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domingo, 26 de mayo de 2024

SEGUNDO PREMIO Captar la grandeza

España 2024 109 min.
Dirección
Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez Guion Isaki Lacuesta y Fernando Navarro Fotografía Takuro Takeuchi Música Ylia y Los Planetas Intérpretes Daniel Ibáñez, Cristalino, Stéphanie Magnin, Mafo, Eduardo Rejón, Chesco Ruiz, Jan Caplin, Julen Clarke, Sebastián Haro Estreno en el Festival de Málaga 5 marzo 2024; en salas 24 mayo 2024


De siempre a Isaki Lacuesta le ha gustado jugar con estilos y formas en sus películas, ya fueran cortos, documentales o largometrajes. Sólo así se explica la extrema abstracción de Los pasos dobles, su primera Concha de Oro en San Sebastián, frente a la narrativa más convencional de La próxima piel y el híbrido entre ficción y documental de su segunda Concha, Entre dos aguas. Su cine languideció con su última película, Un año, una noche, su particular visión del dolor tras el terrible atentado en la sala Bataclán de París. Ahora resurge, con ayuda no se sabe hasta qué punto del menos experimentado Pol Rodríguez, contándonos una historia que explora la grandeza y la miseria de la creación artística a través del proceso de gestación de un disco icónico de la música española indie de los noventa del siglo pasado, Una semana en el motor de un autobús.

Y ciñéndose a la premisa apuntada en el título del registro, intenta indagar en la psique de los dos principales artífices del grupo Los Planetas (estupendos Daniel Ibáñez y Cristalino), cuyos verdaderos integrantes todavía en activo aparecen salpicados entre los figurantes de la película. Y si no es una semana lo que vemos pasar ante nuestros ojos, sí que la representa a lo largo de un tiempo más dilatado, entre problemas de fidelidad amistosa, celos profesionales, adicciones varias y frustraciones artísticas, y mucho egocentrismo, hasta que un viaje a Nueva York canaliza sus neuras y paranoias convirtiéndose en elemento catártico entre Jota, el cantante, Florent, el conflictivo y personal guitarrista, y May, la bajista desertora que desata esa primera crisis que parece haber caído entre la leyenda del tiempo y el final que apunta esa otra leyenda que es Omega de Morente y Lagartija Nick.

En ese contexto nos será difícil conectar del todo con un grupo al que a priori muchos ni habíamos prestado atención, y sin embargo nos rendimos ante la capacidad de Lacuesta para captar la grandeza, con dos secuencias fundamentales que representan la mentira y la mágica realidad. Entre el playback despreciado en un show televisivo perfectamente orquestado, y la frescura desatada en una sala de fiestas granadina, capaz de emocionarnos hasta a quienes no profesamos esta religión. Ese segundo premio del título hace alusión al primer sencillo del disco homenajeado, pero quizás también a su eterno segundo lugar en las listas de los mejores discos de los noventa elaboradas por la revista Rockdelux. Biznaga de Oro y premios a la mejor dirección y al mejor montaje en el Festival de Málaga.

martes, 27 de febrero de 2024

LA ESTRELLA AZUL Cantos de ida y vuelta

España-Argentina 2023 129 min.
Guion y dirección
Javier Macipe Fotografía Álvaro Medina Música Peteco Carabajal y Alicia Morote Intérpretes Pepe Lorente, Cuti Carabajal, Bruna Cusí, Marc Rodríguez, Mariela Carabajal, Catalina Sopelana, Aitor Domingo, Roberto Chavero, Demi Carabajal, Óscar Carabajal, Pablo Carabajal, Peteco Carabajal, Alicia del Carmen Carabajal Estreno en el Festival de San Sebastián 25 septiembre 2023; en salas 23 febrero 2024

Hay películas que con un no se la pierda ya tienen hecha la crítica. Es lo que le sucede a esta entrañable ópera prima del director maño Javier Macipe, aunque nuestros cada vez más impresentables premios Goya le hicieran caso omiso, y su paso por el Festival de San Sebastián le obligara a conformarse con el Premio del Jurado Joven y otro más residual de Cooperación Española. La estrella azul es pura emoción que recupera una constante cultural que existió entre España y los países de Sudamérica que invadió, y que en el terreno musical se tradujo en aquellos cantos de ida y vuelta que tanto influyeron a un lado y otro del Atlántico, enriqueciendo el acervo musical de las culturas así relacionadas. Tiene sin embargo razón el personaje central de la película al lamentar que esta interrelación no se produzca tanto en la actualidad, y que el auténtico folclore latinoamericano apenas pase desapercibido para el consumidor español. Esa fue la preocupación de Mauricio Aznar cuando a principios de los noventa del siglo pasado, decidió dejar atrás problemas sentimentales y adicciones varias, y con ello el grupo musical que lideraba junto a su amigo de la infancia Gabriel Sopeña, Más Birras, un referente del rock zaragozano.

Viajó con lo puesto a Argentina en busca del mediático Atahualpa Yupanqui, único referente de un supuesto folclore auténtico argentino más allá del tango, y en el camino se topó con la legendaria familia Carabajal. Interpretándose a sí mismos, aunque con algunos roles cambiados para superar la distancia de treinta años que afecta a aquella época con la actualidad, y consiguiendo así que el film rezuma cierto aire de metaficción, los músicos argentinos introdujeron a quien por entonces tenía la edad que hoy tiene Macipe, en un mundo sencillo y amable, sin ambiciones, con la música como meta y origen y un amor incondicional por todo lo que la naturaleza, y con ella el hombre desprejuiciado, es capaz de ofrecernos sin artificios ni imposiciones. Se cuece así un paseo por el reencuentro con nuestro ser más íntimo, con un poder sanador que ni los psicólogos ni chamanes ni libros de autoayuda son capaces de ejercer. Todo lo rueda este humanista irredento con buen gusto, con cariño y una talentosa mirada para hacer del baile en verbenas y charangos un espectáculo emotivo y emocionante. Macipe entra así en el corazón de Santiago del Estero, y nos invita a hacerlo también al público, disfrutando de cachareras maravillosas como La Telesita o Penas y alegrías del amor, cantos de ida que Cuti Carabajal y Pepe Lorente como Aznar entonan para dar sentido a una amistad imperecedera. Y como canto de vuelta, la voz de Enrique Bunbury nos recuerda que Héroes del Silencio encumbró con su versión de Apuesta por el rock & roll al grupo Más Birras, aunque ya fuera tarde para salvar a Mauricio Aznar y mantenerlo vivo en un mundo que ya no reconocía y al que había dejado de pertenecer.

Un efecto mágico demuestra el poder de resurrección del cine, y nos transporta entonces a un final en el que ficción y realidad se confunden con una elegancia y una emoción increíble, dejando claro que Javier Macipe es toda una revelación y alquien a quien tener muy en cuenta a partir de ahora. Su rodaje fue interrumpido por la pandemia; San Sebastián la rescató, y Sevilla la incluyó en su sección oficial fantasma de la pasada edición del Festival de Cine Europeo. Mientras tanto su carrera internacional sólo ha recalado en los festivales de Varsovia y Santa Bárbara. Esperemos que la ceguera, la sordera y la estulticia no enturbien la fructífera carrera que merece. De momento parece que la distribución no se ha portado tan mal como con otras cintas desahuciadas ya desde su titánico estreno.

miércoles, 2 de agosto de 2023

LAS CANCIONES SIN PALABRAS DE TÓTEM ENSEMBLE

XXIV Noches en los Jardines del Alcázar. Tótem Ensemble: Vladimir Dmitrenco y Luis Miguel Díaz, violines; Jerome Ireland, viola; Nonna Natvlishvili, violonchelo; Francisco Lobo, contrabajo. Programa: Canciones de Coldplay, Deep Purple, Sting, The Beatles, Joan Manuel Serrat, Pink Floyd, Queen y Abba. Martes 1 de agosto de 2023


Un año más, el icónico grupo Tótem Ensemble, integrado por cuatro maestros y una maestra de la Sinfónica, aprovecha el verano para encajar uno de sus temáticos programas en el ciclo de conciertos que Actidea organiza desde hace casi un cuarto de siglo en el Jardín del Cenador de la Alcoba de los Reales Alcázares. Y lo hace esta vez acompañándose de un nutrido repertorio de canciones del pop y el rock europeo. Recuerdo en la época en que más música comercial escuchaba, los ochenta del siglo pasado, que aparte de la eclosión de grupos y solistas españoles que tanto proliferaron en aquel momento, lo que más sonaba en la radio, los locales de moda y mi propio tocadiscos, era música británica, incluso más que la norteamericana. Y eso fue precisamente lo que abundó en esta exhibición del conjunto sevillano, con la única excepción de Abba y Serrat por aquello de incluir un tema español, en este caso escogido por ser el más reconocido por el público de cuantos se enmarcan en el pop patrio.

Mientras restaurantes y salas de espera se ambientan desde hace un buen puñado de años con covers de canciones de éxito, otra costumbre muy arraigada en los últimos tiempos es adaptar estos temas a la gramática clásica, a menudo con un índice de creatividad alto que no siempre se corresponde con aciertos. Lo que Tótem Ensemble hace con sus repertorios, ya sean clásicos, populares, de música de cine o de cualquier otra índole, se encuentra a medio camino del cover y esa creatividad aludida, aunque más cerca de lo primero. Sus meritorias adaptaciones se limitan sin embargo a sustituir voces e instrumentación original por los timbres y recursos de la cuerda clásica, abreviando en la mayoría de los casos la duración de los temas, seguramente con el fin de encajar el máximo número de ellos en el constreñido horario que impone el patronato. El resultado, como en otras muchas ocasiones, fue ampliamente aplaudido por un público que agradece estas propuestas livianas y distendidas, ideales para disfrutar del frescor que no decepcionó esta pasada noche.

Nada mejor que empezar con un grito de guerra, Viva la vida de Coldplay, el más actual de cuantos temas escogieron, y que aprovecharon para hacer relucir sus instrumentos y recursos expresivos, con abundancia de arpegios y ataques en staccato. La fuerza y la energía con la que abordaron la pieza se convirtió en recurrente a lo largo de todo el concierto, con el siempre locuaz y ocurrente Vladimir Dmitrenco protagonizando la voz principal, sólo ocasionalmente alternada con la del también violinista Luis Miguel Díaz, de sonido más suave y aterciopelado que el crispado y puntualmente áspero del músico moldavo, a quien a buen seguro debemos la planificación general del programa. Muy breves fueron dos de las únicas concesiones al más puro romanticismo, el Every Breath You Take de The Police, y el ya aludido Serrat con su siempre emotivo Mediterráneo, que el conjunto defendió como el resto, con ahínco y respeto absoluto a la estructura y estética de los originales.

The Beatles y Queen ocuparon gran parte del concierto, con tres piezas de cada uno, desde el mítico Yesterday a una muy atinada y perfeccionista recreación también abreviada de la Rapsodia Bohemia, quizás la más idiomática por su propia condición y génesis, pasando por el rabioso Come Together o el alegre Don’t Stop Me Now. Paradas también en Deep Purple y su legendario Smoke on the Water y el Money de Pink Floyd, que Dmitrenco acompañó con sorprendentes disonancias imitando la caja registradora. Nonna Natvlishvili y Paco Lobo administraron con acierto el ritmo y el cuerpo de cada tema, mientras Jerome Ireland acompañó a la viola como siempre hace, desde la pulcritud y el perfeccionismo. Un trío de éxitos de Abba (Waterloo, Mamma Mia y S.O.S.) y una abigarrada y furiosa tormenta de verano de Las cuatro estaciones de Vivaldi como propina, pusieron el broche final a una cita muy apreciada por el público asistente.

Foto: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 31 de enero de 2021

SOUND OF METAL La relativa percepción de la realidad

USA 2019 127 min.
Dirección
Darius Marder Guion Darius y Abraham Marder Fotografía Daniel Bouquet Música Nicolas Becker y Abraham Marder Intérpretes Riz Ahmed, Olivia Cooke, Paul Raci, Matthieu Amalric, Lauren Ridloff, Domenico Toledo, Chelsea Lee, Shaheem Sanchez, Chris Pefetti, Bill Thorpe, Michael Tow, William Xifaras, Rena Maliszewski, Tom Kemp Estreno en el Festival de Toronto 6 septiembre 2019; en Estados Unidos 20 noviembre 2020; en España (internet) 4 diciembre 2020

Consagración de su director, que apenas había realizado con anterioridad un documental titulado Loot, ambientado en tiempos de la Segunda Guerra Mundial e inédito en España, y su actor principal, a quien hemos visto en numerosas películas comerciales siempre en papeles secundarios o episódicos, como Venom o Rogue One. Tanto Marder como Ahmed han conocido con esta singular película, aclamada entre lo mejor estrenado el pasado año, el reconocimiento que merecen.

Cuenta la historia de un baterista roquero que pierde la audición, lo que lejos de plantear el habitual melodrama de trauma y redención se convierte en una odisea por la búsqueda de una solución, con peaje en la reconversión y la aceptación, y una meta a descubrir. Tanto Ahmed como Paul Raci, que da vida al director de un centro para sordos que se ocupa de entrenar su nueva conciencia, han recibido por la película merecidos elogios, pero es en la dirección de Marder donde se contiene el principal mérito de sus protagonistas, entregados a una narración entre naturalista y sincera, que no se postula por ninguna de las decisiones que toma el protagonista, ni las censura, y se limita a mostrar una serie de realidades que no deben entenderse como una marginación ni alejamiento de la sociedad, sino como una nueva y diferente forma de integrarse en ella.

Entre los muchos aciertos de este único y singular film se encuentra un tratamiento del sonido realmente espectacular, que nos sumerge en la problemática del joven roquero, antes adicto a las drogas y ahora al sonido, manteniendo siempre una atención meticulosa al detalle y la proporción. El resultado es un lúcido e inteligente estudio sobre nuestra percepción de la realidad, los límites de lo que entendemos por incapacidad y el verdadero significado de normalidad, un término tan de actualidad y del que tanto abusamos generalmente en vano.

jueves, 17 de septiembre de 2020

EL BA-ROCK REVIVAL DE LA ROSS Y LOS ESCARABAJOS

Ciclo START FestivaL. Los Escarabajos: Enrique Sánchez, guitarra, teclados, voces; José Luis Blanco, bajo, voces; José Carlos Seco, guitarra, teclados, voces; Santiago Ruiz, guitarra, teclado, voces; José Manuel Bueno, batería, percusión, voces. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Nazar Yasnytskyy, violín solista; Vicent Morelló, flauta solista; Dirk Vanhuyse, violonchelo solista; Juan Luis Pérez, director. Programa: Tributo a The Beatles. Miércoles 16 de septiembre de 2020

Bueno, Blanco, Sánchez, Seco y Ruiz

El segundo de los conciertos con los que el Maestranza, en colaboración con la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, está celebrando la antesala de una esperanzadora nueva programación, se anunciaba espectacular y novedoso, y desde luego popular. Tanto es así que logró concitar tal cantidad de público que prácticamente todo el aforo permitido estuvo ocupado. Sin duda una buena iniciativa para llenar espacios e intentar recuperarse del saldo negativo que la pandemia ha dejado en la pasada temporada. Decisión que debería repetirse con ideas originales e imaginativas a lo largo del curso.

Con el veterano grupo sevillano Los Escarabajos y la Sinfónica sobre el escenario, aunque sin compartirlo más que en las propinas, la dinámica se centró en los mal llamados concerti grossi que el compositor y músico eslovaco Peter Breiner articuló a principios de la década de los noventa del siglo pasado en torno a la música de The Beatles. Solo el primero de estos tres conciertos, a los que habría que añadir un cuarto y otra serie de obras fundamentales del Barroco reescritas a partir de las melodías del legendario grupo de Liverpool, puede calificarse como grosso, al contraponer un grupo de solistas, dos violines y un violonchelo en este caso, al tutti orquestal, mientras las otras dos piezas convocadas cuentan con un solista inconfundible y perfectamente reconocible, el violín en el caso del segundo y la flauta en el del tercero. La dinámica consistió en presentar los temas tal cual los conocemos, de lo que se encargó el grupo de rock revival sevillano, realizando para la ocasión una serie de transiciones con las que ofrecer las canciones en forma de suite fluida y sin pausa, y a continuación ofrecer la versión de los mismos en forma de concierto o suite barroca, tal como los ideó el autor eslovaco y los grabó para Naxos con su propia orquesta de cámara.

Éxitos imperecederos

Juan Luis Pérez
Ya sabemos que todo lo buena que es la acústica del Maestranza para la música clásica, se pierde cuando de música amplificada y especialmente roquera se trata. Eso hizo que el conjunto no sonase con la naturalidad y la frescura que exhiben cuando actúan en sus espacios naturales, salas de concierto y bares al más puro estilo The Cavern. No obstante para ellos debió ser un sueño hecho realidad actuar en el Maestranza, donde desgranaron con fuerza y entusiasmo temas icónicos como She Loves You, Fool on the Hill, Penny Lane, A Hard Day’s Night, And I Love Her, Help!, The Long and Winding Road, Eight Days a Week, We Can Work It Out, Hey Jude y Yellow Submarine, estos dos últimos con la complicidad y participación expresa de un público visiblemente entusiasmado. Los Escarabajos, especializados no solo en Beatles sino también en otras figuras desaparecidas como Elvis Presley, se presentaron en formación de cinco, como si hubieran invitado al quinto Beatle, George Martin, a encargarse de los arreglos armónicos, en este caso al teclado y el sintetizador en sustitución de la orquesta, que solo acompañó, siguiendo las partituras originales, en las propinas, un emotivo Yesterday y ese Strawberry Fields Forever con el que tanta relación guarda nuestra comunidad.

Juan Luis Pérez fue de nuevo el encargado de dirigir a la Sinfónica en estos tres conciertos recreados presuntamente al estilo de Haendel, Vivaldi y Bach, aunque solo el segundo es realmente reconocible, y gracias fundamentalmente a su inconfundible reflejo en Las cuatro estaciones, mientras el uso de la flauta en el tercero no resulta suficiente para evocar los Conciertos de Brandeburgo en su complejidad, y la majestuosidad de Haendel queda bastante desdibujada. La orquesta ofreció sin embargo unas lecturas desprejuiciadas, entusiastas y frescas, perfectamente ensambladas y articuladas, en formación reducida y con prácticamente la única y exclusiva participación de la cuerda, más el clave de Tatiana Postnikova, que en alguna ocasión nos regaló el insólito sonido del instrumento al servicio de acordes sincopados al más puro estilo swing.

Yasnytskyy y Morelló

Pero fueron los solistas, especialmente Nazar Yasnytskyy al violín y Vicent Morelló a la
flauta, quienes provocaron la admiración absoluta, gracias al vertiginoso fraseo del primero en las múltiples ornamentaciones creadas por Breiner, su sonido compacto, sin estridencias ni cambios bruscos de registro, y la esmerada modulación del segundo, que le permitió seguir las alambicadas armonizaciones con un gusto exquisito. Una ocasión para escuchar las imperecederas canciones de estos clásicos del siglo XX, lo que nos hizo preguntarnos por los derechos de autor que debieron satisfacerse, todo un laberinto legal y emocional que llevó al grupo a renunciar a ellos en favor de su editora Northern Records, para después hacerse con ellos Michael Jackson, lo que le costó su amistad con Paul McCartney, y finalmente pasar a manos de la nipona Sony, por más que el líder continúe empeñado en recuperarlos.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 22 de mayo de 2020

BOHEMIAN RHAPSODY EN LAS VOCES DE LA SOCIEDAD MUSICAL DE SEVILLA

El Coro de la Sociedad Musical de Sevilla protagonizó el último evento musical en la ciudad antes del estado de alarma y el confinamiento general de la población. Fue en el Espacio Turina y bajo la dirección del compositor y director belga Bart Vandewege interpretaron un híbrido coral basado en la difícil Pasión según San Mateo de Heinrich Schütz, combinada con piezas de Buxtehude, Kapsberger y los corales luteranos que Bach introdujo en su propia Pasión, todo según una cuidada y apasionada edición del propio Vandewege. La experiencia fue un éxito, pero solo cinco días después tanto el Espacio Turina como el resto de salas de concierto de la ciudad cerraron sus puertas sin que aún sepamos con certeza cuándo podrán reabrir y en qué condiciones lo harán. En estos dos meses y medio de confinamiento han sido muchas las iniciativas de solistas y agrupaciones de todo el mundo que han trasladado su escenario a las redes, ofreciendo frecuentemente atractivas actuaciones que han acercado formaciones impensables a la mayoría de los mortales, sin distinción de localidad ni bolsillo.

El Coro de la Sociedad Musical de Sevilla, fundado en 2003, ha tenido directores locales como Alfredo Cañamero, Israel Sánchez y el contratenor Gabriel Díaz, que lo dirige en la actualidad. Desde entonces ha contado con colaboraciones de la talla de Monica Huggett, de quien todavía recordamos la estupenda gestión de la Barroca de Sevilla en sus inicios, Gerald Talbot, Martin Schmidt o el imprescindible Raúl Mallavibarrena, abordando las obras más emblemáticas del repertorio coral, de Monteverdi o Tomás Luis de Victoria a Britten o Pärt, pasando por Haendel, Vivaldi, Bach o Bruckner. Su decisión de cantar a capella la célebre Rapsodia Bohemia de Queen cubre varias necesidades, por un lado decantarse por un repertorio popular que llegue a un máximo de público, por otro potenciar la vocación operística del tema de Freddie Mercury, y por otro desviarse de la tendencia general de interpretar temas amables, llenos de luz y esperanza, que caracteriza la mayoría de estas iniciativas destinadas a hacer más llevadero el aislamiento social e insuflarnos de positivismo frente al incierto desenlace de esta trágica situación. A ella no solo nos ha llevado la biología, sino también la propia estulticia humana, incapaz de valorar ni cuidar el medio ambiente que nos sustenta, ni de invertir tanto o más en ciencia de lo que se hace en otros campos menos trascendentes y a menudo destructivos. La letra de Mercury no es precisamente un camino de rosas, sino que hace referencia a pasados vergonzosos, demonios internos y un inevitable sentimiento de remordimiento a la vez que de resignación frente a la realidad que nos ha tocado vivir.

La gestación de un clásico

Tras varios años de éxitos ininterrumpidos, Freddie Mercury, alma mater del conjunto, estuvo bastante tiempo ideando un ambicioso tema entre su casa de Kensington y el Estudio Rockfield donde solían grabar sus discos. Tras varios esbozos, el resto de la formación confió definitivamente en la idea de Mercury, la apoyaron y se involucraron inmediatamente en el que habría de convertirse en uno de los temas icónicos del rock y la música en general, único en alcanzar sin variar de versión el número uno de las listas británicas en dos ocasiones, cuando se lanzó en 1976, que ocupó dicha posición durante nueve semanas, y en 1991, cuando se relanzó con ocasión del fallecimiento de Mercury, que lo ocupó cinco semanas. Bohemian Rhapsody se incluyó en el disco A Night at the Opera, toda una declaración de principios para un tema que pretendía reivindicar la lírica como fuente de inspiración, lo que le valió ser recibido en su momento con asombro y estupefacción. No debemos olvidar que su originalidad es solo relativa, teniendo en cuenta que a mitad de los setenta del siglo pasado el género Ópera Rock estaba muy de moda, con títulos como Tommy de The Who, The Rocky Horror Picture Show de Richard O’Brien, y Jesucristo Superstar y Evita de Andrew Lloyd Webber como principales referentes. No obstante no se puede negar que tanto la estructura como el carácter paranoico y psicodélico de la canción le hacen merecer ese calificativo de pieza icónica e irrepetible del rock sinfónico que practicaban grupos como Queen y solistas como David Bowie.

Dividido en seis secciones, Bohemian Rhapsody comienza con una introducción que aclara que la vida es real y no fantasía, y no tiene escapatoria. La balada que le sigue supone la confesión del protagonista de un crimen execrable para el que pide clemencia y expresa arrepentimiento. A veces desearía no haber nacido, confiesa con cierto complejo de Edipo a su madre, mientras un extraordinario solo de guitarra de Brian May conduce al protagonista a emprender su propio camino, un descenso al infierno resuelto con las voces muchas veces superpuestas de los cuatro integrantes de la banda, Mercury, May, Roger Taylor y John Deacon, hasta conseguir el efecto de un coro operístico que invoca personajes como Figaro, Galileo o Scaramouche en su deseo de salvar al protagonista del Satán al que ha confiado su alma tras declamar Belcebú me ha reservado un demonio, todo lo cual se ha interpretado como un anhelo de liberación sexual del ambiguo Mercury en la sección rock que precede a una coda, nada realmente importa, en la que se enfrenta con resignación y cierta sensación de libertad a un futuro incierto.

Una interpretación primorosa

Nadie confiaba en que por su larga duración fuese a convertirse en un éxito, pero su emisión radiofónica a ambos lados del Atlántico provocó que sus seguidores reclamasen su publicación en single, reconocido en el Libro Guinness de los Récords como el mejor sencillo británico de todos los tiempos. Cada uno y una en su casa, autograbándose con un móvil, una video cámara o el ordenador, hasta treinta y nueve voces del Coro de la Sociedad Musical de Sevilla, bajo coordinación de Alfonso Luis Hernández, autor también de los acertados arreglos del tema, se han reencontrando en esta atractiva cita, que ha cobrado vida con la masterización del sonido del propio Bart Vandewege, protagonista de esa última actuación del conjunto antes del confinamiento, y la edición en video, no exenta de elocuentes cambios de color y movimientos de celdas, de Juan Antonio Cabezas. El resultado se puede disfrutar en youtube. El esfuerzo y la evidente dedicación de cada uno y una de sus artífices merece que le echemos un vistazo y nos dejemos embriagar por este clásico imperecedero y tan significativo.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 2 de junio de 2019

ROCKETMAN Una celebración de grandes canciones

Reino Unido-USA 2019 121 min.
Dirección Dexter Fletcher Guión Lee Hall Fotografía George Richmond Música Elton John y Matthew Margeson Intérpretes Taron Egerton, Jamie Bell, Richard Madden, Bryce Dallas Howard, Steven Mackintosh, Gemma Jones, Tom Bennett, Kit Connor, Stephen Graham, Matthew Illesley, Charlie Rowe, Tate Donovan Estreno en el Festival de Cannes 16 mayo 2019; en Reino Unido 22 mayo 2019; en España 31 mayo 2019

La cercanía de su estreno, basarse en la vida de una estrella, un mito o una leyenda del pop, y un puñado de excelentes canciones como banda sonora, hace inevitable comparar esta película con Bohemian Rhapsody, más si tenemos en cuenta que su director, Dexter Fletcher, se encargó de la edición final de la película de los Queen. Pero hay diferencias sustanciales entre una y otra película; para empezar aquí un espléndido Taron Egerton, a quien descubrimos en Kingsmen e hizo un magnífico trabajo de caracterización en Eddie el águila, también a las órdenes de Fletcher, canta emulando el estilo de Elton John, sin que se recurra a las grabaciones originales del propio Reginald Kenneth Dwight. Pero sobretodo nos encontramos ante un musical en sentido estricto, y no ante una biografía sobre un grupo musical que canta cuando da un concierto, ensaya o graba un disco. Las canciones en este caso están insertadas en el drama, de la misma manera que podían estarlo las de Loewe y Lerner en My Fair Lady, las de Rodgers y Hammerstein en Sonrisas y lágrimas, o las de Abba en Mamma Mia. Ni siquiera se guarda un orden cronológico en el uso de ellas, sino que van apareciendo conforme son útiles al guión que ha firmado Lee Hall, responsable de Billy Elliot, Caballo de batalla y La reina Victoria y Abdul.

Un guión que no escatima a la hora de mostrar las miserias del rey del rock y el pop, sus devaneos con el alcohol y las drogas, su adicción al sexo, su inicial problema con la homosexualidad, y especialmente su carácter difícil e irascible. Claro que eso lo hace, sorprendentemente con la supervisión en la producción del mismo biografiado, que hace así gala de sinceridad y humildad, sin olvidar en ningún momento que esto es un musical, una fantasía, un espectáculo para disfrutar, emocionarse y celebrar la vida y las canciones del retratado. Y lo consigue, porque en su primera mitad todo es pura celebración colorista, coreografiada quizás con la misma mediocridad que Amanece en Edimburgo, que también dirigió Fletcher, en esa ocasión al ritmo de las canciones de The Proclaimers, pero con tan buen uso de la cámara que maquilla esa deficiencia apuntada.

Todo se traduce en un espléndido homenaje a unas irrepetibles canciones hasta que llegada su segunda mitad el espectáculo deviene en drama y la cosa se estropea, y hasta pierde interés. Pero para entonces hemos vibrado con I Want Love (auténtico leit motiv emocional de la función), Saturday Night’s Alright o un Cocodrile Rock levitado hasta hacernos estremecer. Egerton realiza un sensacional trabajo de mimetización con el histriónico personaje, arropado por un excelente elenco de actores y actrices, destacando el Billy Elliot Jamie Bell personificando a Bernie Taupin y aportando emotividad a su relación profesional y de amistad con el protagonista, así como Bryce Dallas Howard como distante y egocéntrica madre, Gemma Jones como tierna e inspiradora abuelita, y Richard Madden como atractivo y villano rompecorazones. Como epílogo no tiene precio ver a Egerton literalmente inmerso en el videoclip original de I’m Still Standing, rodado en la Croisette, justo donde ahora se ha presentado la película, en 1983.

domingo, 8 de marzo de 2015

FEMÁS 2015: HÍBRIDOS COLONIALES Y GOLIARDOS ELECTRIZANTES

32ª Edición Festival de Música Antigua de Sevilla. Marta Almajano & Ernesto Mayhuire: La canción y la música para guitarra en el primer romanticismo español e iberoamericano. Espacio Santa Clara.
Wild Chain: Rota fortunae. Teatro Alameda
Sábado 7 de marzo de 2015

Ernesto Mayhuire y Marta Almajano en el Festival de Úbeda
La del sábado fue una jornada particular; por un lado se apostó por la música romántica que se hacía en Perú en pleno siglo XIX siguiendo patrones europeos, y por otro la propuesta más radical y osada de esta edición, maridar el canto original de los Carmina Burana con el heavy metal de Cadena Perpetua, rebautizados como Wild Chain.

No se recuerda una convocatoria del Femás con menos seguidores que la de la soprano aragonesa Marta Almajano y el guitarrista peruano Ernesto Mayhuire. Apenas una veintena de personas acudieron a la cita, posiblemente por la intempestiva hora a la que fue programada. Lástima, porque se trataba de una ocasión única para degustar la interesante y a ratos hermosa música del compositor de la preciosa ciudad de Arequipa Pedro Ximénez Abril y Tirado. Canciones lindando con el belcantismo que por esa misma época se cultivaba en Europa, junto a melodiosos y muy evocadores minuetos y valses, compusieron un programa en el que Almajano exhibió una voz ligeramente avibratada, una línea de canto demasiado homogénea y poca soltura para la expresividad interpretativa, a pesar de una generosa proyección y unos poderosos agudos de esos que perforan el tímpano. Más raciales pero igualmente sosas resultaron las seguidillas de Fernando Sor, mientras Mayhuire subrayó la delicadeza de las composiciones, alcanzando niveles notables de interpretación incluso en los técnicamente complejos valses.

Wild Chain: Juan Pipió, Johnny Sobrino, Pepe Mejías, Rafael Pipió y FJ Kubero
El aspecto roquero de Fami Alqhai hacía presagiar desde hace mucho una combinación tan especial, y vistos los resultados brillante, como la experimentada entre los Carmina Burana medievales y el rock duro heavy metal. Mucho tuvo que ver el conjunto Artefactum en la operación, con José Manuel Vaquero y su inseparable zanfoña tocando a duelo con la gaita de Juan Jiménez y las guitarras eléctricas de Wild Chain, trasunto de Cadena Perpetua, uno de los grupos más carismáticos del sonido metálica de nuestra comunidad y todo el panorama nacional. Y es que mucho se celebra y añora la movida madrileña, despreciando el hecho de que mucho antes, aquí en Sevilla, hubo una movida tanto o más especial que aquélla, nacida cuando el franquismo daba sus últimos coletazos, al hilo de la modernidad que nos reportaban las bases americanas instaladas en los alrededores. Silvio, Triana o Alameda nacieron entonces, y años después lo harían, con tan ilustres precedentes, conjuntos como éste que nos ocupa.

Con Fj Kubero como cantante y maestro de ceremonias, el espectáculo, muy trabajado y calculado, logró encender a sus incondicionales y también a quienes acudimos motivados por la curiosidad (y la profesionalidad). Cañero a tope, pero bañado por el buen gusto, algunos números se adaptaron a un adecuado inglés y mudaron sus melodías, mientras otros, como el conocido In taberna quando sumus, mantuvieron su perfil enriquecido con el añadido metálico. Estupendas también las voces femeninas, la puesta en escena, la iluminación y el sonido ensordecedor. Pura adrenalina, mucha energía y aplauso unánime. En los Grammy hubieran puesto a todo el público a bailar, como hicieron los AC/DC; pero esto es Sevilla y aquí tenemos muchos complejos.