martes, 7 de abril de 2026

LA OJA SE DIVIERTE Y NOS EMOCIONA

Gran Selección. Orquesta Joven de Andalucía. Santiago Cañón-Valencia, violonchelo. Jaime Cobo, director invitado. Carlos Miguel Prieto, dirección. Programa: Sinfonía nº 2 “India”, de Carlos Chávez; Concierto para violonchelo nº 1 Op. 107, de Shostakóvich; Fandangos, de Roberto Sierra; Intermedio y danza de “La vida breve”, de Falla; Antrópolis, de Gabriela Ortiz; Huapango, de José Pablo Moncayo. Teatro de la Maestranza, lunes 6 de abril de 2026


Con conciertos como el de anoche y los que lleva brindándonos desde hace más de treinta años, la Orquesta Joven de Andalucía demostró una vez más que entra por derecho propio en esa gran selección del Maestranza que aglutina grandes formaciones sinfónicas de todo el orbe. En un alarde de acercamiento entre las dos orillas transoceánicas, ayer y el día anterior en Jerez nuestros músicos más jóvenes se dejaron llevar por el ritmo y el entusiasmo de su maestro de ceremonias, un Carlos Miguel Prieto en estado de gracia, para ofrecernos una de las veladas más electrizantes y vitalistas de los últimos años.

Todavía con el recuerdo del concierto que el trompetista Pacho Flores y el director Manuel Hernández Silva nos brindaron junto a la ROSS hace exactamente un año, el Maestranza volvió a llenarse de ritmo y color con un concierto en el que el primero de los conciertos que Shostakóvich dedicó al violonchelo, con toda su rabia y dolor concentrado, se vio rodeado de una enorme descarga de adrenalina. Pura fiesta de los sentidos en forma de ritmos latinos, a los que la joven plantilla respondió con todo el entusiasmo y la alegría que el programa exigía.

Lástima que una ocasión tan señalada no se viera favorecida por un aforo completo. Observándose tantos asientos vacíos, fue inevitable pensar en los muchos y muchas aficionadas que dejaron pasar la oportunidad de disfrutar con tan suculenta oferta. No es suficiente con destinar un considerable y necesario presupuesto a la excelente formación que reciben estos jóvenes músicos. Las instituciones deben después disponer de un aparato de divulgación fuerte y adecuado para que el esfuerzo llegue después al público y los medios como sin duda merece.

Un embajador convencido y un chelista excepcional

Haciendo alarde de ese carisma que caracteriza a los norteamericanos, pues no olvidemos que no sólo los estadounidenses merecen calificarse así, el insigne Carlos Miguel Prieto ilustró cada pieza con ahínco y espontaneidad, introduciéndonos la rica y autóctona percusión que debía presidir la pieza de Chávez, y que luego iría reapareciendo en momentos puntuales del resto de páginas programadas, así como invitándonos al final del concierto a entonar la célebre cuenta y posterior declamación de ¡mambo! que hiciera célebre Pérez Prado. Todo siempre con una elegancia y un dominio de la elocuencia como sólo ellos son capaces de desplegar.

Del fundador de la Orquesta Sinfónica de México, Carlos Chávez, la OJA interpretó su Sinfonía India, número dos de un catálogo de seis. Una obra breve pero muy completa, ya que sigue los movimientos clásicos de una sinfonía pero sin solución de continuidad. Una pieza que utiliza instrumentos de percusión yaqui, una comunidad de Sonora asentada en los márgenes del río del mismo nombre. El maestro, que consolidó el movimiento musical nacionalista en su país, encontró una respuesta enérgica pero equilibrada de cada familia instrumental, muy especialmente de una sección de percusión que nunca antes se había lucido tanto en los tradicionales conciertos del Lunes de Pascua.


El también joven violonchelista colombiano Santiago Cañón-Valencia fue el encargado de llevar a tan buen puerto la compleja gramática del Concierto nº 1 de Shostakovich, todo un laberinto emocional que las partes implicadas resolvieron con enorme acierto. En el allegretto inicial, Cañón-Valencia desplegó una enorme fuerza, enfrentándonos al abismo con un gran sentido de la dramaturgia, a lo que la orquesta se plegó con acierto y sensibilidad, que asomó ya de forma contundente en un segundo movimiento protagonizado por una desolación inusitada. Una página tremenda a pesar de su aparente contención, que el violonchelista resolvió con una técnica impecable, un sonido sedoso y el ropaje intenso que supo brindarle la entregada orquesta.

Una exhibición de sobrecogedora incertidumbre en la que el clarinete también supo lucirse ampliamente, así como una trompa que aunque no siempre acertó en el tono justo, desarrolló también una labor estremecedora. Después, Cañón-Valencia remató con una cadencia desgarradora, en la que los silencios pesaron tanto como la compleja retórica que la informa. Así hasta desembocar en un finale excesivo y espectacular, donde lo humorístico se dio la mano con lo grotesco al más puro estilo del atormentado compositor ruso, aunque sin llegar nunca a la socarronería con la que otras batutas lo despachan. El joven solista interpretó después como propina una pieza de su propia cosecha, Ad noctem, en la que coquetea con la literatura bachiana para entregarse a las esencias y ritmos de su tierra.

Ritmo trepidante

Muy interesante la pieza del contemporáneo puertorriqueño Roberto Sierra, Fandangos, en el que al modo de un La valse de Ravel, deconstruye esta forma de cante y baile, hincando sus raíces en Soler y Boccherini y logrando una hipnótica cascada de sensaciones en la que la percusión juega también un papel destacado. El autor reafirma así su querencia por el barroco, a lo que la OJA bajo la mirada atenta de Prieto, respondió con idéntica disciplina que la desplegada en las páginas anteriores, y una capacidad para emocionar sólo al alcance de los más curtidos.

Otro joven, Jaime Cobo, integrante del proyecto de formación de directores de la OJA, fue el encargado del Intermedio y Danza de La vida breve de Falla, que resolvió con profesionalidad y sentido dramático, dejando su huella en un feroz centro de la famosa danza. Después, todo se tiñó de fiesta y felicidad en la sorprendente pieza de la compositora mexicana Gabriela Ortiz, Antrópolis, en referencia a los antiguos antros de la capital en la que brillaban los sones autóctonos e importados, tal como se observó en una vibrante pieza en la que cumbia y mambo encontraron en la OJA y su flamante director el vehículo perfecto de expresión, lo que se notó especialmente en la alegría y la complicidad con la que abordaron la página. A destacar el trabajo de los timbales, especialmente el encargado de las generosas partes solistas de esta singular pieza.


La fiesta se coronó con el que muchos y muchas mexicanas consideran su segundo himno oficial, el Huapango de José Pablo Moncayo, quien a pesar de su corta vida logró erigirse en uno de los más reputados representantes del nacionalismo musical mexicano junto a grandes como Revueltas o el propio Chávez. Inspirado en sones veracruzanos como el siquirisi, el balajó y el gaviloncho, la pieza captura ritmos, sonidos y la inusitada energía de la música tradicional huasteca, hábilmente combinada con la gramática sinfónica, con destacadas intervenciones del trombón, la trompeta, el oboe y el arpa y un trabajo impecable de la cuerda grave, lograron que el Maestranza se convirtiera en una perfecta tarima de baile, ese huapango del título. A nosotros no nos queda otra que volver a darle la máxima calificación al singular evento, no sin antes destacar la insólita figura del concertino de la segunda parte, con la pierna escayolada elevada sobre un cojín, tal como se observa en la fotografía en tercera fila durante la primera parte del concierto. Y es que el entusiasmo y las ganas de estos jóvenes talentos no concibe ni de lejos una baja laboral.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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