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martes, 23 de julio de 2024

UN DESCUBRIMIENTO DE VERANO: LA BANDA JUNGLE


No he podido resistirme a escribir algunas palabras sobre un grupo de música pop que acabo de descubrir hace unos días, a pesar de que llevan diez años en activo desde que publicaron su primer álbum, de título genérico como el propio grupo, Jungle. Cultivan un género que me ha fascinado desde que era muy joven, la música de baile, mezcla de funky, soul, rhythm & blues y disco. Jungle hace música tecno dance de carácter muy original y atractivo, con influencias claras de grupos y nombres tan significativos como Quincy Jones, Bee Gees, Chic (precisamente Nile Rodgers tiene una aparición muy especial en el videoclip Smile) o Soul II Soul. Pero Jungle entra fundamentalmente por los ojos, gracias al cuidado y el esmero que han puesto en sus video-clips, auténticas sesiones coreográficas orquestadas en una sola y espectacular toma.

Formado en origen por Tom McFarland y Josh Lloyd Watson, amigos dese la infancia, y completado a raíz del tercer álbum, Loving in Stereo, por la vocalista y multi instrumentista Lydia Kitto, Jungle ofrece video-clips de extrema calidad con los que exhiben su vocación de colectivo artístico en el que destacan profesionales de la danza de primer orden, movimientos de cámara de suprema elegancia y coreografías espectaculares y divertidas que combinan danza contemporánea con bailes de salón y de conjunto. Pero sobre todo recuperan el placer de ver con claridad y nitidez lo que hay en pantalla, dejando a un lado la moda impuesta desde tiempos de Moulin Rouge de montajes frenéticos y sobre ritmados que impiden disfrutar del trabajo coreográfico que hay detrás de cada escena. En este sentido parecen remontarse al cine musical clásico, imagen frontal con grandes grupos coreográficos siguiendo con precisión el ritmo y sazonados con movimientos de cámara estudiados al límite, sofisticados y extremadamente elegantes, que permiten la entrada y salida precisa y natural de danzantes. Todo ello junto a una puesta en escena imponente en la que destaca el vestuario, generalmente reminiscente del espíritu urbano con un toque hippy que le informa.


Todo esto está al servicio de una música sensacional, que pasa del tecno más evidente con toques rap del primer álbum, al ramillete de grandes éxitos que representa la colección presentada en su último trabajo, Volcano, que cuenta con una excelente película de cincuenta minutos que ofrece el video-clip de cada una de las catorce canciones que lo integran sin solución de continuidad, y con McFarland y Watson ejerciendo, siempre de espaldas, de maestros de ceremonias frente a una mesa de grabación de corte eminentemente vintage. Una colección de video-clips que no tiene desperdicio, con el protagonismo de Mette Linturi y Will West, la coreografía de Shay Latukolan y la fotografía de Natasha Duursma bajo la dirección de J. Lloyd y Charlie di Placido, así como la presencia de un cuerpo de baile multicultural, joven, enérgico y apasionado, muchos y muchas de las cuales también participaron en los video-clips que con carácter más selectivo promovieron sus anteriores álbumes, que se completan con For Ever y el entrañable single Good Times, tan alegre como distendido, todo un homenaje al funky soul de conjuntos como los Jackson Five.

A pesar de sus diez años de andadura y de que gozan también en España de cierta popularidad, colándose en listas de éxitos y programándose conciertos como los que en breve se celebrarán en Madrid e Ibiza, no teníamos constancia de su presencia hasta que navegando por You Tube nos topamos con sus fascinantes videos y puestas en escena, y desde entonces nos hemos enamorado de ellos y ellas. Su mayor éxito hasta la fecha es Back on 74, tema con el que se han promocionado en los Brit y en Times Square, todo disponible también en la plataforma de internet aludida. Casio, Heavy California, I've Been in Love, Dominoes o Don't Play son otras de las sorprendentes canciones que enganchan y pueden acabar convirtiéndose en una obsesión.

miércoles, 3 de enero de 2024

LA ORQUESTA DE CÓRDOBA GRABA MÚSICA DE JOHN BARRY

Desde que a principios de los noventa del siglo pasado, José María Benítez se uniera como uno más a la legión de gente apasionada de la música de cine que nos juntábamos en Sevilla a propósito de los Encuentros que sobre la materia se celebraban en la ciudad con carácter casi pionero, el productor y promotor no ha parado de escalar peldaños en este difícil y exclusivo mundo, sin conformarse con lo convencional y siempre buscando la excelencia. Así pasó a finales de esa década y principios del siglo XXI de publicar bandas sonoras de nuestro país, convirtiéndose en la primera fuente de recursos en la materia, a fundar el sello Quartet Records con el que lleva ya muchos años remasterizando bandas sonoras icónicas y editando versiones extendidas de algunas de ellas, siempre desde el prisma del respeto y la admiración más absoluta por el género. Incluso se ha atrevido a producir la grabación de partituras nunca antes editadas, a la manera en que sólo sellos británicos y norteamericanos se habían aventurado hasta entonces, reafirmando su vocación más internacional. Junto al compositor y director Fernando Velázquez cumplió así el sueño de muchos y muchas aficionadas de escuchar la música completa, y con el mejor sonido posible, de películas como La novia vestía de negro o Noche sin fin, ambas de Bernard Herrmann y con la Orquesta Nacional de Euskadi bajo la batuta del autor de Lo imposible, Ocho apellidos vascos y Un monstruo viene a verme.

John Barry en la época en que compuso Plan siniestro
Ahora, Benítez y Velázquez han bajado al sur para grabar varias bandas sonoras inéditas de John Barry de la mano de la Orquesta de Córdoba, que ya hizo importantes pinitos en algún que otro concierto de esos mismos Encuentros Internacionales de Música de Cine de Sevilla, y ofreció en el Gran Teatro de Córdoba bajo la dirección de su fundador Leo Brouwer algunos otros conciertos sobre la materia, además de grabar algunas partituras originales de nuestro cine con destino a las salas comerciales. El disco vio la luz a mediados del pasado mes de diciembre, coincidiendo prácticamente con el noventa aniversario del nacimiento del compositor de Memorias de África, Bailando con lobos o varios de los títulos más memorables de la serie James Bond, que falleció hace ahora exactamente trece años. Bajo el título genérico de Seance on a Wet Afternoon y Katharine Hepburn, se agolpan cinco partituras inéditas en dos discos compactos. La primera pertenece al título aludido, que aquí se bautizó como Plan siniestro. Se trata de un film de Bryan Forbes, con quien Barry volvería a colaborar en otros cuatro títulos, entre ellos Deadfall (Angustia mortal) para el que compuso un interesante concierto para guitarra. En Plan siniestro se cuenta la historia de un secuestro con el único fin de ir informando a la policía y demostrar así las habilidades de una médium impostora y traumatizada. El film le valió a Richard Attemborough un Bafta y el premio a la mejor interpretación masculina en el Festival de Cine de Sean Sebastián de 1964, además de una nominación al Oscar para su actriz protagonista, una joven Kim Stanley en su segundo papel cinematográfico. Barry aterrizó en el proyecto cuando apenas había cosechado sus primeros éxitos como compositor de cine, Zulú y Desde Rusia con amor.

En Plan siniestro redujo su participación a apenas media hora y una orquesta muy reducida con la que creó una música atmosférica con protagonismo de marimbas, flautas, xilofón, arpa, piano y celesta, logrando momentos muy opresivos e inquietantes, especialmente en la secuencia del secuestro. A todo ello se adapta la reducida formación de la Orquesta de Córdoba con absoluta precisión y una gramática igualmente inquietante, alcanzando altas cotas de tensión y terror psicológico. Hasta el momento sólo conocíamos dos temas interpretados por la orquesta de John Barry, uno rítmico con toques pop que editó en single y otro más reposado y fiel que integró en el álbum Great Movie Sounds of John Barry de 1966, además de una esmerada suite de la Filarmónica de Praga incluida en el disco Walkabout del año 2000.

Ese primer compacto se completa con los apenas cinco minutos que Barry compuso para la adaptación que Christopher Hampton realizó del drama de Henrik Ibsen Casa de muñecas, dirigida por Patrick Garland, prestigioso director teatral en la que supuso su única incursión cinematográfica, e interpretada por Claire Bloom. La música contiene una sola y dulce melodía emulando el sonido de una cajita de música, sometida a diversas variaciones, la más interesante en forma de vivaz tarantela, que hasta ahora sólo había conocido una versión más inflada en cuanto a orquestación, que Barry incluyó en uno de sus muchos recopilatorios. Se da la circunstancia que ese mismo año 1973 Joseph Losey dirigió otra adaptación del mismo drama de contenido feminista, interpretado por Jane Fonda, y que Garland fue el artífice del musical de Barry en colaboración con su libretista habitual Don Black, que más éxito tuvo en el West End londinense, Billy.

Kim Stanley y Richard Attemborough en Plan siniestro

La Hepburn en televisión

El segundo compacto está dedicado a Katherine Hepburn y sus tres únicas incursiones en la televisión, cuando ya sobrepasaba con creces la edad de sesenta años. Se trata de El zoo de cristal, una de las muchas adaptaciones que se han hecho del famoso drama de tintes autobiográficos de Tennessee Williams, también de 1973, dirigida por Anthony Harvey, con quien Barry había ganado su tercer Oscar con El león en invierno. Igualmente breve y con sólo el piano como instrumento, que en la película interpretó el propio Barry y en esta esmerada grabación lo hace Sylvia Mkrtchian. La partitura gira en torno al personaje central, Laura, tan delicado como sus figuritas de cristal, y parte de una pieza de concierto que Barry proyectó para contar sus experiencias como adolescente tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Barry grabó el tema principal arreglado para pequeña orquesta en su recopilatorio de 1974 Play It Again. Los otros dos telefilms han conocido grabaciones en forma de suites de la mano de la Filarmónica de Praga, que ha dedicado bajo la batuta de Nic Raine varias grabaciones al compositor inglés. Amor entre ruinas reunió por novena vez a George Cukor con Katharine Hepburn, y supuso la primera y única vez en que ésta actuó junto a Laurence Olivier, y la primera película de televisión que dirigió el responsable de My Fair Lady. Esta historia de amor otoñal en la era victoriana basada en una obra de James Costigan ganó seis Emmys. La música de Barry, que cuando fue llamado para escribirla estaba de vacaciones en Mallorca, gira en torno a un melancólico y exquisito vals con la voz de un clave como protagonista, cuya elegancia y romanticismo está perfectamente captada por Velázquez y la Orquesta de Córdoba.

Katharine Hepburn en Amor entre ruinas

Con una duración similar a la de Amor entre ruinas se presenta la partitura de El trigo está verde (The Corn Is Green), otro telefilm que reunió de nuevo a Costigan, Cukor, Hepburn y Barry para contarnos el esfuerzo de una profesora rural de finales del siglo XIX por enseñar a un joven de la campiña galesa, tan prometedor como para aspirar a Oxford; una historia que ya conoció adaptación cinematográfica en 1945 con Bette Davis como protagonista. Tanto en éste como en el otro trabajo para Cukor incluido en este doble disco, Barry despliega un mayor abanico orquestal, que la de Córdoba aprovecha para exhibir todo su potencial y regalarnos una refinada y exquisita grabación. Los comentarios del especialista Jon Burlingame, en muchos de los cuales nos hemos basado para escribir esta reseña, añaden interés a este valioso disco germinado en nuestra tierra.

jueves, 4 de febrero de 2021

RAFAEL RUIBÉRRIZ Y LOS QUINTETOS PARA FLAUTA DE BOCCHERINI

Ciento quince años antes de que naciera en Lucca Giacomo Puccini, la ciudad italiana ya había alumbrado a Luigi Boccherini, un orgullo que durante siglos ha compartido con España, donde el compositor vivió y trabajó casi cuarenta de sus sesenta y dos años de vida. Cuando hablamos de él siempre se nos viene a la cabeza primero su famoso minueto del Quinteto para cuerdas Op. 11 nº 5, compuesto ya en nuestro país en el año 1775 y tantas veces popularizado en el cine y en programas y series de televisión. También resuena inmediatamente su Música nocturna de las calles de Madrid, dejando a un lado sus numerosas sinfonías y conciertos para violonchelo, instrumento en el que era un virtuoso, aunque ni sus más de doscientas obras de cámara para cuerda ni su Stabat Mater pasan ni mucho menos desapercibidos. De hecho está considerado el padre del cuarteto de cuerda junto a Haydn, con quien además de Mozart comparte el honor de constituir el triunvirato del más puro clasicismo musical.

Pero en su catálogo hay una serie de obras que prácticamente nadie reseña, entre ellas sus opus 17 y 19, apenas llevados al disco y casi siempre por conjuntos marginales y poco divulgados. Es más, incluso el más reconocido opus 55 conoce más ediciones y grabaciones en su versión para oboe que en el más genuino para flauta. Solo entre los más afamados flautistas encontramos a Jean-Pierre Rampal, que en 1996 grabó para Sony cinco quintetos de dudosa procedencia, aunque su descubrimiento en el Palacio Real de Madrid pudiera indicar que realmente fueron compuestos por el compositor luqués. De cualquier manera nuestro admirado flautista local, Rafael Ruibérriz de Torres, ha excluido convenientemente de esta primera integral de los quintetos para flauta de Boccherini esos seis a él atribuidos. Con esta colección Ruibérriz ve cumplido el sueño de protagonizar un disco, algo que repetirá en breve cuando se edite La siete últimas palabras de Cristo en la cruz de Haydn, en versión de Barbieri, arropado por el conjunto La Spagna que lidera el violonchelista Alejandro Marías.

Un álbum imprescindible

Aun recuerdo cuando en un encuentro con el flautista sevillano conocí a su preciosa perra Telma, una weimaraner que protagoniza la bellísima portada de este triple disco de Brilliant Classics, junto a un elocuente sillón Carlos IV que diseñó Ventura Rodríguez, el arquitecto favorito del infante Luis Antonio de Borbón para quien trabajó Boccherini la mayor parte del tiempo que residió en nuestro país, para el Palacio de Boadilla, residencia del infante, su corte y orquesta. Una portada que llama la atención y sirve de introducción para un magnífico trabajo gestado durante años, presentado en 2018 en Cádiz, la Iglesia de la Caridad de Sevilla y las Noches de los Reales Alcázares, donde ya dimos fe del excelente trabajo desplegado por Ruibérriz y sus compañeros de generación, el Cuarteto Francisco de Goya, también con Marías al violonchelo. Con ellos mismos firma este triple CD que debería haberse presentado el pasado martes 2 de febrero en el espacio Turina, pero que ha tenido que aplazarse por las dificultades de desplazamiento de algunos de los integrantes del cuarteto debido a la pandemia.

En apenas unos meses éste es el segundo trabajo editado por la compañía holandesa, especializada en obras inéditas y grabaciones clásicas recuperadas fundamentalmente del catálogo EMI, que tiene como protagonista a un intérprete de nuestra ciudad. Nos referimos al doble CD que grabó Alejandro Casal con la integral para clave y órgano de Johann Krieger. Ahora es Ruibérriz y el Cuarteto Francisco de Goya quienes recuperan un delicioso catálogo en perfecto estilo galante concebido por Boccherini entre 1773 y 1797, con veinte años separando los opus 17 y 19, para cuya recuperación los músicos han tenido que realizar un arduo trabajo a partir del borrador prestado por el Centro de Estudios Musicales Luigi Boccherini de Lucca, del más tardío y con más arraigo en nuestra cultura opus 55, que concibió para el excelente oboísta y flautista Gaspar Barli al que conoció en Madrid. El propio Ruibérriz desgrana con erudición en el cuadernillo todos los detalles de la composición de estos tres cuadernos de música, su historia y posibles destinatarios, con los virtuosos violinista Philippo Manfredi, violista Francisco Font y flautistas Manuel Cavazza y el andaluz Manuel Espinosa a la cabeza, todos ellos miembros de la legendaria Capilla Real. Un viaje apasionante que los cinco excelentes músicos, siempre a lomos de instrumentos históricos, ilustran con una música exultante de belleza, dulzura y emoción, contando para ello con una estupenda grabación, tan nítida y matizada que resalta todo el color y el brillo de una música irrepetible, realizada en los estudios Sputnik de Sevilla y en la Iglesia San Pedro de Alcántara entre noviembre de 2017 y agosto de 2018, y que ahora ve la luz.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 2 de septiembre de 2020

LA BARROCA DE SEVILLA LANZA DOS NUEVOS DISCOS

Enrico Onofri y la Barroca de Sevilla
Hace apenas unos días conocíamos el descontento de la Orquesta Barroca de Sevilla con la decisión del Ayuntamiento y la dirección del Festival de Música Antigua de Sevilla de cancelar definitivamente la celebración de la que debía ser su edición número treinta y siete. Argumentaban en un comunicado oficial cómo dicha cancelación, tras sufrir un obligado aplazamiento a noviembre o diciembre que ya provocó cambios de agenda a su formación y eventos como el Otoño Barroco y otros relacionados con la música antigua, ha afectado a fechas y compromisos adquiridos, además de la situación de inestabilidad y desconcierto que ha supuesto para los artistas locales no afectados por las limitaciones de tránsito argumentadas para cancelar el certamen. Una decisión que efectivamente sorprende cuando a lo largo del verano plazas como Granada y su Festival de Música y Danza, el concierto de Pablo Heras-Casado y la Orquesta Joven de la Unión Europea celebrado en Málaga, cuyo Festival de Cine Español logró cumplir expediente al pasar de marzo a agosto, o Sevilla sin ir más lejos con sus Noches en el Alcázar, han cubierto sus objetivos, observando además protocolos de seguridad que a poco que se abandonan los recintos obligados se comprueba no se exigen a otros lugares de ocio como bares y restaurantes, donde a menudo la higiene y el aforo quedan al arbitrio de sus responsables.

Quizás como un intento de equilibrar esta alarmante falta de actividad, y con el fin de mantener vivo el vínculo con su incondicional público, la Barroca de Sevilla editó la pasada primavera un disco grabado precisamente con motivo de la celebración de la edición del FeMÁS de 2019, con Asier Polo como intérprete de conciertos para violonchelo de Vivaldi, Boccherini y Haydn, y ha lanzado ahora su último disco para el Proyecto Atalaya de recuperación del patrimonio musical andaluz, segundo que dedican a Pedro Rabassa, aunque en esta ocasión con piezas también de Juan Pascual Valdivia y Juan Manuel González Gaitán. Un registro que tomó forma hace ya cinco años, en noviembre de 2015, cuando Julia Doyle interpretó la mayor parte de las obras recogidas ahora en disco, en un concierto enmarcado en el Proyecto Atalaya que lidera y coordina la Universidad de Sevilla junto a otras nueve universidades andaluzas.

El canto dulce de Julia Doyle

Astro Nuevo es el segundo de los discos que la OBS y este ambicioso proyecto dedican al compositor Pedro Rabassa, catalán de nacimiento que se hizo cargo en 1724 de la plaza de maestro de capilla en la Catedral de Sevilla, después de ocupar otras como la de Valencia, permaneciendo en nuestra ciudad hasta su fallecimiento, cuarenta y tres años después. Su estilo, influido tanto por Italia como por el teatro musical hispano, se hace perceptible en la cantada Astro Nuevo, que da título al álbum y que Doyle entona con brillantez y apropiado estilo. De él la soprano inglesa interpreta también el villancico Corred, corred pastores, con una perfecta dicción en nuestro idioma y una notable dosis de encanto y expresividad. El resto de composiciones a las que pone voz pertenecen al catálogo de Juan Pascual Valdivia, maestro de capilla durante la segunda mitad del siglo XVIII en la Colegiata de Olivares, de donde se extrae el precioso Si recatada, si traslúcida, y al del cordobés Juan Manuel González Gaitán, de quien interpreta dos cantadas religiosas que dejan traslucir influencias del Clasicismo así como del Barroco tardío, con toques también autóctonos. Obras de indiscutible valor artístico y arqueológico, capaces de provocar un considerable placer y estímulo, y cuya recuperación debemos al historiador y musicólogo Juan María Suárez Martos.

El disco recoge también una pieza de Pedro Rabassa grabada en la Iglesia de San Pedro de Alcántara de la capital hispalense en octubre de 2017, coincidiendo con el concierto, también enmarcado en el Proyecto Atalaya, que protagonizó el contratenor Carlos Mena en el Auditorio de Ingenieros. Él es el encargado de dar voz a la Tercera Lamentación del Viernes Santo, Aleph. Ego vir videns, encontrada también en la Colegiata de Olivares, y que el contratenor entona con su habitual buen gusto y exquisito fraseo, siempre bajo la dirección de Enrico Onofri, uno de los directores que mejor entienden a la Barroca de Sevilla y con el que el conjunto ha dado algunos de sus mejores resultados. El excelente clavecinista Alejandro Casal interpreta una interesante sonata de Rabassa caracterizada por sus influencias italianas y ritmos de danza, con la que se completa este espléndido trabajo, como siempre acentuado por el brío y la energía de la formación y la trasparencia, brillo y equilibrio de la grabación. Astro Nuevo es el tercer CD que la orquesta publica bajo el sello belga Passacaille, tras los dedicados a Haydn y los conciertos para violonchelo de Carl Philipp Emanuel Bach.

Asier Polo, maestro del violonchelo

En cuanto al disco de Asier Polo, editado por la discográfica granadina IBS Classical, contiene los cuatro conciertos para violonchelo que el artista vasco interpretó en abril de 2019 en el marco del último Festival de Música Antigua de Sevilla hasta la fecha. La grabación tuvo lugar en este concierto y su repetición al día siguiente, así como en sesiones matinales a tal efecto, y de la conjugación de todos esos registros surge un disco impecable en sonido y técnica, que trasciende la impresión que nos dejó su ejecución en directo para convertirse fácilmente en una grabación de referencia a la hora de apreciar estas joyas del Barroco y el Clasicismo con criterios historicistas. Las piezas seleccionadas son el primer Concierto de Haydn, que junto al segundo se convirtieron en clásicos imprescindibles cuando Jacqueline du Pré los consideró entre sus favoritos en la década de los sesenta del siglo pasado. Junto a él dos conciertos de Vivaldi, el segundo para dos chelos en una gloriosa interpretación en la que Polo tiene como parteneire a nuestra admirada Mercedes Ruiz, integrante de la orquesta, en esta ocasión dirigida con especial aplomo y respeto por el concertino invitado Andrés Gabetta. El Concierto en Re mayor C479 de Boccherini completa una suculenta selección que también se beneficia de un espléndido sonido y una producción ejemplar.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 14 de abril de 2020

CELEBRANDO LA MÚSICA DEL CINE CLÁSICO

Charles Gerhardt
Justo cuando España comenzaba su confinamiento por coronavirus, Sony, que ostenta hoy los derechos del catálogo de RCA Victor, lanzaba al mercado por primera vez juntos en una sola caja doce de los títulos que integraban la legendaria serie Classic Film Scores, un proyecto dirigido y grabado por Charles Gerhardt entre los años 1972 y 1976. En esta ocasión se han sacrificado los comentarios que acompañaban las anteriores ediciones en vinilo y compact disc, así como el diseño artístico de las primeras carátulas, recuperado como parte del atractivo de la última reedición de cada título por separado a principios de la década pasada. Por otro lado se ha echado mano una vez más de la remasterización en Dolby Surround, ampliamente criticada por los puristas que encontraron en la operación cierto ahogo de la brillantez acústica con la que la colección fue bautizada en los años setenta del siglo XX. Ahora es práctica común que se recuperen bandas sonoras clásicas en su totalidad, de ello saben mucho directores como Joel McNeely, William Stromberg y Nic Raine, pero en aquella época, salvo Elmer Bernstein y su Classic Soundtrack Collection, nadie se atrevió a desempolvar estos valiosos ejemplos de música programática que Gerhardt convirtió en piezas de concierto.

Charles Gerhardt nació en 1927 en Arkansas y pronto desarrolló aptitudes para la música, estudiando piano en instituciones como la Universidad del Sur de California o la prestigiosa Jullliard School de Nueva York. Pero su prometedora carrera como concertista se truncaría con la Segunda Guerra Mundial y a principios de los cincuenta se encontraba trabajando como dependiente de la tienda The Record Hunter de la Gran Manzana, donde gracias a sus conocimientos y su sensibilidad acústica tuvo oportunidad de asesorar a sus clientes de una forma inusualmente brillante, especialmente respecto a sus ídolos, Ferdinand Leitner, Willem Mengelberg y la Concertgebouw de Amsterdam. Su particular interés por el arte de la grabación, como se constataba en el programa de Radio Clásica El mundo de la fonografía, que presentó el desaparecido José Luis Pérez de Arteaga durante décadas al son de Rebeca y Vidas borrascosas en sus sintonías de arranque y despedida, le llevó a trabajar para RCA de 1951 a 1955 como ingeniero, editor y productor, encargándose en un principio de recuperar viejas e históricas grabaciones para su conversión en LP. Después trabajó para Westminster Records hasta su desaparición a principios de los sesenta, pasando en Bell Sound a encargarse de artistas pop como Eddie Fisher. Su prestigio suscitó el interés de Reader’s Digest, germen de su valioso legado. Allí emprendió grandes proyectos como un ciclo sinfónico completo de Beethoven con René Leibowitz y la Royal Philharmonic Orchestra, un álbum de doce lp’s titulado A Festival of Light Classical Music y otro también con doce vinilos de nombre Treasury of Great Music, con directores de la talla de Charles Munch, Rudolf Kempe, Josef Krips, Antal Dorati, Fritz Reiner, John Barbirolli, con quien firmó una Segunda de Sibelius antológica, y Massimo Freccia, que dirigió una excelente Sinfonía Fantástica de Berlioz. Mientras tanto emprendió una carrera como director, como tantas veces le había sugerido Arturo Toscanini durante el tiempo que colaboraron juntos, que le llevó a grabar una formidable Sinfonía nº 2 de Howard Hanson y a formar una orquesta con la que dar salida a la gran cantidad de proyectos que se le acumulaban, la RCA Victor Symphony Orchestra, más conocida como National Philharmonic Orchestra, una orquesta exclusivamente de estudio nutrida con algunos de los mejores y más reputados maestros de las más aclamadas orquestas de Londres. También fructificó su trabajo como arreglista y orquestador. Precisamente al tiempo de morir en California de un tumor cerebral en 1999, preparaba un álbum de orquestaciones de música para piano de Ernesto Lecuona, incluyendo su poco divulgado Ante El Escorial, una descripción musical de la magnífica arquitectura del monasterio.

Unas grabaciones impecables

Gerhardt fijó su residencia en la capital británica en la década de los sesenta, y allí conoció a dos personas que influirían mucho en su vida y obra y en las grabaciones de música de cine que nos interesan. Por un lado el ingeniero de sonido Kenneth Wilkinson, que por entonces había trabajado con los mejores intérpretes de música clásica gracias a su trabajo en Decca, y por otro George Korngold, hijo del compositor vienés Erich Wolfgang Korngold, autor de la ópera La ciudad muerta y afincado en Hollywood tras huir de la Europa invadida por los nazis. Un encuentro con Max Steiner para preparar una larga suite de Lo que el viento se llevó que incluiría en un álbum de Reader’s Digest, y su gran amistad con George Korngold, están en el origen de Classic Film Scores, una serie de quince discos que arrancó en 1972 y fue récord de ventas y éxito de listas en los años setenta, a la vez que RCA Victor tumbaba otros proyectos suyos como arreglos para suites de ópera de Wagner, Strauss, Korngold o Puccini, nuevas grabaciones de Elektra y Porgy and Bess o música para piano de Ravel y Prokofiev.

Carátula original del primer título de la serie
El primer título de la serie grabada en Kingsway Hall de Londres, mítico por sus cualidades acústicas, estuvo dedicado a Korngold, destacando la sensibilidad romántica y la bravura épica de sus composiciones para El halcón del mar o Las aventuras de Robin de los Bosques, al que siguieron discos dedicados a Max Steiner, con suites muy aclamadas por la afición de películas como El sueño eterno o El manantial, Bette Davis, cuyo carismático carácter pareció inspirar a compositores de Hollywood, especialmente Max Steiner, que inventaron el sonido Davis, y Alfred Newman, con una espléndida suite de La canción de Bernadette beneficiada por unos estilizados coros a cargo de Ambrosian Singers. Después llegaría un segundo álbum dedicado a Korngold, donde el romanticismo y la delicadeza de cintas como Another Dawn o el Concierto para violonchelo de Deception (Engaño) se dan la mano con la fuerza épica de La vida privada de Elizabeth y Essex y El príncipe y el mendigo. Tras él uno de los más populares, el dedicado a Humphrey Bogart con un tratamiento sinfónico de Casablanca que ha perdurado hasta hoy en grabaciones y salas de concierto, una versión ampliada y perfeccionada de Lo que el viento se llevó, y dos de los títulos más celebrados, el dedicado a Bernard Herrmann, con especial interés por la percusión, evidente en La hechicera blanca, y participaciones estelares de Kiri Te Kanawa entonando el Aria de Salammbo que solo aparecía de forma discreta e intencionadamente mal interpretada en Ciudadano Kane, y de Joaquín Achúcarro en su primera grabación interpretando el Concierto Macabro para piano, así como el dedicado a Franz Waxman, con trepidantes y exuberantes interpretaciones de El príncipe valiente y Taras Bulba, así como una sobresaliente suite melódica de la oscarizada Un lugar en el solCon Miklós Rózsa, en el que destaca la larga suite de La casa roja y el vigoroso scherzo de Los caballeros del Rey Arturo, Errol Flynn, con majestuosas suites de El burlador de Castilla y Murieron con las botas puestas, ambas de Steiner, y Dimitri Tiomkin, cuya generosa Horizontes perdidos constituye la sesión de grabación más cara de toda la serie, se completan los títulos incluidos en esta caja publicada el pasado 13 de marzo.

Otros discos y propuestas

Portada de un disco de Gerhardt y la National
Philharmonic dedicado a Música instrumental de Wagner
La colección se completaría con dos títulos dedicados a John Williams, de los que Gerhardt grabó en 1978 una selección de La guerra de las galaxias que mejora considerablemente el sonido de su banda sonora original, y una excelente suite de Encuentros en la tercera fase que pone de relieve su estética vanguardista y atonal. Y otro ya en 1983 que recoge la música de El retorno del Jedi. Además hay que incluir un sampler editado en 1978 que combina temas extraídos de los discos anteriores con cuatro nuevas piezas que Sony podría haber tenido la gentileza de añadir a su nueva caja como bonus tracks, la Obertura de Julio César (Rózsa), el tema principal de Peyton Place (Waxman), una endiablada suite de El enigma de otro mundo (Tiomkin) y la Danza de los Siete Velos de Salomé (Daniele Amfitheatrof). Y aún podríamos citar el volumen que David Raksin grabó dirigiendo la New Philharmonia con música suya para Laura, Ambiciosa y Cautivos del mal, con producción del propio Gerhardt, y las grabaciones que tomando el testigo de RCA hizo Varèse Sarabande en los ochenta y que incluían El imperio contraataca y una recopilación que recuperaba descartes de Classic Film Scores, especialmente de Korngold y otras grabaciones realizadas para Reader’s Digest en los sesenta y primeros setenta, incluidos unos divertidos arreglos que ponen en evidencia el gusto de Garhardt por los clásicos, como un Nacida libre con aires de Sensemayá, un Creemos en el amor de estilo Respighi o El Cid a ritmo de Bolero de Ravel. Además hay que citar una grabación completa de la banda sonora de Korngold para Kings Row, la película que protagonizó Ronald Reagan en 1942 y que aquí se llamó Abismo de pasión. Todo ello sin olvidar el CD conmemorativo de seis sellos dedicados a compositores de Hollywood que lanzó la Compañía Estatal de Correos Norteamericana y que incluía una versión ampliada de El manantial.

Gerhardt propuso a RCA continuar la serie con títulos dedicados a Grandes Actrices de Hollywood, Westerns de Max Steiner, Clásicos del Cine de Terror y de la Ciencia Ficción, y antologías de Victor Young, Elmer Bernstein y William Walton, pero a pesar del éxito la discográfica se negó a grabarlos. Para su primera edición digital la intención de Gerhardt era completar cada disco con descartes y títulos desperdigados en otros volúmenes de la serie, como así ocurrió con Sunset Boulevard: Classic Film Scores of Franz Waxman y The Sea Hawk: Classic Film Scores of Erich Wolfgang Korngold, pero RCA declinó continuar por esa línea y optó por editar la serie completa con sus programas originales, como también hizo en la última edición hace una década, supuestamente libre del dolby y tratada directamente desde sus originales analógicos, y lo hace ahora con estos doce imprescindibles de la música de cine y de la música clásica juntos por primera vez y a un precio más que competitivo.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía