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viernes, 6 de agosto de 2021

APASIONADO E INFATIGABLE ALDO MATA

XXII Noches en los Jardines del Real Alcázar. Aldo Mata, violonchelo. Qi Shen, piano. Programa: El violonchelo español (obras de Agustín Rubio, Cleto Zabala, Jesús de Monasterio, Gerónimo Jiménez y López Juarranz). Jueves 5 de agosto de 2021

Foto: Actidea

Las memorias del insigne violinista y director madrileño Enrique Fernández Arbós destaparon el talento de su gran amigo Agustín Rubio, violonchelista murciano que destacó a finales del siglo XIX y principios del siguiente, fue alumno de Victor Mirecki, un virtuoso del instrumento en la época, y compuso un considerable catálogo de obras que pasaron al olvido hasta que estas memorias y el trabajo de la musicóloga Ana María del Valle Collado, con el respaldo del Museo de Bellas Artes de Murcia, lograron recuperar algunas de ellas. Alrededor de Rubio, que integró el Trío Ibérico junto a Arbós y Albéniz, giró este singular concierto de esos a los que venimos más a descubrir la música que a calibrar el nivel de su interpretación. Rubio y los demás autores convocados son el ejemplo de hasta qué punto no cuidamos en este país lo nuestro, no lo promocionamos y desde luego apenas lo apreciamos. Salvo en las artes plásticas, el resto suele pasar desapercibido para nuestro público, condicionado por la invasión de lo extranjero, que sí tiene ese sentido de la diplomacia cultural del que nosotros carecemos. Así ocurre que aparte de un primer barroco y el nacionalismo decimonónico, nuestra música parezca no contar con representante digno alguno.

El esfuerzo de un infatigable Aldo Mata, que tanto empeño pone en sus trabajos de investigación y recuperación del patrimonio musical español, propiciaron un concierto, ya ofrecido en otras plazas, integrado exclusivamente por partituras rescatadas si no del olvido sí de la aniquilación absoluta. El violonchelista y catedrático en Sevilla y su acompañante, la pianista china residente en España Qi Shen, empezaron y terminaron este recorrido con Rubio. Primero fueron tres pequeñas piezas recuperadas por el propio Mata, en las que se atisbó cierto cosmopolitismo y una gracia melódica entre la música de salón y la puramente concertista. Ellas establecieron el espíritu que habría de imperar en el resto del programa, de inconfundible aire melancólico en las melodías de Zabala, fundador de la Sociedad Coral de Bilbao y volcado más en la lírica que en la música de cámara, y Monasterio, violinista cántabro en su día equiparable a Sarasate. De él se ofreció también su obra más emblemática, Adiós a la Alhambra, original para violín y piano y sin embargo dedicada a Casals, única incursión del programa en el nacionalismo ibérico de aires desenfadados y elegantes. Una Cavatina y una Romanza de Gerónimo Jiménez, zarzuelista responsable de títulos como La tempranica y La boda (y el baile) de Luis Alonso, rompieron ese espíritu melancólico y abrieron otro más alegre y enérgico, que continuó con una pieza de exacerbado romanticismo, El primer amor de Juarranz, autor del pasodoble La Giralda. Una alegre Romanza de Rubio, de espíritu modernista, introdujo las cuatro piezas recuperadas por el Mubam, de intrincadas inflexiones y originales figuras ornamentales.

La interpretación de Mata, si bien no fue impoluta o técnicamente perfecta, abundando en sonidos secos y quebrados, con roces y pianissimi ocasionalmente estridentes, fue plenamente satisfactoria gracias a su capacidad para trascender, transmitir su entusiasmo y su inquietud y lograr que nuestro oído se implicase con la misma pasión e interés con que lo hacía su arco. Que contase con Qi Shen para tan personal proyecto fue toda una garantía y la pianista estuvo a la altura. Aunque tuvo algún tropiezo supo recrear también ese espíritu romántico y refinado que caracterizó la velada, si bien el emplazamiento de Mata, prácticamente delante y pegado al piano, impidió que el sonido del teclado se abriese convenientemente y que gran parte del público pudiese disfrutar observando su digitación.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 20 de febrero de 2021

PIANO APASIONADO Y CUERDA ALGO DESCARRIADA

Concierto de Juventudes Musicales de Sevilla. Aldo Mata, violonchelo. Patricia Arauzo, piano. Programa: Piezas de fantasía Op. 73, de Schumann; Sonata para Arpeggione en La menor D821, de Schubert; Sonata en La mayor, de Franck. Teatro Cajasol, sábado 20 de febrero de 2021

En una breve introducción al programa, el celebrado violonchelista y catedrático del Conservatorio Superior de Música de Sevilla
Aldo Mata, justificó la relación entre las piezas a interpretar por su carácter transcrito y la posible base literaria subyacente en cada una de ellas, olvidando destacar la estructura cíclica que caracteriza cada una de las obras, con melodías que van y vienen incluso en las aparentemente independientes piezas de fantasía que Schumann compuso para clarinete y piano. Avisó también del carácter moderno de los instrumentos elegidos para la ocasión, aunque en el caso del violonchelo procuró acercarse a la interpretación históricamente informada mediante el uso de cuerdas de tripa. Puede que ahí radicara el error, ya que el delicado fraseo y aterciopelado sonido al que nos tiene acostumbrados el excelente violonchelista, y que tan apropiado resulta para las piezas sobre el atril, apenas brilló en la obra de Schumann y especialmente en un Schubert en el que abundaron acordes chirriantes, falta de afinación y disonancias inapropiadas.

Las Fantasiestücke de Schumann fueron concebidas para evocar un clima tierno y elegíaco, que Mata acertó a plasmar a pesar del sonido seco y frecuentemente áspero que emergió de su instrumento. Más atinada estuvo una estupenda Patricia Arauzo exprimiendo el carácter rapsódico de las piezas y dialogando con fluidez con el violonchelo. Faltó sin embargo sutileza en unas miniaturas que demandan un fraseo elegante y cromático, así como una mayor emotividad que la desplegada por el profesor. No obstante ésta fue una interpretación aceptable frente a una más discutible Sonata para arpeggione de Schubert, única pieza en su catálogo que pueden apropiarse los violonchelistas, instrumento que más ha trascendido en las múltiples transcripciones realizadas a partir del obsoleto y olvidado original. Más abundaron aquí las asperezas e incómodas disonancias, además de desafinar notablemente en más de una ocasión. Sin embargo Mata alcanzó a plasmar el carácter nostálgico, el encanto de la obra y sus numerosos cambios de ánimo, gracias a una emotividad siempre trascendente y meditada, unas magníficas transiciones, y por supuesto a la magistral intervención de la pianista, en cuyos pasajes solistas brilló con arrolladora personalidad.

Tras esa sonata Schubertiana interpretada de memoria, Mata recurrió de nuevo al atril para poner en pie la mejor página del concierto, la Sonata en La mayor de Cesar Franck, original para violín aunque su versión para violonchelo suele ser muy aceptada y practicada. Aquí Mata pareció sentirse más cómodo, relajado y expansivo, logrando una interpretación memorable de la pieza, siempre con Patricia Arauzo en forma envidiable. Esta cumbre del romanticismo y de la música de cámara francobelga encontró en los profesores del Manuel Castillo unos intérpretes excepcionales que supieron transmitir toda su carga emocional apasionada y palpitante, con marcados contrastes, intensidad lírica y un desarrollo inquieto y anhelante. Para culminar rescataron la canción andaluza La Macarena de Cristóbal Oudrid, de aires populares llenos de encanto.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 9 de diciembre de 2020

ALDO MATA EN TONO TRASCENDENTE

Otoño Barroco de la Asociación de Amigos de la Orquesta Barroca de Sevilla. Aldo Mata, violonchelo. Programa: Ricerares VII y III de Gabrielli; Suites nº 2 BWV 1008 y nº 3 BWV 1009, de Bach; Scena.Da Euridice, de Dozza. Espacio Turina, Martes 8 de diciembre de 2020  

Hacía tiempo que teníamos marcada en la agenda una cita que en principio debía protagonizar nuestra admirada Mercedes Ruiz. Que finalmente la integrante de la Barroca fuera sustituida por el violonchelista madrileño y profesor de nuestro Conservatorio Aldo Mata, no ha supuesto desde luego una decepción, toda vez que su más que probado talento apenas hemos podido disfrutarlo en los escenarios de Sevilla. Su propuesta partió de una pieza del compositor italiano residente en Madrid Bruno Dozza, una primicia mundial titulada Scena. Da Euridice, mito a la que ya dedicó la obra Euridice. Cantata Drammatica para chelo y voz nuh, un encargo de la Consejería Cultural de España en Tokio para conmemorar el ciento cincuenta aniversario de las relaciones diplomáticas entre España y Japón, y que el propio Mata estrenó en esa ciudad el 3 de noviembre de 2018. Se trata ahora de recrear una posible variante de Euridice como renacida que no reconoce a Orfeo cuando se gira para mirarla y pierde una segunda oportunidad de recuperar a su amada. La sensación de la música, interpretada al violonchelo sin intervención ni efecto externo alguno, salvo por el detalle de rebajar las cuerdas dos y cuatro medio tono, es primero de extrañeza, sutilmente expresada por el intérprete, para a continuación transmitir desasosiego y perplejidad, y converger finalmente en rabia y dolor disipado con algo de control que da a la pieza un efecto hipnótico y hasta cierto modo perturbador, sin llegar en ningún momento a ser epatante. 

La obra de Dozza funcionó como visagra para mostrar el instrumento a través de su embajador más ilustre, Bach, y en dos tonalidades extremas, la más sombría en re menor de la Suite nº 2 y la más luminosa en do mayor de la número 3. Consideradas erróneamente en su momento como obras pedagógicas, son tan hermosas como las sonatas y partitas para violín y responden al esquema de las suites de danzas tan de moda en la época, permitiendo al intérprete lucir en virtuosismo y calidad expresiva. En un violonchelo moderno se traducen en un tour de force lleno de fuerza, mientras en uno de época, como el Nadotti de 1787 empleado por Mata, se potencia la liviandad y sobriedad de estas danzas. Lo mejor es alcanzar el equilibrio entre una forma y otra de interpretarlas, y así hizo el intérprete en esta ocasión, con un tono vibrante y una articulación viva y muy expresiva. De modo que el preludio de la Suite nº 2 acarició una angustia solo atenuada por el tono relativo en fa mayor, y a partir de ahí las danzas se sucedieron majestuosas y arrebatadas, con una zarabanda serena, unos minuetos graciosos y una giga impetuosa aun conservando el color sombrío del conjunto. 

La articulación ágil y el fraseo poético de Mata se hicieron fuertes también en la más luminosa y jovial Suite nº 3, muy arpegiado el preludio, libre y generosa la alemanda, ligero el courante unido a una zarabanda noble y majestuosa, hasta unos bourrées y una giga alegres e impulsivas. Hizo justicia así a la enorme calidez e inventiva de estas piezas de vocación trascendente, precedidas cada una en su misma tonalidad por unos ricercari de Domenico Gabrielli, considerado junto a Giovanni Battista Degli Antoni el pionero en independizar el violonchelo del bajo continuo y darle así el protagonismo que merece, que Mata desplegó también con la precisión y el buen gusto necesarios. Pero fue Bach quien con su personalidad y estilo dio al instrumento ese carácter definitivo del que disfruta y al que tanta justicia hizo Aldo Mata, quien como propina regaló el archifamoso y omnipresente Preludio de la Suite nº 1.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía