viernes, 3 de noviembre de 2017

SEFF 2017, 1ª JORNADA

TIERRA FIRME

España 2017 111 min.
Dirección Carlos Marques-Marcet Guión Carlos Marques-Marcet y Jules Nurrish Fotografía Dagmar Weaver-Madsen Intérpretes Natalia Tena, Oona Chaplin, David Verdaguer, Geraldine Chaplin, Lara Rossi, Charlotte Atkinson, Meghan Treadway Estreno en el Festival de Londres 10 octubre 2017

Carlos Marques-Marcet obtuvo cierta repercusión mediática con su ópera prima 10.000 km., a la que siguió el telefilm 13 días de octubre, centrado en la figura de Companys. Como en su anterior largometraje, el realizador catalán echa mano del idioma inglés para introducirse en un mercado más amplio que el que le proporciona los límites de nuestra geografía. El ancla y la esperanza es un pub que aparece repetidas veces en la cinta, y que da título en inglés (Anchor and Hope) a la misma. Y de eso parece ir esta tragicomedia generacional, sobre la necesidad que unos tienen de echar ancla y otras de cumplir sus expectativas; cuestiones que se abordan desde la simbología y la metáfora que ofrece un barco como vivienda en el idílico paisaje de Little Venice en la ciudad de Londres. Tres personajes jóvenes se mezclan en una trama sobre paternidad, responsabilidad, caminos encontrados e intereses opuestos que se resuelve con poca convicción, mirando más hacia la complacencia y la postal happy que a la dura realidad. Un ejercicio psicoanalítico en el que falla prácticamente todo, pues ni ofrece una mirada profunda sobre la problemática que plantea, ni logra generar debate con cuestiones llamadas de por sí a hacerlo, ni acierta a la hora de retratar las personalidades de sus personajes ni las relaciones entre ellos. Más impostura que sinceridad acaba por ensuciar todo el proyecto, con una Natalia Tena que parece seguir el típico manual de gestos importado de la escuela norteamericana, mientras Verdaguer se conforma con personificar al simpático sinvergüenza de turno, y Oona Chaplin se limita a mirar al vacío. Por cierto que su madre protagoniza una de las mejores secuencias de la película, en la que se invoca el fracaso del espíritu hippy de los sesenta. El resto se pierde entre ocurrencias más o menos acertadas que salpican una cinta definitivamente fallida.

Crítica de Pepe Serrano publicada en El Correo de Andalucía el 5 de noviembre de 2017

BAJO LA PIEL DE LOBO

España 2017 100 min.
Guión y dirección Samu Fuentes Fotografía Aitor Mantxola Música Paloma Peñarrubia Intérpretes Mario Casas, Irene Escolar, Ruth Díaz, Kandido Uranga, Josean Bengoetxea, Quimet Pla, Paco Sagarzazu

Después de trabajar durante años como tercer asistente de dirección en producciones de todo tipo como La torre de Suso, ¿Para qué sirve un oso? o la más reciente El secreto de Marrowbone, Samu Fuentes salta a la dirección con una propuesta muy interesante, y lamentamos decir que insólita para el cine español. Y es que acostumbrados a un cine tan literario, mayormente apoyado en el guión, una cinta como ésta, en la que los diálogos escasean y toda la información se nos ofrece a través de la imagen, no podemos sino felicitar a su iluminado artífice. Mario Casas se mete convincentemente en la piel de un rudo leñador, una especie de ermitaño que habita las angostas montañas de algún paraje norteño de primera mitad del siglo XX, sufriendo sus duros inviernos y llevando sobre sí la dura carga de la soledad y el extenuante trabajo de la mera supervivencia. En ese ambiente, espléndidamente captado por una sensacional fotografía, con las puntadas necesarias de música, y un especial talento para transmitir las duras condiciones en las que se desarrolla la trama, Fuentes sitúa una historia de sentimientos, ternura, traiciones y decepciones. La apariencia se convierte en el peor enemigo, y quien confía en ella en la peor compañía. El material daría para un folletín insufrible, y sin embargo el debutante Fuentes lo convierte en una sobrecogedora crónica de la crueldad de la vida, la dureza del entorno y la imposibilidad de subyacer a los propios instintos y a la propia condición humana. Un debut brillante.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 5 de noviembre de 2017

WESTERN

Alemania-Bulgaria-Austria 2017 119 min.
Guión y dirección Valeska Grisebach Fotografía Bernhard Keller Intérpretes Meinhard Neumann, Reinhardt Wetrek, Syuleyman Alilov Letifov, Veneta Fregnova, Viara Borisova, Kevin Bashev Estreno en el Festival de Cannes 18 mayo 2017; en Alemania 24 agosto 2017

Después de Sehnsucht, la realizadora alemana Valeska Grisebach insiste en el mundo rural para retratar una realidad tan tangible como es nuestra posición en una Europa dominada por oligarquías muy definidas, y lo hace sometiéndose a una por momentos desesperante relectura del western como género cinematográfico. Un equipo de trabajadores alemanes llega a un pueblo búlgaro con el fin de construir infraestructuras que hagan más accesible el agua y la electricidad a la comunidad. Lejos de ser bienvenidos, los forasteros son vistos con recelo. El pasado de la Segunda Guerra Mundial contribuye considerablemente a ese sentimiento, por lo que se impone una seducción. En este punto aparece el vaquero por antonomasia, personificado en un sutil y talentoso hombre que monta un caballo blanco, puro y hermoso. Al mismo tiempo no falta el villano, aunque en cada uno de sus movimientos demuestre que le queda algo de conciencia, aunque sólo sea por ser políticamente correcto. Una rutina en tono semidocumental constituye el grueso de una cinta que no escatima en duración y se alarga a dos horas que provocan cierto distanciamiento y desinterés. La intención está clara, esa Alemania de Merkel dominante en una Unión Europea en la que los pueblos no pierden su identidad, y donde el entendimiento parece cada vez menos posible, de ahí que los personajes apenas logren entender una palabra de sus diferentes lenguas. Invasores y nativos enfrentados de formas nuevas y diferentes a como lo hacían en el pasado, pero de cualquier forma enfrentados en esa Europa que tanto cuesta construir y tan fácil parece desmembrar.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 6 de noviembre de 2017

THE SQUARE

Suecia-Alemania-Francia-Dinamarca 2017 142 min.
Guión y dirección Ruben Óstlund Fotografía Fredrik Wenzel Intérpretes Claes Bang, Elisabeth Moss, Dominic West, Terry Notary, Christopher Laesso, Marina Schiptjenko, Elijandro Edouard, Daniel Hallberg, Martin Sööder, Sofie Hamilton Estreno en el Festival de Cannes 20 mayo 2017; en Suecia 25 agosto 2017

La sensación europea del año nos llega de la mano de ese nuevo enfant terrible que es Ruben Óstlund, ya galardonado en este festival con el Giraldillo de Oro hace algunas ediciones por Tourist o Fuerza mayor. Óstlund se mete ahora en una empresa mucho más compleja y ambiciosa para contarnos una historia ambientada en el superficial mundo del arte y la cultura para consumo de unos pocos privilegiados, y enfrentarlo a la pobreza creciente y la incapacidad para superar los grandes problemas existenciales que nos acucian. Lo malo es que la película acaba irremediablemente siendo parte de aquello que critica, sin poder ocultar su pretenciosidad y su vacuidad, sólo digerible ante una sucesión de gags humorísticos y giros de guión que parecen querer entroncar con el universo que con mucho más éxito construyó Paolo Sorrentino en La gran belleza. Una cinta que parece construida para desembocar en la gran secuencia, suficientemente publicitada, que todos esperan, y que cuando llega el hastío ya se ha apoderado de nosotros. Plantea demasiadas cuestiones sin profundizar en ninguna, y cuando nos damos cuenta no se ha encontrado salida a muchas de sus propuestas. La sensación es la de un pudding con lujosos ingredientes pero indigestos resultados, que sin embargo ha cautivado al jurado de Cannes, que no ha dudado en otorgarle una Palma de Oro que a todas luces no merece, a pesar de su vistosidad y su esmerada puesta en escena. Mención aparte merece la muy esforzada interpretación del actor danés Claes Bang, sobre cuyas espaldas recae gran parte del peso de esta malograda película.

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