USA 2026 133 min.
Guion y dirección Lee Cronin Fotografía Dave Garbett Música Stephen McKeon Intérpretes Jack Reynor, Laia Costa, May Calamawy, Natalia Grace, Billie Roy, Verónica Falcón, Shylo Molina, Emily Mitchell, Hayat Kamille, May Elghety, Husam Chadat, Mark Mitchinson Estreno en Estados Unidos y España 17 abril 2026
Un título tan pretencioso y, sobre todo, presuntuoso como éste no podía prometer mucho. El director irlandés Lee Cronin, con apenas un par de largometrajes poco o nada memorables, Posesión infernal: El despertar y Bosque maldito, y una serie de televisión, 50 States of Fright, siempre a la sombra de Sam Raimi, se permite bautizar su tercer largometraje como si del Drácula de Bram Stoker, de Coppola, o el Frankenstein de Mary Shelley, de Branagh, se tratase, adjudicándose unas ínfulas autoriales que no posee ni como director ni mucho menos como autor literario. Sin embargo, nos hallamos ante un trabajo muy estimulante de recuperación del espíritu del cine de terror de los años setenta, con El exorcista y La profecía como máximos exponentes. Al mito de la momia se ha acercado el cine en innumerables ocasiones, desde el clásico de Karl Freund protagonizado por Boris Karloff a los intentos de convertirla en una saga al estilo de Indiana Jones, con Brendan Fraser al frente, o el fracaso que supuso la versión protagonizada por Tom Cruise, un híbrido entre el cine de terror y el de aventuras que supuso quizás el escalón más bajo experimentado por el popular actor.
Lo que Lee Cronin propone ahora nos lleva al cine más serio, lejos, al menos en tres cuartos de su metraje, del tren de la bruja al que nos tiene acostumbrados el cine de terror actual, centrado más en lo truculento, la sangre y las vísceras, que en un hilo narrativo y argumental mínimamente coherente. Sin embargo, poco o nada que ver tiene esta versión con la del monstruo que tanto y tan bien popularizó la Universal en los años treinta del pasado siglo. Nos encontramos ante un terrible drama familiar tras la desaparición de una niña en Egipto, donde su padre trabaja como corresponsal de una televisión norteamericana, y el posterior regreso de sus integrantes a Alburquerque, Nuevo México, hasta que un accidente fortuito trae a la pequeña de vuelta pero en extrañas circunstancias. La superchería y las posesiones diabólicas se suceden así de forma tan convincente como natural, mientras el drama va dando paso al terror, la intriga y una saludable inquietud que nos devuelve lo mejor del cine de género en mucho tiempo. La inclusión de material títpico de snuff movie, en cierto modo una tradición de la productora de Insidious y Paranormal Activity, Blumhouse, añade un morboso atractivo a la propuesta.
A estos aciertos no es ajeno el buen trabajo de su elenco interpretativo, con una Laia Costa a la cabeza que suscitó el interés del director cuando vio un tráiler de Cinco lobitos. La actriz ya había protagonizado varios largometrajes estadounidenses de bajo presupuesto, lo que demuestra su excelente nivel de inglés, a pesar de lo cual acaba resultando otra actriz española encasillada en papeles latinos. Oírla en inglés nos obligó a desplazarnos al único cine en Sevilla que la exhibe en versión original, sometiéndonos a una calidad ínfima de imagen, oscura, más aún que la intención del film, y sin brillo. Es el precio que tiene no mantener los equipos en condiciones, lo que a la larga se traduce en pérdidas de público y dinero. Es la mala exhibición a la que muchas veces nos enfrentamos quienes cada vez apostamos menos por el cine en el cine, donde ruidos de paquetes de comida, parloteos varios y sonidos de móvil nos van alejando más y confiando en los equipos domésticos para ver el cine en condiciones.

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