martes, 28 de abril de 2026

KRAKEN: EL LIBRO NEGRO DE LAS HORAS Sin garra ni espíritu

España 2026 111 min.
Dirección
Manuel Sanabria y Joaquín Llamas Guion Rocío Martínez Llano, Juan Carlos Cueto y Óscar David Gómez, según la novela de Eva García Sáenz de Urturi Fotografía Carlos Pérez Gascó Música Pablo García Lozano Intérpretes Alejo Sauras, Maggie Civantos, Natalia Rodríguez, Aitziber Luma. Martín Urrutia, Ana Gracia, Fernando Soto, Elena Gallardo, Andere Garabieta, Íñigo Gastesi, Ainhoa Aierbe, Olatz Beobide, Isidoro Fernández, Natalia Millán Estreno en el Festival de Málaga 13 marzo 2026; en salas 24 abril 2026

Hasta cinco libros ha escrito hasta el momento Eva García Sáenz de Urturi sobre las andanzas del detective experto en perfiles criminales Unai López de Ayala, alias Kraken, en la ciudad de Vitoria. Con este film son ya dos las adaptaciones cinematográficas de la saga, que amenaza con ir a más. Y lo mismo se puede decir de ésta que de la anterior, El silencio de la ciudad blanca. Igual de bochornosa es. Aquella la dirigió con idéntica torpeza Daniel Calparsoro, mientras de ésta se han hecho cargo Manuel Sanabria y Joaquín Llamas, que tampoco lograron maravillas con la serie de televisión La coleccionista, basada en la película dirigida por el primero y protagonizada por Maggie Civantos, Daniel Grao y Belén López.

Circunscrita al cine negro de crímenes rituales en serie, relacionados con el patrimonio cultural, la cinta adolece de cualquier atisbo de naturalidad, no digamos credibilidad, cuando todo acontece de manera tan impostada, sin fluidez ni convicción. Algo que se atisba incluso en la desgana con la que está interpretada, lo que hace que prácticamente ninguno de sus personajes destaque lo más mínimo, salvo quizás Aitziber Lumaprotagonista de una historia paralela del pasado que lidia con monjas perversas y familias ambiciosas, todas y todos crueles al máximo nivel.

La joven debutante está muy por encima de la falta de naturalidad de Maggie Civantos, la falta de relieve de Alejo Sauras, tomando el relevo de Javier Rey, o la artificiosa caracterización de Natalia Rodríguez como detective albina. Previsible y ridícula en cada nuevo giro de guion, aspira al menos a ser entretenida, y puede que en su sucesión de disparates lo consiga, aunque para ello tengamos que pagar el peaje del rubor y la vergüenza ajena. Ni siquiera Vitoria, la emblemática ciudad en la que está rodada y ambientada sale bien parada del conjunto, siempre a oscuras y sin apenas singularidad.

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