miércoles, 23 de octubre de 2013

EXHIBICIÓN DE FUERZA EN EL RECITAL DE PIANO DE ALDO DOTTO EN JUVENTUDES MUSICALES

Ciclo de Jóvenes Intérpretes de Juventudes Musicales. Aldo Dotto, piano.
Programa: Sonata Op.110 de Beethoven; Scherzo No.1 Op. 20 de Chopin; Étude pour les arpèges composés de Debussy; Scheherazade de “Máscaras” de Szymanowski; El Albaicín de “Iberia” de Albéniz. Pabellón de Juventudes Musicales en el Parque Mª Luisa,
martes 22 de octubre de 2013

Sede de Juventudes Musicales, antiguo Pabellón Domecq
de la Exposición Iberoamericana de 1929
El primer concierto de esta temporada de Juventudes Musicales de Sevilla tuvo como protagonista al joven Aldo Dotto, un laureado pianista de Lucca (Italia) de disciplina tan férrea como dúctil virtuosismo, en un entorno nostálgico (el coqueto pabellón que la asociación tiene en la Avenida de Don Pelayo del Parque de Mª Luisa se ha quedado anclado en el tiempo y necesita un buen lavado de cara) y con un público en su mayoría fiel y entusiasta.

Con apenas veinticinco años, Dotto arrancó el programa con la penúltima de las sonatas compuestas por Beethoven; una pieza compleja y elocuente que exige rigor académico y espíritu en constante renovación. El joven italiano no estuvo a la altura, especialmente en el último movimiento, centro de gravedad de la pieza, en el que la única improvisación consistió en la continua corrección de la digitación, malogrando también las geniales transiciones entre recitativo y fuga. La insatisfacción del pianista se hizo patente en su expresión y sudoración. Afortunadamente el resto del programa fue otra cosa, en realidad una contundente exhibición de fuerza y demostración de estar buscando un estilo propio, con notas secas, fuertes contrastes y una expresividad todavía en ciernes pero bien intencionada. Con esas credenciales ofreció un vertiginoso y dramático, aunque en ocasiones apresurado, Scherzo de Chopin, lírico en su melódico tema central y virtuoso en la coda.

Igualmente in forte atacó, del habitualmente sutil Debussy, el undécimo de los doce estudios que el autor dedicó precisamente a Chopin. Con texturas también impresionistas, la Scheherazade de Szymanowski, primera de las tres composiciones que integran su Masques Op. 34 (las otras dos están dedicadas a Tristán y Don Juan), contiene un gran número de giros repentinos, a los que Dotto hizo frente con naturalidad y evidente sentido de la musicalidad. Del Albaicín de Albéniz logró extraer todo su encanto evocador y dominar un complejo lenguaje que obliga a realizar un trabajo gimnástico con las manos. Italia dominó las propinas, con una sonata de Scarlatti y el Intermezzo de Manon Lescaut de su paisano Puccini ejecutadas de forma sensible e impecable.
 
Versíón extensa de la crítica publicada en El Correo de Andalucía el 24 de octubre de 2013

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