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sábado, 16 de noviembre de 2024

YUJA WANG Y MAHLER CHAMBER ORCHESTRA, UNA COMBINACIÓN PERFECTA

Gran Selección. Yuja Wang, piano y dirección. Mahler Chamber Orchestra. José María Blumenschein, concertino y líder. Programa: Concierto en Mi bemol mayor “Dumbarton Oaks”, de Stravinski; Concierto para piano en Sol mayor y Le tombeau de Couperin, de Ravel; Jazz Suite para piano y orquesta, de Alexander Tsfasman. Teatro de la Maestranza, viernes 15 de noviembre de 2024


Diez años ha tardado Yuja Wang en regresar a Sevilla, y el público del Maestranza lo celebró llenándolo. En aquella ocasión actuó en solitario, y ahora lo hizo acompañada de una orquesta con la que a lo largo de los años ha exhibido una profunda compenetración, Mahler Chamber Orchestra, que repitió en nuestro teatro un año después de inaugurar el ciclo Gran Selección de la temporada pasada con la que recuperamos la sana costumbre de disfrutar de otras orquestas que no sean estrictamente las nuestras.

La experiencia arrancó con una selección de quince maestros y maestras de la orquesta europeísta recreando el célebre concierto Dumbarton Oaks de Stravinski, que los intérpretes abordaron con una precisión y una trasparencia portentosas. Hito del neoclasicismo sin renunciar a su carácter contemporáneo, de ella la Mahler ofreció una versión ágil y rotundamente vivaz, demostrando por qué cada uno y una de los músicos seleccionados merecía considerarse solista, cumpliendo así las exigencias de un concierto grosso en toda regla. Sus continuos cambios de compás se salvaron con fluidez, pero lo que más destacó fue la superposición de planos sonoros perfectamente articulados y con una claridad extrema que convirtió la audición en toda una experiencia sensorial.

Ya con la orquesta en pleno, y bajo los designios del concertino alemán de origen brasileño, José María Blumenschein, pero sin director, como tantas veces lo hace esta orquesta, si bien el año pasado acudió bajo la batuta de Daniele Gatti, interpretaron la suite de Ravel La tumba de Couperin, con sus cuatro movimientos paladeados con una sensibilidad extrema y de nuevo la claridad y precisión aludidas. Se hicieron eco de la calidez y superficial amabilidad de la partitura, pero sin descuidar el misterio y la ternura que aderezan estas melancólicas páginas, especialmente en el trágico crescendo del precioso minueto. Con un dominio técnico impecable, atacaron el preludio potenciando su alegre burbujeo, con aportaciones soberbias del oboe; el forlane resultó tan elegante como irónico, mientras el aludido minueto evidenció los aspectos más melancólicos de la partitura, para finalizar con un rigodón alegre y desenfadado en el que destacó la excelente labor de los metales.

Yuja Wang hizo su aparición sobre vertiginosos y delgadísimos tacones que le sirvieron de palanca a la hora de modular su presión sobre los pedales del piano. Se reservó la segunda pieza de cada parte del programa. Primero, ese extraordinario Concierto en Sol de Ravel que nunca nos cansamos de escuchar, y que en sus manos resultó un dechado de virtuosismo extremo y de sensibilidad a flor de piel, si bien lo que más llamó la atención de su dominio pianístico fue la volatilidad de su digitación, como si los dedos flotaran sobre el teclado extrayendo de él simplemente una magia bien dosificada. Como directora, gesticulando con contundencia cuando su trabajo al piano se lo permitía, fue la atmósfera fantasmagórica que extrajo de la parte central del primer movimiento, algo que sólo alcanzamos a definir como un misterio sideral si queremos dar una idea próxima de lo que escuchamos. Wang alternó el ritmo obstinado del adagio central con su excelso canto melódico, logrando altas dosis de sentimiento y expresividad, además de una coordinación y acoplamiento con la orquesta de los que pellizcan la piel. El presto final se reveló como una carrera infernal, rica en transformaciones y contrastes, puro fuego tanto en la vertiginosa digitación de la pianista como en la tensión dramática desplegada por la orquesta.

Detrás, José Mª Blumenschein. Foto: Luis Pascual
El segundo de los trabajos que acometió la exótica pianista fue una Suite de jazz al estilo ruso, que tanto tuvo que decir en el sonido de Hollywood a través de los compositores que huyeron allí desde la Unión Soviética. Se trata de un divertimento con toques de glamour, contagiado de los grandes de la música estadounidense, pero sin llegar a entender sus precisas coordenadas. En manos de una orquesta mediocre revelaría su escasa valía, pero en una como la Mahler Chamber y con la arrebatada interpretación de Yuja Wang, los resultados se acercaron a la excelencia, y desde luego dejaron buena constancia de la versatilidad de los intérpretes y su capacidad para hacer música jocosa sin prescindir de seriedad y responsabilidad. Como propina, Wang interpretó, acompañada de una breve sección instrumental de percusión y contrabajo, una reducción del Danzón nº 2 del mexicano Arturo Márquez, así como otra pieza de corte jazzístico y endiablada ejecución. El público, por supuesto, entusiasmado.

Fotos, excepto la indicada: Guillermo Mendo

lunes, 27 de noviembre de 2023

GATTI Y MAHLER CHAMBER ORCHESTRA DESLUMBRAN EN SEVILLA

Gran Selección. Daniele Gatti, director. Mizuho Yoshii-Smith, oboe; Gilhaume Santana, oboe; Matthew Truscott, violín; Frank-Michael Guthmann, violonchelo. Programa: Sinfonía nº 1 en Re mayor Op. 25 “Clásica” de Prokófiev; Sinfonía Concertante en Si bemol mayor Op. 84 Hob. I/105, de Haydn; Sinfonía en Do mayor, de Stravinsky. Teatro de la Maestranza, domingo 26 de noviembre de 2023


Hacía mucho tiempo que el Maestranza había abandonado la sana costumbre de invitar orquestas de otros lares a su escenario. Las progresivas crisis económicas fueron abaratando costes y sacrificando ciclos. En los años anteriores a estas circunstancias se venía haciendo lo que se llamaba un intercambio entre orquestas, de forma que cada temporada se invitaba a una orquesta española mientras se cedía la nuestra a su sede; pero también fue ésta una idea, junto a las tan necesarias giras de la Sinfónica, que se abandonó. Han pasado muchos años y al olvido aquellas felices temporadas en las que prestigiosas formaciones de todo el Mundo recalaban en nuestro teatro. Habíamos perdido la esperanza de recuperar tan conveniente costumbre, al menos de momento, cuando la presentación de esta temporada nos devolvió la esperanza y la ilusión. Por aquí desfilarán conjuntos como MusicAeterna, Collegium 1794, la Orquesta Barroca Zéfiro o, como glorioso broche final, la mítica Filarmónica de Viena, además de batutas de relumbrón como las de Vassily Petrenko, Teodor Currentzis, Andrea Marcon, Alfredo Bernardini o Lorenzo Viotti.

Este ciclo Gran Selección nos trajo ayer a la Mahler Chamber Orchestra, una formación que en sus primeros años de andadura, cuando se denominaba Orquesta Joven Gustav Mahler, ya tocó en Sevilla bajo la dirección de su creador, el llorado Claudio Abbado. Ahora está de gira por España, el sábado en L’Auditori de Barcelona y hoy en el recién rehabilitado Palau de la Musica Valenciana, ayer en Sevilla. Su actual asesor artístico, Daniele Gatti, que tras su paso como director titular en orquestas como la Royal Philharmonic o la Royal Concertgebouw, afrontará en breve el cargo en la Staatskapelle de Dresden. Un currículo envidiable que da la talla de su talento y su valía, tal como demostró ayer en un programa en el que el clasicismo de Haydn se dio la mano con el neoclasicismo de Prokófiev y Stravinski. Así tuvimos por fin la oportunidad de escuchar de nuevo música sinfónica con un sonido distinto al que nos tiene acostumbrados la ROSS. Y es que es en el sonido donde se define e identifica una orquesta, más allá de la estética que en cada momento le imprima la batuta en cuestión.


Un clásico enmarcado por dos partituras neoclásicas

Ese particular sonido, que en el caso de la Mahler Chamber es rotundo y sólido, se tradujo en el caso de la Sinfonía Clásica de Prokófiev en una energía desbordante y una fuerza arrolladora que Gatti se encargó de modular con fuertes contrastes y dinámicas muy precisas, logrando en general una versión muy a la rusa de la célebre y popular página. Su ardiente allegro inicial encontró el contrapunto perfecto en un delicado larghetto con delicados tintes cargados de sensualidad. La gavota evidenció en su rotunda solemnidad ese estilo eminentemente ruso con el que quiso dotar Gatti a la interpretación, mientras el efervescente final resultó un dechado de exultante alegría, siempre desde la robustez y la solidez que supieron dotarle los y las muy comprometidas miembros de la orquesta. Nada mejor para una orquesta de cámara que enfrentarse a una pieza como la Sinfonía Concertante de Haydn, donde un conjunto de cámara se enfrenta y se deja apoyar por el tutti orquestal. Aquí, los solistas demostraron un sobrado dominio técnico y expresivo, especialmente la versatilidad del violinista Matthew Truscott, cuya especialización en el barroco quizás fuera responsable de que la orquesta tocara tan en estilo, reduciendo al máximo el vibrato pero sin la sequedad con la que muchas veces se confunde ese período. También Mizuho Yoshii-Smith al oboe demostró una flexibilidad y un dominio del fraseo extraordinario, que junto al violonchelo de Frabk-Michael Guthmann y el fagot de Guilhaume Santana, lograron una excepcional, vivaz y llena de entusiasmo recreación de esta jovial página.


Una más que compleja y arrebatada interpretación de la Sinfonía en Do mayor de Stravinski, no tan a la altura de su Sinfonía de los Salmos, pero tan apropiada para este singular programa, rubricó este reencuentro con el sonido diferente y personal de una orquesta sinfónica que no sea la nuestra propia. Gatti en este caso reforzó las líneas angulares y las expresiones cortantes de una partitura que viaja a sentimientos muy dispares y contrastados, alcanzando cotas de agitación inusitada en la magistral cuerda, momentos de inusitada belleza en los movimientos centrales, y prestaciones brillantes en los metales, sobre todo unas trompas dominadas exclusivamente por intérpretes españoles, que también destacaron en las maderas y los violonchelos. Mención especial al delicadísimo y no por ello menos acentuado trabajo del timbalista Martin Piechotta, dentro de un conjunto que destacó por su compenetración y capacidad de diálogo. El público, aunque escaso para las dimensiones del teatro, respondió con un enorme respeto y un gran entusiasmo que no se premió con la consabida propina, que no llegó.

Fotos: Guillermo Mendo
Artículo publicado en El Correo de Andalucía