálogo, más apasionante en el expansivo largo, una fluida cantilena de la que los intérpretes supieron extraer todo su lirismo y emoción. Su alternancia con el tutti y su espíritu sofisticado lograron una impecable página en la que la conversación de los dos músicos encontró un perfecto fondo rítmico y armónico en el resto de sus compañeros y compañeras.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 29 de abril de 2021

FRAN CANTÓ Y LA CONJUNTA BRILLAN CON SAVIA NUEVA

Concierto nº 4 de la 10ª temporada de la Orquesta Sinfónica Conjunta. Francisco Cantó, clarinete. Juan García Rodríguez, dirección. Programa: Quinteto para clarinete (versión para orquesta de cuerdas), de Weber; Dos melodías nórdicas op. 63, de Grieg; Simple Symphony, de Britten. Iglesia de la Anunciación, miércoles 28 de abril de 2021


Habrá quien piense que es una temeridad abrir cines y teatros en plena pandemia, mientras la mayoría de países de nuestro entorno han optado por una drástica solución contraria. No podemos estar tampoco seguros de que no haya habido brotes en estas manifestaciones colectivas, pero sí de que se han adoptado medidas de protección tan acertadas que casi hemos experimentado una mayor seguridad en estos espacios culturales que en nuestras propias casas, donde por mucho interés que pongamos siempre estaremos expuestos a agentes insospechados externos que pueden alterar nuestro confort. De lo que no cabe duda es que nos colma de alegría que a una misma hora y en una misma calle, solo cruzándola, ayer tarde unos pudieran estar disfrutando de la Barroca y otras personas lo hicieran de nuestro conjunto sinfónico más joven, que aproximadamente una vez al mes nos emociona con su excelente trabajo y esos programas tan atractivos que confecciona su principal responsable, Juan García Rodríguez.

Un estupendo clarinetista

Él fue el encargado de abrir el concierto, acompañando al gaditano y profesor del Manuel Castillo Fran Cantó en un espléndido Concierto para clarinete de Carl Maria von Weber. Se trata en realidad de su Quinteto para clarinete, pero su gramática es tan premeditadamente concertante, incluso si se escucha en su versión original, que se presta casi sin apenas arreglos a interpretarse en versión orquestal, solo aumentando el número de instrumentos por parte y añadiendo contrabajos a la cuerda grave. Apenas una treintena de jóvenes, y más de la mitad chicas, una espléndida idea para ir poco a poco equilibrando una balanza aún muy desigual, acompañaron al estupendo clarinetista, que curiosamente es integrante de un quinteto que lleva el nombre de Heinrich Baermann, el clarinetista y gran amigo de Weber al que éste dedicó la pieza, por lo que también se le conoce como Quinteto Baermann, como su formación, y que así interpretado podemos considerarlo no solo como su Grand Quintet sino como su cuarto concierto para el instrumento (Dos conciertos y un concertino).

Cantó aprovechó la ocasión para hacer alarde de habilidad técnica y efusiva coloratura, con escalas vertiginosas, pasajes muy virtuosos y expresividades a flor de piel que el músico resolvió con maestría. Su clarinete sonó imperioso en el allegro inicial, potenciando el estilo arioso y la ductilidad en el fraseo del bellísimo adagio o fantasía, sereno y a la vez rítmico en el minueto, y diabólicamente ágil en el rondó final, entre ligero y exuberante y siempre atento a subrayar su amplio despliegue de recursos instrumentales. La batuta de García se plegó con mimo y respeto, sin sacrificar fuerza ni intensidad dramática y con un magnífico trabajo por parte de la plantilla.

Taller de dirección

Tres estudiantes de dirección orquestal protagonizaron el resto del programa, emitido en streaming para compensar la estricta limitación de aforo en el templo de la calle Laraña. Juan Ignacio Perea exhibió liderazgo y profesionalidad en las dos Melodías nórdicas de Grieg, cuyo estilo espectral se vio beneficiado por la particular acústica de la iglesia, pues aunque la reverberación y dispersión general suele perjudicar a la música, en este caso potenció el particular espíritu elegiaco del compositor noruego. En estilo folk se estructura sobre una melodía muy popular, que incluso ha inspirado baladas del oeste americano como la que Dimitri Tiomkin compuso para la serie de televisión The Wild Wild West, y en ella Perea estuvo atento a sus inflexiones melódicas y su tono melancólico de delicadas texturas y espíritu desolado y ensoñador, con una escalada de intensa emoción y tono apesadumbrado. También acertó a plasmar el estilo más amable y desenfadado de Kuhlokk-Stabbelaten, la segunda de estas hermosas melodías.

De izquierda a derecha: Agustín Maestre, Amelia Marín y Juan Ignacio Perea

La Sinfonía simple que Britten compuso con veinte años recuperando piezas concebidas en su infancia, se dividió en dos partes, cada una encomendada a una batuta distinta. Agustín Maestre tuvo que hacer frente a los dos primeros movimientos, en los que Britten juega más a alternar familias orquestales y combinar capas de textura, lo que quedó malogrado por la acústica del lugar y afectó a la labor, por otro lado disciplinada y atenta, del joven director, especialmente en un alegre pizzicato que sonó así algo enmarañado. Amelia Marín tuvo sin embargo la suerte de enfrentarse a la zarabanda sentimental, el más logrado de los cuatro movimientos, que la joven resolvió con un amplio abanico de recursos y un sabio juego de dinámicas, extrayendo de la pieza toda su belleza y emotiva expresividad, hasta culminar con un ágil final travieso. Salvo algún roce aislado sin importancia, la orquesta respondió con un altísimo nivel de calidad, ratificándose como uno de los proyectos fuertes del CICUS universitario.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 21 de marzo de 2021

UNA CONJUNTA SOBRIA Y LUMINOSA

Concierto nº 3 de la 10ª temporada de la Orquesta Sinfónica Conjunta. Juan García Rodríguez, dirección. Programa: Sinfonía nº 6 en Do mayor D.589, de Schubert; Sinfonía nº 41 “Júpiter” en Do mayor K.551, de Mozart. Auditorio ETS Ingeniería, sábado 20 de marzo de 2021


Las medidas extremadamente restrictivas que mantiene la Universidad en sus eventos multitudinarios provocaron que apenas unas setenta personas pudieran asistir a este tercer concierto de temporada de la Sinfónica Conjunta en el Auditorio de Ingenieros. El resto aun puede seguirlo a través del
canal youtube del CICUS (Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla). Nosotros pudimos constatar una vez más el extraordinario esfuerzo que está haciendo Juan García para, a pesar de contar lógicamente con una plantilla diferente en cada temporada, mantener el nivel de excelencia y dignidad que ofrece la orquesta y que nos sigue dejando perplejos y encantados a sus admiradores.

En esta nueva entrega la orquesta mantuvo el mismo esquema y hasta los mismos autores que en la cita anterior, que García abordó con un ímpetu inusitado y una energía desbordante. Dos páginas imperecederas de la música universal, la Sexta de Schubert y la Júpiter de Mozart, en versiones tan aseadas como luminosas y a la vez serias, como marca el tono elegido para la ocasión, Do mayor. A estas alturas ya ni siquiera alcanzamos a imaginar el trabajo titánico que habrá de realizar el director para seguir manteniendo un nivel tan extraordinario, tanto que si no tuviésemos la ROSS ésta sería una muy buena formación para representarnos en las salas de concierto de la ciudad; claro que eso sería la pescadilla que se muerde la cola, porque sin la plana de maestros y maestras de la Sinfónica de Sevilla estos jóvenes intérpretes no habrían recibido seguramente la educación musical que les hace mantener tan satisfactorio nivel.

Conocida como Pequeña Sinfonía en Do mayor de Schubert, en contraposición a la Novena, la Grande en la misma tonalidad, se denota en esta sensacional y amplia página la influencia de Beethoven y Rossini, algo que hizo posible una plantilla en la que técnica y expresividad se fundieron para ofrecer toda la gama de colores y dinámicas que la página exige, con un trabajo espléndido de los metales, muy importantes en su desarrollo, y unos relieves y matices ampliamente trabajados. En un lenguaje eminentemente clásico, sin rubato alguno y frases secas y robustas sin llegar a ser ásperas, el conjunto logró resultar vivo y saltarín en el allegro inicial, sencillo y sereno en el andante, suntuoso y perfectamente ritmado en el scherzo, y alegre y espontáneo en el allegro final, sin perder mordacidad ni carácter irónico, todo un logro del director pero también de los muy disciplinados y precisos jóvenes intérpretes.

Robusta y autoritaria resultó la Sinfonía nº 41 de Mozart desde su arranque hasta el furioso final con el que la coronaron García y la cincuentena de jóvenes convocados para la ocasión. Una interpretación que se basó también en el equilibrio y la proporción, y que no escatimó en opulencia y hasta cierta arrogancia, destacando además de una cuerda en perfecta armonía y unos graves refulgentes, un trabajo sensacional de metales y timbales y una combinación de agilidad y musicalidad al alcance de conjuntos muy informados y experimentados; recordemos que éste trabaja en prácticas.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 16 de diciembre de 2020

DE LA TIERRA AL CIELO CRUZANDO SOLO UNA CALLE

Concierto nº 1 de la 10ª temporada de la Orquesta Sinfónica Conjunta.
Ensemble de percusión de la OSC. Antonio Moreno, dirección. Programa: Monográfico John Cage (Child of Tree, Amores I-III, Forever and Sunsmell, Living Room Music, 4’33’’, Imaginery Landscape nº 2, Double Music). Iglesia de la Anunciación

Otoño Barroco de la Asociación de Amigos de la Orquesta Barroca de Sevilla. Orquesta Residente del Otoño Barroco. Coro de la Asociación de Amigos de la OBS. José Manuel Ramírez, violonchelo. Ruth Rosique, soprano. Lucía Gómez Aizpurua, mezzosoprano. Ariel Hernández, tenor. Víctor Cruz, bajo. Andoni Sierra, dirección. Programa: Bach en Navidad (Suite nº 3 BWV 1068 y Cantata III del Oratorio de Navidad BWV 248, de Bach; Sonata para violonchelo HW X/1, de Johann Christoph Friedrich Bach). Espacio Turina. Martes 15 de diciembre de 2020

El Ensemble de Percusión de la OSC atento al 4'33''
Ahora que papá Gobierno y mamá Junta nos dejan estar en la calle hasta las diez, y que los centros culturales relajen sus horarios y amortigüen su agonía, hemos podido en solo una tarde disfrutar de dos propuestas musicales de signo bien distinto, pero unidas por la voluntad de sumar fuerzas y talento en una época en la que tradicionalmente estos valores se venden y promueven más que en ningún otro momento del año. Por un lado aplaudimos el regreso de nuestra admirada Orquesta Sinfónica Conjunta, después de su abortada novena temporada, y de nuevo con la percusión como protagonista. El uso estrictamente académico que la pandemia ha impuesto al Auditorio de Ingenieros, espacio habitual de esta formación de la Universidad y el Conservatorio Manuel Castillo que tantas satisfacciones y tan buenos programas nos ha brindado, determinó que fuera sustituido por la Iglesia de la Anunciación, el otro bastión del CICUS. Y tan solo cruzando la calle Imagen, la otra convocatoria, el Espacio Turina ofreciendo
música de Bach en las antípodas de John Cage, protagonista en el templo. 

El espacio y el ambiente como componentes musicales 

Antonio Moreno y Child of Tree
Un espléndido recorrido por la música de uno de los mayores exponentes de la renovación musical del siglo XX; el norteamericano John Cage, fue el detonante de la propuesta de Juan García para el regreso de la Conjunta en formación estrictamente de percusión. Música muy asida a la tierra, sus sonidos y sensaciones, el ambiente y la atmósfera que la envuelve. Quizás por eso resultó especialmente acertado y sorprendente que ocurriera en un templo renacentista, una Iglesia de amplios y suntuosos espacios en los que habitualmente se dispersan y hasta pierden los sonidos, esa mala acústica tantas veces denunciada y que sin embargo en esta ocasión sirvió para dar sentido a la intención del autor de crear música dinámica, que se reinventa con cada nueva interpretación, y se alimenta con el carácter y el espacio del lugar donde se ejecuta. Quizás Cage hubiera estado encantado de escuchar esta significativa representación de su música en un auditorio así, y desde luego hubiera disfrutado mucho con su emblemático 4’33’’ invadido por el sonido de la calle, autobuses, murmullos, voces que se colaban en el templo y en el silencio escenificado por el director Antonio Moreno y seis de sus alumnos en ademán siempre de arrancar sin llegar a hacerlo. 

Y es que hubo mucha dramatización en esta función, como el propio Moreno valiéndose de todo tipo de artilugios, incluida una esterilla y un cactus, para edificar ese Child of Tree que nos ata directamente a la tierra en la que vivimos, cuya naturaleza se vio representada también en otras piezas como el Double Music final en cuyos envolventes y turbadores sonidos intervino también otro maestro, Pepe Tur. Escenificaciones que observamos también en los ininteligibles diálogos, voces y rugidos de los jóvenes intérpretes en Living Room Music, e incluso en la voz religiosamente moldeada de J. José Ramos en Forever and Sunsmell. Y naturaleza que nos cautivó en las cajas, congas y bongos de Amores I-III, y en el gong y el megáfono de Imaginery Landscape nº 2. Cage erigido así en rey de la percusión, como también lo es del piano preparado ausente en este repaso, que dominó en nuestros sentidos gracias al excelente trabajo de García, Moreno y el muy disciplinado conjunto convocado para la ocasión. 

Suma de talento, mucho esfuerzo e ilusión


Al otro lado de la calle esperaba la Orquesta Residente del Otoño Barroco para poner el punto final a esta temporada del ciclo felizmente salvada por los pelos, y hacerlo como lo viene haciendo desde hace varios años, con Bach y una de las seis cantatas en las que dividió su Oratorio de Navidad, en esta ocasión la tercera, dedicada a la adoración de los pastores, e invitando al público a sumarse en el canto de cada uno de los tres corales luteranos introducidos en la partitura, debidamente traducidos por Rocío de Frutos, al Coro de la Asociación de Amigos de la OBS, preparado para la ocasión por la excelente soprano Cristina Bayón. Sin duda un trabajo de equipo, diseñado con cariño e ilusión, y con el acierto de invitar en los atriles a los jóvenes ganadores y ganadoras de la beca que convoca la Barroca cada año. De hecho el ganador de éste, José Manuel Ramírez, interpretó la pieza que hizo de puente entre la Suite Orquestal nº 3 de Bach y su Cantata III del Oratorio de Navidad. Se trata de una sonata para violonchelo de uno de sus muchos hijos, Johann Christoph Friedrich Bach, cuyo primer movimiento Allegretto tiene cierta gracia y desparpajo, pero con un segundo Rondeaux realmente anodino, a pesar de que Ramírez, con ayuda de Mercedes Ruiz en el bajo continuo, hizo una virtuosa interpretación, viva, ágil e impecablemente articulada. 

De izquierda a derecha Cruz, Hernández, Gómez y Rosique
Sin atisbo de fatiga, Ramírez intervino también en las dos obras de Johann Sebastian, una Suite nº 3 que sonó destemplada, con decepcionante intervención de las trompetas, casi como si se tratara de un postizo que no hizo sino malograr el resultado del resto del conjunto, y la cuerda ahogada y desangelada en el famoso Air. Solo los timbales, apartados en un balcón del teatro para no saturar el recinto, y el bajo continuo lograron un buen papel. Mejor fue el resultado de la cantata, aunque pocos fuimos quienes nos atrevimos a acompañar al coro en los fragmentos tan hábilmente traducidos. Aquí brilló más la cuerda, tanto como la joven Irene González al órgano y Santiago Sampedro al clave, o José Manuel Cuadrado al oboe, que junto a Jacobo Díaz firmaron un sensacional acompañamiento de la siempre estupenda y refulgente Ruth Rosique, que precisamente se encargó en octubre de inaugurar el Otoño Barroco, y Víctor Cruz en el aria Señor, tu compasión y tu misericordia, quizás el número mejor defendido de la pieza, dentro de un conjunto tan amable y disfrutable.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 22 de septiembre de 2020

BREVE ENCUENTRO CON ZAHIR ENSEMBLE

XI Festival de Música Contemporánea Zahir Ensemble. Juan García Rodríguez, dirección. Programa: Traces, de Helena Trave; Transparences y Antibes, de Eneko Vadillo; Erlantz, de Ramón Lazkano. Patio del CICUS, lunes 21 de septiembre de 2020


Llevan ya quince años acercando la música de nuestro tiempo al público sevillano que los vio nacer, y desde entonces se han convertido en conjunto de referencia dentro y fuera de nuestras fronteras. Sin ir más lejos el próximo sábado actúan en el Festival Ensems de Valencia. En el marco del enrarecimiento provocado por las medidas de distanciamiento y la atmósfera de tristeza que conllevan, pero con la excelente acústica del Patio del CICUS como telón de fondo, para este su primer concierto de una nueva edición de su propio festival de música contemporánea, aún por definir y con la incertidumbre provocada por la insólita situación, Juan García y los Zahir optaron por el título Misceláneas y por incluir en él obras de cuatro representativos nombres de última generación, unidos por una estética relativamente común y por el hecho de acercarse los cuatro a la cincuentena. Sin embargo problemas técnicos de última hora, relacionados con las proporciones que exige la instrumentación de una de las obras, finalmente cayó del programa la pieza del compositor francés Raphäel Cendo, Graphein, de 2014 para nueve músicos, en la que el espectralismo, una constante en este primer concierto del ciclo, se funde con el concepto de música saturada, caracterizada por el exceso de materia, energía, movimiento y timbre. Sin duda una oportunidad perdida para disfrutar de esta corriente extremadamente estimulante.

Quien salió beneficiado con este cambio fue el compositor malagueño Eneko Vadillo, un nombre cada vez más emergente dentro del panorama de la música española actual, y una figura inquieta también en el medio audiovisual, habiendo sido galardonado el año pasado con el Premio Jerry Goldsmith que concede el festival de música de cine de Úbeda, por su partitura para el documental Oscuro y Lucientes. Su música no es nueva en los auditorios sevillanos; ya la Sinfónica interpretó en 2006 Allure, ganadora del Premio Joaquín Turina ese mismo año, y Zahir Ensemble estrenó Antibes en su versión con electrónica añadida en mayo de 2015. En esta ocasión interpretaron su versión original de 2001 per solo flauto, que Alfonso Rubio defendió como un auténtico virtuoso, ciñéndose a sus numerosos arabescos y diversas florituras con fluidez y elegancia, por mucho que la pieza no deje de ser harto convencional e indudablemente fácil de escuchar para cualquier sensibilidad. La obra de Cendo fue sustituida por Transparences de Vadillo, ya transitada por el conjunto en el Teatro Central en mayo de 2012. En ella, dividida en tres partes, asistimos a una sucesión de encuentros y desencuentros entre los cuatro intérpretes, siguiendo las pautas de la música espectral, pero articulándose de forma bastante académica, bien construida pero fría en sus planteamientos expresivos.

Más interesante resultó Traces de la compositora estonia Helena Tulve, donde es posible apreciar influencias que van de la música espectral de la Escuela Francesa, con un estudio minucioso de la sonoridad y una valiosa investigación de las posibilidades tímbricas de los instrumentos, a la herencia cultural centroeuropea, con un uso imaginativo y muy elocuente de la percusión, destacando una copa musical frotada con arco. También con soluciones tan creativas como ésta se presentó Erlantz del francoespañol Ramón Lazkano, donde el arco frota los contornos de la campana del trombón, creando junto al resto de los ocho instrumentos un crisol de timbres y texturas intensamente hipnóticas y evocadoras, que sin las prestaciones de un conjunto tan disciplinado, versátil y experimentado como el Zahir Ensemble no hubiera sido posible. Lástima que esta sucesión de sensaciones durara apenas una hora, un breve encuentro con los sonidos del siglo XXI, cada vez más a nuestro alcance y nuestra sensibilidad, señal de que García y sus compañeros y compañeras están haciendo un excelente trabajo.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 29 de enero de 2020

JUEGO DE REFERENCIAS CON FUSEK Y KRAEMER

Concierto de Santo Tomás. Orquesta Barroca de Sevilla. Anna Fusek, flauta de pico. Manfredo Kraemer, concertino-director. Programa: Concierto para flauta de pico BWV 975/RV 316, de Bach/Vivaldi; Concerto grosso no. 2 H 133, de Geminiani; Concierto para flauta de pico y violín RV 535 y Concierto para flauta de pico RV 443, de Vivaldi; Sinfonía nº 4, de Corrette; Obertura Op. 13 no. 2 para 2 violines y continuo, de Leclair. Iglesia de la Anunciación, martes 28 de enero de 2020

El Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla celebró un año más la festividad del patrón académico Santo Tomás en el suntuoso y muy deteriorado escenario del altar mayor de la Iglesia de la Anunciación. Una decisión que hace tiempo denunciamos como poco apropiada, dadas las deficiencias acústicas del templo, por no hablar de su gélido ambiente. Lo cierto es que ni siquiera con los paneles de contención que se adquirieron hace tiempo para amortiguar estos inconvenientes, el sonido consigue llegar con fuerza y nitidez más allá de las primeras filas. En esta ocasión el problema se acrecentó por el hecho de tratarse de un repertorio en su mayoría de flauta acompañada, cuyo sonido quedó patentemente eclipsado en los pasajes de efusividad orquestal, especialmente en una primera pieza acometida con flauta contralto en la que su sonido quedó considerablemente atenuado.
 
La afamada flautista checa Anna Fusek debutó así junto a la Barroca, comandada por uno de los directores que mejor la comprenden y más partido saca de ella, Manfredo Kraemer, ofreciendo todo un festín de acrobacias y agilidades dignas de la mejor virtuosista y nunca exenta de una afinada expresividad y un considerable buen gusto. Se dio la circunstancia de que casi todas las piezas fueron transcripciones o referencias de otras, como ese Concierto BWV 975 que Bach articuló para clave a partir del RV 316a, número 6 del opus 4 de Vivaldi, más conocido como La Stravaganza, que Fusek a su vez ofreció en un arreglo suyo particular para flauta, y del que extrajo una efervescente y cálida interpretación con la que equilibró la temperatura interior del templo, aunque a juzgar por su indumentaria ella no pareciera sufrirla.
 
Del Concierto en Re menor para dos oboes RV 535 también del prete rosso, Fusek ofreció otro arreglo personal a dúo con el violín solista de Kraemer, que se saldó con una compenetración absoluta en el primer movimiento, en perfecto diálogo en el segundo acompañado por Mercedes Ruiz dando cuerpo y músculo a todo el programa, y un tercero vivaz y contrapuntístico ejemplarmente resuelto. El Concierto en Do mayor RV 443 del mismo Vivaldi fue un dechado de virtudes en manos de Fusek, entregada a endiabladas inflexiones y modulaciones del flautino, una flauta dulce una octava por debajo de la ordinaria, similar a la flauta sopranino con la que Fusek se entregó a un sinfín de florituras con un control impresionante de la respiración, destacando el Largo central de una dulzura y una riqueza melódica sin parangón, que también sirviera de referente, en este caso para François Truffaut, que lo incluyó como tema principal de su película El pequeño salvaje. Un tormentoso y apabullante movimiento final del concierto La notte también de Vivaldi cerró como propina el concierto, con la orquesta al máximo de su esplendor.
 
El mismo que antes desplegaron en un Concerto Grosso nº 2 de Geminiani, basado en la descomposición y reinvención del opus 5 de Corelli, siguiendo la forma de sonata da chiesa con estéticas en la línea al Haendel que conoció en su estancia en Londres. Toda una exhibición de fuerza y sensibilidad, especialmente en el adagio, que la orquesta salvó con entera satisfacción, sobre todo Alejando Casal alternando milagrosamente órgano y clave con absoluta entrega y precisión. De la muy gozosa Sinfonía nº 4 de Michel Corrette, basada en temas populares navideños extranjeros, se acentuaron los pasajes alegres como Une jeune pucelle que lo abre, y se dulcificaron otros más sentimentales como el precioso Chrotiens qui suivez l’Eglise, siempre bajo la atenta mirada de Kraemer y con una Barroca sedosa a la vez que impetuosa. Ruiz y Casal acompañaron con fortuna al duelo de violines que propone Jean-Marie Leclair en su Obertura Op. 13 no. 2, una obra menor pero sensacional en manos de Kraemer y Leo Rossi dando voz a los dos violines protagonistas.
 
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 17 de junio de 2018

NATALIA LABOURDETTE, DESCUBIERTA EN UNA CIUDAD DE ÓPERA

Concierto de clausura Universidad de Sevilla. Natalia Labourdette, soprano. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. John Axelrod, director. Programa: Oberturas y arias de “Las bodas de Fígaro” de Mozart y “El barbero de Sevilla”, de Rossini; O mio babbino caro, de Puccini. Sinfonía nº 3 “Heroica” de Beethoven. Teatro de la Maestranza, sábado 16 de junio de 2018

El hombre es animal de costumbres; cada año repite similares esquemas y experiencias, y se acostumbra tanto a ello que hasta que no surge un repentino giro de guión parece que no pueda vivir sin eso. El concierto en el Maestranza con el que cada temporada cierra su curso la Hispalense se ha convertido definitivamente en un imprescindible a las puertas del verano, y prueba de ello es la masiva y contundente respuesta del público, que se agolpaba a las puertas del recinto como nunca antes creemos haberlo visto. Público por otro lado que parece siempre nuevo, ajeno a los rituales que se deben respetar en una ceremonia concertística, como saber cuándo corresponde o no aplaudir.

Males menores para una cita siempre estimulante y que esta vez se centró en la figura emergente de Natalia Labourdette, jovencísima soprano de la que no sabemos si atribuirnos su descubrimiento definitivo, pues ya antes de lograr el primer premio del Concurso de Nuevas Voces Ciudad de Sevilla el año pasado, se había coronado en otras citas dentro y fuera del país. Pero es aquí donde de alguna manera ha iniciado una carrera de merecidos éxitos, con su memorable recreación de Nannetta en Falstaff, y las dos óperas cortas que representará en una misma función la próxima temporada, Der Diktator y El emperador de la Atlántida. Y es aquí también donde para cerrar este curso académico se le ha encomendado entonar arias de dos de las óperas más representativas de Sevilla como ciudad de la ópera, las basadas en obras de Beaumarchais en torno al personaje de Fígaro, El barbero de Sevilla de Rossini y Las bodas de Fígaro de Mozart. De ésta ofreció un Deh vieni non tardar de esplendorosa candidez y detallista fraseo, generosa en proyección y expresividad y considerable buen gusto. Su timbre marcadamente sedoso y una articulación viva y segura se dejaron también sentir en Una voce poco fa, donde se apreció además un atisbo de personalidad única y propia en la que el dominio de un espíritu joven y en cierto modo pop vino a añadir una buena porción de frescura a un género tan necesitado de propuestas renovadoras. Dos arias de Puccini completaron su aportación, con un Oh mio babbino caro de Gianni Schicchi hermoso, fluido y nada afectado, y un Quando m’en vo de La bohème en la propina lleno de encanto y flexibilidad.

Axelrod acompañó con respeto y aplomo añadidos a esa tendencia a la comicidad en lo gestual que le caracteriza. De las dos óperas sevillanas ofreció sus oberturas, espontánea y fluida la de Mozart, amable y distendido Rossini, con marcado acento clasicista en ambos casos pero falta de contraste en el primero y escaso aliento en los característicos crescendi del segundo. Será quizás que se ha interpretado mucho últimamente, y en distintos formatos, que quiso decir algo nuevo con la Heroica de Beethoven y más bien le salió algo deshilachada, demasiado larga con tantas repeticiones, y evidentes caídas de tensión en la marcha fúnebre y el allegro final. Sólo el scherzo logró captar mayor atención en un conjunto algo desigual. Se agradece no obstante el empeño.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 12 de octubre de 2017

PRÉSTAMOS PIADOSOS: APERTURA CURSO UNIVERSIDAD + PROYECTO ATALAYA

Concierto de apertura del curso académico de la Universidad de Sevilla y Proyecto Atalaya. Solistas de la Orquesta Barroca de Sevilla. María Espada, soprano. Carlos Mena, contratenor. Enrico Onofri, concertino-director. Programa: Motetes y cantatas de Juan Francés de Iribarren; Stabat Mater, de Pergolesi. Auditorio de la E.T.S. de Ingeniería, miércoles 11 de octubre de 2017

Dos importantes eventos de la Universidad de Sevilla se han unido este año por primera vez, el concierto de apertura del curso académico y el proyecto Atalaya de recuperación del patrimonio histórico musical de Andalucía, hasta ahora repartidos en dos fechas distintas de la agenda musical sevillana. La novedad ha propiciado dos importantes cambios, la sustitución de la Sinfónica por la Barroca para hacerse cargo de este concierto saludo del curso, y la de la Iglesia de la Anunciación por el Auditorio de Ingenieros de la Cartuja para el segundo evento, ganando en acústica y aforo. En los atriles un repertorio que cristalizará en la nueva grabación del conjunto especializado y que ahonda más en el interesante catálogo de obras compuestas por el prolífico Juan Francés de Iribarren para la Catedral de Málaga, donde ejerció de maestro de capilla durante treinta y tres años.

La particularidad de este concierto residió en enfrentar una obra de la enjundia del Stabat Mater de Pergolesi, con algunos de los motetes compuestos por Iribarren a partir de las melodías de esta secuencia latina destinada al Viernes de Dolores. La obra gozó de tanta popularidad a lo largo del siglo XVIII que son muchas las copias que se conservan en catedrales de todo el Mundo. Una de las tres que forman parte del ingente archivo musical de la de Málaga fue la versión elegida para este singular acontecimiento. La cantata Sabia extension y el motete Te invocamus fueron dos de las piezas cuyas melodías volvimos a disfrutar en el Stabat Mater, compuesto diez años antes, en interpretación de Carlos Mena y María Espada, dos voces que siempre son bienvenidas a Sevilla, donde tantos buenos ratos nos han hecho disfrutar. Mena inició el concierto sin embargo con cierta tendencia a cambiar de registro y traicionar la tesitura de su voz, mutando de agudos a graves con incómoda facilidad. La pieza elegida, Lamentación 2ª del Viernes Santo, no se lo puso fácil, dada su complejidad y abundantes disonancias. Afortunadamente el resto lo abordó con su habitual buen gusto y potente proyección.

Espada por el contrario brilló desde un principio a pesar del anodino Ave María que le sirvió de presentación. Su voz cristalina, dulce y brillante recorrió los pentagramas de Iribarren, y más adelante los de Pergolesi, con inusitada facilidad e incontestable exquisitez, a lo que sumó su providencial candor. Con sólo dos violines, a los que se unió la viola en el Stabat Mater, y bajo continuo con una voz por parte, Onofri lideró un conjunto apenas testimonial del trabajo de los solistas, raquítico en algunos pasajes, y más áspero que amable por lo general, no muy afín a la estética piadosa que debía imperar y que malogró en parte el resultado de este interesante ejercicio de comparación. La Barroca logró no obstante atrapar nuestra concentración y ampliar los registros de la música de Iribarren que ella misma ha ido rescatando desde hace años.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 14 de octubre de 2016

LA ROSS EN LA APERTURA DEL CURSO UNIVERSITARIO: LOS ENCANTAMIENTOS DE MOZART

Concierto de apertura del curso académico de la Universidad Hispalense. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Paçalin Zef Pavaci, concertino-director. Programa: Divertimento para cuerda K.136, Concierto nº 4 para violín K.218 y Sinfonía nº 29 K.186a, de Mozart. Auditorio de la ETS de Ingeniería, jueves 13 de octubre de 2016


Algo menos de treinta maestros y maestras de la Sinfónica fueron los convocados a esta cita anual de la orquesta con la inauguración del curso académico de la Universidad Hispalense. Se trataba de recrear con los criterios más rigurosos y actuales de interpretación la música del inigualable Wolfgang Amadeus Mozart, y esta vez fue el albanés Paçalin Zef Pavaci, que desde la temporada pasada ejerce de concertino invitado junto a Éric Crambes, el encargado de llevar a buen puerto este tradicional evento. Insistimos, aunque a estas alturas nos hayamos dado cuenta de que nadie se da por aludido, en que un acto de esta naturaleza no está completo si no hay un discurso de bienvenida que lo dignifique y distinga de otro concierto cualquiera más.

A Pavaci lo hemos visto ejercer de solista en puntuales pasajes de diversas páginas y temas sueltos como el de amor compuesto por Rózsa para la película El Cid, pero nunca hasta ahora enfrentarse a todo un concierto, y mucho menos a uno de tan brillante virtuosismo y notable espectacularidad como el nº 4 de Mozart, el más programado junto al 5, donde el violinista debe hacer un gran alarde de lirismo y belleza melódica. El concertino logró una versión aseada y competente de la obra, flexible y dinámica a pesar de un sonido poco sedoso y de corto atractivo. Estuvo no obstante sembrado de arpegios, trinos y notas picadas en el allegro inicial; faltó por el contrario algo más de poesía y melancolía en el andante, pero no de contagiosa alegría en el movimiento final.

La orquesta, que en el concierto acompañó con esmero y profesionalidad, exhibió tempi rápidos y precisos en el Divertimento que abrió la velada, una de las tres llamadas Sinfonías de Salzburgo por sus tres movimientos al estilo de la sinfonía italiana y haber sido compuestos a muy temprana edad tras una gira de Mozart con su padre por la capital austriaca. Ejecutada con el refinamiento y la ligereza que exige una materia concebida para el puro entretenimiento, la orquesta se esmeró con igual empeño, ya reforzada con metales y maderas, en una Sinfonía nº 29 a la que Pavaci supo imprimir inspiración y luminosidad, haciendo alarde de unas controladas dinámicas y una considerable energía, derivando así en una versión de suntuosa riqueza expresiva.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 30 de junio de 2016

EXPEDIENTE CUBIERTO EN EL CONCIERTO DE CLAUSURA DEL AÑO ACADÉMICO 2015-2016

Concierto de clausura del curso 2015-2016 de la Universidad de Sevilla. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro de Ópera de Málaga. Marina Pinchuk, mezzosoprano. Rodrigo Tomillo, director. Programa: Capriccio italiano, de Chaikovski; Coros, intermezzi y arias de ópera de Leoncavallo, Mascagni, Puccini, Saint-Saëns, Verdi y Bizet. Teatro de la Maestranza, miércoles 29 de junio de 2016


Abandonada la tónica seguida en los tres últimos años de acabar el curso con música de cine, gracias a la iniciativa de Media Screen Music, que tanto rédito da siempre entre el público nostálgico de una ciudad que una vez fue pionera en celebrar este tipo de música programática, los responsables del CICUS apostaron este año por la solución más fácil y popular para cubrir expediente e inaugurar las vacaciones estivales. La presencia en la ciudad de la espléndida Teresa Berganza, invitada también por la antigua extensión cultural de la Universidad Hispalense para unos encuentros enmarcados dentro de su proyecto 21 Grados, motivó un improvisado homenaje que sólo se entiende así cuando en el programa faltaron Mozart y Rossini, y sólo Carmen de Bizet entre tanto verismo, Verdi y Puccini, no pudieron justificar el referido tributo.

Junto a la ROSS, recién desembarcada de su aventura germana con Zemlinsky y El rey Kandaules, y zambullida en esta cita en las antípodas con la ópera italiana y francesa, pudimos descubrir a una mezzo de origen bielorruso y reencontrarnos con el Coro de Málaga y un director de aquí que triunfa fuera (y van…). Marina Pinchuk exhibió una voz de timbre poderosamente grave, profundo y henchido de personalidad, especialmente como Dalila de Saint-Saëns, cuyo Mon cœur s’ouvre à ta voix entonó con buen gusto, flexibilidad y generosa sensualidad. Más convencional aunque igualmente satisfactoria, fue su incorporación de Carmen en la Habanera y la Seguidilla que cantó como propina.

El Coro de Ópera de Málaga sin embargo no logró una actuación memorable. Con Mascagni y Leoncavallo, una vez más casados desde que así lo decidiera el Met a principios del siglo XX, se mostró tosco y falto de empuje y decisión, con las voces femeninas apagadas y las masculinas algo tirantes. Mejoraron con los populares coros de gitanos y prisioneros judíos de Verdi y el Bel conforto al mietitore de L’elisir d’amore de Donizetti que cantaron como propina. Por su parte, Tomillo, que el año pasado ofreció un Bruckner robusto junto a la OJA, convenció con un Capricho italiano dinámico y jubiloso de marcados ritmos sicilianos, así como con una sonoridad muy personal en cuerpo y estilo en los Intermezzi de Cavalleria Rusticana y L’amico Fritz, de Mascagni. Con el de Suor Angelica de Puccini extrajo lirismo y sensibilidad de una orquesta que en términos generales no funcionó tan bien en los metales como viene haciéndolo últimamente.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 1 de julio de 2016

viernes, 29 de enero de 2016

KRAEMER Y LA BARROCA, CON FURIA Y TAMBIÉN DELICADEZA

Concierto de Santo Tomás. Orquesta Barroca de Sevilla. Manfredo Kraemer, director-concertino. Programa: Propitia Sydera. La forma es el fondo (obras de Geminiani, Rebel, von Biber, Handel y Muffat). Iglesia de la Anunciación, jueves 28 de enero de 2016

Kraemer y la OBS interpretando los Conciertos de Brandenburgo
en marzo de 2014 en la Sala Turina
Semana vertiginosa la que acaba de completar la Barroca, resonando aún los ecos de su Senna festeggiante junto a Enrico Onofri, presentando la programación del inminente Femás, en cuya clausura volverá a dirigirlos el maestro italiano, y cumpliendo rigurosamente con el calendario académico para festejar un año más al patrón católico de los estudiantes de un país presuntamente laico. Manfredo Kraemer, otro de los directores que más veces ha dirigido en escena y en estudio a la formación sevillana, se erigió en maestro de ceremonias de este evento que tradicionalmente se celebra en la Iglesia de la Anunciación, de nuevo convenientemente ataviada con paneles para amortiguar las deficiencias acústicas del hermoso recinto, coronado por un altar mayor en el que la música tiene un gran protagonismo merced al cuadro de Juan de Roelas Circuncisión de Jesús.
 
Pero esas deficiencias de sonido no están satisfactoriamente resueltas por lo que cuentan los espectadores ubicados más allá de una sexta o séptima fila, donde se manifiesta una notable dispersión acústica. Quienes tenemos el privilegio de verlos de cerca disfrutamos del entusiasmo y la versatilidad de un conjunto que no deja de emocionarnos a partir de programas breves pero diseñados a fuerza de piezas tan singulares como las de Rebel y von Biber, que ocuparon el centro de un concierto en torno a un Corelli presente indirectamente a través de su relación e influencia con los autores elegidos. Les caractères de la danse de Jean-Féry Rebel es una original e ininterrumpida suite de danzas y sonatas reservada a virtuosistas al más puro estilo italiano, como un Kraemer que supo adaptarse a sus continuos cambios de ritmo y registro, acompañado por una orquesta que supo dominar cada matiz y plano sonoro con absoluta ductilidad. También singular la prodigiosa sonata de Biber, en la que se aprecia la predilección del autor por el canon y el empleo de la scordatura, y que Kraemer edificó con una arrebatadora delicadeza cercana a lo místico.
 
La sombra de Corelli fue directa en el primero de los Concerti grossi que Geminiani compuso en Londres siguiendo el gusto por lo francés e italiano que entonces empezaba a imperar en la capital británica, a partir de arreglos, exploraciones y expansiones de las sonatas Op. 5 de Corelli, y del que la Barroca y Kramer hicieron una lectura precisa y atenta, si bien la cuerda solista atisbó por momentos cierta rugosidad. La conocida Sonata a 5 de Handel y el Concierto XII de Muffat, caleidoscopio de los estilos francés (Lully) e italiano (Corelli) revisados en este original programa, se beneficiaron del virtuosismo del concertino argentino, su perfecto eco en la cuerda acompañante, el clave y el órgano convocados, y sobre todo los toques de tumultuosa expresividad y relieve que potenciaron una cuerda grave sensacional, con arrebatadores golpes de arco incluidos.
 
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 21 de febrero de 2015

MAUS 2015: IRVING ENSEMBLE, MÚSICA CON CARIÑO Y PASIÓN

Ciclo de Música Antigua de la Universidad de Sevilla. Irving Ensemble: Cristina Bayón e Iman Kandoussi, canto. Aníbal Soriano, laúd y guitarra romántica. Juan Manuel Rubio, santur y baglama. Leonardo Luckert, violoncello. Álvaro Garrido, percusión. Programa: Las músicas de un sueño. Capilla de la Universidad, viernes 20 de febrero de 2015

Kandoussi, Rubio y Garrido
Álvaro Garrido culminó el octavo ciclo de música antigua que coordina junto al Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla con un programa de su propio conjunto Irving Ensemble. Con el gran hispanista nortemericano Washington Irving como eje de la formación y de la selección musical ofrecida, más un pretexto en sí mismo que una auténtica referencia para amalgamar estéticas y tendencias, la cita deparó un considerable placer para los sentidos, desde el cariño y el apasionamiento que músicos y cantantes supieron desplegar frente a una numerosa y agradecida concurrencia.

Una aproximación entre oriente y occidente más ficticia que real, sin pretensiones ni ánimo revisionista ni reconstructivo; se trató simplemente, haciendo gala de ese espíritu soñador que dio título a la propuesta, de imaginar la combinación y la alianza entre esos dos mundos próximos y a la vez tan separados por la Historia. Así las voces étnica de Kandoussi y de mimbres barrocos de Bayón se combinaron a veces con fortuna (Ay ques si, ay que no), otras no tanto (Las mujeres y las cuerdas de Fernando Sor), mientras la cuerda percutida del santur, uno de los muchos instrumentos étnicos que domina Juanma Rubio, de sonido parecido al de una cítara, añadió sensualidad y exotismo al espléndido oficio de Luckert al violonchelo en piezas como Che si puo fare de Barbara Strozzi.

Cristina Bayón se excedió en temperamento ya desde el inicio del concierto con Quel sguardo sdegnosetto de Monteverdi, donde sus agilidades vocales contaron con la complicidad de alguna pequeña espectadora, que supo conectar perfectamente con su espíritu bromista. Por ponerle alguna falta, Bayón debería mejorar en vocalización. Kandoussi por su parte convenció más en canciones arábigas que en un estridente castellano. Los recurrentes Canarios de Sanz y La música nocturna de Madrid de Boccherini sonaron con vocación eminentemente folk merced al tañer vitalista de Soriano; y Garrido añadió a una percusión precisa y elegante un solo de atlética exhibición en una pieza tradicional sefardí casi para concluir la experiencia.

Articulo publicado en El Correo de Andalucía el 22 de febrero de 2015