lunes, 28 de febrero de 2011

Los chicos están bien, pero las madres pierden el norte

Crítica de cine

LOS CHICOS ESTÁN BIEN (The Kids Are All Right)

USA 2010 109 min.
Dirección Lisa Cholodenko Guión Lisa Cholodenko y Stuart Blumberg Fotografía Igor Jadue-Lillo
Música Carter Burwell Intérpretes Annette Bening,
Julianne Moore, Mark Ruffalo, Mia Wasikowska, Josh Hutcherson, Yaya DaCosta, Kunal Sharma, Eddie Hassell, Zosia Mamet Estreno 25-2-2011

Algo despistada o confundida debe estar la militante Lisa Cholodenko para haber perpetrado la barbaridad de rodar una película como ésta; un híbrido entre drama y comedia con el que parece querer representar una situación de familia alternativa normalizada, cuando en realidad lo único que consigue es repetir los esquemas propios de la familia conservadora y ultracatólica, con la única diferencia de tratarse de dos madres (lesbianas, ¿o no?) en lugar de madre y padre. Pero cuando el hijo y la hija empiezan a buscar el dichoso referente paterno y los comportamientos inexplicables e insólitos de una de las gestantes provocan crisis de identidad sexual, la cosa se desboca y pierde intenciones y horizonte. Claro que puede que lo que la realizadora de High Art pretenda sea alertar a los donantes de semen de que nunca acepten una invitación a conocer los resultados de su donación, no vaya a ser que les cambien sus parámetros de vida, les líen y les terminen fastidiando para el resto de su existencia. Eso es lo que le pasa al centrado y apacible pobre Mark Ruffalo cuando se junta con las histéricas lesbianas beneficiarias de su semen, que por supuesto no responden al esquema habitual de mujer gay, sino al muy atractivo de mujer hetero con conducta homosexual, vamos como cuando los protagonistas son guapos y machotes gays masculinos. Ya saben, la pluma para el secundario gracioso, de igual forma que la rudeza para la secundaria simpática, y como aquí no hay lesbianas secundarias, las dos protagonistas son monas y muy femeninas. Pero lamentables curiosidades aparte, la cinta no tiene interés alguno ni plantea situaciones inquietantes, y para colmo está rodada con desgana y pobre puesta en escena. Si al menos las interpretaciones fueran buenas, pero nos encontramos de nuevo ante repetición de tics y clichés propios de cine supuestamente independiente, a menudo irritantes. Del póster publicitario parecía adivinarse una amable comedia sobre personajes interesantes, con propuestas diferentes y modelos de vida alternativos, pero ni lo uno ni lo otro, sólo mujeres castrantes e imitación de roles archiconocidos y aprendidos. Una oportunidad perdida.

viernes, 25 de febrero de 2011

Chico & Rita: Cine de animación prodigioso y novedoso

Crítica de cine

España-Reino Unido 2010 94 min.
Dirección Fernando Trueba, Javier Mariscal y Tono Errando Guión Fernando Trueba e Ignacio Martín de Pisón Música Bebo Valdés Voces Eman Xor Oña, Limara Meneses, Mario Guerra, Estrella Morente Estreno 25-2-2011


El debut de Fernando Trueba en el cine de animación se antoja como su mejor realización en años, e incluso para quien esto escribe, la mejor de su irregular carrera. Claro que en esto tienen muchísimo que ver los preciosos, detallistas y descomunales dibujos de Javier Mariscal y la excelente música compuesta y recopilada por Bebo Valdés. Erigida como un épico canto de amor a la música, especialmente el bolero, la salsa y el jazz americano, la película nos cuenta la historia de amor, de encuentros y desencuentros, de una pareja de bohemios enfrascados en la difícil supervivencia del arte. Pianista y cantante ven cómo su profundo amor se ve truncado primero por los celos, después por la mala suerte y, finalmente, por la represión política y la falta de derechos humanos. La Habana, Nueva York, París, Sydney, Barcelona y otras ciudades se muestran ante nuestros incrédulos ojos como nunca las habíamos visto, con todo lujo de detalle y una animación de primerísimo categoría. En realidad todo el film es una experiencia absolutamente nueva y original, rebasando con creces las técnicas tímidamente utilizadas anteriormente en los films de animación de Richard Linklater y en Vals con Bashir. El uso del color y de las sombras, unido al trabajo de ambientación, la caracterización de personajes y la salvación con matrícula de honor de arriesgadas secuencias de acción y persecución, hacen de este título un placer ilimitado para los sentidos. La hermosísima música, interpretada excelentemente, con boleros imperecederos como Bésame mucho o Sabor a tí, así como títulos inolvidables de la música norteamericana, como Stardust o Love for Sale, completan los alicientes de esta sensacional experiencia. Personajes míticos del jazz y el cine, como Charlie Parker, Dizzie Gillespie, Chano Pozo, Nat King Cole, Ben Webster, Tito Puente, Fred Astaire, Marlon Brando o Humphrey Bogart, se cruzan ante nuestra mirada en escenarios como Tropicana, Riviera, el Palau de la Música, la Ópera de Sydney, Hollywood, Las Vegas, la Sala Pleyel o el Radio City Music Hall, en preciosas y preciosistas viñetas de colores. Claro que en el viaje se han pagado algunos peajes, como son ciertas caídas de ritmo narrativo e intensidad dramática, más de las convenientes, así como una impertinente tendencia a fusionar estilos y géneros musicales, de forma que identificar la música caribeña y la afroamericana con el flamenco en el trama final de la cinta, se nos antoja oportunista e inapropiada, con una intervención de Estrella Morente fuera de lugar y de estilo, por mucho que con ello se quiera reflejar la recuperación que desde nuestro país se está llevando a cabo de artistas cubanos sepultados por la maquinaria castrista. Con todo un espectáculo prodigioso y altamente recomendable al que auguramos una carrera internacional que no ha hecho sino empezar.

Estreno en Sevilla de A.Mort.Z IV de Agustín Castilla-Ávila

Crítica de música

9º Concierto de abono de la XXIª temporada de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Hansjörg Schellenberger, director; Sarah Roper, oboe; Miguel Domínguez Infante, clarinete; Javier Aragó Muñoz, fagot; Joaquín Morillo Rico, trompa.
Programa: A.Mort.Z IV de Castilla-Ávila; Sinfonía concertante para oboe, clarinete, fagot y trompa K 297b de Mozart; Sinfonía nº 4 Op. 60 de Beethoven.
Teatro de la Maestranza, 24 de febrero de 2011

Agustín Castilla-Ávila, compositor y guitarrista
Jerezano afincado en Salzburgo – pudimos verlo en un programa de Españoles por el Mundo – Agustín Castilla-Ávila lleva algunos años componiendo una serie de homenajes a Mozart que culmina con esta cuarta entrega cuyo estreno ha tenido lugar en el Teatro de la Maestranza. Se trata de una pieza que, siendo fiel a la estructura, orquestación y ritmo del primer movimiento de la Sinfonía nº 9 “Praga” de Mozart, subvierte su tonalidad y armonía para presentar algo nuevo y pretendidamente vanguardista, para lo que, faltaría más, tiene que convertir la jovialidad y la gracilidad de la obra original en algo siniestro y hasta terrorífico, hasta el punto de que pareciera que estuviésemos escuchando una banda sonora de Pino Donaggio para un film de Brian de Palma de los 70. Destacó en la interpretación un exceso de cuerda, expuesta por la Sinfónica con tanta sedosidad que casi parecía una interpretación de 101 Strings bajo la imprecisa dirección de Natale Massara.

Pero no, quien dirigía en realidad es uno de los más prestigiosos oboístas de los últimos treinta años, el alemán Hansjörg Schellenberger, quien a continuación ofreció una desangelada interpretación de la Sinfonía Concertante K 297b del propio Mozart. Schellenberger tiene una excelente grabación de la misma pieza, con similares parámetros de estilo e instrumentación, al oboe acompañado por Carlo Maria Giulini y la Filarmónica de Berlín. Pero si allí brillaba la volatilidad y la gracia de la pieza, bajo su dirección presenciamos una versión plomiza y aburrida, carente de matices y sin apenas marcar los ritmos ni cambios de tono. Los solistas, todos miembros de la plantilla orquestal, cumplieron con solvencia y profesionalidad, incluso la trompa, instrumento más difícil de dominar y por ello objeto de alguna que otra imprecisión. Destacó la oboísta neozelandesa Sarah Roper, en una parte que originariamente fue compuesta para flauta, instrumento no muy apreciado por el autor.

Donde más brilló la batuta de Schellenberger fue en la Sinfonía nº 4 de su paisano Beethoven. Una pieza enmarcada entre dos obras maestras, la Heroica y la Quinta, concebida en principio como un divertimento, pero que en manos del que quizás sea el más grande compositor de todos los tiempos, alcanza un merecido alto nivel de excelencia. Considerada por muchos regresiva, cuenta sin embargo con grandes hallazgos, como ese marcado ritmo en la cuerda grave y los metales, conjuntamente o por separado, del Adagio, algo que no volvemos a encontrar prácticamente hasta un siglo después en la Obertura de El caso Makropoulos de Janácek. Un Adagio que por cierto encontró en los atriles de la ROSS una interpretación plena de lirismo y emoción, mientras en el resto de la obra la interpretación acertó en cuestiones como el ritmo, los acentos dinámicos y la energía, logrando una rendición más próxima a un tono alegre y desenfadado que a otro centrado en la profundización emocional de un compositor que en ese momento se encontraba exultante de optimismo.

jueves, 24 de febrero de 2011

OSCAR 2010: Un repaso a la música de cine comercial del año

Cuando faltan escasos días para que se otorguen los premios cinematográficos más populares del Mundo, ésta es una ocasión perfecta para repasar la música de las películas, fundamentalmente norteamericanas, que nos ha acompañado en los últimos meses.

Precisamente en ese apartado de candidatas a la mejor música original encontramos tantos aciertos como desaciertos. Si ya hace un par de años nos parecía un disparate que la sobrevalorada cinta de Danny Boyle Slumdog Millionaire lograra para el músico indio A. R. Rahman dos estatuillas, por una de sus canciones y su banda sonora made in Bollywood, una decisión que entendimos como un intento de la Academia de Hollywood por modernizarse y popularizarse (todavía más) aún a costa de la calidad, este año el compositor  opta también a premio en doble apartado por el último film de Boyle, 127 horas. Si en su música sólo encontramos algunos aciertos aislados, especialmente en los temas trepidantes y guitarrísticos, la canción If I Rise que el autor entona junto a la cantante Dido, se nos antoja algo más interesante. No obstante no nos parece una banda sonora a la altura de, por ejemplo, la fantástica partitura de Danny Elfman para Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton, film que opta a tres nominaciones de carácter técnico-artístico. Curiosamente uno de los compositores más apreciados por los aficionados es también uno de los más castigados por la Academia. Sólo su tema original, Alice, ya vale mucho más de las discretas músicas seleccionadas para la ocasión. Otra de las bandas sonoras nominadas, la del prolífico y muy interesante compositor francés Alexandre Desplat para El discurso del rey, no se haya entre los trabajos más logrados del autor, a pesar de un pegadizo y tierno tema principal. Sin duda la gran composición del autor de La reina este año ha sido la creada para el excelente thriller de Roman Polanski El escritor. Claro que una cinta tan incómoda por su peligroso y subversivo mensaje en torno a la sumisión del gobierno británico al norteamericano, no extrañar que haya sido ninguneada en los Oscar y los Bafta. La Academia del Cine Europeo supo apreciar mejor el trabajo del compositor otorgándole el Fénix a la mejor banda sonora del 2010.

La nominación de Trent Reznor, cabeza visible del grupo Nine Inch Nails, y Atticus Ross, por La red social, estaba cantada. Es tradicional que los filmes con más y mejores candidaturas cuenten con más posibilidades para encumbrar sus bandas sonoras, aunque sean tan plúmbeas e insólitas como ésta, si bien no deja de tener su interés como trabajo audaz, obsesivo y en cierto modo vanguardista. Nominado en seis ocasiones, y con un discutible Oscar por El rey león, una partitura en la que en realidad lo que brillaban eran las canciones de Elton John, Hans Zimmer vuelve a ser candidato este año, tras serlo el año pasado por Sherlock Holmes, por uno de los trabajos más inquietantes y fascinantes del año. Se trata de Origen, donde el sinfonismo, la percusión y algunas dinámicas de tendencias vanguardistas, logran un acompañamiento musical enérgico y contundente para la formalmente brillante pero temáticamente trillada película de Christopher Nolan. Otra banda sonora en esa línea, la del dúo francés de música electrónica Daft Punk, integrado por Thomas Bangalter y Guy-Manuel de Homen-Christo, para Tron Legacy, no ha corrido la misma suerte que la de Zimmer a la hora de las nominaciones, a pesar de su indiscutible calidad y su innegable capacidad de fascinación.

Formado en la escuela del propio Zimmer, pero con una personalidad original y propia, John Powell logra por fin el reconocimiento de la industria con su nominación por la banda sonora de Cómo entrenar a tu dragón, una excelente película de animación digital de Dreamworks ilustrada con música de aires épicos y celtas. Sus partituras para la saga de Jason Bourne, United 93, Hormigas y Noche y día, el film que Tom Cruise rodó en Sevilla, le avalan. Otro compositor criado de las aulas de Hans Zimmer, Harry Gregson-Williams, es el responsable de la música de dos films con candidaturas extramusicales: The Town, la latosa crónica de robos perpetrada por Ben Affleck, candidata al mejor actor secundario, e Imparable, una trepidante cinta de acción del inefable Tony Scott, con un precioso tema dedicado al personaje interpretado por Denzel Washington. De las diez películas nominadas al premio gordo sorprende que la Academia no haya considerado la espléndida partitura de Clint Mansell para Cisne negro, donde distorsiona, pervierte y manipula El lago de los cisnes de Tchaikovsky para lucimiento de la gran y justa favorita de este año, Natalie Portman.

El resto de cintas nominadas a la mejor película lo integran Valor de ley, donde el colaborador habitual de los hermanos Coen, Carter Burwell, utiliza la tradicional canción Leaning on the Everlasting Arms para ilustrar el violento y vengativo viaje de Hailee Steinfeld a base de versiones y variaciones del tema. En The Fighter Michael Brook, responsable de la música del film dirigido por Sean Penn Hacia rutas salvajes, compone una oscura y casi imperceptible partitura con la guitarra eléctrica como protagonista. Aunque no ha sido considerada en el apartado de mejor banda sonora, el veterano y muy apreciado Randy Newman opta a un segundo Oscar por la canción principal de Toy Story 3, We Belong Together. En su haber cuenta con dieciocho nominaciones y un premio por la canción de Monstruos S.A. En Winter’s Bone abundan las canciones folk y country, muchas de ellas entonadas por Merideth Sisco, ideales para ilustrar esta historia ambientada en la América profunda. Menos interesante resulta el recopilatorio de canciones entre pop y psicodélicas que se ha editado como banda sonora de Los chicos están bien.


El apartado musical se completa con la nominación a mejor canción original de I See the Light de Enredados, donde Alan Menken – 8 oscars por La sirenita, La bella y la bestia, Aladdin y Pocahontas – parece haber perdido la inspiración, y Coming Home, del film seudomusical Country Strong, protagonizado por Gwyneth Paltrow, que también se atreve y con éxito a interpretar el mencionado tema. En este apartado de mejor canción se echa en falta la triunfadora de los Globos de Oro, You Haven’t Seen the Last of Me, interpretada por Cher en Burlesque, con el que la compositora Diane Warren podría haberse quizás quitado la espinita de no haber conseguido el Oscar en ninguna de sus seis nominaciones. También la canción del melómano realizador de El ilusionista, Sylvain Chomet, podría haber optado a una candidatura en este apartado, como ya hizo en 2004 por Bienvenidos a Belleville. La película, basada en un guión inédito de Jacques Tati, opta al Oscar a la mejor cinta de animación, junto a Toy Story 3 y Cómo entrenar a tu dragón.

Una de las mejores bandas sonoras del año, la del denostado film de M. Night Shyamalan Airbender: El último guerrero, obra de James Newton Howard, también ha sido ninguneada por la Academia. Suya es también la muy interesante música de Salt, un thriller de acción protagonizado por Angelina Jolie y candidato a las mejores mezclas de sonido. Este año Clint Eastwood no ha logrado colarse en las nominaciones con su nuevo film, Más allá de la vida, salvo en el apartado de mejores efectos visuales, por la impactante secuencia de inicio con el tsunami de Indonesia. El film no parece haber convencido en Estados Unidos tanto como lo está haciendo aquí. De nuevo el propio Eastwood, melómano empedernido y competente pianista, se encarga de la música de la película, para lo cual ha tomado como referencia el comienzo del segundo movimiento del célebre Concierto para piano nº 2 de Rachmaninov. Y menos mal que los académicos no han tenido en cuenta la partitura de Gustavo Santaolalla para Biutiful como sí hicieron los sordos académicos españoles, seguramente subyugados por el adagio del Concierto para piano de Ravel, que suena en el film en interpretación de Zoltán Kocsis y la Orquesta del Festival de Budapest dirigida por él veterano Iván Fischer. Con dos Oscar consecutivos por Brokeback Mountain y Babel ya tiene de sobra el compositor argentino. Lo que sí nos encantaría es que Javier Bardem lograra su primer Oscar como protagonista, y en castellano, por su irrepetible interpretación en el film de González Iñárritu, tras conseguirlo hace tres años como secundario por No es país para viejos. Pero todo apunta a que éste sea el año de Colin Firth.


Primero de los dos programas especiales de Pantalla Sonora dedicados a repasar los títulos candidatos al Oscar 2010 a través de su música. Emitido en Radiópolis el 20 de febrero de 2011
Descárgatelo en http://www.archive.org/details/PantallaSonoraOscars20101


Segundo de dichos especiales, emitido el 27 de febrero de 2011
Descárgatelo en http://www.archive.org/details/PantallaSonoraOscars20102

miércoles, 23 de febrero de 2011

Sin retorno y sin talento

Crítica de cine  

Argentina-España 2010 104 min.
Dirección Miguel Cohan Guión Ana y Miguel Cohan
Fotografía Hugo Colace Música Lucio Godoy
Intérpretes Leonardo Sbaraglia, Martín Slipak,
Bárbara Goenaga, Luis Machín, Ana Celentano,
Arturo Goetz, Agustín Vásquez, Federico Luppi,
Felipe Villanueva, Rocío Muñoz
Estreno 18-2-2011

Debut en la dirección del habitual ayudante de dirección de Marcelo Piñeyro (El método, Plata quemada) con un thriller cuyo punto de partida es una lamentable tragedia fortuita en el que se cruzan involuntariamente varias vidas cuyos devenires quedan gravemente truncados. El problema es que tal como está planteado dicho evento fortuito, columna vertebral de toda la credibilidad y solidez del drama propuesto, resulta difícil digerir el resto como algo convincente. Una realización sin relieve y sin preparación en el uso de recursos narrativos y técnicos hacen que el arranque resulte excesivamente forzado, así como la investigación final se revela también demasiado convencional y poco trabajada a nivel estructural y dramático. En el fondo de la trama de intriga y tensión subyace una denuncia al linchamiento mediático, por otro lado planteado también en términos harto ridículos; mientras el melodrama viene servido de la mano de un animalario tópico en el que las clases altas carecen una vez más de principios morales, las bajas son ignorantes y vengativas y las medias pagan siempre los platos rotos. Todo demasiado inocente y ridículo, servido con interpretaciones planas y sin un desarrollo convincente de los personajes, agravados por unas elipsis temporales demasiado cómodas para el realizador pero muy decepcionantes para el espectador. Y pensar que compartió Espiga de Oro en el pasado Festival de Valladolid con la exquisita Copia certificada de Abbas Kiarostami… ¿en qué estarían pensando los miembros del jurado?

Filmoteca y Cinemateca

Hace unas semanas se publicaba en ABC de Sevilla una esperanzadora noticia sobre el futuro del antiguo Cine Lloréns de la Calle Sierpes. La Asociación de Amigos del Cine proponía reconvertirlo en Filmoteca; claro que no se trataba más que de una declaración de intenciones, sin ningún contacto establecido entre dicha asociación y la empresa que gestiona en el local desde hace ya muchos años unos juegos recreativos. No parece que el negocio les vaya mal, y menos en época de crisis en el que la búsqueda de la suerte cobra un mayor relieve.

Pero la idea era estupenda. Son pocas las grandes ciudades europeas que no cuentan con un centro especializado en la divulgación de la cinefilia, con proyecciones de películas menos comerciales, de nacionalidades exóticas o simplemente clásicas. Generalmente se acompañan de estupendos salones de ocio, buenos restaurantes regados con un sabor inequívocamente cinéfilo, tiendas de DVD’s, libros y discos, etc. Todo lo cual encontraría un magnífico escenario en el bellísimo cine-teatro de una de las arterias principales de Sevilla. La infraestructura y el diseño arquitectónico de la sala están perfectamente respetados, conservando toda su belleza ornamental de inequívoco estilo mozárabe.

Posiblemente hace unos años hubiera sido impensable en términos económicos una empresa de estas características, dado que no existía un público que lo demandase. Pero hoy que se ha consolidado una oferta de cine en versión original con una exitosa respuesta de público, materializada por ejemplo en el hecho de que un mes después de su estreno en versión doblada, la llegada de El discurso del Rey a las pantallas del Avenida haya generado tanto entusiasmo entre el público, da esperanzas sobre una respuesta satisfactoria en nuestra ciudad de un centro cultural de las características que estamos proponiendo.

Sin embargo, y es la otra cara de la moneda, la Cinemateca UGT languidece alarmantemente. Tras tantos años de magnífica programación, cuidados ciclos y acercamiento a un cine diferente, las proyecciones se suspendieron hace unos meses con el fin de retomarse ahora. Sin embargo un comunicado de su principal artífice, Manuel Gómez, hace decrecer las esperanzas sobre la recuperación de tan valiosa empresa. Claro que el emplazamiento y las condiciones técnicas de sonido y audio del local situado en la Avenida Blas Infante, pueden ser en gran medida responsables de la escasa respuesta del público. Quizás la solución sería fusionar las intenciones de la Asociación de Amigos del Cine y la Cinemateca, con ayuda de las instituciones y el compromiso y la satisfacción de la sociedad gestora de los recreativos.

Nuestra esperanza es que crezca la cinefilia en Sevilla y recuperemos así locales históricos de la ciudad, como ya hizo Jesús Quintero con el que fue el primer teatro creado directamente para cine, el Pathé. Por cierto, el colmo de lo maravilloso sería que nuestras autoridades se volcasen en la recuperación del espléndido Teatro Coliseo. ¿Utópico? Quizás no tanto.

Carlos Goicoechea, un pianista heavy

Crítica de música

Ciclo Jóvenes Intérpretes. Carlos Goicoechea, piano. Programa: Sonata Op. 109 No. 30 de Beethoven; Fantasía Wanderer D. 760 de Schubert; Cuatro estudios de ejecución transcendental S. 139 de Liszt.
Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, Sevilla. 22-2-2011

Habiéndose celebrado esta temporada dos únicas entregas del veterano ciclo de Jóvenes Intérpretes, debería haberse prestado más atención a la coordinación de los programas, de manera que no se repitiera en ambos la pieza de Schubert, en el de Juan Pérez Florestán, que acompañaba al tenor Juan Sancho pero tuvo su momento de gloria con esta fulgurante obra, y en el de este joven aizcolari nacido en Burgos.

Y no es que se dedique al deporte rural vasco, sino que su técnica y su forma, posiblemente también influidas por su interés por el heavy metal, rebosa energía, contundencia y vitalidad. Multipremiado desde muy temprana edad, este pianista de diecinueve años posee una brillantez técnica incontestable, evidente al enfrentarse a un programa tan complejo y arriesgado como éste y salir airoso de la empresa.

Quizás por su juventud aún no ha logrado conciliar esa contundencia interpretativa con una visión poética e interiorizada de la música, algo muy evidente en la antepenúltima sonata de Beethoven, bajo cuya aparente gracilidad se esconde toda una tortuosa experiencia vital, imposible de atisbar en las manos del pianista. La explosiva arquitectura del Wanderer Fantasie de Schubert, en los últimos meses repetida varias veces en el Maestranza, incluso en su versión concertante orquestada por Liszt, y el virtuosismo extremo que exigen los Estudios transcendentales del maestro húngaro, sí encontraron hábil reflejo en el ímpetu del intérprete, tan disciplinado que no necesitó partitura en ningún momento, pero echándose en falta siempre una mayor dosis de poesía y delicadeza cuando las piezas lo exigían. Seguramente la madurez emocional le irá descubriendo esa mayor dosis de expresividad sentimental que todavía le falta.

lunes, 21 de febrero de 2011

El canto del Cisne Negro

Crítica de cine


CISNE NEGRO (Black Swan)
USA 2010 110 min.

Dirección Darren Aronofsky Guión Mark Herman, Andrés Heinz John McLaughlin Fotografía Matthew Libatique Música Clint Mansell Intérpretes Natalie Portman, Vincent Cassel, Mila Kunis, Barbara Hershey, Winona Ryder. Estreno 18-2-2011



Aronofsky ha conseguido con esta película aunar el estilo pretenciosamente surrealista y dislocado de sus primeras películas (Pi, Réquiem por un sueño y La fuente de la vida) con el más sencillo, profundo y humano logrado con su última cinta (El luchador), para ofrecernos un film fascinante sobre el arte efímero (una instalación, una representación de teatro, un concierto, una ópera o un ballet lo son), la obsesión por la perfección y, muy especialmente, la esquizofrenia. Esta última retratada implacablemente, con crueldad y dolor extremos, gracias a una realización firme, decidida y experimentada, y sobre todo a una actuación sobresaliente de Natalie Portman, capaz con su físico de transmitir la inocencia y la inseguridad que el papel exige, y con su talento interpretativo los cambios de registro que una personalidad como la retratada conlleva. Pero lo más sorprendente es comprobar cómo con su excelsa interpretación logra que todo lo que acontece en pantalla lo percibamos a través de sus ojos y de su mente, con lo que Aronofsky se salva de ser acusado de cualquier tipo de trampa o falta de honradez narrativa. Y esto es muy importante desde el momento en que la propuesta es de sufrimiento por y con ella ante una experiencia y una autoexigencia límites a la hora de abordar el papel protagonista de El lago de los cisnes de Tchaikovsky. Los elementos, circunstancias y personajes, que motivan su obsesión paranoica, son magníficamente presentados en pantalla a pesar de su carácter tópico, como la madre represora y superprotectora, la rival amiga objeto de envidia, el coreógrafo pigmalión de carácter mefistofélico, las compañeras amenzantes, el entorno agresivo, la ciudad opresora… todo está perfectamente encajado y medido para ofrecernos una crónica aterradora de la esquizofrenia en su estado puro, servida por unos elementos de primer orden. Y es que si hay que celebrar la excelencia sin paliativos de Portman, no hay que olvidar la participación decisiva y muy apropiada del resto del elenco femenino, así como la fotografía granulada que también aporta un perfil rugoso y opresor al acabado estético de la cinta, así como la magnífica banda sonora de Clint Mansell, quien ha sabido desestructurar, analizar, perturbar y pervertir la música de Tchaikovsky para convertirlo en algo nuevo y terriblemente fascinante. Ya le han encontrado referentes por todas partes, y seguramente todos y todas tengan razón, porque hay aquí elementos que nos resultan familiares de La pianista de Haneke, Carrie de De Palma, Las zapatillas rojas de Powell y Pressburger, del cine de Cronenberg, etc. Pero esto es inevitable en un mundo en el que no queda mucho por inventar, y sin embargo Cisne negro es única en su capacidad para perturbar, para seducir y para horrorizar, pero sobre todo para inquietar.

viernes, 18 de febrero de 2011

Impresiones de la Gala de los Premios Goya

La ceremonia de entrega de los Premios de la Academia de Cine Español fue, como en anteriores ocasiones, larga y aburrida. Y eso que en el simpático video de presentación, John Malkovich travestido de Antonio Resines advirtió a George Clooney disfrazado de Buenafuente, encargado de conducir la gala, que no durase más de dos horas. Una hora más necesitó la farándula cinematográfica de este país para colocar los veintinueve premios de la noche, incluido el de honor.

No hubo ni una pizca de originalidad en un acto que cada vez disimula menos su tendencia a copiar a los Oscar, a pesar de las enormes diferencias presupuestarias y de talento. Con una estructura lineal y previsible, en la que de nuevo tuvimos que soportar los insufribles y absurdos diálogos perpetrados por sus guionistas para que fueran ejecutados por nuestros esforzados intérpretes, el espectáculo incluyó un número musical en el que varios actores y actrices del panorama actual versionaron temas de nuestra iconografía pop al estilo El otro lado de la cama, con Luis Tosar como único capaz de equilibrar la escasa capacidad de los otros para entonar canciones. Había poca calidad en ese numerito musical.
Y qué decir del habitual homenaje a los desaparecidos del año, en el que se incluyen hasta críticos y attrezzistas, lo que por un lado está muy bien porque demuestra que todos y todas son importantes en la industria, pero hace el capítulo excesivamente largo. Para colmo, ese realizador de TVE que de vez en cuando abandonaba la imagen fija de los rostros y nombre de los fallecidos y fallecidas, para pasearse por el Teatro Real a través de planos generales, con lo que perdíamos la pista de quiénes iban figurando en dicho tributo.

Y si la ceremonia fue larga y poco lucida, Buenafuente estuvo más contenido e introvertido que el año pasado, con lo que su actuación tampoco resultó muy aplaudida. Echamos de menos a Rosa Mª Sardá, que menos mal que salió un ratito para compensarnos de tanto hastío. En cuanto a los discursos de agradecimiento, desde el colegueo insufrible e interminable de Karra Elejalde, que parecía haberse fumado un campo de fútbol para la ocasión, hasta la muy académica, leída y larguísima retaíla de Mario Camus, reivindicando lo mismo que se viene diciendo desde la primera edición de los premios hace veinticinco años, el incondicional y ya rancio apoyo al cine español sin aportar nuevas vías y medidas que hagan posible esa defensa de una manera eficaz (valdría mirar al país vecino, Francia, para entender cuáles podrían ser esas vías).

El único discurso decente de la noche lo pronunció Isona Passola, productora de Pan negro, cuando escueta y sencillamente agradeció que por fin se reconociera la meritoria labor de Agustí Villalonga, y cuando señaló la generosidad de la Academia al premiar por primera vez un film español en lengua oficial no castellana, añadiendo que la gente del cine siempre va por delante. Mención aparte merece el esperado discurso del todavía Presidente de la Academia, respecto a la Ley popularmente denominada Sinde, de control y cierre de páginas web en las que se comparten archivos de video y audio. No dijo nada que no sepamos ya, ni dio medidas ni pautas para lograr un justo equilibrio entre el interés de los empresarios y el de los consumidores, pero quedó claro que vivimos tiempos nuevos y hay que reciclarse y adaptarse a ellos; que hace un siglo los fabricantes de coches de caballos perdieron mucho negocio con la llegada del automóvil, y ¿acaso eso fue condenable? ¿se puede parar el progreso? Estamos en un Mundo al revés en el que se persigue a quien comparte generosamente y sin ánimo de lucro. (Nada de esto lo dijo Álex de la Iglesia, pero lo digo yo en su apoyo).

Agustí Villaronga recoge el premio al Mejor director por "Pan negro"
Respecto a los premios, si ya nos parece un desatino que tantas nominaciones recaigan en sólo cuatro o cinco títulos, cuanto más que prácticamente sólo se premie un film, que aunque merece mis respetos, no es como para dejar desiertos otros títulos también interesantes del año. Vamos, que al final parece que sólo hemos producido un par de películas que merezcan la pena en todo el año, y eso sin contar el desprecio que han merecido cintas tan meritorias como Todo lo que tú quieras, 18 comidas o la andaluza Siempre hay tiempo.

miércoles, 16 de febrero de 2011

El Valor de Ley de los hermanos Coen

Crítica de Cine

VALOR DE LEY (True Grit)

USA 2010 108 min.
Guión y dirección Joel y Ethan Coen, según la novela de Charles Portis Fotografía Roger Deakins Música Carter Burwell
Intérpretes Jeff Bridges, Hailee Steinfeld, Matt Damon, Josh Brolin, Barry Pepper, Ed Corbin
Estreno 11-2-2011

La única diferencia casi que existe entre la versión que Henry Hathaway dirigió de la novela de Charles Portis Agallas en 1969 y ésta que nos presentan ahora los hermanos Coen, es la misma que existe entre el Réquiem de Mozart dirigida por Karajan o por William Christie; es decir, que radica en el historicismo; la partitura es la misma, lo que cambia es el rigor de ambientación con el que es abordada, los instrumentos y el estilo interpretativo. Así, si a finales de los 60 los cowboys llevaban vaqueros de hippies y melena a la moda, desde hace algunas décadas el cuidado por vestuario, maquillaje y decorados se ha vuelto más riguroso y atento. Eso es todo, porque seguimos asistiendo al mismo espectáculo reaccionario y violento, en el que la rabia, el rencor y la venganza se convierten en valores de la mano de unos autores encumbrados en su particular olimpo, que desde hace mucho, o desde siempre, no hacen sino justificar e ilustrar esa violencia latente en la sociedad y cultura americanas. No hay atisbo de ironía ni crítica en este por otro lado excelentemente rodado western, sino que la furia y la violencia se desatan con naturalidad y cuentan hasta con la bendición de los cineastas. Y encima les aplaudimos. Situaciones y decorados nos resultan tremendamente familiares a quienes hemos visto la versión de 1969, si no calcados. Otra posible diferencia, ésta más pequeña, con la anterior versión, es que aquélla tenía un tono épico y un sentido del humor que amortiguaba los efectos de su mensaje ultraconservador, mientras los Coen han optado por un tono grave y severo que no hace sino potenciar tan peligrosa propuesta. Cierto que artísticamente el film ofrece indudables valores, como la ya comentada ambientación o su exquisita fotografía, además de unas interpretaciones excelentes. Pero mientras la de Hathaway sólo mereció dos nominaciones al Oscar (actor y canción), y la primera se transformó en premio seguramente por la veneración que despertaba John Wayne (Bridges exhibe más talento interpretativo que su predecesor y seguramente no tendrá premio), este innecesario (e incluso inconveniente) remake ha logrado diez distinciones en los premios más célebres del mundo cinematográfico. Paradójico y lamentable.

Doña Francisquita en el Teatro de la Maestranza



Crítica de zarzuela


Doña Francisquita Música de Amadeo Vives Libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw, según "La discreta enamorada" de Lope de Vega Dirección escénica Luis Olmos Dirección musical Miquel Ortega Intérpretes María José Moreno, Ismael Jordi, Milagros Martín, Julio Morales, Amelia Font y Enrique Baquerizo Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, Orquesta de Plectro de Córdoba y Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza. Estreno: Martes 15 de febrero de 2011

El Teatro de la Zarzuela tiene ya un montaje reciente de este título inmortal, en cuya reposición de 2004 debutó en el papel Mariola Cantarero, ahora barajada en los dos repartos para hacerla coincidir en una función con Ismael Jordi y repetir así la magia lograda con La Traviata. No obstante hace exactamente un año el teatro madrileño optó por una nueva producción, que traiciona el espíritu con el que Vives pretendía recrear el Madrid romántico para ofrecernos una escenografía de corte minimalista y vestuario modernista. Hay que reconocer que los arcos de ángulos rectos unidos con visagras en los que consiste el sencillo decorado dan mucho juego escénico y consiguen unos resultados plásticos notables y muy creativos, sin que los coloristas figurines resulten chirriantes ni grotescos.

En manos de Miquel Ortega resulta difícil apreciar los matices y relieves de una partitura exquisita que exhala Puccini y Strauss en más de un pasaje. Su dirección epidérmica y en muchos casos ramplona y poco decidida jugó en detrimento de la emoción y el lirismo de la música, haciendo que la ROSS no luciera como otras veces, incluida la espléndida grabación que de este título realizó en 1994 a las órdenes del más solvente Miguel Roa.

María José Moreno logró una actuación serena, con un bellísimo timbre, gran capacidad para la coloratura (La canción del ruiseñor) y flexible modulación, si bien sus agudos se revelaron cortos. Jordi volvió a encandilar con su elegancia canora (Por el humo se sabe) y su versátil fraseo, pero continúa insuficiente en volumen, lo que salva con ingeniosa proyección. Julio Morales fue un Cardona contenido, lo que se agradece entre tanto aspaviento y sobreactuación, exhibiendo una voz centrada y fluida. Milagros Martín, por el contrario, cantó sin seguridad, con ataques forzados y cambios bruscos de color. Del resto destacó la enorme potencia de Manuel de Diego y la alegre coreografía, que nos dejó momentos espléndidos como el Pasacalle de los estudiantes, con intervención danzística no muy disciplinada pero sí simpática del propio coro, que aunque en general lució magnificencia, desaprovechó la oportunidad de bordar el hermoso Coro de románticos, algo desinflado y raquítico.


Publicado originalmente en El Correo de Andalucía