Mostrando entradas con la etiqueta Lorin Maazel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lorin Maazel. Mostrar todas las entradas

domingo, 8 de febrero de 2026

EL PARTICULAR VIAJE DE CURRENTZIS AL WALHALLA

Gran Selección. animAeterna. Teodor Currentzis, dirección. Programa: Richard Wagner Der “Ring” ohne Worte (The “Ring” without Words. Highlights from the Ring Cycle) Op.45, de Lorin Maazel. Teatro de la Maestranza, sábado 7 de febrero de 2026

Foto: Guillermo Mendo

Veníamos ya avisados de las anteriores paradas de Teodor Currentzis interpretando el Anillo sin palabras de Lorin Maazel, Zaragoza, Barcelona y Madrid, donde protagonizó un lamentable episodio de salud que le impidió dirigir el concierto completo. Su éxito fue arrollador y al entusiasmo casi absoluto de la afición se unió el de la crítica especializada, por lo que nos enfrentábamos a una noche única, sobresaliente. Pero resulta que no acabamos de convencernos del todo con su particular forma de abordar tan majestuosa e inigualable música, anclada siempre en ese fuerte contraste que en ocasiones como ésta llega incluso a enturbiar la propia narrativa de la obra.

La tetralogía de Wagner ha sido objeto de numerosas síntesis sinfónicas, especialmente en las últimas décadas. La de Lorin Maazel constituye quizás el pistoletazo de salida, aunque ya anteriormente podamos encontrar intentos con nombres tan ilustres como el de Leopold Stokowski. Es lógico que provenga de una discográfica estadounidense el encargo de proveer al disco y la sala de conciertos de una síntesis basada en música del más sinfonista de los compositores consagrados casi exclusivamente a la ópera. Y lo es porque allí es donde prevalece el sentido del espectáculo por encima de otras consideraciones en cualquier campo de la cultura.

Ya otros ilustres compositores del país dedicaron parte de sus esfuerzos a convertir en piezas de concierto páginas populares de la lírica. Son notorios los arreglos que en este sentido hizo para los conciertos del Holywood Bowl Alfred Newman, autor de centenares de bandas sonoras de películas, patriarca de una prestigiosa familia de compositores y jefe del departamento musical de la Fox durante décadas. Esta práctica se une a la de convertir en suites sinfónicas las partituras cinematográficas del cine clásico, cuyo principal artífice en los setenta del siglo pasado, Charles Gerhardt, también hizo sus pinitos con la música wagneriana, por ejemplo con sus arreglos de la Música de amor del segundo acto de Tristán e Isolda.

Ópera sinfónica

Foto: Luis Pascual

La síntesis sinfónica de Lorin Maazel se beneficia del prestigio de su autor, quizás por eso sea la más programada. Coincidiendo con el décimo aniversario de su fallecimiento, Josep Pons y la Orquesta Nacional de España en Madrid y Marc Soustrot y la ROSS en Sevilla programaron sendos anillos sin palabras, con resultados espectaculares. Nuestra sinfónica experimentó un considerable aumento de plantilla, con hasta cuatro arpas y ocho contrabajos, frente a las dos y siete respectivamente que trajo una también abultada musicAeterna. Pero existen arreglos incluso más satisfactorios y sofisticados del ciclo wagneriano.

Algunos, como el de Henk de Viegler de 1991 que grabó Neeme Järvi con la Royal Scottish National Orchestra, se atreven a manipular la orquestación e incluir pasajes de transición propios, no resultando especialmente satisfactorios. A nosotros nos gusta particularmente el del chelista alemán Friedmann Dressler, sensiblemente más larga que la de Maazel y con unas transiciones sencillamente magistrales y un sentido narrativo impecable, que además se permite incluir versiones instrumentales de arias como Winterstürme de La valquiria y Selige Ode de Sigfrido. También Pedro Halffter realizó diversas reducciones sinfónicas de títulos wagnerianos, algunas como las de Tannhäuser o Sigfrido, las interpretó en Sevilla junto a la ROSS en su momento.

Un estilo propio, dentro y fuera de la música

Con un particularísimo estilismo a lo estrella de rock, Currentzis abordó la partitura arreglada por Maazel con sumo respeto y admiración por la atmósfera épica y suntuosa que propone la primera de cuantas sagas apoteósicas ha planteado el Arte en mayúsculas, al margen de los episodios griegos de la antigüedad. La suya fue, como no cabía esperar menos, una lectura generosa en contrastes y juegos dinámicos, potenciando aún más los continuos cambios de registro que contiene el trabajo de Maazel, perceptible por ejemplo en el preludio de La valquiria, donde jugó con los pianissimi como si se tratara del volumen de un equipo de música. De esta forma, ese incesante vaivén entre episodios dinámicos y vehementes, de rabiosa energía, y otros de considerable lirismo, se vio incrementado con la batuta de un director que busca permanentemente ese fuerte contraste que le da personalidad y distinción.

Foto: Luis Pascual

Una pieza como ésta incrementa en cierto modo las posibilidades de la partitura de partida. Permite al público observar el trabajo de los músicos, que a su vez aportan mayor teatralidad para la ocasión, como ese mazazo con el que culmina El oro del Rin, o los martillazos que le preceden. Pero sobre todo sirve como trailer, invitación a disfrutar de las dieciséis horas que aglutina una de las más maravillosas y fascinantes músicas jamás compuestas. Currentzis y una depurada e impecable orquesta lograron sobradamente sus propósitos, con prestaciones excelentes de cada una de las secciones convocadas, y solos de violín, violonchelo, clarinete u oboe (sensacionales en los murmullos del bosque) de extraordinario virtuosismo. Mención aparte merecen los sedosos chelos, protagonistas de la escena de amor entre Sigmundo y Siglinda, o esa trompa de caza fuera de campo, firme y tan precisa.

En realidad toda la sección de metales cumplió con creces las exigencias de la partitura, si bien algún desequilibrio malogró episodios tan populares como la Cabalgata de las valquirias, donde las trompas quedaron algo eclipsadas por una cuerda voluptuosa y persistente. El director grecorruso manejó todos los resortes con apabullante energía, perceptible en el baile con el que describió sus indicaciones. Incluso manifestó cierta agresividad, logrando resultados espectaculares, como ese hechizante comienzo in crescendo, o el majestuoso Funeral de Sigfrido, donde sí lucieron en todo su esplendor trompas y trompetas, a pesar de que en sus manos se pudo percibir algún que otro pasaje áspero y deliberadamente seco que enturbió puntualmente el lirismo del episodio.

Un público atento y respetuoso, que casi llenó el Maestranza a pesar de los abultados precios (casi el doble de lo que costará la misma propuesta en Módena, Brescia y Florencia los próximos días, lo que tiene una lectura positiva, y es que habremos logrado en los últimos años un considerable aumento del nivel de vida), colaboró en dotar de magia a un evento que en su tramo final mereció una larga y entusiasta ovación.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 23 de marzo de 2024

LA ESENCIA DEL NIBELUNGO

7º Concierto de abono Ciclo gran Sinfónico de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Marc Soustrot, dirección. Programa: El anillo sin palabras, de Richard Wagner según síntesis sinfónica de Lorin Maazel sobre “El anillo del Nibelungo”. Teatro de la Maestranza, viernes 22 de marzo de 2024


Quienes crecimos amando la música de cine, apreciamos mucho en su momento la simplificación de grandes bandas sonoras, sobre todo del Hollywood clásico, en formato suite de concierto, por lo que de acercamiento al gran público suponía, y por la condensación en escasos minutos de los motivos que caracterizaban musicalmente muchas de esas películas que entraron a formar parte de nuestro acervo sentimental. Las casi tres horas de música de Max Steiner para Lo que el viento se llevó se redujeron a cuarenta minutos, las casi dos de Korngold para El halcón del mar a ocho minutos, y un largo etcétera. Algunos fans convirtieron en la mesa de mezclas la mastodóntica partitura de John Williams para la saga galáctica en suites sinfónicas que recogían los temas principales de cada entrega y trilogía. En la sala de conciertos tiene una significación especial, pues permite a la melomanía visualizar la entrega de la orquesta y disfrutar de las virtudes y exigencias de la música en esencia, sin las ataduras escénicas que con frecuencia distraen la concentración.

Maazel grabó junto a la Filarmónica de Berlín este Anillo sin palabras en 1987 por encargo de Telarc, sello estadounidense especializado en eso que denominamos clásicos populares. Luego lo llevó de gira con diversas formaciones y recaló en el tórrido agosto de los irrepetibles fastos de la Expo 92 con la Sinfónica de Pittsburgh. Como quiera que por entonces un concierto disfrutaba de mayor duración que los muy breves que se ofrecen ahora, la cita estuvo acompañada de la Obertura y Bacanal de Tannhäuser, una partitura que con el tiempo también ha contado con suite sinfónica del afamado director, como también lo hizo y presentó en este mismo Maestranza quien fuera director titular de la ROSS, Pedro Halffter. Del Anillo son muchas las reducciones sinfónicas que de sus quince horas han hecho multitud de compositores y arreglistas. La de Maazel proviene de quien conoce muy bien la partitura y el universo wagneriano en general, y condensa a la perfección el espíritu de esta música inmensa y apoteósica. El también francés Marc Soustrot dirigió con aplomo y responsabilidad esta partitura que reduce a hora y cuarto lo que Wagner concibió para cuatro óperas y más de quince horas de música.


Maazel prefirió centrarse en los pasajes mayoritariamente instrumentales y prescindir de las escasas arias que salpican este recorrido por el Rin. Pero la dramaturgia queda intacta y perceptible desde las majestuosas notas de arranque que nos sitúan en esas mismas aguas y más tarde en el Walhalla, hasta la inmolación final de Brunilda y la destrucción del mundo que conocemos para abrirse a una nueva esperanza. Por el camino conocemos los múltiples personajes que jalonan esta epopeya, desde Alberich a Wotan, pasando por Fafner, Loge, Siegmund, Sieglinde y, por supuesto, Brunilda y Sigfrido, con una capacidad de síntesis extraordinaria. De todo esto se hizo eco la magnífica interpretación de la orquesta, reforzada con muchas caras nuevas (cantera hay para eso) y un gran despliegue instrumental, incluyendo cuatro arpas, ocho contrabajos (excelente como siempre la aportación de este importante cuerpo de la Sinfónica) y una imponente sección de metales.

Ejemplar respuesta de la orquesta que se vio además potenciada por la tan celebrada acústica natural del Maestranza, todo lo cual llevó a un éxtasis rotundo de nuestros sentidos en una ocasión que no requiere si quiera un análisis pormenorizado y casuístico de cada pasaje, sino embelesarse como de hecho hicimos con la imponente música del compositor alemán. Sólo destacar la capacidad de Soustrot tanto para extraer de la orquesta la mayor espectacularidad posible como para centrarse en el conmovedor lirismo de algunos de sus episodios, siempre con la elegancia y la distinción como leit motiv absoluto. Pasajes completos de la partitura, como la Marcha fúnebre de Sigfrido, llegaron a estremecernos si no fuera por un impertinente móvil que se cargó literalmente su arranque, como ya antes habían sonado al menos otros tres. Hubo quien asistió a este acontecimiento las dos funciones programadas, y no era para menos.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía