Concierto I de la Temporada 2026/2027 de la Orquesta Barroca de Sevilla. Rafael Ruibérriz de Torres, flauta travesera; Fumiko Morie, violín; Alberto Grazzi, fagot; Mercedes Ruiz, violonchelo; Ventura Rico, contrabajo; Alejandro Casal, clave y órgano; Pedro Castro, oboe, flauta de pico y dirección. Programa: Concerti da Camera de Antonio Vivaldi (Conciertos en Do mayor RV 88, Re mayor RV 84, Re mayor RV 90, Re mayor RV 92, Sol mayor RV 107 y Fa mayor RV 98). Espacio Turina, viernes 16 de octubre de 2026
Hace poco más de una semana, el pasado martes día 6, se presentó la nueva programación de la Orquesta Barroca de Sevilla. Lo hizo en el Espacio Turina, donde la formación ostenta el título de orquesta residente, y que en los últimos años, con Fernando Rodríguez Campomanes y un equipo responsable y comprometido al frente, se ha ido consolidando como uno de los referentes absolutos de la música seria no sólo en nuestra ciudad, sino en toda la comunidad autónoma, con una programación cuidada y exquisita que no deja de sorprendernos y estimularnos.
Ayer tuvo lugar el concierto
inaugural de la orquesta, con tan buen juicio que lo hizo en forma camerística, resaltando las
cualidades de algunos y algunas de sus integrantes más relucientes, con la
complicidad del portugués Pedro Castro,
que tantas veces junto a este conjunto sevillano y otros de diversa índole, nos
ha seducido y deleitado. Castro se hizo cargo de la dirección, desde la humildad y la discreción, de
un singular concierto integrado por seis
de los veintitrés conciertos de cámara de Antonio Vivaldi, todo un dechado
de creatividad y desenfadada alegría, de lo que el conjunto supo hacerse eco
con una fluidez, una sensibilidad y una
gracia absolutas.

Fue quizás Rafael Ruibérriz de
Torres quien más oportunidades de lucimiento tuvo en esta ocasión. Recién
desembarcado de otra importante inauguración, la de la tercera edición de la
Ruta Turina, una iniciativa transversal que este año celebró su puesta de largo
en el recién recuperado Lope de Vega, Ruibérriz protagonizó gran parte de concierto, casi en todo momento
dialogando con el resto de los intervinientes, pero con una voz claramente
dominante frente al conjunto. Hizo gala una vez más de una fluidez y un control de la respiración encomiables, a pesar de
que en un par de ocasiones sufrió algún desliz que se le fue de las manos pero
no empañó una interpretación magistral y llena
de musicalidad de los conciertos programados.
Junto a él, fue la violinista de la Barroca, Fumiko Morie, quien disfrutó por fin de un protagonismo a la altura de su talento y sus habilidades. La
felicidad y el entusiasmo que esta espléndida solista insufla ya desde su
expresividad facial, se contagió también a la música, plena de gozo y alegría,
si bien el sonido acusó puntualmente
asperezas y alguna salida de tono, pero no cabe duda de que atesora una
fluidez y una agilidad encomiables. También el prestigioso fagotista Alberto Grazzi demostró presencia y
habilidad, además de un rotundo control del fiato, mientras Castro se desenvolvió con soltura y aparente facilidad en sus intervenciones tanto al
oboe como a la flauta de pico.

Los y las siete músicos convocados lograron hacer respirar con generosidad la efervescente música de Vivaldi,
identificable en todo momento gracias a movimientos tan elegantes y pausados
como los lentos de los conciertos RV 88 y RV 84, y con especial hincapié en el
melódico largo del 107. La alternancia entre instrumentos solistas y el
elocuente diálogo entre los mismos se hizo especialmente relevante y
enfático en el RV 98, Tempesta di mare,
que fue el más reconocible junto al RV 90, Il
gardellino, por sus más divulgadas versiones para orquesta reforzada, y que
en el caso del segundo brindó a Ruibérriz la ocasión de mostrarse distendido y hasta cierto punto divertido amulando los
sonidos del jilguero aludido.

Como no cabía esperar menos, el continuo
formado por Mercedes Ruiz al violonchelo,
Ventura Rico al contrabajo y Alejando Casal a los teclados, estuvo a
la altura, si bien en los dos primeros conciertos nos pareció más endeble de lo habitual la
aportación de Ruiz, felizmente recuperada en el resto del programa, con ese particular
cuerpo del que es capaz de dotar al conjunto. Un, por lo tanto, feliz reencuentro con una orquesta que
tantos buenos momentos nos ha regalado, y que a buen seguro seguirá haciéndolo
en esta temporada recién estrenada.
Este mismo concierto lo repetirán este fin de semana en Aranjuez y Barcelona, y el próximo
martes en Palma de Mallorca,
mientras nosotros disfrutaremos de una nueva cita el 20 de noviembre, de nuevo
con Vivaldi y sus imperecederas Cuatro
estaciones, y Stefano Barneschi liderando la formación desde su responsabilidad
como violín solista.
Especial mención merecen las espléndidas fotografías facilitadas por el operador oficial, Luis Ollero, de las que sólo ofrecemos una mínima muestra, pero que en conjunto son susceptibles de protagonizar una exposición de gran calidad y relevancia, como lo son todas las que nos ofrece cada vez que es el responsable gráfico de la función.
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