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viernes, 24 de febrero de 2023

EL ESPÍRITU HEROICO DE CONRADO MOYA Y ROBERT SCHUMANN

6º concierto del ciclo Gran Sinfónico de la temporada nº 33 de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Conrado Moya, marimba. Sebastian Perlowski, dirección. Programa: Concierto heroico para marimba y orquesta, adaptación de Conrado Moya del Concierto para piano de Joaquín Rodrigo; Sinfonía nº 1 en Si bemol mayor Op. 38 “Primavera”, de Robert Schumann. Teatro de la Maestranza, jueves 23 de febrero 2023

Foto: Guillermo Mendo

El cambio de fechas, miércoles y jueves en lugar de los jueves y viernes habituales, y una agenda apretada, propiciaron que nos acercáramos a este sexto concierto de temporada de la Sinfónica en su segunda cita. Tras constatar el entusiasmo del joven alicantino Conrado Moya en un emotivo video colgado en internet, en el que explica sus motivaciones para adaptar el Concierto para piano de Rodrigo a su instrumento, la exótica marimba, mostrando ese entusiasmo conmovedor que a veces contagia a los más jóvenes, nos rendimos a sus formas y su convicción a la hora de acercarnos a esa página refulgente del compositor valenciano. El espíritu enfático y épico de la partitura de Rodrigo se vio reforzado también en una segunda parte protagonizada por la primera de las cuatro sinfonías de Schumann, igualmente dinámica y vigorosa aunque dominada por una expresividad de muy distinto calado y resolución.

Tras el éxito de su Concierto de Aranjuez, que por cierto también fue motivo de adaptación, en esta ocasión al arpa, Rodrigo se embarcó de vez en cuando en la composición de conciertos con diversos instrumentos, desde el violín a la misma arpa, pasando por el violonchelo o la guitarra más recurrente. El Concierto para piano siguió al más famoso de su catálogo, aunque su origen se remonta a diez años antes de que Leopoldo Querol y Ernesto Halffter lo estrenasen, cuando el pianista se lo encargó al maestro de Sagunto. Precisamente a las ruinas de la ciudad en la que nació Rodrigo está dedicada la pieza, cuyo carácter eminentemente épico tanto nos hace recordar a numerosas partituras para el cine. Su exhaustiva orquestación puede poner en más de un aprieto al solista, que en todo caso debe destacar por encima de un conjunto que ha de servirle como estímulo, personificando a ese trepidante héroe que protagoniza la página. Tratándose de un instrumento tan potente como la marimba, con esa sonoridad tan rotunda, Moya tuvo menos dificultades que un pianista para cumplir su cometido, claro que también ayudó la pericia del director, un Sebastian Perlowski del que guardamos muy grato recuerdo de su concierto de año nuevo del 2022, que mantuvo en todo momento el equilibrio justo para no ensombrecer el trabajo del joven percusionista. Moya se adaptó como un guante a los distintos espíritus que informan los cuatro movimientos de la pieza, siempre bajo un manto vigoroso de trepidante ritmo y con solo el descanso del largo, un pasaje místico que reproduce el carácter religioso con el que antaño se identificaba toda gesta heroica. La precisión, el dominio y sobre todo, el entusiasmo de Moya lograron una interpretación lucida y extremadamente atractiva, a la que hubo que sumar el exotismo del instrumento y la brillantez e inspiración del autor, aun dentro de una estética muy conservadora y convencional. Una pieza para marimba solo, Romántica de Emnanuel Sejourne, sirvió para corroborar en la propina la maestría del joven intérprete de tan complejo instrumento.


Ese mismo espíritu heroico informa también la sinfonía más beethoveniana de Schumann, una pieza imaginativa e igualmente exuberante ya desde sus primeros acordes a los metales, una familia que logró brillar en la interpretación sumamente controlada que dirigió el también joven maestro polaco. También los timbales tuvieron ocasión de lucirse a lo largo de una pieza en la que destacó la pasión del allegro inicial, cargado de una exacerbada vivacidad y un marcado y acertado sentido del ritmo. Acaso faltó algo más de elegancia en el larghetto, no obstante el buen trabajo de los trombones y las trompas, pero no magia ni entusiasmo en el scherzo hasta desembocar en un allegro final tan contundente como distendido, revalidando así el buen sabor de boca que Perlowski nos dejó en enero del pasado año. Un concierto en fin memorable por la intervención de Moya, satisfactorio por la dirección de Perlowski, entretenido por todo lo demás.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 5 de enero de 2022

SEBASTIAN PERLOWSKI MARCA LA DIFERENCIA

Concierto de Año Nuevo de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Sebastian Perlowski, director. Programa: Obertura de Die Fledermaus, Frühlingstimmen, Perpetuum Mobile, Kaiserwalzer, Vergnügungszug Polka, Unter Donner und Blitz, Obertura de Der Zigeunerbaron, Rosen aus dem Süden, Tritsch Tratsch Polka, An der schönen blauen Donau, de Johann Strauss II; Pizzicato Polka, de Johann Strauss II y Josef Strauss. Teatro de la Maestranza, martes 4 de enero de 2022


Anoche volvimos a disfrutar de nuestro Concierto de Año Nuevo apenas tres días después de hacerlo con la Filarmónica de Viena bajo la batuta siempre recia y distinguida de Daniel Barenboim, a quien estos días no paran de hacerle reproches sobre su edad, su estado de salud y su extrema seriedad… pero, ¿cuándo no ha tenido el famoso director un semblante serio? Hay quien incluso se atrevió a destacar que tuvo que dirigir infiltrado, como si una infiltración fuera monopolio de gente de avanzada edad o algo sorprendente teniendo en cuenta el exceso de lucha y trabajo desplegado por este insigne director desde hace ya muchas décadas. Lo único destacable de este último concierto de año nuevo de Barenboim fue su extrema delicadeza y calidad para afrontar páginas en su mayoría tan frecuentadas.

En el caso de nuestra Sinfónica nada hacía presagiar, teniendo en cuenta lo desconocido que es Sebastian Perlowski por estas lides, que disfrutaríamos de tan buenos resultados. Este director polaco con desenfadada imagen a lo David Muñoz exhibió un enorme entusiasmo de principio a fin, una atención extrema a cada nota y matiz, controlando al detalle cada familia de instrumentos y extrayendo de la orquesta un máximo rendimiento, y todo ello sin partitura alguna y salpicando de bromas y sorpresas esta primera cita del año con la música de gran formato. En el programa solo obras de Johann Strauss hijo, con piezas infinidad de veces interpretadas como la obertura de El murciélago y su característico vals giratorio, la Polca Pizzicato que compuso junto a su hermano Josef y que tan bien resuelven los maestros y maestras de la orquesta, estas abandonando en su mayoría el negro para atreverse con algo de color en sus atuendos, o los imprescindibles valses del Emperador y de las Rosas del Sur. Así hasta llegar al inevitable Danubio Azul, dirigido con una elegancia y una claridad exquisitas, y la Marcha Radetzky, compuesta por el padre del homenajeado, que el público acompañó con palmas como marca la tradición, aunque esta vez por bloques según indicación del entregadísimo director.


Pero lo verdaderamente destacable fue su destreza en la dirección, el ritmo que imprimió al conjunto, la brillantez de sus formas y la energía electrizante exhibida en todo momento. Un entusiasmo general que contagió a un público que abarrotaba el Maestranza, lo que nos hace reflexionar sobre el éxito de estas propuestas tan populares y mediatizadas, y la fascinación que siguen ejerciendo sobre la población estas evocaciones de lujo monárquico, romanticismo y vasallaje. Vamos, que la gente sigue soñando con príncipes y princesas, bailes de palacio y salones engalanados, algo que deberíamos hacernos revisar. Perlowski supo muy bien traducir este espíritu, sin aspavientos ni salidas de tono, y entre pieza y pieza nos hizo reír con sus ocurrencias, como invitar a una espectadora de primera fila a dirigir la si se quiere interminable coda que justifica el Perpetuum Mobile, o simular la salida del tren mediante una trompetilla en la polca El tren del placer, única pieza que se salió del repertorio habitual. Mucha agilidad y entusiasmo también en las populares polcas Tritsch Tratsch y Entre truenos y relámpagos, con la complicidad jovial y distendida de una percusión en ningún momento excesiva ni estridente. La respuesta de la Sinfónica a toda esta sensación de alegría fue excepcional, y la del público entusiasta. No se puede pedir más.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía