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jueves, 9 de julio de 2026

9 LUNAS No se trata de una cuestión de genitales

España-Bélgica 2026 98 min.
Dirección
Patricia Ortega Guion Patricia Ortega, José F. Ortuño y Olmo Figueredo González-Quevedo Fotografía Diego Dussuel Música Paloma Peñarrubia Intérpretes Zack Gómez-Rolls, Jorge Sanz, María León, Sara Sálamo, Fernando Guallar, Kiti Manver, Myriam Diego, Adrián Pino, David Lora, Avelino Piedad, Silvia Rey, Eduardo Rejón, Joaquín Núñez Estreno en el Festival de Málaga 7 marzo 2026; en salas 3 julio 2026


No debe haberle hecho mucha ilusión a la venezolana Patricia Ortega que su película se estrene justo cuando su tierra ha entrado en un bucle de sufrimiento. Afincada en nuestro país, ya indagó hace unos años en una cuestión novedosa, la de tantas mujeres maduras que no han conocido un orgasmo, en Mamacruz. Ni aquella ni ésta, de tema también absolutamente original y novedoso, abordan su particular tesis con la profundidad deseada, pero mantienen un tono amable, si no directamente jocoso, que hace su visionado una experiencia agradable, más en el caso que ahora nos ocupa. Y es que Ortega, con la ayuda inestimable de un equipo de guionistas entregados y entusiastas, ha conseguido ahora una más que estimable película, bien edificada e interpretada, sobre un hombre transexual a punto de completar su transformación, que se queda accidentalmente embarazado. No se trata ni del Mastroianni de No te puedes fiar ni de la cigüeña, ni mucho menos del Schwarzenegger de Junior. Aquí no hay ni trasfondo psicológico ni filosófico, ni parte de una cuestión de ciencia o fantasía. Se trata simplemente de mostrar una sociedad abierta y educada en diversidad con los nuevos roles de género, así como, esto es lo más interesante, de desarrollar un doble proceso de armarización, el que sufre una mujer que se siente hombre, y la de éste en su empeño de integrarse en un colectivo de machirulos en el que poder pasar desapercibido adoptando conductas indeseables, y especialmente incoherentes con su condición. Algo así como esos gays y lesbianas que presumen de orgullo y votan, o incluso militan, en partidos de derechas que nada han hecho ni jamás harán por nosotras y nosotros.

En este doble objetivo, bien abordado por directora y guionistas, cabe destacar la sorprendente interpretación de Zack Gómez-Rolls, hombre trans que debuta con esta película rodada casi en su integridad en Sevilla, logrando un trabajo generoso en matices, dentro de la marea de incertidumbres y dudas que sufre su personaje. Junto a él, toda una galería de excelentes secundarios dando vida a familiares concienciados y progresistas, casi siempre convocados en torno a saludables mesas aderezadas con los guisos de la abuela Kiti Manver, protagonista de aquella Mamacruz que dio a conocer a su directora. Destaca el buen hacer de María León como hermana del protagonista, y la sorprendente recuperación de Jorge Sanz como padre, en un rol que completa la agenda social y psicológica del film, siempre desde el tono amable y desenfadado que le caracteriza, al afrontar un proceso de desintoxicación de una masculinidad retro. Un personaje que, por cierto, sostiene otro interesante apunte de la película, que la cuestión de género no necesariamente tiene que ver con los genitalesEl resto, antiguos amores y compañeros de trabajo, un conocido gimnasio de la ciudad plagado de entrenadores víctimas de toxicidades virales, complementan tan buena compañía. En este sentido, destacamos el personaje de jefa, en una secuencia que demuestra hasta qué punto hemos normalizado una situación que nos convierte en líderes mundiales en humanidad y apertura de mente, si bien es cierto que hasta en eso parecemos los hombres tener mejor suerte que las mujeres. Vamos, que si por casualidad nos quedamos embarazados, vamos a tener más apoyo incluso en el trabajo que si lo hace una mujer.

Todo lo cual convierte ésta en una más que agradable y acertada comedia costumbrista tan acorde a los tiempos como necesaria en época de peligros retrógrados y retroactivos. Lástima que una exhibición tan parca relegue la cinta a una sola sala, y apenas dos pases, precisamente en la ciudad donde se ha rodado y cuya idiosincrasia, ajena a estereotipos, tan bien se refleja. De hecho, apenas se han estrenado una veintena de copias en todo el país, mientras los bodrios estadounidenses que cuentan una y otra vez lo mismo, y siempre bajo una violencia desorbitada, ocupan cientos de salas. Lo cual provoca que al final seamos quienes ya estamos suficientemente concienciados, quienes acudamos a ver estas cintas tan agradecidas como educativas, mientras quienes deberían hacerlo siguen abarrotando salas con películas de argumentos execrables.

sábado, 28 de octubre de 2023

MAMACRUZ Ardores anacrónicos

España 2023 84 min.
Dirección
Patricia Ortega Guion Patricia Ortega y José Ortuño Fotografía Fran Fernández Pardo Música Paloma Peñarrubia Intérpretes Kiti Mánver, Pepe Quero, Inés Benítez, Silvia Acosta, Loles Gutiérrez, Mari Paz Sayago, María José Mariscal, Paula Díaz, Úrsula Díaz Manzano Estreno en el Festival de Sundance 20 enero 2023; en salas 27 octubre 2023

La directora venezolana Patricia Ortega sitúa a la mujer como eje central de su todavía corta filmografía. La lucha por la supervivencia de un grupo de madres en El regreso y la aceptación de su condición de joven intersexual en Yo, imposible, dan paso ahora al descubrimiento del placer sexual al margen del hombre por parte de una mujer de provincias en edad madura. Cuenta para ello con la colaboración del dramaturgo y cineasta sevillano José Francisco Ortuño, fijando su atención en una arquetípica mujer religiosa cuyo convencional y a todas luces decepcionante matrimonio le ha dejado literalmente para vestir santos.

No dudamos que puedan todavía existir personajes así en nuestra sociedad, pero deben ser algo tan raro y excepcional que no conseguimos identificar la historia que Ortega y Ortuño nos plantean con una realidad plausible, tantos años disfrutando de una sociedad en este y otros aspectos bastante saludable y libre de antiguos prejuicios. Quizás si se hubiera ambientado esta historia treinta años atrás nos habría resultado más convincente, pero el descubrimiento de la sexualidad, el calentón que sufre la protagonista, y los tímidos intentos de resultar atrevida que llevan a sus responsables a incluir secuencias presuntamente escandalosas, como la que exhibe el cartel publicitario aquí reproducido, utilizado en Sundance donde se estrenó hace casi un año, nos acaban pareciendo bastante ingenuos y anacrónicos. Podríamos destacar, aunque sólo sea por su evidente comicidad, las reuniones tupperware de juguetes sexuales, si bien nos chirrían esas mujeres una vez más adoptando roles tradicionalmente masculinos en lugar de proponer otros más genuinos y acertados.

La indefinición de personajes, sobre todo la sufrida ama de casa y costurera protagonista, y esa hija y nieta que casi nada aportan al tema (la segunda incluso llega a desaparecer a mitad de metraje sin explicación alguna), y sobre todo ese esposo ausente y dormilón que nos retrotrae e un animalario hace tiempo superado, hacen naufragar todavía más una empresa cuyas buenas intenciones se antojan definitivamente poco para llegar a buen puerto. Por su parte, Kiti Manver aborda su personaje con rictus de permanente sorpresa e incredulidad, sin apenas registros y un desarrollo más sujeto al golpe de guion que a la naturalidad que el conjunto exige. Un uso artificioso del sonido, una fotografía luminosa y sin apenas contraste ni siquiera de noche, y el dichoso quejío supuestamente andaluz de la banda sonora completan el desfile de despropósitos en el que al final se traduce esta desdichada película.