sábado, 17 de octubre de 2020

LAS CARICIAS DE MOTTOLA VS. LA PASIÓN DE ARANGO

XI Festival de la Guitarra de Sevilla. Domenico Mottola “Sueño”: obras de Aguado, Tárrega, Llobet y Walton; Alí Arango ”Tárrega and Mangoré Meet Chopin in Havana”: obras de Chopin, Mangoré y Tárrega. Espacio Turina, lunes 12 de octubre de 2020

Alí Arango
Pocos son los eventos culturales que se han atrevido a cumplir su cometido de forma presencial desde que comenzó la desescalada, y muchos los que ante la gravedad de la situación que estamos volviendo a vivir han decidido suspender o modificar su modus operandi. Entre los que han sobrevivido este fin de semana en Sevilla podemos felicitarnos de tener dos, el que dirige el maestro de Burguillos Francisco Bernier en torno a la guitarra y otros instrumentos de cuerda pulsada, y el que organiza Sevilla Swing!, en ambos casos en formato reducido y dejando algunos detalles por el camino, en el caso del Festival de la Guitarra sus prestigiosos concursos de guitarra clásica y flamenca. Y sin embargo qué bien están organizando los diferentes espacios sus medidas de protección y seguridad, qué tranquilos nos sentimos en sus butacas frente al desorden que tan solo a unos metros atisbamos en la calle y los espacios cerrados dedicados a la quejosa hostelería, donde ni hay distancias de seguridad ni nadie impone el uso de mascarillas aunque todavía no se haya empezado a beber ni a digerir. Son las paradojas de la vida, que hunden injustamente a unos sectores mientras brindan generosas oportunidades a otros aun a costa de nuestra salud. 

Bernier, con su sello Contrastes Records, mantiene su línea de convocar a sus artistas para que presenten sus trabajos con la discográfica sevillana. Algo muy legítimo y perfectamente compatible con la intención de un certamen de estas características, además de conveniente si queremos que la compañía disfrute del éxito que merece. En esta ocasión fueron dos grandes intérpretes los convocados en un doble programa que tendría que haber estado separado por el consabido descanso, una vez más sacrificado como medida de seguridad para evitar aglomeraciones indeseables. Algún susto inesperado e inexplicable nos dio el dichoso teléfono móvil, debiendo entonar el mea culpa quien tantas veces critica la misma situación, justo al arrancar la intervención del italiano, con una Introducción y rondó nº 2 de Dionisio Aguado en el que consiguientemente tardamos en entrar, pero que conforme abandonábamos la sensación de ridículo y vergüenza nos fue sumergiendo en la estética que predominaría en el arte del guitarrista, un sentido íntimo arrebatador y una línea de canto limpia y precisa, de una perfección técnica envidiable. 

Domenico Mottola
Así se presentó también el Capricho Árabe del imprescindible Francisco Tárrega, de alguna manera protagonista y nexo entre ambos artistas, que tocó con delectación y gusto exquisito, como también hizo con las Variaciones sobre un tema de Sor de Llobet, de inconfundible sabor a folías y que sirvió para desplegar virtuosismo y elegancia a partes iguales, siempre desde una pulsación impoluta en la que a veces parecía que los dedos no llegasen a tocar las cuerdas y simplemente ejercieran una fuerza eléctrica sobre las mismas que les hiciesen responder a voluntad. Las cinco bagatelas de William Walton que le siguieron estuvieron impregnadas de ese cariz experimental a la vez que anclado en la antigüedad que tan bien maneja el autor de las bandas sonoras shakesperianas de Laurence Olivier, y permitieron a Mottola jugar con las cuerdas y experimentar con sus posibilidades siempre desde un ángulo de precisión absoluta. 

Más apasionado y desprejuiciado resultó la forma de enfrentarse el joven cubano Alí Arango, que para la ocasión nos invitó a sumergirnos en una experiencia audiovisual en la que fuésemos capaces de imaginar a Chopin dialogando con Tárrega y el paraguayo Agustín Pío Barrios, más conocido como Mangoré, demostrando así la influencia del compositor polaco en estos dos insignes maestros de la guitarra. Con un dominio absoluto del instrumento, un toque fluido y apasionado y el detalle de introducir cada pieza ante la ausencia de programa de mano, Arango consiguió su propósito combinando nocturnos y valses archiconocidos de Chopin con sus admiradores latinos, dando lugar a una exhibición continua de color y calidez que tuvo sus puntos álgidos en la Mazurka Marieta de Tárrega y El último trémolo de Mangoré, prodigio de virtuosismo y versatilidad. En el resto, desplegó gracia y ritmo en los valses de este último, tan inspirados en el genio del piano como flexibles y delicados para que el joven guitarrista desplegara su talento para conectar con un público embelesado y presto a disfrutar con una última pieza, una guajira de amplio vuelo lírico y rico virtuosismo técnico que Arango superó con notable acierto. Después de esta satisfactoria intervención y las que se pudieron disfrutar la semana pasada, con José Luis Pastor repasando la historia de la cuerda pulsada con una decena de instrumentos históricos en la mesa de operaciones, hoy le toca el turno al propio Bernier, su inseparable colega Antonio Duro y el Cuarteto de Cuerdas de Andalucía.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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