jueves, 23 de junio de 2022

FERNÁNDEZ-NIETO, DESDE EL SENTIMIENTO Y EL CORAZÓN

XXXII Festival de Primavera Real Maestranza de Caballería de Sevilla. Juventudes Musicales de Sevilla. Juan Carlos Fernández-Nieto, piano. Programa: Suite Española Op. 47, de Albéniz; Sonata nº 2 en Si bemol menor Op. 36, de Rachmaninov; Islamey, de Balakirev. Teatro Cajasol, miércoles 22 de junio de 2022


Ha pasado casi una década desde que tuvimos ocasión de escuchar a este pianista nacido en Salamanca y nacionalizado también estadounidense, donde ha forjado una carrera internacional de cierto prestigio y objeto de consideración. Fue en la sala Manuel García del
Teatro de la Maestranza y no parece que nos dejara entonces una huella demasiado indeleble. Está claro que desde entonces ha hecho muy bien los deberes para alcanzar el nivel observado y disfrutado en esta nueva comparecencia hispalense, algo que corrobora uno de sus últimos premios, el del Público en el concurso Paloma O’Shea que se celebró en Santander en 2018. Juan Carlos Fernández-Nieto fue el encargado de clausurar la edición número treinta y dos del Festival de Primavera de Juventudes Musicales, celebrada después de los inconvenientes de la pandemia en años anteriores, y con el Teatro Cajasol como escenario en lugar del habitual Salón de Carteles de la Real Maestranza de Caballería. Una clausura que tuvo además un sabor especial, por cuanto el presidente Arnold Collado aprovechó para hacer una semblanza de una temporada en la que se han ampliado horizontes y estrechado lazos con las principales instituciones y salas de la ciudad, y se hizo entrega de distinciones de honor a los socios más veteranos del momento, Antonio Sánchez Troncoso, Rosario Solís Moreno y Ramón Ruiz Peña, quien en su discurso de agradecimiento hizo un apasionante y emotivo recorrido por la historia de la institución y de paso de la gran música en nuestra querida Sevilla.

Un momento del acto de entrega de las distinciones de honor

El concierto de Fernández-Nieto arrancó con la Suite Española de Albéniz, de menor enjundia e influencia que la magistral Suite Iberia, pero igualmente susceptible de las lecturas más delicadas y emocionales frente a las más exaltadas y apasionadas. El pianista optó por una versión sustentada en el más suculento lirismo, refinada y estilizada, y tan paladeada que se podía advertir cada inflexión y cambio de registro, cada nota con cristalina trasparencia. Hubo puntuales desencuentros técnicos en un viaje que afrontó sin partitura, como el resto del programa. Se colaron algunas disonancias y notas estridentes o fuera de lugar, pero poca cosa comparada con el espíritu y el color con los que abordó la página, que tradujo desde el sentimiento y la comprensión, con escalas en una reposada y sensual Granada, una elegante y perfectamente ritmada Sevilla, una suave melancolía en Cádiz, una muy sincopada y decidida Asturias o una evocadora y también sensual Cuba en forma de delicada habanera.

La más popular de las grandes obras para piano solo de Rachmaninov, la Sonata nº 2, sirvió para estimular la técnica más depurada y la expresividad apasionada y frondosa del joven pianista. Adoptó para ello la versión de Vladimir Horowitz, que combina con autorización del autor la original de 1913 y la revisada en 1931, más densa pero más concentrada. En sus manos la extraordinaria pieza respiró impulso dramático, un conmovedor lirismo y un extremado virtuosismo que le permitió resolver sus intrincadas relaciones estructurales y compleja polifonía con una excelencia indiscutible. Fernández-Nieto logró una interpretación llena de tensión dramática, con un cuidado fraseo y un sentido elegante de la melodía y la armonía, lo que derivó en una versión emocionante e imaginativa de la página, vigorosa y trágica en el allegro inicial, misteriosa en el non allegro central, y agitada y majestuosa en el movimiento final, manteniendo en todo momento el equilibrio y la proporción. La muy difícil técnicamente, y no exenta de interés expresivo y emocional, Islamey de Mili Balakirev, una fantasía oriental fecunda en arpegios y escalas, sonó en manos de Fernández-Nieto impecable, agitada y arrebatada, superando sus frenéticas frases y cambios de registro con maestría, no en vano se trata del primer pianista español que la ha grabado en disco. Con este concierto descubrimos finalmente a un gran pianista, que toca desde el corazón, engancha al oyente de principio a fin y se implica emocionalmente en cada pieza que afronta.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

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