domingo, 29 de septiembre de 2019

SEÑAS DE IDENTIDAD DEL FESTIVAL DE LA GUITARRA DE SEVILLA

Concierto de inauguración del X Festival de la Guitarra de Sevilla. Orquesta Sinfónica de Triana. Manuel Alejandro González, director. Juan Manuel Cañizares, guitarra. Joana Jiménez, cante. Cuarteto de Guitarras de Andalucía: Francisco Bernier, Antonio Duro, David Martínez y Javier Riba. Programa: Concierto Andaluz y Concierto de Aranjuez, de Rodrigo; El amor brujo, de Falla. Auditorio Cartuja Center, sábado 28 de septiembre de 2019

Manuel Alejandro González
No cabe duda de que Francisco Bernier, el estupendo guitarrista de Burguillos, tiene iniciativa y arrojo, inquietudes le sobran y ganas de superar retos también. Su sello discográfico Contrastes Records sirve de plataforma de apoyo al festival, que se nutre principalmente de sus artistas, con él mismo a la cabeza. Nada que reprocharle, después de mucho reflexionar sobre la materia; éste es su proyecto personal, en él ha depositado todo su empeño, confianza y esfuerzo. Nos parece legítimo por lo tanto que sirva este certamen, en el que no solo se suceden interesantes conciertos sino también conferencias, cursos y hasta un par de concursos que atesoran cada vez más prestigio, para promocionar su sello y sus artistas, además de ofrecer al público una razón más para asistir a los centros culturales y dejarse de tanto comercio.

Juan Manuel Cañizares
Precisamente esos concursos apuntados revelan las señas de identidad de este festival, que aúna las dos vertientes más sobresalientes de la guitarra española, el flamenco y la música clásica. Una combinación que sirvió de forma muy inteligente para abrir esta décima edición, con piezas archiconocidas de Joaquín Rodrigo y Manuel de Falla ofrecidas en un formato algo distinto, que beben precisamente de esas dos corrientes y sirven para desplegar talento en ambos sentidos. Pudimos comprobarlo en un Concierto de Aranjuez que Juan Manuel Cañizares usó como vehículo para desplegar su particular quejío flamenco, aportando así algo de frescura y color a una obra tantas veces programada. Eso fue especialmente perceptible en un adagio de singular belleza y unas cadenzas espectaculares. Lástima que no se viera arropado por un conjunto sinfónico a la altura, aunque el solo de corno inglés fuera sobresaliente. La Sinfónica de Triana es una formación joven y pequeña, acostumbrada a programas populares y ligeros. Aplaudimos su presencia porque supone más inversión e ilusión en proyectos culturales, siempre bienvenidos, y brinda la oportunidad a los jóvenes intérpretes para practicar en público. Pero es obvio que ni ellos ni otros talentos que hoy cada vez más surgen de los conservatorios pueden vivir de la música ante la poca atención que se presta a la cultura frente al consumismo de los grandes centros comerciales. Al menos ellos más que nadie ponen la primera piedra para que esto vaya poco a poco cambiando.

Joana Jiménez
Cañizares tocó amplificado, y también lo hicieron el resto de los convocados, pero a menor escala que el insigne guitarrista, solo tenuemente para asegurarse que el sonido llegara a todos los rincones de un auditorio que a pesar de contar con tantos alardes técnicos, no está preparado para la música seria en directo, sin amplificaciones ni artificios. De este modo, el Cuarteto de Guitarras de Andalucía alcanzó menos relieve y protagonismo en el Concierto Andaluz que Celedonio Romero encargó a Rodrigo en 1967 y estrenó junto a sus hijos en Texas. Mucho menos frecuentado que el de Aranjuez, la pieza aúna de forma ligera e intrascendente influencias barrocas y carácter andaluz, que los cuatro solistas desplegaron con destreza pero sin demasiada gracia, mientras el sevillano Manuel Alejandro González se empleó a fondo para lograr al menos que el reducido conjunto sinfónico, especialmente escaso en la cuerda, sonara disciplinado, aunque eso no evitara puntuales caídas de tensión.

En la segunda parte se ofreció la versión original de 1915 de El amor brujo, pocas veces programada frente a la posterior que Falla estrenó en forma de suite recortada y reorquestada. Joana Jiménez, flamante ganadora de Se llama copla de 2008, se lució ampliamente no solo en el cante sino también en el baile, especialmente una Danza del fuego que aquí aparece casi al principio y bajo el título de Danza del fin del día, y que la orquesta atacó con evidente falta de empuje y vitalidad. La cantaora se sobrepasó en histrionismo en los pasajes recitados que abundan en esta primitiva versión, pero alcanzó cotas altas de expresividad en las canciones, espléndida en la popular Canción del fuego fatuo, y se mantuvo elegante y sofisticada en las danzas, algunas de ellas temerariamente sobre calzados de altas plataformas. Aunque también aquí la orquesta sonó disciplinada pero alicaída, se aplaude el esfuerzo y la proliferación de activos culturales, que falta nos hace frente a tanta vulgaridad reinante.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

No hay comentarios:

Publicar un comentario