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sábado, 23 de mayo de 2026

RÁTH CONJUGA UNIDAD Y DIVERSIDAD EN UNA SEXTA DE MAHLER PORTENTOSA

Sinfónico 14. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. György Györiványi Ráth, dirección. Programa: Sinfonía nº 6 en La menor “Trágica”. Teatro de la Maestranza, viernes 22 de mayo de 2026


Recién presentada tanto la nueva temporada de la Sinfónica como la del Maestranza, y con la emoción todavía presente ante la confirmación del nivel de excelencia que merece una ciudad del calibre de la nuestra, nos enfrentamos a un programa sensacional de la ROSS. A la dirección, uno de sus directores más queridos y de los que mejor la han entendido, György Györivanyi Ráth. En los atriles la Sexta de Mahler, posiblemente su obra sinfónica más compleja y perfecta, y desde luego una de las más serias tanto en la regularidad de su estructura como en su dimensión trágica. También en mayo, pero de 2013, tuvimos ocasión de escucharla en manos de Pedro Halffter, aunque siguen siendo la Primera y la Cuarta las más frecuentadas por nuestra orquesta, seguidas de la Quinta y la Novena.

Cogerle el punto ha sido siempre uno de los mayores enigmas de la Música, pues bajo la apariencia de unos temas melódicos felices y distendidos, se esconde la sempiterna lucha entre la vida contemplativa y la mera supervivencia, terminando en una auténtica batalla campal de la que es difícil hacerse eco si no se tienen las ideas tan claras como las tuvo el maestro húngaro. Toda una desesperada aventura a vida o muerte que le proporciona ese carácter indómito que tan bien supo reflejar el director con la inestimable ayuda de una orquesta impecable, tan disciplinada como brillante en todas sus secciones.

Destacaron quizás los refulgentes metales, con aportaciones magistrales de trompas y tuba, pero también de trompetas y trombones, así como la rica percusión, destacando esas campanas de rebaño que desde bambalinas recrean la apacible vida campestre que sirve como último refugio al atormentado protagonista de la función. Merece mencionarse también esos martillazos directamente importados del Olimpo con los que el tercer movimiento avisa del inefable destino que aguarda tras el caos y la destrucción. Pero no podemos olvidar el papel fundamental de la cuerda, responsable de los momentos más líricos e inspirados, y que la concertino, Alexa Farré, llevó por muy buen camino, generando tantas texturas como registros emocionales, todos de hondo calado estético y poético.


Una interpretación colosal

Esta descomunal catedral de la música arrancó con la marcha enérgica del allegro inicial y las habitualmente magníficas prestaciones de la cuerda grave, sobre todo los contrabajos. El acierto de Ráth consistió en lograr dar unidad a una pieza en la que abundan los cambios de registro, la fecundidad melódica y la alternancia entre acordes furiosos y otros más líricos y amables. El director acertó también en intercambiar el scherzo y el andante, situando éste como segundo movimiento, una práctica a la que renunció Mahler tras las primeras audiciones de la obra. Permitió así respirar después del carácter marcial del primer movimiento, sin seguir por los mismos derroteros, como así sucede en el scherzo.

De esta forma, el andante supuso un soplo de aire fresco, un alivio, henchido de pureza y nobleza, para proseguir de nuevo con la manifestación apabullante y salvaje del tercer movimiento, destacando unas maderas precisas e incisivas. Este intercambio fue también una manera de dotar de mayor equilibrio a la sinfonía, provocando que la pausa entre el segundo y el tercer movimiento se situase en el centro exacto de la obra. Así, llegamos al largo allegro conclusivo preparados para la gran apoteosis final, con vientos, arpa y celesta sumergiéndonos en un clima trágico.

Una conclusión si duda grandiosa, precedida de una introducción y una coda que enmarcan diversos temas que se escuchan casi aislados pero entrelazados, hasta cierto punto cohesionados gracias al talento y la habilidad de su director, y la brillantez de todas las familias orquestales, que debieron ensayar lo suyo, sobre todo teniendo en cuenta esos refuerzos menos acostumbrados a las dinámicas de trabajo de la orquesta. A la salida, nos informaron que Alain Lombard grabó esta sinfonía con la ROSS hace tiempo, pero a pesar de los, al parecer, excelentes resultados, quedó almacenada sin fecha de publicación.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 9 de enero de 2026

EL CREPÚSCULO DE DOS DIOSES

Sinfónico 7: De voces y despedidas. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Chen Reiss, soprano. Lucas Macías, dirección. Programa: Cuatro últimos Lieder TrV296, de Richard Strauss; Sinfonía nº 5 en do sostenido menor, de Gustav Mahler. Teatro de la Maestranza, jueves 8 de enero de 2026


Aunque parezca que las obras programadas para este séptimo programa de abono de la actual temporada de la ROSS, se han interpretado en numerosas ocasiones en el Teatro de la Maestranza, lo cierto es que en los últimos quince años no recordamos haber disfrutado con las Cuatro últimas canciones de Strauss, mientras la Quinta de Mahler sólo ha sonado en su integridad dos veces en ese mismo período, una muy memorable en 2014 de la mano de Pedro Halffter, y otra más tibia bajo la batuta de Bertrand de Billy hace algo más de tres años, ambas con la Sinfónica de Sevilla en el escenario.

Las dos piezas escogidas están hermanadas por su amplio sentido de trascendencia y ese toque crepuscular que le proporciona un romanticismo tardío en el caso de Mahler, recuperado en el de Strauss. Pero sobre todo por esa idea de la muerte como liberación frente a un mundo en ruinas que tanto decepciona y nos preocupa, y que dota a ambas partituras de un componente poético de máximo nivel.

De nuevo la ROSS fue capaz de convocar un numeroso público que prácticamente llenó la generosa capacidad del Maestranza, pudiéndose además distinguir en él rostros muy conocidos de la cultura hispalense. Un sensacional éxito que vino acompañado además de un comportamiento ejemplar de tan apretado aforo, lográndose junto a una interpretación estimulante que pasaremos a desgranar, otra velada inolvidable.

Educada para Strauss

Adelantábamos a propósito del Concierto de Año Nuevo del pasado fin de semana, que Chen Reiss podría demostrar en esta ocasión lo bien dotada que está para abordar a Richard Strauss, y casi podríamos aseverar que así es a colación de su manera de defender las Vier Letzte Lieder.  Colofón a toda una vida componiendo canciones, la mayoría para su esposa, Strauss despliega en esta milagrosa página toda la suntuosidad de la que puede ser capaz una orquesta, y así lo entendió Lucas Macías, que logró adaptarse al volumen de la soprano sin sacrificar acentos ni voluptuosidad.

Por su parte, la soprano israelí evidenció una voz de insuficiente volumen ya desde el inicio de Früling (Primavera), pero un gusto exquisito para modular y regodearse en las sinuosas líneas melódicas de la pieza, algo que repetiría en September, desglosando las sentidas palabras de Herman Hesse con una expresividad melancólica y muy depurada, mientras un apacible tema a la trompa dio distinción a este segundo Lied.

El violín de Alexa Farré volvió a brillar en el amplio solo de Beim Schlafengehen (Al ir a dormir), lográndose junto a la calidez y la luminosidad de la voz, un pasaje de inusitada belleza que se reprodujo también en el sintomático Im Abendrot (Al caer el sol), prodigio de lirismo y delicadeza frente al ocaso de la vida, que Reiss y Macías reprodujeron con un gran despliegue de expresividad nostálgica y luminosidad, ascendiendo y descendiendo por los largos fraseos y dando un impresionante sentido a los textos.

Un esfuerzo titánico

Levantar la compleja estructura de la Sinfonía nº 5 de Mahler es tarea ardua y delicada. Apenas unos días después del Concierto de Año Nuevo, que no por distendido y popular merece menos atención, Macías y la ROSS lograron esta proeza gracias a un esfuerzo titánico y espectacular. Ampliamente reforzada como en las Cuatro últimas canciones, la orquesta respondió con enorme disciplina, plegándose a una muy estudiada y reflexionada lectura del director, que como antes, dirigió toda la partitura de memoria.


La superación de una crisis de salud llevó a Mahler a un impulso vital en forma de nuevo estilo de enorme complejidad contrapuntística que arrancó precisamente con esta sinfonía, aunque sin abandonar su habitual síntesis de canción y sinfonía, como demuestran las diversas citas que abundan en la partitura. Macías se hizo perfecto eco de esta circunstancia, regalándonos una interpretación llena de matices, donde los numerosos contrastes no mermaron la tensión acumulada en sus pentagramas, ni mucho menos eclipsaron esa voluntad contrapuntística que el autor versó en ellos.

La rica textura y la diversidad temática de la sinfonía encontraron en la muy matizada interpretación de la ROSS el perfecto reflejo para transmitir al y la oyente ese cúmulo de sensaciones que abundan en la partitura. No fue la marcha fúnebre inicial, con arranque sensacional de la trompeta solista, un motivo para una extrema tristeza, sino más bien la antesala de un viaje trascendental que nos lleva de la oscuridad a la luz que ya se adivina en el segundo movimiento, o segunda parte del primero, donde el dolor llegó a parecer desesperante merced a fuertes contrastes y subidas de tensión.

Los tempi fueron rápidos, o al menos no tan lánguidos como los entienden otros, alcanzándose en el scherzo central una atmósfera más irónica que desenfadada, por momentos con atisbos de desesperación y un trabajo excelente de la trompa. El arpa brilló en el desarrollo, fluido y suave pero no exento también de considerables contrastes, del adagietto, frente a la furia controlada que protagonizó un allegro giocoso final con intervenciones brillantes del oboe, la trompa y el clarinete, interpelándose antes de que toda la orquesta estallase en una triunfal coda en la que la ironía y cierto tono caricaturesco dominaron frente a una hipotética alegría de vivir.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 12 de septiembre de 2025

ESFUERZO TITÁNICO PARA LA RESURRECCIÓN DE MAHLER

Concierto nº 1 del Ciclo Sinfónico de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Emöke Baráth, soprano; Emily D’Angelo, mezzosoprano; Coro Teatro de la Maestranza; Joven Coro de Andalucía; Marco García de Paz, director de coro; Lucas Macías, dirección. Programa: Sinfonía nº 2 en Do menor, de Mahler. Teatro de la Maestranza, jueves 11 de septiembre de 2025

Lucas Macías al frente de la Real Sinfónica de Sevilla

Intensa, dramática, hermosa, variada… son algunos de los adjetivos que encajan en la que muchos consideran la más inspirada de las páginas sinfónicas de Gustav Mahler, con perdón de la novena y sin menosprecio de la descomunal número ocho o Sinfonía de los Mil, todavía inédita en los atriles de la Sinfónica de Sevilla. A esos adjetivos se ciñó en la medida de sus posibilidades la dirección atenta, responsable y extremadamente disciplinada del director y oboísta onubense Lucas Macías.

Se trata de la Sinfonía nº 2, también conocida como Resurrección, la elegida por el nuevo director titular de la orquesta para inaugurar ese ciclo sinfónico que constituye la columna vertebral de la programación del conjunto hispalense. Una obra concebida como un duelo entre la muerte y la esperanza en forma de vida eterna, entendida en términos litúrgicos o celestiales, no como pretenden en la actualidad algunos de los mandatarios más impresentables del orbe mundial.

Por ello se inicia con una suerte de marcha fúnebre en la que ya se atisban las características que habrán de imperar en el resto de la descomunal pieza, y a las que la batuta intentó plegarse con absoluta fidelidad. Cierto que los tempi se relajaron en cierta medida, llegando a superar versiones antológicas como la de Klemperer de 1961, más rápida y enérgica, pero sin llegar a la más premiosa de un, por ejemplo, Leonard Bernstein. Tampoco alcanzó Macías la tensión y la gravedad de los citados, y con todo logró construir una versión más que aceptable, impecable a nivel técnico y bastante lograda a nivel expresivo.

Un verdadero trabajo de equipo

Perfecta para arrancar la temporada, la Segunda de Mahler pone a prueba eso que denominamos trabajo en equipo, llegando a exigir de cada familia orquestal una conjunción de esfuerzos e intenciones que logre que tantas voces suenen al unísono, con toda la fuerza y la compenetración que sea posible. Esto lo extrajo perfectamente Macías del numeroso personal convocado, a quienes se unieron las voces perfectamente ensambladas de solistas y coro, dos para más señas, con las dificultades añadidas que eso entraña, logrando ese efecto de equipo bien avenido que en una pieza como ésta es más meritorio conseguir.

Macías estuvo atento a cada uno de los contrastes que abundan en una página que alterna los pasajes más bellos con los más violentos y turbulentos, presentes desde los primeros acordes. Faltó una mayor dosis de belleza en el idílico andante moderato, y no llegó a exprimir todo el fuego presente en el infernal tercer movimiento, donde sin embargo sí dominó su marcado ritmo y frecuentes disonancias.

Emily D'Angelo

Nos sorprendió gratamente la voz gruesa y aterciopelada de la mezzo canadiense Emily D’Angelo, una presencia portentosa que acarició con su voz, a pesar de exhibir un leve vibrato, el lied Urlicht que transita entre el tercer movimiento y al apoteósico final.

Un quinto movimiento que se presenta como toda una sinfonía independiente estructurada en diversos episodios, de nuevo presididos por continuos contrastes y un trabajo muy exigente en los metales y la percusión, un ir y venir de trompas fuera y dentro del escenario, causando un fuerte impacto sensorial. Echamos en falta, sin embargo, un mayor calado emocional y más énfasis en la belleza de sus pasajes más arrebatados.

No cabe duda, sin embargo, de que el descomunal cuarto de hora final se salvó muy positivamente. La intervención impecable de la soprano húngara Emöke Baráth y de Emily D’Angelo potenció el carácter místico de la pieza, gracias a unas aportaciones muy en estilo, tan espirituales. La del coro fue directamente una aportación celestial, mientras el progresivo apasionamiento de la orquesta logró una conclusión épica, tan del gusto de un público deseando aplaudir a rabiar.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

fOTOS

viernes, 5 de septiembre de 2025

IRENE DELGADO DERROCHA SENSIBILIDAD CON MAHLER

Mahler y la belleza. Concierto Feeling ROSS de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Alicia Naranjo, mezzosoprano; Irene Delgado Jiménez, dirección. Programa: Blumine, Lieder eines fahrenden Gesellen; Urlicht, de la Sinfonía nº 2; Adagietto y Rondo-Finale, de la Sinfonía nº 5, de Mahler. Teatro de la Maestranza, jueves 4 de septiembre de 2025


Desde su entrada en la plantilla de la ROSS como gerente, Jordi Tort ha desplegado un gran esfuerzo en acercar la orquesta a la ciudadanía, proponiendo programas al margen de la temporada de abono que diversifiquen la oferta y la hagan más popular, algo así en la línea de lo que hacen muchas orquestas estadounidenses, que tienen su vertiente pop aunque en realidad se trate de la misma plantilla.

Este empeño ha fructificado este año en un ciclo de conciertos denominado Feeling ROSS, en el que tendrán cabida el que el guitarrista Pablo Sainz-Villegas ofrecerá en el Alcázar, y que ya adelantó a principios del verano en Valencina, el habitual concierto en colaboración con Juventudes Musicales, dos de contenido cinematográfico ligados al Festival de Cine, otro acompañando las imágenes de Parque Jurásico al son de la música de John Williams, los tradicionales conciertos de Navidad, Año Nuevo y Cuaresma, el participativo y un homenaje a Camilo Sesto protagonizado por Daniel Diges.

El de ayer, un arranque prematuro de temporada, fue el primero de estos conciertos. Considerando que Mahler tendrá cierto protagonismo en la misma, interpretándose tres de sus grandes sinfonías, la directora algecireña Irene Delgado Jiménez se encargó de presentar un monográfico dedicado al autor austríaco. Una elección sin duda acertada, considerando el respeto que ha cosechado la joven directora tanto en Alemania como en Austria, donde trabaja habitualmente, adaptándose con éxito a la sensibilidad reinante en aquellos países, cuyo exclusivismo demuestra el talento derrochado por la directora andaluza.

Además, desplegó un encanto natural y distendido a la hora de explicar las piezas con el fin de que la audiencia comprendiera mejor su significado y disfrutara más con la propuesta. Una oferta que incluyó dos piezas originales y otras tres que sirvieron como adelanto a la programación del ciclo Sinfónico. Blumine es un descarte de la Sinfonía nº 1, redescubierto en 1966 por el biógrafo de Mahler, Donald Mitchell, y cuya hermosa contención poética encontró eco en la dirección mimosa y recogida de Delgado. A destacar la intervención de José Forte a la trompeta.

Una voz con personalidad

Haber ganado el premio ROSS en la última edición del Certamen Nuevas Voces de Sevilla, organizado por la Asociación de Amigos y Amigas de la Ópera, permitió a la mezzo malagueña Alicia Naranjo intervenir en este concierto de apertura interpretando el ciclo Canciones de un compañero de viaje, haciendo gala de una voz bien colocada, generosa proyección y considerable potencia, además de un agradable timbre y un estilo personal bastante acentuado.


Bien conocida de la afición hispalense, gracias al Coro del Maestranza y la Compañía Sevillana de Zarzuela a los que pertenece, Naranjo demostró una gran versatilidad al abandonar el estilo eminentemente lírico al que está acostumbrada para enfrentarse al más específico liederista, acentuando expresividad y carácter poético en cada una de estas canciones al desamor que Delgado acompañó con sentido de la mesura y una habilidad para clarificar texturas y planos sonoros que se repitió en las tres piezas que conformaron la segunda parte del programa.

Del repertorio sinfónico de Mahler, Delgado escogió algunas de sus páginas más hermosas y estremecedoras, como ese Urlicht o Luz original que, asilado del movimiento precedente de la Sinfonía nº 2, pierde parte de su fuerza y capacidad de contraste. No obstante, Naranjo lo acometió con mucha sensibilidad, especialmente en el arranque en pianissimo, exhibiendo las constantes ya apuntadas.

Toda la sección final de la popular Sinfonía nº 5, el imprescindible Adagietto y el Rondo, protagonizaron la última etapa del concierto, con la directora logrando una interpretación estremecedora pero nada amanerada del famoso movimiento lento, mientras en el último desplegó fuerza y majestuosidad a raudales, llegando a causar un fuerte impacto en el público. Merece destacarse la atinada intervención de la concertino invitada, Heidi Hatch, actual concertino de la Orquesta de Extremadura.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 25 de febrero de 2025

ANDRIS NELSONS Y LA GEWANDHAUS DE LEIPZIG, SENSACIONALES

Gran Selección. Leipzig Gewandhausorchester. Andris Nelsons, dirección. Christiane Karg, soprano. Programa: La rueca de oro Op. 109, de Dvorák; Sinfonía nº 4 en Sol mayor, de Mahler. Teatro de la Maestranza; lunes 24 de febrero de 2025


No podía ser de otra manera, la orquesta que debe su nombre al almacén de ropa en el que se construyó la primera sala de audiciones de Leipzig, ofreció anoche una de las citas imprescindibles de una temporada del Maestranza abundante en ellas. Lástima que el público no lo comprendiera así y dejara la oportunidad de que la taquilla colgase  “no quedan localidades”. Demasiados huecos en la sala para tan trascendente ocasión.

Al frente de la considerada orquesta más antigua del mundo, Andris Nelsons, uno de los más admirados directores de orquesta de la actualidad, capaz de simultanear, y a veces hasta combinar, su tarea frente a este legendario conjunto y la Sinfónica de Boston, dejando siempre una impronta inimitable en sus calculadas interpretaciones.

La de ayer no fue una excepción, y así lo experimentaron quienes tuvieron el acierto de asistir a lo que sin duda ha sido un reto para el equipo directivo del Maestranza, teniendo en cuenta que sus otras dos únicas actuaciones en España tendrán lugar hoy y mañana en Madrid, donde organizado por Ibermúsica, el precio de cada entrada dobla al de Sevilla.

Oro en los atriles

Seguir el argumento del escabroso cuento de Karl Jaromir Erben La rueca de oro, a través de la pura música programática que a tal efecto compuso Dvorák, es sin duda una delicia, especialmente si la batuta y los efectivos orquestales rinden a tan excelente nivel. La claridad y la contundencia con la que Nelsons mimó dicha partitura, hizo posible este feliz desplazamiento por tan maravillosa partitura.

Sólo la exposición de los instrumentos, con los violines enfrentados, violas y violonchelos en el centro y contrabajos en el extremo izquierdo, permitió unos juegos dinámicos y unos efectos acústicos de absoluta magia y ensoñación, que Nelsons dosificó además con precisión y altura de miras hasta conseguir una interpretación impecable y envolvente, puro enganche de principio a fin.

Otro acierto fue combinar sin fisuras y con una elegancia absoluta los resortes fantásticos de la partitura con aquellos de mayor calado rústico y popular. Especialmente sorprendente fue el trabajo de los metales, nunca agresivos ni estridentes, como si una mesa ecualizadora los controlara. El paso frecuente de lo más idílico a lo más trágico fue otra de las pautas de distinción de esta portentosa interpretación del tercero de los poemas sinfónicos que compuso el autor checo.

Mahler desde las entrañas del cielo

Si hace algo más de tres años Soustrot nos brindó una excelente interpretación de la Cuarta de Mahler, con su habitual sentido de la elegancia y la mesura, la que ayer nos ofreció Nelsons superó cualquier expectativa, logrando esa atención permanente que convierte una interpretación musical en toda una fascinante experiencia sensorial. El letón rubricó una interpretación entre vigorosa y delicada de la obra, sin llegar nunca a lo empalagoso ni la pura exaltación.


Con un sentido muy agudo de las proporciones, la suya combinó la gracia pastoral con el vigor incisivo, y una cierta inestabilidad a través de la cual se alternan y a veces superponen ironía y serenidad, certidumbre y duda. Sin abandonar nunca la esencia de la infancia, acertó en el trabajo con las texturas y las melodías del allegro inicial, el toque ligeramente diabólico del segundo movimiento, con un trabajo eficaz del primer violín, incluido cambio de instrumento afinado más alto. Todo ello sin abandonar en ningún momento el carácter ingenuo de una música que ensalza la visión que del paraíso pueda tener la niñez, lo que no deja de ser morboso.

Lástima que el estremecedor adagio quedara enturbiado por las impertinentes y a menudo evitables toses, siempre atentas al efecto llamada. Aún así fuimos capaces de dejarnos seducir por tan espiritual propuesta, que culminó con una apoteósica y majestuosa visión de ese cielo imaginado.

Sin apenas pausa, la soprano Christiane Karg entonó el cuarto movimiento con una voz de hermoso timbre y adecuada proyección, dotándola de la expresividad justa para ahondar en esa felicidad y serenidad que potencian las palabras del lied de Das Knaben Wunderhorn que le sirve de base, sin por ello dejar de transmitir esa desazón siempre presente en la muerte, por mucho cielo con el que se nos quiera consolar. Desde luego, más paraíso que disfrutar de tan excelso concierto, no se nos ocurre.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 11 de octubre de 2024

SAGRIPANTI MIRANDO AL PRECIPICIO

Concierto nº 3 del ciclo Gran Sinfónico de la temporada 2024-25 de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Lucía Martín-Cartón, soprano. Giacomo Sagripanti, director. Programa: Sinfonía de Réquiem, de Britten; Sinfonía nº 4 en Sol mayor, de Mahler. Teatro de la Maestranza, jueves 10 de octubre de 2024


Más propio por su temática de finales de mes que de este casi ecuador en el que nos encontramos, el programa ofrecido ayer por la ROSS, y que se repite hoy viernes, es quizás uno de los más interesantes de una temporada que Juan Luis Pérez ha diseñado sin duda para atraer el mayor número posible de público. Pero lo interesante tiene su precio en un mundo en el que siempre priman los dividendos, por encima de la educación y el cultivo de nuevos paladares musicales, y ayer pudimos observar una ligera disminución de público en el Maestranza respecto a los tres conciertos anteriores de la Sinfónica, aun así numeroso para tratarse de un espacio tan grandioso y unos conciertos que se celebran en doble jornada.

Lo estamos viendo en todos los ámbitos, se aplican criterios empresariales incluso en lo público, que debería mirar siempre a la formación y la exquisitez. En definitiva, se opta en todos los ámbitos por dar lo que el público demanda, y no por enseñarle a demandar más y mejor. Afortunadamente, el programa de ayer fue un ejemplo de lo segundo, con la muerte como eje inspirador y dos páginas de parecido sesgo estético pero diferente visión espiritual.

La muerte como eje vertebrador

La de Britten es una pieza que no se prodiga demasiado, y sin embargo aquí ya la habíamos disfrutado no hace mucho, en marzo de 2017, cuando Juan García Rodríguez, un ejemplo de sabiduría a la hora de programar, combinando vanguardia con lo clásico y popular, la dirigió frente a nuestra querida Sinfónica Conjunta. Los resultados fueron entonces menos vistosos en términos de tímbrica, pero sin duda más satisfactorios en términos estrictamente expresivos. Giacomo Sagripanti, ausente de nuestro escenario desde hace nueve años, se quedó mirando al precipicio, pero no se atrevió a caer en él, como bien demanda una partitura que exige más vehemencia, más acritud y una fuerza inusitada de tensión e incluso terror que aquí no asomó.

Por el contrario, el director italiano prefirió - o sencillamente no supo hacer otra cosa - una lectura hedonista y preciosista, más atenta a la belleza de los timbres y la claridad de las texturas que al dolor subyacente en una página que mira a la muerte de frente y sin titubeos, y en esos términos respondió también la orquesta, no obstante intervenciones excelentes a nivel técnico de los vientos, especialmente flautas y trompetas en sus juegos dialécticos. Pero faltó espanto, dolor y desconsuelo en una página que grita todo esto y más.


Este enfoque funcionó mejor para enfrentarse a la Cuarta de Mahler, página presuntamente ligera y alegre con la que el idolatrado compositor cierra su primer bloque sinfónico, a pesar de estar también inspirada en la muerte. Para él la forma en que los niños han de enfrentarse a ella tenía que ser optimista y desenfadada; sólo así podía aliviar su propio dolor ante una experiencia tan traumática. Esto no quiere decir que todo debiera ser pura amabilidad, pero encajó mejor con la estética de Sagripanti, no obstante sacar mucho partido de una orquesta que respondió con nobleza, transparencia y profesionalidad.

El primer movimiento acertó en su atmósfera distendida e inocente, tanto como la danza ligeramente macabra del segundo movimiento, cambio mediante y pertinente de violines de la concertino, Alexa Farré, para extraer en sus partes solistas el sonido desgarrado y sardónico que demanda la partitura. El sensacional tercer movimiento destacó por su emotiva intensidad, más transparente que directamente apasionada, pero carente también de ese toque irónico que no aparta la mirada de lo que en realidad se trata, el final de nuestra existencia.

Fue quizás gracias a la aportación de Lucía Martín-Cartón, en el cuarto movimiento, que por fin logramos atisbar algo de burla e ironía coqueteando con la presunta alegría que informa la partitura, a pesar de evidenciar una voz algo pequeña y de insuficiente proyección que obligó a la batuta a moderar la intensidad de su aportación para no eclipsarla. Al final, subtítulos mediante, la música y su interpretación lograron convencernos de que puede haber paz y tranquilidad después de la muerte, no tanto un paraíso celestial en el que ya no creemos, y es que hace mucho que dejamos de ser niños e inocentes.

Fotos: Juan Pedro Donaire
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 13 de abril de 2024

DUELO Y MAGIA EN EL NOVENO DE LA ROSS

9º concierto de abono Ciclo Gran Sinfónico de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Marc Soustrot, dirección. Programa: Kindertotenlieder, de Mahler; Sinfonía nº 4 en Mi bemol mayor WAB 104 “Romántica”, de Bruckner. Teatro de la Maestranza, viernes 12 de abril de 2024


No podemos considerar que emparejar en un mismo programa a Mahler y Bruckner sea el colmo de la originalidad, pero es cierto que hay más de un punto de conexión entre ambos genios. El noveno programa de abono del ciclo Gran Sinfónico de la ROSS estuvo dedicado al segundo de estos compositores, cuando se cumplen doscientos años de su nacimiento, efemérides que en otras plazas se celebra de manera más generosa, pero que al menos no ha pasado desapercibida en la nuestra. Celebrarlo con la Cuarta se revela harto oportuno, tratándose de su pieza más popular, por encima incluso de la también recurrente Séptima. 
Cada genio suele ser un eslabón en la cadena del arte, consecuencia de otro anterior y precedente del que le sigue. En el caso de Bruckner, podríamos considerar a Wagner y Mahler esos dos extremos entre los que se sitúa su magnífica y opulenta música, majestuosa pero a la vez sensible y tan sincera. Maridar la Romántica con las tristísimas canciones que Mahler compuso a partir de los poemas que Rückert dedicó a los niños muertos, sirvió como perfecto contraste entre el dolor y la exaltación de la naturaleza y la vida, y Soustrot supo muy bien destacar estos aspectos antagónicos en una muy cuidada dirección de ambas partituras, contando para ello con una plantilla que sigue exhibiendo su mejor faceta en esta jubilosa temporada.

La soprano anglo germana Sarah Wegener acertó en proyección y sobre todo en expresividad, pero su voz aguda bien timbrada se quedó corta; le faltó peso y ese grosor que una voz de registro más grave es capaz de aportar a unas canciones tan desesperadas. Exhibió además una voz tremolante en algunos pasajes, pero se esmeró en dotar de una fuerte expresividad, siempre en tono muy apesadumbrado, a estas canciones con las que algunos no pudimos evitar pensar en la incomprensible e inasumible violencia vicaria que estamos sufriendo durante este todavía incipiente 2024. Niños enfermos y desaparecidos que en las letras del poeta alemán parecían vislumbrar aquellos otros asesinados por sus propios padres, y que dotaron la experiencia de un dolor extremo, acentuado por el muy delicado acompañamiento de Soustrot al mando de una orquesta nítida, de sonido aterciopelado y cierta tendencia a la contención sólo interrumpida por puntuales subidas de tensión. Wegener estuvo en todo momento muy concentrada, aunque sin llegar a provocar esa catarsis emocional que demandan los momentos más trágicos. Acusó además cierta dificultad en los cambios de registro, al carecer del color adecuado en los pasajes más graves. Aplaudimos que se proyectaran los textos para su conveniente seguimiento.

Una catedral con cimientos sólidos

Hubo magia desde el inicio en la versión que nos brindó Soustrot de la Sinfonía nº 4 de Bruckner, siempre desde la elegancia que caracteriza su forma de dirigir y de la claridad que supo imprimir a una orquesta de nuevo en modo solemne y espectacular. Tras la extenuante Novena de Mahler de la semana pasada, atreverse ahora con otra sinfonía mastodóntica y salir tan airosos, merece todos los elogios a una orquesta que sigue siendo motivo de orgullo para todos y todas las melómanas sevillanas. La magia brotó ya con el movimiento inicial y sus calladas y relucientes cuerdas abriéndose camino antes de resultar más distendida y afable que exactamente fúnebre en el andante, y desde luego que deslumbrar con unos metales resplandecientes en el popular scherzo, hasta llegar al imponente crescendo final sin síntomas de agotamiento, ni siquiera tratándose de la segunda entrega de tan comprometedor programa.


Soustrot logró que la orquesta mirase al pasado más con devoción que con nostalgia, erigiendo esta monumental obra con cimientos muy sólidos y una muy acertada cohesión orgánica, todo ello bañado con esa luz mística tan apropiada para la empresa. Una vez más tuvo mucho que ver en el éxito la robustez de la cuerda grave, con pasajes en los violonchelos y las violas absolutamente deslumbrantes y evocadores, y especial mención para unas trompas exultantes dentro de un trabajo técnicamente impoluto de los metales. Se nota que hay mucha conexión y compenetración con el maestro francés.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 5 de abril de 2024

AGÓNICA NOVENA EN MANOS DE SCHØNWANDT

8º Concierto de abono Ciclo Gran Sinfónico de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Michael SchØnwandt, dirección. Programa: Sinfonía nº 9 en Re mayor, de Mahler. Teatro de la Maestranza, jueves 4 de abril de 2024


Debió haber dirigido una Séptima de Mahler la pasada temporada, pero la huelga de la Sinfónica de Sevilla se lo impidió. Tampoco el adagio de la nº 10 (inacabada) pudo interpretarse por el mismo motivo, dejando la voluntad de interpretar el conjunto de las sinfonías de Gustav Mahler en el limbo, como parece demostrar el hecho de que esta temporada sólo se hayan programado un par de ellas. Pero Michael SchØnwandt se ha quitado la espinita dirigiendo esta vez una Novena radiante y espectacular, sin descuidar sus aspectos expresivos más sensibles e intrincados y sacando el máximo provecho de una orquesta reforzada con muchas caras nuevas y jóvenes, un centenar de maestros y maestras llevando a cabo un trabajo extenuante, agotador, y de una calidad indiscutible.

Lo primero que llamó la atención fue la disposición de las y los músicos, con la cuerda aguda en primer plano a un lado y otro del director, la grave detrás, con violonchelos a su izquierda y violas a la derecha, y ocho contrabajos ocupando el extremo izquierdo del escenario. Maderas, metales y percusión mantuvieron naturalmente su posición habitual, mientas el arpa de Iolkicheva sa pasó de un ala al otro. Algo de la celebrada rotundidad de la cuerda grave se perdió por el camino por esta decisión, pero ganó el diálogo y la apuesta por una mayor conjunción entre los instrumentos, provocando una sensación de compenetración extrema, especialmente difícil teniendo en cuenta la enorme cantidad de integrantes convocados.


La Novena de SchØnwandt superó la ya de por sí paladeada de Halffter de hace una década, y desde luego también la muy valiosa y valiente que ofreció la OJA un año antes en 2013. Aunque pareció optar en un principio por tempi rápidos, el ingenio y la habilidad con que la abordó hizo que sin darnos cuenta alcanzara casi la hora y media de duración, quince minutos por encima de la media, y muy próxima a la tan meditada que Bernstein grabó junto a la Filarmónica de Nueva York en la década de los sesenta del pasado siglo. Lo mejor es que esa lentitud que tanto nos costó apreciar, no supuso morosidad ni pesantez, sino todo lo contrario, una auténtica efervescencia de los sentidos puestos al servicio de una escucha atenta y entregada.

La batuta optó por no acentuar demasiado los contrastes, de forma que las transiciones entre los pasajes más reposados e intimistas del doliente primer movimiento, se fusionaron con mucha naturalidad con los más dramáticos y agitados, provocando una auténtica catarsis de pena y desesperación. SchØnwandt logró que los instrumentos cantasen de forma tan poética como lo hace la voz en otros trabajos de su conjunto sinfónico, incluida esa Canción de la Tierra a la que esta sinfonía parece seguir de manera casi mística y religiosa. Su sentido de la narración le llevó a construir una Novena sólida y compacta, como si sus cuatro movimientos, tan diferentes entre sí y en tonalidades distintas, se fundiesen como un todo siguiendo un hilo narrativo perfectamente perceptible, que nos lleva de la nostalgia al adiós a través del dolor y el sarcasmo.

La relación y alternancia entre el caos y lo organizado quedó perfectamente plasmada gracias a la arquitectura del director y las prestaciones de una orquesta en magnífico estado, sin deslices ni fisuras, todos y todas entregadas a la consecución de una obra majestuosa y conmovedora, como piezas de un engranaje imposible de quebrar, sin caída alguna de tensión y con mensajes muy precisos, donde la vida y la muerte se interrelacionan de idéntica forma como lo hacen los ländler y grotescos acordes de los movimientos centrales con los meditabundos y tan llenos de consuelo de ese movimiento final que se difumina con los largos acordes en pianissimo que ponen punto final a una obra descomunal en progresión agónica.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 26 de noviembre de 2023

LA VOZ INMENSA Y BELLÍSIMA DE SARAH CONNOLLY

Dame Sarah Connolly, mezzosoprano; Joseph Middleton, piano. Programa: Tres canciones de Brahms; Cuatro de las cinco canciones op. 40 de Schumann; Rückert-Lieder y Kindertotenlieder, de Mahler; Tres canciones de Bilitis, de Debussy; Canciones de Frank Bridge, John Ireland, Ernest John Moeran e Ivor Gurney. Espacio Turina, sábado 25 de noviembre de 2023


Quedará siempre marcada en nuestro corazón esta fecha, la del sábado 25 de noviembre, cuando toda la terrible vulgaridad que destaca en una ciudad entregada a las comidas navideñas de empresa, las compras del Black Friday, las procesiones y demás tumultuosas manifestaciones, quedó ensombrecida para unas cuantas personas privilegiadas, las que tuvieron el acierto de dedicar algo menos de dos horas a dejarse seducir por la inmensa belleza de la voz de Dame Sarah Connolly. Una oportunidad que perdieron las cientos de personas que en esta ciudad se consideran melómanas y acuden una y otra vez a conciertos reiterativos, por inercia o por costumbre, mientras dejan pasar un acontecimiento de este calibre. Y no es que despreciemos todas y cada una de las celebraciones que enumeramos arriba, ni las ofertas musicales que tenemos ocasión de degustar gracias al talento local; es simplemente que el oasis de paz y belleza que fue capaz de ofrecernos la celebrada mezzosoprano acompañada con exquisito gusto por su compatriota Joseph Middleton, logró disminuir todo lo demás a la altura de la insignificancia.

Esta gran dama indiscutible de la canción, o el Lied, como se prefiera, fue capaz de cantar de corrido, sin pausas instrumentales, hacerlo en perfecto alemán, francés, inglés y español en las propinas (Nana y El paño moruno, de las Siete canciones populares españolas de Falla) y sin partitura, aprendido todo de principio a fin. Pero nada de eso habría tenido mucho valor si no fuera por su admirable forma de cantar, su precioso timbre capaz de seducir y convencer al más recalcitrante, y de modular y articular con esa maestría que convierte lo complejo en fácil, como si no supusiera esfuerzo alguno. Así comenzó con tres Lieder de Brahms que recorrieron su ánimo desde una exultante felicidad (Serenata) a la más íntima nostalgia (Feldeinsamkeit), pasando por el desencanto del amor en Da unten im Tale, siempre con la expresividad justa, transmitiendo con la voz, su pulso, su color y su tono, ese estado de ánimo aludido. Algo así ocurrió también con cuatro de las Cinco canciones op. 40 del especialista en el género Robert Schumann, con especial peaje en Muttertraum, un sueño de la madre que Connolly desgranó con una dulzura y una capacidad para conmover más allá de lo imaginable.


Mahler era el principal reclamo del programa
, con sus dos ciclos basados en poemas de Friedrich Rückert repartidos entre la primera y la segunda parte del programa. Sinceridad y responsabilidad son dos calificativos que definen a la perfección la manera de Sarah Connolly de abordar los sentimientos del poeta alemán que Mahler convirtió en música. A destacar en Rückert-Lieder su magistral forma de cantar Um Mitternacht, pasando de la introspección más profunda, traducida en una voz densa y oscura, a la manifestación de exaltación que supone el final envuelto en rutilantes sobreagudos. Y muy especialmente su sobrecogedora manera de entonar Ich bin der Welt abhanden gekommen (He perdido contacto con el mundo), paradigma de la contención y el sentimiento introvertido que Connolly y el piano cómplice de Middleton convirtieron en pura magia conmovedora. También en los Kindertotenlieder pudimos apreciar la proverbial facilidad de la mezzo para sobrecogernos, muy especialmente en Im diese Wetter, in diesem Braus que sintetiza el inmenso dolor por la muerte de un niño, ahora que tantas noticias tenemos de su sufrimiento. El resto del programa, las Tres canciones de Bilitis de Debussy y una selección de autores ingleses, las defendió con una estética de recitativo profundamente sensual en el caso del compositor impresionista, y con la elegancia y la autoridad que saben imprimir en sus canciones autores como Frank Bridge o John Ireland. Encima supo entonar a Falla con todo el gracejo andaluz que sus canciones demandan. Para colmo, el comportamiento del público fue ejemplar, añadiendo magia, calidez y emoción a tan relajante manifestación de arte y buen gusto.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 23 de junio de 2023

SOUSTROT RESUCITA A LA ROSS Y A LAS ESPECIES

11º concierto del ciclo Gran Sinfónico de la Temporada nº 33 de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro Femenino Teatro de la Maestranza y Escolanía de Los Palacios. Astrid Nordstad, contralto. Marc Soustrot, dirección. Programa: Sinfonía nº 3 en re menor, de Mahler. Teatro de la Maestranza, jueves 22 de junio 2023


No fue la de ayer una jornada cualquiera para la Sinfónica de Sevilla. Por la mañana su director titular, el estupendo Marc Soustrot, nos convenció de su compromiso con una orquesta con cuyas reivindicaciones se siente solidario e identificado, empezando por una sala de ensayos en condiciones y siguiendo con la cobertura de plazas aún vacantes que eviten los enormes añadidos que por ejemplo necesitó la orquesta para acometer la mastodóntica Sinfonía nº 3 de Mahler con la que el conjunto reanudó sus conciertos de abono, tras dos meses y medio de huelga. Y terminando por supuesto con un aumento de apoyos financieros que le permitan abordar una programación como la que sin duda merece por todos sus atributos y los triunfos logrados a lo largo de estos más de treinta años de existencia. En una ciudad en la que el patrimonio inmaterial artístico se procura atender con todo el mimo que merece, parece mentira que sean las personas, en este caso la plantilla de nuestra magnífica orquesta, quienes sufran el desprecio, aunque sea parcial, de nuestras instituciones. Es evidente que reina una casi total y absoluta falta de humanidad y sentimiento a este respecto, que con sus aciertos y desaciertos han intentado remediar con un paro no del todo comprendido que le ha puesto al borde del precipicio y ha provocado que se hayan tenido que traicionar muchos de los postulados acariciados en esta casi extinta temporada. Entre ellos, el de programar la integral sinfónica mahleriana en dos temporadas. Frente a las dos citas malogradas por la huelga, con la séptima y el adagio de la décima como protagonistas, para la próxima sólo se cuenta con la novena, lo que deja fuera prácticamente la mitad del cuerpo sinfónico del aclamado autor.

Son muchos quienes consideran la más larga de las sinfonías de Mahler una continuación natural de la segunda, llamada Resurrección. Y aunque es cierto que la tercera es la única de todas las suyas que no está marcada por la muerte, su pasión por la vida y la naturaleza sólo se puede interpretar como condición indispensable para que exista un final, una extinción, dejando bien claro lo efímero de nuestra existencia, el respeto a nuestros orígenes, sean sagrados o científicos, y el que precisa nuestro entorno, una preocupación ya a principios del pasado siglo que se potencia ahora más con todos los avances tecnológicos a nuestro alcance. Por eso nos llamó la atención que fuera esta espectacular página la que sirviera para reanudar la temporada de abono, a falta ya de una sola cita, como si de una auténtica resurrección se tratara, y con ese saludo al verano que la introduce coincidiendo, esto sí que seguramente de manera premeditada, con las fechas en las que nos encontramos.


Una sólida arquitectura

Haciendo gala de una extraordinaria forma física e intelectual, Soustrot manejó sabiamente todos los resortes de esta página mucho más compleja de lo que pueda pensarse. Arrancó matizando al máximo todos los sonidos que la introducen de forma tan majestuosa como misteriosa, logrando una nitidez en las trompas no muchas veces disfrutada y con ello una sensación de himno a la naturaleza de sólida arquitectura. No le fue difícil conseguir así esa evolución de las especies que refleja la singular página, desde la entrada a ritmo de marcha del verano, con todo ese toque de vulgaridad que lo preside, para pasar en el segundo movimiento a un remanso de paz lleno de encanto y frescura, evocando fielmente el mundo vegetal que lo informa, con solos maravillosos, que se irían repitiendo a lo largo de la pieza, de Alexa Farré al violín y Miguel Herráez, en calidad precisamente de aumento, a la trompeta. En el tercer movimiento las trompas de postillón crearon una atmósfera mágica fuera del escenario, evocando el mundo animal antes de que la voz rotunda, armoniosa y de una belleza incontestable de la contralto noruega Astrid Nordstad, ampliamente curtida en el universo de Mahler, entonara los versos de Nitzsche extraídos de su célebre Así hablaba Zaratustra, con el fin de invocar esta vez al hombre.

El carácter místico de la pieza nos lleva después a los ángeles, en un estadio superior al nuestro, con los niños y niñas de la Escolanía de Los Palacios mezclando hábilmente sus blancas voces con las del coro femenino del Coro del Maestranza, y junto a unas campanas casi tubulares inspirar una visión ingenua del paraíso no exenta de cierta ironía. Así hasta llegar al sobrecogedor final que Soustrot logró resolver con un henchido sentido del lirismo y alguna que otra dosis de melancolía que no eclipsó el espíritu glorioso de este largo y apasionado adagio que culmina con uno de los diversos golpes de efecto, vigorosos y punzantes, que habitan en la obra, siempre desde la elegancia que la batuta de Soustrot sabe imprimir a todo lo que aborda. Si la duración estándar de esta sinfonía es de hora y media, pudiendo alcanzar hasta la hora y tres cuartos, la de Soustrot se dilató elocuentemente hasta casi las dos horas, aunque incluyendo pausas, entradas de artistas y aplausos más o menos inconvenientes.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 11 de abril de 2023

PRIMAVERA REJUVENECEDORA CON LA OJA

Concierto de Pascua de la Orquesta Joven de Andalucía. Álvaro Albiach, director. David Alonso, saxofón. Alejandro del Cerro, tenor. José Antonio López, barítono. Programa: De Paz interna, Concierto para saxofón de Daahoud Salim; La canción de la Tierra, de Mahler. Teatro de la Maestranza, lunes 10 de abril de 2023

De izquierda a derecha, en el centro: Albiach, Salim y Alonso

Celebrar su concierto anual un Lunes de Pascua tiene por un lado el significado que le da la fecha de renovación y rejuvenecimiento, pero por otro supone para los y las jóvenes integrantes de la orquesta sacrificar los días previos, en plena Semana Santa, trabajando duro para dejar bien atado un concierto que para ellos y ellas supone tanto. Tiene además el inconveniente de encontrarse con un Maestranza a media entrada, tras tantos días de saturación festiva y un fin de semana previo a las procesiones protagonizado por dos citas tan atractivas como las que cerraron el Festival de Música Antigua, que supusieron para el coliseo un lleno absoluto. De cualquier forma, la de ayer fue una nueva demostración de la calidad que han alcanzado las nuevas generaciones de músicos y músicas andaluzas, capaces de enfrentarse una vez más a caballos tan difíciles de domesticar como Mahler o Bruckner.

La cita de este año ha tenido la particularidad de contar con un estreno absoluto, protagonizado por quien años atrás formara parte también de la plantilla de esta orquesta para jóvenes en prácticas. Hijo del extraordinario saxofonista norteamericano afincado en Sevilla, Abdul Salim, Daahoud Salim parece mirar a su admirado padre a la hora de enfrentarse a esta página de encargo que conserva las líneas básicas y convencionales de una pieza concertante. Perfectamente tonal y de clara inspiración melódica, la pieza del joven y excelente pianista y músico de jazz se debate entre el canto espiritual negro con el que arranca y continúa en el segundo movimiento, hasta el apabullante canto africano de fuerte percusión que lo cierra, pasando por un meditativo y delicadísimo nocturno que sirve como tránsito en el tercer movimiento. A todos estos aromas y estéticas se plegó como un guante el saxofonista valenciano David Alonso, que para los movimientos extremos extrajo del saxo soprano un sonido sedoso y envolvente, en ningún momento estridente, y del tenor en los centrales un sonido más robusto y autoritario, nunca exento de la sensualidad que atesora toda la sugerente y magníficamente orquestada partitura. Como propina, un joven integrante de este programa educativo musical de la Junta de Andalucía dirigió una breve pieza musical, también de Salim, para saxofón acunado por la cuerda.

Temperamento y meditación

Todas las secciones de la joven orquesta tuvieron oportunidad de lucirse en la pieza de Daahoud Salim, desde los metales del voluptuoso arranque a la apabullante percusión del final pasando por las delicadas maderas y un exigente trabajo en la cuerda para crear las subyugantes atmósferas imaginadas por su autor. Supuso pues un calentamiento perfecto para enfrentarse a una página en la que cada sección de la orquesta tiene que superar también unas enormes exigencias, y que toda la plantilla aprobó con matrícula de honor. Sin saber todavía si la huelga permitirá que el ciclo que la ROSS está dedicando a Mahler esta y la próxima temporada tenga continuidad el próximo jueves con la Sinfonía nº 7, la OJA se atrevió con una de sus obras más relevantes y reconocidas, para algunos la más representativa de su catálogo, al aunar las dos vertientes fundamentales del compositor bohemio, la sinfonía y el lied.

José Antonio López. Fotografía: Guillermo Mendo

Álvaro Albiach
, director también valenciano, dio ya buenas muestras de saber manejar con maestría y profesionalidad la pieza de Salim. Pero con Mahler fue capaz de imbuir la música de toda la poesía, el candor, la desesperación, el temperamento y la meditación que El canto de la Tierra merece. Contó para ello con dos extraordinarias voces ya familiares del público del Maestranza. Por un lado el tenor Alejandro del Cerro, integrante del elenco que hace solo unos días estrenaba La vida breve, y que mostró unas cualidades excelentes en proyección y carácter, imprimiendo de angustia y elocuencia su participación desde la sombría canción de los bebedores al desdén que provoca la llegada de la primavera, entonada con cierto tono irónico que del Cerro manejó con una voz en todo momento controlada pero arrolladora. Más poéticas fueron las intervenciones del barítono José Antonio López, a quien hemos visto junto a la ROSS, la Barroca y en ópera, y que para la ocasión moldeó su voz alcanzando colores muy sugerentes y atractivos, teniendo en cuenta la dificultad de adaptar los textos a su tesitura, ya que lo habitual es que los entone una mezzo o contralto, capaz de dotar a la partitura de gestos más abiertos y expansivos. La suya fue sin embargo una aportación delicada y aterciopelada, que alcanzó en El adiós con el que el hombre se encuentra desesperado y perdido frente a la Naturaleza que le sirve de entorno y que no alcanza a comprender ni dominar, su punto álgido y más conmovedor. Algo a lo que no fue ajena la excelente aportación de la orquesta, con solos de madera magistrales, como por ejemplo los protagonizados por los hermanos Eric Joseph y Marco George Aragó Bishop, al oboe y al fagot respectivamente, apellidos tan familiares a nuestra Sinfónica y que demuestran lo mucho que ha supuesto para la ciudad el esfuerzo y el trabajo desplegado por la misma desde su fundación en 1991.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía