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domingo, 27 de marzo de 2022

EL VIAJE IMAGINARIO DE ALQHAI Y TABASSIAN

39 Femás. De Sevilla a Isfahán. Accademia del Piacere: Fahmi Alqhai, Rami Alqhai y Johanna Rose, violas da gamba. Constantinople: Kiya Tabassian, setar y voz; Didem Basar, kanun; Patrick Graham y Hamin Honar, percusión. Programa: Piezas de Francisco Guerrero, Luis de Narváez, Aga Mu’men, Alonso de Mudarra, Dimitri Cantemir, Miguel de Fuenllana, Fahmi Alqhai, Kiya Tabassian y anónimos. Espacio Turina, sábado 26 de marzo de 2022


Cada Femás, desde hace más de veinte ediciones, cuenta con un estreno de la mano de su director Fahm Alqhai, en los últimos años centrado en la fusión y el mestizaje musical, con propuestas que van del rock al flamenco con aires barrocos apoyados habitualmente en esa viola da gamba que domina a la perfección. Esta vez contó con la inestimable colaboración del grupo canadiense que lidera el músico iraní afincado en Canadá Kiya Tabassian, Constantinople, un conjunto de marcado acento étnico que maneja los instrumentos autóctonos con la misma perfección y destreza con que lo hacen los tres violagambistas a los que en esta ocasión quedó reducida la Accademia del Piacere, formación que lidera el sevillano de origen sirio que más ha exportado la música seria hecha aquí al resto del mundo.

Siguiendo las notas al programa de Juan Ramón Lara, se prometía uno de esos viajes de ida y vuelta que tanto ilustran nuestra historia y los lazos que nos unen a ese mundo tan aparentemente lejano que representa el Medio Oriente. Se trata de los viajes que el embajador de Enrique III de Castilla, Ruy González de Clavijo, documentó en su libro Vida y hazañas del Gran Tamorlán, cuando zarpó hacia la corte del sultán Temür para crear una alianza con la que enfrentarse a los turcos otomanos. Unos viajes que le llevaron a él y su séquito de Persia a la misma Constantinopla, y que Argote de Molina divulgó en los tomos que él mismo editó y prologó. También comenta Lara que de la misma forma, años después fue el príncipe conocido como Juan de Persia quien realizó un viaje de vuelta, de Isfahán, en el corazón de Irán, a las cortes europeas hasta instalarse en Castilla. Y de todo eso tenía que surgir este programa musical, pero fue imposible seguir estos apasionantes viajes así ilustrados con música de la época, ante la oscuridad reinante en la sala, que hacía imposible seguir sus escalas, y la falta total y absoluta de ningún tipo de explicación, ni hablada ni escrita sobre el fondo del escenario en el que el Espacio Turina suele proyectar tan oportunamente los textos cantados en recitales de toda índole, y que este Femás ha obviado por completo.

Así las cosas, y con un setar (pequeño instrumento persa de cuerda pulsada) y la voz de Tabassian sometidos a una amplificación que afectó a todo el conjunto y provocó un sonido seguramente brillante y hermoso pero tan uniforme que resultó difícil apreciar texturas y planos, lo que quedó fue un bonito y fluido concierto de música mestiza, con momentos aislados de inconfundible belleza, especialmente cuando se podía apreciar el trabajo más armonioso que contrapuntístico de las violas, todo ello tamizado con un trabajo de percusión mimado pero a menudo rutinario. En el camino ya daba igual si las piezas eran de Narváez, Mudarra o Guerrero, o si se trataba de un fandango, una fantasía o unas diferencias… todo estuvo tratado igual, bajo una misma discutible estética. No cabe duda de que el trabajo de los y las músicos fue impecable técnicamente, y que primó la belleza tímbrica por encima de cualquier otra consideración, pero el resultado a algunos nos pareció demasiado homogéneo y poco o nada ilustrativo de todo aquello que pretendía reflejar. Aun así suscitó el entusiasmo generalizado del público, si bien percibimos cierto desconocimiento y desconcierto entre los comentarios vertidos de mucha gente que ni siquiera era consciente de la colaboración concertada, y todo lo achacaba al popular conjunto del violagambista sevillano. Hubo también entre los especialistas en el género, quien aclaró que el programa era muy exigente técnicamente, lo que de ser así ciertamente contó con el buen hacer de los siete participantes, incluida la muy idiomática y exótica labor de la intérprete turca Didem Basar al kanun, una especie de salterio cuyo nombre traducido significa ley.

Fotos: Anibal González (Femás)
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 5 de septiembre de 2021

LA QUÍMICA SEDUCTORA DE BRAZO Y FERNÁNDEZ

XXII Noches en los Jardines del Real Alcázar. Manu Brazo, saxofón. Pepe Fernández, piano. Programa: Obras de García Lorca, Iturralde, Bartok, Piazzolla, Monti y Gardel. Sábado 4 de septiembre de 2021


Después de haber sido testigos del desarrollo y progreso del saxofonista utrerano Manu Brazo, de la mano de orquestas como la Bética de Cámara y la Sinfónica Conjunta, así como de las siempre atentas Juventudes Musicales, el joven músico se ha labrado un excelente porvenir en Londres, donde ha recibido los mayores reconocimientos y los comentarios más generosos y encendidos ante lo que no es sino una constatación, que es un fuera de serie. Quizás la dichosa pandemia haya interrumpido ese ascenso a los cielos, y de vuelta a su tierra y a unas Noches del Alcázar en las que nunca antes había tocado, se asocia ahora con otro joven de su ciudad con el que demuestra tener una sintonía perfecta, base indispensable sobre la que ofrecer platos tan suculentos como los que pudimos digerir en este breve pero intenso concierto, otro tanto que se apunta Actidea en esta insólita y estupenda edición.

Además de comprobar que el joven saxofonista sigue en tan buena forma, incluso mejor, como es lógico cuando el artista no se duerme ni relaja y logra gestas como las que él ha cosechado fuera de España, pudimos descubrir el talento y el entusiasmo de su compañero Pepe Fernández, con el que mantiene esa perfecta sintonía aludida, colchón sobre el que germinó una propuesta henchida de encanto y seducción. Su disco, Folk-lore, explora justamente eso, la música inscrita en el acervo popular de zonas y países tan carismáticos como Argentina, Rumanía, la vertiente mediterránea, Hungría o nuestra España. Precisamente varias de las piezas populares armonizadas por García Lorca sirvieron como hilo conductor de tan fascinante y evocador viaje. Levemente apuntada en un saxo que hizo ya gala de fraseo limpio y exquisito, un dominio perfecto de la respiración, una homogeneidad tímbrica solo al alcance de los intérpretes más experimentados, y una capacidad ejemplar para jugar con las dinámicas y apianar a discreción, las Tres morillas de Lorca se fusionaron con absoluta fluidez y naturalidad con la Suite Hellenique de Pedro Iturralde. Fue la ocasión perfecta para que ambos intérpretes nos ofrecieran puro jazz en el mejor y más tradicional estilo, con algunos aires aflamencados que no deslucieron la propuesta, más bien la enriquecieron, gracias a la solidez y ese marcado y aparente aspecto improvisado que definió la propuesta.

Prolongación de sus cuerpos

El trabajo de Fernández y Brazo está concebido para lucir su talento y aptitudes pero también para lograr un efecto seductor que agrade a la audiencia sin estridencias ni marcados ejercicios experimentales. No obstante su sentido del compromiso y la innovación les llevó a tocas algunos pasajes con piano preparado, rasgando cuerdas y potenciando su carácter percutivo, como sucedió en el bloque dedicado a Astor Piazzola, donde el control y el entusiasmo hizo que sus instrumentos parecieran una prolongación de sus cuerpos. De él interpretaron con carácter escolástico un Ave María de resortes casi místicos, que enlazaron con soberbia naturalidad, como el resto del programa, con un característico estudio de potente ritmo y endiablado fraseo, de todo lo cual salieron victoriosos los dos compenetrados artistas. Antes ya habían abordado con rigurosa formalidad las Danzas rumanas de un nacionalista Bartok, como después destilarían su particular revisión de las populares Czardas de Vittorio Monti, combinadas con una melancólica Nana de Sevilla y un evocador tango de Gardel, el Por una cabeza que tanta popularidad alcanzó de la mano de la película Esencia de mujer, protagonizada por Al Pacino.

Se les quedó corto el concierto y tuvieron tiempo de sobra para abordar una propina, otra ejemplar combinación, fluida y natural, la de la Saeta de Serrat y la Habanera de Carmen, otra oportunidad para que Brazo desplegara su virtuoso sentido del fraseo, su cristalina facilidad para marcar la melodía y un gusto exquisito compartido por su partenaire, un visiblemente entusiasmado Pepe Fernández, otro nombre que añadir a la larga lista de jóvenes andaluces que están encandilándonos y demostrando que hay una juventud comprometida, fuerte, responsable y decidida, capaz de dar lo mejor de sí y entusiasmarnos con su calidad, talento y dedicación. También la puesta en escena, sus elegantes atuendos, ayudó a disfrutar tanto.

Fotos: Actidea
Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 25 de abril de 2021

AL ENCUENTRO DE VANDALIA TRÍO

Ciclo Alternativas de cámara, en colaboración con Juventudes Musicales de Sevilla. Fernando García, violín y teclados. Irene Jiménez, flauta travesera. Pablo Estébanez, contrabajo. Programa: Presentación del disco GEN (Obras de C.P.E. Bach, Mozart, Monti, y recreaciones basadas en Ravel, Albéniz y Piazzolla). Sala Manuel García del Teatro de la Maestranza, domingo 25 de abril de 2021

Alguien no ha hecho bien los deberes y ha olvidado registrar el nombre de Vandalia en la Oficina de Patentes y Marcas, de otro modo no se explicaría que esta derivación de los vándalos, que algunos identifican con el origen de Andalucía (Vandalusía), aunque el tímido paso de este pueblo escandinavo por el sur del continente haga naufragar esta hipótesis, haya servido para bautizar dos grupos musicales de índole muy diferente. Por un lado tenemos el muy conocido entre nosotros y nosotras integrado por las voces de Rocío de Frutos, Gabriel Díaz, Víctor Sordo y Javier Cuevas dando forma al barroco y el renacimiento, y por otro esta formación de nuevo cuño y estética completamente diferente cuyo debut en el Maestranza tenía que haberse producido el pasado año, y por motivos bien conocidos se ha aplazado a esta primavera.
Juventudes Musicales de Sevilla los han apadrinado tanto en concierto como en la grabación que ha motivado esta presentación, y ellos se han sentido profundamente agradecidos y mimados por quienes ahora consideran sus segundos padres, Concha Arenal y Arnold Collado.

Seguramente lo que hacen Vandalia Trío no sea exactamente lo que estén acostumbrados y acostumbradas a leer en estas crónicas, pero también saben lo mucho que apreciamos y admiramos en estas páginas aquellos proyectos protagonizados por jóvenes con agallas, ilusión y talento, y estos tres apasionados de la música sin duda lo tienen. Puede también que nos hayamos sentido jurado de un talent show, aunque les aseguramos que no nos identificamos en lo más mínimo con Risto Mejide. Lo cierto es que sabíamos cuál sería la propuesta de este joven trío y solo quedaba comprobar si lo hacían bien, y la verdad es que son buenos músicos. Irene Jiménez domina la flauta a la perfección, modula y frasea a discreción y con muy buen gusto, mientras Pablo Estébanez es capaz de extraer del contrabajo cuando lo requiere texturas y agilidades próximas al violonchelo, y Fernando García acusa en su sobrado eclecticismo un entusiasmo capaz de contagiar con su juguetón violín, su eficiente pianismo y su capacidad de coordinación y concentración en el complejo Loop Station con el que dieron más volumen y relieve a su variada propuesta.

El programa empezó de forma convencional con el allegretto de una sonata para tres de Carl Philip Emmanuel Bach, demostrando aun con sonido amplificado que son capaces de exhibir la educación académica recibida. Y siguió con el presto del Divertimento K.138 de Mozart ya en modo intervenido y fantaseado, y terminar un primer bloque con las célebres Czardas de Vittorio Monti evocando la atmósfera cómica de Mel Brooks y su Young Frankenstein, antes de embarcarse en el repertorio genuino que podemos encontrar en su primoroso álbum de presentación, GEN, en el que prosiguen su estilo arreglando y sometiendo a variaciones piezas tan arraigadas en el acervo clásico como el Trío para piano de Ravel – un Patoum Suite habitado por sonidos misteriosos y seductores – o el Asturias de Albéniz eficazmente combinado con la Malagueña de Lecuona y un estilo aflamencado legado del rock andaluz de los setenta, auténtica movida de transición más allá de la tan cacareada e igualmente meritoria madrileña de los ochenta. En ese Encuentro basado en Albéniz el público fue invitado a cantar y palmear, demostrando que aquí hay arte más allá del tópico. Sometido también a un ritmo frenético y contagioso, transformaron el precioso Oblivion de Piazzolla en Olvido de Vandalia Trío, y continuaron haciendo lo mismo con el Danzón nº 2 de Arturo Márquez en la propina.

En todo momento ilustraron su proyecto con unas sencillas videocreaciones de Óscar Romero, artífice también del diseño artístico de su álbum, que viene así a aumentar el ya abultado merchandising con el que estos jóvenes entusiastas y emprendedores buscan alcanzar quizás el mismo cielo que ya habitan virtuosos como Ara Malikian y mediáticos como James Rhodes. Frente a tanto varapalo que recibe la actual juventud y ese horizonte oscuro al que parecen dirigirse, nos encanta y emociona que algunas y algunos sueñen y luchen por ese cielo claro y luminoso. Cierto es que su propuesta necesita pulimento, en lo escénico y lo musical, pero también que han tomado un buen camino para encontrar su propia voz y derrochan energía y positivismo para alcanzar su meta. De momento, el público salió tan encantado que la cola para hacerse con un ejemplar firmado del disco era tan larga como la que se forma cada tarde en La Verguería de la calle Cuna.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía

domingo, 21 de julio de 2019

EL CABARET CANTAUTOR DEL DÚO SALVADOR-SALIM

Cristina Salvador, voz. Daahoud Salim, piano.
La Casa de los Pianistas, sábado 20 de julio de 2019 

Recuerdo cómo nos impactó en aquel ya lejano noviembre de 1996 el saxofonista afroamericano Abdu Salim, nacido en Texas y afincado en Sevilla, hoy al frente de la Andalucia Big Band. Sus largas manos deslizándose por las llaves del instrumento tocando la parte de Ornette Coleman en la fascinante música de Howard Shore para El almuerzo desnudo de David Cronenberg, mientras el autor de la Trilogía del Anillo dirigía a su espalda a la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla, tendrá para siempre un puesto de honor en la memoria de los fenecidos Encuentros Internacionales de Música de Cine que se celebraban en el Teatro de la Maestranza.

Atraídos por conocer el talento y las virtudes de su hijo, Daahoud, nacido aquí hace veintinueve años, y avisados por Yolanda Sánchez, la aguerrida responsable de La Casa de los Pianistas, que va ya viendo los frutos de su sueño gracias a una programación exhaustiva que le mantiene ocupada casi todos los días del año, nos hemos acercado a esta propuesta ecléctica y atrevida que el joven Salim nos ha traído junto a la muy versátil y expresiva Cristina Salvador, también sevillana y poseedora de un espíritu farandulero nada desdeñable. En su oferta, toda ella fruto de su entusiasmo y dedicación, letra y música incluidas, hubo lugar para la protesta, el sainete costumbrista, el chascarrillo con final chistoso, la crítica, a veces mordaz, otras veces no tanto, y la mezcla de culturas, con especial hincapié en la conjugación de las que florecieron en Latinoamérica a raíz de nuestra intervención.

Curtido en el jazz y la clásica, ambas disciplinas se notan en la forma que Salim tiene de atacar las teclas del piano, a veces con dulzura, otras con furia, pero siempre con la precisión y la seguridad que aportan los años de experiencia. Salvador expresa también esa facilidad para conectar gracias a su actividad empírica en zarzuela, musicales y canción de autor. En esta última faceta hizo brillar su talento, acompañada al principio de un palo de lluvia para crear una atmósfera intimista y hablarnos de emociones momentáneas, como la hora que duró su recital. A partir de ahí un cuaderno de chorradas les permitió reírse con respeto de la tauromaquia y con justicia de las reveladoras frases (Cuanto peor, mejor para todos) de nuestro último e innombrable ex presidente de gobierno, maestro del engaño y la zafiedad.

Un "momento" de la actuación en La Casa de los Pianistas
En cuanto a la música, Salvador combina la sottovoce, dulce y acaramelada, con la estridencia a máximo volumen, potenciado por un timbre en extremo agudo, adaptando su estética unas veces al estilo de Violeta Parra, otras al toniquete andaluz, especialmente perceptible en una canción que desglosa el menú de un bar, otras con mal rollo para denunciar el control y la manipulación a la que están sometidas nuestras vidas, y mucho son cubano por ejemplo para poner en evidencia la hipocresía con la que a menudo confundimos la buena educación. No siempre piano, ritmo y voz se acoplaron idealmente, pero en general hubo mucha sintonía y complicidad, destacando la capacidad de concentración de Salim para mantener el ritmo obsesivo a toque de cencerro. La tan necesaria concordia en el mundo, la esperanza en las generaciones futuras a través de una nana, o esas buenas intenciones que a menudo incumplimos, formaron también parte de este iconoclasta cabaret que logró la aprobación del público que abarrotaba la sala Martha Argerich de esta ya imprescindible Casa de los Pianistas.

Artículo publicado en El Correo de Andalucía