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jueves, 27 de febrero de 2025

EL CLAVE BARROCO IBÉRICO LUCE ESPLÉNDIDO CON IRENE ROLDÁN

Clave en Turina. Made in Sevilla. Irene Roldán, clave. Programa: La Iberia de Scarlatti (Recercata, fuga y sonata prima, de Sebastián de Albero; Preludios no.4 en fa menor, no.3 en Do mayor y no.1 en re menor, de Antonio Soler; Sonatas no.43 y no.44 en fa menor, Minuet en Fa mayor, de Carlos Seixas; Sonatas K.213 en re menor y K.214 en Re mayor, de Domenico Scarlatti; Sinfonías no.2 en mi menor y no.8 en Do mayor/menor, de José de Nebra; Variaciones del fandango español, de Félix Máximo López). Espacio Turina, miércoles 26 de febrero 2025


Hemos sido testigos privilegiados del fulgurante ascenso de Irene Roldán como consumada clavecinista al nivel de los y las intérpretes más exigentes, desde sus inicios como becaria de la Barroca de Sevilla y su participación en diversos conciertos junto al conjunto hispalense, hasta su mayoría de edad enfrentándose en solitario a todos los misterios y resortes del teclado, aquí y en plazas internacionales desde donde nos han llegado felices noticias de sus triunfos. Pero nos asalta una duda que siempre albergamos, y es que habiendo proliferado tanto en las últimas décadas el talento local, así como la asistencia de nuestros jóvenes a los conservatorios, ¿cómo es posible todavía que conciertos tan valiosos como el que se celebró el pasado lunes en la capital, con Andris Nelsons y la Leipzig Gewandhausorchester deleitándonos en el Maestranza, queden tantas localidades sin ocupar, ofreciendo una triste y vergonzosa imagen de la melomanía sevillana? Si es por precios, seguro que el coliseo tiene la solución. Profesionales y estudiantes abundan en la ciudad, ¿cómo es posible que dejen pasar una lección magistral como ésta?


Hecha esta reflexión, toca exhibir en estas páginas la excelente impresión que nos dejó anoche Irene Roldán con un programa que pide a gritos grabarse para la posteridad. Se trató de convocar algunos de los más sobresalientes compositores para teclado del barroco de la península ibérica, conjugándolos con la influencia, directa o indirecta, que debió ejercer sobre ellos la presencia en la corte de Fernando VI de Domenico Scarlatti. Un repaso que se inició con Sebastián de Albero, navarro y primer organista de la Capilla Real de Madrid, además de músico de cámara del referido monarca, que en Madrid entabló amistad con Scarlatti y José de Nebra. Su obra para teclado constituye una de las cimas de la Escuela Española del siglo XVIII, con un estilo melancólico y sentimental que se hizo sentir especialmente en la estética de Roldán, más atenta a los afectos, a la delectación melódica que al virtuosismo vertiginoso con el que otros y otras abordan su Recercada y fuga. Tan incisiva se mostró en esta página como en las sensacionales sonatas del portugués Carlos Seixas que interpretó a continuación, precedidas de un preludio del Padre Soler que pasó inadvertido dada su brevedad. Del organista de la Catedral de Coimbra, que se relacionó con Scarlatti en Lisboa, extrajo todo el fulgor y la elegancia que exhiben sus inspiradas páginas, con un lenguaje armónico claro y contundente y un fraseado preciso y paladeado.

En similares circunstancias abordó las dos sonatas seleccionadas de Scarlatti, de entre las más de quinientas que compuso, todas en nuestro país. Y de nuevo prefirió paladear su arquitectura y su gramática que abandonarse al puro exhibicionismo virtuosístico, aunque hubo ocasiones para demostrar que también puede hacerlo. De Nebra ofreció dos sorprendentes páginas, que evidenciaron la facilidad melódica y armónica de quien, no en vano, fue principal referente de la zarzuela barroca. Pura efervescencia y un ímpetu inusitado se dieron cita en la Sinfonía nº 2, mientras la nº 8 deparó momentos tan excitantes como el segundo rondó, con un trabajo del doble teclado excelente, uno de ellos afinado más seco y percutivo que el otro, fomentando un sonido realmente original y atractivo, que Roldán se hizo cargo de hacer brillar en todo su esplendor.

Otros dos preludios de Soler sirvieron de arranque para la segunda de las sinfonías de Nebra y las Variaciones del fandango español de Félix Máximo López que cerraron el programa oficial. Del compositor madrileño, que llegó a ser, escalando peldaños, primer organista de la Capilla real de Madrid, ofreció esta pieza llena de encanto y ritmo, logrando una interpretación depurada, precisa y, a todos los efectos, brillante, que no debe confundirse con la más conocida Variaciones sobre minués afandangados del mismo autor. Como propina, sin salirse del guion, atacó una Sonata en Re mayor de Mateo Pérez de Albéniz, riojano de nacimiento y vasco de corazón, más próximo al clasicismo aunque permite al clave una interpretación tan vigorosa como la que ofreció la joven clavecinista para rubricar tan excelente concierto.

Fotos: Luis Ollero

jueves, 16 de noviembre de 2023

EL BACH CONCENTRADO Y BRILLANTE DE JUSTIN TAYLOR

Justin Taylor, clave. Programa: Variaciones Goldberg BWV 988, de Johann Sebastian Bach. Espacio Turina, miércoles 15 de noviembre de 2023


Tras su paso por esta misma sala hace justo un año al frente de su conjunto Le Consort, Justin Taylor regresó a una ciudad que confiesa tener entre sus favoritas para ofrecer su particular visión de una de las páginas más complejas del repertorio para clave solo. Con ademanes sobrios sin renunciar a su aspecto juvenil, incluso aniñado, y tras una breve introducción vertiginosamente arpegiada, Taylor arrancó el precioso y reflexivo aria cuya autoría tantos pierden el tiempo en cuestionar, una especie de passacaglia inspirada por su carácter ostinato en Haendel, con una concentración que no le abandonaría hasta el final da capo, la misma con la que invitó al público a seguir sus continuas inflexiones y cambios de color y humor a lo largo de sus treinta variaciones, como ya saben armónicas de línea de bajo, más que melódicas. La primera de una serie de importantes obras contrapuntísticas escritas por Bach al final de su carrera, incluida El arte de la fuga, reclama un clave de dos teclados o manuales, aunque puede interpretarse con mayor dificultad en uno simple o incluso al piano. Taylor fue ortodoxo y eligió el primero de los instrumentos, un magnífico ejemplar, para poner en pie desde el corazón y la sinceridad la cuarta parte de los clavierübung del compositor.

Como ejercicio genuino para el teclado que es, las Variaciones Goldberg permiten una gran variedad de visiones y versiones, según cada intérprete, su sensibilidad y exigencia. La de Taylor merece analizarse como un todo compacto y global, una sucesión de humores en el que la técnica y la ornamentación están al servicio de la música pura, de las emociones, el ritmo y las sensaciones. De hecho, Taylor se centra poco en florituras y se decanta más por una interpretación austera, de líneas muy claras y sencillas, a las que aporta con su precisa digitación una transparencia extraordinaria. Tampoco se decanta por repetir cada una de las dos secciones en las que se estructuran las variaciones; a veces sólo repite una y en ocasiones ni siquiera eso. La suya no es una visión matemática de la pieza que exija no traicionar en ningún momento su estructura simétrica y proporcional, sino una visión de conjunto, una sensacional sucesión de modos y humores sin apenas continuidad, hasta el punto de que algunas variaciones las enlazó con tanta pericia e ingenio que resultó difícil seguir el orden.


Al ritmo sincopado de variaciones como la primera, siguieron exposiciones de profundo calado contrapuntístico, y cánones que pasaron de los muy moderados y hasta lentos, a los más vertiginosos, optando en algunas por ritmos muy bailables y con complicados y acertados juegos y cruces de manos en muchas de ellas. Pero si hubo algún bloque que a este cronista le entusiasmara en especial, fue el que va de la variación catorce a la dieciséis, del vértigo repleto de trinos y arpegios a la majestuosidad que inspira la obertura que constituye el eje central de toda la obra, pasando por la inspiradísima melancolía con la que atacó la número quince, más sentimental que severa, y desde luego absolutamente sobrecogedora. Su manera de entender este conjunto irrepetible la llevó a mantener su juicioso ahorro de ornamentaciones, su interés por el ritmo, sus peajes lentos y apasionados como en el caso de la número 25, optando por soluciones tan radicales como atacar la última variación (Quodlibet) en modo muy solemne, lento y ensimismado, cargando de misterio una pieza que otros entienden de forma más amable y funcional. Así hasta llegar a una repetición del aria final logrando transmitir toda su carga crepuscular, su carácter de despedida, sin acusar fatiga alguna a pesar de toda la energía y el entusiasmo desplegado a lo largo de su casi hora y cuarto de exhibición. Después, previas las presentaciones en su bastante correcto castellano, tocó como propinas una sonata de Scarlatti de clara inspiración española, como tantas otras suyas, y la famosa transcripción para clave de Bach del adagio del Concierto para oboe de Marcello, ya en tono distendido y profundamente emotivo.

Fotos: Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 31 de agosto de 2023

ADORNO Y TRANSICIÓN CON NÚÑEZ Y ALQHAI

XXIV Noches en los Jardines del Alcázar. Rami Alqhai, viola da gamba; Javier Núñez, clave. Programa: Danzas y melodías de la Spagna Antigua (piezas de Diego Ortiz, Gaspar Sanz, Antonio de Cabezón, Antonio Martín y Coll, Salomone Rossi, Alfonso Mudarra, Andrea Falconieri, y Bernard Storace). Miércoles 30 de agosto de 2023


Juntos o por separado, compartiendo conjunto o colaborando en pareja, son muchas las veces que hemos podido disfrutar en Sevilla del talento al clave de Javier Núñez y el más que competente trabajo de Rami Alqhai a la viola da gamba. La de anoche fue la última oportunidad hasta ahora de verlos y escucharlos juntos, y aunque el nivel no estuvo en todo momento a la altura de las expectativas, hubo razones para disfrutar del evento y mantener la buena opinión que nos merecen estos atribulados y responsables músicos que han crecido y evolucionado ante nuestros ojos y, sobre todo, oídos.

El programa con el que acudieron en cita única a esta edición de las Noches del Alcázar estuvo integrado por obras de compositores españoles e italianos ligados al último Renacimiento y el Barroco incipiente, en muchos casos justo en la transición entre uno y otro período artístico, en una época en que la relación y la influencia entre ambas penínsulas era notoria y muy enriquecedora. En los atriles un buen puñado de compositores imprescindibles, un objetivo común, lucirse en los adornos y ornamentaciones con un espíritu eminentemente virtuoso, y el trabajo serio y disciplinado de Alqhai en las adaptaciones de algunas de las piezas elegidas al instrumento que domina y que se erigió en protagonista de la velada, la viola da gamba. Con ella en solitario arrancó el recital, una selección de recercadas de Diego Ortiz, ejemplo de español que desarrolló gran parte de su carrera en Nápoles y publicó un tratado de glosas referente aún hoy para acometer el noble arte de la improvisación y la ornamentación en ambos instrumentos. Primero Alqhai en solitario, luego con el acompañamiento no siempre bien acompasado de Núñez luchando por adaptarse al fraseo emborronado de la cuerda, ambos dejaron entrever su control sobre la materia que se vería reforzado con los arreglos del violagambista sobre Marizápalos del guitarrista barroco Gaspar Sanz, con una agilidad animada y vitalista que se mantendría en la muy dancística Gagliarda Milanesa de Antonio de Cabezón, completando ese viaje de ida y vuelta entre el Renacimiento y el Barroco que inspiró el primer bloque del programa, y que culminó con los célebres Canarios en versión del tarraconense Martín y Coll, de los que Alqhai ofreció una interpretación fluida y competente.

Una envolvente sonata inspirada en otra danza, la bergamasca, de Salomone Rossi, perfecto ejemplo de esa transición aludida, abrió un segundo bloque en el que pudimos apreciar un preocupante batiburrillo en La dama le demanda de Cabezón, con la que Javier Núñez hizo todo lo posible para disimular y adaptarse a la pérdida de control momentánea de su compañero, solventada en unas Romanescas con claras influencias italianas de Alfonso Mudarra, dechado de virtuosismo y energía contagiosa. Lo mejor sin embargo se reservó para el final, con La suave melodía de Andrea Falconieri, defendida con una notoria melancolía y un impecable fraseo perfectamente acompañado al clave con impoluta técnica, y que encontró el perfecto contrapunto en frescura y agilidad con su corrente, especialidad del autor. Le siguió una pieza de Bernardo Storace, Monica, defendida por el clavecinista haciendo honor al magisterio del autor en cuestión de diferencias y variaciones. Una folías de Martín y Coll de impecable resolución culminó la exhibición antes de que los intérpretes recuperasen como propina obligada un Guárdame las vacas que antes se había caído del programa y ambos defendieron con idéntico ahínco y profusa vitalidad.

Foto: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 25 de mayo de 2023

CÉLINE FRISCH DISFRUTA CON TODOS LOS REGISTROS DE BACH

Clave en Turina. Céline Frisch, clave. Programa: Las partitas de Bach (I) (Partitas nº 1 en si bemol mayor BWV 825, nº 2 en do menor BWV 826 y nº 4 en re mayor BWV 828, de Johann Sebastian Bach). Espacio Turina, miércoles 24 de mayo de 2023


El Espacio Turina culmina estos días su ciclo de clave, que tuvo la semana pasada como excelentes embajadores a Javier Núñez y Alejandro Casal en un concierto que quienes atendieron tildan de inolvidable y que por motivos de agenda nos fue imposible cubrir en estas páginas. Quince años después de aquel multitudinario recital de Céline Frisch en la Real Academia Sevillana de las Buenas Letras, donde nos dejó un sabor agridulce con su manera de afrontar las Variaciones Goldberg de Bach, la clavecinista francesa regresó a la ciudad para revalidar su fama de excelente, responsable y aguerrida intérprete ante el teclado. Esta vez no hubo fisuras ni atajos en su trabajo, frente a un público más reducido del que tuvo en aquella ocasión; ya se sabe, en Sevilla si no es un evento o un conjunto bien asentado, al margen de las rutilantes celebridades que de vez en cuando nos visitan, las cosas funcionan a medio gas, y el Festival de Música Antigua en el que se enmarcó aquel concierto disfruta afortunadamente de un público incondicional.

Un magnífico clave de dos teclados presidía la escena del Turina antes de que con toda la elegancia aristocrática posible, Céline Frisch abordara una a una las diversas estaciones que integran las tres primeras partitas, que por razones estructurales saltaron de la segunda a la cuarta, dejando la tercera para la sesión de hoy. Compuestas para el deleite y disfrute del intérprete, ya que por entonces la práctica de dar recitales instrumentales solistas frente a una audiencia multitudinaria era harto infrecuente y no se consolidaría hasta Liszt, ya con el piano como protagonista, por lo que no se considera al oyente como sujeto de ese disfrute apuntado por el autor, las partitas engloban tantos humores y espíritus diferentes como números las informan. Frisch acertó con los estímulos necesarios para dar salida a cada estilo y espíritu invocado, en un alarde de concentración y precisión técnica y expresiva de auténtico lujo. A diferencia de las suites inglesas y francesas, éstas son más libres en la forma y mucho más exigentes en la técnica, más sofisticadas en general. Frisch, que en todo este tiempo se ha convertido en toda una experta bachiana, supo traducir todos estos matices en una interpretación depurada en lo técnico y tan sensible como elegante en lo expresivo. Cada gesto propio y cada intuición, elocuentes pausas incluidas, encajó para lograr hacer partícipe al oyente en una experiencia inmersiva.


El Preludio de la primera partita sonó relajado y emocionalmente equilibrado, para a partir de ahí alternar con suma sensibilidad los pasajes ágiles (Allemande y Gigue) y juguetones (un Corrente de estilo italiano o los minuetos) con los más relajados y emotivos, cuidando en extremo la exposición melódica (Sarabande) y la claridad en cada acorde. Por los mismos derroteros deambuló una Partita nº 2 introducida por su estimulante y variada Sinfonía, tras la cual la clavecinista regresaría a desgranar cada movimiento o danza con el mismo virtuosismo acusado antes, haciendo alarde de una inmensa responsabilidad y un consagrado conocimiento del universo del compositor. A destacar en este punto la Sarabanda que tocó con una profunda capacidad de reflexión y la endiablada agilidad expuesta en el Capriccio final. La más distendida nº 4 la abordó con idéntica mesura y una evidente carga afectiva, que se inició con una Obertura majestuosa y elegante, y prosiguió con una depurada exposición de cada movimiento y ágiles movimientos y cruces de manos. Mención especial para una Allemande de carácter airoso que defendió con mucha sensibilidad y sentido de la melodía, al igual que la delicadísima Sarabanda y ese agitadísimo broche final que pone la Gigue. Imposible para el oyente articular palabra alguna inmediatamente después de tan excelsa exhibición de elegancia y sabiduría.

Fotos: Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 5 de mayo de 2023

EL GOZO ESPIRITUAL DE BENJAMIN ALARD

Clave en Turina. Benjamin Alard, clave. Programa: Gusto italiano y estilo francés en la obra de Bach (Suite francesa nº 5 en sol mayor BWV 816, Concierto italiano en fa mayor BWV 971 y Obertura a la francesa en si menor BWV 831, de Johann Sebastian Bach). Espacio Turina, jueves 4 de mayo de 2023


Quizás porque estuvo enmarcado en el Festival de Música Antigua, que cuenta con su público fijo e incondicional, como lo hacen algunos de los espacios culturales de una ciudad que parece funcionar por inercia, sin importar cuál sea su oferta, el clavecinista francés Benjamin Alard tuvo oportunidad de lucir su talento ante un mayor aforo hace cinco años que ahora cuando repite experiencia en el mismo auditorio. Interpretó entonces las Variaciones Goldberg y regresó ahora a su admirado Bach en un intento de constatar la influencia de los estilos francés e italiano en su música para teclado. Entre aquel concierto y el que ahora nos ocupa, Alard ha llevado al disco toda la obra para teclado del compositor alemán y se ha convertido en un consumado intérprete del mismo, depurando técnica y buscando con mayor o menor éxito esa línea directa con el autor que le permita consagrarse como el mejor intérprete de su música en la actualidad. Solo con mucho trabajo y una enorme dedicación y esfuerzo se consigue tan tamaña gesta. Según lo que pudimos apreciar ayer, Alard ha depurado más la técnica que la expresividad. Con él arrancó un mini ciclo dedicado al clave que ocupará sólo este mes a artistas de la talla de Alejandro Casal, Javier Núñez y Céline Frisch.

Cayó del programa la tercera de las seis partitas del genial compositor, obras de enorme dificultad y sofisticación. Lo hizo seguramente para ahondar todavía más en el concepto del concierto, decantándose por la quinta de las seis Suites francesas, piezas de menor complejidad destinadas a la práctica y aprendizaje del instrumento, con carácter más didáctico que puramente artístico, lo que no es óbice para encontrar en ellas momentos de una enorme inspiración y considerable dificultad. Alard repitió liturgia, quedándose casi a oscuras con el fin de potenciar el carácter recogido y profundamente intimista de la propuesta. Y se entregó a un maremágnum de notas y figuras que superó con nota alta, pero limitando ese porte aristocrático que tan bien sabía otorgarle por ejemplo Leonhardt a la música de Bach. Es cierto que al clave, como impone la coyuntura historicista, las notas pueden parecer a menudo enmarañadas, a veces incluso algo caóticas, lo que al piano se salva con un mayor grado de precisión y claridad, pero Alard con la ayuda de un imponente clave de dos teclados, una vez más cortesía del museo particular de Alejandro Casal, logró extraer del instrumento un brillo y una calidez extraordinaria.

Llamó la atención de esta Suite nº 5 la majestuosidad de la allemande inicial, pero sobre todo el timbre laudista que con una pequeña intervención del teclado añadió al acompañamiento de la sarabande, como haría también en el andante del Concierto italiano y ya hizo en algunos pasajes de las Variaciones Goldberg en 2018. Con mayor desenfado y carácter volátil atacó el breve pero intenso Concerto nach Italianische Gusto, que en su movimiento central encontró un estilo florido y a la vez extremadamente sobrio, aunque sin aprovechar en ningún momento las posibilidades que para destacar el contraste entre forte y piano ofrecía el doble teclado. Tampoco en la Obertura en estilo francés, publicada igualmente en el Clavier Übung II, echó cuenta de esta particularidad del instrumento para la que fue compuesta. Resolvió la larga Ouverture con ritmos rápidos, recreándose en sus ricas ornamentaciones, mordentes y trinos incluidos, pero sin ahondar en el estilo fuertemente influido por Rameau y Couperin que atesora la pieza. Ágiles fueron las sucesivas danzas, de las que destacan las que se ejecutan a pares, con la singularidad de que las primeras se repiten al final de las segundas. Pero de nuevo echamos en falta un mayor relieve y más énfasis en el contraste que el doble teclado permite en la pieza que cierra la suite, Echo, que Alard tocó de memoria, como el resto de la obra. Con todo, la experiencia fue extremadamente sensorial, menos poética de lo deseable pero con la fuerza espiritual que tan majestuosas piezas transmiten y su particular puesta en escena permite.

Foto: Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía