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martes, 7 de abril de 2026

LA OJA SE DIVIERTE Y NOS EMOCIONA

Gran Selección. Orquesta Joven de Andalucía. Santiago Cañón-Valencia, violonchelo. Jaime Cobo, director invitado. Carlos Miguel Prieto, dirección. Programa: Sinfonía nº 2 “India”, de Carlos Chávez; Concierto para violonchelo nº 1 Op. 107, de Shostakóvich; Fandangos, de Roberto Sierra; Intermedio y danza de “La vida breve”, de Falla; Antrópolis, de Gabriela Ortiz; Huapango, de José Pablo Moncayo. Teatro de la Maestranza, lunes 6 de abril de 2026


Con conciertos como el de anoche y los que lleva brindándonos desde hace más de treinta años, la Orquesta Joven de Andalucía demostró una vez más que entra por derecho propio en esa gran selección del Maestranza que aglutina grandes formaciones sinfónicas de todo el orbe. En un alarde de acercamiento entre las dos orillas transoceánicas, ayer y el día anterior en Jerez nuestros músicos más jóvenes se dejaron llevar por el ritmo y el entusiasmo de su maestro de ceremonias, un Carlos Miguel Prieto en estado de gracia, para ofrecernos una de las veladas más electrizantes y vitalistas de los últimos años.

Todavía con el recuerdo del concierto que el trompetista Pacho Flores y el director Manuel Hernández Silva nos brindaron junto a la ROSS hace exactamente un año, el Maestranza volvió a llenarse de ritmo y color con un concierto en el que el primero de los conciertos que Shostakóvich dedicó al violonchelo, con toda su rabia y dolor concentrado, se vio rodeado de una enorme descarga de adrenalina. Pura fiesta de los sentidos en forma de ritmos latinos, a los que la joven plantilla respondió con todo el entusiasmo y la alegría que el programa exigía.

Lástima que una ocasión tan señalada no se viera favorecida por un aforo completo. Observándose tantos asientos vacíos, fue inevitable pensar en los muchos y muchas aficionadas que dejaron pasar la oportunidad de disfrutar con tan suculenta oferta. No es suficiente con destinar un considerable y necesario presupuesto a la excelente formación que reciben estos jóvenes músicos. Las instituciones deben después disponer de un aparato de divulgación fuerte y adecuado para que el esfuerzo llegue después al público y los medios como sin duda merece.

Un embajador convencido y un chelista excepcional

Haciendo alarde de ese carisma que caracteriza a los norteamericanos, pues no olvidemos que no sólo los estadounidenses merecen calificarse así, el insigne Carlos Miguel Prieto ilustró cada pieza con ahínco y espontaneidad, introduciéndonos la rica y autóctona percusión que debía presidir la pieza de Chávez, y que luego iría reapareciendo en momentos puntuales del resto de páginas programadas, así como invitándonos al final del concierto a entonar la célebre cuenta y posterior declamación de ¡mambo! que hiciera célebre Pérez Prado. Todo siempre con una elegancia y un dominio de la elocuencia como sólo ellos son capaces de desplegar.

Del fundador de la Orquesta Sinfónica de México, Carlos Chávez, la OJA interpretó su Sinfonía India, número dos de un catálogo de seis. Una obra breve pero muy completa, ya que sigue los movimientos clásicos de una sinfonía pero sin solución de continuidad. Una pieza que utiliza instrumentos de percusión yaqui, una comunidad de Sonora asentada en los márgenes del río del mismo nombre. El maestro, que consolidó el movimiento musical nacionalista en su país, encontró una respuesta enérgica pero equilibrada de cada familia instrumental, muy especialmente de una sección de percusión que nunca antes se había lucido tanto en los tradicionales conciertos del Lunes de Pascua.


El también joven violonchelista colombiano Santiago Cañón-Valencia fue el encargado de llevar a tan buen puerto la compleja gramática del Concierto nº 1 de Shostakovich, todo un laberinto emocional que las partes implicadas resolvieron con enorme acierto. En el allegretto inicial, Cañón-Valencia desplegó una enorme fuerza, enfrentándonos al abismo con un gran sentido de la dramaturgia, a lo que la orquesta se plegó con acierto y sensibilidad, que asomó ya de forma contundente en un segundo movimiento protagonizado por una desolación inusitada. Una página tremenda a pesar de su aparente contención, que el violonchelista resolvió con una técnica impecable, un sonido sedoso y el ropaje intenso que supo brindarle la entregada orquesta.

Una exhibición de sobrecogedora incertidumbre en la que el clarinete también supo lucirse ampliamente, así como una trompa que aunque no siempre acertó en el tono justo, desarrolló también una labor estremecedora. Después, Cañón-Valencia remató con una cadencia desgarradora, en la que los silencios pesaron tanto como la compleja retórica que la informa. Así hasta desembocar en un finale excesivo y espectacular, donde lo humorístico se dio la mano con lo grotesco al más puro estilo del atormentado compositor ruso, aunque sin llegar nunca a la socarronería con la que otras batutas lo despachan. El joven solista interpretó después como propina una pieza de su propia cosecha, Ad noctem, en la que coquetea con la literatura bachiana para entregarse a las esencias y ritmos de su tierra.

Ritmo trepidante

Muy interesante la pieza del contemporáneo puertorriqueño Roberto Sierra, Fandangos, en el que al modo de un La valse de Ravel, deconstruye esta forma de cante y baile, hincando sus raíces en Soler y Boccherini y logrando una hipnótica cascada de sensaciones en la que la percusión juega también un papel destacado. El autor reafirma así su querencia por el barroco, a lo que la OJA bajo la mirada atenta de Prieto, respondió con idéntica disciplina que la desplegada en las páginas anteriores, y una capacidad para emocionar sólo al alcance de los más curtidos.

Otro joven, Jaime Cobo, integrante del proyecto de formación de directores de la OJA, fue el encargado del Intermedio y Danza de La vida breve de Falla, que resolvió con profesionalidad y sentido dramático, dejando su huella en un feroz centro de la famosa danza. Después, todo se tiñó de fiesta y felicidad en la sorprendente pieza de la compositora mexicana Gabriela Ortiz, Antrópolis, en referencia a los antiguos antros de la capital en la que brillaban los sones autóctonos e importados, tal como se observó en una vibrante pieza en la que cumbia y mambo encontraron en la OJA y su flamante director el vehículo perfecto de expresión, lo que se notó especialmente en la alegría y la complicidad con la que abordaron la página. A destacar el trabajo de los timbales, especialmente el encargado de las generosas partes solistas de esta singular pieza.


La fiesta se coronó con el que muchos y muchas mexicanas consideran su segundo himno oficial, el Huapango de José Pablo Moncayo, quien a pesar de su corta vida logró erigirse en uno de los más reputados representantes del nacionalismo musical mexicano junto a grandes como Revueltas o el propio Chávez. Inspirado en sones veracruzanos como el siquirisi, el balajó y el gaviloncho, la pieza captura ritmos, sonidos y la inusitada energía de la música tradicional huasteca, hábilmente combinada con la gramática sinfónica, con destacadas intervenciones del trombón, la trompeta, el oboe y el arpa y un trabajo impecable de la cuerda grave, lograron que el Maestranza se convirtiera en una perfecta tarima de baile, ese huapango del título. A nosotros no nos queda otra que volver a darle la máxima calificación al singular evento, no sin antes destacar la insólita figura del concertino de la segunda parte, con la pierna escayolada elevada sobre un cojín, tal como se observa en la fotografía en tercera fila durante la primera parte del concierto. Y es que el entusiasmo y las ganas de estos jóvenes talentos no concibe ni de lejos una baja laboral.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 22 de abril de 2025

OJA Y APOTEOSIS DE LA ORQUESTACIÓN

Gran Selección del Teatro de la Maestranza. Orquesta Joven de Andalucía. Juan Pablo Valencia, dirección. Programa: Mariachitlán, de Juan Pablo Contreras; Suites 1 y 2 de El sombrero de tres picos, de Falla; Cuadros para una exposición, de Mussorgsky (orq. Ravel). Teatro de la Maestranza; lunes 21 de abril de 2025


Pasada la treintena, la cita anual de la Orquesta Joven de Andalucía dejó atrás obras de considerable complejidad de autores como Mahler o Bruckner, para centrarse en un programa igualmente exigible pero de gramática más distendida y con un inconfundible sabor latino, a excepción de los Cuadros para una exposición, que no obstante bajo la dirección del colombiano Juan Pablo Valencia revistió también un fuerte temperamento y una fuerza y energía inusitadas, siempre desde el rigor y el respeto que exige la pieza de Mussorgsky.

Todavía recuperándonos del éxtasis que provocó el séptimo concierto de abono de la ROSS con Hernández Silva y Pacho Flores, y para calentar motores e inaugurar este ambiente de fiesta y de color, la rectora de las orquestas jóvenes andaluzas se encendió con una divertida página del joven compositor mexicano Juan Pablo Contreras. Mariachitlán es una especie de suite de carácter eminentemente cinematográfico que nuestra desviación cinéfila nos hizo comparar con el trabajo de Alex North para el clásico ¡Viva Zapata!.

Continuos cambios de ritmo y giros inesperados de guion que nos llevaron de la alegría del arranque al candor de los pasajes más relajados y románticos, pasando por exhibiciones suntuosas de ritmo e inusitada energía que los y las jóvenes intérpretes resolvieron con el magisterio de los más experimentados profesionales, siempre desde la arrebatada pero muy controlada batuta del muy entregado Valencia. Los y las intérpretes pudieron incluso exhibir sus voces, gritando en escala ascendente el título de la pieza.

Falla entre la delicadeza y el temperamento

La cita de anoche se tradujo en una apoteosis de la orquestación, primero con la variada propuesta de Contreras, llena de contrastes y participación de todas las familias orquestales, así como una decisiva participación de la percusión. Igualmente podemos considerar El sombrero de tres picos de Falla como todo un ejercicio de frondosa y elocuente orquestación.


Esta vez se optó por interpretar las dos suites en lugar del ballet completo, evitando así los pasajes cantados pero sacrificando en parte su narrativa al prescindir de secuencias como la beethoveniana llamada del destino aludida en la Danza del molinero. Por el contrario, así interpretada todo queda muy cohesionado y el colorismo de la obra potenciado.

Metales y maderas se emplearon a fondo para no deslucir frente a una cuerda perfectamente ensamblada, considerablemente aterciopelada, sin estridencias ni desajustes, y un trabajo de la grave que potenció el ritmo y el temperamento con el que Valencia atacó la pieza. Sólo percibimos alguna falta puntual de coordinación en el arranque de la segunda suite, Los vecinos, que no afectó a la fuerza y la rabia con que la orquesta atacó el fandango de la molinera, el apoteósico final de la primera suite o la algarabía de la jota final.

Quizás se abordó la pieza con una formación demasiado generosa para los efectivos requeridos en la página, aunque Valencia se las ingenió para que tanto instrumento no provocara el caos o la saturación general.

Unos cuadros expresivos y meditados

La obra de Mussorgsky, prodigio también de orquestación en manos de Ravel, supuso un cambio radical de registro y de color en el programa planteado, lo que no fue óbice para alcanzarse una lectura meditada y detallista que, aunque con algún desajuste puntual, especialmente en los siempre sufridos metales, logró un resultado ampliamente satisfactorio.


Valencia trabajó la pieza desde la solemnidad, ajustando su temperamental manera de dirigir a la gramática más ascética de la pieza de Mussorgsky, llevándonos de la mano por esos diez cuadros de Hartmann a los que el compositor dedicó su obra. El director evitó la gratuita exageración con la que otros abordan la partitura. En su lugar ofreció una lectura muy meditada, a la que se plegaron los y las jóvenes intérpretes con una disciplina férrea y el mismo entusiasmo, aunque menos visible, con el que se enfrentaron a las otras páginas más coloristas.

El paseo de Valencia y la OJA por la exposición se antojó decidido y firme, con paradas tan logradas como el casi diabólico Gnomus, el tono nostálgico del fagot en El viejo castillo, o el robusto canto de la tuba en Bydlo, aunque su participación se antojó indecisa y algo desajustada. Asomó también el humor del Ballet de los polluelos, el trabajo fuertemente descriptivo de Goldenburg y Schmuyle, así como un impecable y amenazador trabajo de los metales en las Catacumbas.

Así hasta llegar a la suntuosa Puerta de Kiev, con todos los efectivos empleándose a fondo y exhibiendo una fuerza inusitada, la que acompaña a la ilusión y el temperamento de la juventud, junto al esfuerzo y el talento individual de cada uno y una por separado.

En las propinas brilló el tono melancólico y fuertemente emotivo que caracteriza Nimrod de las Variaciones Enigma de Elgar, y de nuevo el sabor efusivamente latino con una soberbia orquestación sinfónica, llena de ritmo y de pasión, de El cumbachero de Rafael Hernández. Un fin de fiesta sensacional y una forma extraordinaria de demostrar la versatilidad de estos jóvenes músicos preparados y preparadas para afrontar cualquier disciplina musical.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 2 de abril de 2024

COMESAÑA Y LA OJA, TALENTO PARA ECHAR A VOLAR

Gran Selección. Concierto para la celebración del 30 aniversario de la Orquesta Joven de Andalucía. Alejandro Posada, dirección. Javier Comesaña, violín. Programa: Concierto para violín en Re mayor Op. 61, de Beethoven; La consagración de la primavera, de Stravinski. Teatro de la Maestranza, lunes 1 de abril de 2024


Han pasado treinta años desde aquel primer concierto de la Orquesta Joven de Andalucía en el emblemático Hospital de Santiago de Úbeda, y la formación lo celebró el pasado domingo en Jerez y ayer lunes, primer día de abril ya con las aguas calmadas y los embalses llenos, en Sevilla. El concierto tuvo cierto aire de déja vu, pues el pasado febrero la ROSS interpretó el Concierto para violín de Beethoven con Sergei Dogadin como solista, y sólo una semana después convocó a Javier Comesaña para que se uniera al plantel con el que se abordó el Doble Concierto de Brahms. El joven alcalareño fue el encargado en este ya tradicional Concierto de Pascua de la OJA de liderar el mismo concierto beethoveniano en un evento que contó con un aforo algo mayor que el del año pasado, pero no con ese lleno absoluto que sin duda merece. Algo que no alcanzamos a entender, pues sólo con amistades, profesorado y familiares de los y las jóvenes intérpretes convocadas ya daría para una buena porción del Teatro de la Maestranza.

Tocar el Concierto op. 61 de Beethoven con la habilidad, la seguridad y la sensibilidad que Comesaña fue capaz de insuflar en tan insigne y revolucionaria pieza, le legitima para enfrentarse a cualquier página con éxito, convirtiéndole en violinista consumado y listo para echar literalmente a volar. Integrado desde las primeras notas junto al resto de compañeros y compañeras de instrumento, el joven al que seguimos la pista desde sus comienzos en Sevilla y Alcalá de Guadaíra, su ciudad natal, arrancó su parte solista con brillantez, procurando que el sonido fuese homogéneo y sedoso ya fuera en el registro más grave como el más agudo del instrumento. Su confianza se tradujo en una interpretación briosa, con un legato sin fisuras y capacidad para transmitir un sentimiento profundamente espiritual. En sus manos el allegro inicial exhibió toda su belleza arrolladora, llegando a exponer en las cadencias originales de Beethoven, incluido un sensacional diálogo con los timbales, un virtuosismo exacerbado y una especial sensibilidad para mantener la línea melódica en todo su esplendor.


Comesaña decidió afrontar el larghetto con dilatados pianissimi perfectamente controlados, potenciando la intensa expresividad de la pieza, mientras la orquesta acompañó con delicadeza y altas dosis de poesía. El director de origen colombiano Alejandro Posada se encargó de cumplir estas exigencias. Su dominio orquestal y amplio bagaje tanto en Latinoamérica como en Europa le facilitó llevar la empresa a tan buen puerto, especialmente en un saltarín y jubiloso allegro final resuelto con brillante impulso atlético, magistralmente acompañado del entusiasmado solista. A destacar del conjunto el poderoso y perfectamente entonado trabajo de los metales. Como propina, Comesaña deleitó al público con el tercer movimiento de la Sonata nº 2 de Ysaÿe, Danse des ombres.

Una orquesta consagrada

La consagración de la primavera es una de esas piezas que por mucho que se programe nunca se cansa uno de escuchar. Siempre hay matices nuevos y sensaciones diferentes para descubrir. La OJA cumplió con creces las exigencias de una página tan significativa cuando hablamos de renovación, como la que experimenta cada temporada esta orquesta surgida del eficaz e imprescindible programa andaluz de jóvenes intérpretes impulsado por administraciones que demostraron un compromiso y una sensibilidad de cara a la educación y la cultura que hoy corremos el peligro de perder debido a un sesgo político poco proclive a una cultura exquisita y debidamente informada.


Las prestaciones de cada una de las familias de la OJA con esta igualmente revolucionaria página fueron sobresalientes, atléticas y suculentas, sin llegar nunca al embarullamiento que su potencia devastadora corre el peligro de provocar. Posada se encargó de que La consagración sonara trasparente y cristalina, llena de matices, armonías disonantes y bruscos saltos perfectamente controlados, aunque por el camino evidenció alguna que otra brocha gorda y cierta falta de delicadeza en algunos de sus pasajes, especialmente los más íntimos. Con todo resultó una interpretación fascinante, llena de brillo y un calculado ritmo, con la que además los intérpretes parecieron sentirse muy cómodos y cómodas, e incluso divertirse de forma manifiesta.

Fotos: Guillermo Mendo

martes, 11 de abril de 2023

PRIMAVERA REJUVENECEDORA CON LA OJA

Concierto de Pascua de la Orquesta Joven de Andalucía. Álvaro Albiach, director. David Alonso, saxofón. Alejandro del Cerro, tenor. José Antonio López, barítono. Programa: De Paz interna, Concierto para saxofón de Daahoud Salim; La canción de la Tierra, de Mahler. Teatro de la Maestranza, lunes 10 de abril de 2023

De izquierda a derecha, en el centro: Albiach, Salim y Alonso

Celebrar su concierto anual un Lunes de Pascua tiene por un lado el significado que le da la fecha de renovación y rejuvenecimiento, pero por otro supone para los y las jóvenes integrantes de la orquesta sacrificar los días previos, en plena Semana Santa, trabajando duro para dejar bien atado un concierto que para ellos y ellas supone tanto. Tiene además el inconveniente de encontrarse con un Maestranza a media entrada, tras tantos días de saturación festiva y un fin de semana previo a las procesiones protagonizado por dos citas tan atractivas como las que cerraron el Festival de Música Antigua, que supusieron para el coliseo un lleno absoluto. De cualquier forma, la de ayer fue una nueva demostración de la calidad que han alcanzado las nuevas generaciones de músicos y músicas andaluzas, capaces de enfrentarse una vez más a caballos tan difíciles de domesticar como Mahler o Bruckner.

La cita de este año ha tenido la particularidad de contar con un estreno absoluto, protagonizado por quien años atrás formara parte también de la plantilla de esta orquesta para jóvenes en prácticas. Hijo del extraordinario saxofonista norteamericano afincado en Sevilla, Abdul Salim, Daahoud Salim parece mirar a su admirado padre a la hora de enfrentarse a esta página de encargo que conserva las líneas básicas y convencionales de una pieza concertante. Perfectamente tonal y de clara inspiración melódica, la pieza del joven y excelente pianista y músico de jazz se debate entre el canto espiritual negro con el que arranca y continúa en el segundo movimiento, hasta el apabullante canto africano de fuerte percusión que lo cierra, pasando por un meditativo y delicadísimo nocturno que sirve como tránsito en el tercer movimiento. A todos estos aromas y estéticas se plegó como un guante el saxofonista valenciano David Alonso, que para los movimientos extremos extrajo del saxo soprano un sonido sedoso y envolvente, en ningún momento estridente, y del tenor en los centrales un sonido más robusto y autoritario, nunca exento de la sensualidad que atesora toda la sugerente y magníficamente orquestada partitura. Como propina, un joven integrante de este programa educativo musical de la Junta de Andalucía dirigió una breve pieza musical, también de Salim, para saxofón acunado por la cuerda.

Temperamento y meditación

Todas las secciones de la joven orquesta tuvieron oportunidad de lucirse en la pieza de Daahoud Salim, desde los metales del voluptuoso arranque a la apabullante percusión del final pasando por las delicadas maderas y un exigente trabajo en la cuerda para crear las subyugantes atmósferas imaginadas por su autor. Supuso pues un calentamiento perfecto para enfrentarse a una página en la que cada sección de la orquesta tiene que superar también unas enormes exigencias, y que toda la plantilla aprobó con matrícula de honor. Sin saber todavía si la huelga permitirá que el ciclo que la ROSS está dedicando a Mahler esta y la próxima temporada tenga continuidad el próximo jueves con la Sinfonía nº 7, la OJA se atrevió con una de sus obras más relevantes y reconocidas, para algunos la más representativa de su catálogo, al aunar las dos vertientes fundamentales del compositor bohemio, la sinfonía y el lied.

José Antonio López. Fotografía: Guillermo Mendo

Álvaro Albiach
, director también valenciano, dio ya buenas muestras de saber manejar con maestría y profesionalidad la pieza de Salim. Pero con Mahler fue capaz de imbuir la música de toda la poesía, el candor, la desesperación, el temperamento y la meditación que El canto de la Tierra merece. Contó para ello con dos extraordinarias voces ya familiares del público del Maestranza. Por un lado el tenor Alejandro del Cerro, integrante del elenco que hace solo unos días estrenaba La vida breve, y que mostró unas cualidades excelentes en proyección y carácter, imprimiendo de angustia y elocuencia su participación desde la sombría canción de los bebedores al desdén que provoca la llegada de la primavera, entonada con cierto tono irónico que del Cerro manejó con una voz en todo momento controlada pero arrolladora. Más poéticas fueron las intervenciones del barítono José Antonio López, a quien hemos visto junto a la ROSS, la Barroca y en ópera, y que para la ocasión moldeó su voz alcanzando colores muy sugerentes y atractivos, teniendo en cuenta la dificultad de adaptar los textos a su tesitura, ya que lo habitual es que los entone una mezzo o contralto, capaz de dotar a la partitura de gestos más abiertos y expansivos. La suya fue sin embargo una aportación delicada y aterciopelada, que alcanzó en El adiós con el que el hombre se encuentra desesperado y perdido frente a la Naturaleza que le sirve de entorno y que no alcanza a comprender ni dominar, su punto álgido y más conmovedor. Algo a lo que no fue ajena la excelente aportación de la orquesta, con solos de madera magistrales, como por ejemplo los protagonizados por los hermanos Eric Joseph y Marco George Aragó Bishop, al oboe y al fagot respectivamente, apellidos tan familiares a nuestra Sinfónica y que demuestran lo mucho que ha supuesto para la ciudad el esfuerzo y el trabajo desplegado por la misma desde su fundación en 1991.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 19 de abril de 2022

LA OJA DA RELIEVE A LA SÉPTIMA DE BRUCKNER

Cita en Maestranza. Concierto de Pascua de la Orquesta Joven de Andalucía. Carlos Domínguez-Nieto, dirección. Programa: Sinfonía nº 7 en Mi mayor, de Bruckner. Teatro de la Maestranza, lunes 18 de abril de 2022


Resulta desalentador que después de treinta años de esfuerzos ímprobos por parte de gestores e instituciones, el Maestranza ofrezca un aforo tan decepcionante como el que concitó anoche a la cada vez más escuálida afición sevillana. No es que el teatro estuviera vacío, pero puede que solo alcanzara poco más que la mitad de su aforo, y eso, tratándose de una cita que debiera ser ineludible por dos motivos fundamentales, tratarse de un concierto de nuestra estupenda orquesta joven y darnos la oportunidad de disfrutar con uno de los sinfonistas más ilustres de la historia, es sencillamente imperdonable. Es cierto que desde la crisis del 2008, y con todo lo que ha venido después, no se ha logrado levantar el ánimo y mucha de la afición que se había conseguido gestar desapareció como el humo, pero no podemos seguir justificándonos con esa desgracia para aceptar esta paulatina derrota de la cultura en una ciudad tan arraigada en ella.

El cuerpo sinfónico de Bruckner no está al alcance de cualquiera; son pocas las batutas que consiguen grandes resultados con su mastodóntico y complejo universo, ya sea desde un punto de vista técnico como expresivo. Más difícil lo tiene una orquesta todavía poco experimentada y de plantilla tan cambiante como la Joven de Andalucía, aunque al frente se ponga un director tan acreditado, con un currículo tan solvente como el de Domínguez-Nieto. Y sin embargo los resultados no pudieron ser más satisfactorios. La Séptima de Bruckner exige una extrema claridad en su arquitectura y una plenitud irradiante en la exposición de sus múltiples temas. Es importante además que su interpretación acierte a recrear ese espíritu wagneriano que la informa. De todo eso hizo buen acopio la extensa plantilla con que la OJA regresó este año al Maestranza, después de que la pandemia le obligara a celebrar su cita del pasado año en el Central.

Una página profunda y hermosa


Ya en el arranque del concierto, con un homenaje a las víctimas de la guerra, especialmente a las personas refugiadas de Ucrania con las que los y las jóvenes de la orquesta coincidieron en su retiro de Pilas, en forma del muy recurrente para estos menesteres Adagio para cuerdas de Barber, Domínguez-Nieto hizo una estupenda demostración de relieve y músculo, con dinámicas muy controladas y contrastes muy medidos. De todo eso se hizo eco también su versión de la sinfonía bruckneriana, que atacó con un encomiable sentido del equilibrio, logrando tanto comprensión formal como fluidez y agilidad en el fraseo y riqueza en las texturas. La suya no fue una Séptima colmada de sutilezas, pero tampoco resultó estridente ni apelmazada. Logró extraer de la joven plantilla un sonido homogéneo, imbuido de fuerza y energía, algo áspero en la cuerda aguda pero jamás desentonada ni fuera de estilo. Así arrancó la cuerda tremolante en un primer movimiento de admirable plasticidad y atmósfera etérea que acabó con un gran y apoteósico calderón en la mejor tradición del anillo wagneriano. Continuó luego con un adagio solemne y muy reflexivo, con más intensidad dramática quizás que pura desolación, un efectivo desarrollo contrapuntístico y un espléndido trabajo en los metales, coronado por ese polémico golpe de platillos muy bien controlado, y un apabullante crescendo final que sin embargo no malogró la trasparencia y el relieve del conjunto.

El scherzo se resolvió con ritmo precipitado e inusitada energía, un desarrollo tumultuoso y un logrado contraste con el apacible trío central, derivando a un finale de firme y férrea arquitectura, un sensacional trabajo en las trompas y una adecuada atmósfera cálida que culminó con el último y apabullante crescendo sin caer nunca en la estridencia ni el mal gusto. Una vez más quedó demostrada la disciplina y enorme capacidad de esfuerzo y trabajo desplegado por estos jóvenes músicos. Que gran parte del público aplaudiera tras cada movimiento demuestra una búsqueda incesante de nuevo público capaz de sustituir al que tanto echamos en falta en estas citas ineludibles. Como viene siendo habitual al final de sus conciertos, la plantilla se lanzó a una anticlimática pero muy elocuente fiesta, ya sin batuta, con el pasodoble Amparito Roca.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 6 de abril de 2021

LA MEJOR JUVENTUD

Concierto de la Orquesta Joven de Andalucía. Claudio Constantini, bandoneón y piano. Sarah Ioannides, dirección. Programa: Concierto homenaje a Astor Piazzolla, de Constantini; Oblivion, de Piazzolla; Rhapsody in Blue, de Gershwin; Sinfonía nº 9 Op. 95 en mi menor “del Nuevo Mundo”, de Dvorák. Teatro Central, lunes 5 de abril de 2021


Cuando creíamos que el cierre del Maestranza nos privaría un año más del feliz encuentro con los y las jóvenes intérpretes de nuestra tierra, la Junta vino al rescate tras el despropósito que ella misma propició y reubicó la cita en el Teatro Central. La acústica no es la misma, es un teatro muy dotado y vanguardista para muchas disciplinas, pero en acústica sinfónica el del Paseo Colón no tiene rival; no obstante el resultado fue una vez más milagroso y sorprendente. La capacidad de nuestros jóvenes para emocionarnos y hacernos más felices no tiene parangón, y otra vez lo demostraron en un concierto bendecido además por
un programa precioso y generoso como hacía mucho tiempo que no disfrutábamos.

Descubrí Oblivion, una hermosísima página cargada de nostalgia y sensibilidad, en los títulos de crédito finales de La mejor juventud, una mini serie italiana que aquí se estrenó en cines y narraba con altas dosis de emotividad la historia reciente de Italia a través de dos hermanos con caminos muy dispares. Desde entonces, sea por el recuerdo de esa pequeña obra maestra o por la belleza de la pieza de Piazzolla en sí, siempre me emociono cuando la escucho, más si se interpreta con la elegancia y la sensibilidad con la que lo hizo Constantini, magníficamente arropado por la sensual cuerda de la joven orquesta. Sirvió para homenajear al gran compositor argentino cuando hubiera cumplido cien años, a lo que el pianista, bandoneonista y compositor peruano añadió un concierto de su propia cosecha tan atractivo como brillante y estimulante. Siguiendo la estructura clásica de tres movimientos, uno lento entre los dos extremos, la pieza fue defendida con un alto nivel de compromiso por los atribulados integrantes del conjunto orquestal, con especial mención a maderas y cuerda grave, proporcionando cuerpo y musculatura a una obra en la que el propio Constantini ejerció de solista exhibiendo una elasticidad y maestría al bandoneón que se saldó con una lectura vibrante de su obra, paradigma de la belleza porteña, su expansiva emotividad y considerable calidez, muy bien articulada, muy melódica, imaginativa y decididamente eficaz.

Contó para ello con la impagable complicidad de la directora australiana Sarah Ioannides, experta americanista con un excelente disco con música de John Corigliano en su haber, que siguió con mimo y respeto la intervención de Constantini y lo arropó con amplio sentido idiomático en una Rapsodia en blue atacada por el joven intérprete, ahora como eficiente pianista, desde el respeto, siguiendo escrupulosamente la partitura sin añadidos ni florituras, tan habituales cuando es un jazzista, como él, quien la interpreta. A destacar aquí el excelente trabajo de la orquesta, como si llevaran toda la vida familiarizados con este sonido entre el jazz, el swing, Broadway y la música sinfónica. Ferde Grofé, Paul Whiteman y el propio Gershwin hubieran flipado a buen seguro con esta versión. Antes de que volvamos a encontrarnos con Constantini en el Espacio Turina el próximo viernes, presentando junto a Louiza Hamadi su nuevo disco, 20th Century Tango, nos brindó al piano una propina, una miniatura dedicada al pianista Gil Evans, tan cargada de emotividad como el resto del programa.

Y ya en su segunda parte, Ioannides ofreció una robusta recreación de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorák, prestando especial atención a cada familia instrumental, y muy especialmente a sus numerosos solistas, quienes se lucieron a gusto, logrando en conjunto transmitir esa sensación de amplitud y asombro que expide una partitura que el compositor bohemio concibió como regalo de agradecimiento y álbum de sensaciones provocadas por esa tierra generosa que osamos llamar nueva, olvidando toda su historia y cultura indígena. Ioannides se mantuvo contenida en el majestuoso allegro inicial, cálida y transparente en un largo construido con reveladores silencios y un sentido prodigioso del equilibrio instrumental, trepidante y vivaz en el scherzo y tan dinámica como expansiva en el fogoso allegro final, a todo lo cual la plantilla se adaptó con un amplio sentido de la claridad y una responsabilidad encomiable. La fiesta terminó con un alegre pasodoble, Amparito Roca, ya sin batuta y con esa exultante ilusión que caracteriza a la mejor juventud.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 5 de enero de 2020

HERAS-CASADO FRENTE A UN PROYECTO TITÁNICO

Concierto extraordinario de la Orquesta Joven de Andalucía y la Fundación Barenboim-Said. Pablo Heras-Casado, director. Programa: Suite de El Cascanueces, de Chaikovski; Sinfonía nº 1 en Re Mayor “Titán”, de Mahler. Teatro de la Maestranza, sábado 4 de enero de 2020

Heras-Casado frente a un proyecto titánico Pablo Heras-Casado debuta en el Maestranza apadrinando un proyecto de música y vida que saluda la nueva década con la fuerza y la ilusión de la juventud Nada mejor para empezar el año, tras el obligado saludo musical de nuestra Sinfónica del día anterior, que con la esperanza y la ilusión que representa la juventud, y esa encendida admiración que desde ya hace tantos años provocan quienes se convirtieron en artífices de una eclosión inédita en nuestra tierra, la de la excelencia musical repartida por todo el mundo. Con nuestras instituciones públicas de distinto signo político por una vez colaborando, jovencísimos intérpretes de toda Andalucía se dieron la mano en un multitudinario concierto sinfónico a través de la Orquesta Joven de Andalucía y la Academia de Estudios Orquestales de la Fundación Barenboim-Said. Todo un hito digno de todo nuestro respeto y consideración que contó además con la batuta del director español más mediático de los últimos tiempos, Pablo Heras-Casado.

El director granadino pisó por fin el escenario del más emblemático auditorio musical de la comunidad, y lo hizo poniéndose a disposición en todo un alarde de generosidad de dos proyectos imprescindibles para seguir avanzando en esa siempre delgada y delicada línea de la excelencia cultural, colaborando para que el milagro musical andaluz se consolide y perpetúe definitivamente. En esa batalla merecen considerarse todos y todas quienes desde la gestión, el apoyo y la educación se han sometido al ilusionante proyecto de la Orquesta Joven de Andalucía, con veinticinco años recién cumplidos, y la Academia de la Fundación Barenboim-Said, presente en nuestra comunidad desde hace quince y con cuyo compromiso muchos y muchas andaluzas sentimos tanto orgullo. Dicho esto lamentamos que el programa elegido sonara tan trillado. En breve podremos disfrutar del ballet El Cascanueces en su integridad de la mano de la ROSS, y la Sinfonía Titán de Mahler se ha programado en la pasada década en numerosas ocasiones, incluso la OJA la interpretó en 2012 con Santiago Serrate sustituyendo a última hora al inicialmente programado José Ramón Encinar. Pero había que encontrar una pieza suficientemente mastodóntica para dar trabajo a más de cien jóvenes que a la vez atraiga a mayor número de público posible, y la Titán cumple ambas condiciones.

Del Cascanueces destacamos en lo negativo una muy errática Obertura Miniatura con pasajes enmarañados y cuerda completamente descoordinada, y en lo positivo una correcta lectura de esas miniaturas orquestales que son las danzas del segundo acto, que se saldaron con limpieza y saludable academicismo, hasta desembocar en un espléndido Vals de las Flores, suntuoso y elegante. El arpa de Belén García y la celesta de Andrea Capitán brillaron con luz propia. El esfuerzo desplegado por Mahler en su primera sinfonía converge a nuestro entender en una amalgama de ideas a menudo inconexas, pretenciosas y poco sinceras, a pesar de la voluntad catalizadora de los propios traumas e inquietudes del autor. Heras-Casado ahondó todavía más en esa falta de sinceridad proponiendo una versión muy calculada y poco natural que los jóvenes intérpretes siguieron al pie de la letra, con mucha dedicación y disciplina. Cada músico por separado manifestó una madurez técnica y expresiva excelente, aunque en equipo a veces el resultado se resintiera de esa falta de fluidez narrativa apuntada, especialmente perceptible en una cuerda aguda plomiza y mate en más de una ocasión. Hubo amabilidad y encanto en el primer movimiento, brío y agitación, quizás demasiada, en el scherzo, inconveniente falta de ironía en una marcha fúnebre cruzada con escaso ingenio y sutileza con los acordes hebreos centrales, pero una férrea construcción del pomposo movimiento final, que culminó con una prodigiosa exhibición de las ocho trompas convocadas y de unos percusionistas entusiasmados que desparecieron literalmente de forma divertida y teatral en el último acorde de la pieza. Quizás Heras-Casado no estuvo especialmente atinado, lo que no convertiremos en una sentencia habida cuenta del respeto y la admiración alcanzada por nuestro paisano andaluz, pero el proyecto merece nuestro más fervoroso aplauso y otro brindis por su permanencia ad perpetuum.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 18 de abril de 2017

RITMO EN VENA CON EL CONCIERTO ANUAL DE LA OJA EN EL MAESTRANZA

Concierto de la Orquesta Joven de Andalucía de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía. Manuel Hernández-Silva, director. Programa: Suite Estancia Op. 8a, de Ginastera. Danzas Fantásticas Op. 22, de Turina; Obertura Cubana y Un americano en París, de Gershwin. Teatro de la Maestranza, lunes 17 de abril de 2017

Hernández-Silva dirige a la OJA, hace un par de años en Granada
Después de haberse atrevido con Bruckner, Mahler, Chaikovski, Beethoven y tantos otros de los grandes, el programa con el que se presentó la OJA este año en su puntual cita con el público del Maestranza, se podía considerar ligero o liviano. Y aunque ciertamente lo es, no hay que despreciar la mano de Turina, Ginastera o Gershwin a la hora de crear mundos de una fuerte raigambre folclórica, donde el ritmo y las inmensas particularidades de una orquestación compleja se dan la mano. No es fácil entregarse a estas partituras y conseguir en la aventura un sonido compacto, bien articulado y con la suficiente soltura y desenvolvimiento para salir airoso de la empresa. Las piezas elegidas para la ocasión podrán ofrecer menor dificultad a la hora de manejar conceptos como expresividad o drama, pero exigen sin duda una disciplina férrea, un dominio técnico absoluto de los instrumentos, y una capacidad plena para el trabajo en equipo, la compenetración y el sentido del ritmo. Digamos que los y las jóvenes de la Orquesta Joven de Andalucía lucieron estos méritos y talentos, aunque a merced de una batuta que no tuvo, a pesar de lo que en principio debiera parecer, una visión acertada de la estética y la sensibilidad que exhiben estas páginas.

Esta última comparecencia de una orquesta que se retroalimenta con las que han surgido en los últimos años a todo lo largo y ancho de la geografía andaluza, con resultados espléndidos como los que disfrutan la Orquesta Sinfónica Conjunta o la de la Academia de Estudios Orquestales, revalidó la capacidad y el talento de sus jóvenes y prometedores integrantes, y así se dejó sentir en los numerosos solos que salpicaron las obras convocadas. Hernández-Silva anunció con éste su último concierto al frente de la formación, dejando en él el marchamo de su paso por uno de los más emblemáticos conjuntos sinfónicos juveniles del Mundo, y que catapultara a la fama a Gustavo Dudamel, la Simón Bolívar de Venezuela. Pero después del excelente sabor de boca que nos dejó el año pasado con Dvorák y Rachmaninov, no fue la suya una batuta sutil a la hora de abordar piezas tan raciales como las de esta ocasión. En Estancia de Ginastera sólo brilló su danza inicial, mientras la del Trigo acusó ciertos desequilibrios, y en la stravinskiana Los peones de la hacienda, y el Malambo final se apreció más histeria que furia. Algo parecido a lo que ocurrió con las Danzas Fantásticas de Turina, siempre desde un sonido brillante, hasta apabullante, pero procurando más epatar que generar auténtica atmósfera, tan evocadora y sensual como puede llegar a ser en esta obra del autor sevillano.

Hubo mucho estruendo, demasiada percusión en la Obertura Cubana, una página seguramente menor pero enormemente atractiva, capaz de trasladarnos a las noches exóticas del malecón antes de la revolución, y sin necesidad de inventarse un final postizo con más percusión de la indicada y un doble chimpún inexplicable que vulgarizó la obra del siempre elegante Gershwin. Tampoco fue la de Un americano en París una interpretación memorable, salvo por ver a esta gente tan joven enfrentándose con gozo y mucho ritmo a páginas tan en cierto modo vintage. Mucha espectacularidad fue la consigna con la que la ofreció el director venezolano, sacrificando atmósfera y texturas, no obstante la satisfacción ya apuntada de vibrar con la juventud, volcada y disciplinada, y de disfrutar de un blues central de enorme y romántico lirismo. En las propinas otra obra sudamericana llena de color, ritmo e inequívoca vocación festivalera, y un pasodoble que los metales entonaron casi bailando y mientras el resto de los compañeros y compañeras se felicitaban, abrazándose y besándose efusivamente. En ese sentido, y en el del programa interpretado, todo un gran espectáculo, y ahí estaban, entre el público, para apoyar a nuestro futuro gente de la talla de Javier Perianes, Ruth Rosique y otros maestros y maestras que tanto habrán significado para estos extraordinarios jóvenes.

martes, 29 de marzo de 2016

CONCIERTO DE LA OJA EN SEVILLA: MÁS ALLÁ DE LA REVÁLIDA ACADÉMICA

Orquesta Joven de Andalucía. Guillermo Pastrana, violonchelo. Manuel Hernández-Silva, dirección. Programa: Concierto para violonchelo en Si menor Op. 104, de Dvorák; Danzas sinfónicas Op. 45, de Rachmaninov. Teatro de la Maestranza, lunes 28 de marzo de 2016

La OJA nos ha dado muchas satisfacciones a lo largo de sus comparecencias en cada temporada; pero esta última ha sido quizás la más perfecta, en la que han exhibido un sonido más nítido y una técnica más pulida, sin olvidar el alarde de expresividad demostrado en el atractivo programa elegido. Un mérito de los jóvenes talentos que integran su plantilla, los programas y proyectos en los que cada uno y una han perfeccionado su trabajo y el profesorado que les han curtido, así como la experta y comprometida batuta del venezolano Hernández-Silva, al que ya pudimos disfrutar dirigiendo la Academia de Estudios Orquestales de la Fundación Barenboim-Said hace un par de años, y cuyo trabajo frente a la Orquesta de Córdoba, la Filarmónica de Málaga y la Sinfónica Simón Bolívar le colman de credenciales. Este conjunto nacido con el aliento de la Junta de Andalucía como colofón de la preparación académica del alumnado más aventajado de nuestros conservatorios, vuelve a demostrarnos que en cuestiones musicales nuestra juventud avanza en sentido inverso al sistema educativo básico de nuestro país, algo sobre lo que deberían tomar nota nuestros legisladores y ejecutivos.

El también joven violonchelista granadino Guillermo Pastrana se plegó a los distintos estados de ánimo del concierto de Dvorák con una capacidad intelectual y emocional encomiable. Paradigma en su género y considerado por muchos como el mejor para el instrumento, la pieza encontró en Pastrana el vehículo perfecto para exhibir color, lirismo y riqueza melódica en el allegro inicial, tras un majestuoso arranque de la orquesta, melancolía y nostalgia en el adagio, y decisión y coraje en el final, con la complicidad de una batuta acertada en dar sensación de continuidad a la pieza, lejos de las ralentizaciones a las que frecuentemente se somete. El violonchelista dirigió unas encantadoras palabras de agradecimiento al público, la orquesta y el Maestranza antes de ofrecer una conmovedora Nana de Falla.

Ya sin solista, el conjunto se lució en unas sensacionales Danzas sinfónicas de Rachmaninov, compendio de su vida musical y emocional, sin atisbar diferencia alguna con la más experimentada de las formaciones orquestales profesionales. Hernández-Silva dirigió con aplomo y el punto justo de excentricidad, marcando el vigor del primer movimiento, la sensualidad del vals y el fatalismo en cierto modo macabro del allegro vivace. Un final victorioso y vibrante puso la guinda a tan sensacional interpretación, con la Obertura de Candide de Bernstein como propina, sirviendo de escenario para una desbordada alegría general, especialmente de un saltarín director y unos bailarines contrabajistas.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el 30 marzo 2016

martes, 7 de abril de 2015

RODRIGO TOMILLO Y LA JOVEN ORQUESTA DE ANDALUCÍA: ENTUSIASMO POR LA MÚSICA

Orquesta Joven de Andalucía. Rodrigo Tomillo, director. Programa: Sinfonía nº 36 en Do mayor K. 425 “Linz”, de Mozart; Sinfonía nº 4 en Mi bemol mayor “Romántica”, de Bruckner. Teatro de la Maestranza, lunes 6 de abril de 2015

Sevilla no debe dar la espalda a sus jóvenes valores, y mucho menos a quienes habiendo nacido aquí se han labrado un prometedor futuro fuera de nuestras fronteras, como es el caso de Rodrigo Tomillo, forjado en las filas de la orquesta que desde 1994 sirve de trampolín a muchos y muchas de nuestros jóvenes talentos para dedicarse profesionalmente al emocionante oficio de la música. Pero lo cierto es que anoche habían demasiados huecos en el Teatro de la Maestranza, aún más alarmante considerando que muchos de los asistentes eran familiares o amigos de los intérpretes; si bien es verdad que la fecha, recién terminada la Semana Santa, no es la más propicia para llenar una sala de estas dimensiones. La Orquesta Joven de Andalucía merece mejor trato por parte del público y de sus gestores, pues nada es comparable a la emoción y la satisfacción de ver a toda esta gente tan joven y fresca enfrentándose con éxito a partituras de la complejidad de las ofrecidas en esta cita. 

Tomillo demostró que la suya no es quizás una batuta muy apropiada para Mozart, aunque imprima carácter y estilo a su trabajo en la dirección. Faltó chispa en una interpretación de la Sinfonía nº 36 inflada de efectivos, cuya colocación, con violines a ambos lados y cuerda grave en segundo plano, no benefició a un sonido mal empastado y una cuerda a menudo flácida. El resultado no obstante fue dinámico y ágil pero falto de ligereza.

La sorpresa es que atreviéndose con Bruckner, cuya Séptima Sinfonía fue abordada por el conjunto hace cinco años, naturalmente con otros integrantes, los resultados fueran tan gratificantes. Tomillo ofreció una versión sólida y robusta, henchida de expresividad y rica en matices y muy estudiados juegos dinámicos, que encandiló tanto a incondicionales como a desconocedores del compositor austríaco. Unos poderosos metales y un extraordinario trabajo de timbales potenciaron el entusiasmo que pudo observarse en muchos de los aguerridos intérpretes. Tres impecables propinas, incluida la Obertura de Carmen y la Danza Húngara nº 5 de Brahms, redondearon el festín que propicia el milagro de una formación académica como ésta, imprescindible para elevar nuestro nivel cultural y humano, y que se extiende a las oportunidades que, al menos aquí en Sevilla, están brindando a estos singulares artistas la Universidad, el Conservatorio o la Academia de Estudios Orquestales con el esfuerzo de su impagable profesorado.

Versión extensa del artículo publicado en la edición impresa de El Correo de Andalucía el 8 de abril de 2015

sábado, 7 de febrero de 2015

NORMA EN EL MAESTRANZA: APOTEOSIS ORQUESTAL SIN CONFLICTOS INTERNOS

Tragedia lírica de Vincenzo Bellini con libreto de Felice Romani. Maurizio Benini, dirección musical. Alberto Fassini, dirección de escena. Vittorio Borrelli, reposición puesta en escena. William Orlandi, escenografía y vestuario. Juan Manuel Guerra, iluminación. Con Daniela Schillaci, Sonia Ganassi, Sergio Escobar, Rubén Amoretti, Mireia Pintó, Vicenç Esteve Madrid. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Miembros de la Orquesta Joven de Andalucía dirigidos por Juan Manuel Busto. Coro de la A.A. del Teatro de la Maestranza, dirigido por Íñigo Sampil. Producción del Teatro Regio de Turín.
Teatro de la Maestranza, Viernes 6 de febrero de 2015

Cuando una prima donna canta Casta Diva y a su fin no recibe los esperados aplausos es que algo no funciona. La bella soprano Daniela Schillaci defendió con valentía y profesionalidad el difícil rol protagonista de este título imprescindible del repertorio belcantista, al que aquí se enfrentaba en sustitución de la inicialmente programada Angela Meade, y después de haberlo ya interpretado en algunas plazas italianas. Sin embargo su voz no alcanza la extensión que exige el papel; sin apenas graves perceptibles, falta de cuerpo y soltura, y con un timbre excesivamente agudo que no beneficia a un personaje que demanda una gran cantidad de matices tanto psicológicos como canoros. Ni siquiera brilló en las agilidades, con una cabaleta inmediatamente posterior al célebre aria de escaso colorido. Contenida en su caracterización, le faltó sin embargo mayor actitud y autoridad, menoscabando las posibilidades de un personaje con tantos resortes y conflictos internos, que no llegó a transmitir. Carencias que fue limando en un segundo acto más satisfactorio, aún sin alcanzar resultados notables y mantener una línea destemplada. Más experimentada y curtida, la mezzo Sonia Ganassi en el papel de Adalgisa exhibió una voz gastada, a veces incluso bronca, y un temperamento exacerbado que le llevó a la sobreactuación; también se quedó corta a la hora de lucir agilidades. Juntas lograron mejores resultados en Sì, fino all'ore estreme, que no en Mira, o Norma, donde faltó una mayor dosis de sentimiento y emotividad. El volumen, la potencia y el buen gusto a la hora de modular que lució la voz del joven tenor toledano Sergio Escobar justificó su carrera ascendente, aunque aún le conviene corregir ciertas asperezas y dotar a su interpretación de un mayor contenido dramático. Rubén Amoretti mantuvo en todo momento una línea de canto contundente y autoritaria, tal como exige su personaje de Oroveso, mientras Mireia Pintó y Vicenç Esteve cumplieron con corrección en unos roles que no exigen mucho.

El triunfo indiscutible de la noche lo logró la batuta de Maurizio Benini, veterano director muy familiarizado con el género, que mimó la partitura extrayéndole todo su potencial dramático y emotivo. Suyo fue el mérito de que el espectáculo no acabara antojándose indigesto, que resultara ágil y entretenido. Vibrante desde una Obertura antológica, arropó con elegancia y respeto las voces protagonistas, de igual forma que acentuó sus miedos y anhelos, convirtiéndose así en auténtica referencia del drama interno sufrido por cada uno y una de los personajes. La orquesta se plegó magistralmente a sus exigencias, consiguiéndose esa atmósfera trágica que conjuga pasión y melancolía tan presente en la partitura de Bellini, la más conseguida en términos de orquestación de su catálogo. Como banda interna los metales de la Orquesta Joven de Andalucía alcanzaron cotas también brillantes, mientras el coro podría haber logrado resultados más espectaculares, con momentos tan propicios como Guerra, guerra!; por el contrario mantuvieron un nivel de mera y apenas satisfactoria corrección.

Mucho más clásica que la producción del propio Teatro de la Maestranza que se pudo ver en abril de 2000, de marcado carácter conceptual e incluso cósmico, la del Teatro Regio consiste fundamentalmente en varios paneles inspirados en el carácter primitivo y austero de los pueblos celtas antiguos, cuyo desplazamiento permite realizar continuos cambios en el escenario con el fin de agilizar la dramaturgia, si bien en escenas con gentío llega a ahogar el espacio. Unos fondos pintados y visiblemente deteriorados completan la propuesta, mientras un adecuado vestuario rematado con unas preciosas pelucas de Mario Audello ponen el perfecto acabado en una escenografía iluminada en esta ocasión con más funcionalidad que auténtico ingenio. En cuanto a la dirección escénica, se limita a cuadros colectivos de marcado carácter pictórico, mientras en dúos y tercetos se mantiene un correcto y efectivo desplazamiento aleatorio de los personajes por el escenario. Para amantes de las comparaciones y de la lírica en general, el próximo martes 17 de febrero se puede ver en cines en directo la producción del Teatro del Liceo en colaboración con las Óperas de San Francisco y Chicago y la Compañía Lírica Canadiense, desde el propio teatro barcelonés, con Tamara Wilson, Ekaterina Gubanova, Gregory Kunde y Simón Orfila entre otras voces.

martes, 22 de abril de 2014

20º ANIVERSARIO OJA: UN BRILLANTE EXPEDIENTE ACADÉMICO

Concierto del 20º Aniversario de la Orquesta Joven de Andalucía. Óscar Martín, piano. Santiago Serrate, director. Programa: Obertura para un festival académico y Sinfonía nº 4 Op.98 de Brahms; Concierto para piano nº 2 S.125 de Liszt. Teatro de la Maestranza, lunes 21 de abril de 2014

Halffter dirigiendo a la OJA en la Novena de Mahler
hace justo un año
En los veinte años transcurridos desde el arranque de la Orquesta Joven de Andalucía, varios han sido los proyectos y orquestas que se han ido sumando a esta iniciativa, complementándola y enriqueciéndola. Hoy muchos jóvenes andaluces tienen acceso a la práctica a través de estas formaciones, como constató la presencia en el teatro y en el esmerado video introductorio de varios de los directores que trabajan aquí con jóvenes, como Juan García (Sinfónica Conjunta), Valentín Sánchez (Joven Barroca) o Michael Thomas (Bética de Cámara), cuyo esfuerzo y dedicación fue fundamental durante largo tiempo para dar forma al conjunto homenajeado el lunes.
 
Pero el alborozo que hoy provoca el grado de excelencia alcanzado en estas dos décadas en los que se ha invertido en cultura y educación, se puede convertir en decepción dentro de otros veinte años, cuando germine la falta de apoyo y recursos actuales. La responsabilidad, el esfuerzo, el trabajo en equipo y la ilusión exhibida sobre los atriles demuestran que si no apostamos por la cultura nuestra civilización está condenada a fenecer. Muy oportuna por lo tanto la introducción de este concierto conmemorativo con la Obertura Académica de Brahms, que culmina con esa exultante declaración de principios que es Gaudemus igitur; pieza que sin embargo el conjunto desgranó con cierta destemplanza en comparación con el resto del programa.

El pianista sevillano Óscar Martín
En el Concierto de Liszt, de estilo rapsódico entre el recital pianístico y el poema sinfónico cultivados por su autor, Óscar Martín volvió a brillar como solista, con un marcado y meditado lirismo, sosegado y equilibrado, envuelto en la fuerza de una orquesta atenta a sus continuos cambios rítmicos y armónicos, destacando el sonido sedoso, flexible y emotivo del primer violonchelista. Serrate exprimió las posibilidades expresivas de la última sinfonía de Brahms, henchida de pasión romántica y tragedia épica, aunque faltó misterio en el segundo movimiento y algo más de unidad en la passacaglia final. Los metales sonaron imperiosos, luciendo todos resplandecientes en las propinas, la Danza Húngara nº 5 de Brahms y un impecable y vigoroso Preludio al Tercer Acto de Lohengrin de Wagner.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía el miércoles 23 de abril de 2014

martes, 2 de abril de 2013

GRANDES EXPECTATIVAS: LA 9ª DE MAHLER POR LA ORQUESTA JOVEN DE ANDALUCIA

Concierto de la Orquesta Joven de AndalucíaPedro Halffter, director. Programa: Sinfonía nº 9 de Mahler. Teatro de la Maestranza, lunes 1 de abril de 2013

Mientras la mayoría de los sevillanos miraban al cielo esperando que la lluvia no empapara la Semana Santa, un centenar de jóvenes provenientes de diversos puntos de Andalucía se encerraba responsable y disciplinadamente para poner en pie todo un mastodóntico monumento musical como es la última sinfonía acabada por ese compositor atormentado y obsesionado por la muerte que fue Gustav Mahler.

Que la música entre los jóvenes continúa gozando de excelente salud en nuestra comunidad ha quedado bien reflejado en el protagonismo que éstos han tenido en el recién clausurado Festival de Música Antigua, corroborado ahora con este excelente concierto. Algunos de los intérpretes que pudimos disfrutar en esta ocasión compaginan su trabajo precisamente con esas otras formaciones que hemos tenido oportunidad de atender en el FeMÁS. La paradoja es que gente con tanto por vivir y con tan grandes expectativas por delante fueran los encargados de exponer este agónico y desesperado canto a la vida justo cuando ésta se escapa; paradoja convertida en milagro merced a unos resultados intensos, trágicos y devastadores. Sin apenas fisuras técnicas dignas de mención, acaso algún desajuste en el Andante inicial, y con tanta cohesión en las diversas familias de instrumentos como en conjunto, lo más destacable fue el grado de expresividad con el que los jóvenes acometieron esta dificilísima partitura, logrando extraer de ella todo su dolor, grandeza y desesperanza. Fue así especialmente en esos dos impresionantes lamentos que enmarcan los dos movimientos centrales, aparentemente más desenfadados, pero que en realidad encierran un carácter grotesco, el Ländler, y endiablado, el Rondo-Burleske, como muy bien acertaron en plasmar increíblemente los todavía poco experimentados músicos.

Halffter, que ya dirigió al conjunto hace tres años con otro megalómano de la música como es Bruckner, aportó su particular enfoque y estilo con unas texturas cristalinas y unos matices perfectamente diferenciados. Una atención al detalle que se materializó en unas perfectas transiciones entre tonalidades y ánimos, logrando momentos tan catárquicos como ese conmovedor Adagio final languideciendo como la propia vida, en claro contraste con el espíritu entusiasta de una orquesta escuela que exigimos cumpla como mínimo otros veinte años. Tome buena nota quien tiene la obligación y el compromiso de conseguir que esta tierra nuestra sea cada vez un mejor lugar en el que vivir. Todavía hay esperanza para que así sea; las expectativas quizás en este caso sean también grandes.

Versión extensa de la crítica publicada en El Correo de Andalucía el 2 de abril de 2013