miércoles, 14 de octubre de 2026

SOMBRA NÓMADA Rebelde saharaui

España- Francia-USA 2025 82 min.
Guion y dirección
Eimi Imanishi Fotografía Frida Marzouk Música Clara Aguilar Intérpretes Nadhira Mohamed, Suleiman Filali, Omar Salem, Eddami Elabed, Check Mehdi, Khadija Najem Allal, Guizlane Lkoucha Estreno en el Festival de Toronto 8 septiembre 2025; en España 2 octubre 2026

Japonesa-estadounidense, cabe preguntarse qué genera en Eimi Imanishi este particular interés por la causa saharaui, que le llevó hace una década a dirigir el cortometraje Batallion to My Beat y ahora este debut en el largometraje, con producción fundamentalmente española, estrenado en el Festival de Toronto del año pasado, y que tras un sinfín de pases en todo tipo de festivales cinematográficos, recibe su bautismo comercial en nuestro país, si bien sólo en algunas ciudades, con escalas puntuales de carácter especial en otras, como Sevilla. Una vez más, pases a los que acuden quienes ya están familiarizados y concienciados con un problema de carácter social y político, algo habitual en este tipo de producciones que deberían ser de obligado visionado entre jóvenes y adultos de toda condición, en lugar de acabar relegados a salas y pases tan limitados que exigen una planificación esmerada por parte de quienes acuden a verlos.

En este caso, Imanishi fija su atención en una joven que ha conocido durante toda una década lo que es vivir en libertad, buscando su propio destino, en una democracia consolidada, aún en peligro de dejar de serlo, como España. Detenida y deportada, la protagonista deberá convivir de nuevo con unas formas de vida encorsetadas que poco o nada tienen ya que ver con sus ansias de libertad y ambición. Nada, sin embargo, que no ocurriera en ninguna otra parte del mundo donde los derechos humanos y libertades fundamentales no acaban de convertirse en realidad, lo que hace que este viaje al Sáhara ocupado apenas difiera del que pudiera realizarse incluso al país invasor, Marruecos, donde las diferencias con occidente son ampliamente visibles, a pesar del esfuerzo oficial por convencernos de lo contrario. De este modo, más que enfrentarnos a la causa saharaui, apenas esbozada en una penosa e insignificante revuelta rodada y planificada con tanta torpeza que deja ver con claridad sus limitados recursos, sólo alcanzamos a seguir a esta joven deportada por paisajes familiares y traumas del pasado, incluido un ex novio acechado por una inexplicable sombra, dado el contexto.

A la vez, asistimos a un toma de identificación con costumbres ancestrales tan arraigadas como puntualmente simpáticas, siempre dentro de un ambiente que exhala represión y falta de oportunidades que, repetimos, son consustanciales a estos países, libres o no de una colonización mal acabada y una ocupación bendecida por los todopoderosos Estados Unidos. Hubiésemos preferido que el conjunto expidiera un aroma más divulgativo y educacional, sin quedarse en este tipo de producciones rutinarias que hacen de la escasez de medios, su particular mérito e idiosincrasia. La paulatina falta de esperanza y libertad a la que va sometiéndose la apurada protagonista, recibe su particular toque poético a bordo de una barcaza de pescadores.

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