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lunes, 20 de noviembre de 2023

EL VIEJO ROBLE Solidaridad para mantener la esperanza

Título original: The Old Oak
Reino Unido-Francia 2023 110 min.
Dirección
Ken Loach Guion Paul Laverty Fotografía Robbie Ryan Música George Fenton Intérpretes Dave Turner, Ebla Mari, Claire Rodgerson, Trevor Fox, Chris McGlade, Col Tait, Jordan Louis, Chrissie Robinson, Chris Gotts, Jen Patterson Estreno en el Festival de Cannes 26 mayo 2023; en Reino Unido 29 septiembre 2023; en España 17 noviembre 2023

Tan previsible como pueda resultar el desarrollo y la conclusión del nuevo film del incombustible Ken Loach, son las críticas que pretenden defenestrarlo con los mismos argumentos peregrinos de siempre. No es ni ésta ni ninguna de sus anteriores películas tan vilipendiadas una mala cinta; no puede serlo cuando conecta con nuestras conciencias como sólo él es capaz de hacerlo, con ayuda inestimable de su inseparable Paul Laverty, otra víctima permanente de tantos osados comentaristas. Tiene alma, que tanto se ha perdido en el actual cine denominado mainstream, y es capaz de combinar muchos de los problemas que acucian a la humanidad contemporánea con tanta pericia como ingenio hasta conseguir que sus postulados se conviertan en testimonio de nuestra vida y evangelio del mundo que nos ha tocado vivir. 
Luchador incansable desde la era Thatcher en que comenzaron a hacerse notorios sus trabajos, a sus casi noventa años Loach sigue en la brecha, apostando por la solidaridad como única vía posible de solución a la injusticia y la desigualdad, cuando los poderes se han abandonado definitivamente a un capitalismo feroz y agresivo.

Asistimos estupefactos a cómo el nuevo alcalde de Sevilla anuncia a bombo y platillo una Navidad con más luces y atracciones que nunca, para competir con otras ciudades con iguales ambiciones. Y lo hace en un entorno en el que la pobreza es cada vez más acuciante, quizás en la misma proporción que la de la ultrarriqueza de unos pocos. Gastamos millones en circo y poco o nada en pan, de forma que el recorte de derechos y libertades pase a un segundo lugar, inadvertido frente a la prioridad que sin duda merece la alimentación de nuestros hijos e hijas, por encima incluso de la educación, siempre tan peligrosa de cara a mantener el control y el poder sobre las masas. Y cuando alguien viene a leernos la cartilla y avisarnos de lo que se nos viene encima, lo tildamos de oportunista, tremendista y efectista, cuando la verdad es que necesitamos a Loach, a los Dardenne y a Bollaín para mantenernos despiertos y contestar a la injusticia que nos rodea. The Old Oak (por una vez nuestros distribuidores no tenían que haber traducido el título, toda vez que es el nombre de un pub) es el lugar donde los dormidos y embrutecidos supervivientes del abandono de una de tantas ciudades pequeñas víctimas de la crisis minera, beben, discuten y critican, y que su bonachón dueño convertirá en centro cultural, tan necesitado donde el intercambio y la solidaridad entre pueblos en principio dispares surja vía refugiados de países en guerra o sometidos a crueles dictaduras. Con una caligrafía pulcra y sencilla, con el ánimo siempre de llegar hasta la última persona intelectualmente cuerda, Loach expone las dificultades de un grupo de refugiados sirios en plena crisis del 2016, para integrarse en una comunidad fuertemente castigada por la pobreza y la desidia de los gobernantes.

Lo estamos viviendo también ahora, la crueldad con la que un pueblo severamente maltratado hace menos de un siglo, levanta las armas contra otro oprimido masacrándolo sin miramiento alguno. Y así ha sido y parece ser seguirá siendo siempre, sin capacidad de reflexión, sin que la memoria ahonde en nuestro intelecto, oprimiendo y avasallando siempre a nuestros semejantes. Pero en el cine de este Capra moderno no cabe la desesperanza ni la rendición, aunque sea forzando finales y cambiando sensibilidades de forma casi milagrosa. El intercambio cultural y la solidaridad, a veces ejercida a través del estómago, están ahí para que el pueblo comprenda que su fuerza y su tesón están por encima de las mezquindades de una minoría que sigue sin entender que el final es idéntico para todos y todas, y nadie escapa de él.

lunes, 4 de noviembre de 2019

SORRY WE MISSED YOU Disponible veinticuatro horas

Reino Unido-Francia-Bélgica 2019 101 min.
Dirección Ken Loach Guion Paul Laverty Fotografía Robbie Ryan Música George Fenton Intérpretes Kris Hitchen, Debbie Honeywood, Rhys Stone, Katie Proctor, Ross Brewster, Julian Ions Estreno en el Festival de Cannes 16 mayo 2019; en Reino Unido y España 31 octubre 2019

Con este nuevo título en su filmografía se confirma que si no existiera Ken Loach habría que inventarlo. Él en el Reino Unido como los Dardenne en Bélgica o, en menor medida, Bollaín y León de Aranoa en nuestro país, son quienes únicamente parecen dar voz a la cada vez más silenciosa y silenciada clase trabajadora, el proletariado al que el capitalismo feroz ha arrinconado y ninguneado hasta límites inimaginables. La pasada y reciente crisis mermó decisivamente los derechos de la gente trabajadora, esos que tanto costó forjar y tan poco aniquilar. Hoy todo son falacias e hipócritas mezquindades, disfraces de Caperucita tras los cuales se esconden feroces lobos nada dispuestos a transigir en este nuevo orden que tanto ampara a los ambiciosos y ansiosos de poder y tan poco a quienes con su granito de arena hacen posible que sobrevivamos como género. Ya lo denunciaba Costa-Gavras en la imprescindible Comportarse como adultos, que tan poco éxito al menos en nuestra ciudad ha tenido, que son los grandes poderes económicos quienes marcan las directrices que gobiernos y administraciones no se atreven a poner en tela de juicio, y que tanto daño están haciendo a la calidad de vida que se había alcanzado en tiempos de esperanza democrática.
 
Pero igual que la masa popular da la espalda a documentos tan imprescindibles como el que nos ofrecía de forma tan ejemplar y edificante este maestro del cine griego afincado en Francia, la misma se ha encargado de engordar ese capitalismo a ultranza que ha acabado con buena parte de la esperanza de millones de familias en todo el Mundo obligadas a sobrevivir en condiciones de casi esclavitud, como la que describe Loach en este doloroso drama. El amor, la ternura y el cariño más incondicional se convierte en esta hermosa crónica en único eje alrededor del cual los cuatro integrantes de una familia británica de barrio proletario, magníficamente interpretados, pueden mantener cierta esperanza en un futuro más amable. Es precisamente el Reino Unido un país donde, Brexit mediante, con mayor voracidad se está implantando un sistema agresivo y aniquilador en el que impera la ley del más fuerte, a imagen y semejanza de su eterno modelo, Estados Unidos, arrastrando todavía los horrores de la era Thatcher. Y es ahí donde un padre de familia se sumerge ingenuamente en la aventura del autoempleo mediante falsas franquicias que acaban por convertirse en la cárcel de tantos desprevenidos.
 
En esa vorágine acabarán sumergiéndose su esposa y dos hijos, especialmente un adolescente cuyo comportamiento será parte importante del abundante material dramático de la función, y cuyos giros de actitud acaban por erigirse en lo más discutible del conjunto. Personas obligadas a estar disponibles veinticuatro horas, a merced incluso de quienes un día lucharon por sindicatos justos y libres y hoy quizás una limitación física les obliga a echar mano también de un sistema laboral abusivo. Nos reencontramos así con ese director comprometido y necesario, un milagro a su edad, que no desfallece en denunciar la decadencia de un sistema en el que cada uno y una debería tener más voz del que finalmente se le ha reservado, frente a un sistema cuya gestación es fruto también de esa ambición desmedida incluso en el pueblo, que ha convertido los lujosos centros comerciales en las nuevas catedrales, relegando museos, teatros, auditorios y bibliotecas a un lugar marginal que ve con impotencia cómo el estudio de los grandes genios y filósofos cae cada vez en el más profundo de los olvidos, y con ello en la desesperanza y la vía abierta a la especulación del alma y los sentimientos que practican quienes aún no se han percatado de que nuestra existencia tiene irremediablemente fecha de caducidad.