domingo, 24 de mayo de 2020

BACURAU Borrados del mapa

Brasil-Francia 2019 132 min.
Guion y dirección Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles Fotografía Pedro Sotero Música Mateus Alves y Tomaz Alves de Souza Intérpretes Udo Kier, Sonia Braga, Bárbara Colen, Thomas Aquino, Jonny Mars, Chris Doubek, Karine Teles, Alli Willow, Brian Townes, Antonio Saboia, Julia Marie Peterson, Silvero Pereira Edilson Silva, Thardelly Lima, Rubens Santos, Wilson Rabelo Estreno en el Festival de Cannes 15 mayo 2019; en Brasil 29 agosto 2019; en España (Internet) 14 mayo 2020

Tras el reciente éxito cosechado con Doña Clara (Aquarius), Kleber Mendonça Filho se alía ahora con Juliano Dornelles para, alejándose del estilo narrativo y estético de su anterior película, ahondar en las raíces del pueblo brasileño, sus costumbres y tradiciones y su necesario instinto de supervivencia y resistencia frente a colonizadores e invasores externos, así como frente a ese peligro ya no tan latente que supone la administración del infame Bolsonaro. Abordan el ejercicio desde las hechuras de un cine violento fácilmente identificable entre el western y el terror, con referentes evidentes como John Carpenter, del que no en vano se utiliza un tema suyo, Night, como motivo musical principal de esta tragedia rural y coral. Bacurau es el nombre de un pueblo que tanto lucha por no perder su identidad que experimenta cómo va paulatinamente desapareciendo del mapa; ni a Google Maps parece interesarle un trozo de tierra que se resiste al aborregamiento general, que prefiere mantener el tipo ante tanta imposición capitalista, liberalismo a ultranza que a largo plazo es lo que está destruyendo el planeta, virus incluidos de los que no nos hemos hecho cargo tan ocupados y ocupadas que estábamos en satisfacer nuestras necesidades más personales e intransferibles.

En Bacurau por lo tanto se cultiva la colectividad, la defensa y el amor al prójimo y el bienestar social comunitario, y a quienes eso no interesa les invita a convertirse en feroces cazadores capaces de sembrar el terror y el caos en toda su dimensión más trágica. Pero Mendonça y Dornelles manejan bien sus recursos para lograr un cinta que no es hiriente, a pesar de contener algunas secuencias directamente atroces, y que se ve con creciente interés tras un preámbulo algo desconcertante en su compleja narrativa coral y su acentuada y colorista puesta en escena en la que no se escatiman artilugios electrónicos, grandes pantallas, drones con forma de platillos voladores, y red telefónica y de internet de milagrosos resultados entre una población que parece anclada en el primitivismo, prueba evidente de que tradición e identidad no tienen que estar reñidas con modernidad. Pero cuando ésta asoma en forma de la imperturbable pasión norteamericana por las armas, no se puede sino hacerle frente y erradicarla.

Sonia Braga repite con el director brasileño para componer un férreo personaje de doctora rural, de fuerte y a veces contradictorio temperamento, pero con esa valentía que caracteriza su perfil y que aquí se torna imprescindible. Integrada en un elenco coral en el que todos y todas tienen su importancia y significación, Udo Kier por su lado encabeza el otro lado del reparto, el de los mercenarios sangrientos tensos y ávidos de muerte y diversión, caricaturizados con ribetes seudonazis para componer ese universo malsano y bastardo, hijos de mala madre que convierten la tierra por la que pisamos en un lugar maldito y marchito, y que aquí lamentablemente, y en estos tiempos tan dramáticos que corren, parecen proliferar movidos por eso de lo que parece mucha gente no quiere prescindir, el culto al ego y a la propia felicidad, no importa quién tenga que caer para ello. La empresa se celebró en Cannes con el Premio del Jurado, y en Sitges con premios a la dirección, el de la crítica y el del jurado joven.

viernes, 22 de mayo de 2020

BOHEMIAN RHAPSODY EN LAS VOCES DE LA SOCIEDAD MUSICAL DE SEVILLA

El Coro de la Sociedad Musical de Sevilla protagonizó el último evento musical en la ciudad antes del estado de alarma y el confinamiento general de la población. Fue en el Espacio Turina y bajo la dirección del compositor y director belga Bart Vandewege interpretaron un híbrido coral basado en la difícil Pasión según San Mateo de Heinrich Schütz, combinada con piezas de Buxtehude, Kapsberger y los corales luteranos que Bach introdujo en su propia Pasión, todo según una cuidada y apasionada edición del propio Vandewege. La experiencia fue un éxito, pero solo cinco días después tanto el Espacio Turina como el resto de salas de concierto de la ciudad cerraron sus puertas sin que aún sepamos con certeza cuándo podrán reabrir y en qué condiciones lo harán. En estos dos meses y medio de confinamiento han sido muchas las iniciativas de solistas y agrupaciones de todo el mundo que han trasladado su escenario a las redes, ofreciendo frecuentemente atractivas actuaciones que han acercado formaciones impensables a la mayoría de los mortales, sin distinción de localidad ni bolsillo.

El Coro de la Sociedad Musical de Sevilla, fundado en 2003, ha tenido directores locales como Alfredo Cañamero, Israel Sánchez y el contratenor Gabriel Díaz, que lo dirige en la actualidad. Desde entonces ha contado con colaboraciones de la talla de Monica Huggett, de quien todavía recordamos la estupenda gestión de la Barroca de Sevilla en sus inicios, Gerald Talbot, Martin Schmidt o el imprescindible Raúl Mallavibarrena, abordando las obras más emblemáticas del repertorio coral, de Monteverdi o Tomás Luis de Victoria a Britten o Pärt, pasando por Haendel, Vivaldi, Bach o Bruckner. Su decisión de cantar a capella la célebre Rapsodia Bohemia de Queen cubre varias necesidades, por un lado decantarse por un repertorio popular que llegue a un máximo de público, por otro potenciar la vocación operística del tema de Freddie Mercury, y por otro desviarse de la tendencia general de interpretar temas amables, llenos de luz y esperanza, que caracteriza la mayoría de estas iniciativas destinadas a hacer más llevadero el aislamiento social e insuflarnos de positivismo frente al incierto desenlace de esta trágica situación. A ella no solo nos ha llevado la biología, sino también la propia estulticia humana, incapaz de valorar ni cuidar el medio ambiente que nos sustenta, ni de invertir tanto o más en ciencia de lo que se hace en otros campos menos trascendentes y a menudo destructivos. La letra de Mercury no es precisamente un camino de rosas, sino que hace referencia a pasados vergonzosos, demonios internos y un inevitable sentimiento de remordimiento a la vez que de resignación frente a la realidad que nos ha tocado vivir.

La gestación de un clásico

Tras varios años de éxitos ininterrumpidos, Freddie Mercury, alma mater del conjunto, estuvo bastante tiempo ideando un ambicioso tema entre su casa de Kensington y el Estudio Rockfield donde solían grabar sus discos. Tras varios esbozos, el resto de la formación confió definitivamente en la idea de Mercury, la apoyaron y se involucraron inmediatamente en el que habría de convertirse en uno de los temas icónicos del rock y la música en general, único en alcanzar sin variar de versión el número uno de las listas británicas en dos ocasiones, cuando se lanzó en 1976, que ocupó dicha posición durante nueve semanas, y en 1991, cuando se relanzó con ocasión del fallecimiento de Mercury, que lo ocupó cinco semanas. Bohemian Rhapsody se incluyó en el disco A Night at the Opera, toda una declaración de principios para un tema que pretendía reivindicar la lírica como fuente de inspiración, lo que le valió ser recibido en su momento con asombro y estupefacción. No debemos olvidar que su originalidad es solo relativa, teniendo en cuenta que a mitad de los setenta del siglo pasado el género Ópera Rock estaba muy de moda, con títulos como Tommy de The Who, The Rocky Horror Picture Show de Richard O’Brien, y Jesucristo Superstar y Evita de Andrew Lloyd Webber como principales referentes. No obstante no se puede negar que tanto la estructura como el carácter paranoico y psicodélico de la canción le hacen merecer ese calificativo de pieza icónica e irrepetible del rock sinfónico que practicaban grupos como Queen y solistas como David Bowie.

Dividido en seis secciones, Bohemian Rhapsody comienza con una introducción que aclara que la vida es real y no fantasía, y no tiene escapatoria. La balada que le sigue supone la confesión del protagonista de un crimen execrable para el que pide clemencia y expresa arrepentimiento. A veces desearía no haber nacido, confiesa con cierto complejo de Edipo a su madre, mientras un extraordinario solo de guitarra de Brian May conduce al protagonista a emprender su propio camino, un descenso al infierno resuelto con las voces muchas veces superpuestas de los cuatro integrantes de la banda, Mercury, May, Roger Taylor y John Deacon, hasta conseguir el efecto de un coro operístico que invoca personajes como Figaro, Galileo o Scaramouche en su deseo de salvar al protagonista del Satán al que ha confiado su alma tras declamar Belcebú me ha reservado un demonio, todo lo cual se ha interpretado como un anhelo de liberación sexual del ambiguo Mercury en la sección rock que precede a una coda, nada realmente importa, en la que se enfrenta con resignación y cierta sensación de libertad a un futuro incierto.

Una interpretación primorosa

Nadie confiaba en que por su larga duración fuese a convertirse en un éxito, pero su emisión radiofónica a ambos lados del Atlántico provocó que sus seguidores reclamasen su publicación en single, reconocido en el Libro Guinness de los Récords como el mejor sencillo británico de todos los tiempos. Cada uno y una en su casa, autograbándose con un móvil, una video cámara o el ordenador, hasta treinta y nueve voces del Coro de la Sociedad Musical de Sevilla, bajo coordinación de Alfonso Luis Hernández, autor también de los acertados arreglos del tema, se han reencontrando en esta atractiva cita, que ha cobrado vida con la masterización del sonido del propio Bart Vandewege, protagonista de esa última actuación del conjunto antes del confinamiento, y la edición en video, no exenta de elocuentes cambios de color y movimientos de celdas, de Juan Antonio Cabezas. El resultado se puede disfrutar en youtube. El esfuerzo y la evidente dedicación de cada uno y una de sus artífices merece que le echemos un vistazo y nos dejemos embriagar por este clásico imperecedero y tan significativo.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 21 de mayo de 2020

HONEYLAND La luz que baña nuestro equilibrio vital

República de Macedonia del Norte 2019 85 min.
Guion y dirección Tamara Kotevska y Ljubomir Stefanov Fotografía Fejmi Daut y Samir Ljuma Música Foltin Intérpretes Hatidze Muratova, Nazife Muratova, Hussein Sam, Ljutvie Sam Estreno en el Festival de Sundance 28 enero 2019; en Macedonia 29 agosto 2020

Típico ejemplo de perfecto docudrama, es decir un documental sin intervenciones periodísticas, que plantea una situación muy similar a la pura ficción, con presentación, nudo y desenlace y adopta como principales protagonistas a quienes lo son en la vida real, sin disimular que en todo ello hay cierta intervención de guion y realización que da coherencia al conjunto y ayuda a expresar su intención. Aupada en Sundance, donde fue multipremiada, y definitivamente en los Oscar, donde recibió nominaciones al mejor documental y mejor película internacional, no difiere mucho de otros productos llegados del norte de Europa y la frontera asiática, con cinematografías tan fecundas como la turca o la iraní a la cabeza. Pero basta que reciba un reconocimiento especial en algún certamen internacional, y responda a estrategias comerciales claras para convertirse en fenómeno aislado y muy celebrado.

Honeyland no se disfruta tanto durante su visionado como a posteriori, cuando toda su fuerza, mensaje y poesía se adueña de nosotros y el recuerdo cobra una mayor dimensión y explicación en nuestra razón. Así, las vicisitudes de una ingeniosa y experta apicultora, heredera de una ancestral tradición que no necesita de artilugios ni artificios para entenderse con las abejas que han de suministrar la exquisita miel, son narradas con tanta sensibilidad como sentido de la oportunidad, que no del oportunismo. Nos estamos refiriendo al equilibrio medioambiental, con las abejas una vez más como reflejo de este tema en toda su extensión, a la vez que en estos tiempos de aislamiento social plantea un interesante y acertado cuento sobre las relaciones humanas, más tóxicas a menudo de lo que podamos imaginar. La calma de esta mujer fuerte pero físicamente dañada por el tiempo y la falta de esos cuidados narcisistas a los que estamos acostumbrados la mayoría de los mortales, y su tierna relación con una madre enferma y anciana, se ven perjudicadas cuando unos nómadas cargados de niños y vacas se establecen junto a su humilde morada.

Lo que en un principio se convierte en un motivo de excitación para la mujer, que pronto se revela amante de niños y niñas, podría derivar en un ejercicio de competencia desleal y arribismo laboral que perjudique gravemente no ya su tranquilidad y subsistencia sino ese orden social y medioambiental de forma tan certera y metafóricamente retratado. Bajo esta crónica de convivencia y enfrentamiento, sus responsables de realización y planificación ofrecen un trabajo estéticamente muy cuidado, en el que sobresale la delicadeza con la que son tratados los personajes, especialmente esta carismática mujer y su desvalida madre.

lunes, 18 de mayo de 2020

LA VOZ ATREVIDA Y ACTIVISTA DE MADONNA

Que las estrellas mediáticas del cine y la música aprovechen su situación para alzar su voz comprometida con las causas que afectan a la rutina del planeta, es algo a lo que estamos ciertamente acostumbrados y acostumbradas. Pero pocas como Madonna han sido tan valientes y atrevidas a lo largo de su dilatada carrera, que ha convertido cada una de las múltiples injusticias cometidas dentro y fuera de su país como arma contra la que desplegar lúcidos discursos en sus vistosos y sofisticados espectáculos. La pandemia que estamos sufriendo no ha sido sin embargo una base sobre la que de momento haya construido un discurso coherente y edificante, desde el momento en que se atrevió a subir un video en internet en el que en una bañera lechosa llena de pétalos de rosa a lo American Beauty advierte sobre el carácter presuntamente no discriminatorio de esta enfermedad, que según ella no distingue entre personas de diversa condición, lo que provocó la rabia de mucha gente, incluidos fans suyos, que le reprocharon olvidar que los pobres y los marginados siempre lo sufren todo más que los demás. Seguramente no estén de acuerdo los residentes en el barrio Salamanca de Madrid, y quienes les imitan en el resto del país, incluida Sevilla, que confirmando el carácter surrealista español se dedican a exigir libertad, confundiendo protección con autoritarismo, ellos que ratificaron y ratifican el ultraje fascista. No creemos sin embargo que Madonna se refiriese a esta gente, que por lo visto sufre la pandemia más que la gente humilde cuya libertad y derechos nunca les importó un pito. Ella tiene más sensibilidad y buen gusto.

Madonna erró en esta ocasión, y supo remediarlo rápidamente suprimiendo el mensaje de la red. Fiel a sus compromisos no dudó de forma inmediata donar una gran suma de dinero para la causa, con el fin de sufragar gastos científicos que ayuden a encontrar una solución definitiva lo antes posible, como participante de la conferencia internacional de donantes organizada por la Unión Europea. Por supuesto no ha perdido la ocasión de enmendar a Trump, por quien como otras celebridades nunca ha ocultado su vergüenza, Le ha ridiculizado por sus sugerencias sanitarias basadas en la lejía, y le ha reprochado la falta de pericia y talento con que está gestionando una crisis mundial de la que sigue empeñado en culpar a China. Por otro lado Madonna ha sido también protagonista de la crisis al revelar que ella y su equipo sufrieron la enfermedad durante los últimos días de su accidentada gira en París, aunque en su momento creyeron estar sufriendo una gripe muy acentuada. Gira por cierto en la que Madonna depositó mucha ilusión y que sin embargo se ha convertido en su experiencia profesional seguramente más frustrante.

Hace exactamente un año, durante la gala del Festival de Eurovisión en Tel-Aviv, la participación de Madonna generó sorpresa, estupefacción y cierta preocupación entre sus millones de seguidores y seguidoras. A sus sesenta y un años se percibía un cambio físico notable y brusco, acompañado de cierta falta de agilidad escénica inapropiada para lo que nos tenía acostumbrados. Cantar en playback resultó lo de menos teniendo en cuenta las muchas veces que echa mano de ese truco técnico en sus conciertos, algo perfectamente entendible teniendo en cuenta los rigores coreográficos a los que se enfrenta cada vez que se sube a un escenario. Pero su ansiada gira Madame X, título de su último álbum editado, se le volvió en contra por motivos ya adelantados en esa desacertada intervención eurovisiva. Hacía tiempo que acariciaba la idea de organizar una gira en teatros y auditorios en lugar de estadios y otros espacios multitudinarios, pero el fenómeno fan por un lado y su delicada salud física se volvieron en contra y al final quedó su gira más accidentada y frustrada, con casi la mitad de las citas canceladas y el consiguiente enfado de tantos y tantas seguidoras que le han acompañado a lo largo de su carrera. Lo primero se debe al afán de fiesta y participación del público, incapaz de mantenerse sentado como demandaba la ocasión, e incapaz de dejar oír canción alguna, siempre dispuesto a demostrar que conocen las letras al dedillo. Al final resultó un concierto diseñado para un espacio limitado pero engullido por un público acostumbrado a espacios amplios y abiertos. Una lástima porque escenografía y dirección escénica invitaban a una mayor concentración y capacidad de disfrute que un público enfervorecido fue incapaz de permitir al resto de la gente convocada.

Pero nada de eso empaña una carrera llena de éxitos y aciertos, mantenida como nadie antes a lo largo de cuarenta años de lucha infatigable y un afán enorme de superación, todo lo que quizás le haya llevado a un salto tan preocupante en su salud y aspecto en los apenas cuatro años que separan su anterior gira, Rebel Heart, de esta última liquidada coincidiendo con el comienzo de esta nueva y preocupante realidad internacional. Visiblemente avejentada y limitada, Madonna sin embargo no decepciona porque su comunión con el público se remonta a muchos años y algunas giras de confianza y fidelidad como pocos artistas han disfrutado, fruto de un trabajo incesante y una considerable pericia para los negocios y el espectáculo, que le ha llevado a reinventarse continuamente aunque sin traicionar su espíritu básico, y a merecer el sobrenombre de Ambición rubia con el que se le conoce en el mundo entero. Otros como los Rolling Stones, Elton John, U2 o Bruce Springsteen han dilatado también milagrosamente sus carreras, pero pocos con la continuidad y la coherencia con que lo ha hecho ella. En el camino ha habido muchas frustraciones, como no lograr una carrera cinematográfica mínimamente a la altura de su talento como estrella del espectáculo. En su filmografía se agolpan títulos tan poco memorables como ¿Quién es esa chica?, Shanghai Surprise junto a su primer esposo, Sean Penn, o Barridos por la marea, quizás la peor película dirigida por otro ex, Guy Ritchie. Intentos de hacer algo más serio, como El cuerpo del delito, un sucedáneo de Instinto básico en el que demuestra una más que aceptable capacidad dramática, o Evita, un proyecto largamente acariciado pero no del todo aceptado por la crítica y el público, y con el que voló una nominación al Oscar meramente rozada, son otros ejemplos de una filmografía irregular y frustrante. Al margen de la muy estimulante y simpática Buscando a Susan desesperadamente, solo papeles episódicos en títulos como Ellas dan el golpe o Sombras y niebla de Woody Allen, pueden consolar su ambición cinematográfica, junto a otros de más sustancia como Dick Tracy, con cuya interpretación del tema Sooner or Later hizo ganar a Stephen Sondheim su único Oscar, de la misma manera que cinco años más tarde haría Andrew Lloyd Webber por su canción You Must Love Me de Evita. Una nada desdeñable proeza, hacer ganar premios de la academia a lo más granado del musical moderno. Cierto que como videoclipera Madonna no tiene parangón alguno en la industria del entretenimiento, ni por cantidad ni por calidad.

Sin embargo ni el Paseo de la Fama de Hollywood Boulevard se ha dignado a añadir una estrella en su favor, privilegio que sí han disfrutado cientos de profesionales con mucha menor relevancia en el sector. Madonna ha cuidado siempre de forma soberbia y sorprendente sus espectáculos, desde aquel primitivo Virgin Tour de 1985 acompañada por apenas dos bailarines, pero en los que ya vislumbraba su pasión coreográfica y su afán de superación, hasta el muy sofisticado Confessions Tour con acróbatas capaces de movimientos imposibles y una puesta en escena visualmente deslumbrante. Y los últimos, ese Sticky & Sweet Tour que pudimos disfrutar en el Estadio de la Cartuja, o los excelentes MDNA y Rebel Heart que precedieron a este último y accidentado tour, sin olvidar el Blonde Ambition World Tour que sentó las bases de sus siguientes espectáculos, coincidiendo con el muy comentado documental En la cama con Madonna con el que definitivamente se convirtió en abanderada de un sexo desprejuiciado y carente de hipocresía, a la vez que daba voz y cuerpo a sectores de la sociedad hasta entonces invisibilizados, especialmente gays y lesbianas. En aquel tour triunfó como nunca con el tema Vogue, inspirado en unos bailes neoyorquinos ochenteros que han sido inmortalizados en la reciente y celebrada serie de televisión Pose.

Madonna ha hecho a lo largo de estas cuatro décadas todo lo que ha estado en sus manos por apoyar causas nobles y legítimas, por luchar contra armas, guerras injustificadas, presupuestos injustos y administraciones políticas corruptas. Una de sus últimas campañas la protagonizó con el video de God Control, uno de los temas de Madame X, en el que se recrea una matanza de civiles en una discoteca, consecuencia de la libre circulación de armas en su país. A buen seguro que a esta pandemia, que al contrario de lo que mucha gente cree no es consecuencia del orden natural sino del trastorno al que lo hemos sometido con crisis energéticas, contaminación y políticas medioambientales disparatadas, también dedicará mucha energía en forma de campañas y mensajes, además de las generosas aportaciones económicas que para su combate ya ha desembolsado. Ella no se conforma con aportar tanta felicidad a sus incondicionales, sino que además se preocupa por ellos y ellas, como una buena madre. Personalmente el ejemplo lo tengo muy cerca, en casa.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 12 de mayo de 2020

STAR WARS EN DESESCALADA

El pasado 15 de marzo Constantino Martínez-Orts y su Film Symphony Orchestra tenían previsto repetir en Fibes el concierto que ya ofrecieron el 16 de noviembre del año anterior. Después de ocho años y nueve giras la demanda ha crecido descomunalmente y se cuentan por pares, en el caso de auditorios tan grandes como el nuestro, e incluso tríos y cuartetos si el aforo es menor, los días que programan sus conciertos en cada ciudad. En un principio aplazaron la fecha al 19 de junio, pero los pronósticos no son nada halagüeños y finalmente han decidido suspender la gira y centrarse en la próxima, a celebrar si es posible en octubre próximo. Entonces volverán, así lo esperamos, a recorrer las principales plazas de España y Portugal, llevando la música de cine más alegre y espectacular, servida con entusiasmo y mucha vocación.


Mientras tanto el pasado 4 de abril, Día Internacional de Star Wars, algo que seguramente a mucha gente se nos escapa pero no ciertamente a las legiones de fans con que cuenta la saga, la orquesta volcó en internet un video grabado cada uno y una en su casa, guardando debidamente las medidas de seguridad a las que esta pandemia nos ha sometido, en el que interpretan un tema icónico de la serie y de sus conciertos, con el que siempre terminan el bloque de propinas que adornan cada uno de sus conciertos. Se trata del jovial Cantina Band de La guerra de las galaxias, en una versión ya definitivamente suya en la que se combina el sinfonismo, cuerda incluida, con el estilo big band con resultados altamente espectaculares. A la música de siete de sus episodios dedicaron la gira de 2017, mientras su autor, el incombustible John Williams, fue objeto de un programa doble en la de 2018-2019. Tanto en uno como en otro homenaje, los fans de Williams y Star Wars han lucido siempre sus originales atuendos y espadas láser, dando al evento un aspecto decididamente fiestero y desenfadado.

Un sinfín de ediciones y grabaciones

Aún hoy día el de La guerra de las galaxias, entendiéndose como Episodio IV: Una nueva esperanza, sigue siendo el disco de música instrumental sinfónica más vendido de la historia. A su autor le valió un tercer Oscar, segundo como compositor (el primero lo obtendría como arreglista de El violinista en el tejado) tras Tiburón dos años antes. Ganó también tres Grammys y una popularidad imperecedera hasta ahora, aunque sus colaboraciones con Spielberg y el resto de su valiosa filmografía seguiría reservándole un lugar privilegiado en el Olimpo de los compositores de cine y del siglo XX en general. La grabación de su banda sonora se realizó a final del primer trimestre de 1977 en Londres, con la Sinfónica de la ciudad y Eric Tomlinson como ingeniero de sonido, a quien Williams conoció con ocasión de la grabación de la adaptación del musical de Harnick y Bock El violinista en el tejado. Tomlinson se había labrado un prestigio en la profesión con los primeros títulos de James Bond que no se vio reflejado en la calidad de sonido de sus trabajos con Williams, especialmente La guerra de las galaxias, Superman, Dracula y En busca del arca perdida. Eso provocó que tras el lanzamiento del doble álbum de la banda sonora de las aventuras galácticas, con casi hora y cuarto de música convenientemente estructurada en su mayoría en temas de concierto que facilitara la audición, numerosos directores y orquestas se aventuraran a grabar selecciones de la música de Williams inspirada en Korngold, Stravinsky y otros clásicos, que mejoraran la calidad del sonido e hicieran más placentera su escucha. Especialmente memorables fueron las grabaciones de Zubin Mehta y Los Angeles Philharmonic y Charles Gerhardt y National Philharmonic Orchestra, realizadas apenas unos meses después de la edición oficial, incluyendo en cada caso treinta minutos de temas imprescindibles de la película. Con el tiempo el propio John Williams ha dirigido a la orquesta de la que ha sido titular durante muchos años, la Boston Pops, así como a una versión de la Filarmónica de Los Angeles bautizada como Skywalker Symphony Orchestra, en antologías de las tres primeras entregas estrenadas de la saga, las más legendarias. También Varujan Kojian y la Sinfónica de Utah, así como Nic Raine y la Filarmónica de la Ciudad de Praga, han grabado antologías de la saga, extendiéndose en el caso de la segunda hasta La venganza de los Sith, con resultados no siempre satisfactorios pero en cualquier caso muy respetuosos con las partituras originales. También clásicos populares como Gustavo Dudamel y Anne-Sophie Mutter se han acercado al universo galáctico de Williams en celebrados conciertos y grabaciones, con el interés añadido del primero, que incluso ha llegado a dirigir parte de las bandas sonoras de las últimas tres entregas de la saga.

Keith Lockhart, que sucedió a Williams en la dirección musical de la Boston Pops, grabó en 2017 una amplia suite del episodio VII, incluido en su álbum Lights, Camera… Music! Six Decades of John Williams. La más completa antología editada hasta el momento es la que lanzó el año pasado Robert Ziegler, habitual arreglista, orquestador y director de bandas sonoras épicas de la actualidad, junto a la Orquesta Sinfónica Nacional Eslovaca, incluyendo el tema Han Solo and the Princess según arreglo propio e inédito de Williams, a quien parece nunca le gustó el arreglo de concierto que otros grabaron en su momento y que ampliaba la escuálida y fragmentaria representación que este hermosísimo tema tenía en la banda sonora de El imperio contraataca. De Ziegler es también la única regrabación del Tema del trono y títulos finales que respeta su formato original, ya que de siempre se ha optado por su versión de concierto, que amplía en dos minutos la original. Con el tiempo las míticas bandas sonoras de las tres primeras películas estrenadas se han ido reeditando en distintas versiones y aprovechando acontecimientos puntuales.

Con ocasión del décimo aniversario del fin de la primera trilogía, la primera en estrenarse, en 1993 Fox Records editó un cuádruple álbum con las bandas sonoras ampliadas de cada título previamente editado por RSO en discos LP dobles, La guerra de las galaxias y El imperio contraataca, y sencillo El retorno del Jedi. Parte de las versiones de concierto desaparecieron en esta caja especial más centrada en la música según sonaba en las películas, con un cuarto CD dedicado a extras y versiones alternativas. En 1997 Lucas aprovechó los notables avances tecnológicos introducidos por Terminator 2: El juicio final y Parque Jurásico para relanzar la saga notablemente mejorada en efectos visuales, ante la inminencia del estreno del primer episodio, La amenaza fantasma, en 1999. Como consecuencia de esto volvieron a editarse las bandas sonoras de los episodios IV, V y VI, debidamente ampliados a hora y media de duración por título y con mayor respeto al orden y aspecto de cada secuencia. Finalmente, en 2004, coincidiendo con el estreno próximo de La venganza de los Sith, Sony editó de nuevo cada una de las tres primeras bandas sonoras mejorando el sonido y redistribuyendo y ampliando la selección. Hoy es Disney quien administra todo el legado de la saga y no ha perdido la oportunidad de volver a editar las seis bandas sonoras ante el estreno de la última trilogía, respetando en este caso los contenidos y el orden de las ediciones originales. Martínez-Ortz y la FSO también publicaron en su momento su revisión de los temas principales de la saga hasta El despertar de la fuerza, grabado en directo durante su gira de 2017, aportando así su particular granito de arena a tan suculento pastel de versiones, colecciones y regrabaciones.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 8 de mayo de 2020

LA CANCIÓN DE LOS NOMBRES OLVIDADOS Alegato musical contra el olvido y la infamia

Título original: The Song of Names
Canadá-Hungría 2019 111 min.
Dirección François Girard Guion Jeffrey Caine, según la novela de Norman Lebrecht Fotografía David Franco Música Howard Shore Intérpretes Tim Roth, Clive Owen, Catherine McCormack, Luke Doyle, Misha Handley, Jonah Hauer-King, Gerran Howell, Saul Rubinek, Stanley Townsend, Magdalena Cielecka, Marina Hambro, Schwartz Zoltan Estreno en el Festival de Toronto 8 septiembre 2019; en Canadá y Estados Unidos 25 diciembre 2019; frustrado en España 13 marzo 2020

Conocido por su melomanía y filantropía, el canadiense François Girard se dio a conocer a finales del siglo pasado con el aclamado documental Thirty Two Shorts About Glenn Gould, que aquí se llamó Sinfonía en soledad y analizaba el peculiar estilo interpretativo del pianista también canadiense. Pero su mayor éxito hasta el momento lo logró varios años después con El violín rojo, una cinta que acompañaba las vicisitudes de un Stradivarius desde su construcción en Italia en el siglo XVII hasta nuestros días, pasando por varias manos y países, y cuya banda sonora compuesta por el prestigioso John Corigliano logró el Oscar correspondiente a 1999. Su pasión por la música se vio potenciada con El coro, su mejor y más incisivo trabajo hasta el momento, que protagonizó Dustin Hoffman hace seis años, mientras su atracción por la humanidad la cultivó con títulos como Seda, según la popular novela de Alessandro Baricco, y Hochelaga, un gran espectáculo audiovisual con el que rinde homenaje a los humanos que habitaron el continente americano antes de ser aniquilados por los colonos.

Ahora ha combinado ambas vertientes con una melancólica y decididamente triste adaptación de una novela de Norman Lebrecht sobre un niño judío polaco, prodigioso violinista, que crece en Reino Unido durante y después de la Segunda Guerra Mundial ajeno a la suerte que hayan podido correr sus parientes más cercanos en el campo de concentración nazi de Treblinka. Una odisea histórica que nos lleva de aquellos aciagos años hasta 1951 y los ochenta del pasado siglo, y nos hace viajar a Polonia y Nueva York en busca de la suerte de este niño, desaparecido ya joven cuando se disponía a debutar en un prometedor concierto. Todo parece encajar en esa recurrente idea de la historia verdadera, incluida la pieza musical que da título a la cinta, cuando en realidad todo es inventado, incluso la partitura compuesta para la ocasión por Howard Shore, que pretende ser un recordatorio de los nombres que perecieron en tan infame exterminio.

Más cerca del clasicismo y el academicismo cinematográfico, primorosamente ambientada, rodada y fotografiada, que de un cine comprometido y capaz de suscitar mayores emociones, Girard sin embargo trata a sus personajes con delicadeza, intenta justificar sus reacciones y recrea con elegancia momentos cercanos a lo sublime como la interpretación de la pieza a través de varios escenarios, desde el auditorio hasta el campo de exterminio minado de monolitos que recuerdan a las víctimas, pasando por floridos prados y la sinagoga desde la que se invoca el recuerdo y esa inatacable memoria histórica a la que el hombre tiene tanto derecho. En el camino disfrutamos con la música, además de la de Shore, fragmentos de Bach, Paganini o Bruch, en manos del joven violinista australiano Ray Chen, salvo en el duelo en el refugio anti bombas londinense que se marcan los propios Luke Doyle, que encarna al protagonista de niño y es él mismo un violinista prodigio, y Schwartz Zoltan, un joven violinista húngaro que encarna a otro estudiante polaco en Londres que sufre de manera atroz la pérdida de su familia. Lástima que a lo largo del metraje parezca apuntarse cuestiones como el extremismo religioso como castrador del arte, para perderse luego en argumentaciones que alejan las tesis prometidas, de forma que cualquier análisis concienzudo va difuminándose a favor de un drama lineal más pendiente de la imagen y el sonido que del dolor que subyace en el fondo, aunque el tono lúgubre y tristón se mantenga prácticamente en todo momento.

martes, 5 de mayo de 2020

MÚSICA EN SUSPENSO: MAYO, OTRO MES DE NECESARIAS CANCELACIONES

La Traviata de David McVicar
Se nos ha prometido que empezamos a caminar hacia la salida de la tragedia cuando aún tenemos que lamentar a diario la pérdida de más de un centenar de vidas en nuestro país, si así lo queremos un motivo de júbilo teniendo en cuenta que hace apenas unos días la cifra se elevaba a casi un millar. Aun así es una cifra muy trágica y muy preocupante como para poder hablar realmente de una normalización de la situación, y desde luego muy propicia para que si no mantenemos un mínimo de responsabilidad y sentido común, podamos vernos sumergidos en un rebrote que aminore todavía más nuestra capacidad de supervivencia en todos los sentidos. A nadie escapa que esta premura por empezar la tan ansiada desescalada responde a un intento por frenar la ya de por sí muy perjudicada economía del país, potenciada aún más por la presión de los partidos políticos de la oposición, nada propicios a apoyar una crucial prórroga del estado de alarma que asegure el mantenimiento de esas medidas de protección, seguridad, responsabilidad y solidaridad que son el único instrumento que tenemos para vencer una situación jamás vivida en nuestro maltratado planeta, y que nos marque el camino no para recuperar la normalidad sino para establecer una nueva más respetuosa con nuestro entorno y sistema.

De cualquier forma el mundo de la cultura se encuentra lamentablemente muy al margen de todas estas preocupaciones, pues ni siquiera el motivo económico le alcanza lo suficiente como para merecer ese avance acelerado de la supuesta normalización. Los grandes espectáculos sobreviven en nuestro país gracias a los necesarios apoyos públicos, solo así se pueden lograr precios considerablemente asequibles en un espectáculo tan completo y sofisticado como la ópera, marcada por un despliegue artístico descomunal y un muy limitado número de funciones por título, algo que no sucede por ejemplo con los populares musicales, más baratos y con más probabilidades de amortización a largo plazo. Junto a eso el resto de espectáculos no pueden sobrevivir con la reducción de aforo que propone el sentido de la responsabilidad al que apelamos, por lo que recuperar cines y teatros no es una cuestión de saneamiento económico sino de bienestar cultural, desdichadamente siempre a la cola de los verdaderos intereses creados.

Ópera en la cuerda floja

Ante la desescalada por fases que estamos atravesando, los conciertos programados antes de que toda esta tragedia ni siquiera se sospechara vuelven a quedarse colgados casi todo el mes, a la espera de que a finales podamos recuperar parte de lo propuesto, como La Traviata con la que finalizaría la temporada lírica del Maestranza. Pero mucho nos tememos que también este popular título verdiano se descolgará de la programación, ante la proximidad de la fecha de estreno del permiso para reabrir teatros y auditorios, contando con que cosechemos los frutos deseados y no se provoque una marcha atrás. En el mejor de los casos el Maestranza tendría que reducir considerablemente su aforo, lo que teniendo en cuenta que prácticamente las cinco funciones están agotadas solo podría resolverse ampliando el número de las programadas o devolviendo el importe de forma injustamente aleatoria. Así, no creemos que el jueves 28 Violetta Valéry vuelva a subir al escenario del Maestranza, como ya lo ha hecho tantas veces, esta vez bajo la encarnadura de la celebrada soprano georgiana Nino Machaidze y con los alicientes de reencontrarnos con Pedro Halffter a la batuta y poder disfrutar de la puesta en escena de David McVicar, que ha sabido aunar tradición y minimalismo para potenciar los aspectos más dramáticos de la obra. Una producción del Liceo, el Teatro Real, Scottish Opera y Welsh National Opera, que se emitió por la 2 de Televisión Española hace dos años y propiciaría en nuestro coliseo dar la alternativa en la función del 5 de junio a jóvenes talentos en los tres papeles principales y la dirección musical, que de no celebrarse supondrá un gran decepción especialmente para ellos.

También jóvenes en busca de una oportunidad definitiva son el percusionista malagueño Carlos Moreno y el pianista utrerano Pepe Fernández, que mañana miércoles día 6 de mayo habrían de debutar en la Sala Manuel García con un ambicioso programa que incluye autores como Jacques Delécluse, Paul Creston, Emmanuel Séjourné y Eugene Bozza, con especial protagonismo de la marimba. Precisamente hoy tendrían que haber empezado las representaciones de El joven barbero de Sevilla, una reducción de la ópera de Rossini adaptada al público más joven, con el que nuestro coliseo perpetúa su loable dedicación educativa para fomentar el interés por la gran música de las nuevas generaciones.

Beethoven, Brahms y Música Contemporánea

Por tercer mes consecutivo se suspende la integral de sonatas de Beethoven a cargo de José Luis Bernaldo de Quirós, abortándose quizás definitivamente la enorme ilusión que habíamos depositado en esta manifestación tras los buenos resultados alcanzados en las dos primeras y únicas entregas celebradas. Tendremos que conformarnos de momento con el buen sabor de boca que nos dejaron integrales anteriores, a cargo de pianistas diversos, en el Espacio Turina, entonces Fundación Cajasol, hace más de una década, y en la Sala Manuel García del Maestranza hace apenas un par de temporadas. En esta ocasión Quirós volvería a combinar sonatas tempranas con otras más maduras. El viernes 22 era el turno de la Sonata Op. 2 nº 3, la más brillante y virtuosa de sus tres primeras sonatas para piano. También de la nº 12, conocida como Marcha fúnebre por su tercer movimiento, contemporánea de la Sinfonía nº 3 Heroica y de concepción decididamente romántica, así como de la nº 20, breve y relativamente sencilla, y la nº 28 Op. 101, primera de las que integran su período tardío, con un alto y evidente componente introspectivo.

La ROSS no tiene programado ningún concierto sinfónico este mes, pero sí uno de cámara el próximo domingo, lógicamente cancelado. José Luis Fernández Sánchez estaría encargado de protagonizar un atractivo programa dedicado al clarinete, con el Quinteto en Si menor Op. 115 de Brahms, pieza fundamental en el repertorio del instrumento, toda una declaración de principios y un recorrido autobiográfico que el autor desentraña con tono melancólico y delicado. La obra iría acompañada del Quinteto para clarinete de Samuel Coleridge-Taylor, una oportunidad única para conocer la obra de este compositor inglés de origen africano muy influido por Edward Elgar y decidido a reivindicar una música que incluyera sus raíces negras. El cuarteto de cuerda estaría integrado por Nazar Yasnytzkyy, York Yu Kwong, Helena Torralba Porras y Orba Carmel, maestros y maestras de la Sinfónica, como es habitual.

Entre las propuestas del mes malogradas por la pandemia destacamos también la última cita con las nuevas músicas en el Teatro Central, que el 20 de mayo tendría como invitados a los artistas locales Rafael Ruibérriz de Torres y Cristina Lucio-Villegas, que habrían de sumar fuerzas y talento a través de un suculento viaje por la música de Frank Martin, Olivier Messiaen, Samuel Barber, Manuel Castillo, Arvo Pärt, Steve Reich y Philip Glass. La Orquesta Barroca de Sevilla, la Fundación Barenboim-Saïd o Juventudes Musicales de Sevilla siguen también esperando la oportunidad de recuperar sus valiosas actividades... Todos y todas ellas se han convertido en proyectos que han volado al ritmo del mismo viento que propaga la enfermedad, y que esperemos algún día recuperar para deleitarnos con su valía y sentimiento.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía