viernes, 9 de enero de 2026

EL CREPÚSCULO DE DOS DIOSES

Sinfónico 7: De voces y despedidas. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Chen Reiss, soprano. Lucas Macías, dirección. Programa: Cuatro últimos Lieder TrV296, de Richard Strauss; Sinfonía nº 5 en do sostenido menor, de Gustav Mahler. Teatro de la Maestranza, jueves 8 de enero de 2026


Aunque parezca que las obras programadas para este séptimo programa de abono de la actual temporada de la ROSS, se han interpretado en numerosas ocasiones en el Teatro de la Maestranza, lo cierto es que en los últimos quince años no recordamos haber disfrutado con las Cuatro últimas canciones de Strauss, mientras la Quinta de Mahler sólo ha sonado en su integridad dos veces en ese mismo período, una muy memorable en 2014 de la mano de Pedro Halffter, y otra más tibia bajo la batuta de Bertrand de Billy hace algo más de tres años, ambas con la Sinfónica de Sevilla en el escenario.

Las dos piezas escogidas están hermanadas por su amplio sentido de trascendencia y ese toque crepuscular que le proporciona un romanticismo tardío en el caso de Mahler, recuperado en el de Strauss. Pero sobre todo por esa idea de la muerte como liberación frente a un mundo en ruinas que tanto decepciona y nos preocupa, y que dota a ambas partituras de un componente poético de máximo nivel.

De nuevo la ROSS fue capaz de convocar un numeroso público que prácticamente llenó la generosa capacidad del Maestranza, pudiéndose además distinguir en él rostros muy conocidos de la cultura hispalense. Un sensacional éxito que vino acompañado además de un comportamiento ejemplar de tan apretado aforo, lográndose junto a una interpretación estimulante que pasaremos a desgranar, otra velada inolvidable.

Educada para Strauss

Adelantábamos a propósito del Concierto de Año Nuevo del pasado fin de semana, que Chen Reiss podría demostrar en esta ocasión lo bien dotada que está para abordar a Richard Strauss, y casi podríamos aseverar que así es a colación de su manera de defender las Vier Letzte Lieder.  Colofón a toda una vida componiendo canciones, la mayoría para su esposa, Strauss despliega en esta milagrosa página toda la suntuosidad de la que puede ser capaz una orquesta, y así lo entendió Lucas Macías, que logró adaptarse al volumen de la soprano sin sacrificar acentos ni voluptuosidad.

Por su parte, la soprano israelí evidenció una voz de insuficiente volumen ya desde el inicio de Früling (Primavera), pero un gusto exquisito para modular y regodearse en las sinuosas líneas melódicas de la pieza, algo que repetiría en September, desglosando las sentidas palabras de Herman Hesse con una expresividad melancólica y muy depurada, mientras un apacible tema a la trompa dio distinción a este segundo Lied.

El violín de Alexa Farré volvió a brillar en el amplio solo de Beim Schlafengehen (Al ir a dormir), lográndose junto a la calidez y la luminosidad de la voz, un pasaje de inusitada belleza que se reprodujo también en el sintomático Im Abendrot (Al caer el sol), prodigio de lirismo y delicadeza frente al ocaso de la vida, que Reiss y Macías reprodujeron con un gran despliegue de expresividad nostálgica y luminosidad, ascendiendo y descendiendo por los largos fraseos y dando un impresionante sentido a los textos.

Un esfuerzo titánico

Levantar la compleja estructura de la Sinfonía nº 5 de Mahler es tarea ardua y delicada. Apenas unos días después del Concierto de Año Nuevo, que no por distendido y popular merece menos atención, Macías y la ROSS lograron esta proeza gracias a un esfuerzo titánico y espectacular. Ampliamente reforzada como en las Cuatro últimas canciones, la orquesta respondió con enorme disciplina, plegándose a una muy estudiada y reflexionada lectura del director, que como antes, dirigió toda la partitura de memoria.


La superación de una crisis de salud llevó a Mahler a un impulso vital en forma de nuevo estilo de enorme complejidad contrapuntística que arrancó precisamente con esta sinfonía, aunque sin abandonar su habitual síntesis de canción y sinfonía, como demuestran las diversas citas que abundan en la partitura. Macías se hizo perfecto eco de esta circunstancia, regalándonos una interpretación llena de matices, donde los numerosos contrastes no mermaron la tensión acumulada en sus pentagramas, ni mucho menos eclipsaron esa voluntad contrapuntística que el autor versó en ellos.

La rica textura y la diversidad temática de la sinfonía encontraron en la muy matizada interpretación de la ROSS el perfecto reflejo para transmitir al y la oyente ese cúmulo de sensaciones que abundan en la partitura. No fue la marcha fúnebre inicial, con arranque sensacional de la trompeta solista, un motivo para una extrema tristeza, sino más bien la antesala de un viaje trascendental que nos lleva de la oscuridad a la luz que ya se adivina en el segundo movimiento, o segunda parte del primero, donde el dolor llegó a parecer desesperante merced a fuertes contrastes y subidas de tensión.

Los tempi fueron rápidos, o al menos no tan lánguidos como los entienden otros, alcanzándose en el scherzo central una atmósfera más irónica que desenfadada, por momentos con atisbos de desesperación y un trabajo excelente de la trompa. El arpa brilló en el desarrollo, fluido y suave pero no exento también de considerables contrastes, del adagietto, frente a la furia controlada que protagonizó un allegro giocoso final con intervenciones brillantes del oboe, la trompa y el clarinete, interpelándose antes de que toda la orquesta estallase en una triunfal coda en la que la ironía y cierto tono caricaturesco dominaron frente a una hipotética alegría de vivir.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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