jueves, 7 de marzo de 2013

2ª CRÓNICA FEMáS.30 Debutantes y consagrados

30ª Festival de Música Antigua de Sevilla
Orquesta Barroca del CSM Manuel Castillo. Ruth Rosique, soprano. Valentín Sánchez, director: Recuerde el alma dormida Sinfonía nº 34 y Exsultate, Jubilate, de Mozart; Sinfonía nº 44 de Haydn. Auditorio Falla del CSM Cristóbal de Morales, miércoles 6 marzo 2013
Les Basses Reúnies & Bruno Cocset: La nascita del violoncello Obras de Ortiz, Frescobaldi, Vitali, Gabrielli, Jacchini, Dall’Abaco, Vivaldi, Scarlatti y Geminiani. Espacio Santa Clara, jueves 7 marzo 2013

Seguimos celebrando la emocionante proliferación de conjuntos jóvenes que en nuestra ciudad se han volcado en la interpretación solvente y profesional de la música culta. El joven fagotista José Antonio Pérez Madrigal fue de nuevo recordado, como ya se hiciera en el concierto del pasado enero de la Sinfónica Conjunta, por sus compañeros y compañeras en esta cita del FeMÁS, a propósito en esta ocasión de la Sinfonía Fúnebre de Haydn, así llamada porque su autor presuntamente quería que el adagio sonase en su funeral, si bien su espíritu es en realidad impetuoso y enérgico, como muy bien entendió el joven conjunto. Entregados y disciplinados, a la orquesta no le faltó empuje pero sí equilibrio, empaste, afinación y más trabajo en las dinámicas, defectos que podrán subsanarse con el tiempo si la mano que los dirige y enseña emplea ingenio y talento en ello. Aunque la Sinfonía nº 34 de Mozart tiene tres movimientos, propio del clasicismo temprano, el autor concibió un minueto al año siguiente de su composición que acabó añadiendo a la obra y que el conjunto ofreció separadamente, como propina final del concierto. También aquí acertaron en plasmar el espíritu desenfadado y juvenil y el estilo italianizante de la pieza, pero incurriendo en la misma falta de rigor, presteza y equilibrio. El apoyo incondicional de la Barroca se materializó en la presencia de Ventura Rico al contrabajo, al margen de que el director y profesor de la formación sea Valentín Sánchez, violinista del prestigioso conjunto hispalense.

Otro cantar fue el de Ruth Rosique, espléndida en el motete mozartiano Exsultate, Jubilate, que ornamentó con buen gusto, modulando la voz con naturalidad, control del fiato y un fraseo exquisito, características que también impregnaron su muy personal interpretación del célebre Lascia ch’io pianga de Haendel. Dos obras concebidas para castrati que la muy versátil Rosique defendió magníficamente desde la tesitura de soprano con la que habitualmente se ofrecen hoy en día.

Les Basses Reúnies (Bruno Cocset, Richard Myron y Bertrand Cuiller) llegaron con un significativo y didáctico programa sobre la evolución del violonchelo en el Barroco, desde el tratado de glosas de Ortiz que marca su idoneidad para la improvisación y la imaginación, hasta las sofisticadas sonatas de Geminiani y Vivaldi, de quien se ofreció como propina el precioso Largo de su Sonata nº 5. La falta de explicaciones y de pausa entre bloques malogró su carácter ilustrativo, mientras las precisas y definidas interpretaciones no lograron suficiente expresividad ni distinción entre las texturas que el instrumento y otros de la familia abrigaron en autores como Frescobaldi (galante), Gabrielli (austero) y Jacchini (melódico y elegante). Para apreciar esos matices recomendamos mejor escuchar a Anner Bylsma en su disco El violonchelo en el siglo XVII. No obstante cabe destacar el virtuosismo técnico de Cocset, apreciable en los complicados prestissimi de las sonatas de Jacchini, así como el reflexivo trabajo de Cuiller al clave, tanto en continuo como solista con Scarlatti, mientras Myron se mostró demasiado sutil y comedido al contrabajo. En conjunto la experiencia fue no obstante satisfactoria, gracias a unas interpretaciones solventes y un programa de indiscutible belleza.

Versión extensa del artículo publicado en El Correo de Andalucía el 8 de marzo de 2013

1 comentario:

  1. Curioso. Para algunos resulta que si los chavales son de la localidad y tocan con cuerdas de tripa, los resultados son admirables, pero si la mayoría vienen de Oriente y les dirige Barenboim, no son sino una "orquesta de niños" u "orquesta de bolos". Incluso hay quienes cuando toca la WEDO prefieren no acudir al concierto, pero si lo hacen gente de la tierra, y encima con repertorio barroco, se ponen en primera fila. Ay Sevilla, Sevilla.

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