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sábado, 25 de noviembre de 2023

IZIK-DZURKO POTENCIAN LA MELANCOLÍA DEL OTOÑO

3er concierto del ciclo Gran Sinfónico de la temporada nº 34 de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Jaeden Izik-Dzurko, piano. Antonio Méndez, dirección. Programa: Stilleben mit Orchester, de Elena Mendoza; Concierto para piano en La menor Op. 54, de Schumann; Danzas sinfónicas Op. 45, de Rachmáninov. Teatro de la Maestranza, viernes 24 de noviembre de 2023


Que Sevilla es una ciudad difícil y desconcertante lo demuestra el hecho de que a dos días de que recale aquí la Mahler Chamber Orchestra, una de las pocas plazas españolas donde actuará, quede por vender más de la mitad del aforo. Las propuestas locales más o menos se defienden, pero necesitamos otras que sitúen nuestra programación a niveles de otras ciudades europeas de semejante calado, y eso, que una vez fue realidad, ahora parece tan difícil de conseguir, salvo en raras ocasiones en las que la popularidad del o la intérprete le precede. Tratándose de una propuesta eminentemente local, el aforo de ayer no fue desdeñable, hay que decir que la ocasión lo merecía, con un programa en los atriles de la Sinfónica realmente atractivo, empezando por el estreno en su ciudad de una obra de la sevillana Elena Mendoza, presente en la sala, y siguiendo con otras dos que no por más trilladas son menos atractivas y seductoras.

La de Mendoza, artista todavía poco conocida a nivel popular en su ciudad natal, a pesar de recolectar fuera un enorme reconocimiento y situarla a la vanguardia de las músicas actuales digamos serias, resultó una pieza de enorme singularidad, por su tratamiento de las texturas y porque, sin apartarse de corrientes compositivas ancladas ya en un pasado reciente, y muy concretamente en esas Atmósferas de Ligeti que disfrutábamos precisamente justo una semana antes en el concierto de apertura de temporada de la Sinfónica Conjunta, experimenta con instrumentos inusuales y en principio poco o nada convencionales para integrarlos en el conjunto de una bien equipada formación sinfónica. En concreto, en Stilleben mir Orchester (Naturaleza quieta, que es como en Alemania denominan las naturalezas muertas para quitarle esa acepción funeraria) suenan copas de cristal con un poco de agua, latas de conservas, ralladores y otros utensilios de cocina, hasta llegar a las botellas sopladas con las que parte de los metales y las maderas van cerrando la pieza con ademanes puramente teatrales y una concepción bastante dramática de la interpretación. El resultado es tan seductor como sugestivo gracias a la atención y el sentido de la precisión que imprimió el director mallorquín Antonio Méndez, una de las voces más personales y comprometidas del actual panorama musical español.

Como tarjeta de presentación en nuestra ciudad, al pianista canadiense Jaeden Izik-Dzurko, ganador entre otros del premio Paloma O’Shea del Festival de Santander, ya tuvimos ocasión de conocerle en el pasado Festival de Primavera de Juventudes Musicales, donde hizo alarde de su fuerza y energía al teclado. Esta vez sin embargo, frente al Concierto para piano de Schumann, se decantó más por una lectura etérea y volátil de la partitura, como si acariciase las teclas y se dejase llevar por su naturaleza fuertemente emocional y melancólica. Se trata por supuesto de una pieza que demanda más poesía que virtuosismo, aunque esto resulta discutible cuando se escucha al allegro vivace final. No cabe duda de que Méndez y Izik-Dzurko se decantaron por esta línea, pero los resultados no fueron del todo convincentes desde el punto de vista expresivo. No es que sonara ni amanerado ni melindroso, tampoco afectado, pero sí algo apagado y falto de aliento, ya fuera en unos diálogos entre orquesta y solista un poco raquíticos como en un sonido en general demasiado suave, como si por querer ser melodioso acabara resultando pasteloso sin llegar a ser empalagoso. No fue a pesar de ello una interpretación desdeñable sino simplemente particular, no acorde con lo que algunos esperábamos de ella, pero válida y perfectamente ejecutada a nivel técnico general.


Algo parecido sucedió con el arranque de las impresionantes Danzas sinfónicas de Rachmaninov, que resultó algo moroso y falto de empuje, a pesar de que Méndez demostraría a lo largo de la partitura una enorme disciplina y un sentido dramático del conjunto realmente encomiable. Así, aunque no resultara tan voluptuosa ni intensa como hubiera sido deseable, sus líneas fueron claras y concisas, con grandes oportunidades de lucimiento, muy bien aprovechadas, de los solistas de la orquesta, desde el clarinete al saxofón, al fagot o el piano. Pero siguió faltando intención, expresividad y más emoción. Fue en términos generales una interpretación bien construida, muy bien articulada, pero algo fría y falta de aliento. Lo mejor, el vals central, tan bello como seductor, así como convenientemente siniestro y sensual. Esa misma falta de intensidad generalizada se observó también en el final, siempre desde la admiración que nos profesa el buen nivel alcanzado por todas y cada uno de los integrantes de la orquesta, mimada hasta el último detalle por la atenta batuta de Antonio Méndez.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 6 de junio de 2023

IZIK-DZURKO CON TODA LA ARTILLERÍA

XXXIII Festival de Primavera de Juventudes Musicales de Sevilla. Jaeden Izik-Dzurko, piano. Programa: 2 Momentos musicales D. 780, de Schubert; 2 Mazurkas Op. 40 y Sonata nº 4 en fa sostenido menor Op. 30, de Scriabin; Scherzo nº 3 en do sostenido menor Op. 30, de Chopin; Sonata nº 1 en fa sostenido menor Op. 11, de Schumann. Salón de los Carteles de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, lunes 5 de junio de 2023


Para arrancar su trigésimo tercer Festival de Primavera, Juventudes Musicales de Sevilla regresó a su emplazamiento habitual, el Salón de Carteles de la Maestranza, donde para alimentar el tópico se emplazó al joven canadiense Jaeden Izik-Dzurko, ganador de varios premios internacionales de gran prestigio, entre ellos el Paloma O’Shea del Festival de Santander del pasado año, donde también se hizo con los premios del público y el de mejor intérprete de música de cámara. Después de esta experiencia sevillana siempre nos asociará con los toros, como hacen en el parque Mini Europa junto al Atomium de Bruselas, donde España está representada por El Escorial, la Catedral de Santiago, las protestas independentistas de Cataluña y la Maestranza de Sevilla, olés incluidos. Es lo que tienen los espacios emblemáticos con encanto, aunque para ello se tenga que sacrificar la visibilidad y el sonido fluya con más amabilidad conforme nos alejemos del escenario, por lo que la combinación imagen y sonido apenas funciona.

El joven pianista de veintitrés años acudió a la cita con un programa muy bien aprendido (tocó de memoria de principio a fin), fruto de un enorme esfuerzo y dedicación, en el que primaron los tonos románticos y apasionados que su rotunda vehemencia al teclado convirtieron en dechado de energía y dinamismo casi acrobático. Nada pues que reprocharle a nivel técnico, impecable y sin fisura alguna. Pero en el apartado expresivo, su pianismo se resintió de esa tendencia al forte que caracterizó toda la velada y que se tradujo en una experiencia decibélica de enorme calado. Así, atacó el Momento musical nº 1 de Schubert que le sirvió de introducción con algo menos de la delicadeza que se presupone, pero con una digitación clara y precisa que se mantendría durante toda la exhibición, haciendo además acopio de una rica gama de colores, lo que se repitió en el célebre número 3 con un control absoluto del ritmo y la ornamentación. Las brevísimas Mazurkas 1 y 2 Op. 40 de Scriabin funcionaron como introducción a su Sonata nº 4, formando un bloque sólido y expresivamente justificado. Sin ser de las más atrevidas de sus seis sonatas, la Op, 30 marca ya un universo expresivo intenso y febril que Izik-Dzurko logró traducir con enorme vitalidad, aunque echáramos en falta algo más de swing en su Prestissimo volando. El espléndido Yamaha acusó algunas vibraciones en los acordes finales de algún que otro pasaje, sin que volvieran a asomar el resto del concierto.

No faltó ese toque de grandeza que caracteriza al Scherzo nº 3 que Chopin compuso entre Valldemossa y París, pero sí algo más de ironía y tensión. El artista prefirió clarificar sus aristadas líneas melódicas con evidente ferocidad a mostrar algo más de delicadeza y cantabilidad en sus pasajes más líricos. Y así llegó a la pieza cumbre del programa, la Sonata nº 1 de Schumann, prodigio de contrastes y espíritu atormentado que el joven desgranó con una considerable dosis de reflexión y sabiduría. Su enorme intensidad emocional encontró ahora sí un magnífico médium capaz de plasmar el carácter atormentado de la pieza en conjugación con sus pasajes más ensoñadores y refinados, mostrando un enorme desenfreno sin traicionar el espíritu enigmático que la informa y sin acusar en ningún momento las temidas estridencias que pueden acompañar al puro apasionamiento. De nuevo con Scriabin en la propina, Izik-Dzurko mostró una mayor dosis de lirismo y delicadeza con su Poema Op. 32 nº 1, por lo que no cabe duda de que tiene una brillante carrera por delante y sabrá limar algunas de las asperezas apuntadas hasta alcanzar el deseable equilibrio entre técnica y expresividad. Las citas con Juventudes Musicales continúan hoy con el Trío Schumann abordando a Schubert y Brahms, y la semana que viene con Molina & Uchi Piano Duo sumergidos en el romanticismo y el impresionismo, así como José Mª Gallardo del Rey desplegando su maestría a la guitarra.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía