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viernes, 3 de julio de 2026

PREDOMINIO DEL ROJO EN UN COLORIDO FIN DE TEMPORADA DE LA ROSS

Sinfónico 15. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Daniela Iolkicheva, arpa. Marina Heredia, cantaora. Lucas Macías, dirección. Programa: El Castillo de Almodóvar, de Turina; El amor brujo y El sombrero de tres picos, de Falla. Teatro de la Maestranza, jueves 2 de julio de 2026


Aunque todavía le queda por delante su concierto participativo, la ROSS despide ayer y hoy su trigésimo sexta temporada, con un emotivo adiós adicional a una maestra y dos maestros que se jubilan. Así, el concierto comenzó con una merecida ovación y ofrenda de flores a la icónica violonchelista Nonna Natsvishvili, que nos ha acompañado desde la formación de la orquesta en 1991, y los violinistas Marius Mihail Gheorghe Dinu y Alexandru Mihon. Les echaremos de menos, aunque darán paso a talentos de nueva generación que perpetuarán a buen seguro la excelencia alcanzada por nuestra querida orquesta.

Un trabajo de Turina poco divulgado, El Castillo de Almodóvar, apenas grabado y menos programado en concierto, encabezó una noche centrada en celebrar el año Falla, cuando se cumplen ciento cincuenta años de su nacimiento. Nada, ni el calor, ni las vacaciones de julio, ni siquiera la cita con la Roja en Los Angeles, impidió un lleno absoluto en el Maestranza, aunque precisamente por este último motivo se dejaron ver algunos huecos en la segunda parte del concierto. Un color, por cierto, que predominó en los atriles de la ROSS gracias a los atuendos de las dos solistas convocadas en su primera parte.

La sensacional arpista de la orquesta, Daniela Iolkicheva, que comparte con Natsvishvili haber integrado la plantilla desde sus inicios y no reflejar físicamente su veteranía, se encargó de dar forma a una pieza concebida como trabajo pianístico, más tarde ejercicio de orquestación del que el compositor sevillano salió bastante bien parado. Se trata de una sofisticada pieza que acusa en su primer movimiento, Silueta nocturna, para nosotros el más conseguido, una fértil sensualidad, fruto de la influencia impresionista de la época, adobada con un sentido del color, la melodía y la armonía del que la solista se hizo eco sin aparente dificultad.

Poseedora de una depurada técnica y una musicalidad extrema, Iolkicheva despachó la pieza acariciando las cuerdas con la elegancia y la delicadeza que le caracteriza, mientras Lucas Macías a la dirección arropó con considerable calidez expresiva. Lástima que Evocación medieval, el segundo movimiento, se muestre más irregular, con momentos mal resueltos junto a otros más inspirados, nada de lo cual afectó a la excelencia interpretativa de solista y orquesta. A plena luz, el tercer movimiento, se reveló como una combinación de los otros dos, tan cálido y sensual como el primero, y apoteósico como el segundo, dando pie a uno de los momentos más bellos de la partitura, el solo de Iolkicheva respondido por el eco de la segunda arpista. Una gran ovación evidenció la admiración, el cariño y el respeto que le profesa la afición.

Dos grandes Fallas en un solo concierto

Son muchas las ocasiones en las que la ROSS se ha enfrentado a los dos grandes ballets del compositor gaditano, la mayoría de las veces con gran acierto. Pero no recordamos ninguna en la que confluyeran en un mismo programa los dos juntos. Para el primero, el archiconocido El amor brujo, se contó con la cantaora del momento, Marina Heredia, con quien además el próximo mes de octubre la orquesta protagonizará una de las citas de la Bienal de Flamenco. El aperitivo de anoche, que se repite hoy, se saldó sin sorpresas en cuanto a la colaboración vocal, amplificada y en la línea habitual con la que se despacha la obra cuando la afronta una voz flamenca en lugar de su alternativa de mezzosoprano.


Macías, sin embargo, pareció buscar tan denostadamente la delicadeza y la elegancia en la partitura, que apenas alcanzó a ofrecer una lectura mortecina, de colores pálidos, sin fuerza ni garra, a pesar del empeño de la cantaora, poseedora de un hermoso y poderoso timbre y una perfecta entonación, así como una fuerza desgarradora exenta de efectismos fuera de lugar. Hemos disfrutado mejores prestaciones de la ROSS en anteriores ocasiones en las que ha interpretado la famosa pieza, incluida una Danza del fuego que en esta ocasión se nos antojó algo meliflua. No obstante, cabe destacar el aplomo y el respeto con que la batuta acompañó los momentos cantados y recitados de la partitura, procurando marcar la expresividad y el lirismo de cada aportación.

Mucho mejor resultó la lectura del director onubense en El sombrero de tres picos. Aquí no pareció buscar esa dignidad mal entendida de la pieza anterior. Por el contrario, se decantó por acentuar la inusitada comicidad y la atmósfera alegre y desenfadada de la primera parte, con un trabajo depurado y muy en consonancia de la orquesta, esta vez acompañada de una fuerza arrolladora y un trabajo excepcional de la percusión, sin dejarse llevar en ningún momento por una emoción  exacerbada que impidiera paladear la pieza con la gracia y la elegancia que también merece.

Pero fue sobre todo la segunda parte, dividida fundamentalmente en el lirismo relajado de la Danza de los vecinos, y el ritmo trepidante, festivo y colorido de las del molinero y final. Todo un dechado de fuerza apasionada, sin sobrepasar límites que nos dejaran una sensación de saturación nada apropiada a la gramática sensible y depurada de un autor que marcó nuestra significativa aportación a la música clásica del siglo XX, y de cuyo sonado aniversario se hacen eco también otras iniciativas, especialmente las Noches del Alcázar.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 18 de diciembre de 2023

HERMOSA ALTERNATIVA DE LA ROSS AL CUARTETO ISBILYA

4º Concierto del XXXIV Ciclo de Música de Cámara de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Cuarteto Isbilya: Miguel García Aguilar, violín. Daniel Ortiz Seco, viola. Leonel Contreras Ruiz, violonchelo. José María Perejón Bonet, piano. Programa: Cuarteto con piano nº 1 en Sol menor K. 478, de Mozart; Cuarteto para piano y cuerda nº 2 en La menor Op. 67, de Turina. Espacio Turina, domingo 17 de diciembre de 2023


No cabe duda de que hasta llegar aquí los componentes del joven Cuarteto Isbilya habrán practicado mucho en los conciertos que el conservatorio y otras instituciones organizan con ese objetivo. Pero estrenarse en un espacio como el de la calle Laraña, frente a un público que en su mayoría asiste puntualmente a los conciertos que celebran los maestros y maestras de nuestra Sinfónica, son palabras mayores y exigen un mayor nivel de responsabilidad que habrá suscitado una notable preocupación acompañada de un buen puñado de nervios, a todo lo cual los cuatro jóvenes se enfrentaron con soltura y enorme templanza. Los resultados no estuvieron quizás al nivel al que estamos acostumbrados, claro que eso habría sido una sorpresa mayúscula, pero cabe afirmar que hubo claros aciertos y motivos de satisfacción en este nuevo relevo de los conjuntos que operan en la ciudad. Con este concierto la Sinfónica prosigue su labor pedagógica en el Conservatorio Manuel Castillo, como se evidenció también el pasado viernes con el que la Joven Sinfónica de Sevilla ofreció en el Teatro Cajasol de la mano de Juventudes Musicales de Sevilla. Y con él además el Espacio Turina cerró su apretada agenda de este año, hasta que en enero reabra sus puertas para continuar con tan celebrada temporada.

En los atriles del Isbilya dos cuartetos con piano de muy distinta significancia e intencionalidad. La tonalidad en sol menor del primero de los dos que compuso Mozart da ya idea de su carácter trágico, poco asociado a la habitualmente grácil y ligera literatura con la que se identifica al genio de Salzburgo. Los músicos supieron ya desde el ataque de inicio transmitir ese carácter vehemente y turbio, de forma tan autoritaria como violenta, a lo que el piano se adhirió con espíritu dominante pero ya más templado sin llegar a ser apacible. En el desarrollo se perdieron notas, seguramente por el carácter atropellado con el que Perejón Bonet atacó el teclado, y hubo también fallos de afinación en la cuerda que ensombrecieron relativamente el trabajo de cada intérprete por separado, especialmente García Aguilar al violín, lo que no enturbió su entusiasmo y vitalidad, pero no los pasajes de conjunto, donde los cuatro se mostraron compenetrados, resueltos y seguros, logrando que la pieza adquiriera esa tensión dramática y ese contrapunto creciente que demanda, hasta alcanzar un fortissimo clímax conclusivo. En contraste, el andante manifestó dulzura y ternura, con un muy adecuado componente melancólico, y el allegro final estuvo henchido de vitalidad, con los intérpretes siempre atentos a esa rara combinación de drama y alegría que informa la pieza.

Cuando Turina compuso su Cuarteto para piano, violín, viola y violonchelo, se encontraba en una etapa en la que primaba la sencillez y la concisión, sin abandonar esa atención a la unidad formal y al procedimiento cíclico tan querido en su producción, así como la habitual presencia de expresión españolista, a todo lo cual se ciñeron con gracia y talento los integrantes del Isbilya. Aunque con alguna puntual caída de tensión, Leonel Contreras se lució al violonchelo en su decisiva aportación al andante inicial, mientras los demás acompañaron con delicadeza y capacidad de diálogo, incluido Daniel Ortiz a la viola, tan preciso en sus aportaciones en solitario como contribuyendo a dar al conjunto un apreciable cuerpo y músculo. El scherzo o vivo central contó con un buen trabajo de compenetración y carácter ajustadamente vehemente, reproducido también en el exultante e idiomático allegretto final. Como propina el conjunto optó por felicitarnos las fiestas con un medley entre un arreglo romántico del Canon de Pachelbel y el popular All I Want for Christmas Is You de Mariah Carey, aunque sonó más cerca de la versión que este año ha puesto de moda la veterana Brenda Lee.

Foto: Marina Casanova
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 19 de noviembre de 2022

LA BÉTICA ARRANCA CON ACENTO LOCAL

Temporada 2022-2023 de la Orquesta Bética de Cámara. Ana Santisteban, guitarra. Michael Thomas, director. Programa: Suite de Los olvidos, de Paco Cano; La oración del torero, de Turina; Concierto de Aranjuez, de Rodrigo; Música nocturna de las calles de Madrid, de Boccherini; Sevilla, de Albéniz. Espacio Turina, viernes 18 de noviembre de 2022


La orquesta que fundara Manuel de Falla va camino de cumplir cien años, como la mamá de Saura, y para celebrarlo anoche arrancó su nueva temporada con un programa de eminente acento español. Desde la humildad y la ilusión, lleva confiando su recuperación al generoso y entregado Michael Thomas, el hombre que ha llevado a Almería la música seria y que no duda de vez en cuando en visitar el Espacio Turina para ponerse al frente de la histórica formación. Quizás sería conveniente que la orquesta se pusiera de vez en cuando también en manos de otras batutas para extraer de ella otras sensibilidades y virtudes, pero de momento la coyuntura manda y no podemos sino agradecer mucho al maestro, desde tanto afincado en nuestro país, su notable empeño en no dejar caer de nuevo este patrimonio cultural de la ciudad tantas veces abandonado, como tantos otros monumentos tan llorados e inexplicablemente olvidados.

Y precisamente Los olvidos es el título de la suite con la que se abrió el concierto. Como si de una película se tratara, y la pieza consistiera en una selección de sus temas más relevantes, la obra de quien fuera violonchelista de la orquesta, Paco Cano, parece beber directamente del universo cinematográfico, algo muy habitual entre los compositores de la actualidad que abrazan la melodía y la tonalidad, como en este caso que parece inspirarse en la escuela francesa de mitad del pasado siglo que cultivaron compositores como Pierre Jansen o Antoine Duhamel, con profusión de giros modales y rítmicos y predominio enfático de la cuerda. La orquesta le hizo el honor y abordó su cuarto de hora de duración con el cariño y la responsabilidad que merecía. Después La oración del torero, obra imprescindible del catálogo de Turina, tuvo sus luces y sus sombras, con una cuerda imprecisa y vacilante que se lució sin embargo en las partes más elegiacas de la pieza.

Paco Cano y la Bética de Cámara

Fue todo un signo de valentía y atrevimiento que la Bética abordara el Concierto de Aranjuez, dadas las dimensiones del conjunto y del espacio. La obra requiere sin duda más efectivos y una sala más generosa para potenciar sus sonoridades, sin embargo Thomas y el talento de los y las intérpretes lograron que la pieza sonara clara y muy disciplinada, sin signos de saturación ni fatiga. Ana Santisteban estuvo espléndida en la parte solista, haciendo suyos muchos de sus pasajes, atreviéndose con ornamentaciones muy en estilo flamenco, y extrayendo de su guitarra momentos de auténtica poesía. Un diálogo fluido con la orquesta y un atuendo de lo más a propósito para la ocasión, contribuyeron al éxito de la empresa. Después, una cuerda rota en uno de los violines provocó una inesperada y prolongada pausa que Santisteban podría haber aprovechado para brindar la propina que los prolongados aplausos demandaron sin éxito.

Muy aseada y en estilo resultó la Música nocturna de las calles de Madrid de Luigi Boccherini, pieza icónica cuya escucha siempre es agradable, más si se aborda con tanta carga de expresividad y depuración formal como lo hicieron las maestras y maestros de la Bética, rebajando vibrato y destilando sobriedad y estilo. El solo de violonchelo y el trabajo del contrabajo contribuyeron a darle cuerpo y solemnidad, mientras violas y violines se emplearon a fondo para dar brillo a la partitura. Para terminar una explosión de alegría y festividad con la versión de Sevilla de Albéniz orquestada por Fernández Arbós.

Fotos: Luis Ollero
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 12 de junio de 2022

INSTALADOS EN LA LUZ Y LA MADUREZ

12º Concierto del XXXII Ciclo de Música de Cámara de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Carlos Martínez, violín. Alejandro Gómez, violonchelo. Alberto Menjón, piano. Programa: Trío nº 1 en Si bemol mayor Op. 99 D.898, de Schubert; Trío nº 2 en Si menor Op. 76, de Turina; Trío nº 2 en Do mayor Op. 87, de Brahms. Espacio Turina, domingo 12 de junio de 2022


No hay forma de bajar el listón, la calidad sigue siendo exigencia y emblema en esta y otras manifestaciones musicales que inundan la ciudad en estos últimos días de la presente temporada, antes de que las Noches del Alcázar tomen el esperado relevo estival. Al margen de la excelente labor que al frente de Juventudes Musicales de Sevilla ejerció Julio García Casas a lo largo de varias décadas, no podemos dejar de insistir en el magnífico trabajo que sus actuales responsables, especialmente Arnold Collado, Concha Arenal y Emilio Puch, están realizando en la actualidad, sobre todo en relación al grado de colaboración en el que se han embarcado con otras importantes instituciones musicales de la ciudad, especialmente la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, el Teatro de la Maestranza y este Espacio Turina en el que se desarrolló el concierto que nos ocupa. No hace mucho fue precisamente la ROSS la encargada de dar voz a jóvenes talentos, también de la mano de Juventudes en el Maestranza,
bajo la atenta batuta de Alfonso Casado, a la hora de este último concierto del ciclo de cámara de la ROSS responsabilizándose de la última entrega de Fantasía Live in Concert en el teatro del Paseo Colón. Juventudes Musicales sigue celebrando además su habitual Festival de Primavera en el Teatro Cajasol, con citas el martes 14 con INNsolitus Trio y el miércoles 22 con el pianista Juan Carlos Fernández-Nieto… ¡No paran!

Los tres jóvenes intérpretes convocados para la ocasión han demostrado sobradamente sus indiscutibles habilidades. Sin ir más lejos, Carlos Rafael Martínez Arroyo nos sorprendió hace casi una década en la Sala Manuel García del Maestranza con un magnífico recital del que destacamos su proverbial expresividad y depurada técnica. Junto a él, el igualmente joven Alejandro Gómez dejó su impronta como entregado, incluso apasionado violonchelista, haciendo uso de un desprejuiciado vibrato y evidenciando un exacerbado lirismo, además de una férrea línea de canto y un fraseo sincero y fluido, mientras como pianista de acompañamiento, a falta de juzgar sus aptitudes como solista, Alberto Menjón demostró una enorme generosidad y derroche de virtuosismo y delicadeza. Exhibidas sus aptitudes personales, solo faltaba compenetración y buen entendimiento para generar la excelencia, y vaya si la hubo. Aunque los primeros acordes del Trío en Si bemol mayor de Schubert sonaron más distendidos que enérgicos, los tres intérpretes lograron rápidamente afrontar su carácter jubiloso y luminoso, sin descuidar la ternura que también lo informa, con acentos contundentes en la cuerda y un respetuoso acompañamiento al piano, ganando en serenidad y calidez conforme avanzaba su primer tiempo, allegro moderato. Más ensoñado y con un envidiable cariz poético afrontaron el andante, con un excepcional trabajo en el diálogo y la alternancia de los instrumentos. Tras un rítmico y ágil scherzo, tan evocador como burlón al mismo tiempo, el allegro vivace sonó alegre y considerablemente despreocupado, alcanzándose un equilibrio abrumador y un final endiablado muy bien resuelto.

Entre dos obras tan exigentes y complejas, podría presumirse que la de Turina representa un bálsamo de descanso para el intérprete, pero si se somete al serio estudio y profundización al que seguramente se entregaron los tres jóvenes intérpretes, el resultado puede llegar a ser tan exhaustivo como agotador. Limando los acentos puramente andaluces de la partitura y centrándose más en su cosmopolita expresividad, lograron un Trío nº 2 de marcados acentos y ritmos, tan dulce en su movimiento central como fuertemente contrastado resultó el variado movimiento de conclusión, incluyendo un endiablado allegro final. El Trío nº 2 en Do mayor de Brahms son palabras mayores, y lograr una interpretación a la altura toda una hazaña. Martínez, Gómez y Menjón lo consiguieron gracias a la pulcritud de su fraseo, el sentido de la responsabilidad desplegado, su profunda comprensión y ese talante de ir a por todas que informó todo el concierto. En consecuencia apreciamos un dominio absoluto de la forma y un vigor expresivo solo alcance de los mejores. Sus continuos vaivenes emocionales fueron resueltos con nobleza y maestría, con cada intérprete luciendo en sus pasajes solistas, seduciendo en el scherzo y logrando el grado exacto de robustez y fantasía en el allegro giocoso que lo cierra.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

jueves, 31 de marzo de 2022

SYNTHÈSE QUARTET, DOMINIO TÉCNICO Y MADUREZ EXPRESIVA

Alternativas de cámara, en colaboración con Juventudes Musicales de Sevilla. Synthèse Quartet: Javier Valero, saxo soprano; Ángela Romera, saxo alto; Ismael Arroyo, saxo tenor; Raúl Fox, saxo barítono. Programa: Andante et scherzo, de Eugène Bozza; Introduction et variations sur une ronde populaire, de Gabriel Pierné; Quatuor Op. 10, de Debussy; Danzas fantásticas, de Turina; Carmen Fantasy, de Bizet (arr. Ito Yasuhidi). Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, miércoles 30 de marzo de 2022


Aquellos conciertos de música de cámara que se celebraban en la Sala Manuel García en apoyo de jóvenes talentos, pasaron a la historia hasta que la iniciativa de Juventudes Musicales de Sevilla los ha recuperado ahora bajo el título genérico de Alternativas de cámara. Las dos últimas citas han estado protagonizadas por el saxofón, instrumento que asociamos más al jazz que a la música clásica, y que sin embargo tanto nos queda por descubrir en este segundo contexto. Hace un mes disfrutábamos de Manu Brazo en muy buena compañía, ahora son cuatro jovencísimos intérpretes de Madrid, Aragón y Extremadura, que se conocieron en el Conservatorio Superior de Música de Castilla y León, en Salamanca, y decidieron formar el cuarteto de saxos con el que anoche cumplieron un compromiso gestado con la institución hispalense hace dos años, como consecuencia del primer premio obtenido en el Concurso Abate Marchena de Utrera, después de haber logrado primeros premios también en Cantabria, París, Almería y Juventudes Musicales de Ávila. Aquel compromiso se frustró con la pandemia, y ahora, con el esfuerzo, el trabajo y el estudio que a buen seguro les habrá permitido estos dos insólitos años, Synthèse Quartet se presentó en el Maestranza demostrando que son un conjunto muy a tener en cuenta.

Aunque cada vez son más los conjuntos especializados en este instrumento, las obras escritas para él han estado habitualmente destinadas a integrantes de bandas militares y secciones de conjuntos sinfónicos. No abundan las piezas originales para saxofones en el repertorio clásico, por lo que no sorprende que se tenga que echar mano de la transcripción, como sucedió en este concierto de presentación de Synthèse Quartet en Sevilla. El programa estuvo estructurado alrededor del Cuarteto para cuerdas de Debussy, con un inconfundible aroma francés en el que las dos primeas piezas sí eran originales para saxos. Los cuatro intérpretes arrancaron con cierta teatralidad en el Andante y scherzo de Eugène Bozza, que compuso a lo largo del siglo XX música fundamentalmente de cámara con predilección por los instrumentos de viento, marcando ese acento debussyano que informa el andante inicial, así como el nervio jazzístico que impregna el scherzo, y resolviendo con matrícula la tremenda complejidad técnica que demanda la pieza, sin sacrificar su fuerza expresiva ni calidad melódica. Exactamente lo mismo se puede decir de la Introducción y variaciones sobre un rondó popular de Gabriel Pierné, importante organista y director de orquesta que estudió con Franck, Massenet y Debussy. Synthèse supo extraer toda la luminosidad y espíritu desenfadado de este standard del saxofón, y a la vez exhibir toda su delicadeza y compleja ornamentación.

Un brillante Cuarteto de Debussy

Lo mejor que se puede decir de su interpretación del Cuarteto de Debussy en arreglo para saxofones, es que no sacrificaron ni un ápice de su espíritu y estilo, gracias sin duda al excelente arreglo presentado, pero también a la madurez expresiva del conjunto, que en el animado y muy decidido primer movimiento acertaron combinando las texturas de sus instrumentos, con una compenetración magistral y una agilidad en el diálogo de voces solo al alcance de artistas muy consumados. Prodigiosa resultó su imitación del pizzicato que caracteriza el segundo movimiento y las sutiles transformaciones a lo largo de la obra, destacando también su clima decadente y sensual, lleno de insinuaciones. También supieron aprovechar al máximo las posibilidades del Andantino, un nocturno lleno de ternura y misterio que abordaron desde la delicadeza y la extrema elegancia, así hasta un movimiento final dominado por el color y la textura, siempre desde una consideración eminentemente flexible y sensual de la música.


Estos jóvenes talentos no se conforman con la excelencia interpretativa, también se revelan como inagotables estudiosos de la materia, alcanzando al difícil y comprometido trabajo de la transcripción, que también dominan, y que en el caso de las Danzas fantásticas que Turina concibió en París, se traducen en un trabajo fogoso y meticuloso que logra transmitir todos los matices expresivos y técnicos de una pieza que originalmente se compuso para piano, para inmediatamente orquestarse, siendo este un arreglo extraído de ambas versiones, en el que las cuatro voces se articulan, dialogan y se combinan para no perder en el camino ni un ápice de la intención original del compositor sevillano. Una fantasía sobre temas de Carmen de Bizet, según arreglo del compositor japonés Ito Yasuhidi, sirvió para terminar de forma alegre y desenfadada este recorrido por la música francesa de finales del XIX y principios del XX, y acabar definitivamente de conectar el sabor Francia con el pintoresquismo sevillano. La y los intérpretes demostraron también dominar el arte de la retórica, con unas estupendas presentaciones de cada pieza, y en la propina acertaron muy oportunamente con una pieza del autor holandés Guillermo Lago incluida en su obra Ciudades, concretamente la que ilustra Sarajevo después de la guerra, un canto solemne y desolador que acaba convirtiéndose en grito desgarrador en las muy matizadas voces que Synthèse defendió con mucha emoción y sentido crítico frente a la devastación que sufre justo ahora parte de nuestro continente.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 8 de enero de 2021

LA ROSS SE RECREA EN SU ANIVERSARIO

1er Concierto de abono (Ciclo 30 aniversario) 2020-2021 de la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Concierto conmemorativo. Marc Soustrot, director. Programa: Sinfonía sevillana Op. 23, de Turina; Cuadros de una exposición, de Músorgski (orquestación de Ravel).Teatro de la Maestranza, jueves 7 de enero de 2021 

El maestro Sutej dirigiendo el concierto inaugural de la ROSS
en el Teatro Lope de Vega
Nadie hubiera sospechado hace un año que celebraríamos el treinta aniversario de nuestra orquesta en unas condiciones tan tristes y desapacibles. Al ambiente enrarecido que ha ido forjando la pandemia y el aforo reducido consecuentemente impuesto, se sumó anoche el mal tiempo imperante, frío y lluvia, que redujo aún más las previsiones de asistencia de público. Con todo sabíamos que era una ocasión para celebrar, no solo porque la Sinfónica de Sevilla lleve treinta años de trabajo ininterrumpido, en todas sus vertientes, también la docente que tanto ha hecho por la ciudad y sus habitantes más jóvenes, sino por todo el revulsivo cultural que ha supuesto en todo este tiempo para una ciudad que, aunque jamás le dio la espalda a la cultura, y siglos de grandeza lo avala, andaba algo perdida en aquella época de movidas y arte alternativo sin que una buena orquesta garantizara como ahora el encuentro casi semanal del público sevillano con la gran música. 

Breve historia sentimental 

Aquel 10 de enero de 1991 en el que tuvo lugar el primer concierto de la ROSS, de la mano de su creador y mentor el fallecido Vjekoslav Sutej, Sevilla vivía el mayor proceso de transformación de su historia, algo que se percibía en sus barrios, en sus infraestructuras y también en su ambición por mirar al resto del mundo sin complejos. Lástima que desde entonces no hayamos avanzado a la misma velocidad, que el mantenimiento siga siendo uno de los puntos débiles de las corporaciones que han dirigido la ciudad, y que se nos escapen muchas de las oportunidades que debieran fomentar el carácter moderno y vanguardista de la urbe. Pero la ROSS ha resistido, ha sembrado y progresado con mayor frecuencia que sus contados retrocesos. Ha sido una historia también de desencuentros, protestas y desencantos, pero se han ido superando y ahí sigue nuestra orquesta. 

A Sutej le sucedieron maestros como Klaus Wiese, que dejó muy buena impronta en la calidad de la orquesta, Alain Lombard, cuyo reinado conviene olvidar por su falta de responsabilidad y compromiso, y más recientemente John Axelrod, que llegó con energías renovadas y mucha ambición, pero chocó con crisis variadas y una manifiesta desgana frente al ímpetu inicial. Pedro Halffter ocupó el podio durante más de una década, convenciéndonos a muchos e irritando a otros y otras; pero dejó claras sus intenciones, a menudo satisfechas, de renovación y vanguardia, aunque también él chocara con esas crisis que en esta parte del globo nunca somos capaces de esquivar. 

Carácter de ceremonia 

Un gesto simpático del maestro Soustrot
Marc Soustrot
, que hace apenas unos días dirigió a la orquesta en el Concierto de Año Nuevo, permaneció en Sevilla para encargarse de recrear el programa con el que la ROSS se presentó en sociedad en aquel ilusionante 1991 previo a los fastos de la Exposición Universal. El acto estuvo convenientemente precedido por unas palabras de conmemoración y agradecimiento del periodista y locutor de Radio Sevilla Salomón Hachuel, que aprovechó para homenajear a las fuerzas de seguridad y a la generosidad cívica demostrada en el incendio de la pasada Noche de Reyes, un gesto que pudo sorprendernos pero que demostró cómo hemos adquirido una mayor sensibilidad quizás también como consecuencia de una mayor presencia de la cultura en la ciudad, promovida entre otros agitadores por la Sinfónica. Hachuel recordó el carácter multicultural e internacional de la orquesta y aquel evento de 1991 que la vio nacer, y que se perpetuaría primero en el Cine Apolo, donde los de mi generación vimos tantas películas infantiles, y después en el Teatro de la Maestranza, cuya monumentalidad y excelente acústica permitió ayer y volverá a hacerlo hoy, disfrutar de aquel programa inaugural en condiciones mucho mejores que las logradas en el precioso Lope de Vega hace treinta años. 

Ciertamente Soustrot logró que la Sinfónica sonara como en sus mejores ocasiones, brillante, sedosa, matizada y elegante, con una Sinfonía Sevillana en la que el maestro galo dejó percibir su particular acento para edificar música desde una sensibilidad profundamente francesa a la que la partitura de Turina no es ajena, gracias a sus estudios en París y su acercamiento a los impresionistas. Especialmente lograda estuvo el pasaje central de este poema sinfónico, Por el río Guadalquivir, prodigio de mesura que Soustrot dibujó como mecido por las aguas, frente al carácter más festivalero del Panorama introductorio y sobre todo la Fiesta en San Juan de Aznalfarache final, que un portentoso cuerpo de metales reprodujo a la perfección. 

También acertó el director a poner énfasis en su huella francesa en la recurrente orquestación raveliana de Cuadros de una exposición de Músorgski, cuando todavía mantenemos vivo el recuerdo de su interpretación al piano por Andrés Martínez con las ilustraciones de María Merino dando vida a los personajes y situaciones retratados por Viktor Hartmann, en aquella Casa de los Pianistas que tanto añoramos, confiando en que su artífice, Yolanda Sánchez, encuentre pronto otro proyecto que lo reemplace. La ROSS hizo aquí una interpretación brillante, equilibrada y matizada en todos sus aspectos, acertando a transmitir misterio en El viejo castillo, alegría en las Tullerías, carácter grotesco en los Dos viejos judíos polacos, suspense en las Catacumbas romanas o grandeza en la Gran Puerta de Kiev final, sin desfallecer ni en conjunto ni por separado cada solista interviniente, con un trabajo sobresaliente de equipo, sin caer ni en ritmo ni en tensión, con un muy dinámico y comprometido Soustrot al frente.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 21 de octubre de 2019

ÁLVAREZ LOSADA Y RIERA GOMILA: UN PAÍS PARA RECORRERLO

José Manuel Álvarez Losada, violín. Andreu Riera Gomila, piano. Programa: Sonata nº 1 Op. 51, de Turina; 1er Cuaderno de Sonetos, de Toldrá; Introducción y Tarantella Op. 43, de Sarasate; Somieig, de Mercé Pons; Sol ixent: Preludio capriccioso, de Antoni Martorell; Canto y danza andaluza, Habanera, Danza argentina y 2ª Guajira, de Manuel Quiroga. La Casa de los Pianistas, domingo 20 de octubre de 2019

La Casa de los Pianistas continúa demostrando un alto nivel de exigencia programando tan excelentes músicos como los que nos acompañaron ayer noche en su sede de la calle Cano y Cueto. Subvencionado por el Instituto de Estudios Baleáricos, el concierto giró en torno a dos competentes compositora y compositor mallorquines, arropados por otros autores del pasado siglo y el anterior con voces propias y sensibilidades tan diversas como solo un país multicultural puede ofrecer. Aunque teniendo en cuenta la época en la que surgieron algunas de las obras propuestas, predominaron aires populares y folclóricos más relacionados con el sur que con el resto de una geografía muy bien representada por los músicos invocados.

El violinista gallego José Manuel Álvarez Losada y el pianista mallorquín Andreu Riera provienen del profesorado del Conservatorio de las Islas Baleares, donde tienen por compañera a la querida y admirada compositora Mercé Pons, cuyo Somieig sonó dulce y apacible como ese mar en calma donde se balancean las algas que inspiró a la autora, si bien como lengua universal que es la música, puede sugerir en el oyente un sinfín de otras sensaciones. Para ello Riera al piano y Losada al violín se emplearon a fondo trabajando la sutileza y la delicadeza con decisión y ahínco. En el otro extremo, Sol ixent, el Preludio capriccioso del franciscano Antoni Martorell, de quien en boca de Riera supimos que estudió composición con Morricone y fue organista favorito en el Vaticano, es una obra juguetona y alegre con la que Losada exprimió un instrumento al que sometió a todo tipo de figuras retóricas.

La clave de una buena interpretación de música de cámara reside, además de en el talento de los intérpretes, en una buena conjugación y acoplamiento de los mismos. Losada y Riera cumplieron perfectamente este precepto y nos ofrecieron estupendas versiones de piezas tan dispares como la primera de las dos sonatas de Turina, un detalle para la ciudad que lo vio nacer, con un trabajo expresivo de hondo romanticismo tanto al teclado como en un muy bien paladeado violín, especialmente destacable en el aire cantable del movimiento lento. Losada hizo alarde de un espléndido virtuosismo técnico en las piezas de Sarasate, donde solo desfalleció levemente en la transición entre la contenida Introducción y la desatada Tarantella. Así mismo destacó en las cuatro obras elegidas del también virtuoso Manuel Quiroga, paisano del joven Losada, apellido éste que también coincide con el segundo de este célebre violinista y compositor de primera mitad del siglo XX. Pero aquí la parte de piano está más elaborada y Riera pudo también lucir su dominio técnico y expresivo al teclado, mientras el violín echó mano de todo tipo de recursos, arpegios, armónicos, dobles cuerdas… recreando así el espíritu colorista lleno de ritmo y pasión de las obras que Quiroga compuso inspirándose en regiones de España y América Latina. Los muy hermosos sonetos que integran el primer cuaderno del compositor catalán Eduard Toldrá sirvieron para exhibir una considerable expresividad, con especial mención al creciente y fervoroso temperamento que se aprecia en el Ave María, y que los músicos resolvieron con calidez y un fraseo claro y limpio. Los aplausos de la escasa veintena de asistentes sonaron casi como los ánimos que abarrotaban el Sánchez Pizjuán a esa misma hora.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

lunes, 30 de septiembre de 2019

ITURBI, UN TRÍO FOGOSO

Trío Iturbi: Fernando Pascual, violín. Jorge Fanjul, violonchelo. Óscar Oliver, piano. Programa: Trío nº 7 en si bemol Mayor Op. 97 “Archiduque”, de Beethoven; Trío nº 2 Op. 76, de Turina; Trío nº 1 en do menor Op. 8, de Shostakovich. La Casa de los Pianistas, domingo 29 de septiembre de 2019

De izquierda a derecha: Pascual, Oliver y Fanjul
Un ajuste en la agenda de los músicos obligó a Yolanda Sánchez a emplazar su habitual cita de la tarde a la mañana, lo que obligó a ella y los intérpretes a pedir disculpas, que fueron bienvenidas pero innecesarias. Somos muchas las personas a las que nos encantan estos conciertos de música de cámara cuando se celebran un domingo por la mañana, lo que invita a pasear a la luz del generoso sol y completar la experiencia con una parada culinaria en alguno de los muchos locales que oferta nuestro espléndido centro histórico.
 
No es de extrañar que tratándose de valencianos, los integrantes de este trío adopten el nombre de un pianista, compositor y director de orquesta tan afamado en su tierra como en el resto del mundo como lo fue José Iturbi, que incluso triunfó en el cine musical de la Metro Goldwyn Mayer cuando Hollywood coqueteaba con América latina. Es lógico también que de una tierra tradicionalmente tan vinculada a la música como es Valencia surjan buenos músicos como los que nos acompañaron en esta ocasión, ofreciendo unas versiones tan competentes de piezas muy variadas y de distinto calado como las que integraron el programa. Comenzaron con una obra cumbre del género, el Trío Archiduque, bautizado así por su dedicatoria a Rodolfo de Austria, que Beethoven compuso estando ya prácticamente sordo y cuyo estreno constituyó la última ocasión en que tocó el piano en público. La excepcional inspiración melódica y armónica de la pieza encontró en el Trío Iturbi unos intérpretes de altura, de fuerte temperamento y considerable musculatura, lo que provocó cierta falta de delicadeza en los pasajes que más la demandan, como el tema y variaciones de su atormentado andante central, defendido no obstante con nobleza y capacidad de contraste. Un fraseo excelente y una proverbial homogeneidad de tono y timbre chocaron sin embargo con un exceso de fogosidad que a veces propició saturación decibélica en el reducido espacio. La ligereza y proverbial felicidad de los movimientos extremos se vio empañada por ese exceso de seriedad formal que dominó el conjunto, no obstante sus puntuales exhibiciones de lirismo, sobre todo en el chelo de Jorge Fanjul.
 


El violinista Fernando Pascual, que ofició además como maestro de ceremonias, improvisando incluso una alternativa traducción al inglés, mantuvo con firmeza el liderazgo de las tres piezas, sin excederse en el colorido ligeramente folclórico de un Turina cuyo precioso y lírico Trío nº 2 fue un consuelo para quienes echamos de menos la celebración este año del Festival Turina, como siempre por falta de apoyos económicos. Una versión de ritmos acentuados y dinámicas contrastadas sirvió para hacer honor a este músico sevillano y completar el detalle que estos jóvenes valencianos han tenido con nuestra ciudad. Al piano, Óscar Oliver mantuvo una gran capacidad expresiva y considerable elegancia, siempre dentro de unos parámetros que antepusieron la fuerza y el músculo a la delicadeza y la contención. Por similares derroteros concluyó el Trío nº 1 de un joven Shostakovich, enfermo y enamorado, que alterna pasajes tempestuosos cargados de disonancias con otros más líricos y románticos, un contraste que los intérpretes reflejaron a la perfección, culminando con unos fluidos y triunfales acordes al piano.
 
Artículo publicado en El Correo de Andaluz