lunes, 19 de diciembre de 2022

¡ESTO SÍ QUE ES UNA FIESTA DEL CINE!

Krypton, La Gira de la Film Symphony Orchestra. Constantino Martínez-Orts, dirección. Programa: Temas y suites de El Cid (Rózsa), Batman y Spider-Man 2 (Elfman), Ant-Man (Beck), Braveheart y La máscara del Zorro (Horner), Iron Man 3 y Thor: El mundo oscuro (Tyler), El caballero oscuro (Zimmer y Newton Howard), Capitán América y Los vengadores (Silvestri), Robín Hood: Príncipe de los ladrones (Kamen), Los increíbles (Giacchino), Lawrence de Arabia (Jarre), El último mohicano (Jones), Conan el bárbaro (Poledouris), Capitana Marvel (Toprak), Black Panther (Göransson) y El hombre de acero (Zimmer). Auditorio FIBES, domingo 18 de diciembre de 2022


A Constantino Martínez-Orts le gusta contextualizar sus giras, y hace bien. Si Fénix se enmarcaba dentro del resurgimiento de nuestra vida cotidiana tras las anomalías de la pandemia, Krypton lo hace dentro de la alarma social que vivimos actualmente en torno a guerras, crisis y desastres medioambientales, como una llamada de atención para que seamos nosotros y nosotras nuestros propios héroes y heroínas y de esta forma salvemos en la medida de lo posible el planeta en el que vivimos y de momento nos da cobijo. Así, a partir de Krypton, el célebre planeta de cómic que vio nacer a Superman y desde el que viajó para convertirse en una suerte de mesías terrestre, el dicharachero director de la Film Symphony Orchestra diseñó un programa centrado en estos personajes, unos con poderes especiales y otros sin ellos, dedicados en cuerpo y alma a salvarnos de las adversidades. Y así, junto a Rodrigo Díaz de Vivar, William Wallace, Robin Hood, Lawrence de Arabia, Conan el bárbaro y el último de los mohicanos, el concierto de anoche se centró en algunos y algunas de las personajes más emblemáticos de los universos Marvel y DC Comics, principales promotores de ese mundo de fantasía y, también hay que destacarlo, violencia en el que se desenvuelven las historias evocadas en esta nueva fiesta del cine de la joven orquesta levantina.

Una fiesta que arrancó a ritmo de marcha con acento hispánico, la obertura que el gran Miklós Rózsa compuso para la película El Cid que Anthony Mann rodó precisamente en tierras del este de la península ibérica. A partir de aquí quedó constatada una vez más la fuerza, la entrega y el respeto con el que los jóvenes artistas que integran la orquesta acometen cada partitura que se les ofrece. Lástima que la inevitable amplificación haga que estas interpretaciones suenen a menudo planas, faltas de relieve, y con un sonido metálico que desfavorece el excelente trabajo de las y los músicos. Afortunadamente los discos que recogen cada una de sus giras dan fe de su impecable trabajo, si bien en este punto hay que lamentar que no estén suficientemente bien editados, sin suprimir aplauso alguno y repitiendo temas en unas y otras entregas.

Martínez-Orts es sin duda una persona muy singular, un auténtico apasionado de lo que hace, capaz de ilustrar profusamente cada pieza que interpreta, a nivel musical y cinematográfico, y así lo hizo también en esta ocasión, con un programa frecuentado por temas cortos en forma de fanfarrias, como el célebre tema principal de Batman, la obra que abrió definitivamente el camino al éxito de Danny Elfman, de quien también se interpretó el tema principal de Spiderman 2, pues en palabras del director es como el de la primera entrega pero mejorado; el desenfadado, rítmico y melódico tema de Christophe Beck para Ant-Man, o los épicos temas de Thor, el mundo oscuro e Iron Man 3, piezas de artesanía debidas a Brian Tyler que la orquesta atacó con toda la fuerza y la energía que demandan, igual que Capitana Marvel, tras narrar las vicisitudes que tuvo que pasar su compositora, la americana de origen turco Pinar Toprak, para hacerse cargo de la empresa, o las marchas triunfales que Alan Silvestri compuso para Capitán América y Los vengadores, resueltas con absoluto brío y una espléndida sección de metales, imprescindible para el programa acometido. Entre ellos y ellas, se colaron también héroes de carne y hueso históricos como William Wallace, el libertador escocés que evocó la epopeya Bravehart con la que la Film Symphony exhibió su mayor lirismo y contención, un trabajo de la cuerda lleno de sensibilidad, gracias al precioso tema de amor de James Horner, o el enigmático T.E. Lawrence, el mítico Lawrence de Arabia con su imprescindible obertura a cargo de Maurice Jarre, su primer trabajo con David Lean y primer Oscar de Hollywood (los otros dos también los obtuvo de la mano del director británico, con Doctor Zhivago y Pasaje a la India). También otros héroes semi ficticios como Robín Hood, de cuyas muchas adaptaciones se decantaron por la que interpretó Kevin Costner en 1991 y que cuenta con una hermosa partitura del malogrado Michael Kamen; de cómic como Conan el bárbaro con la percutiva y obsesiva música que Basil Poleduoris concibió para su tema principal, y El Zorro, con una suite de Horner para Antonio Banderas y La máscara del Zorro, atacada de forma algo deslavazada pero con el atractivo de los y las jóvenes músicos convertidos en eficaces palmeros. También emblemático y archiconocido es el tema principal que Trevor Jones compuso para El último mohicano, y que Martínez-Orts y la FSO abordaron de manera impecable, acentuando su carácter épico y romántico.

Pero si hay que destacar auténticas gemas en este particular concierto, nos quedamos con varias. En primer lugar los créditos finales (Incredits) de Los increíbles, para lo que la orquesta se convirtió en una auténtica Big Band y volvió a demostrar su versatilidad y capacidad para adaptarse con solvencia a todos los géneros, igual que hicieron hace algunos años con el ballet final de La La Land. También la suite de El caballero oscuro estuvo bendecida por una interpretación magistral, sobre todo en lo que concierne a las transiciones, abordadas con suavidad, sin rupturas ni estridencias, de la misma forma que sucedió con El hombre de acero, ambas de Hans Zimmer, aunque la primera con la concurrencia de James Newton Howard en los pasajes más líricos. Y finalmente, la joya de la ocasión estuvo representada por Black Panther de Ludwig Göransson, dechado de ritmo y triunfo para la que la orquesta se pertrechó de una excelente sección de percusión ampliada con instrumentos étnicos (la trama se desarrolla en Wakanda, un país africano ficticio), como el yembé y el sheker, y los y las propias miembros de la orquesta haciendo los coros, gritos de guerra y cantos étnicos entonados a la perfección. Lástima que entre todo este esplendor, curiosamente fuese la propina lo menos satisfactorio, y eso que la tienen bien trillada; nunca antes habíamos escuchado una marcha de Superman de John Williams tan percutiva, machacona y marcial, falta de toda la elegancia que presidió el resto del concierto. Con el tradicional Cantina Band adornado de gorros de Papá Noel y cuernos de alce, terminó esta gozosa fiesta en la que la iluminación, con detalles impagables como centrar el foco en los solistas, guitarra eléctrica incluida, también formó parte de un extraordinario espectáculo.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

viernes, 16 de diciembre de 2022

Estreno en salas de EO

  Reseña de la película, estrenada en el 19º Festival de Cine Europeo de Sevilla

SIMONE, LA MUJER DEL SIGLO Les presento a Madame Veil

Título original: Simone, le voyage du siécle
Francia 2022 140 min.
Guion y dirección
Olivier Dahan Fotografía Manuel Dacosse Música Olvon Yacob Intérpretes Elsa Zylberstein, Rebecca Marder, Élodie Bouchez, Judith Chemla, Olivier Gourmet, Mathieu Spinosi, Sylvie Testud Estreno en Francia 12 octubre 2022; en España 9 diciembre 2022

Hay películas que solo por lo que cuentan merecen destacarse, se convierten en necesarias si no imprescindibles. La vida de Simone Veil merece conocerse a fondo. Fue dos veces ministra del gobierno de Francia, y la primera mujer presidenta del Parlamento Europeo, gracias en gran parte a su vocación eminentemente europeísta y su clara convicción y confianza en una Europa unida como única forma eficaz de evitar que se volvieran a producir las grandes tragedias que asolaron el continente, supuestamente civilizado, a lo largo del pasado siglo. De todo esto se hace eco el film de Olivier Dahan, que saltó a la fama de la mano de Edith Piaf cuando le construyó el biopic La vida en rosa. Otro biopic le llevó a Hollywood, el de Grace Kelly en la piel de Nicole Kidman. Pero si en éste se centraba en un capítulo muy concreto de la vida de la princesa de Mónaco, en Simone, el viaje del siglo, que es como se titula en francés esta película, abarca prácticamente toda su vida, noventa años condensados en algo menos de dos horas y media, evidenciando un carácter fragmentario y a menudo aislado, lo que malogra parcialmente el retrato que la política y luchadora sin duda merece.

Dahan presta mucha atención a su trágica adolescencia como judía sometida a la crueldad nazi, campo de concentración incluido, germen sin duda de su concienciación posterior y su dirigismo hacia un mundo mejor, más humanizado, justo y equitativo. Pero en este viaje se descuidan sus grandes logros políticos, meramente esbozados, como la aprobación del aborto en 1975, su lucha contra el sida y la marginación social, o su trabajo con inmigrantes, todo lo cual la convierten en un personaje admirable e irrepetible, digno de conocerse y reconocerse, para lo que este trabajo irregular al menos sí funciona.

Dahan juega con el montaje, llevándonos continuamente de una época a otra y cambiando a sus actrices, Rebecca Marder de joven y Elsa Zylberstein hipermaquillada de mayor. Ambas hacen un trabajo digno, si bien el de la segunda queda muy oculto bajo tanta capa de maquillaje. El resto del reparto cumple con considerable solvencia. Sin embargo, tanta música omnipresente y voz en off ayudan poco a dirigir y sobrellevar la función en su justa medida, como sin duda merece. Y es una vez más el horror que suscita la barbarie nazi, que nada impide se vuelva a repetir como podemos observar a nuestro alrededor, que ni se agota ni deja de sorprender. También queda claro que resulta difícil encontrar gente tan entregada, responsable, equilibrada y justa como Madame Veil en el panorama político internacional, y así nos va.

jueves, 15 de diciembre de 2022

UN ORATORIO DE NAVIDAD DE ENORME BELLEZA

Oratorio de Navidad, de Johann Sebastian Bach. Coro de Niños de Windsbach. Orquesta Barroca de Sevilla. Ludwig Böhme, dirección. Isabel Schicketanz, soprano. Marie Henriette Reinhold, mezzosoprano. Patrick Grahl, tenor. Thomas Laske, barítono. Programa: Cantatas I, II, III y VI del Oratorio de Navidad de Bach. Teatro de la Maestranza, miércoles 14 de diciembre de 2022


Tan extraordinario como el proceso de gestación de esta prodigiosa y monumental página coral, puede llegar a ser una interpretación tan depurada y magistral como la que anoche fue capaz de brindar a un Maestranza casi abarrotado la conjunción de fuerzas que unió a nuestra Barroca con la dirección del joven Ludwig Böhme, el Coro de Niños de Windsbach y cuatro estupendos solistas igualmente alemanes. Con esta maravillosa partitura, la Barroca de Sevilla está cumpliendo uno de los meses más productivos de su carrera, todo él dedicado al maestro de Eisenach. Comenzaron diciembre al son de varias cantatas con obbligati a cargo del tenor Ariel Hernández en la capilla del Palacio Real, y lo rubrican ahora con una gira en compañía de los solistas y conjunto coral referidos, que les ha llevado por Valladolid, el Palau de la Música de Barcelona, el Maestranza, y hará escala hoy en el Auditorio Nacional, para después embarcarse a Alemania, donde la orquesta ejercerá de inmejorable embajadora nuestra en Frankfurt, Nuremberg y Ansbach. Solo de pensarlo se nos llena el alma de emoción, tanta como la que sentimos nada más iniciarse los acordes de esta portentosa composición a la que, no lo olvidemos, el Otoño Barroco nos ha ido acercando a razón de una cantata por año. Una emoción provocada por los majestuosos timbales seguidos de la sublime concurrencia de las trompetas y las sensacionales voces de un coro de unas setenta voces jóvenes masculinas con una media de trece años entre sus componentes. Ni el propio Bach lo hubiera soñado para la posteridad.

Quienes hayan asistido a las dos primeras representaciones de Las bodas de Fígaro que se están desarrollando actualmente en el Maestranza, reconocerían sus decorados aprovechados para ornamentar este concierto y de paso servir de concha acústica para la ocasión. Varios paneles que sirven de fondos a los decorados de esta producción operística, dispuestos en capas superpuestas, adornaron la multitudinaria concurrencia de voces e instrumentos en este conmovedor recibimiento de la Navidad más ortodoxa. Cierto que la disposición del conjunto tan atrás y tan abrigada no favoreció la proyección de la música, especialmente de los instrumentos, que en ocasiones parecieron algo adormecidos, sin que ello menoscabara las extraordinarias prestaciones con las que se lucieron solistas y familias instrumentales. Así, el joven pero experimentado Ludwig Böhme acusó su predilección por las frases fluidas, sencillas y naturales en la preciosa introducción de la cantata número dos, dedicada a la anunciación del nacimiento de Jesús a los pastores, una de las piezas más emblemáticas y recordadas de la partitura. De igual forma se deslizó la música durante todo el concierto, potenciando el carácter espiritual, dionisiaco y piadoso de esta extraordinaria parodia generada a partir del ingenio de su autor para reciclar arias y corales de otras obras, añadiendo corales nuevos y recitativos y adaptándolo todo a nuevos textos. Los solos de flauta de Rafael Ruibérriz junto a la mezzo Marie Henriette Reinhold en la segunda cantata fueron de una dulzura exultante, tanto como los de los oboes en esta parte consagrada especialmente a las maderas. De igual manera cabe felicitar a David Hendry, que en sus solos de trompeta en Grosser Herr de la primera cantata junto al bajo Thomas Laske estuvo brillante, aunque al final del oratorio el control de tan difícil instrumento se le resistiera un poco. Y no tenemos más remedio que repetirnos a la hora de ensalzar la participación de Mercedes Ruiz al violonchelo, que en Schilesse Mein Herze de la tercera cantata logró una sacra espiritualidad junto a la mezzo y el violín de Leo Rossi. Todos y todas en conjunto estuvieron soberbios, al igual que el maravilloso coro, con niños y adolescentes responsables y disciplinados, entregados al máximo para lograr ese sonido tan piadoso (Wie soll diuch empfangen) y glorioso (obertura y final) con el que nos subyugaron. Solo verlos con ese entusiasmo ya nos llenaba de gozo.



Todos y todas disfrutaron de la excelente dirección de Böhme, atento a cada acentuación e inflexión sin forzar en ningún momento la expresividad, procurando resaltar el carácter espiritual y amable de la pieza, con fraseos elegantes y fluidos, una portentosa naturalidad y mucho sentido común a la hora de engarzar las piezas. En el apartado solista las cuatro voces estuvieron geniales, por sus aterciopelados timbres, sus generosas proyecciones, su claridad y fluidez así como sus elegantes fraseos, sin caídas de tensión, sin estridencias ni salidas de tono, y sin resultar forzadas en ningún momento. Desde la conmovedora entrada de Reinhold en Bereite dich, Zion, al dúo de la soprano Isabel Schicketanz y Laske en la tercera cantata, o el muy depurado trabajo de Patrick Grahl tanto en sus recitativos como Evangelista como en sus arias de tenor, todo funcionó a la perfección, sumando en esta portentosa celebración con la que tan difícil resulta resistirse a la conversión.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

miércoles, 14 de diciembre de 2022

EL VIAJE A PARÍS DE LA SEÑORA HARRIS La elegancia no está en el vestido

Título original: Mrs. Harris Goes to Paris
Reino Unido-Hungría 2022 116 min.
Dirección
Anthony Fabian Guion Carol Cartwright, Anthony Fabian, Olivia Hetreed y Keith Thompson, según la novela de Paul Gallico Fotografía Felix Wenderman Música Rael Jones Intérpretes Lesley Manville, Isabelle Huppert, Lambert Wilson, Ellen Thomas, Jason Isaacs, Alba Baptista, Lucas Bravo, Anne Chancellor, Rose Williams, Bertrand Poncet, Christian McKay, Guilaine Londez, Philippe Bertin, Roxane Duran Estreno en Estados Unidos 15 julio 2022; en Reino Unido 30 septiembre 2022; en España 9 diciembre 2022

No cabe duda de que nadie sabe hacer comedia amable y romántica como los ingleses, y conjugarlo además con crítica social con toda la sencillez y elegancia que sea posible. Eso es lo que consigue el director Anthony Fabian con esta nueva adaptación de la novela homónima de Paul Gallico, tras la que protagonizaron los añorados Angela Lansbury y Omar Shariff para la pequeña pantalla en 1992. 
Gallico, escritor y comentarista deportivo neoyorquino que tocó todos los temas en su extensa bibliografía y fue adaptado al cine en diversas ocasiones, entre ellas el celebrado musical Lilí y el clásico de catástrofes La aventura del Poseidón, además de ser el autor de los argumentos de El orgullo de los yanquis y El reloj, sabía que tocar la fibra sensible del lector le hacía ganar muchos enteros. Eso es lo que logran Fabian y una adorable Lesley Manville en esta exquisita y conmovedora revisión del mito de la Cenicienta en la que la protagonista acaba siendo la hada madrina.

Manville reincide en el mundo de la moda, tras sorprendernos en El hilo invisible hace algunos años, y compone un personaje entrañable que realiza un viaje físico y espiritual que le llevará a demostrar que el mejor talante, los mejores sentimientos y una inmejorable capacidad resolutiva pueden acabar convirtiendo a alguien en una persona mucho más elegante que la que pueda portar el mejor, más caro y más llamativo vestido, por encima de aristócratas, políticos y demás socialités.

En una París entre ensoñada y ensuciada (hay huelga de basureros) de finales de los cincuenta del siglo pasado, la misma que retrataba Godard en su icónica À bout de soufflé, con la que guarda algún atuendo, algún automóvil y algún truco de montaje, además de desarrollarse en el mismo Dior que allí se citaba de pasada, manteniendo por supuesto una enorme distancia de espíritu, estilo y objetivo, la Sra. Harris del título vivirá su propio sueño a veces convertido en pesadilla. Mientras, una variopinta galería de secundarios le irán abriendo horizontes y procurando alegrías, todo dentro de la mayor previsibilidad posible, sin que ello importe un ápice. El encanto que lo invade todo queda muy por encima de cualquier valoración con prejuicios que pueda hacérsele.

lunes, 12 de diciembre de 2022

FÍGARO DE LA MAÑANA A LA NOCHE

Las bodas de Fígaro. Ópera de Wolfgang Amadeus Mozart. Libreto de Lorenzo Da Ponte, según la obra de Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais. Corrado Rovaris, dirección musical. Emilio Sagi, dirección escénica. Daniel Bianco, escenografía. Renata Schussheim, vestuario (Reposición: Anuschka Braun). Eduardo Bravo, iluminación. Nuria Castejón, coreografía y asistencia de dirección escénica. Con Alessio Arduini, Natalia Labourdette, Vittorio Prato, Carmela Remigio, Cecilia Molinari, Amparo Navarro, Ricardo Seguel, Manuel de Diego, Juan Antonio Sanabria, Inés Ballesteros y Pablo López. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Coro Teatro de la Maestranza. Íñigo Sampil, director. Producción del Teatro Real de Madrid. Teatro de la Maestranza, domingo 11 de diciembre de 2022


Hace algo más de ocho años que el Teatro Real estrenó esta producción firmada por Emilio Sagi. Siguiendo la pauta de José Luis Castro y Carmen Laffon para su celebrado Barbero de Sevilla, Eduardo Bravo consigue también aquí que la luz de Sevilla brille con entidad propia en esta exquisita y esmerada en todos los detalles producción preciosista y clásica a más no poder. Es así que el cambio de iluminación de primera hora de la mañana, cuando Fígaro y su amada Susana discuten en su habitación, hasta la noche, cuando todas las ingenuas confusiones amorosas se resuelven al son del sublime Perdono, resulta verdaderamente prodigioso. Eduardo Bravo también colaboró con Sagi en la producción de El manojo de rosas del Teatro de la Zarzuela, que curiosamente pudimos ver aquí el mismo año 2014 en que vio la luz esta ópera en Madrid. Que a través de las ventanas del segundo acto pudiéramos disfrutar de una luz cálida de mediodía tan familiar para nosotros y nosotras, y que el atardecer contara también con su mágica representación en el tercero, fue obra de este artista.

Junto a él, la escenografía de Daniel Bianco y el vestuario de Renata Schussheim, a remolque del trabajo que en otras ocasiones hemos podido observar de los legendarios Ezio Frigerio y Franca Squarciapino, demostraron un buen trabajo de documentación sobre nuestros palacios a finales del XVIII, si bien con un referente más urbano, no tan propio de las haciendas de las afueras de la ciudad. Mención especial merece en este sentido la armonía cromática del vestuario. No podemos sino admirar cada uno de los escenarios en los que se desarrollan los cuatro actos, a veces tras una rutilante cortina trasparente o no según la iluminación, exhibiendo un gusto exquisito por la ornamentación y los espacios, con presencia incluso del ruido del agua y de los grillos en parte de la última escena, sobre la que finalmente emerge incluso la luna llena. 
Una producción como se puede apreciar del gusto mayoritario pero que sin embargo contribuye a dar al conjunto un carácter rancio, artesano pero poco creativo, que nada añade a una trama que no puede evitar resultar hoy terriblemente ingenua con sus derechos de pernada y luchas entre clases, si no se es capaz de poner al día sus arcaicos postulados. Reivindicando nuevos aires es como mejor podemos seguir haciendo justicia a una música sublime, una obra maestra incontestable que de por sí justifica su frecuente programación. Entramos así en la disyuntiva de si merecen revisarse los clásicos y someterlos a lavados de cara, o revisitarlos tal como fueron concebidos, creando en esta ocasión la ilusión de que la Sevilla imaginada por Mozart, y antes por Baumarchais, era así de auténtica.

Un cuadro de voces competente y una orquesta fluida

Decíamos a propósito del Don Pasquale que le oímos aquí mismo hace tres años, que la batuta de Corrado Rovaris tiende a ahogar las voces, y volvió a suceder en esta ocasión, quizás en parte debido a su decisión de elevar el foso, lo que por otro lado obligó a los músicos y a él mismo a entrar y salir de él por la platea. Por lo demás, su dirección fue ágil y desenfadada, atenta a cada inflexión de la partitura, procurando hacerla brillar y extraer toda su belleza, contando para ello con una orquesta reducida y la exquisita participación del fortepiano en los recitativos. En este contexto se anunció la posible indisposición del barítono italiano Alessio Arduini, cuya voz se veía afectada por una infección y podría haber sido incluso doblada por su sustituto. Sin embargo su participación fue considerablemente eficaz, apenas cierta falta de potencia y una proyección más corta de lo deseable. Pero fue capaz de construir un personaje a la altura de las circunstancias, con ese toque entre socarrón y sorprendido que caracteriza al emblemático Fígaro, resolviendo con buena nota sus famosos Se vuol ballare, con acompañamiento idóneo de la batuta acentuando la furia del momento, y Non più andrai; pero sobre todo su aria de venganza del último acto, que defendió a capa y espada con resultados altamente estimulantes. También Vittorio Prato acertó con su diseño del Conde Almaviva, añadiendo presencia a su personaje y entonando con buen gusto y clara dicción. Excelente el Cherubino de Cecilia Molinari, ágil y desenfadada en sus dos arias, mejor en Non so più cosa con agilidades de un gusto exquisito, que en un Voi che sapete algo menos lucido y convencional.


Carmela Remigio entró en escena rígida
, apenas sacando partido de la excelsa Porgi, amor, aunque se redimió más tarde en sus dúos y concertantes, ofreciendo incluso un Dove sono más en estilo y con una mayor dosis de flexibilidad. No se puede negar que la soprano italiana añade a su personaje una presencia escénica rotunda y tremendamente apropiada, visible en su primera aparición con aires a lo Elizabeth Taylor. Pero si alguien triunfó por encima del resto del reparto fue sin duda Natalia Labourdette. Sin sorpresas ante un público ya acostumbrado a disfrutar de su candidez y su rutilante voz, abordó con sobresaliente todas sus escenas, a nivel vocal y actoral, y especialmente su única aria, Deh vieni, non tardar, dechado de virtudes en entonación, agilidad y fraseo exquisito. Todos los demás, los seis restantes personajes, cumplieron con exacta competencia, aguantando estoicamente los difíciles y largos finales de los actos dos y cuatro. Mención especial merece la soprano valenciana Amparo Navarro, jocosa Marcellina que contribuyó sobremanera al espíritu desenfadado de una función en la que el cotilleo está omnipresente a través de los figurantes-danzantes que comparten escenas domésticas curioseando las vicisitudes amorosas de los protagonistas. También destacó Inés Ballesteros en su breve participación como Barbarina, y el trío cómico integrado por Ricardo Seguel, Manuel de Diego y Juan Antonio Sanabria. El coro de nuevo ejemplar, con participación individual de dos de sus integrantes, Julia Rey y Diana Larios, cantando impecablemente el dúo de las campesinas.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

sábado, 10 de diciembre de 2022

MANTÍCORA La imposible redención en una sociedad castradora

España 2022 115 min.
Guion y dirección
Carlos Vermut Fotografía Alana Mejía González Intérpretes Nacho Sánchez, Zoe Stein, Álvaro Sanz Rodríguez, Aitziber Garmendia, Patrick Martino, Vicenta N’Dongo, Albert Ausullé, Catalina Sopelana, Ángela Boix Estreno en el Festival de Toronto 13 septiembre 2022; en salas 9 diciembre 2022

Con títulos como la muy reconocida Magical Girl y Quién te cantará en su haber, Carlos Vermut realiza ahora su trabajo más depurado formalmente y con una mayor carga perturbadora en el fondo. Poco conviene desvelar del contenido argumental de esta cinta que durante un buen tramo se revela como una historia de amor cocida a fuego lento. Un joven que se dedica a diseñar monstruos para una productora de videojuegos, de mirada entre la curiosidad y el asombro y una personalidad profundamente introvertida y misteriosa, entabla relación con una joven de aspecto voluble y menudo con la que encaja a través de una relación tradicional en la que todo lo que vemos y se dice es exactamente lo que esperamos oír y ver.

El problema surge cuando la narración se encalla y apenas avanza, lo que Vermut sin duda hubiera evitado con un metraje más reducido, siempre a la espera de ese giro argumental que dé sentido al conjunto. La recompensa aparece en forma tan perturbadora y sorprendente que apenas deja espacio para respirar, mientras subyace uno de los grandes miedos del ser humano, que es justamente la deshumanización, el poder llegar a asimilarse a la criatura del título, una bestia con cabeza humana tan parecida a los personajes que tan hábil y artísticamente diseña el protagonista, víctima tanto de una posible tara como de un presunto pasado amargo, y desde luego de una sociedad menos dispuesta a escuchar y a analizar que a condenar mediante juicios de valor realizados con vehemencia, prontitud y escasa capacidad de reflexión.

A esta crónica que acaba por ser espeluznante contribuye soberanamente la interpretación del joven Nacho Sánchez, muy bien secundado por la inquietante presencia de la debutante Zoe Stein, dentro de un conjunto que se caracteriza por su sobriedad y un acertado punto de vista potenciado por una tan elocuente como relevante visita al Museo del Prado.