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viernes, 24 de abril de 2026

MICHAEL Un biopic aseado, aderezado con ritmo y energía

USA 2026 127 min.
Dirección
Antoine Fuqua Guion John Logan Fotografía Dion Beebe Música Lior Rosner Intérpretes Jaafar Jackson, Colman Domingo, Nia Long, KeiLyn Durrel Jones, Juliano Valdi, Miles Teller, Larenz Tate, Kendrick Sampson, Laura Harrier, Jayden Harville, Jaylen Lyndon Hunter, Judah Edwards, Nathaniel Logan McIntyre, Amaya Mendoza Estreno en España 22 abril 2026; en Estados Unidos 24 abril 2026

Quizás quienes conozcan en profundidad la biografía extra oficial de Michael Jackson, encuentren en esta película centrada en sus primeros años como artista infantil y su posterior ascenso al estrellato más absoluto tras la publicación del icónico álbum Thriller, falsedades y ocultaciones. El resto, conscientes sólo de sus barrabasadas posteriores, sus excentricidades y sus supuestos abusos sexuales a niños y niñas, no encontramos en esta primera mitad de su corta vida nada que censurar. En cuanto al abuso del que fue víctima por parte de su padre, si lo fue de carácter sexual, sí que se ha ignorado. Pero si, por el contrario, lo fue en cuanto a explotación, control y malos tratos, ha quedado perfectamente reflejado en el primoroso guion del prestigioso John Logan, que habrá hecho malabares para contentar a la familia, artífice del producto, y mostrar un personaje amante de niños y animales, filántropo, excéntrico en su justa medida, y sometido en muchos sentidos.

Logan creó la serie Penny Dreadful, algunos de cuyos episodios fueron dirigidos por J.A. Bayona y Paco Cabezas, participó en los guiones de Skyfall, Spectre y Gladiator, y fue autor absoluto de los de El aviador y La invención de Hugo, ambas de Scorsese. No cabía esperar de él un mal trabajo, y desde luego no lo es. Por su parte, Antoine Fuqua no puede considerarse un gran director, pero sí eficiente, que encontró sus mejores trabajos en Training Day y The Equalizer, y desde luego es capaz de insuflar el suficiente ritmo y energía a un producto como éste como para resultar eficiente, y desde luego lo es, sobre todo para fans e incondicionales. Quienes hemos vivido esa evolución desde sus inicios en The Jackson 5, aunque fuera a través de hermanas y padres, después The Jacksons, y en solitario desde Off the Wall, con ese puro y singular sonido Quincy Jones, también tenemos motivos para salir del cine satisfechos. No buscábamos morbo ni desmitificación, sino espectáculo, una historia sólida como la que proporciona esa difícil relación paterno filial, y buena música.

Todo eso, además de unas emocionantes recreaciones de sesiones de grabación, conciertos masivos y realizaciones de video-clips legendarios, está en esta película de la que se ha desentendido por motivos personales Janet Jackson, cuyo personaje no aparece en la película. Sí lo hacen otros fundamentales como Berry Gordy, magnate de Motown, un majestuoso Quincy Jones y Walter Yetnikoff, presidente de CBS, que sirve a Mike Myers para otra de sus divertidas intervenciones, esta vez evidenciando el racismo de la MTV, al menos en sus inicios. Por otro lado, tenemos una estupenda interpretación del propio sobrino de Michael, Jaafar, hijo de Jermaine, parecido absoluto incluido, no como la pobre Whitney Houston, a quien Naomi Ackie no se le parecía en nada en su particular biopic. No hacía falta pedirle más, y quienes disfrutamos en su día del arte del irrepetible cantante, lo hacemos también ahora recordando una época y un fenómeno, aunque no fuéramos precisamente fans ni incondicionales del rey del pop.

martes, 27 de agosto de 2024

UNA PERFECTA NOCHE DE VERANO

XXV Noches en los Jardines del Real Alcázar. Lita Wheel, Laura Serrano y Alba Carrasco, voces; Santiago Ruiz, teclado; Leo Aranda, bajo; Roque Torralva, batería y percusión. Programa: Música a través de la mujer. Lunes 26 de agosto de 2024


El verano invita a relajarse, también en lo musical. Quienes nos pasamos el año analizando y reseñando interpretaciones de música clásica y antigua, encontramos también en esta época de distensión el pretexto para acercarnos a esos otros géneros que cubrieron nuestra cultura musical. Las canciones que sonaron en casa por cortesía de padres y hermanas, que tanto hicieron por adiestrarnos en la dulce afición por la que consideramos la más reconfortante de las artes, forman parte de nuestro acervo sentimental, y de recordárnoslo se encargaron The Donelles, el excelente conjunto vocal e instrumental sevillano que con el de ayer completaron su ciclo de tres conciertos en esta edición de las Noches del Alcázar.

También porque se trata de una época de costumbres nómadas, hemos tenido que esperar a este tercer y último concierto para hacernos eco de lo mucho que valen estas y estos seis músicos, apasionadas del pop fundamentalmente estadounidense desde la década de los cuarenta hasta la psicodelia setentera, pasando por los prodigiosos sesenta. El suyo es un show en toda regla, de esos que se pueden disfrutar permanentemente en plazas tan icónicas como Las Vegas, donde se escenifican con derroche de talento y calidad recorridos similares, especialmente centrados en la historia de la ciudad del juego y el entretenimiento.

Y para adaptarse a una de las líneas argumentales de las Noches del Alcázar de este año, esos nombres de mujer que dignifican el trabajo del género femenino en el noble arte de la música, lamentablemente en la mayoría de las ocasiones desde la retaguardia, The Donelles presentaron en formato reducido, adaptado a las circunstancias de tiempo y espacio, el espectáculo con el que llevan años deleitando a audiencias de toda la nación. En él desglosan algunas de las voces más famosas de la música popular de esas cuatro décadas aludidas, siempre desde el punto de vista de la aportación femenina, a menudo a la sombra del hombre, otras veces como protagonistas absolutas de una historia que sólo han escrito ellas.


Lideradas por la carismática y divertida Litta Wheel, el trío de voces exhibió esa armonía perfectamente conjuntada, cerrada, que caracterizó a conjuntos tan icónicos de la Segunda Guerra Mundial como The Andrew Sisters, a quienes dedicaron un primer y generoso bloque, con éxitos como In the Mood a capela con el sólo acompañamiento de pies y manos de sus compañeros instrumentistas, ese Tico Tico que generalmente asociamos a la portuguesa Carmen Miranda, pero que entonaron al más puro estilo del trío uniformado, y una excitante y divertidísima combinación de Rum & Coca-Cola y Mr. Bassman, mezclando con total desparpajo y desprejuicio los cuarenta con los primeros sesenta.

La gracia y la vitalidad de Wheel combina magistralmente con la sensualidad de armas tomar de Laura Serrano y la elegancia y sofisticación de Alba Carrasco, las tres entonando en perfecto estilo, con hermosos timbres y un evidente buen gusto, para ofrecernos rutilantes versiones de los más latinos Sway y Tu vuo fa l’americano, demostrando que por encima de Dean Martin o Renato Carosone, también brillaron The Puppini Sisters.

Aunque la homenajeada con Runnin’ Wild era Ernestine Anderson, fue imposible no visualizar a Marilyn Monroe cantándola junto a su ukelele y el resto de la banda femenina en el vagón de tren de Con faldas y a lo loco. Una década de los cincuenta completada con la impagable personalidad de Brenda Lee, ya con Wheel como solista absoluta en St. Louis Blues y el melancólico I’m Sorry al que sólo se permitieron añadir unos toques sopranistas de Carrasco.


Que Big Mama Thornton se adelantó al Rey del Rock con su icónico Hound Dog, y que ya en los setenta Sweet Inspiration demostraron que eran más que un conjunto de acompañamiento del mismo Elvis, sólo fue la punta de lanza para evocar a The Beatles con el Mr. Postman original de The Marvelettes. También sonó Help, según versión de The Carpenters, de quienes se hicieron además eco a través de la malograda Karen Carpenter con su particular y dulce versión de California Dreamin’ de Mama’s and the Papa’s. Y no podía faltar un grupo de referencia para el conjunto sevillano, Martha & The Vandellas, de quienes eligieron el exquisito Jimmy Mack, todo un himno de la Motown.

Acompañando, Leon Aranda al bajo, Roque Torralva a la batería, y muy especialmente Santiago Ruiz al teclado, demostraron que sólo desde la excelencia, el trabajo bien hecho y un bagaje profesional extenso y maduro, se puede exigir del público el clamor que ellos disfrutaron. Poder hacerlo sentados, pendientes de cada gesto, cada inflexión y cada apunte de los y las artistas, es un lujo poco accesible en este tipo de manifestaciones, especialmente cuando se trata de estrellas mediáticas y consagradas. Iniciativas como las de The Donelles nos hacen sentir aún más orgullosos de la tierra en la que vivimos.

Fotos: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 23 de julio de 2024

UN DESCUBRIMIENTO DE VERANO: LA BANDA JUNGLE


No he podido resistirme a escribir algunas palabras sobre un grupo de música pop que acabo de descubrir hace unos días, a pesar de que llevan diez años en activo desde que publicaron su primer álbum, de título genérico como el propio grupo, Jungle. Cultivan un género que me ha fascinado desde que era muy joven, la música de baile, mezcla de funky, soul, rhythm & blues y disco. Jungle hace música tecno dance de carácter muy original y atractivo, con influencias claras de grupos y nombres tan significativos como Quincy Jones, Bee Gees, Chic (precisamente Nile Rodgers tiene una aparición muy especial en el videoclip Smile) o Soul II Soul. Pero Jungle entra fundamentalmente por los ojos, gracias al cuidado y el esmero que han puesto en sus video-clips, auténticas sesiones coreográficas orquestadas en una sola y espectacular toma.

Formado en origen por Tom McFarland y Josh Lloyd Watson, amigos dese la infancia, y completado a raíz del tercer álbum, Loving in Stereo, por la vocalista y multi instrumentista Lydia Kitto, Jungle ofrece video-clips de extrema calidad con los que exhiben su vocación de colectivo artístico en el que destacan profesionales de la danza de primer orden, movimientos de cámara de suprema elegancia y coreografías espectaculares y divertidas que combinan danza contemporánea con bailes de salón y de conjunto. Pero sobre todo recuperan el placer de ver con claridad y nitidez lo que hay en pantalla, dejando a un lado la moda impuesta desde tiempos de Moulin Rouge de montajes frenéticos y sobre ritmados que impiden disfrutar del trabajo coreográfico que hay detrás de cada escena. En este sentido parecen remontarse al cine musical clásico, imagen frontal con grandes grupos coreográficos siguiendo con precisión el ritmo y sazonados con movimientos de cámara estudiados al límite, sofisticados y extremadamente elegantes, que permiten la entrada y salida precisa y natural de danzantes. Todo ello junto a una puesta en escena imponente en la que destaca el vestuario, generalmente reminiscente del espíritu urbano con un toque hippy que le informa.


Todo esto está al servicio de una música sensacional, que pasa del tecno más evidente con toques rap del primer álbum, al ramillete de grandes éxitos que representa la colección presentada en su último trabajo, Volcano, que cuenta con una excelente película de cincuenta minutos que ofrece el video-clip de cada una de las catorce canciones que lo integran sin solución de continuidad, y con McFarland y Watson ejerciendo, siempre de espaldas, de maestros de ceremonias frente a una mesa de grabación de corte eminentemente vintage. Una colección de video-clips que no tiene desperdicio, con el protagonismo de Mette Linturi y Will West, la coreografía de Shay Latukolan y la fotografía de Natasha Duursma bajo la dirección de J. Lloyd y Charlie di Placido, así como la presencia de un cuerpo de baile multicultural, joven, enérgico y apasionado, muchos y muchas de las cuales también participaron en los video-clips que con carácter más selectivo promovieron sus anteriores álbumes, que se completan con For Ever y el entrañable single Good Times, tan alegre como distendido, todo un homenaje al funky soul de conjuntos como los Jackson Five.

A pesar de sus diez años de andadura y de que gozan también en España de cierta popularidad, colándose en listas de éxitos y programándose conciertos como los que en breve se celebrarán en Madrid e Ibiza, no teníamos constancia de su presencia hasta que navegando por You Tube nos topamos con sus fascinantes videos y puestas en escena, y desde entonces nos hemos enamorado de ellos y ellas. Su mayor éxito hasta la fecha es Back on 74, tema con el que se han promocionado en los Brit y en Times Square, todo disponible también en la plataforma de internet aludida. Casio, Heavy California, I've Been in Love, Dominoes o Don't Play son otras de las sorprendentes canciones que enganchan y pueden acabar convirtiéndose en una obsesión.

domingo, 26 de mayo de 2024

SEGUNDO PREMIO Captar la grandeza

España 2024 109 min.
Dirección
Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez Guion Isaki Lacuesta y Fernando Navarro Fotografía Takuro Takeuchi Música Ylia y Los Planetas Intérpretes Daniel Ibáñez, Cristalino, Stéphanie Magnin, Mafo, Eduardo Rejón, Chesco Ruiz, Jan Caplin, Julen Clarke, Sebastián Haro Estreno en el Festival de Málaga 5 marzo 2024; en salas 24 mayo 2024


De siempre a Isaki Lacuesta le ha gustado jugar con estilos y formas en sus películas, ya fueran cortos, documentales o largometrajes. Sólo así se explica la extrema abstracción de Los pasos dobles, su primera Concha de Oro en San Sebastián, frente a la narrativa más convencional de La próxima piel y el híbrido entre ficción y documental de su segunda Concha, Entre dos aguas. Su cine languideció con su última película, Un año, una noche, su particular visión del dolor tras el terrible atentado en la sala Bataclán de París. Ahora resurge, con ayuda no se sabe hasta qué punto del menos experimentado Pol Rodríguez, contándonos una historia que explora la grandeza y la miseria de la creación artística a través del proceso de gestación de un disco icónico de la música española indie de los noventa del siglo pasado, Una semana en el motor de un autobús.

Y ciñéndose a la premisa apuntada en el título del registro, intenta indagar en la psique de los dos principales artífices del grupo Los Planetas (estupendos Daniel Ibáñez y Cristalino), cuyos verdaderos integrantes todavía en activo aparecen salpicados entre los figurantes de la película. Y si no es una semana lo que vemos pasar ante nuestros ojos, sí que la representa a lo largo de un tiempo más dilatado, entre problemas de fidelidad amistosa, celos profesionales, adicciones varias y frustraciones artísticas, y mucho egocentrismo, hasta que un viaje a Nueva York canaliza sus neuras y paranoias convirtiéndose en elemento catártico entre Jota, el cantante, Florent, el conflictivo y personal guitarrista, y May, la bajista desertora que desata esa primera crisis que parece haber caído entre la leyenda del tiempo y el final que apunta esa otra leyenda que es Omega de Morente y Lagartija Nick.

En ese contexto nos será difícil conectar del todo con un grupo al que a priori muchos ni habíamos prestado atención, y sin embargo nos rendimos ante la capacidad de Lacuesta para captar la grandeza, con dos secuencias fundamentales que representan la mentira y la mágica realidad. Entre el playback despreciado en un show televisivo perfectamente orquestado, y la frescura desatada en una sala de fiestas granadina, capaz de emocionarnos hasta a quienes no profesamos esta religión. Ese segundo premio del título hace alusión al primer sencillo del disco homenajeado, pero quizás también a su eterno segundo lugar en las listas de los mejores discos de los noventa elaboradas por la revista Rockdelux. Biznaga de Oro y premios a la mejor dirección y al mejor montaje en el Festival de Málaga.

miércoles, 2 de agosto de 2023

LAS CANCIONES SIN PALABRAS DE TÓTEM ENSEMBLE

XXIV Noches en los Jardines del Alcázar. Tótem Ensemble: Vladimir Dmitrenco y Luis Miguel Díaz, violines; Jerome Ireland, viola; Nonna Natvlishvili, violonchelo; Francisco Lobo, contrabajo. Programa: Canciones de Coldplay, Deep Purple, Sting, The Beatles, Joan Manuel Serrat, Pink Floyd, Queen y Abba. Martes 1 de agosto de 2023


Un año más, el icónico grupo Tótem Ensemble, integrado por cuatro maestros y una maestra de la Sinfónica, aprovecha el verano para encajar uno de sus temáticos programas en el ciclo de conciertos que Actidea organiza desde hace casi un cuarto de siglo en el Jardín del Cenador de la Alcoba de los Reales Alcázares. Y lo hace esta vez acompañándose de un nutrido repertorio de canciones del pop y el rock europeo. Recuerdo en la época en que más música comercial escuchaba, los ochenta del siglo pasado, que aparte de la eclosión de grupos y solistas españoles que tanto proliferaron en aquel momento, lo que más sonaba en la radio, los locales de moda y mi propio tocadiscos, era música británica, incluso más que la norteamericana. Y eso fue precisamente lo que abundó en esta exhibición del conjunto sevillano, con la única excepción de Abba y Serrat por aquello de incluir un tema español, en este caso escogido por ser el más reconocido por el público de cuantos se enmarcan en el pop patrio.

Mientras restaurantes y salas de espera se ambientan desde hace un buen puñado de años con covers de canciones de éxito, otra costumbre muy arraigada en los últimos tiempos es adaptar estos temas a la gramática clásica, a menudo con un índice de creatividad alto que no siempre se corresponde con aciertos. Lo que Tótem Ensemble hace con sus repertorios, ya sean clásicos, populares, de música de cine o de cualquier otra índole, se encuentra a medio camino del cover y esa creatividad aludida, aunque más cerca de lo primero. Sus meritorias adaptaciones se limitan sin embargo a sustituir voces e instrumentación original por los timbres y recursos de la cuerda clásica, abreviando en la mayoría de los casos la duración de los temas, seguramente con el fin de encajar el máximo número de ellos en el constreñido horario que impone el patronato. El resultado, como en otras muchas ocasiones, fue ampliamente aplaudido por un público que agradece estas propuestas livianas y distendidas, ideales para disfrutar del frescor que no decepcionó esta pasada noche.

Nada mejor que empezar con un grito de guerra, Viva la vida de Coldplay, el más actual de cuantos temas escogieron, y que aprovecharon para hacer relucir sus instrumentos y recursos expresivos, con abundancia de arpegios y ataques en staccato. La fuerza y la energía con la que abordaron la pieza se convirtió en recurrente a lo largo de todo el concierto, con el siempre locuaz y ocurrente Vladimir Dmitrenco protagonizando la voz principal, sólo ocasionalmente alternada con la del también violinista Luis Miguel Díaz, de sonido más suave y aterciopelado que el crispado y puntualmente áspero del músico moldavo, a quien a buen seguro debemos la planificación general del programa. Muy breves fueron dos de las únicas concesiones al más puro romanticismo, el Every Breath You Take de The Police, y el ya aludido Serrat con su siempre emotivo Mediterráneo, que el conjunto defendió como el resto, con ahínco y respeto absoluto a la estructura y estética de los originales.

The Beatles y Queen ocuparon gran parte del concierto, con tres piezas de cada uno, desde el mítico Yesterday a una muy atinada y perfeccionista recreación también abreviada de la Rapsodia Bohemia, quizás la más idiomática por su propia condición y génesis, pasando por el rabioso Come Together o el alegre Don’t Stop Me Now. Paradas también en Deep Purple y su legendario Smoke on the Water y el Money de Pink Floyd, que Dmitrenco acompañó con sorprendentes disonancias imitando la caja registradora. Nonna Natvlishvili y Paco Lobo administraron con acierto el ritmo y el cuerpo de cada tema, mientras Jerome Ireland acompañó a la viola como siempre hace, desde la pulcritud y el perfeccionismo. Un trío de éxitos de Abba (Waterloo, Mamma Mia y S.O.S.) y una abigarrada y furiosa tormenta de verano de Las cuatro estaciones de Vivaldi como propina, pusieron el broche final a una cita muy apreciada por el público asistente.

Foto: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 18 de abril de 2023

RUFUS WAINWRIGHT, UN RENACENTISTA DEL SIGLO XXI

Cita en Maestranza. Rufus Wainwright, voz, piano y guitarra. Programa: Unfollow the Rules. Teatro de la Maestranza, lunes 17 de abril de 2023


En julio cumplirá medio siglo, toda una vida acompañado de música, desde su infancia en una familia tan poética y musical como McGarrigle Sisters and Family, a una carrera dominada por la coherencia derivada de una voz prodigiosa y una rotunda facilidad para comunicar sentimientos y compartir vivencias, que le ha convertido en el más icónico cantautor canadiense de este siglo, un testigo que recoge nada más y nada menos que del irrepetible Leonard Cohen, pero que él ha hecho propio con un sello tan personal como a estas alturas absolutamente inconfundible. Rufus Wainwright es un moderno hombre del Renacimiento, no porque practique todas las artes sino porque la que practica, la música, lo hace desde todos los estilos y géneros, atreviéndose desde el folk al musical de Broadway, los cásicos americanos, la lírica, el pop y hasta la música antigua, ya sea con sus propias composiciones o versionando a otros, como esa idolatrada Judy Garland a quien dedicó un registro en vivo en 2007 y otro en estudio hace apenas un año. A Sevilla, y todas las demás plazas que visita en esta gira, nos ha llegado antes de embarcarse en otra nueva justo cuando salga al mercado su nuevo disco, Folkocrazy, algo así como folcracía en referencia a una especie de sistema político, y no folk loco como lo han entendido según él algunos medios españoles. Arrancará el 2 de junio en Los Angeles y llegará a nuestro país, concretamente a Madrid y Ciutadella en julio, y con él repasará las raíces folk de su infancia a fuerza de dúos y colaboraciones de auténtico lujo, ahora que alcanza los cincuenta años disfrutando de una madurez tranquila y sosegada junto a su marido, Jörn Weisbrodt y la hija que ha tenido mediante la polémica inseminación artificial con la a su vez hija de Leonard Cohen.

Aquí vino con la excusa de presentar su último disco de estudio con composiciones propias, Unfollow the Rules, que aunque tiene ya casi tres años, la pandemia malogró la gira correspondiente ahora retomada. Claro que como pasa siempre, no fue este el trabajo más frecuentado en el programa, que sí contó con labores comerciales de un desvergonzado Wainwright que no dudó en recomendar una y otra vez al público que se hiciera con una copia de cualquiera de sus discos en la tienda del Maestranza, especialmente dos que según él sólo se pueden adquirir en gira, ni streaming ni tiendas especializadas. En uno de ellos, Northern Stars, glosa la música folk de su país de acogida, Canadá (nació en Nueva York), y de ahí extrajo una versión poderosa de So Long, Marianne, otra vez Cohen. Por cierto, que en las propinas aprovechó para entonar uno de los himnos más representativos de éste, el mítico Hallelujah que curiosamente surgió de una película de animación tan gamberra como Shrek. Su relación con las bandas sonoras estuvo representada en el concierto también en forma de propina, con ese Complaint de la Butte incluido en Moulin Rouge!, aunque sin rastro de Brokeback Mountain (The Maker Makes) ni esa festiva marcha que es Another Believer de Descubriendo a los Robinson.

Desnudo de artificios

Rufus Wainwright llegó al Maestranza desnudo de todo artificio, apenas unos juegos lumínicos elegantes y discretos, sin banda, sólo con el piano, que domina a veces de forma tan extraordinaria que no añoramos la colaboración de Randy Kerber al instrumento, y una guitarra que apenas rasga para mantener el ritmo y que tanto le cuesta afinar. Un buen rato le costó hacerlo para cantar el emocionante He Loved, de su segunda ópera, Hadrian; la primera, Prima Donna, refleja su particular interés por la ópera francesa y el estilo romántico melódico de Puccini. Esta segunda se estrenó en Toronto en 2018 y se pudo disfrutar en el Teatro Real de Madrid en única función en julio del año pasado. Cuenta el amor de Adriano por el joven y apolíneo Antinoo siguiendo el clásico de Marguerite Youcenar. Sabía bien que el emperador procedía de Itálica, y demostró también su insaciable inquietud por la cultura celebrando el par de días que llevaba en la ciudad disfrutando junto a unos amigos locales de su gastronomía, el flamenco y las playas cercanas. Su pasión por la lírica también se refleja en el imponente disco Take All My Loves: 9 Shakespeare Sonnets, donde destaca la soprano austriaca Anna Prohaska, pero del que este concierto no se hizo ningún eco… no tocaba.


En el de ayer hizo varias paradas en su disco Want One, del que ahora se cumplen veinte años (cuánto lamentaba el paso de los años cada vez que lo recordaba), como ese melancólico Dinner at Eight. Presentó además casi en primicia, sólo la había interpretado junto a la Sinfonietta de Amsterdam en un concierto especial del pasado año, Westside Waltz, una puesta al día del estilo de los grandes clásicos americanos, desde George Gershwin a Cole Porter, tan elegante como sentida. La amplificación, en un teatro que se disfruta mejor sin ella, llegó a resultar algo estridente al comienzo del concierto, pero pronto lo olvidamos subyugados por la voz rutilante y extraordinaria fuerza de un cantante con tesitura de tenor y un timbre brillante y metálico, de dicción clara y una extraordinaria flexibilidad para llegar a generar un auténtico drama en piezas como Early Morning Madness (ésta sí de Unfollow the Rules), precedida de una introducción de nueva cosecha, Old Song, y con unas inflexiones y modulaciones de la voz que generaron auténtica sensación.

Con su productor Mitchell Froom siempre en mente, atacó el imprescindible y emocionante Going to a Town, original del disco Release the Stars de 2007, candidato indiscutible para incluirse como única composición propia en Folkocrazy, por tratarse según Froom de un título por el que a buen seguro nunca pasarán los años. Y así pudimos disfrutar con su talento y contagioso entusiasmo en canciones como Peaceful Afternoon, de inconfundible regusto folk, el intimista Poses, uno de tantos temas con los que pudimos acercarnos a los sentimientos y las experiencias personales de alguien que vive tan intensamente y tan pegado a sus emociones, o ese Cigarrettes and Chocolate Milk de ambiente decadente y misterioso. También en Go or Go Ahead afloraron sus radicales cambios de registro y portentosas inflexiones en un Maestranza entregado y a rebosar, donde sólo nos quedó rendirle a tan ecléctico y personal artista toda la pleitesía que merece.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía