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sábado, 28 de marzo de 2026

EL JAZZ PURO SE CUELA EN LA ROSS DE LA MANO DE WAYNE MARSHALL

Sinfónico 9: Rapsodia americana. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Wayne Marshall, piano. Lucas Macías, dirección. Programa: Ceci n’est pas une valse, de Raquel García-Tomás; The Unanswered Question S.50, de Ives; Suite for Variety Stage Orchestra nº 1, de Shostakóvich; Obertura de Candide, de Bernstein; Rhapsody in Blue, de Gershwin. Teatro de la Maestranza, viernes 27 de marzo de 2026


Más de un mes ha tenido que pasar para reencontrarnos con la programación de abono de la Sinfónica, y ha sido de la mano de uno de los programas más atractivos y distendidos de la temporada, dedicado fundamentalmente a la música importada de Estados Unidos, ya sea para deconstruir un vals de aires misteriosos al más puro estilo cinematográfico, recrear desde la Unión Soviética sonidos vodevilescos con aires de show business, o rendir pleitesía a tres grandes nombres de la música estadounidense. La joven Raquel García-Tomás y el legendario Shostakóvich dialogaron así con Ives, Bernstein y Gershwin, mientras Wayne Marshall fue la estrella indiscutible al final de la función.

De un misterio existencial

La obra de la catalana Raquel García Tomás, galardonada en 2020 con el Premio Nacional de Música en la modalidad de composición, parte del impresionismo francés, perceptible incluso en el título, Ceci n’est pas une valse (Esto no es un vals), para continuar siguiendo cánones de la música cinematográfica que tanto ha influido en las nuevas generaciones de compositores y compositoras. Arranca de forma estrepitosa para después ir paulatinamente enganchando al oyente con su acumulación de capas instrumentales y esos elegantes destellos de vals que se van colando en un intenso universo, al que la ROSS respondió con todo el ahínco y la pasión que fue capaz de contagiarle un entusiasta Lucas Macías a la dirección.

Siguiendo una estética parecida, volvimos a enfrentarnos a esa pregunta sin respuesta que plantea la obra más recurrente de Charles Ives, por tercera vez en una década, tras interpretarla la Sinfónica Conjunta y la ROSS en ocasiones igualmente memorables. La novedad residió en colocar esta vez la trompeta solista y las maderas en las zonas más altas del teatro, enfrentadas, provocando así un aire cósmico y envolvente que traduce muy bien esa desazón por la propia existencia que plantea la breve pero intensa página, y que tanta relación guarda con algunas de las piezas sinfónicas más celebradas de un autor al que apenas prestamos atención más que para programar ésta.


A la celebración lúdica

Ha sido un verdadero placer escuchar en los atriles de la ROSS la que siempre conoceremos como Jazz Suite nº 2 de Shostakovich, también conocida como Suite para orquesta de baile, y rebautizada como Suite para orquesta de variedades. Al margen del celebérrimo Vals nº 2 que tan popular se hizo de la mano de Kubrick en su última película, Eyes Wide Shut, y rápidamente se convirtió en un imprescindible en bodas, la suite, integrada por piezas concebidas por su autor para diversos cometidos de carácter lúdico, respira aires de distinta índole.

Macías la dirigió con todos los posibles efectivos a su alcance, restándole así parte de ese aspecto circense y vodevilesco para concederle un aspecto más majestuoso, brillante y decididamente espectacular. Esto no fue óbice para que el conjunto sonara eficiente, impecable desde un punto de vista estrictamente técnico, con solos excelentes de saxofón y una cuadrilla del instrumento en perfecto estilo swing, y aportaciones igualmente notables del acordeón, uno de los instrumentos añadidos a tan generosa plantilla. Un trabajo muy colorido, que quizás restó algo de ironía al conjunto, a favor de una espectacularidad enorme y una fuerza decibélica impresionante.

Ya en la segunda parte, no fue quizás la obertura de la ópera u opereta, según cada uno y una la considere, Candide de Leonard Bernstein, la pieza más redonda a nivel de interpretación. De nuevo muy recargada de efectivos, rígida en las transiciones y atropellada en algunos pasajes, Macías tendría que haber trabajado más las aristas sofisticadas y elegantes de la pieza para que no acabara pareciendo una recreación simplemente obligada y circunstancial.


Toda una leyenda del piano, un clásico del jazz moderno, el británico Wayne Marshall no vino para interpretar la Rapsodia en Blue programada para este noveno concierto de abono, sino que se trajo su propia Rapsodia en Blue, de forma que fue él, tanto o más que Macías, quien sentó las directrices a las habría de someterse la interpretación de la famosa pieza. La suya fue todavía más jazzística que la que hace años nos ofreció Michel Camilo, arrancando de forma tan acelerada que a algunos de los músicos pareció costarle seguirle el ritmo. Creímos por un instante que despacharía la pieza en un santiamén, hasta que justo antes del hermoso blues central, se embarcó en unas variaciones a modo de improvisadas candencias de su propia cosecha que alargaron considerablemente la pieza.

Volvió a hacerlo, para deleite de muchos y muchas aficionadas, y posiblemente irritación de otros, tras el blues y casi al final a modo de coda, exhibiendo todo su potencial al piano, su fabulosa creatividad y un dominio del lenguaje puramente jazzístico a mayor satisfacción de los más exigentes eruditos en la materia. John Axelrod ya extrajo todo el potencial jazzístico de una convenientemente versátil ROSS en aquel ya lejano Harlem de Duke Ellington, lo que de nuevo quedó demostrado en esta versión algo abigarrada pero en perfecto estilo de la archiconocida pieza de un Gershwin que atesora otras piezas de concierto dignas de programarse, aunque su grueso sean musicales y canciones sueltas. Lady Be Good, del musical homónimo, sirvió como propina para que Marshall la sometiera a coloristas figuraciones de una apabullante creatividad.

Fotos: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 18 de noviembre de 2023

GARCÍA IMPRIME PERSONALIDAD A UNA RADIANTE CONJUNTA

1er concierto de la XIII temporada de la Orquesta Sinfónica Conjunta de la Universidad de Sevilla y el Conservatorio Superior de Música Manuel Castillo. Hugo Domínguez Moreno, piano. Juan García Rodríguez, dirección. Programa: Atmosphères, de Ligeti; Concierto en Fa para Piano y Orquesta, de Gershwin; Sinfonía nº 101 Hob. I/101 “El Reloj”, de Haydn. Auditorio ETS de Ingeniería, viernes 17 de noviembre de 2023


Vaya por delante que cada temporada, cuando hablamos de la Orquesta Sinfónica Conjunta, estamos hablando de una formación distinta, integrada por jóvenes de nuevas promociones, lo que hace mucho más inquietante e insólito que encontremos una línea interpretativa, un estilo y una personalidad tan pronunciada año tras año. Eso se debe sin duda a la capacidad de su director, Juan García Rodríguez, para imprimirle carácter e identidad. Ayer arrancó la décimo tercera temporada de esta orquesta que nos enamora, y lo hizo de forma muy significativa, celebrando el centenario de György Ligeti, como ya hiciera el propio García al frente de su conjunto Zahir Ensemble hace un mes en el Espacio Turina, interpretando su Concierto para violín, una cita que lamentablemente no pudimos atender por cuestiones coyunturales. Ayer, la emoción no hizo más que empezar, con
una temporada protagonizada fundamentalmente por compositores del siglo XX y el actual, llenando ese espacio sinfónico contemporáneo que la melomanía urbana reclama y merece.

Al margen de su popularidad, generada a raíz de su incorporación a la banda sonora de 2001 de Kubrick, Atmósferas es una de las más icónicas composiciones del compositor húngaro, un punto de ruptura e inflexión en la música, que sirvió de inspiración hasta la saciedad a multitud de compositores, incluido el tan amado y afamado John Williams, cuyas resonancias se pueden percibir en partituras como las de Encuentros en la tercera fase o incluso algunos pasajes de la saga de Indiana Jones. Para la ocasión, García contó con una amplísima formación con la que levantó esta micropolifonía de planos sonoros y timbres estáticos absolutamente fascinantes, donde los músicos tienen que estar muy atentos y atentas a la extensión, el espesor y los colores de la partitura, manteniendo en todo momento una precisión extraordinaria. Digamos que la respuesta de estos jóvenes fue bastante satisfactoria dentro de la complejidad, acaso algo esquemática en algunos de sus pasajes e inflexiones, pero es indiscutible que lograron una trasparencia y una claridad magistrales, logrando que se hiciera perceptible cada plano sonoro y cada juego de timbres e intensidades, desde la cuerda sostenida al tintineo de las entrañas del piano, logrando en términos generales una exhibición muy satisfactoria.

Único en su género



El de Gershwin es un Concierto para piano único en su género, como lo es también su ópera Porgy and Bess, que tantos consideran más bien un suntuoso musical y que es la única pieza lírica del repertorio que tiene que ser interpretada sólo por voces negras. Acostumbrado a Broadway y más tarde a Hollywood, la de Gershwin es una literatura influida por la pasión y el glamour del teatro americano, De hecho, en su concierto se puede percibir la elegancia de las variedades de Florenz Ziegfeld, y el buen intérprete se tiene que hacer eco de esa particularidad. Otra Conjunta, la de hace ya un buen puñado de años, logró una sensacional recreación de Un americano en París, extrayendo todo el swing y la alegría que atesora la partitura. Ésta también consiguió recrear el espíritu genuinamente gershwiniano y por extensión de ese teatro americano de referencia, en texturas y en estilo, gracias como siempre al excelente trabajo de García, capaz de tomarse con la misma seriedad y dedicación una partitura como ésta que otras más arriesgadas y comprometidas con las que seguramente sintoniza más su sensibilidad. Su visión del Concierto de Gershwin tuvo elegancia y grandeza, tanto en un arrasador allegro inicial que provocó el aplauso encendido del público, como en el sofisticado blues en que se resuelve el adagio central, donde el trompetista solista tuvo que emplearse a fondo, evidenciando las dificultades del instrumento y alguna debilidad en el legato, así como el vertiginoso allegro agitato final. El pianista Hugo Domínguez Moreno, ganador de diversos premios y todavía en fase de estudios, se tomó la empresa muy en serio y sin partitura, logrando una más que competente, respetuosa y sincera exhibición en el que no faltaron los guiños al jazz, siempre desde el respeto y la precisión absoluta con respecto a la gramática de la partitura. García le siguió con atención, aunque no pudo evitar, en parte por la magnitud de la orquesta (con hasta ocho contrabajos) tapar ocasionalmente el trabajo del joven solista.

La fiesta terminó con puro clasicismo, evidenciando la capacidad de estos poco experimentados intérpretes para adaptarse a cualquier estilo con mucho acierto. Aquí García eliminó vibrato y concentró las líneas melódicas para conseguir una revisión de la famosa Sinfonía nº 101 de Haydn absolutamente en estilo, ya con menos efectivos y un espíritu completamente jovial y desinhibido. Tras un adagio considerablemente oscuro y sinuoso, todo el color de la orquesta asomó de forma tan enérgica como dinámica. En el andante que da nombre a la sinfonía por el compás a ritmo de reloj que le imprimen fundamentalmente los fagotes, la orquesta logró que sus contrastes dramáticos asomaran convenientemente. La flauta, que a lo largo del concierto dio muchas muestras de virtuosismo y complicidad, logró en el minueto dar al conjunto un aire rústico muy adecuado, mientras el vivace final resultó vivaz y desenfadado, lográndose una interpretación de esta popular pieza efervescente y hasta cierto punto exaltada.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

martes, 6 de abril de 2021

LA MEJOR JUVENTUD

Concierto de la Orquesta Joven de Andalucía. Claudio Constantini, bandoneón y piano. Sarah Ioannides, dirección. Programa: Concierto homenaje a Astor Piazzolla, de Constantini; Oblivion, de Piazzolla; Rhapsody in Blue, de Gershwin; Sinfonía nº 9 Op. 95 en mi menor “del Nuevo Mundo”, de Dvorák. Teatro Central, lunes 5 de abril de 2021


Cuando creíamos que el cierre del Maestranza nos privaría un año más del feliz encuentro con los y las jóvenes intérpretes de nuestra tierra, la Junta vino al rescate tras el despropósito que ella misma propició y reubicó la cita en el Teatro Central. La acústica no es la misma, es un teatro muy dotado y vanguardista para muchas disciplinas, pero en acústica sinfónica el del Paseo Colón no tiene rival; no obstante el resultado fue una vez más milagroso y sorprendente. La capacidad de nuestros jóvenes para emocionarnos y hacernos más felices no tiene parangón, y otra vez lo demostraron en un concierto bendecido además por
un programa precioso y generoso como hacía mucho tiempo que no disfrutábamos.

Descubrí Oblivion, una hermosísima página cargada de nostalgia y sensibilidad, en los títulos de crédito finales de La mejor juventud, una mini serie italiana que aquí se estrenó en cines y narraba con altas dosis de emotividad la historia reciente de Italia a través de dos hermanos con caminos muy dispares. Desde entonces, sea por el recuerdo de esa pequeña obra maestra o por la belleza de la pieza de Piazzolla en sí, siempre me emociono cuando la escucho, más si se interpreta con la elegancia y la sensibilidad con la que lo hizo Constantini, magníficamente arropado por la sensual cuerda de la joven orquesta. Sirvió para homenajear al gran compositor argentino cuando hubiera cumplido cien años, a lo que el pianista, bandoneonista y compositor peruano añadió un concierto de su propia cosecha tan atractivo como brillante y estimulante. Siguiendo la estructura clásica de tres movimientos, uno lento entre los dos extremos, la pieza fue defendida con un alto nivel de compromiso por los atribulados integrantes del conjunto orquestal, con especial mención a maderas y cuerda grave, proporcionando cuerpo y musculatura a una obra en la que el propio Constantini ejerció de solista exhibiendo una elasticidad y maestría al bandoneón que se saldó con una lectura vibrante de su obra, paradigma de la belleza porteña, su expansiva emotividad y considerable calidez, muy bien articulada, muy melódica, imaginativa y decididamente eficaz.

Contó para ello con la impagable complicidad de la directora australiana Sarah Ioannides, experta americanista con un excelente disco con música de John Corigliano en su haber, que siguió con mimo y respeto la intervención de Constantini y lo arropó con amplio sentido idiomático en una Rapsodia en blue atacada por el joven intérprete, ahora como eficiente pianista, desde el respeto, siguiendo escrupulosamente la partitura sin añadidos ni florituras, tan habituales cuando es un jazzista, como él, quien la interpreta. A destacar aquí el excelente trabajo de la orquesta, como si llevaran toda la vida familiarizados con este sonido entre el jazz, el swing, Broadway y la música sinfónica. Ferde Grofé, Paul Whiteman y el propio Gershwin hubieran flipado a buen seguro con esta versión. Antes de que volvamos a encontrarnos con Constantini en el Espacio Turina el próximo viernes, presentando junto a Louiza Hamadi su nuevo disco, 20th Century Tango, nos brindó al piano una propina, una miniatura dedicada al pianista Gil Evans, tan cargada de emotividad como el resto del programa.

Y ya en su segunda parte, Ioannides ofreció una robusta recreación de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Dvorák, prestando especial atención a cada familia instrumental, y muy especialmente a sus numerosos solistas, quienes se lucieron a gusto, logrando en conjunto transmitir esa sensación de amplitud y asombro que expide una partitura que el compositor bohemio concibió como regalo de agradecimiento y álbum de sensaciones provocadas por esa tierra generosa que osamos llamar nueva, olvidando toda su historia y cultura indígena. Ioannides se mantuvo contenida en el majestuoso allegro inicial, cálida y transparente en un largo construido con reveladores silencios y un sentido prodigioso del equilibrio instrumental, trepidante y vivaz en el scherzo y tan dinámica como expansiva en el fogoso allegro final, a todo lo cual la plantilla se adaptó con un amplio sentido de la claridad y una responsabilidad encomiable. La fiesta terminó con un alegre pasodoble, Amparito Roca, ya sin batuta y con esa exultante ilusión que caracteriza a la mejor juventud.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 24 de abril de 2020

JOHN WILSON PARA YUTÚBERES

Once ediciones consecutivas, algunas duplicando cita, han asegurado la participación de John Wilson y su carismática orquesta en los Proms que cada verano desde hace ciento veinticinco años se celebran en el londinense Royal Albert Hall frente a Hyde Park. 2009 marcó el inicio de este feliz enlace entre el espíritu joven y desenfadado del avispado director y el prestigioso festival que cada edición encandila a melómanos de todo el planeta. Fue con un concierto en torno a los grandes musicales de Metro Goldwyn Mayer cuya brillantez convenció tanto que afianzó la propuesta anual de esta llamemos música ligera en el entorno de una cita seria pero de desenfadado corte estival. La primera vez que tuvimos noticia de John Wilson fue como director musical de la película Beyond the Sea, una biografía del cantante Bobby Darin protagonizada (y cantada) por Kevin Spacey. Hoy Wilson es director asociado de la BBC Scottish Symphony Orchestra y ha dirigido operetas como Ruddigore de Gilbert & Sullivan, óperas como Hakan de Mark Anthony Turnage, antologías de Leonard Bernstein con la Royal Concertgebouw de Amsterdam, y grabado música de Copland, Korngold, Coates, Vaughan-Williams, Walton, Elgar y Richard Rodney Bennett. Pero es sin duda reconstruyendo partituras del genuino musical americano y ofreciéndolas de forma históricamente informada como su talento ha trascendido, y buena prueba de ello son los trece espectáculos que ha presentado en los Proms, algunos de los cuales se pueden rescatar en Youtube y disfrutar con cada una de sus sensacionales y sorprendentes propuestas.

Música de cine y cine musical

Royal Albert Hall
Wilson ha tenido muchos modelos en los que basarse e inspirarse a la hora de crear su propio estilo. Charles Gerhardt está sin duda en la génesis de su enorme interés por la música de cine del Hollywood clásico, como se pudo comprobar en el concierto que ofreció en 2007 en el Barbican Center junto a la BBC Concert Orchestra con partituras de Korngold (Kings Row), Waxman (El príncipe valiente), Raksin (Cautivos del mal), Stothart (El mago de Oz), Herrmann (Con la muerte en los talones) o Steiner (Lo que el viento se llevó), siguiendo las pautas que hicieron célebre al director norteamericano junto a la National Philharmonic Orchestra, como también pudimos apreciar en su participación en los Proms de 2013 con su propia orquesta dirigiendo clásicos como Un lugar en el sol, Horizontes de grandeza y una divertidísima suite de Scott Bradley para Tom & Jerry de ritmos vertiginosos y percusión sumamente creativa. Pero es en el musical donde triunfan decisivamente Wilson y su espléndida orquesta, una combinación de conjunto sinfónico y big band de técnica impecable y estilo muy definido según los cánones exigidos por los grandes estudios del Hollywood dorado a sus orquestas, especialmente las de 20th Century Fox y Metro Goldwyn Mayer.

También en este punto tiene sus referencias, pero sólo él ha conseguido recrear y mimetizar ese sonido característico del musical americano, para lo cual a menudo ha tenido que transcribir partituras completas a partir de las propias películas, al haberse extraviado las copias originales. Antes que él directores como Elmer Bernstein o John McGlinn han realizado grabaciones memorables de este material, en especial de musicales de Metro y Warner, pero desde parámetros acústicos modernos, sin evitar el sonido de una sinfónica moderna, aunque respetando la partitura escrupulosamente. Otros como Erich Kunzel o John Williams incluso despreciaron a menudo estas partituras para someterlas a arreglos a menudo poco satisfactorios. Lo más parecido hasta el momento a lo que hace Wilson lo encontramos en John Mauceri, que en la década de los noventa del siglo pasado realizó numerosas grabaciones junto a la Orquesta del Hollywood Bowl de Los Angeles aunque centrándose fundamentalmente en música estricta de cine, salvo algunos registros dedicados a George Gershwin, Richard Rodgers e Irving Berlin, así como una grabación completa de El rey y yo según la orquestación de Alfred Newman para su adaptación cinematográfica, con Julie Andrews y Ben Kingsley en los papeles principales. Pero ni siquiera él logró recrear el sonido de la época con la precisión con que lo consigue Wilson, con el aliciente de contar con los sistemas de grabación más sofisticados que se permiten hoy en plena era digital.

Grabaciones de la BBC

Matt Ford y Mikaela Bennet cantan The Desert Song
de Sigmund Romberg en el especial Warner Bros
En Youtube los aficionados encontrarán completos varios de los conciertos ofrecidos por John Wilson y su orquesta en los Proms, así como fragmentos de otros. El primero, dedicado a Metro Goldwyn Mayer en el que destaca el ballet completo Broadway Melody de Cantando bajo la lluvia, ha sido editado en DVD y grabado en CD. El segundo, de 2010 disponible en Youtube completo, está dedicado a Rodgers y Hammerstein en el cincuentenario de la muerte del segundo, con selecciones de Oklahoma!, Carrusel, Al sur del Pacífico, El rey y yo, Prometidas sin novio (Flower Drum Song) y Sonrisas y lágrimas, con la particularidad de que se usaron las orquestaciones de las películas, una constante en Wilson que prefiere así estas versiones más sofisticadas y opulentas que dan mayor juego a una orquesta de sus posibilidades y dimensiones. Entre las voces solistas destacan las de la soprano Sierra Bogess, el tenor Julian Ovenden, el barítono Rod Gilfry, la sensacional showoman Anna-Jane Casey y la artista musical americana Kim Criswell, que entona un emotivo You’ll Never Walk Alone, himno oficial del Liverpool Club de Fútbol que en realidad pertenece al musical Carrusel, y fue sustituida en su grabación discográfica por la soprano Joyce DiDonato, Agripina hace un año en el Teatro Real. Un año después Wilson hizo en Hooray for Hollywood un recorrido por el musical genuinamente cinematográfico desde La calle 42 y las películas de Fred Astaire y Ginger Rogers hasta la alegre Hello, Dolly! pasando por dos piezas de Ha nacido una estrella, Gotta Have Me with You y The Man That Got Away, en las que la espléndida entertainer Caroline O’Connor personifica a Judy Garland con enorme gracia y desparpajo, tanto cantando como bailando. Otros incondicionales de estos espectáculos colaboran también en esta celebración, como el crooner Matthew Ford, la cantante y locutora Clare Teal o el tenor americano Charles Castronovo, además del coro Maida Vale Singers, que en la línea de otros del prestigio de Ambrosian Singers o John Alldis acompaña cada edición de los Proms a la orquesta de John Wilson.

Seth MacFarlane y Anna-Jane Casey
Otro de los conciertos que podemos encontrar en Youtube es The Broadway Sound, emitido por la BBC en 2012 y que incluye perlas como el ballet Slaughter on 10th Avenue del musical On Your Toes, compuesto por Richard Rodgers y coreografiado en su día por George Balanchine, que sirvió de base para la banda sonora de la película de 1957 Matanza en la Décima Avenida. Tambien destaca el ballet Coney Island de On the Town (Un día en Nueva York) compuesto por Leonard Bernstein, de quien Wilson ofreció en 2015 una antología de su música para teatro y cine, así como una recreación completa de West Side Story en 2018 coincidiendo con el centenario del compositor. En The Broadway Sound emociona sobre todo su último número, una esplendorosa interpretación de Mame de Jerry Herman con todos los efectivos orquestales y vocales al máximo rendimiento. Hollywood Rhapsody, la propuesta de 2013 ya comentada, es el último de los Proms disponibles en Youtube. La lista sigue con recuperaciones completas de My Fair Lady de Loewe y Lerner, Bésame, Kate de Cole Porter y Oklahoma!, así como un homenaje a Frank Sinatra con el showman americano Seth MacFarlane como protagonista, otro a George Gershwin que fue grabado en directo para su edición discográfica, y un recorrido por las películas de Warner Bros tanto dramáticas como musicales, que cuenta entre sus mayores alicientes con una generosa suite de casi veinte minutos de la oscarizada partitura de Max Steiner para La extraña pasajera, icono de la música romántica cinematográfica. Además de los conciertos reseñados que se encuentran completos, de los demás se pueden disfrutar fragmentos en la mayor ventana de entretenimiento que ofrece internet, ideal para estos días de recogimiento.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 3 de febrero de 2020

UN AMERICANO EN PARÍS CON ORQUESTA: IT'S WONDERFUL! IT'S MAGIC!

Un americano en París con Orquesta. Música de George Gershwin. Orquesta Sinfónica Camera Musicae. Anthony Gabriele, director. Cartuja Center, domingo 2 de febrero de 2020

Hace ya medio siglo que la recuperación de grandes partituras cinematográficas se convirtió en tarea de algunas de las orquestas sinfónicas más prestigiosas del mundo. Las ya míticas grabaciones de Charles Gerhardt al frente de la National Philharmonic en la década de los setenta del siglo pasado, fueron el arranque de una moda que se ha extendido hasta nuestros días y que dio paso también a la interpretación de estas músicas en escenarios de todo el planeta. Sevilla fue pionera y ahora abraza por primera vez una nueva práctica que se va extendiendo también de forma más que satisfactoria, como es la recreación en directo de las bandas sonoras de clásicos del cine. Es cierto que ya hemos disfrutado en varias ocasiones de esta práctica cuando se trataba de películas mudas. Nuestra Sinfónica ha interpretado en el Maestranza la música de La revoltosa y de la Carmen de Cecil B. de Mille, y conjuntos camerísticos y experimentales han puesto también música a clásicos del cine mudo. Pero hace tiempo que en otras plazas se extrae la música incluida en la banda sonora de la película para ofrecerla en directo. Ha ocurrido con la partitura de John Williams para E.T. o la de Bernard Herrmann para Con la muerte en los talones.

Atreverse con un musical tan emblemático como Un americano en París y desgranar la música de Gershwin que sirvió como pretexto para articular en 1951 esta joya de la Metro Goldwyn Mayer, nos parecía a priori una empresa muy complicada, dado el estilo tan particular que tenían las orquestas de los grandes estudios del Hollywood clásico para abordar este género, y muy especialmente el del león, cuyo legado en el musical se convirtió en legendario e imperecedero. Exigía además aislar las voces originales de Gene Kelly o Georges Ghétary, y en este caso también el piano de Oscar Levant, que interpreta incluso un divertido refrito del Concierto en Fa mayor del autor de Porgy and Bess, y sincronizarse con matemática precisión no solo a la acción sino a las voces y a la danza. La Orquesta Sinfónica Camera Musicae, con sede catalana y bajo la dirección del australiano Anthony Gabriele, lo ha conseguido con creces.

Recreación del musical americano

Son muchos los directores y conjuntos que al hilo de estas recuperaciones de la música de cine se han acercado a las partituras de películas musicales. Las magníficas recreaciones de los musicales de la Warner de los treinta a cargo de John McGlinn y la London Sinfonietta, así como las de los clásicos de la Metro por Elmer Bernstein y la Royal Philharmonic, siguieron patrones clásicos de la interpretación sinfónica, como desde otras estéticas hicieron también Erich Kunzel y la Cincinnati Pops o John Williams y la Boston Pops. Pero fue el británico John Wilson y su orquesta quienes desde principios de este siglo lograron recrear ese particular sonido tal como se hacía en su época, incidiendo en el vibrato y extrayendo de la cuerda ese característico espesor y timbre que dieron personalidad a la Fox, la Metro o la Warner. Y fue ese acierto el que atisbamos también en la batuta de Gabriele y la espléndida recreación que la Sinfónica Camera Musicae hizo de Un americano en París, para después leer en el programa de mano que su adaptación para orquesta en directo era responsabilidad efectivamente de Wilson. Combinar el lirismo de Love Is Here to Stay con el swing de I Got Rhythm, la elegancia de It’s Wonderful, o el jazz de Strike Up the Band o Embreceable You en la música diegética que suena en los clubs y fiestas nocturnas, no es empresa fácil, y sin embargo fue resuelta con sobresaliente alto hasta derivar en una magnífica recreación del famoso ballet de casi veinte minutos de duración que cierra la película, en la adaptación que del mismo hicieron Johnny Green y Saul Chaplin y que les valió uno de los seis Oscars con los que la Academia bendijo a la película de Vincente Minnelli, entre ellos también el de mejor película.

Gene Kelly y Leslie Caron en el famoso ballet final
Una producción por cierto de Arthur Freed, cuyas letras para las canciones de Nacio Herb Brown darían lugar al año siguiente, en una operación similar, al argumento de Cantando bajo la lluvia, que Gabriele y la Camara Musicae han recreado también en directo, como también han hecho con Casablanca, con música de Max Steiner, o Psicosis y Vértigo, ambas de Bernard Herrmann. La magia se dio mano con el arte en esta genial proyección más museística que de puro entretenimiento de Un americano en París, con secuencias tan magistralmente resueltas como ese Concierto para piano con un Oscar Levant multiplicado, en el que se pudo apreciar la banda sonora original mezclada con su interpretación en directo, deducimos que ante la imposibilidad en ese caso de aislar el piano del resto. Cabe apuntar además que la mayor parte de la partitura de la película, la que da relieve a las secuencias dramáticas según la adaptación que Green y Chaplin hicieron de los temas gershwinianos, no se encuentra disponible en ninguna grabación discográfica, ni siquiera en las más completas que tanto proliferan hoy en día, por lo que su audición en primera línea convirtió la ocasión en única. El público, bastante numeroso, respondió con entusiasmo, demostrando que hay interés por este tipo de iniciativas, que la cultura se ha asentado en nuestra comunidad en todas sus vertientes y que merecemos más alegrías y emociones como ésta.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía